POV Pepper.

Cuando Valerie salió del despacho, suspiré y me recliné en mi asiento. Por una vez, tenía motivos para sonreír, una gran firma nos necesitaba para su evento, causando millones de dólares en beneficios para la empresa.

Esta joven me traía buena suerte, y también era una buena chica. Me apoyaba con la historia de Tony, era comprensiva... Una dulzura de niña. Steve tendría buena suerte con ella.

Mi telefono comenzó a sonar. Lo cogí. Era un número totalmente desconocido para mí.

- ¿Dígame?

- Por fin le encuentro la pista, señorita Potts. - dijo una voz narcisista y masculina al teléfono.

Reconocería esa voz después de tanto tiempo. Nadie me hablaba nunca así. Solo una persona.

- Señor Stark.

- Cuanto tiempo sin charlar, Pepper. Es un gusto hacerlo de nuevo.

- No vuelvas a decir mi nombre, Stark. Perdiste el derecho.

- ¿Cuándo perdí el derecho de llamarte Pepper?

- Cuando me dejaste, tal vez. No se para que me has llamado, pero no quiero saber nada de tí.

- Tenemos que vernos. Tenemos muchas cosas de que hablar.

- Yo no tengo nada que hablar contigo, Tony. Ni quiero escuchar nada que salga de tu boca. No se porque Valerie tuvo que decirte que me había encontrado.

- No se que le contaste a Valerie pero ahora me odia de manera sobrehumana.

- La chica hace bien. No necesita una polilla como tú revoloteando a su alrededor.

- Eres perfecta, Pepper.

- No me llames más, te lo pido por favor. - Colgué con fuerza el teléfono, furiosa por el hecho de que Tony me hubiese localizado de nuevo, que se hubiese atrevido a llamarme.

Sin embargo, los recuerdos del pasado volvieron a mí como si fueran olas que te golpean una y otra vez hasta que te hundes.

Pero no iba a permitirme ni una lágrima más por él.

Era hora de que yo comenzase a salir del mar en el que me había ahogado.


POV Narrador.

Finalizada ya la jornada laboral, Valerie y Delores se despidieron en el vestíbulo.

- Tenemos que salir una noche, tú y yo solas. No creo que conozcas aún el Palace.

- ¿Te refieres a su bar de copas? Ese que hay en la planta baja.

- Eres toda una chica lista, Jones. - Delores sonrió. - ¿Qué te parece si salimos mañana? No creo que tengas nada que hacer, ¿no?

- ¿Mañana qué es?

- Sábado.

- ¿Y no podemos ir esta noche? Mañana quiero estar con Steve... Ya me entiendes.

- Que pícara eres. Está bien, te paso a buscar si quieres a eso de las diez.

- Mejor me paso a buscarte yo a tí. Dame tu dirección.

Delores dio la dirección de su casa y las dos salieron por la puerta. Valerie subió a la moto y se marchó rumbo a S.H.I.E.L. darle a Furia la nota que había aparecido en su habitación.


Al llegar a S.H.I.E.L.D se encontró con Maria Hill en uno de los pasillos que llevaban a los laboratorios.

- Hill, ¿donde está Fury?

- Laboratorio siete, está con el doctor Selvig haciendo investigaciones.

Valerie se marchó hacia el laboratorio, y efectivamente, allí estaban los dos hombres, experimentando un derivado de aquello que fue el Tesseract.

- Fury, esto ha aparecido en mi mesilla anoche. - blandió la nota delante del director de S.H.I.E.L.D que estaba desconcertado.

- ¿Qué dice?

Valerie desdobló el papel, doblado cuidadosamente y escrito con caligrafía de hombre.

- ''Se de tu próximo movimiento... Y nos veremos muy pronto''. Fury, es ese enemigo, el que quiere acabar con vosotros... Y encontrarme a mí.

- Jones, cambia de sitio, tienes que irte a un lugar más seguro.

- Ya sabe donde vivo, sabe de mi vida. Ya no importa nada. Solo queda hacer frente a ello.

- ¿Cuál es tu próximo movimiento?

- Ninguno. Eso lo diría para meterme miedo. Pero tenemos que estar preparados, Fury. Ahora si que estamos en situación de peligro.

- Llamaré a Thor para que empiece a vivir de nuevo de forma permanente en Tierra. Tenemos que estar todos unidos.

Valerie se dio la vuelta y se marchó a paso rápido de la central, consciente de que su vida estaba peligrando de forma considerable.


Al llegar a casa de Clint y Natasha, la pelirroja se sentía considerablemente agotada. Decidió darse un baño relajante, pues quería estar tranquila antes de ir a su cita con Delores.

El baño de espuma la dejó sumida en sus pensamientos, tranquila, confiada. Hasta que un extraño ruido la hizo salir de aquel estado.

Salió de la bañera, se puso un vestido que se había cogido para ponerse después, y salió sigilosamente del baño. Recordó que había un arma en la habitación de Clint, así que fue allí sin ser notada, abrió el cajón y la sacó.

Según se iba acercando a su cuarto, los ruidos eran más fuertes. Abrió la puerta de una patada.

Se encontró una silueta agachada en el suelo, rebuscando bajo su cama.

Llevaba lo que parecía un abrigo o una capa larga y negra. Se revelaban unas deportivas negras y gastadas entre los pliegues. Aquella silueta volteó un poco la cabeza, y la miró con sus ojos oscuros.

Una sonrisa se reveló en su cara.

- ¿Sola en casa? Que imprudencia.

- No se mueva o dispararé. - anunció Valerie sosteniendo la pistola delante de ella. La figura se levantó, pero no se giró.

- Solo he venido a que me des lo que es mío. Eso que tienes en tu sangre... Y me pertenece.

Valerie se heló. Ese hombre sabía la existencia de su virus. Pero no iba a permitir que la hiciera daño.

- No tengo nada que darle. Marchese.

- No, monada. - giró la cabeza, dejando visible media cara, aunque no se distinguía en la oscuridad. - Quiero lo que es mío. Si no me lo das por las buenas... Lo haré a las malas.

Valerie hizo ademán de disparar, pero aquel hombre se abalanzó sobre ella y la tiró hacia atrás, haciendo que cayera al suelo y la pistola volara hacia el salón. El individuo se tiró encima de ella, y sacó un cuchillo.

A Valerie se le heló la sangre.

Fue lo bastante valiente como para darle una patada, zafarse de él e intentar hacer que cayese.

Pero aquel ser era bastante listo, y la empujó de tal modo que ella dio contra la pared, resbalando hacia el suelo y quedando inconsciente.

Aunque antes de perder la consciencia, escuchó un ruido como de algo que girase.


Natasha y Clint llegaron a la puerta con Banner y Steve. Los cuatro venían de encontrarse en la calle, cuando Banner salía del sitio donde estaba trabajando.

Clint abrió la puerta, y se encontró con todo revuelto, todo destrozado. Pero lo que más le impactó fue ver a una chica pelirroja, tirada en el suelo, con un poco de sangre paseando por su frente y su mejilla, sin dar signos vitales. Los demás también se asomaron, y Steve fue el que gritó, dando la alarma.

- ¡Valerie!