¡Siiiiiiiii... por fin estoy aquí!
Siento muchísimo la tardanza. Espero que no tengáis que esperar tanto por el próximo capítulo.
Pero cuando las ideas no se corresponden con el tecleo de los dedos... Las palabras no salen!
Espero que os guste el capi, que ya os aviso...
Viene cargaditooooooo!
.
En el capítulo anterior:
Edward y Bella, por fin, pueden tener alguna cita a solas. Bajando a Brasil.
Mantienen una conversación sobre su futuro. Sobre el amor, y sobre estar los tres juntos.
Bella se siente algo agobiada por tanta atención por parte de los Cullen.
Al final del capítulo, Bella se siento algo indispuesta por un golpeteo extraño en su corazón.
Edward, va en busca de Carlisle, completamente aterrorizado...
.
CAPÍTULO 25
.
Edward salió despavorido del dormitorio, en busca de Carlisle; en menos de dos minutos, ambos, Edward sin Nora, estaban en el dormitorio seguidos de Rose y Emmet.
- ¡Oh, por favor! - Exclamé – Creo que esto es demasiado – Rodé los ojos. Los cuatro vampiros me miraban con los ojos desorbitados – Solo me he emocionado al ver a Edward tarareándole mi nana a Nora mientras le daba el biberón. Eso es todo.
- No. Eso no es todo. - Refutó Edward, el cual se giró hacía su padre – Le he escuchado el corazón miles de veces; en mil estados distintos de humor o sentimientos, y jamás lo había oido tronar de esa forma tan extraña.
- Vamos a escuchar ese corazón, ¿de acuerdo? - Carlisle se acerco a mi cama, pidiéndome permiso antes de llegar a tocarme. Asentí.
- Túmbate y respira normal. Deja que tu corazón lata como quiera, no controles las emociones. - Me instruyó.
- Ahora me siento algo nerviosa, la verdad.
- Casi hasta mejor. Quiero escucharlo sonar estando agitado.
Carlisle posicionó su oido contra mi tórax, incando su cabeza sobre mi pecho izquierdo. Realmente no sentí verguenza ninguna. Aunque era un hombre, siempre tuve un trato abierto y nada pudoroso con él; dentro de unos límites, por supuesto.
Siguiendo en su posición con su cabeza apoyada en mi pecho, me asió de una mano; mientras me tomaba el pulso en la vena de mi muñeca, me acarició el dorso de la mano con suavidad y afecto.
Eso, me tranquilizó sin tan siquiera darme cuenta.
- Bueno... - suspiró, alzándose de su posición. - Mantengamos la calma... - No pudo decir más.
Rose se materializó a mi lado, agarrándome la mano entre las suyas, con protección. Su pecho subía y bajaba errático, y su rostro estaba completamente desencajado.
Emmet y Edward se quedaron estáticos; mirándome con terror en los ojos.
Jasper y Alice, de pronto, estaban también en mi dormitorio, quedándose en un segundo plano. Ambos mostraban la misma cara de horror que sus hermanos.
- Por favor... estáis asustando a Bella. - Suspiró Carlisle.
- ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué le ocurre a Bella? - pregunto atropelladamente Rose, alzando la voz.
- Algo no va bien del todo. - Comenzó Carlisle. - No parece grave, por ahora. Con una ligera medicación que no afectara a los bebés, y con controles muy seguidos, todo estara bien. - Sonrió.
- Pero... ¿Qué es lo que pasa? - Le pregunté.
- Para que me entiendas, tu corazón está cansado. Está realizando un sobre esfuerzo al tener que mover tanta cantidad de sangre por tu organismo. De cuatro litros y medio que es el promedio de un humano, ahora tu torrente está aumentado hasta los seis litros. Las pulsaciones aumentan, los vasos sanguíneos se dilatan y el utero comprime la vena caba inferior... Todo eso, es un sobre esfuerzo para el corazón; pero está sobradamente preparado para afrontarlo. El cuerpo humano es muy inteligente – sonrió – Pero, el tuyo no está digamos del todo sano. - Su gesto ahora eliminó todo rastro de sonrisa – Debía tener alguna lesión, muy leve ya que no te ha dado problemas – Aunque no era una pregunta, sonó como tal.
- No. Nunca he tenido ningún problema. - Contesté – Me refiero a que no me ha dolido el pecho, ni se me ha dormido el brazo izquierdo, o sufrido desmayos... Nada. - De pronto, cayé abruptamente. Y noté yo misma, como mi gesto facial se tensaba.
- Si que ha habido algún momento en que te dolió, ¿verdad? - Preguntó Carlisle mirándome muy fijo, pero con gran ternura. Asentí, tragando en seco y notando el tamborileo extraño que hacía ahora mi corazón cuando me agitaba.
Me arriesgué a alzar la cara y buscar a Edward; Su gesto facial, era exactamente como el que esperaba ver: Dolor. Dolor en estado puro.
La imagen era demasiado para ver, por lo que tuve que bajar la vista y cerrar los ojos.
- Ese ruido – Habló Edward, indicándole a Carlisle.
- Si... imaginaba. - Contestó él mientras estaba con su oido fijo en escuchar ese "tamborileo".
- ¿Qué me conllevará esta lesión? - Le pregunté con el rostro contraido. - ¿Reposo? - Lo solté casi como un insulto.
- No exactamente. Tendrás que llevar una vida tranquila; pero eso, en cuestión de unas semanas aún sin lesión, sería así igualmente. Tu cuerpo no podrá moverse igual, las tareas más sencillas te conllevarán fatiga y sobre esfuerzo. - Explicaba con calma y voz suave – Pero ahora con este descubrimiento, ese semi reposo, habrá que adelantarlo a ya.
Gemí, contrayendo la cara.
- Tranquila. No te estoy diciendo que tengas que estar acostada y sin moverte. Eso te produciría un estres que sería incluso peor. Lo que debes es no realizar esfuerzos y sobretodo estar tranquila de forma psicológica. - Carlisle alzó la cara y miró directamente hacía dos de sus hijos:
Edward y Rose.
- ¿Qué? ¿Por qué me miras así? - Protestó ella.
- Porque tú le produces unos altos niveles de estres. La agobias y eso, no puede ser. Entiendo tu miedo a que les pase algo a tus hijos, pero debes entender que la persona quien está cuidándolos y creándolos, es ella – señaló hacía mí – Así que afloja un poco, Rosalie.
- Y Edward... - El nombrado miró hacía su padre de forma inexcrutable. - Entiendo que estés agobiado por el embarazo de Bella y el estar en un punto indeterminado entre vosotros... - Suspiró. Esa parte de la regañina también iba para mí misma – Pero ahora, eso debe esperar. En cuanto Bella de a luz, tendréis tiempo de aclararos.
.
Rosalie y Alice se quedaron para ayudarme a asearme y vestirme. Podía perfectamente sola, pero preferí no alterar más a Rose y dejar que me "cuidara". Por otro lado, yo misma me asusté. Tanto por los pequeños, como por mí misma.
No tenía ninguna intención de poner mi vida en peligro de muerte.
Había pasado de un extremo a otro en mi instinto primario de supervivencia; en el instituto no me importaba para nada y no contemplaba el peligro de andar metida en un mundo de inmortales, con los altos niveles de peligro que eso conllevaba, pero ahora, protegía y salvaguardaba mi vida con recelo.
.
Los días transcurrieron lentos; casi agónicos.
Rosalie no dejaba de rondar a mi alrededor, pendiente de cada suspiro que diese mi corazón, o suspiro que saliera de mis labios. Por lo que hacía esfuerzos por controlar hasta las respiraciones.
Edward me miraba con aire de culpa autoimpuesta, ya que había relacionado sobradamente a qué época se refirió Carlisle sobre el daño a mi corazón, la cual no fue otra que después de su marcha.
Y a parte de esa culpa, se había convertido en un protector sin tregua; incluso peor que Rosalie. Siempre pendiente, siempre atento y servicial; ayudándome, más bien cuidándome como si fuese un bebé.
Y siempre con ese aura a su alrededor, de querer hablar conmigo, pero callarse en el último momento para no agitarme.
Echaba de menos a mí Edward. Hablar con él, pasar las tardes conversando y regalándonos mimos mutuos. Incluso aunque a veces los temas se pusieran demasiados personales para mi gusto; pero aún así... lo añoraba.
Por supuesto, durante las dos semanas siguientes, las activades un poco divertidas, se borraron absolutamente de mi agenda. Incluidas las salidas a tierra.
Y lo que más me molestaba es que no era por opción de Rose, si no del propio Edward. Tenía tanto miedo a que me ocurriese algo, que no hubo manera de intentar convencerlo de ninguna manera.
.
Los días no pasaban... el cielo parecía estar siempre igual; inamovible. Siempre brillaba el sol en toda su plenitud. Cuando la noche llegaba, durante unas horas, se me hacía terrible la espera para un nuevo día.
Desde mi "incidente" cardíaco, Edward se había negado a dormir conmigo, alegando que yo me alteraba con su presencia y que no era bueno para mí. Desde entonces, alguna de las chicas se sentaba conmigo en la cama, intentando darme conversación, más aún, para ayudarme a conciliar el sueño.
Después de unos días, Jasper ocupó un puesto imprescindible en mi dormitorio. Se acomodaba en el sillón que había junto a la cama y se quedaba allí, potenciando su don hasta que caía inconsciente.
Tras los primeros días, donde casi no nos dirigíamos la palabra, fuimos entrando en conversación. Nunca había tenido la opción de relacionarme con él, por lo que era mi eslabón perdido en la familia; pero el que ocupara el sitio de Edward para dormirme, nos ayudó a acercarnos un poco más.
Y el resto de los Cullen, no eran tan agobiantes, pero los sentía pulular a mi alrededor, atentos a cualquier mínima necesidad que tuviese.
El simple hecho de ir al baño, sola, se había convertido en toda una misión imposible.
Si antes me sentía agobiada, ahora no encontraba léxico que pudiese ni acercarse a lo que me hacían sentir.
No había nada que pudiese hacer, ya que para cualquier cosa, siempre tenía a un Cullen pegado a mi espalda:
Un simple paseo por la orilla del mar... Alice, Esme, Carlisle... cualquiera, con la más mínima excusa se ponían a pasear conmigo.
Intentaban entretenerme con mil cosas... pero todas eran aburridas. Estabamos en una isla paradisiaca y querían mantenerme entretenida con películas de DVD.
Incluso comencé a sentirme como una auténtica rehen.
Contaba cada día con ansia, rezando que la fecha del regreso a Nueva York llegase de una vez.
.
Estabamos las chicas sentadas en las hamacas, a la sombra de las palmeras, muy relajadas todas. Y ya que nadie decía nada, y el día del viaje de regreso se acercaba, vi que aquel, era buen momento para sacar yo misma el tema.
- ¿No creeís que sería conveniente ir preparando las maletas para el viaje? - pregunté, de forma muy casual. - Se supone que en tres días, debería estar de vuelta en Nueva York.
Alice se giró y me lanzó una mirada de circunstancia; de culpa. Para veloz, mirar a su hermana.
- Bella... verás... Respecto al viaje... - Alice titubeaba. Eso no era buena señal.
- Bella... No habrá vuelta a Nueva York. - Sentenció Rosalie tajante. - Hemos decidido que sigamos aquí. - Abrí los ojos como platos – Sé que aun quedan algunos meses para el nacimiento de los bebés, pero es más seguro para tí. Carlisle está disponible y preparado para cualquier cosa que pueda surgir. - Me iba informando con voz firme. - Además, él está practicamente seguro que el parto se adelantará varias semanas, así que darás a luz antes de lo previsto.
Se hizo el silencio. Todos los Cullen estaban allí, mudos e inertes como estatuas. Y yo bufaba como un tren de mercancias.
- Ni lo sueñes – Contesté con la ira reflejada en los ojos y destilando veneno por la boca. - No voy a quedarme aquí otros cuatro meses... eso es, ¡una completa locura! - Aullé. - Tengo responsabilidades en Nueva York. La cafetería, Annie, Nora perderá su plaza en la guardería, mi apartamento... ¡Todo! Mi vida está allí. Esto solo eran unas semanas de vacaciones. - Me notaba agitada no, lo siguiente. Pero mi corazón respondía enérgico.
- Bella... lo recuperarás todo otra vez en cuanto los bebés nazcan. - Rose seguía tajante, y parecía inmune a mis declaraciones. - Nos encargaremos de que recuperes tu vida tal y como estaba.
- Eso eso... a ti te da exactamente igual lo que a mí me pase. - Ante eso, Rose si reaccionó, mirándome descolocada – Tu no quieres que esté aquí por si hay algún problema con mi vida, y Carlisle tenga tiempo de transformarme... Si muriera te daría exactamente igual, mientras tus bebés nazcan sin problemas. - Le escupí a la cara – Cuando Edward me decía que sois seres egoistas, nunca llegué a comprender la complejidad de sus palabras... - Meneé la cabeza, abatida – Qué ilusa y estupida fui... - murmuré afligida.
Unos brazos me sugetaron, zarandeándome suavemente, pero con insistencia. Edward me miraba con el rostro contraido; nervioso, abatido.
- Mirame bien, Isabella Swan – Alcé la cara al oirlo llamarme así – Jamás vuelvas a pensar algo así... cuando yo te dije aquello, me refería a tu compañía... Los vampiros somos egoistas, sí. Porque somos posesivos, celosos de lo nuestro. - La alcé una ceja, escéptica – No vuelvas ni tan siquiera suponer que nos da igual tu muerte. A ninguno. Incluso a ella – señaló a Rose, la cual se había quedado estupefacta por mis palabras.
- Bella, cielo... - Esme se acercó con la cara sumida por la pena - ¿Cómo puedes pensar algo así? Eres lo más importante para nosotros. Te adoramos... Daríamos nuestra vida por ti. - Sus palabras eran tan sinceras... pero yo estaba demasiado embotada; descontrolada.
- No... sois una panda de embaucadores. Mi vida iba mucho mejor sin vosotros – Grité enloquecida.
Edward me soltó de los brazos y yo me levanté de la hamaca. El resto de los Cullen me miraban asombrados, con el gesto desencajado.
- Me dejasteis tirada... él – lo señalé con mi dedo acusador – me dejó en mitad del bosque, sin preocuparse de mí para nada. - Las lágrimas recorrían mis mejillas, pero estaba tan fuera de mí, que practicamente no las percibía – Tantas veces que me había jurado amor... y me dejó allí, sin importarle lo que iba a ser de mí – Murmuraba entre jadeos. Edward estaba fuera de sí – Rehicisteis vuestras vidas sin problemas, y yo estuve igual que un maldito zombi durante meses... No fui capaz a ser una persona normal durante años, hasta que Laurie apareció. Hasta que había pasado tanto tiempo que me mentalicé de que jamás volvería a veros...
- Bella, tranquilizate, por favor... - Carlisle me suplicaba tanto con su voz, como con la forma de mirarme. Estaba afectado por mis palabras.
Pero en aquel momento esa era mí intención: Hacerles daño.
- ¡NO! - Grité – Os fuisteis... Me dejasteis atrás... Yo... era una simple y vulgar humana. Insignificante en vuestra grandiosa vida. - Mis palabras destilaban odio por doquier. - Pero ahora, como tengo aquí dentro – me señalé el vientre con ambas manos – a vuestros mini Cullen, entonces sí. Hay que aguantar a la humana... Al final, yo, soy superior a vosotros... - Mi mirada se encendió como un lanza llamas – Yo, puedo generar vida. - Me toqué la tripa. - Vosotros solo la segais a vuestro paso.
- Bella... - Emmet me llamó con una voz cargada de tristeza – Sé que Rose ha estado algo agobiante contigo, por los bebés. Pero sus sentimientos hacía ti, han cambiado. A parte de que nunca quiso que nada malo te ocurriese, ahora te adora. Lo que estás haciendo por ella, la a echo verte de otra forma. Todos te queremos... Siempre te hemos querido.
- Emmet tiene razón. - Intervino Esme - No creas que ahora mi hija te quiere solo porque tengas a sus bebés, aunque te puediese parecer esa la única razón. Sentimos haberte agobiado así, pero es solo por protegerte.
Entre todos se lanzaron una mirada cargada de significado. Fue tan obvia, que hasta yo misma, en mi estado, la intercepté. Pero estaba demasiado enfadada y descontrolada para captar nada.
- Bella... - Alice me miraba afligida y aterrada – Estás agobiada de estar aquí encerrada. Tus hormonas te están jugando una mala pasada... Tranquila. No sabes lo que dices.
- ¿Qué no lo sé? - Aullé – Tú... la que decía... "Siempre seremos como hermanas" "Lo he visto, serás una de los nuestros" "Ya eres una Cullen más" – La imitaba burdamente - ¿Dónde quedaron todas esas promesas, Alice? ¡Mentiste!... Mentiste por el egoismo de jugar a ser Dios con una humana deslumbrada por siete vampiros aburridos.
De pronto, alguien me zarandeo, sacándome de ese estado de ira continua.
Edward me tenía agarrada por los brazos, pegada a su pecho, mirándome intensamente.
- Callate... Cállate ya. - Murmuró con un rugido. Su forma aterradora de mirarme, consiguió que lo hiciese sin gurgutar - Sí, me fui y los obligué a ellos a que se fuersen conmigo. Fue la decisión más dificil y de la que más me arrepiento en mis 115 años. - Suspiró - Discutimos mil veces por esa decisión, porque nadie quería irse y dejarte atrás. Pero yo estaba seguro de que estarías bien. Que tu amor por mí, no se asemejaría ni lo más mínimo a lo que yo sentía hacía tí y que te cansarías de la inmortalidad. - Sus ojos se suavizaron. - Pero el problema fue que no lo vi. - Fruncí el ceño.
Mi pecho me movía como un leon enjaulado. Estaba enfadada y ahora, notaba como estaba liándome con palabrería, pero no entendía a donde quería llegar.
- No vi que tu amor hacía mí... hacía todos, era comparable al mío. Que me amabas hasta lo imposible... hasta el punto de no olvidarnos en todos estos años. Lo deduje solo por la forma en que tus ojos y tu cuerpo te delataron cuando me tuviste enfrente aquel primer día en el hospital. - Jadeé con los ojos abiertos como platos – El como nos mirabas a todos, lo fácil que te resultó admitirnos en tu vida... lógicamente con reservas, pero tu forma de mirarnos a todos... Era igual que volver diez años atrás; a ver a aquella chiquilla que se metió en una casa con siete vampiros y lo único que le preocupaba era caerles bien y ser aceptada por ellos.
- Edward... - intenté removerme, pero él no me lo permitió. El resto de los presentes aguantaban la respiración, estáticos en sus sitios.
- No... vas a escucharme, sí o sí. - Me clavó sus, ahora, dulces ojos dorados – Sigo viendo a aquella jovencita, valiente y desinteresada... A la que le preocupó más el que no nos pasara nada por darle caza a James, que de su propia seguridad. Disculpaste el ataque de Jasper, restándole importancia, aún estando tú completamente aterrorizada... Incluso estabas dispuesta a fugarte con nosotros, a sabiendas que les harías daño a tus padres... Y ahora, una década después, nos admites. Nos vuelves a amar, por mucho que te cueste reconocerlo, igual que antaño. Te has sometido a una inseminación, con un óvulo tuyo para darnos este regalo. Para que una parte de tí, se quede con nosotros. Con tu adorada familia Cullen... - Sonrió. - ¿Eso no es amar? ¿Eso no es seguir queriendo ser una de los nuestros? - De mi rostro, completamente arrugado de dolor por la intensidad de sus palabras, caían lágrimas descontroladas.
Aunque estaba encolerizada, trastornada más bien. Sus palabras calaron hondo en mis entrañas. Edward tenía razón... Los amaba. Y a él, más que a nada. Jamás había dejado de hacerlo, pero ahora las cosas eran distintas.
Sobretodo porque estaba embarazada de gemelos, con un trastorno cardíaco y las hormonas doblemente revolucionadas.
Y por encima de todo, tenía miedo. Nunca jamás, había sentido tanto pánico.
- Yo nunca dije la fecha de tu transformación – Agregó suavemente Alice – Siempre he tenido esa visión... y sigo teniéndola. - Su voz, aunque tenue, era segura y firme. - Lo incierto es la fecha.
Edward volvió a moverme para atraer su atención.
- Nada más que des a luz, - inhaló aire, mostrando un rostro seguro – Yo mismo te transformaré. - Sentenció. De mi boca salió un audible jadeo. - No hay más qué decir al respecto. - Intenté protestar, pero no me lo permitió – No, Bella. No más dudas, no más... "no estoy segura". Sí lo estás, pero el orgullo y el miedo no te dejan ver las cosas con claridad. Naciste para ser vampira... para ser una Cullen. Y mi error fue no verlo en su debido momento. No cometeré otra vez, el mismo error de perderte. Jamás. - Su mirada estaba clavada en mis ojos a fuego. Su sinceridad era hasta dolorosa.
¿Cuántas veces supliqué escucharle decir esas cosas? ¿Cuántas...? Rogaba que él se diese cuenta de que no se llevaba mi alma. Que realmente no se la entregaba a él, sino que me desprendía de ella voluntariamente por la compensación de ser como ellos. De la eternidad junto a mi familia... junto a él.
Pero eso fue entonces...
- No... - Me removí hasta que me soltó – No voy a ser nada. En cuanto los bebés nazcan os los entregaré y desapareceré. Vosotros lo haréis. - Todos jadearon – Siempre quise ser una de los vuestros... Incluso sigo barajando esa posibilidad... pero ahora las cosas han cambiado. Mis sentimientos hacía ti, han cambiado. - Edward me miraba con el ceño fruncido, pero no tan afectado como supuse -Te quiero, pero no creo que ahora, mis sentimientos por ti, sean lo suficientemente fuertes, como para imaginar pasar la eternidad a tu lado. - Edward seguía con el mismo semblante, inexcrutable – Lo siento... Pero... cada acto, tiene sus consecuencias. - Respire hondo – Tuviste diez años para replantearte tu error al dejarme.
Me giré dispuesta para irme... muy digna. Pero volví sobre mis pasos.
- En tres días, sale el avión para Nueva York... Y YO – Recalqué – Iré en él.
Rose intentó cortarme, pero no se lo permití.
- Sí todos habéis pospuesto vuestras vidas para cuidarme en estos meses, podéis hacerlo desde Nueva York. - Era una lógica aplastante – Pero yo, no puedo seguir aquí, como una hehén, durante cuatro meses más. Y ya está todo hablado, Rosalie.
Agaché la cabeza, sintiéndome de pronto hundida.
- Solo espero que alguno de vosotros, esta vez, si se decante por mí... Siento poneros en esta situación entre la familia, pero... solo pido un poco de apoyo.
Esta vez me giré, ahora sí, notando perfectamente como las lágrimas caían a chorro de mis ojos, empapando mis mejillas.
Pasé de largo la entrada de la casa, y me encaminé a paso lento por la playa, para integrarme entre la maleza. A unos pasos de allí, por un camino hecho, se llegaba a una poza. Era un sitio que me encantaba y me transmitía paz. Justamente lo que necesitaba más que nada:
Paz.
- Rosalie... no me sigas. Si me ocurriese algo, lo escucharíais perfectamente. Necesito estar sola. - Le pedí de forma tajante.
Y sí. Lo necesitaba tanto como el respirar. Mientras llegaba a la poza, acariciaba mi abultada tripa y los bebés, se movieron, sacándome la primera sonrisa del día.
.
"Nada más que des a luz, yo mismo te transformaré"
.
La frase de Edward se repetía una y otra vez en mi mente, taladrándome.
Pero... ¿Realmente quería yo eso? ¿Seguía queriéndolo? O... ¿simplemente quería recuperar mi vida antes de su regreso?
De lo que estaba segura, es que no tenía ni idea de lo que quería...
.
.
Bueno, buenoooo...
El tema se pone calentito.
Menuda confesión la de Edward...
Vamos, me dicen a mi algo así, y creo que me caigo redonda! jajajajaja
Pero nuestra Bella, no. Ella es dura de roer.
A parte de estar dolida y asustada por sus sentimientos y anhelos, los cuales creía enterrados hasta que ellos volvieron...
Ahora hay que agregarle que esta embarazadísima y hormonadísima.
Aunque creo, que no le faltaba parte de razón... ¿No creeís?
BESOSSSSSSSS!
.
.
PS: El siguiente capítulo de "Un ángel entre demonios" será mañana a la noche!
