Capítulo 25: "Preludio de Tormenta"

Se quedó sin pensar. Ni siquiera pudo emitir una despedida al anciano médico que se marchaba con una sonrisa. Su mirada estaba fija en la de Inuyasha que la miraba tan atentamente que parecía querer quemarla con la mirada. Finalmente el joven hombre sonrió por completo para dar paso a la risa, una risa que ella nunca había escuchado en él. Inuyasha se acercó a la chica, se sentó a su lado y le tomó el rostro con ambas manos dándole besos en las mejillas y en los labios.

- ¡Un niño!... ¿te das cuenta, princesa?... ¡Un niño!... ¡O niña! Da igual ¡es un hijo nuestro!

Le costó salir del estado en que estaba, parecía que las palabras eran irreales, que no la involucraban a ella ¿un bebé?... ¿un bebé?

Lo miró sin decir nada un momento, pero la felicidad de Inuyasha era realmente emotiva, la joven poco a poco llevó sus manos bajo las mantas y las posó sobre su vientre plano ¿un bebé?... ¿ella?

- ¿Kagome?... ¿princesa?... ¡Ey!- Él le apartó los cabellos sudorosos de su frente y la obligó a mirarlo a los ojos, apoyó su frente en la suya y musitó.- Tranquila... vamos a tener un hijo ¿entiendes? Un hijo...

Un hijo. Lo miró como si de pronto despertara de un sueño, la sonrisa del hombre era cálida y amplia, radiante. Era un hijo de los dos. Hundió más las manos en su estómago y entonces sonrió.

- Que... – Balbuceó, con un hilo de voz. No pudo decir nada más, salvo sonreír y sentir un cálido sentimiento dentro de su cuerpo, entonces lo abrazó con fuerza, casi desesperada y lloró. Era primera vez que lloraba por estar feliz...

Era hora de volver, lo sabían y mientras Inuyasha salía urgente al puerto ella se quedó allí, tendida en la cama, conmocionada aun. Se acariciaba constantemente el vientre y pensaba que era imposible que allí albergara vida. Pero estaba ahí, lo había confirmado el doctor... además... era obvio que sucedería, tarde o temprano. Pero la conmoción era tan grande... tan... difícil de creer... hacía un par de meses ella aun soñaba con fiestas y divertirse y ahora... ahora estaba casada con aquel hombre tan maravilloso y más aun, iban a tener un bebé, ella iba a tener un bebé.

Se levantó con lentitud de la cama y caminó con pasos suaves hasta la bañera, la cual ya estaba preparada para su baño. Se desnudó y se metió en ella sintiendo la tibieza del agua que la estremeció.

Era el día de su cumpleaños, tenía ya 17 años y su obsequio sin lugar a dudas era la noticia que había recibido. Iba a ser madre ¿madre? Pero... si apenas... apenas sabía... se mordió los labios y se estremeció ¡pero si ella no sabía nada de bebés! Sintió miedo, miedo al futuro que la esperaba ¿cómo iba a cuidar de un bebé?... ¿Qué iba a hacer? Eran tan... tan pequeñitos y frágiles... lloraban mucho y necesitaban tanto cuidado ¿sería capaz de... de criarlo? No... no sería capaz... no iba a ser capaz...

- Kagome...

Alzó el rostro asustado a él y tragó con fuerza. Inuyasha se acercó y se arrodilló junto a la tina, acarició los cabellos húmedos de la chica quien no apartaba sus ojos grandes y expresivos de los suyos.

- Inu... yasha...

Él arrugó el ceño. Notaba en su voz débil la angustia, su mirada sobre la suya lo confirmaba.

- ¿Qué sucede, princesa?

La joven lo miró sin responder, de pronto alzó sus manos temblorosas y las posó otra vez en su vientre, sintió nuevamente aquella cálida sensación invadiendo su cuerpo, pero el calor era más intenso en el estómago. Comenzó a respirar con fuerza, con sus labios entreabiertos dejando escapar el vaho de su aliento.

- ¿Qué pasa?- Insistió el joven hombre, asustado y esta vez tomándola de los hombros- ¿Qué te pasa?

Cerró los párpados con fuerza y cuando abrió los ojos se encontró con el dorado intenso de su mirada. Aquello de alguna forma la tranquilizó y entonces apoyó la cabeza en su pecho, humedeciéndole la camisa.

- No sé... me da... miedo... – Lo miró otra vez como si intentara excusarse-... yo no sé nada de bebés... ¿y si no soy capaz? Son tan frágiles y... quiero ser buena madre...

Inuyasha sonrió tiernamente acariciándole el cabello, se acercó y le dio un beso tenue en los labios. Ella no le respondió, al contrario, sintió sus labios temblar y no supo si era por el frío o el miedo. Sostuvo su rostro con una mano, acariciando con el pulgar su mejilla, no se separó de ella más lo suficiente para hablar.

- Nadie nace sabiendo... yo sé que serás una buena madre... es un bebé... todas las mujeres saben cómo cuidarlos...

- Pero yo no sé nada... – Gimió aterrada, negando con la cabeza-... ni siquiera... he tomado uno en mis brazos...

- No debe ser muy complicado...- Sonrió ampliamente-... y no te preocupes... yo estoy contigo... te ayudaré... no tienes por qué temer, princesa... estoy contigo ¿recuerdas? El bebé es nuestro... nuestro...

Kagome lo miró esperanzada. La fuerza y convicción de las palabras de Inuyasha la tranquilizaron tenuemente. La muchacha se acercó a él y volvió a apoyar la cabeza en su pecho. Quería ser una buena madre para ese niño... amarlo con toda su alma, cuidarlo y hacer de él una persona digna e íntegra ¿sería ella capaz de lograr eso?... ¿ella? Que ni siquiera sabía como cambiar a un bebé, alimentarlo...

- Ya es hora de salir del baño... – Dijo de pronto su esposo, interrumpiendo sus pensamientos.

Cuando la chica lo miró otra vez se dio cuenta del rostro aun feliz de Inuyasha. Él estaba tan contento por esto... ella debería estar igual, bueno, lo estaba pero el miedo de pronto la había dominado. Qué tonta, se suponía que no se acobardaba por nada, ni por nadie. Qué tonta había sido. Sonrió más sintiendo que esta vez ganaba fuerza y seguridad. Era por su querido Inuyasha, lo sabía.

- Tienes razón...- Musitó, pero sin soltarlo del abrazo.

Inuyasha adoptó de pronto una actitud traviesa y juguetona, y la alzó de la bañera sin importarle lo empapado que quedó. Kagome dio un gritito y se avergonzó de su desnudez, pero al instante rechazó el pensamiento. No tenía porque a estas alturas tenerle vergüenza, ya la conocía por completo, así como ella a él.

- Inuyasha ¡qué haces!

La dejó en el suelo y luego tomó la toalla, comenzando a secarla sutilmente.

- Nada...- Se encogió de hombros como si fuera la cosa más normal del mundo. Kagome de todas formas sentía que las mejillas le ardían.

- Déjame...- Musitó muy bajito-... yo puedo sola...

El hombre alzó el rostro y la miró con esa cara de cachorro desvalido.

- Sólo quiero mimarte...- Pero sus manos se habían detenido en su cintura y ella sonrió suavemente.

- Mentiroso... sólo quieres... acariciarme...

Inuyasha sonrió ampliamente.

- ¿Qué quieres qué haga? No puedo contenerme cuando estas así...- Sus ojos la miraban de pronto de arriba a abajo con deseo, ella quitó la sonrisa ¡qué rápido cambiaba de expresión ese hombre!-... desnuda ante mi...

- Ahhh- Caminó aprisa y tomó la bata que estaba cerca, se la colocó arropándose como si muriera de frío y lo miró luego con fingido reproche.- ¡Eres un lujurioso!

Él sólo sonrió, encogiéndose de hombros y manteniendo la mirada en la suya. La muchacha se volteó y caminó rápido hasta la habitación, riendo en secreto. Siempre era lo mismo, siempre.

De pronto sintió las manos en su cintura y el cuerpo musculoso de Inuyasha en su espalda, presionado contra él, y le dio besos suaves en el cuello. Hubiera querido deshacerse de aquel impetuoso abrazo, pero no pudo, volteó el rostro y buscó sus besos. El hombre la volteó y la estrechó contra sí, besándola apasionadamente. Al fin aflojó sus manos con suavidad, liberándola de su agarre, volvió a mirarla contemplativo, le dio un beso en la frente y musitó serio esta vez.

- ¿Sabes quien bailará de felicidad cuando se entere que vamos a ser padres?

La muchacha le sonrió, acariciándole la mandíbula.

- Tu papá...

- Exacto...- Sonrió Inuyasha, luego suspiró, no cabía más de tanta felicidad-... ya me lo imagino... el viejo va a hacer una fiesta cuando lo sepa ¡eso seguro! Una fiesta igual a cuando te recibió en el castillo.

Ambos rieron ante el recuerdo.

- Me imagino como se pondrá...- Murmuró Kagome-... ansío que lo sepa pronto... me hará muy feliz verlo contento... tu padre me agrada mucho...

Inuyasha sonrió de medio lado.

- ¡Feh! Te agrada porque supo conquistarte, si no lo conoceré yo...

- Bueno... de tal padre... tal hijo ¿no?

Él sonrió y se sentó en la cama mientras la contemplaba como se vestía. Hubiera querido quedarse así por siempre pero...

- Mañana por la mañana hay un barco que parte a Japón, así que... supongo que debemos arreglar ya nuestras cosas.

Kagome se acercó a él y se arrodilló a su lado, le tomó las manos y lo miró con fervor.

- Me hubiera gustado permanecer más tiempo aquí... pero ya es hora de volver a casa...

- Claro, princesa... - Respondió, dándole un beso en la mano-... ya es hora de volver a casa...

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El sol de las costas de isla Formosa fue quedando atrás poco a poco, el aire tibio desapareció para dar paso al frío helado, casi gélido. El cielo se tornó gris y mientras más se adentraban en altamar, el clima se volvía más hostil.

Kagome salió de la habitación muy abrigada y buscó por el pequeño barco a Inuyasha. Llevaban más de una semana navegando y cada día que pasaba sentía que extrañaba más su hogar, el castillo, su tierra.

Se detuvo afuera, cuando el viento soplaba con fuerza trayendo unos finos copos de nieve que se acumulaban en el cabello negro de su esposo. La joven frunció el ceño al verlo ahí, junto a la baranda, meditabundo sin importarle que el embravecido mar le salpicara con sus gélidas aguas, mojándole el rostro y parte de su ropa. Kagome se acercó a él con lentitud abrazándose a sí misma debido al frío ¿cómo podía estar ahí, parado, sin que eso le afectase en lo más mínimo? Se detuvo un par de pasos atrás debido al vértigo, y no dijo nada, pero Inuyasha, como si de pronto hubiera adivinado su presencia, se volteó. A la muchacha le turbó la expresión de su rostro. Estaba endurecido, tenso, la mirada era... preocupada, la Manzana de Adán en su garganta se movía inquieta.

- ¿Qué sucede? – Le preguntó al fin- Anoche tuviste pesadillas y hoy... hoy no eres el de siempre... ¿vas a contármelo?

Fue él quien la miró turbado esta vez y finalmente sonrió con debilidad. Era imposible esconderle algo a ella, imposible...

Se acercó y la tomó del codo intentando que se alejara de aquel peligroso lugar.

- Vamos adentro... aquí esta resbaloso y además hace frío, debes cuidarte, princesa... - Las ultimas palabras tuvieron un leve tinte de reproche. Kagome estiró sus labios como lo hacía cuando alguien la sermoneaba.

La condujo hacia el interior, donde había escasa gente paseándose o descansando en algún sillón, teniendo una charla que parecía amena. Un garzón pasó por su lado llevando en la bandeja de plata exquisitos dulces de diferentes formas, colores y olores que despertó de inmediato el hambre de la chica que lo siguió con la vista como si fuera algo imposible de alcanzar. Inuyasha la observó y luego rió quietamente, la guió hasta una solitaria mesa que quedaba junto a una ventana y la obligó a sentarse mientras él iba por algo de comer.

La muchacha lo vio alejarse y pensó "pobrecito ¿cómo sabe que muero por comer dulces ahora?" Siempre complacía sus tontos antojos, los cuales habían aparecido hacía tres días. Todo comenzó una noche en que despertó agitada, saboreando entre sus labios resecos un delicioso helado de crema... y eso que la crema de su pastel de cumpleaños le había provocado náuseas... pero quería un helado, sí, lo ansiaba y su boca se hacía agua por saborear uno de crema... no pudo quedarse dormida, el deseo de saborear el helado era incontenible que no podía estar tranquila y parecía que los labios se le resecaban más de sólo pensarlo. Y estaba Inuyasha, buscando por quien sabe dónde un helado que fuera de crema... aunque demoró (ella estaba segura que se había tal vez disgustado con un cocinero por despertarlo a tan infame hora de la noche), llegó con un potecillo con helado... y el helado sí era de crema, espesa y dulce, deliciosa y refrescante que la comió con las ansias de una niña pequeña.

- ¿De menta?- Preguntó de pronto, mostrando en sus ojos una bandejilla con dulces redondos y rectangulares espolvoreados con azúcar y que olían a menta. A Kagome le brillaron los ojos y alzó el rostro a él, complacida y avergonzada.

- ¿Cómo lo supiste?

- Me lo imaginé- Respondió, dejándoselo en frente de la chica que tomó una y se la llevó de inmediato a la boca.

Menta, menta, deliciosa menta. Hizo un gesto heroico para no demostrar tanto regocijo pero sentía que las mejillas le ardían de tan complacida que estaba. Un camarero se acercó con otra bandeja, dejó una taza de bonita porcelana en la mesa y la llenó de café con crema. A Kagome casi se le salen las lágrimas de los ojos de felicidad.

- Gracias...- Murmuró al fin, llevándose la taza a los labios y saboreando ahora la espumosa bebida. Si antes sentía frío y hambre ahora ya estaba caliente y casi satisfecha, Todos gracias a Inuyasha- ... eres mi héroe...- Agregó con una risita.

- Ya sabré cobrar después tanto trabajo...- Respondió, inclinándose sobre la mesa, acercándose a ella mientras comía.

- Malvado...- Respondió, con la boca casi llena. Se bebió otro sorbo de café con crema para aclararse la garganta-... tonto...

Y tal como lo suponía, los ojos dorados de Inuyasha se tornaron brillantes, llenos de deseo que le encendió la piel.

- Espero que sigas tan bien como ahora y no tengas más malestares... – De pronto el hombre le quitó el platillo de galletas en donde aun quedaban tres de ellas-... tal vez no deberías comer tanto... vas a enfermarte...

- Ahhh...- Kagome casi sollozó, estirando sus manos y haciendo aquel gesto de niña triste que tanto adoraba. Le dio de inmediato de vuelta el platillo- ¡Gracias!

Inuyasha afirmó el rostro con su mano y la observó comer. Casi no podía creer que iban a ser padres y que aquella muchacha tan dulce y divertida le iba a dar un ansiado hijo. ¿Cómo no complacerla en todo lo que se le ocurriera? Si le pedía la luna buscaría la forma para traérsela, de eso estaba seguro, pero su princesa nunca pedía nada extravagante (menos mal)... salvo comida... sonrió porque a pesar de que comía bastante últimamente, seguía siendo igual... bueno, tal vez era demasiado pronto aun para notar algún cambio físico en ella.

- Ni creas que con esta comida he olvidado que me debes una respuesta, Inuyasha...

La miró y vio que ya se había acabado todo, aunque rió cuando vio restos de galletas en las comisuras de sus labios. Tomó la servilleta de género y se inclinó a ella, pasándosela suavemente por la boca. Kagome se sonrojó avergonzada. Cuando él volvió a su puesto Kagome lo miró muy seria. Inuyasha suspiró con resignación. Era imposible ocultarle algo... y menos eludirla...

- Si no es nada, princesa...- Se recostó en la silla casi suspirando otra vez-... sólo tuve un mal sueño... es todo...

- Pero te dejó muy preocupado, lo sé...- Acotó la joven, posando una mano en su brazo- ¿Qué es lo que te preocupa?... ¿fue muy mala la pesadilla?

Inuyasha hizo una mueca.

- Es lo más extraño. Ni siquiera recuerdo qué fue lo que soñé... pero... no sé... he estado inquieto todo el día... – Miró hacia afuera y vio el turbulento mar y la densidad de la nieve que se acumulaba en cubierta-... no me gusta nada lo que estoy sintiendo...

A ella se le aceleró el corazón. No supo porqué, pero de pronto experimentó escalofríos. Intentando cambiar de tema se acercó más a su lado adoptando una actitud más relajada.

- Llegaremos pronto al puerto de Tokio ¿enviaste un telegrama para que fueran a esperarnos?

Él sonrió y le dio de golpecitos suaves en su mano para tranquilizarla. Debía pensar más las cosas antes de decirle algo. No podía inquietarla, menos en su estado, bien le había dicho el médico aquella vez que los primeros meses eran los más complicados y donde abundaban los abortos espontáneos, por lo tanto debía cuidarse mucho.

- Claro, princesa... ¿aun no quieres que le envíe uno a tu familia?

Ella hizo una mueca y esquivó su mirada.

- Ehh... sigo pensando lo mismo... ya iré a visitarlos cuando llegue...- La verdad, es que no quería ver a Kikyou en el puerto, su felicidad era demasiada como para tener que verle la cara. Se lo reprochó internamente. Tal vez era tiempo ya de olvidar las cosas... ¿no? Es decir... no podía sentir celos de ella ahora menos que nunca... bien... debía ser más madura y enfrentarla... seguro que Kikyou también había dado por superado el asunto. Sí, lo mejor era hacer las pases... pero no ahora, no cuando llegara, sino después...

Al fin las costas de Japón. Kagome agradeció en silencio puesto que lo que había durado el viaje, los mareos y vómitos habían sido casi de todos los días. Y en vez de engordar por toda la comida que había ingerido, había adelgazado. Ahh, pero en casa estaría mejor, mucho mejor.

Cuando ambos bajaron al puerto se extrañaron de ver a Toutossai acercándose a ellos. Inuyasha miró a todos lados esperando ver el carruaje y a su padre. En ese momento, nevaba abundantemente en la ciudad y Kagome se acurrucó más en su abrigo. El hombre saludó al criado alegremente y sin esperar respuesta caminó hasta el carruaje, abrió la puerta esperando ver al anciano pero éste estaba vacío.

- ¿Mi padre no vino?

- Inuyasha... esta nevando...- Le dijo sutilmente la muchacha, acercándose a él-... no querrás que saliera con este frío...

Entraron al carruaje y el anciano criado también lo hizo, extrañamente, pues la servidumbre debía ir adelante junto al cochero. Aunque a Inuyasha no le importó, ese anciano era más familia que sirviente.

- Me alegra de verlos tan bien, jovencitos... – Dijo de pronto el hombre, pero el tono de su voz era tan serio que Kagome no pudo evitar sentir que algo malo sucedía. Instintivamente se pasó la mano por el vientre, acurrucándose más al lado de Inuyasha-... han pasado cosas... cosas que... mejor no hubieran vuelto...

- ¿Qué esta diciendo?- Lo increpó el joven Taisho, esta vez alarmado, casi levantándose de su asiento.

- Ha pasado algo muy grave, amo... su padre... – Y entonces Inuyasha palideció totalmente-... tuvo un ataque cardiaco hace un par de días...

La muchacha posó una mano entre sus labios para evitar el sollozo de tan fuerte impresión. Luego de un tenso momento el joven amo pareció tranquilizarse.

- Pero... esta vivo ¿verdad?... esta bien ahora...

- Esta vivo, claro amo...- Respondió Toutossai. Kagome exhaló fuertemente entrecerrando los ojos-... aunque su condición es muy... muy delicada...

- Pero él estaba muy bien, estaba perfectamente bien cuando lo dejamos ¿qué le sucedió? Si tuvo un ataque... debió haber pasado algo ¿no? Digo... ¿tuvo alguna impresión fuerte o algo así?

La joven lo miró apenada. Inuyasha estaba preocupado, no, desesperado, le dolía el corazón verlo así. El anciano criado se sobó las manos nerviosamente evitando mirarlo, al fin lo hizo y eso alarmó demasiado a Kagome.

- Sí amo... tuvo una impresión muy fuerte... por eso dije, que no debieron haber vuelto... las cosas... las cosas están muy feas por aquí...

- ¿De qué esta hablando?- Gimió Kagome, desesperada.

- Usted fue acusado de asesinato, amo...- Dijo al fin. Kagome se quedó paralizada e Inuyasha reacio a escuchar tonterías.- Asesinato del... del joven Houyo... encontraron su cuerpo inerte en nuestras tierras... muerto de dos balazos, uno en la cabeza y otro en el corazón.

Kagome de pronto sintió que las fuerzas se le escapan del cuerpo y luego ya no supo más. Se había desmayado.

Continuará...


N/A: Gracias por sus mensajes y apoyo y a todos también quienes leen, muchísimas gracias por los 1050 reviews n.n

Aviso a las fans de Anyara que ella ya esta de vuelta y con una nueva historia n.n léanla.

Bueno... con respecto a esta historia, las cosas se complican de un modo insospechado y ya veremos en que desencadenará todo esto... ya veremos... jejeje

Gracias por leer hasta aquí, cuídense mucho y nos vemos pronto n.n

Lady Sakura Lee