Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooola de nuevo!

¡SORPREEEEEEEEEEEEEEEEEEEESA!

Os confieso que no sé por qué me estoy metiendo en este capítulo. Ando bastante justa de tiempo y tendría que estar escribiendo como una loca la historia, pero después de los capítulos anteriores consideré necesario parar, volver atrás (de los capítulos que tenía escritos y que leeréis en breve) y entender un poco a Emmet.

Es un capítulo corto y sorpresa, pero espero que os guste ;)

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OUTTAKE: TROGLODITA INTRANSIGENTE.

EMMET POV

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Había decidido ir a correr. Eso me ayudaría con la frustración. Aunque lo que de verdad quería era ir a darle unos golpes a un saco de boxeo, pero seguramente Bella hubiera optado por esa opción y lo último que quería era encontrármela mientras descargábamos tensión los dos. Eso no acabaría bien. Me había dicho varias veces lo bien que se sentía después de una sesión de entrenamiento. Tantas veces me lo había repetido que había conseguido creerme la necesidad de volver a retomar mi antiguo hobbie, pero hoy no era el día. Si me veía aparecer por el gimnasio se tiraría a mí yugular hasta noquearme.

Me reí de ese pensamiento mientras entraba a casa y hacía unos estiramientos en la puerta de atrás.

Estaba evitando entrar. Lo sabía. Alargando lo inevitable. Entrar y encontrarme con la cara de mi querida Rosie con ganas de patearme el trasero por ser un insensible con mi hermana.

Sin ninguna duda, las mujeres de mi vida eran de temer.

Bella volvió a mi cabeza, aunque desde las cinco y cinco de esta tarde no me había abandonado.

Ella encima de Edward besándose como si lo necesitara tanto como el aire.

¡Oh por dios! ¡Maldita imagen! Mis dulces ojos no necesitaban verlos así. No. Nunca. ¡Bella es una niña!

Mi niña.

Le había cambiado los pañales. Enseñado a andar. A nadar. Ir en bici. Dormía con ella cuando se le caía un diente porque tenía miedo a que se le cayera de debajo a almohada de tanto como se movía y que el Ratoncito Pérez pasara de largo. Todo.

Mi niña.

La verdad era que hacía mucho tiempo que ya no era una niña. Había crecido y tenía una vida. Era normal que hubiera hombres en ella y hasta era normal que Edward se hubiera fijado en ella. ¡Tendría que ser un imbécil con un gusto pésimo para no darse cuenta que Bella era preciosa! Y el muy cabrón tenía buen gusto para las mujeres… Excepto con la loca de Irina. El problema era que había sufrido demasiado con lo que le había hecho el malnacido de Sam. Hacía muy poco tiempo que le habían dejado el corazón hecho pedazos… Yo solo quería protegerla. Proteger su corazón que tantos golpes se había llevado desde que era una niña.

Cuando Bella me contó lo que le hizo ese imbécil de su exjefe llamé al tío Charlie. Su voz entrecortada cuando le obligué a contarme qué había pasado todos esos meses me hizo darme cuenta de lo rota que había estado mi hermana. Nuestro viaje a Forks lo confirmó. Y aun no confío en nadie que se atreva a querer llegar de nuevo a su vida.

¡Maldito Cullen!

Que le costaba esperarse un poco. Darle tiempo a sanar. A vivir.

-Piensas estar mucho más rato estirando o vas a entrar de una puñetera vez a casa – escuché la voz de Rose desde la puerta de la cocina que daba al patio en el que me encontraba.

La observé y si me fijaba aun podía ver a esa chica de dieciocho años que llegó perdida el primer día de universidad a nuestro piso.

Edward y yo habíamos decidido dejar ese año el campus y alquilarnos un apartamento por nuestra cuenta. Rose vino poco después de acabar sus primeras presentaciones y venía enfadada con Edward… Poco después aprendería que eso era, casi, un estado natura en ellos. Por olvidarse de ella para tomar un café como habían acordado. En vez de dejarlo pasar, se había recorrido todas esas calles que no conocía, hasta a nuestro apartamento y enfrentarse a su hermano mayor.

No fue amor a primera vista, pero sin ninguna duda me deslumbró y llamó, lo suficiente mi atención, con su carácter, para no querer perderla de vista durante mucho rato. Al menos era una gran aliada contra su hermano. Poco a poco, fue animándose a venir más con nosotros. Fiestas, barbacoas, incluso jornadas maratonianas de estudio, haciendo que descubriera una mujer espectacular. Era graciosa, inteligente y su carácter me ponía a mil. Un día decidí armarme de valor y pedirle una cita. Ella y yo solos. Con Rose nunca podías adivinar la respuesta. Te podía decir que sí con una sonrisa que haría derretirse todo el Polo Norte o te podía dar una respuesta tan glacial que no te atreverías a acercarte nunca más a ella.

-¡Emmet! ¡¿Te estás haciendo el sordo?! – me insistió Rose con apuro en su voz. Más me valía contestarle. - ¿Se puede saber en qué piensas? – me preguntó desesperada cuando me acerqué a ella para saludarla.

-En el día que te invite a salir por primera vez – le dije dulcemente mientras dejaba un beso en sus labios.

-Ohhh estabas tan nervioso – me contestó riéndose.

-Eras letal… como para no estarlo – continué bromeando con ella intentándola abrazar, pero se apartó como un rayo.

-Yo, a diferencia de ti, ya me he duchado así que ni se te ocurra acercarte a mí sudado – me advirtió con el mismo tono que usaba con Ted cuando le avisaba que se comiera la col - ¡Emmet te pediré el divorcio como no subas ahora mismo a ducharte! – me chilló mientras corría al otro lado de la isla de la cocina para resguardarse de mí que corría detrás de ella.

Solté una carcajada sincera. Al menos después de todo este embrollo en el que me había metido con Bella, Rose conseguía hacerme olvidar mis preocupaciones.

-Está bien… Está bien… - dije resignado mientras me iba hacía la puerta.

Cuando Rose se despistó volví corriendo a ella y la abracé por la espalda. Dejé un rápido beso en su mejilla y hui antes de sufrir las consecuencias. Cuando estaba alcanzando las escaleras escuché.

-¡Emmet Swan eres la persona más irritante del planeta! – gruñó.

Mi ducha no fue todo lo tranquila que debería haber sido, pero al menos tampoco le había dado muchas vueltas a la cabeza gracias a mi querido hijo.

Ted llevaba semanas dándole vueltas, y molestando a todo el mundo, con qué era lo que iba a pedir para navidad. Este año se había empeñado en poner un regalo para todos los miembros de la familia en la lista, haciendo que el drama de todas navidades de escoger regalos se volviera, prácticamente, un camino eterno. Más bien, una penitencia eterna.

-¡Papá! ¡Mamá dice que no puedo pedir una máquina para lanzar pelotas de baseball! – me chilló mi hijo desde el otro lado de la puerta. – ¡Dice que solo la quieres para hacer puntería con las palomas! – volvió a gritar haciéndome reír por las ocurrencias de mi mujer y la poca capacidad de Ted de guardar un secreto.

Acabé de afeitarme y salí.

Encontré a Ted estirado en nuestra cama. Era muy grande para él, pero la tenía tan llena de cosas que parecía diminuta.

Nuestra impoluta habitación parecía una zona de guerra. Me iba a costar una eternidad arreglarlo todo, pero así era Ted. No podía estar en una cama quieto. Daba igual que durmiese o estuviera tumbado despierto, todo acababa revuelto y las sabanas entre sus piernas… como ahora… ¿Cómo narices había acabado el cobertor de la cama como si fuera una liana entre las pequeñas piernas de ese renacuajo? Solo conocía a una persona en este planeta que le pasara lo mismo. Bella.

-¡Papáááá! ¡Mamá tampoco me deja pedirte el dron! – sonreí imitando en voz baja lo que vendría a continuación. Dice que solo lo quieres para… Llevábamos así casi quince minutos - ¡Dice que solo lo quieres para espiar a los vecinos! – me reí y él se giró con esa sonrisa destartalada que le había quedado después de romperse parte de sus paletas superiores.

Fui hasta él y lo levanté tirándolo por los aires. Ya comenzaba a pesar más, pero aun podía hacerlo sin tener ciática durante dos semanas, así que pensaba aprovechar hasta que ese día llegara. El día que dejara de ser un niño.

De la misma manera que Bella lo había dejado de ser. Pensé.

Su risa contagiosa me devolvió a la realidad.

-Parece que tendremos que buscar alguna otra cosa que a tu madre le parezca bien – le dije dejándolo en la cama cuidando de no aplastar ninguno de sus papeles de navidad.

¡Otra tarde buscando por todas las papelerías de Chicago y me cortaría las venas!

-Y ahora recoge todo este desastre antes que tu madre venga y te lo tire todo – le ordené mientras me iba a nuestro vestidor a cambiarme para la cena.

Me sentía algo extraño. Muy extraño, a decir verdad.

Que Bella o Edward, o incluso los dos, vinieran a casa nunca había sido motivo de nervios. Todo lo contrario, había pocas cosas con las que disfrutara más. Edward era mi mejor amigo y estar con él era divertido. Nadie se cansa de estar con alguien con el que tienes tantas cosas en común y has vivido tantas experiencias…. Y Bella. Nunca me cansaría de estar tiempo con esa loquita. Pero hoy todo era tenso y buena parte de esa tensión era culpa mía y de mi impulsividad.

No había reaccionado muy bien a encontrarme a Bella y Edward enganchados como lapas. Mi cabeza no daba crédito a lo que estaba viendo.

¿Desde cuándo estaban juntos?

¿Iban en serio o era algo pasajero?

¿Cuándo pensaban contarme que estaban juntos?

Bella me había acusado a mí de querer juzgarlos como si estuvieran haciendo algo malo, pero acaso no hacían ellos lo mismo manteniéndolo en secreto. No entendía como Bella y Edward lo hacían y más después de lo que Bella había sufrido por los secretos en las relaciones y todos los murmullos que eso le había causado por parte de sus excompañeros de trabajo. ¡No iba a consentir que ella volviera a pasar por algo así! Y si me tenía que encarar con Edward lo haría.

Pero, sobre todo, estaba asustado.

Tenía miedo que no saliera bien y que los corazones de dos de las personas a las que más quería en este jodido mundo pagaran el precio. Deseaba con todas mis fuerzas que los dos fueran felices…Nunca me había planteado que esa felicidad viniera con ellos dos juntos, pero era lo que quería. Lamentablemente, tenían más cosas en contra que a favor.

-Nunca te había visto tan preocupado por escoger camiseta. – escuché que me decía Rose.

Al girarme la vi apoyada en la puerta del vestidor analizándome con la mirada como solo ella sabía hacer.

¡Juraría que tenía una máquina de rayos laser dentro de esas órbitas azul turquesa!

-La he cagado con ella. Me va a sacar hasta los ojos cuando llegue – le dije rindiéndome a la evidencia.

Era lo que más miedo me daba de todo este caos.

Bella.

Que ella saliera herida de cualquier manera.

Y me temía que yo, esta tarde, había sido el primero que lo había hecho.

Rose sonrió tiernamente… como cuando Ted le dice que hay monstruos en la cama sólo para dormir acurrucado a ella.

-Es probable, pero los dos sabemos que yo no dejaré que te pase nada – dijo viniendo hasta mí para abrazarme.

Todo era mejor ahora.

-Tengo miedo que esto les explote en la cara. Son muy importantes para mí para ver como sufren – confesé a mi mujer que ahora estaba cogiendo una camiseta para que me pusiera.

Salió del vestidor y fue para nuestra habitación, que aunque seguía desordenada, no había rastro de nuestro hijo y sus papeles.

Lo miré confundido.

-Lo he enviado a recoger los catálogos de juguetes del comedor – me explicó rodando los ojos.

La vena navideña de nuestro hijo nos estaba comenzando a superar.

-Emmet – me llamó Rose sentándose en la cama. Fui a su lado – No puedes reaccionar así. Entiende que si ellos quieren estar juntos ¿Quién eres tú para hacer el drama? Esto no es el siglo XV. – intentó razonar conmigo mi mujer.

-Lo sé… pero… han sufrido tanto los dos… Bella con el condenado ese y, no sé, su vida no ha sido fácil. Yo solo quería que en Chicago… que ahora que yo estaba con ella para protegerla, su vida fuera…Una vida normal, solo eso – intenté explicarle lo que sentía – Y tu hermano… Él ha tenido muchas mujeres en su cama, pero ninguna que se preocupe por él y lo quiera… él también se lo merece….

-¿Y no has pensado que quizás ellos encuentren la felicidad, que tú quieres para ellos, juntos? – me preguntó en tono lento. Como si me estuviera revelando la verdad más sencilla del mundo –

-Rose. Bella tiene veintidós años y tu hermano treinta seis – insistí.

Esta vez no me contestó. Se limitó a levantar los hombros no entendiendo mi razonamiento.

-No están en el mismo punto de la vida. Bella acaba de salir de la universidad. Está construyendo su vida. Edward ya la tiene hecha. Ya sabe quién es y a dónde quiere ir. Mi hermana… Ella…Es una niña. – le expliqué ofuscado.

-No te confundas, mi amor. Bella es niña, pero no es una niña. – Matizó – Nadie más la ve así, ni siquiera ella misma. Además, ella nunca lo ha sido. Ella tuvo que madurar mucho antes que cualquiera de nosotros. – puntualizó Rose.

Supongo que tenía razón. Bella siempre ha sido muy madura para su edad. Siempre he sido consciente que todos los cambios que había tenido que superar cuando se mudó a Forks, por la muerte de nuestros padres, le habían forjado su carácter independiente y fuerte.

-La diferencia sigue estando. ¡Y me dan igual los números! Me preocupa mucho más que se acaben dando cuenta que no quieren lo mismo… En cosas importantes. Que sus tiempos no coincidan. Piensa en las cosas que querías hacer con tu vida cuando tenías veintidós años y las que quieres hacer ahora, Rose. ¡Nuestras prioridades no eran las mismas! – le expliqué - ¿Cómo las van a compatibilizar? ¡Sin que de aquí unos años, si siguen juntos, miren la vista atrás y no se arrepientan! ¡O como lo van a hacer sin pelearse! O mil cosas más…

Rose se quedó callada pensando.

-Tonto – me dijo al cabo de un rato uniendo nuestras frentes – Estás preocupado por los dos y no tienes otra forma de demostrárselo que chillándoles – sentenció con una sonrisa - ¡Vamos a tener que mejorar esa técnica! – dijo separándose un poco y riendo – Emmet tienes que entender que eso es algo que no se puede predecir. Tienes que confiar que ellos lo sabrán llevar. Cada pareja tiene sus problemas y saber adaptarse a sus diferencias de edad será el suyo. Lo que no puedes hacer es señalar y atacar su debilidad. ¡Tienes que apoyarlos! Y comportándote como un troglodita intransigente solo conseguirás que se separen de ti. Especialmente, Bella. – me regañó Rose.

Escuchamos el timbre de la puerta. Ya habían llegado.

-Piénsalo bien. Cálmate. Yo los entretendré, pero cuando bajes decide quién quieres ser para ellos a partir de ahora. La persona a la que tendrán a su lado o la persona de la que huirán. Eres muy importante para los dos, y ellos para ti, no seas un necio. – sentenció Rose, dejándome a solas con mis pensamientos.

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NA:

¿Qué os ha parecido?

Os confieso que no tenía escrito este capítulo. Iba a subir directamente el siguiente que es un EPOV, pero se me ocurrió que sería interesante saber un poco de lo que le pasa a Emmet por la cabeza.

Espero que os guste y que hagáis vuestras apuestas sobre cómo decidirá comportarse. ¿Creéis que Bella le sacara los ojos o se comportará? O mejor dicho, se comportaran ambos.

Ya sabéis de otras veces que los outtakes yo no los contemplo como capítulos normales, así que son al margen de los dos capítulos semanales.

Si los tiempos me dejan los siguientes capítulos serán MIERCÓLES Y VIERNES (o sábado por la mañana, depende de cuando pueda subirlo).

Nos leemos en el próximo,

Saludos ;)