BEING HUMAN

CAPÍTULO 24

En el Ojo del Huracán

Justo antes de una gran tormenta, solía ir con mi padre al puerto. Para mirar las nubes y sentir el viento.

Hay una extraña quietud antes de que el cielo se abra. Un silencio ominoso y sobrecogedor. Puedes sentir la tormenta que se avecina. Oler el diluvio en su camino.

Lo mismo ocurre cuando sabes que tendrás una muerte violenta, cuando es la única forma en la que puedes morir, sólo queda esperar por la tormenta final.

Si es que la espera no te mata primero.

Ino Yamanaka


La medianoche cayó sobre la estación principal, en el extremo noroeste de Amegakure. Había una fila de limusinas negras aparcadas junto a una plataforma delimitada por cristales y de la que se había alejado expresamente a todos los seres humanos.
Sentado en la primera de las limusinas, Shikamaru Nara observaba a través de las ventanas oscuras y polarizadas del coche cómo las farolas del corredor iluminaban en medio de la pronunciada noche.

—¿Crees que lo hayan logrado? —Chouji inquirió desde el asiento del conductor.—No he visto el auto de Danzo por ningún lado, y mucho menos señas de éste o los neófitos.

—Posiblemente. —Shikamaru se pasó una mano por el mentón—De lo contrario, a esta hora debería haber un verdadero caos. Todo está muy tranquilo.

Chouji bufó pensativo y abrió un nuevo empaque de patatas fritas.

—Me preocupa como vayan a reaccionar los Antiguos a todo esto. —Dijo el robusto oficial escupiendo migajas entre las palabras—Tendremos suerte si no nos mandan a tomarnos un descanso bajo tierra por medio siglo.

—Para eso tenemos a Torune y a Fuu.

—¿Pudiste convencer a esos lamebotas? dudo mucho que quisieran cooperar por las buenas.

—Lo harán. Agradece que el apellido de nuestros padres aún tienen mucho peso en la jerarquía de la Franja de los Reinos... —murmuró Shikamaru, volviendo a sacar el teléfono para revisar la hora—…Aunque puede que eso también nos ocasione un problema que no tenía en mente…

Chouji entornó la mirada.

—Es por Ino, ¿cierto?

Nara asintió, alzándose de hombros.

—De cualquier manera, creo que Inoichi-sama terminaría enterándose de todos modos. Padre e hija deberían reconciliarse tarde o temprano…

El teléfono móvil repiqueteó un par de veces, Shikamaru miró el mensaje de texto y volvió a guardarlo en el bolsillo de su saco.

—Llegaron.

Emergió de la limusina con una expresión impasible en el rostro, lanzó una mirada expectante a la vacía plataforma. En la distancia, en algún lugar situado al oeste, sonó el tronar inconfundible de una locomotora de vapor que se les acercaba.

Al cabo de pocos segundos, un tren de pasajeros negro como la penumbra apareció a la vista, arrastrado por una locomotora de la década de los treinta en impecable estado de conservación. Un antiguo motor de vapor impulsaba los pistones de la locomotora mientras el tren privado entraba en la estación en medio de un chirrido de frenos y envuelto en una nube de vapor ardiendo.

Shikamaru sacó un puntero láser de su bolsillo y, tal como estaba convenido, envió tres señales de color rubí en rápida sucesión al tiempo que el tren se detenía. Las señales tenían por objeto asegurar a los guardaespaldas de los regentes de la Franja de los Reinos que la estación había sido acotada y asegurada.

Su señal fue respondida al poco por otra, visible a través de la ventana tintada del primer vagón de pasajeros. Tal y como lo habían acordado, Torune Aburame respondió del otro lado. Hasta el momento, todo estaba yendo según lo planeado.

Las facciones impávidas de Shikamaru no cambiaron aun cuando un fulgor rojizo y ocre refulgieron en la lejanía, en dirección hacia donde debería estar la funeraria Shimura. Observó con tranquilidad cómo subía una columna de humo gris ceniciento hasta perderse en el manto lóbrego del cielo.

—Vaya, así que el "bebé llorón" es parte del comité de bienvenida. Esta sí que es una curiosa sorpresa. —resolló una voz a espaldas de Shikamaru. Un sutil y acompasado murmullo femenino, tenue como una brisa de invierno.

Entonces toda la tranquilidad y aplomo de Shikamaru Nara se fue directo al caño, al girarse y verla allí a sus espaldas, ataviada en aquel escotado y ceñido vestido de corte V, ambos brazos en la cintura en una pose adusta y el mentón elevado altivamente como solía hacerlo para resaltar el porte de su jerarquía inmortal.

Shikamaru se aclaró la garganta, emulando un saludo mustio.

—Decir que la sorpresa es recíproca, me resulta bastante problemático, Temari-sama…

0—

Aquella nube de calor infernal menguó hasta convertirse en un vapor sofocante, pesado y lleno de cenizas, como el aliento de un falleciente dragón. Y tal cual, así había perecido el que fuera el edificio de dos plantas sobre el cual se erigiera la ya calcinada funeraria Shimura.

El estruendo de los dos camiones de bomberos del distrito, incluyendo el barullo de algunos de los comerciantes vecinos, diletantes y cohabitantes de la zona apenas y eran audibles para ella.

Ino Yamanaka permanecía inmóvil, de pie como una empalidecida estatua. Sus orbes eran dos cristales vacíos y distantes de toda la situación. Ajena y retraída en un mutismo desconcertante, como si estuviese dentro de una burbuja que le aislase de todo cuanto se abatiese a su alrededor. Sakura le llamó repetidas veces. Clamaba el nombre de Naruto también y había corrido hasta ella y gritándole eufórica y preguntando por el desaparecido muchacho. La rubia ni siquiera ladeó la cabeza.

—¡Maldita sea! ¡Inoooo!

Ambas manos le asieron por los hombros. El trance pareció romperse muy sutilmente. Ino parpadeó un par de veces, para luego bajar la vista y contemplar sus manos, cubiertas de un grisáceo rastro de cenizas.

Los restos de Sai…

Cayó de rodillas, mientras que su amiga de rosado cabello intentaba levantarle. Seguía gritando y miraba nerviosa hacia el área que ya habían acordonado y que iba hacia donde estaba la bodega. Ino resolló, tratando de entender los ofuscados gritos histéricos de su amiga.

—¡…ningún lado…!

—¡¿Qué?! —la rubia exhaló. La voz resonaba lánguida, agotada y débil en su mente.

Sakura resopló, nerviosa y aterrada.

—¡Naruto no esta! ¡No lo encuentro por ningún lado! ¡Shisui e Itachi no le vieron desde que la caldera explotó…!

—¡¿Qué rayos…?! —la realidad cayó de golpe como un puñetazo en la cara. Ino miró hacia un lado y otro.

Las llamas ya habían consumido en su totalidad el edificio y los escombros apenas y podían visualizarse de entre las densas nubes de polvo. Un tercer vehículo, una camioneta de paramédicos había arribado por el lado que daba a la entrada principal; los tres empleados que emergieron del vehículo entraron y a los pocos minutos salieron, cargando en una de las camillas un par de bultos amorfos y ennegrecidos.

No… el imbécil de Naruto no podría… No, si salieron por el lado de la bodega. La caldera estaba en el sótano, el primer piso no tenía más que tres paredes apuntaladas, si se derrumbó por la explosión no habría con qué cubrirse… todo se hundió como una casa de naipes…

Saliendo del shock mental, Yamanaka intentaba deducir alguna posibilidad que hubiese permitido un escape –tal vez no ileso- del desaparecido muchacho. Sakura había ido directo hacia uno de los paramédicos e Ino notó la obviedad en sus gestos. Ninguno de aquellos restos calcinados pertenecía o había sido Naruto.

...un cuerpo vivo no podría haberse calcinado tan pronto… ¡¿Dónde rayos estaba entonces?!

Ella corrió por impulso hacia el callejón contiguo donde habían aparcado el auto. Sakura se le había adelantado y acosaba con preguntas entrecortadas a Itachi. El maltrecho Uchiha se apoyaba dificultosamente contra el capó del auto, resollando y con el desnudo torso cubierto de cardenales y escoriaciones.

—¿Qué fue lo que pasó? ¡¿Dónde esta Naruto?! —inquirió Ino.

Shisui, quien había reaparecido detrás de ésta, negó repetidamente con la cabeza.

—Yo… —siseó confundido. A pesar de estar muerto, se veía más pálido y ajado de lo que debería. Gran parte a causa de emplear sus últimas reservas de energía en sacar a su primo del edificio. Miró hacia un lado y hacia otro—…¡Oh rayos! ¡No…!

Algo había crujido en uno de los costados que daban hacia la bodega. El portón, abatido y combado por el calor, fue a dar hacia los cascotes de una de las paredes, impulsado por otro estallido corto y sordo. Las tuberías del incinerador y las hornillas habían exhalado su último aliento también, llevándose consigo los últimos despojos de dos muros.

Hubo un abatido espasmo de tos, casi inaudible en medio del barullo de los bomberos, ambulancias y gente… y en medio de una brumosa nube de escombros, una figura emergió, arrastrándose casi como una alimaña fumigada. Tosiendo aun más y exhalando dificultosamente.

Naruto Uzumaki intentó incorporarse, aspirando profundamente y escupiendo en un esfuerzo por quitarse de la boca ese gusto horrible. Trastabilló y cayó de rodillas.

Una silueta ribeteada de un pálido tono purpúreo permanecía detrás de éste.

Hinata Hyuuga parecía resollar al igual que él, mientras aquel destello fluctuaba hasta desaparecer, dejando de nuevo su forma incorpórea y transparente.

—¡Narutoooo! –el grito agudo de Sakura hizo un eco ahogado por una exhalación—…¡Na…! ¡Oh por Dios! ¡Narutooo!

Aun entonces no hubo respuesta. Hinata, forcejeando en la oscuridad, logró alzarle un poco. Itachi, aun maltrecho y jadeante fue a ayudarle, levantando el cuerpo tembloroso del joven a duras penas. Luego volvió sobre sus pasos, llevando a Naruto en vilo.

0—

La amplia antesala del anfiteatro que complementaba al hospital general de Amegakure, permanecía en un gélido silencio. Las miradas escrupulosas de Temari No Sabaku y su hermano Kankurö no hacían más que tensar más el ambiente. Chouji esquivaba el gesto visual, contemplando nerviosamente hacia el grisáceo linóleo.

La mujer chasqueó la lengua y su voz, calmada y suave irrumpió el silencio con el tacto de una daga.

–Con que todo el imperio de Danzou Shimura desapareció en esta misma noche, ¿no? – esto fue una insinuación retórica y sin respuesta. Enarcó una ceja en gesto de curiosidad sutil. Había una sonrisa astuta en su semblante— Vaya, supongo que Mitarashi-sama no pudo esperar, como siempre.

Torune Aburame entró en la estancia, seguido de Shikamaru, quien volvía a guardarse el teléfono móvil en el bolsillo.

—No fue Anko quien se encargó de los neófitos, mucho menos de nuestro bien ponderado Regente –expresó Shikamaru con un atisbo sarcástico y ácido.

Aburame dejó sobre la pulcra mesa metálica un paño con el emblema de la funeraria Shimura, al desdoblarlo quedaron al descubierto las calcinadas cenizas del antiguo vampiro. Viles despojos de quien llegó a considerarse uno de los más temidos dictadores de las últimas dinastías de Antiguos.

—Patético – masculló Kankuro. Tomó la maltrecha tela con todo y las cenizas, arrugándola en una mano como quien estruja una hoja de papel y la arrojó al piso como si fuese un desecho –¡Venir de tan lejos y para nada! ¡Esto era asunto nuestro!

—Aun queda Anko –Shikamaru se encogió de hombros.—Por lo que sabemos, gran parte de los neófitos reclutados fueron por ella…

Kankuro resolló lacónicamente.

—Jah, vaya premio de consolación. Terumi-sama no va a quedar conforme, tampoco por la masacre de más de cincuenta mortales.

—Carne de cañón –intervino Torune Aburame— No eran más que eso. Se borraron los expedientes y no hay registros de desaparición que sirva para cotejar. Nos encargamos de eso debidamente.

Chouji asintió también. Había sido una semana atareada en la jefatura, no sólo por el trajín de mover expedientes y cajas de archivo sospechosas, sino hacerlo con la debida discreción ante los pocos empleados humanos. El asunto del joven Hyuuga había facilitado las cosas, y ahora con la otra jovencita de la misma empoderada familia tras las rejas por un supuesto cargo de homicidio; la atención de los medios y del personal jurídico estarían más atareados con ellos que con los expedientes misteriosamente perdidos.

—Aun asi, queda pendiente una junta decisiva con el Consejo. –espetó Temari— No creo que Mei Terumi apruebe que se tomen ese tipo de resoluciones por mano propia. Y ahora Amegakure ha quedado sin mandatario.

—Cómo si eso fuese un problema –increpó Shikamaru—, si los Antiguos se antepusieron al golpe de estado que estuvo a punto de dar Danzo, era más que obvio que ya tuviesen sus fichas aseguradas.

Nuevamente aquella sonrisa pérfida en el marfileño rostro de Temari.

—Es una posibilidad, querido… –siseó— Pero se necesita una votación por parte de los Antiguos; se que tu padre tiene alguna sugerencia, Inoichi-sama también. Por lo pronto, creo que debemos darle más importancia a Mitarashi-sama. Nos encargaremos de ella.

Chouji miró de reojo a Shikamaru y este solo asintió, ahogado una exhalación preocupada en su mente.

si es que Ino no lo hace primero…

0—

Sakura cerró el grifo y enjugó una compresa. Itachi, sentado en el borde de la cama, le miró de reojo, permaneciendo tan callado y pensativo como cuando regresaron a casa. Las escoriaciones y los rasguños de su torso apenas y habían empezado a cicatrizar.

—¿No deberían haberse regenerado ya? –inquirió, pasando la compresa sobre una profunda línea carmesí sobre el hombro.

El Uchiha apenas y espetó un bufido en respuesta al árido contacto del agua con la herida abierta.

—Cuando son causadas por otro sobrenatural… es un poco más tardado el proceso –gruñó.

—No habrías tenido tantas si te hubieses apegado al plan, dijiste que podías controlarlo…

Él se pasó una mano por la nuca.

—Ningún plan es infalible –espetó, tratando de disimular la razón que había en aquello último. Aun la cabeza le daba vueltas y el sabor persistente de la sangre putrefacta pesaba en sus labios. Exhaló hondamente— …además, pasado mañana habrá luna llena, no es tan simple frenarlo… ¡Auch!

Sakura pasó la última gasa, impregnada de alcohol etílico sobre el último cardenal –una incisión hosca y ovalada sobre el omóplato- y la dejó un momento mientras el tejido absorbía el líquido.

—Disculpa, pero si las dejo así, podrían infectarse –

—Esto no es necesario. –reprendió él, receloso—Mientras no sea plata, muérdago o acónito…

—El olor a sangre me está mareando, si no lo limpio terminaré vomitando. –cerró el frasco y lo dejó en la mesita junto a la cama.

Se dispuso a ir hacia el lavabo donde había dejado el resto del material de curación, cuando Itachi le asió por un brazo.

—Sakura…

Ella sólo atinó a contemplarle, un poco desconcertada por el aprensivo gesto. La otra mano del Uchiha le tomó por la cintura, acercándole. El calor de su cuerpo y el aroma agreste de la batalla aun impregnado en su desnuda piel, no hizo más que acelerarle el pulso.

Un silencio expectante, roto sutilmente por el eco de la conversación en la planta baja. Escuchó a Naruto despedirse escuetamente alegando que sería capaz de dormir dos días continuos si no tuviese que ir a trabajar, el ruido de la lluvia difusa estampándose contra la ventana y el ruido del auto al arrancar.

—¿Piensas quedarte aquí, cuando todo esto termine? –inquirió él.

Las pupilas ónice de él están fijas en las suyas. Sakura bajó la mirada. Suspiró.

—No puedo volver a Konoha, Itachi… y creo que tú tampoco. Aquí tengo mi trabajo y…

—Y demasiados problemas. Lo de esta noche no hará más que resaltar Amegakure entre el resto de las colonias de vampiros. Creo que es demasiado arriesgado.. –las palabras brotaron severas pero no hostiles. Ella en parte sabía que había algo de razón—Aunque el plenilunio esté cerca y tengas a Ino y sus conocidos de tu parte.

—Si pero no puedo dejarla sola. Ha perdido a Sai… y Hinata aun sigue aquí. –se separó lentamente. Itachi no insistió en retenerla—Al menos hasta no encargarnos de Anko, podríamos pensar en alguna otra alternativa.

Él entornó la mirada; una expresión que ella había recordado haber visto en Sasuke. Ese semblante circunspecto, el mismo que había tenido aquella tarde cuando pidió su mano. Sakura sintió un vuelco en el corazón.

—No me refería a volver a Konoha…—enunció—Podríamos irnos, a algún otro poblado, lejos de aquí. Sólo tu y yo.

Entreabrió los labios pero nada pudo emerger de éstos. Sintió los dedos de Itachi rozar los suyos. Sin sujetarle, sólo pasándolos sobre las suaves yemas de ella.

—Los lobos corren en manada. Podríamos… formar la nuestra.

Pero Sakura no contestó. Tampoco replegó nada, sólo había bajado el rostro, haciendo que el flequillo le cubriese los ojos. Exhaló como dejando escapar un gemido.

—Lo mejor será que descanses, aun no sabemos que pase mañana. –susurró ella.

Itachi asintió en un gemido, mientras le contemplaba al salir de la alcoba. Sakura cerró la puerta tras de sí, dejó el material de curación en el botiquín del baño y se quedó tiesa e inmóvil en el descansillo que daba hacia las escaleras. Nuevamente aquel nudo en la garganta y un crujido ansioso en la boca del estómago.

La idea seguía clavada en su mente y ahora aquello expresado por Itachi no provocó más que hacerle flaquear la decisión que ya había tomado.

0—

El reloj de pared anunció las cinco de la madrugada con un siseo bajo, en aquella sala donde no había más que un silencio reinante. Sakura se había quedado dormida en el sillón, con el cuerpo medio tumbado hacia un lado y el rostro apoyado en el descansabrazos del mullido mueble. Shisui permanecía en una de las sillas del comedor, entretenido en la ardua tarea de apilar dos docenas de cubitos de azúcar, sólo por entretenerse en algo. Hinata, arrodillada delante de la mesita de centro, había estado tratando de alzar una de las revistas, pero la fluctuante y debilitada energía de la joven no había hecho más que mover el borde de las hojas.

Ino no había logrado dormir ni siquiera diez minutos. Por un momento había tratado de descansar los ojos, pero apenas al cerrarlos, aun conseguía ver a Sai. Tirado allí, con las pálidas facciones y sus ojos negros casi sin vida, antes que la muerte definitiva consumiese su cuerpo en cenizas.

El sólo recuerdo flagelaba sus pensamientos. ¿Porqué? Y ¿Porqué sólo él? No era el primero –y si sobrevivía, no sería el último— al que había visto morir. Los nombres se apiñaban en su mente; mortales e inmortales. Muchos… y ahora todo cuanto podía recordar era a Sai.

El hombre que una vez fui… ya no queda nada de él…

Tal vez, ahora todo cuanto añoraba, era el recuerdo de lo poco humano que quedaba en él. Recuerdo arrancado por ella. Anko sólo le había demostrado cuan equivocada estaba… ¿y si ése era su plan desde el principio?

La inmortalidad tenía sus sacrificios designados. Quizá, las últimas décadas hacían que éstos se viesen menos trágicos. No se puede domesticar lo que es salvaje por naturaleza…

ya no queda nada de él…

¿Y que quedaba de ella ahora?

¿Aun había algo de aquella campesina de esa tranquila aldea en la que aun podía recordar el azul de un cielo claro de verano?

¿Cuántos estragos hizo la inmortalidad en ella? ¿Acaso no había matado tambien? ¿A cuantos ? ¿Acaso había olvidado ya sus rostros? ¿Sus gritos pidiendo misericordia?

Una vida que sólo se sustenta con otra vida. Sólo era sobrevivir… excepto porque había disfrutado de aquello. El poder ante la debilidad de la presa…

—Tal vez… no sea tan diferente de Anko… —susurró para sí.

Hinata había entornado la mirada hacia ella.

—No creo que haya punto de comparación –dijo hacia la rubia.

Ino no refutó nada. Se pasó una mano por la sien, intentando dejar de lado aquellas divagaciones inútiles y encendió el televisor.

—Sólo fue una idea vaga –dijo sin importancia. Miró hacia la maltrecha revista que Hinata había estado intentando mover— ¿Debo suponer que lo siguiente en tu lista de "asuntos pendientes fantasmales" será arrugar los últimos números de Cosmopolitan?

Hinata murmuró, consternada.

—Hanabi-chan ha confesado todo, Neji-niisan esta en prisión igual que ella por complicidad… y yo sigo aquí. –se alzó de hombros—No lo entiendo.

Sakura bostezó ruidosamente.

—A lo mejor…—resopló ahogando otro bostezo—…quedó algún cabo suelto, no se… ehm… con tu padre o algún otro familiar ¿o algo asi?

Shisui se meció en el respaldo de la silla, haciendo equilibrio.

—Bueno, por lo general es cuestión de tiempo… a veces. –se pasó una mano por el mentón— Tal vez dejaste inconcluso algo, como alguna cuenta o una herencia… algo que aun te esté atando a este plano.

La joven Hyuuga negó con la cabeza.

—No lo creo, todas mis pertenencias se las quedó Hanabi… tal vez vendió algunas. El resto, es la casa…

—¿Y si no es algo material? –terció Sakura.— no se, tal vez el asunto sea algo personal.

Hinata movía sus dedos, en ademán pensativo.

—No… yo nunca le guardé rencor a nadie, ni siquiera a Hanabi. Queria que confesara y ya lo hizo y Neji… Neji-niisan creo que no tiene tanta importancia ya.

—Jejeje, no después de que el karma le cayó por cuenta propia –carcajeó Shisui—Y dudo que en "la casa de la risa" le tomen en serio.

—Oh, vaya… —Ino interrumpió, dejando sintonizado el canal de noticias, justamente en el reportaje acontecido en las empresas Hyuuga

Subió el volumen, mientras uno de los conductores enlazaba la transmisión. El fondo se veía la recepción del pulcro edificio, en sus tonos marfileños y el emblema familiar enmarcado en una lámina de cobre resaltada. Hiashi Hyuuga, ataviado en un sobrio traje gris oscuro, explicaba brevemente la declaración dejada en la jefatura de Amegakure tras el arresto de su hija menor. Su rostro parecía abatido y las arrugas de su frente y de las comisuras de los labios se habían agravado, Hinata nunca lo había visto tan demacrado y avejentado.

—"Sabemos que se le ha impuesto auto de formal prisión a Hyuuga Hanabi, bajo los cargos de homicidio en primer grado, soricidio y confabulación, así mismo como falsificación de firmas a nombre de la occisa Hyuuga Hinata. Siendo su ahora única hija y quien debería corresponder a la herencia y regalías de la empresa, ¿Ha decidido en tomar alguna medida ante este inusitado evento, Hyuuga-sama?" –el reportero pasó el micrófono al patriarca Hiashi.

Éste se quedó durante unos segundos en un expectante silencio, bajó el rostro y negó en un ademán seco.

—…Tal vez uno como padre, es el responsable de estos problemas. Quizá es el orgullo lo que nos ciega, o la presunción que en algunos hijos prevalece más. Presunción que puede llegar a confundirse con perfección… -hubo una pausa, vacilante y abatida—…y uno puede cegarse ante esa falsa perfección. Yo… yo cometí un error con Hinata al no ver lo que ella fue capaz de hacer por la familia y su entregada labor a la empresa… y Hanabi... –otra pausa.— Estas son las consecuencias y creo que es justo que aprenda de ellas.

Su mirada, aunque fija en la cámara, Hinata sentía que estaba fija en ella, aun a kilómetros…

No me opondré a que la justicia se cumpla como es debido, creo que eso es lo único que me queda hacer por mis hijas… sobretodo por Hinata. Tal vez, es el único perdón que podría tener de ella.

El resto del reportaje concluyó ante la decisión del contador oficial, respecto a las acciones y porcentajes, los cuales pasarían a ser propiedad de los accionistas. Neji Hyuuga, quien también había declarado la planeación del homicidio a manos de Hanabi, podría llegar a una sentencia reducida, una vez que se realizara la pertinente investigación a la demencia temporal del joven. Hanabi Hyuuga, posiblemente terminaría cumpliendo una condena perpetua, el juicio se realizaría para el viernes. Hiashi había declarado que no objetaría cargos.

Hubo una calma ominosa en la sala. Hinata, quien había estado delante del televisor, se pasó una mano por la mejilla.

—¿Hinata? –Ino se irguió hacia ella— ¿Todo bien?

La joven pareció ahogar un sollozo. Se giró hacia sus amigas, con una expresión confortada, aun a pesar del brillo acuoso en sus perlados ojos. Sonreía difusamente.

—Mi padre nunca dijo lo mucho que le importábamos… menos yo –musitó—Siempre le veíamos poco en casa tras el trabajo y, sólo era para recordarnos lo mucho que importaba la empresa. Lo mucho que esperaba de nosotras. Yo… yo me gradué con honores en la universidad y él, sólo había dicho que no rendí lo suficiente…. Y Hanabi, quien hasta tuvo que pagar materias extraordinarias, terminó siendo la mano derecha de contabilidad…

—Hinata…

La joven sonrió aun más ampliamente ante el semblante aprensivo de Ino.

—Esto… esto que mi padre acaba de decir, es más que suficiente para mi. Sé que no compensan los años de indiferencia pero ahora… ahora que no estoy viva y que sé que sigo importándole, es todo cuanto quería escuchar…

Shisui suspiró hondamente.

—A veces, solamente una simple palmada en el hombro puede más que una tonelada de tediosas frases cursis… claro no literal pero, bueno, algo asi…

—Hi… Hinata… -Sakura se sobresaltó. Alzó un brazo, señalando hacia el comedor.—Eso…

Ella se dio la vuelta en la dirección señalada por la joven de pelo rosa. Ino se levantó y quedó atónita. Shisui abrió la boca en un exagerado gesto de sorpresa.

—¿Eso… eso es…? –su mano traslúcida señaló hacia una puerta, completamente ajena a la edificación y pintura de las del resto de la casa.

Estaba allí, justo en medio del comedor y la sala. Adosada con un marco caoba y una pintura nácar impregnada en la madera. Tenia una aldaba adosada, como aquellos adornos coloniales.

Nadie contestó. Miraban hacia la recién aparecida puerta con los ojos como platos.

—Bien… creo que es el fin del camino, Hinata-chan –clamó Shisui con una risa nerviosa—Creo que ya no tienes asuntos pendientes asi que… es todo.

La joven casi se desploma en sus rodillas. Se puso ambas manos en la boca, si hubiese estado viva, podría haber sentido su corazón palpitando eufóricamente.

—Y-y-yo… ¿e-esa es … ? ¿es mi…?

Ino corrió hasta la chica, en un intento por abrazarla. Sakura se les unió.

—Claro que si, tontita –sonrió la rubia—aunque justamente ahora…

—T-t-t ¿tan… tan pronto? ¿A-a-así?

—Ve el lado bueno, todo cuanto has querido está al otro lado. –atajó Sakura.—Y después de tanto…

—Yo…—haciendo acopio de sus últimas energías, se aferró a sus amigas, consiguiendo casi derribar a Ino—¡Voy a extrañarlas!

—Hinata-chan, te lo has ganado –congratuló Shisui—Ve el lado bueno, no muchos fantasmas lo logran…

La sonrisa de Hinata se tensó un poco al recordar a Rock Lee… y ahora, tras todo lo acontecido, aquello parecía haber ocurrido demasiado pronto.

—S…son… son las primeras mejores amigas que he tenido –sollozó la joven fantasma—y…y… Naruto-kun…

Se separó de las chicas, enjugándose una lágrima.

—No… no voy a poder despedirme de él… Yo… yo… no quiero, irme aun…

—Hinata… -suspiró Ino suavemente—Es tu momento. –miró en derredor—Supongo… bueno, espero que los demás te alcancemos en su debido momento.

—Incluyendo al bueno para nada de Naruto –completó Sakura.

—Sólo no nos olvides –sonrió Ino.

Hinata le devolvió la sonrisa. Leyó la gratitud en los ojos de todos y se alegró por ellos... pero esa gratitud no aliviaba en nada su propia melancolía. Su resolución se mantenía firme, pero, era una resolución angustiosa.

Muy angustiosa.

Se adelantó hacia la puerta. Su mano temblorosa se alzó poco a poco hacia la aldaba. Los dedos casi rozaron el contorno metálico…

Y un estruendo abatió la sala.

El marco del ventanal frontal sucumbió en una lluvia de cristales. Una sombra se proyectó, desde la casi extinta noche y cruzó la estancia. Con un chillido gutural, Anko Mitarashi se había lanzado hacia Ino Yamanaka. Una de las manos de la mujer de cabello oscuro prensaron el cuello de la rubia, derribándola.

Ino trató de apartarla, pero Anko dibujó un arco mortífero con la otra mano. Quince centímetros de una afilada estaca de madera de cedro penetraron en el pecho de Ino Yamanaka. Entraron sin esfuerzo, como en una tarta caliente. Anko extrajo la estaca, chorreante, e Ino, con un alarido de dolor y esfuerzo, la apartó de un empujón.

El cuerpo de Mitarashi empezaba a expeler briznas calcinadas. La reacción mortífera de un vampiro en un terreno al que no había sido invitado.

—¡No me importa morir aqui! ¡Te llevaré conmigo! ¡Maldita zorra! –graznó.

Sakura corrió hacia Ino, tratando de ayudarle a levantarse. Hinata, aterrada y perpleja sólo atinó a gritar. Shisui hizo acopio de fuerzas para empujar a la intrusa lejos de la vampira herida… o retener a Anko lo suficiente como para que la ignición consumiera su cuerpo inmortal. Las energías del muchacho no resistieron mucho y éste sucumbió.

Anko, con ambos brazos casi ennegrecidos y cubiertos de cenicientas escoriaciones, volvió a lanzarse hacia la desfalleciente rubia.

Trotando pesadamente desde el piso superior, a cuatro patas, Itachi arremetió contra la casi calcinada Anko. Las zarpas curveadas y afiladas pasaron delante del rostro de la mujer y el cuello de ésta se ensartó en ellas como insecto en un alfiler. Su sangre caliente bañó la mano de Itachi. Se oyó un ruido seco. Cuando el licántropo retiró la mano, sólo tenía en ellas, despojos chamuscados de piel.

—¡No sobrevivirás a esta! ¡Inooo! –vociferó Anko pasándose la mano por el dorso del cuello, completamente despellejado. La sangre le escurría entre los dedos. La miró con ojos dilatados, incrédulos.

Con una mano en el cuello sangrante y la estaca en la otra, Anko Mitarashi se apartó, tambaleante y avanzó hacia el ventanal destrozado. Zigzagueaba mientras el cuerpo continuaba el proceso de ignición. Chocó contra un sillón y lo derrumbó. Su mano ciega desparramó una pila de periódicos. Llegó al marco de la ventana y se arrojó a la noche.

—¡Inooo! ¡Ino…! –Sakura clamaba aterrada.

La mancha de sangre había cubierto casi toda la alfombra. Hinata permanecía petrificada.

Shisui se dirigió a ella.

—Hinata, ¡Tienes que irte…! ¡O la perderás..!

Ésta volteó hacia la puerta, luego hacia su amiga desfalleciente.

—¡N-n-noooo!

Ino ya estaba perdiendo la conciencia. El mundo ondulaba, se oscurecía, se borroneaba como una película mal enfocada.

La voz de Sakura llegaba desde una milla de distancia.

Alguien gritaba algo…

¿Shisui? ¿Hinata?

Sai… Sai…

Entonces, el mundo derivó en algodonosas nubes de gris.


CONTINUARÁ


PRÓXIMO CAPÍTULO... FINAL DE TEMPORADA!

N/A: Y bueno, admito que esto es lo más complicado que he escrito ultimamente... este largo fic esta a punto de concluir en su primer temporada... ¿qué pasara?

Ya saben, cualquier comentario, critica, pregunta, u opinion es bien recibido.

Nos leemos!