CAPÍTULO 25
- Cómo van las cosas con Caroline? – preguntó Rebeca mientras cenábamos en mi departamento junto con Stefan.
- Ojalá supiera qué contestarte… - suspiré con resignación
Las últimas tres semanas había estado cortejando a Caroline con tanta delicadeza como me había sido posible.
La recogía temprano para desayunar con ella, la llevaba a la cafetería donde trabajaba, cenaba en su casa con ella y sus amigos; en fin, intentaba pasar juntos tanto tiempo como me fuera posible y tanto como ella me permitía.
Las noches que tenía guardias o ella rechazaba mis invitaciones, no me iba a la cama hasta que le deseaba buenas noches por teléfono.
Hayley estaba resultándome de gran ayuda. Siempre que tenían planes, me hacía partícipe de ellos, y ésta fue la única forma que me permitió salir con Caroline a cenar fuera o al cine, siempre acompañados por Hayley y Elijah.
Pero todavía me quedaban barreras que tirar abajo. No había vuelto a besarla ni acariciarla y mi cuerpo ya me estaba quemando.
- Aún no te ha perdonado? – dijo Stefan mirándome comprensivo
- No. En realidad creo que en parte lo hace pero cada vez que intento dar un paso más vuelve a levantar ese muro invisible a su alrededor y me deja afuera. – me quejé lastimero
- Me gustaría conocerla, ya sabes – insistió Rebeca – Tal vez yo podría ayudarte. Podríamos salir los cuatro juntos así como sales con su amiga y el novio
- Ya te lo he dicho, Rebeca. No quiero agobiarla
- Crees que yo la agobiaría? – hizo un puchero
- Cariño, tu hermano tiene razón – me apoyó Stefan – todos sabemos cómo eres…
- De qué estás hablando, Stefan Salvatore? – Rebeca lo miró entrecerrando los ojos arrancándome una carcajada.
En ese momento el teléfono del departamento comenzó a sonar
- Ya contesto yo – dijo Stefan levantándose de un salto
- Ya. Salvado por la campana – se burló Rebeca.
- Nik, es para ti – dijo un pálido Stefan entregándome el teléfono con el rostro desencajado.
- Lo suponía – me burlé ya que era el teléfono de mi departamento – Quién es? – sonreí cogiendo el teléfono que me entregaba Stefan
- Hola, cariño – escuché en el auricular antes de que Stefan pudiera contestarme. – Cómo estás, querido? – la voz sarcástica de Amara fue como un golpe
- Amara… – fue todo lo que fui capaz de contestar
- Me echabas de menos? Hace meses que no hablamos
- Qué quieres, Amara?
- Wow! Veo que aún mantienes tu malhumor – rió – Es que todos estos meses no te han alcanzado para recapacitar.
- Qué quieres, Amara? – repetí molesto
- Bueno, sólo quería saber cómo estabas, y decirte que finalmente estaré dos meses más aquí en París
- No es algo que me interese, por supuesto.
- No? Creí que te gustaría saber que aún puedes estar dos meses más tirándote a medio Manhattan
- No es que sea de tu incumbencia, Amara, pero te recuerdo que tú y yo rompimos, por lo tanto puedo tirarme a TODO Manhattan si me apetece, y puedo hacerlo tanto tiempo como desee
- No lo creo – aseguró – Ya sabes que nosotros tenemos un acuerdo
- Estás enferma, Amara
- Esto ya lo hablamos, Klaus.
- Exacto. Ya lo hablamos, aunque parece que tú no lo recuerdas…
- Sabes lo que debes hacer – no le contesté por lo que agregó – Si sabes lo que te conviene, para ti y para la familia Mikaelson, sabrás lo que debes hacer.
- Ya está bien, Amara, piensa lo que quieras – dije y colgué sin decir nada más.
Rebeca y Stefan me miraban compasivos cuando furioso lancé el teléfono sobre el sofá.
- Qué es lo que quiere ahora?
- Qué sé yo! Dice que volverá de París en dos meses más. No sé lo que pretende.
- A ver, Klaus, pero no han terminado ya? – preguntó Rebeca incrédula
- Sí, pero parece ser que ella cree que puede continuar manejándome a su antojo.
- Ten cuidado, Nik – me advirtió Stefan – Esa chica te traerá problemas, todavía puede dañar tu relación con Caroline.
- Lo sé – me quejé compungido – Pero esta vez no se lo permitiré.
X0X0X0X0X
- Buenas noches, pequeña – dije en un susurró cuando Caroline contestó el teléfono esa noche
- Hola, Klaus, cómo estás? – respondió muy animada. Mucho más animada de lo que solía contestarme.
- Muy bien, ángel, y tú?
- Oh, muy bien también. Qué has hecho hoy? – sin dudas Caroline estaba de muy buen humor y eso me hacía inmensamente feliz.
- He trabajado hasta tarde y luego he cenado con Rebeca y Stefan, y tú qué tal? Estás muy contenta hoy. Ha pasado algo?
- Bueno, sí, ha pasado algo.
- Y no me vas a contar qué es?
- Bueno… - rió – un amigo de Elijah me ha ofrecido tocar en su bar este fin de semana
- Wow, cariño, eso es genial
- Sí, ya lo creo que sí. Hace ya bastante que no lo hago y tengo muchas ganas. Sólo espero gustarle lo suficiente para que me invite alguna vez más.
- Oh, cariño, claro que le gustarás, te adorará. Cómo podría no hacerlo?
- Gracias, Klaus, pero tú lo dices porque me… - su voz se apagó sin acabar la frase
- Porque te amo? Desde luego que te amo, pero no lo digo por eso sino porque eres la intérprete más dulce que he conocido jamás.
- Gracias, Klaus.
- Ay, Ángel, te amo tanto, cariño – suspiré
- Te gustaría venir a verme tocar mañana? – preguntó con timidez
- Nada me haría más ilusión. Gracias por invitarme.
Ese viernes fue más lento de lo normal. El hecho de salir con Caroline siendo que la iniciativa era suya, estaba haciendo mi espera interminable.
Habíamos quedado que nos veríamos en el bar y hacia allí fui sobre las 10. Había bastante gente en las mesas y un trío tocaba blues en el escenario.
En una de las mesas más alejadas encontré a Caroline con Hayley y Elijah. Dejé un delicado beso en su mejilla cuando me senté a su lado.
- Hola, preciosa – susurré viéndola sonrojarse – Buenas noches, chicos – saludé a sus amigos
- Pensé que tal vez no pudieras venir – confesó con timidez
- Cariño, no me perdería esto por nada – confesé pasando mi brazo sobre sus hombros y atrayéndola hacia mí.
Caroline se comportaba con timidez pero no rechazaba mi contacto como había venido haciendo estos últimos meses y eso me daba una pequeña esperanza sobre nosotros.
Unos cuarenta minutos más tarde, Caroline fue anunciada por el dueño del bar y subió al escenario. Yo la observaba embelesado mientras los dulces acordes de "Be be your love" escapaban de su guitarra y su dulcísima voz.
Everybody's talking how I can't, can't be your love
But I want, want, want to be your love
Want to be you love, for real
Want to be your everything
Everything (1)
- Diría que canta para ti – susurró Hayley acercándose a mí
La observé con sorpresa sintiendo como mis ojos se llenaban de lágrimas. Amaba a esa niña y no podía imaginarme vivir sin ella. Tenía que recuperarla, no sabía cómo hacerlo pero debía recuperarla.
- Crees que algún día podrá perdonarme? – le pregunté con ansiedad
- Ya lo creo que sí – sonrió la morena – Caroline te ama, y aunque está muy dolida por todo lo que ha ocurrido, sabe que sólo tú puedes hacerla feliz. Debes demostrarle que puede confiar en ti.
- Intento hacerlo, pero cada vez que me acerco a ella levanta otra vez ese muro a su alrededor… - suspiré
- Te dará una oportunidad – sonrió Hayley dándome un golpecito suave en la mano que apoyaba sobre la mesa – Confía en mí
- Gracias, Hayley. Sin dudas necesitaré toda la ayuda posible
La actuación de Caroline duró algo más de media hora y fue sin dudas un éxito. Todos observaban embelesados a mi niña. Sentí una punzada de celos cuando un chico de una de las primeras mesas, se acercaba a ella cuando bajó del escenario. La miraba seductoramente y le hablaba muy cerca mientras Caroline bajaba la mirada sonrojada.
Supuse que la estaría invitando cuando vi como ella negaba tímidamente. Estuve a punto de levantarme para ir a partirle la cara al chico por meterse con mi novia, cuando Hayley me miró reprobatoria.
Apreté la jarra de cerveza que tenía en las manos intentando calmarme.
- Wow, Caroline, me ha encantado – dijo Hayley entusiasta cuando Caroline llegó hasta nosotros
La miré sonriente y me acerqué abrazándola
- Has estado genial, cariño. Echaba mucho de menos escucharte cantar.
- Te ha gustado? – preguntó en un susurro
- Más que eso. Ha sido fantástico. – me acerqué a ella para depositar un casto beso sobre sus labios.
Se ruborizó y bajó la vista alejándose un poco de mí.
Estuvimos en el bar varias horas hasta que Elijah sugirió que nos marcháramos.
- Te llevo a casa – ofrecí
- No hace falta. Hemos venido en el coche de Elijah.
- Permíteme acompañarte – supliqué enredando un mechón de su cabello en mis dedos.
Aceptó y salimos del bar. Detuve el coche frente a su casa. Hayley y Elijah se habían despedido de nosotros y ya habían entrado en la casa. Nos quedamos en silencio durante varios minutos.
- Quieres entrar? – ofreció
- Me encantaría – acepté entre feliz y asombrado
- Quieres beber algo? – me dijo yendo hacia la cocina
- Agua, por favor – acepté yendo tras ella
Me apoyé en la encimera y la atraje hacia mis brazos cuando me tendió mi bebida. La rodeé con mis brazos apretándola contra mi pecho.
- Te necesito tanto, Ángel. No imaginas cuánta falta me haces – susurré escondiendo la cara entre su pelo mientras aspiraba su dulce aroma
No se separó de mí, sino que apoyó sus manos en mi pecho. La tibieza de su tacto traspasaba mi camisa haciéndome estremecer.
- Necesito que me perdones, Ángel. Te necesito conmigo y no sé qué hacer para que me perdones.
- Quiero hacerlo, Klaus – confesó en voz muy baja – Quiero perdonarte pero tengo miedo…
- No hay nada que temer, ángel – dije separándola de mí y levantando su rostro para mirarla
Tímidas lágrimas rodaban por sus mejillas
- Quiero confiar en ti, Klaus, pero no sé si puedo hacerlo…
Sequé sus lágrimas con mis pulgares a la vez que me acercaba a sus labios
- Confía en mí, pequeña, te prometo que no voy a defraudarte esta vez – susurré contra sus labios antes de acercarme y besarla.
Deslicé mi lengua entre sus labios entreabiertos. Con toda la delicadeza de la que fui capaz invadí su boca acariciando sus labios y sus dientes. Muy lentamente Caroline fue respondiendo a mi beso y no pude más que apretarla contra mí cuando su lengua comenzó un jugueteo sensual contra la mía.
Nuestro beso fue volviéndose más demandante. Mis manos recorrían ansiosas su espalda mientras las suyas se enredaron entre mis cabellos.
Colé mis manos bajo su camiseta sintiéndola estremecerse con mi contacto.
Su cuerpo se apretaba contra el mío haciendo más dolorosa mi excitación. Llevé mis manos a su pecho y comencé a acariciar sus pechos que se endurecieron bajo el encaje del sujetador.
Caroline gemía bajo mis manos. Desabroché la prenda y colé mis manos bajo la tela. Se estremeció un instante antes de separarse de mí.
- Detente, Klaus – murmuró bajando la mirada al tiempo que intentaba alejarse de mí
- No te vayas – supliqué bajando mis manos hasta rodear su cintura para apretarla contra mí.
- Lo siento, Klaus – se disculpó – No estoy preparada para hacerlo…
- Shh, - la corté – Tranquila, ángel. No hay prisa… - concedí aunque mi erección no estuviese de acuerdo
- Lo siento…
- Hey, no quiero que te disculpes. De verdad no tenemos por qué apresurarnos…
Nos quedamos abrazados mientras calmábamos nuestras agitadas respiraciones.
- Querrías quedarte a dormir conmigo? – me propuso con timidez haciendo a mi corazón saltarse un latido.
- Desde luego que sí – acepté sonriente a la vez que la apretaba contra mí y la besaba con incontenida necesidad.
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