XXIV

Nos encontrábamos en casa, cuando Esme alertó en mi rostro lágrimas, aunque estas ya se hubieran ido.

- No, ma, no me pasa nada. Es que con Edward charlamos algo muy emotivo y sin darnos cuenta nos tocamos un nervio y ambos comenzamos a llorar.- Le dije a Esme luego de que ella me preguntara que me pasaba.

Subí a la habitación de Edward y entré cerrando la puerta detrás de mí. Habíamos decidido que Ed sería el responsable de decirles a nuestra familia y amigos que él había muerto. Lo que significaba un alivio para mí.

Esa noche no pude dormir, estaba nerviosa porque no sabía que iba a pasar al otro día. Normalmente al acostarme me imaginaba que pasaría al otro día y, en muchos casos, acertaba pero también sucedían cosas inesperadas. Esa mañana me había imaginado un simple día de escuela y una aburrida tarde pero, lamentablemente, ocurrió lo del secreto de Edward. Antes de ir a dormirme me sentí totalmente desorientada, y no podía imaginarme que pasaría al otro día.

Y a causa del nerviosismo que tenía no pude dormir. Entonces me paré y busqué en un cajón una libreta y una lapicera, y luego me senté en el borde de mi cama.

Decidí que sería una buena distracción escribir como me sentía y después comencé a anotar:

04/10/2010

Hoy descubrí que mi hermano está muerto. Hoy es el peor día de mi vida. A causa de la muerte de la maravillosa persona llamada Edward Anthony Cullen, no puedo dormir.

Son las cinco cuarenta y tres de la madrugada del corriente día. A esta hora lo único que siento es dolor, acompañado de: sufrimiento, tristeza, nerviosismo, odio, furia, no entiendo nada, me siento perdida, desentonada, no encajo, nada tiene sentido…etc.

El que mi hermano haya muerto lo único que me genera por fuera es una mala apariencia, ya que es inevitable dejar de llorar y sudar. Mis ojos están rojos y mi cabello es impeinable, no me siento con la fuerza como para ir mañana a la escuela pero no quiero abandonar a… el alma de Edward.

El alma de mi hermano me acompaña, está conmigo, no me deja sola, me alienta y nada de esto es una metáfora, todo es literal. Ojala que el alma de Ed nunca me deje…

Atte.

Marie Alice Brandon Cullen

Mientras escribía esa carta, lloré. Me sentí muy mal, pero también me sentí cansada, asique había funcionado. Apoyé la cabeza en mi almohada tirando la libre y la lapicera al suelo, y dormí sin preocupaciones, increíblemente.