Saludos. Antes que nada decir que lamento muchísmo todo el tiempo que he tardado en actualizar. Sé que algunos estabais impacientes y no tengo excusa. De modo que no me entretendré narrando detalles de mi vida. Me ha costado muchísimo continuar esta historia ya que desde hace tiempo he estado trabajando en un proyecto original y justo me vino la inspiración. Por más que lo intentaba no me venía nada para este fic, sólo personajes, lugares y datos para ese otro proyecto que seguramente nunca llegue a ver la luz. Es por ello que me disculpo una vez más por haber dejado este fic de lado y os aseguro que tengo intención de terminarlo.

Esta vez no responderé a los reviews individualmente ya que ha pasado tanto tiempo que hasta yo me he perdido un poco. Como siempre muchas gracias por los favs y los follows y gracias a MadameNullaRen, CassioBlack, TsukihimePrincess, lian shi, florperlachiquis52, vaale lagos, herxnclace, thranbely green dankworth, susan-black7, Damae, Guest, Paosan, Andy-Niss, Daenerys Black, watashiwasoulkiller, Valerya Cullen, Moshina, cons, Hannah Reeven, brianda vasquez, Carol, Guest, Guest, Guest.

De nuevo me disculpo por el retraso y os deseo a todos una feliz Navidad.

Tom

Estaba cansado, lo admitía. Mental y físicamente cansado. La noche previa al primer examen del T.I.M.O, el de Encantamientos, apenas había conseguido dormir y a juzgar por el ruido de sábanas moviéndose en las camas contiguas no era el único al que le costaba conciliar el sueño. Cuando quiso darse cuenta los primeros rayos de sol asomaban por el horizonte y llegó a la conclusión de que no iba a poder dormir mucho más. Se levantó resoplando y decidió que sería mejor aprovechar el tiempo para repasar en la Sala Común. Sacó de su mochila los esquemas que había hecho y el libro de texto y, sin ni siquiera quitarse el pijama, bajó a la sala común.

Cuando llegó al pie de la escalera se dio cuenta de que no era el único que se encontraba allí. Hermione ocupaba la mitad de uno de los sofás mientras que la otra mitad se encontraba llena de pergaminos y libros, la castaña se cubría las piernas con una manta y, a juzgar por la jarra de café medio vacía que había en la mesa frente a ella, llevaba allí bastante rato.

— ¿Qué haces aquí? Son las cinco de la mañana—preguntó mientras se aproximaba a ella, haciendo que la joven levantase la mirada del libro que tenía en el regazo.

—No podía dormir —respondió de forma apagada, ni siquiera se había percatado de la llegada del joven hasta que éste se dirigió a ella.

—Suele pasar cuando se bebe tanto café —le informó el moreno apilando los pergaminos de Hermione y dejándolos sobre la mesilla para poder sentarse al otro lado del sofá. La castaña dejó escapar una risa forzada ante su comentario.

Se hizo el silencio entonces mientras cada uno se centraba en sus apuntes. Poco a poco la luz del día comenzó a llenar la sala común y algunos alumnos de quinto y séptimo comenzaron a bajar también a la Sala Común. Los alumnos de séptimo realizarían sus E.X.T.A.S.I.S. al mismo tiempo que los de quinto harían los .O. y parecían igual o incluso más nerviosos. Tom se percató de que Lee Jordan, el amigo de Fred y George Weasley, seguía medio dormido y se había puesto la túnica del revés y no pudo evitar preguntarse cómo habrían reaccionado los gemelos a la presión de los exámenes.

A su lado, Hermione no parecía percatarse de la hora que era de modo que llamó su atención con un toquecito en el brazo. La joven dio en respingo en cuanto la tocó y se llevó una mano al pecho.

—¡Merlín, que susto me has dado! — exclamó para después respirar profundamente e intentar calmarse.

—Deberíamos subir a cambiarnos, a menos que pretendas ir a desayunar en pijama —añadió a modo de broma.

—No puedo, no consigo recordar todos los contrahechizos que hemos visto este año —repuso la joven devolviendo la mirada al libro. Tom le quitó "Últimos avances en encantamientos" de las manos y lo puso a su otro lado, lejos del alcance de la joven.

—Tom, dame eso. Necesito repasar.

La castaña intentó llegar hasta el libro pero él se lo impidió hasta hacer que desistiera. Cuando se hubo rendido se levantó y recogió tanto sus apuntes como los de ella. Hermione, por su parte, seguía en el sofá mirando al frente y murmurando fechas y datos entre dientes. Tom resopló y se giró de nuevo hacia ella.

—Hermione, tranquilízate, lo harás bien.

—Eso no lo sabes. ¿Y si se me olvida algo? ¿Y si me quedo en blanco en mitad del examen? —preguntó con voz temblorosa. Tom le puso las manos en los hombros en lo que esperaba que fuera un gesto encorajador.

—Escúchame. Es normal que estés nerviosa, yo también lo estoy. Y también es normal que se te quede la mente en blanco antes de empezar pero te aseguro que en cuento tengas el examen delante las respuestas te vendrán solas.

Hermione apartó la mirada de la suya y, no por primera vez, Tom quiso usar la Legilimancia para saber en qué estaba pensando exactamente. La joven se soltó de su agarré y empezó a juguetear con un hilo suelto de su manta de cuadros.

—¿De verdad estás nervioso? Yo te veo muy tranquilo —murmuró mirándolo de reojo.

—Te aseguro que lo estoy, simplemente me esfuerzo en ocultarlo. Pero no se lo digas a nadie, arruinaría mi reputación. —La castaña dejó escapar una risa cansada al escuchar eso último. Tom se acercó para poderle susurrar algo al oído y que nadie más los escuchara—. Recuerda que yo ya hice los T.I.M.O. una vez, desde mi punto de vista hace un año, y no son tan complicados. Es mucho peor la presión a la que llevan sometiéndonos todo el año con la importancia de los T.I.M.O. que la dificultad de los exámenes en sí.

Hermione le dio las gracias y, aparentemente más tranquila, subió a cambiarse. Tom la siguió poco después y se encontró a sus compañeros de habitación levantándose. El ambiente era algo tenso y casi no hablaban, contrariamente a lo que solían hacer. Casi echaba de menos las peleas para ver quién era el primero en usar el baño.

Durante el desayuno tampoco hablaron mucho. La mayoría de sus compañeros de curso tenían los libros abiertos debajo de la mesa y repasaban. Weasley llevaba un rato intentando pinchar un trozo de bacon con el tenedor pero no lo conseguía porque no levantaba la mirada de su ejemplar de "Libro reglamentario de hechizos, 5º curso". Potter no paraba de mirar a todos lados para ver si era el único que estaba repasando y parecía aliviado cada vez que comprobaba que no lo era. Y Hermione, a pesar de parecer más tranquila, releía a toda velocidad "Últimos avances en encantamientos" sin percatarse de que llevaba un buen rato sin dar un bocado a la tostada que sujetaba en la otra mano.

Al terminar el desayuno los alumnos de quinto y séptimo se quedaron en el vestíbulo hasta que a las nueve y media los hicieron entrar de nuevo al Gran Comedor. Habían retirado las cuatro mesas de las casas y en su lugar se encontraban varias hileras de mesas individuales de cara a la mesa de los profesores, donde se encontraban los jefes de las cuatro casas. Los alumnos fueron tomando asiento, los que debían hacer el T.I.M.O. a un lado de la sala y los que tenían que hacer el E.X.T.A.S.I.S. al otro.

Tom ocupó la mesa que se encontraba junto a la de Hermione, con Potter y Weasley en las dos que se encontraban detrás. Sintió cierta nostalgia al notar que estaban sentados en el lado del Gran Comedor que normalmente ocupaba la mesa de Slytherin. Se había pasado años observando la estancia desde aquella perspectiva y sin embargo ahora le resultaba extraño hacerlo. Durante unos instantes deseó volver a su época, que todo volviera a ser como antes. Cuando la profesora McGonagall pasó por su lado repartiendo las hojas de examen se dio cuenta de que no era el mejor momento para pensar en eso y desechó esos pensamientos.

Había decidido esforzarse al máximo en los T.I.M.O., al igual que hacía en las clases. No quería hacerse ilusiones, pero en el fondo guardaba la esperanza de que Dumbledore le permitiese elegir cómo vivir su vida si demostraba ser digno de confianza. Si al final ese día llegaba quería tener disponibles el máximo número de salidas laborales posibles, y ello dependería de sus notas. Cuando McGonagall dio la vuelta al enorme reloj de arena que había sobre la mesa y les dijo que podían empezar, Tom dio la vuelta a sus hojas de examen y mojó la pluma en el tintero antes incluso de leer la primera pregunta.

El examen duró dos horas, pero no era el final del T.I.M.O. de Encantamientos. Todos los exámenes se dividían en una parte teórica que se hacía por la mañana y una parte práctica que se hacía por la tarde. De modo que tras repasar, almorzar y repasar algo más los cuatro volvieron a unirse al resto de estudiantes que esperaban a que diera comienzo el examen teórico. Esta vez los hicieron pasar a una pequeña sala que conectaba con el Gran Comedor donde tenían que esperar a que llegase su turno para hacer el examen. Los llamaban en grupos de cuatro y por orden alfabético, lo que significaba que Tom iba en el primer grupo. El joven, que antes solñia estar casi al final de las listas no se acostumbraba a ser ahora uno de los primeros al llevar el apellido Black.

A Tom le asignaron a la profesora Marchbanks y maldijo internamente. Griselda Marchbanks era una bruja anciana que no sólo era la actual jefa del tribunal examinador, sino que además llevaba muchos años siendo miembro de éste. Había formado parte del grupo de profesores que examinó a Tom de sus T.I.M.O. en 1943, esperaba que después de cincuenta y tres años no fuese capaz de reconocerlo. Debía haber examinado a muchísimos alumnos en ese tiempo pero Tom no pudo evitar sentirle acorralado, cosa que le ocurría cada vez que se encontraba con alguien a quien había conocido en el pasado.

Griselda Marchbanks no sólo no lo reconoció, sino que fue muy agradable e intentó no ponerlo nervioso, Tom supuso que muchos alumnos agradecerían ese detalle. En primer lugar le pidió que hiciera levitar una copa de vino, lo cual no le supuso ningún problema. Tras unos quince segundos observando la copa le dijo que usara el encantamiento de cambio de color para hacer que el vino fuese azul. Tom quiso asegurarse una buena nota y obedeció mientras hacía que la copa siguiese suspendida en aire. Ésto sorprendió a la anciana bruja, que había esperado que concluyera un encantamiento antes de iniciar otro. El joven se hizo el modesto y con vergüenza fingida se excusó diciendo que pensaba que tenía que mantener la copa en el aire hasta que la examinadora le dijera que parase.

El examen fue subiendo de dificultad poco a poco hasta que, diez minutos después, Griselda Marchbanks lo dio por concluido. Se atrevería a decir que ésta había quedado encantada con su examen, al menos no dio muestras de lo contrario. Salió del Gran Comedor pensando ya en el examen del día siguiente, pero en lugar de ir a repasar como había hecho en 1943 se quedó en el vestíbulo. Si no se había olvidado a nadie de la lista de clase al contar, Hermione debería estar en el grupo cinco, por lo que no debería tardar demasiado. Decidió esperarla mirando por encima la hoja de preguntas del examen teórico, que aún llevaba encima. Creía que las había respondido todas correctamente, pero nunca se podía estar seguro del todo.

Aproximadamente cuarenta minutos después vio la cabellera castaña de Hermione salir del Gran Comedor. Se regañó mentalmente por haberse sentado junto a la barandilla de la escalera ya que desde allí casi no la había visto. Por suerte volvía la cabeza cada vez que escuchaba la puerta abrirse y no volvía a centrarse en su hoja de examen hasta cerciorarse de que quin había salido no era su amiga.

—Tom, ¿estabas esperando? Creía que te habrías ido a la Sala Común a repasar transformaciones —dijo ella en cuanto lo vio allí y fue hasta él.

El mago asintió y se levantó, preguntándole qué le habían preguntado mientras guardaba el pergamino en el bolsillo, no se había molestado en llevar su mochila (ni nada aparte de su varita) al examen. Hizo un ademán de volverse para subir la escalera cuando fue interrumpido.

—¿No esperamos a Harry y a Ron? —preguntó la joven extrañada de que se hubiera quedado a esperarla a ella pero no a ellos.

—Si mis cálculos son correctos, Potter está en el noveno grupo y Weasley en el undécimo. Teniendo en cuenta que cada grupo tarda aproximadamente diez minutos en hacer el examen, tendríamos que esperar una hora. ¿Quieres perder una hora entera de estudio? —le preguntó levantando una ceja. Sabía la respuesta de la castaña, pero quería escucharla de sus labios.

—No, la verdad es que no —admitió resignada—. Pero quiero saber que tal les ha ido. Yo creo que me ha salido bien. ¿Cómo te ha salido a ti? ¿Qué te han preguntado? ¿Qué profesor de ha examinado?

Tom soltó una risilla al ver lo ansiosa que se veía la castaña al preguntarle eso. Parecía que necesitaba saber qué le habían preguntado a él para compararlo con lo que le habían preguntado a ella. Supuso que era una forma de saber si difícultad de los examenes variaba según el profesor que te tocase y al mismo tiempo cerciorarse de haberlo hecho bien.

— Sabrás que tal les ha ido a los otros cuando vuelvan a la sala común, a menos que no quieran hablar del examen una vez hecho, igual que esta mañana. —Comenzaron a subir la escalera de mármol mientras iban intercambiando sus opiniones del examen—. Me ha tocado Marchbanks, ¿y a ti?

—El profesor Tofty —respondió ella antes de acercarse a él y bajar la voz—. ¿Ha sido igual que en los cuarenta o ha cambiado algo?

En los últimos meses, a medida que habían ganado confianza, Hermione había comenzado a hacerle esa pregunta. Al principio había sido casi de casualidad, de hecho recordaba cuándo había seido la primera vez. Un día volviendo de la biblioteca vieron a una pareja ser castigada por Umbridge por estar besándose en medio del pasillo, la joven se había vuelto hacia él y le había dicho que no le parecía motivo para castigarlos. Tom simplemente se había encogido de hombros, no porque estuviera en desacuerdo sino porque no le importaba mucho lo que la gente hiciera en los pasillos si a él no le afectaba directamente. Hermione no pareció entender su gesto y le preguntó si en su época había alguna clase de reglas de conducta diferentes a las actuales, Tom respondió que sí y puso como ejemplo lo que acababan de ver, alegando que las muestras de afecto antes se reservaban más al ámbito privado.

A Hermione pareció fascinarle esa diferencia cultural y desde entonces le había preguntado muchas cosas más. Desde si había alguna diferencia en los uniformes, el papel de la mujer en la sociedad mágica, las relaciones entre casas... A veces también le preguntaba las diferencias entre Sytherin y Gryffindor, pero Tom no sabía decirle si estas diferencias se debían a la casa o a la época.

Y si bien todas estas preguntas se debían a la curiosidad de la castaña, Tom no pudo evitar darse cuenta de ciertos detalles. Como cuando le decía que algo estaba mal visto o no era normal en su tiempo y después la joven trataba de no hacerlo en su presencia. Sabía que era para no incomodarlo y agradeció internamente el esfuerzo de la joven pero la tercera vez que la castaña se disculpó al sostenerle la puerta a él para que pasara al aula decidió que era suficiente. Era él el que estaba en la época de ella y por tanto era él el que tenía que acostumbrarse a las costumbres de ellas. Así se lo dijo y aunque se mostró agradecido pidió que dejase de intentar adaptarse a algo que no era lo normal para ella. ¿Qué más daba si hace medio siglo eran únicamente los hombres los que sujetaban las puertas par que pasaran las mujeres? Los tiempos habían cambiado y la mayoría de los cambios no le incomodaban. Sonrió al recordar todo ésto antes de responder a la pregunta de la joven.

—El examen en sí ha sido igual. Sólo han cambiado las preguntas, aunque supongo que eso se debe a que las preguntas van variando. Sería mucha casualidad que me preguntasen exactamente lo mismo. Aparte de añadir los hechizos de creación más reciente,no he notado ningún cambio. —Para restarle algo de importancia al asunto decidió hacer un pequeño chiste—. Oye, ¿a ti el nombre del profesor Tofty no te suena a toffee? A mí sí y me da hambre cada vez que alguien lo dice.

La castaña empezó a resise y le dijo que había sido un chiste muy malo, pero Tom la rebatió diciendo que no sería tan malo si se había reído. Ella se limitó a sacarle la lengua y a aligerar aunque a él no le costó nada seguirle el ritmo ya que sus piernas eran más largas. Los dos terminaron andando cada vez más rápido intentando adelantar al otro hasta que terminaron corriendo por el pasillo. Doblaron una esquina donde la presencia de Filch varios metros por delante suyo, los hizo y retroceder detenerse justo antes de estallar en carcajadas. Tom no sabía qué había venido esa extraña carrera pero le encantaba seguirle el juego a Hermione en ese tipo de cosas.

Finalmente concluyeron el camino a la Sala Común de forma más calmada comentando ligeramente el examen e intentando no pensar en el siguiente, Transformaciones, hasta que estuvieran delante de los apuntes.

Los exámenes de Transformaciones y de Herbología pasaron sin mucho percance, al igual que el de Transformaciones. El jueves amaneció soleado y por cuarta vez consecutiva Tom y Hermione se reunieron temprano en la Sala Común para repasar. El examen de Defensa Contra las Artes Oscuras que harían ese día era uno de los que el joven mago esperaba con más ansias, la castaña no parecía opinar lo mismo. Al salir del examen teórico Potter parecía convencido por primera vez de que había aprobado y Tom confesó que a él las preguntas le habían parecido una broma. Los otros tres le habían mirado en ese momento con distintos gestos que dejaban claro que aquello era evidente. Ton no sabía si sentirse alagado u ofendido de que consideraran que si había algo relacionado con las Artes Oscuras él tenía que saberlo.

Cuando Weasley sugirió volver a la Sala Común para descansar un rato Hermione confesó que Tom y ella tenían planeado practicar para el examen práctico de la tarde. Tom, sintiéndose especialmente generoso, invitó a los otros dos a acompañarlos para sorpresa de la castaña. Potter se lo pensó durante un rato pero al final los dos amigos se fueron juntos hacia la Torre de Gryffindor mientras que Tom y Hermione hacían un breve viaje a la cocina para pedir unos sandwiches para almorzar.

En veinte minutos estaban en la Cámara de los Secretos, donde practicarían en las tres horas que tenían hasta el examen. Dejaron las mochilas y los sandwiches sobre la mesa que habían colocado en el lateral de la estancia hacía tiempo, donde normalmente estudiaban la teoría de todo lo que Tom le enseñaba en sus clases de defensa.

—¿Sabes? Creo que el curso que viene deberíamos bajar también un sofá y algunos cojines —dijo el mago sacando la varita y dirigiéndose al centro de la Cámara.

—Si, claro. Y una alfombra de paso —respondió la joven con sarcasmo, poniendo los ojos en blanco mientras lo seguía.

—Pues no es mala idea. Y ya que estamos una estantería, un juego de tazas y una mesita de café —añadió el con total seriedad.

—¿Y por qué no te mudas aquí abajo directamente?

—Porque para eso necesitaría una cama. Y no hay una cama en mi lista de cosas que traer —concluyó él como si fuera los más evidente del mundo, dando por concluida la conversación y poniéndose en posición de duelo. La castaña soltó una risa y adoptó la misma pose frente a él.

Por el camino habían decidido tener un pequeño duelo en el que sólo podrían utilizar los hechizos que entraban en el examen. Eso dejaba a Tom en cierta desventaja ya que casi todo su arsenal predilecto eran hechizos extracurriculares, por decirlo de alguna forma.

El duelo duró casi media hora hasta que entre ambos decidieron que estaban demasiado cansados y lo dieron por concluido. Tom jamás admitiría que él podría haber seguido durante bastante rato, no quería desanimar a Hermione y hacer que se sintiera mal. La castaña había mejorado bastante y no sería conveniente que perdiera la autoestima que estaba ganando con respecto a su habilidad como duelista.

Se sentaron en la zona de trabajo y la joven apoyó la frente contra la mesa, Tom se sentó a su lado y la observó en silencio.

—Gracias por fingir que también estás cansado para no hacerme sentir mal —dijo finalmente sin moverse. A Tom le hubiera gustado poder verle la cara pero su rizado cabello se lo impedía.

—¿Te habías dado cuenta?

—Lo haces siempre —respondió girando la cabeza en su dirección pero sin levantarse. Con un brazo se apartó el pelo, que se le había quedado frente al rostro—. Pero te conozco lo suficiente como para saber que nunca lo has dado todo en un duelo contra mí. Alguna vez me gustaría verte hacerlo, aunque preferiría que fuera como espectadora para poder fijarme bien.

—Pues yo no quiero —repuso él imitando la postura de la joven y recostándose también en la mesa. Hermione pareció no entender qué quería decir y se explicó— Para que me esfuerce al máximo en un duelo tendría que encontrarme en una situación de peligro. Y que tú estuvieras allí para verlo significaría que también estarías en peligro. No quiero que eso pase.

Se quedaron en silencio unos instantes que Tom aprovechó para cerrar los ojos y respirar hondo. Definitivamente tenían que bajar un sofá, las sillas que tenían no eran lo suficientemente cómodas.

—¿Y si no fuera un duelo justo? —preguntó Hermione entonces. Él murmuro algo parecido a "Hmm" para incicarle que continuara—. Si por ejemplo fuésemos Harry, Ron y yo contra ti... ¿sería suficiente para que te esforzaras?

—Si tantas ganas tienes, cuando acaben los exámenes podemos pedirles a Potter y a los dos Weasley que se unan a uno de nuestros duelos. Con la condición de que busquemos otro lugar, Ginevra no va a querer bajar. —dijo recordando todo lo que había pasado la pelirroja en aquel lugar. Tal vez sería mejor usar la Sala de los Menesteres.

—Un buen detalle por tu parte preocuparte por Ginny pero, ¿no sera demasiado cuatro contra uno?

—Será difícil, que se supone que es el objetivo de todo esto, ¿no? —respondió abriendo por fin los ojos e incorporándose—. Sigamos.

Repasaron la lista de contraembrujos que tenían más posibilidades de caer en el examen antes de volver a levantarse para practicar. Esta vez Tom decidió hacer algo similar a un examen; él haría de examinador y le pediría a Hermione que realizase una serie de hechizos y contrahechizos cada vez más difíciles.

Para frustración del moreno la joven no paraba de equivocarse y eso la hacía ponerse cada vez más nerviosa hasta que al final soltó un bufido de desesperación y se dejó caer al resopló también y la miró desde donde se encontraba de pie. Se mantuvo en silencio mientras la oía murmurar lo mucho que odiaba esa estúpida asignatura.

—No lo entiendo, en el duelo lo has hecho bien. ¿Por qué ahora no te sale?

—¡No lo sé! —exclamó ella desesperada— Sé lo que tengo que hacer, se las palabras y los movimientos y aún así no puedo, se me traba la lengua o me tiembla la mano. Voy a suspender...

—Hermione, ya sé que esta es la asignatura que peor se te da, pero te digo lo de siempre. Cuando estés en el examen te saldrá todo automáticamente.

Decidió entonces hacer algo atrevido y bordeó a la joven para sentarse tras ella, con sus piernas a cada lado de ella, y la atrajo hacia sí hasta que su espalda chocó contra su pecho.

—Tom, ¿qué haces? —repuso ella intentando levantarse, pero él le rodeó la cintura con el brazo izquierdo para que no se moviera y le sujetó la mano derecha con la suya.

—Tranquila. Vamos a hacer lo mismo que antes, pero esta vez cuando yo haré el movimiento de varita contigo, ¿de acuerdo? —La joven asintió lentamente sin levantar la vista—. Bien. Maldición Expulso.

Hermione suspiró antes de decir lentamente "Expulso" mientras tom guiaba su mano muy despacio, trazando el semicírculo y las dos líneas rectas que configuraban el movimiento de varita. La maldición surtió efecto y de la punta de la varita de la joven salión una luz azul que causo una ruidosa explosión a unos cinco metros de distancia.

—Perfecto. Ahora la maldición de lengua atada. —Repitieron la misma acción, mientras ella murmuraba "Mimblawimble" él guiaba su mano trazando el patrón necesario.

Estuvieron así otra media hora en la que Hermione, probablemente sin darse cuenta, se recostó contra el pecho de Tom. A éste no le importó en absoluto, todo lo contrario, apretó algo más el agarre que tenía en torno a la cintura de la joven y sonrió complacido. Finalmente los nervios de su acompañante parecieron disiparse y le pidió que la dejara seguir practicando sola, por lo que retomaron sus posiciones iniciales. Esta vez lo hizo mucho mejor y no cometió ni un solo error, lo que la hizo saltar de alegría.

Tom dejó escapar una risilla al verla y le dijo que sería mejor ponerse en marcha hacia el Gran Comedor. No sería muy agradable llegar tarde al examen y que no les dejaran hacerlo después de haber estado practicando tanto. Llegaron quince minutos antes de la hora y se reunieron con Harry y Ron, que se preguntaban si les preguntarían algo de lo que solían practicar en el E.D.

Cuando llamaron al primer grupo Tom le dio un leve apretón en el hombro a Hermione antes de salir de la sala donde esperaban y ella le deseó suerte. Mientras salía escuchó a Weasley decir que el moreno no necesitaba de eso, que mejor de desease suerte a él y se echó a reír. Intentó calmarse para dar aspecto de seriedad a los examinadores pero al ver que le tocaba el profesor Tofty se acordó del chiste del toffee y se volvió a reír.

El profesor Tofty era el más anciano de los examinadores, aunque no por ellos el menos jovial, asumió que su ataque de risa se debía a los nervios y le aseguró que no había de qué preocuparse. Respirando hondo para calmarse Tom asintió y el profesor dio comienzo al examen. Al igual que los tres anteriores éste fue aumentando en dificultad hasta que el examinador se dio por satisfecho. Estaba seguro de que iba a sacar un Extraordinario pero quiso asegurarse y le pidió a Tofty que le preguntara algo más difícil, éste lo miró extrañado y se apresuró a excusarse con lo primero que se le pasó por la cabeza.

—Es que, vera... Me estaba planteando intentar ser auror y me gustaría hacer algo más para, ya sabe, por si acaso.

—¡Oh, claro, muchacho! Lo entiendo. Bueno, lo has hecho todo muy bien pero si así te quedas más tranquilo puedes hacer algo extra, para subir aún más la nota —respondió el profesor Tofty entusiasmado por ver algo fuera de las preguntas generales—. Lo dejo a tu elección.

Tom lo pensó durante un momento antes de coger una de las piedras que había sobre la mesa del profesor y que se usaban para algunos de los hechizos. La lanzó al aire con todas sus fuerzas y antes de que empezara a caer apuntó hacia ella con su varita y dijo "Confringo". El ruido de la explosión causado por la maldición hizo que todos en la sala se giraran en su dirección. Había decidido usar una maldición bastante peligrosa si no se usaba con responsabilidad, ya que provocaba enormes y dañinas explosiones, pero eso le permitía hacer más de un hechizo. Antes de que los guijarros que salieron despedidos en todas direcciones llegasen muy lejos creó un amplio escudo protector que cubría gran parte de la sala. Una vez todos los guijarros estuvieron sobre el escudo hizo que este girase como si de un remolino se tratara haciendo que todos los restos de la piedra se concentrasen en el centro. Cuando estuvieron todos juntos usó un simple Reparo para volverlos a unir e hizo desvanecerse el escudo, lo que provocó que la piedra cayese sobre su mano, de nuevo intacta.

—¡Maravilloso! —exclamó el profesor Tofty aplaudiendo con entusiasmo. Tom le dio las gracias y se dispuso a salir del Gran Comedor. De camino a la puerta se encontró con la profesora Umbridge, que había decidido supervisar el examen, y cruzó con ella un par de frases de saludo. La profesora lo felicitó por su actuación pero él no le hizo mucho caso.

Ahora que había terminado su examen en lo único que pensaba era en el de Hermione. Salió al vestíbulo pero en lugar de sentarse en la escalera como había estado haciendo hasta ahora se quedó cerca de la puerta. ¿Y si a la castaña le volvían los nervios y se equivocaba? ¿Y si suspendía? ¿Qué decía eso de su labor como profesor? —No, Tom —se reprendió mentalmente—. Su nota es más importante que tu estúpido orgullo. Deja de pensar así.

Al cabo de un rato empezó a deambular de un lado a otro frente a la puerta. Más de un estudiante estuvo a punto de chocarse con él al salir y tuvo que retroceder un par de metros. Cuando pasó medía hora empezó a impacientarse, estar esperando en la ignorancia era una tortura. Mentalmente no hacía más que repetirse que Hermione lo haría bien, incluso sin su ayuda lo habría hecho bien. Era imposible que sacase menos de un Supera las Expectativas, pero Tom no se conformaba con eso, quería que la joven sacase un Extraordinario. Se merecía un Extraordinario con lo mucho que se había esforzado.

Cuando la puerta se abrió nuevamente dejando paso a Hermione, Tom se apresuró hacia ella.

—¿Qué te tal te ha salido? ¿Todo bien? —preguntó con impaciencia. Casi estaba más nervioso por el examen de la joven que por el suyo propio. Aunque se relajó bastante cuando la vio asentir dejó escapar un suspiro de alivio.

—Me ha salido bastante mejor de lo que pensaba. —le dijo con tal emoción que hasta sus manos temblaban—. Creía que volvería a ponerme nerviosa, pero no. Recordé todo lo que me dijiste y todo lo que hemos practicado y al final no me he equivocado en nada.

Se sintió tan orgulloso de ella que no sabía como expresarlo. De modo que simplemente colocó una mano contra su mejilla y le acarició el pómulo con el pulgar mientras la miraba fijamente. Sonrió levemente mientras le hacía saber que había estado seguro de que lo iba a hacer bien. Si estaba en su mano la castaña jamás se enteraría de que hasta él mismo había tenido sus dudas pues para seguir mejorando necesitaba creer que podía hacerlo. En ese momento Hermione frunció el ceño sin dejar de sonreír, no sabía que significaba aquella expresión de determinación ni tampoco se atrevió a preguntárselo. No obstante tuvo la sensación de que la joven acababa de darse cuenta de algo y una parte de él quiso saber qué era y si tenía algo que ver con él.

El viernes ni Potter ni Weasley tenían ningún examen, de modo que les dieron envidia quedándose recostados en los sofás de la Sala Común mientras él y Hermione se dirigían hacer el examen de Runas Antiguas y lo mismo sucedió con el examen de Aritmancia. En Adivinación la que se quedó descansando fue Hermione, aunque para ella descansar significó seguir estudiando. Por suerte Tom pudo vengarse cuando ellos tuvieron que hacer el examen de Cuidado de Criaturas Mágicas y él no. De modo que se quedó tirado en su cama descansando del examen de Pociones del día anterior.

Tom decidió darle una pequeña sorpresa a la castaña y bajó a esperarla al vestíbulo. Era evidente que Hermione suponía que se había quedado en la Torre de Gryffindor porque se sorprendió mucho al verlo allí y salió corriendo a abrazarlo. El moreno no entendía a qué venía aquella reacción tan efusiva, se habían visto tres horas antes, no obstante la rodeó con sus brazos y la consoló cuando empezó a sollozar. La castaña le explicó algunos errores que había cometido y él no fue capaz de responderle que, por ejemplo, no sabía que narices era un Tebo, simplemente le susurró palabras de ánimo.

—Te he echado de menos —confesó avergonzada al cabo de un rato—. Y la culpa es tuya por pegarte como una lapa en cada examen, me has acostumbrado a tu presencia.

—Venga, tranquila —le dijo divertido por lo indignada que se veía de repente—. Piensa que el examen que tienes esta tarde es fuera, así que no hay nada que me impida estar por allí, si es lo que quieres.

—¿Harías eso?

—Bueno, no puedo estar en la zona del examen exactamente. Pero puedo estar cerca, podría repasar Astronomía bajo un árbol mientras te espero. Y cuando termines eres bienvenida a unirte a mi sesión de estudio en la naturaleza.

La joven se mostró agradecida y aceptó, de modo que aquella tarde Tom salió a los terrenos junto a los alumnos que iban a examinarse. Sin embargo, en lugar de adentrarse en una extensión de césped que habían delimitado para el examen, justo en la linde del Bosque Prohibido, se dirigió a un haya que había a unos treinta metros y se sentó bajo su sombra.

Sintió que alguien le observaba y percatándose de que era el trío de amigos les saludó con la mano. Ellos le devolvieron el saludo aunque sospechaba que Potter y Weasley desearían estar en su lugar y no tener que hacer el examen. Al cabo de un rato le tocó el turno a Hermione, que por orden alfabético es la que iba antes de los tres, y Tom no pudo evitar observarla durante todo su examen.

La vio tratar con diversas criaturas pero no supo si lo estaba haciendo bien hasta que hubo terminado y la joven fue hasta donde él se encontraba. No comentaron el examen durante mucho rato, ya que Tom no sabía mucho de esa asignatura, de modo que enseguida se pusieron a repasar para el examen de Astronomía que tendrían al día siguiente. Pasaron el rato estudiando y viendo al resto de alumnos que hacían el examen y soltaron una carcajada cuando un cangrejo de fuego le prendió fuego a la túnica de Malfoy.

Al cabo de una media hora Potter, que acababa de terminar, se acercó a ellos y les preguntó algo avergonzado si podían unirse a ellos. Hermione se apresuró a decir que por su puesto que si, pero Tom tuvo la impresión de que la pregunta en realidad iba dirigida a él. Últimamente Potter y él se llevaban bastante mejor, sin embargo tanto el héroe de gafas como el pelirrojo sabían que a la única del grupo a la que Tom consideraba una amiga era a Hermione. Aunque pasasen gran parte del tiempo los cuatro juntos, lo cierto es que era bastante raro que estuvieran juntos si la castaña no estaba con ellos, a menos que estuvieran en el dormitorio. Lo que no entendía es qué le hacía pensar a Potter que no iba a querer que se sentase con ellos. Si bien era cierto que él y Hermione pasaban también mucho tiempo a solas nunca le habían negado a ninguno de los otros dos la oportunidad de unirse a sus horas de estudio.

Para que el otro moreno viera que no le molestaba su presencia le tendió uno de sus mapas celestes, éste lo tomó y se sentó a le derecha de Tom, quedando frente a Hermione. No pasó mucho tiempo hasta que Weasley llegó hasta ellos también, aunque él se sentó directamente, ocupando el sitio frente a Tom y cerrando el círculo.

Pasaron aproximadamente media hora estudiando en silencio hasta que una voz desconocida llamó la atención de Tom —Estúpido ratón. ¿Cómo ha podido escaparse?— Levantó la vista confuso y se percató de que el único que parecía haberlo oído aparte de él era Potter, lo cuál sólo podía significar una cosa.

Usando la lengua pársel llamó a la serpiente que estaba pasando cerca de allí y ésta, sorprendida de que un humano hablara su lengua, se acercó hasta ellos. Era una simple culebra de campo, de poco más de un metro de largo. Cuando estuvo a escasos centímetros de distancia Tom le tendió el brazo y la dejó trepar por él.

Buenas tardes, mi buen amigo —saludo a la serpiente, habiéndose percatado de que era macho.

Saludos humano —le respondió.

—Tom, ¿qué haces? —preguntó Hermione al verlo.

—Igual la serpiente también quiere hacer el examen de Astronomía —respondió Ron.

Potter comenzó a reírse y respondió —¿Te la imaginas sujetando la pluma con la cola?— Pero su respuesta salió en lengua pársel. Es entonces cuando Tom se dio cuenta de lo poco que controlaba Potter su don. No sólo no podía hablar pársel cuando quisiera, sino que cuando tenía una serpiente delante le salía sin que se diera cuenta.

¡Hay otro! —exclamó la serpiente aún más sorprendida. Potter la observó y la saludo algo entrecortado.

—¿Quieres verla mejor? —le dijo a Hermione acercándole el brazo donde tenía al reptil. La castaña se inclinó y dijo que le parecía adorable cuando sacaba la lengua, lo que provocó una risilla de Tom que le preguntó entonces a la serpiente si se dejaría tocar por la joven bruja. Una vez obtuvo permiso se lo dijo a la castaña— Puedes tocarla si quieres, te ha dado permiso.

La castaña acercó la mano lentamente y se sorprendió de la suavidad de las escamas. Tom estuvo a punto de responderle que eso era evidente que si no había tocado nunca una serpiente, pero se contuvo al darse cuenta de que probablemente así era. Pasaron un rato toqueteando a la serpiente, incluso Weasley se animó a hacerlo, y Potter estuvo charlando un poco con ella y acabó prometiéndole que la ayudaría a buscar algo de cena.

Al final la serpiente acabó echándose una siesta sobre el regazo de Hermione y los cuatro jóvenes siguieron con su estudio. Tom decidió que aquella era la oportunidad perfecta para hablar con Potter en secreto.

Eh, Potter —lo llamó. Cuando el otro moreno le devolvió la mirada añadió— Contesta en pársel, con la serpiente aquí no tendrás problemas para hacerlo.

—¿Qué pasa? ¿A qué viene este secretismo?

Qué pasa es lo que quiero saber yo. Cuando llegaste parecía que pensabas que te iba a echar de aquí.

—Algo así. Cuando estáis Hermione y tú solos me da cosa entrometerme, siento que sobro.

—Siempre sobras —respondió a modo de broma. Ganándose una mirada de reproche del joven de gafas.

Es en serio, Ryddle. Lo cierto es que quería comentarte una cosa. —Cuando Tom le hizo un gesto de cabeza para que continuara el joven se mostró algo cohibido.— ¿Qué piensas de Hermione? Es decir, ya se que te cae bien y eso, pero... Últimamente sois realmente cercanos y ella parece haberte tomado mucho cariño. Y me preguntaba si...

Si fuésemos novios lo sabrías —interrumpió Tom sacando un mapa de las lunas de Júpiter.

¿A sí? Quiero decir, ¿te gusta o algo?

—Potter, no he iniciado esta conversación para hablar de mi vida amorosa. Si tanto te interesa te diré que no me importaría que ella fuera mi novia. —En ese momento el joven de gafas abrió mucho los ojos de la sorpresa— ¿Qué? Yo también soy humano, por si lo habías olvidado. De todas formas, aunque no me importaría mantener una relación amorosa con ella tampoco me importa el no tenerla. Y de todas formas ella no siente nada por mí. Así que no tienes nada de que preocuparte, no le voy a hacer daño a tu amiguita.

—Ya sé que no le vas a hacer daño Pero me ha sorprendido que admitas. Siempre pensé que eras...

—¿Asexual?

—¡No! ¡Bueno, sí! Tú ya me entiendes, con lo que sabemos de Voldemort no creí que le dedicases tiempo a pensar en ese tipo de cosas.

—No lo había hecho nunca, la verdad, así que Voldemort probablemente tampoco lo haya pensado en estos últimos cincuenta años —Se quedó pensativo unos momentos— Qué triste, mi otro yo es un virgen de 69 años.

—Curioso número para un virgen —bromeó Potter, pero Tom no lo entendió.

—¿Curioso por qué? No lo entiendo —admitió confuso. El otro mago entonces enrojeció y no quiso explicarse.

Volvieron a pasar otro rato en silencio en el que Potter pareció querer preguntar algo pero siempre cerraba la boca en cuanto la abría y miraba a otro lado. Al final Tom se cansó y lo miró con una deja encarada, instándola a hablar.

—Puedo preguntar... ¿Dónde vais tú y Hermione cuando... desaparecéis? Ya sabes, cuando os vais a estudiar pero no estáis ni en la biblioteca ni en ningún sitio. Se lo he preguntado a Hermione pero no quiere decírmelo. Y no es que no me fíe de ti, sólo lo pregunto por si algún día necesitamos encontraros y no os vemos en el mapa. —Potter pareció darse cuenta de que había metido la pata y se mordió la lengua.

—Si de verdad te fías de mí, Potter, háblame de ese mapa.

El héroe de gafas pareció pensárselo pero no estaba del todo convencido. Acabaron llegando a un acuerdo: Tom le contaba adonde desaprecia con Hermione y lo que hacían allí y Potter le contaba todo sobre ese mapa del que no parecía querer hablar. Como le tocaba hablar primero Tom no pudo contener un resoplido.

—Hermione y yo hemos estado yendo a la Cámara de los Secretos

—¿QUÉ? —exclamó Potter dando un bote que asustó tanto a Ron como a Hermione.

—No pasa nada. Es que una avispa ha pasado por delante de su cara y se ha asustado —se apresuró a decir Tom sospechando que Potter igual se excusaba en pársel. Los dos parecieron creérselo y enseguida continuaron con su lectura, no obstante Hermione los observaba de vez en cuando de reojo—. Como te iba diciendo Potter, nos hemos estado reuniendo en la Cámara.

—Entonces ya sabrás lo de...

—¿Que mataste a mi basilisco? —preguntó con la sonrisa más falsa que pudo expresar, enseñando los dientes a la vez que los apretaba— Sí, ya lo sé. Y sí, me enfadé muchísimo. Si no fuera por Hermione probablemente tú también estarías muerto. Y yo en Azkaban. Creo que deberíamos darle las gracias los dos.

Ryddle esa cara me da mal rollo —susurró Potter tras tragar algo de saliva. Tom respondió ensanchando su sonrisa hasta que el otro moreno desvió la mirada mientras preguntaba— ¿Y qué hacéis allí exactamente?

—Le estoy enseñando defensa —respondió él simplemente. Potter pareció sorprendido— No es que no le gusta vuestro grupito del E.D. o como se llame, Potter. Y siempre insiste en que eres un gran profesor pero admítelo, está aprendiendo más conmigo.

—Me decepciona que no crea que con el E.D. sea suficiente. Pero al mismo tiempo no entiendo, ¿cómo es que has accedido a darle clases? Una vez me dijo que te negaste.

—Llegamos a un acuerdo que no es de tu incumbencia. Ahora te toca responder, ¿de que mapa hablabas?

—Al menos ya sé dónde encontraros si pasa algo. Y lo del mapa... verás mi padre y sus amigos hicieron un mapa cuando estaban en Hogwarts. Mi padre, Sirius, el profesor Lupin y ese traidor de Peter Pettigrew. En ese mapa aparece todo el castillo y todos los pasadizos secretos, excepto la Sala de los Menesteres y la Cámara de los Secretos, obviamente —Tom asintió aunque seguía sin entender qué tenía de especial ese mapa, por suerte Potter respondió enseguida a su duda—. Lo más importante es que en ese mapa aparecen representadas todas las personas que están en el castillo. De modo que para saber dónde está alguien exactamente sólo tenemos que ver dónde está en el mapa. Lo cierto es que Ron y yo nos asustamos bastante la primera vez que no os encontramos ni a Hermione ni a ti en él, creímos que os había pasado algo.

—Querrás decir que a ella le había pasado algo —lo corrigió Tom y Potter se medio disculpó.

—¿Es que no vais a para nunca de cuchichear en vuestro idioma secreto de serpientes? —dijo de repente Hermione. Los dos se volvieron hacia ella y la vieron observándolos con el ceño fruncido—. Es de mala educación hablar en un idioma que no todos los presentes entienden, ¿sabéis? Sí, Tom, me he dado cuenta de lo que estabais haciendo desde el principio —añadió molesta cuando él fue a contestarle.

—No os queríamos desconcentrar y pensamos que el siseo no os molestaría.

—Tom, no me mientas —contestó ella frunciendo aún más el ceño. La serpiente se percató de lo que ocurría y fue a refugiarse entre los bajos de la túnica de Ron.

—¿Qué más da? —dijo entonces el pelirrojo— Tarde o temprano alguno de los dos nos lo contará. Creo que es más importante el hecho de que se acerca la hora de la cena y tengo hambre.

—¿Por qué no vamos a ver a Hagrid antes? —propuso Potter— Hace bastante que no le visitamos y podríamos decirle que tal nos ha ido en el T.I.M.O. de su asignatura.

—¡Es una buena idea! —respondió Ron haciendo además de levantarse.

—¡Quieto! —exclamó Tom haciendo que el pelirrojo se detuviera y se quedara a medio levantar. Entonces se acercó y sacó a la serpiente de entre la túnica del pelirrojo—. Casi le haces daño.

Con la serpiente de nuevo en uno de sus brazos siguió a los otros tres hasta la cabaña de Hagrid. No era la primera vez que iba, aunque intentaba evitarlo tanto como fuera posible. Le habían contado que fue a Hagrid a quien su otro yo, y por tanto él, había culpado por la apertura de la Cámara, los ataques y el asesinato de aquella alumna de Ravenclaw, lo cual había provocado la expulsión del semigigante de la secuela de magia. Hagrid lo había reconocido de inmediato, por suerte para Tom al ser miembro de la Orden se le había informado de la situación del joven y no había tomado represalias contra él. Eso no significaba que fuera amigable con Tom como lo era con los otros. Apenas reparaba en su presencia cuando lo visitaban y él tampoco hacía mucho por apaciguar las cosas, no había dado muestras de arrepentimiento por lo que Hagrid había tenido que pasar por su culpa, de modo que la relación entre los dos era algo tirante.

—¿Os ha parecido muy difícil? No, ¿verdad? —preguntó el semigigante con respecto al examen que había tenido lugar aquella tarde mientras les servía el té en tazas gigantescas. Aunque no solía hablar directamente con Tom, Hagrid era lo bastante educado como para no ignorar completamente su existencia y le servía una taza como a todos los demás.

Pronto dio comienzo una extensa conversación sobre el cuidado de las criaturas mágicas en la que Tom no tenía intención de participar. Tampoco es que hubiera podido ya que jamás había cursado la asignatura y no se enteraba de mucho de lo que decían los otros. Lo cierto es que el único animal mágico sobre el que se había molestado en investigar había sido el basilisco, y eso sólo después de descubrir que había uno en la Cámara. Para no aburrirse inició otra conversación con la culebra de campo que habían encontrado antes. Esta se impacientaba e insistía en que quería la comida que Potter le había prometido.

Se aburría, se aburría mucho y no entendía como los otros tres jóvenes estaban charlando tan tranquilamente cuando tenían un examen al día siguiente. Cuando no pudo aguantar más allí sentado se levantó, dio las gracias por el té y se salio de la cabaña. Había quedado en reunirse con Hermione, Potter y Weasley en la cena, para la que todavía quedaba un rato. Mientras tanto volvió a acercarse a la linde del bosque prohibido en busca de algún ratón de campo que inmovilizar para que la serpiente estuviera contenta. Era Potter el que debería hacerlo, pero como Tom no tenía nada mejor que hacer se ofreció a hacerlo él mismo.

Veinte minutos después ya había dejado al reptil junto a su presa y se dirigía hacia el castillo. Consideró que no merecía la pena subir hasta la Sala Común ya que abrirían las puertas del comedor para cuando llegase hasta la torre. No iba a subir siete pisos para volver a bajar nada más llegar arriba, sería absurdo. Esperó cerca de la puerta repasando mentalmente la lista de constelaciones más importantes y sus respectivas estrellas.

Cuando abrieron las puertas del Gran Comedor entró y tomó asiento en la mesa de Gryffindor, a la que enseguida fueron llegando más y más alumnos. Se planeó el esperar a Hermione y a los otros para cenar, pero tenía hambre y no les iba a pasar nada por comer sin él. Se sirvió patatas asadas y pastel de carne y pasó la cena charlando con Fay Dunbar y Sally-Anne Perks, que se encontraban sentadas a su derecha. Estaban comentando el examen de Pociones del lunes mientras Tom devoraba su pudding de chocolate cuando su amiga y los amigos de su amiga aparecieron por la puerta.

Para cuando los tres amigos empezaron a comer él ya había terminado, de modo que se dedicó a observarlos y a hablar con ellos mientras comían, cogiendo de vez en cuando un bombón de una bandeja cercana. Sólo le quedaban dos exámenes por hacer: Astronomía e Historia de la Magia. Sólo dos días más y podrían descansar. Tom estaba bastante relajado, después de todo ¿qué podía pasar en tan solo cuarenta y ocho días? Si hubiera sabido lo que se avecinaba no habría estado tan tranquilo.

Hermione

Si ya en mayo había gente asustada por los T.I.M.O., al llegar junio aquel miedo se convirtió en terror. Noches sin dormir, ataques de ansiedad y, como no, alumnos siendo víctimas de los que intentaban aprovecharse de la situación vendiendo estimulantes cerebrales de dudosa procedencia. Por suerte Hermione sólo había sido víctima de los dos primeros y había confiscado tantos estimulantes falsos como había podido y se los había entregado a la profesora McGonagall.

Tom le había asegurado que sus nervios eran normales pero no fue hasta que éste le confesó que en el fondo él también estaba nervioso que se creyó que su estado era normal. Tenía que admitir que la presencia del moreno, a su lado en cada uno de sus exámenes le resultaba en cierta forma reconfortante. Harry y Ron también estaban en la mayoría de exámenes y siempre volvían a la Sala Común los cuatro juntos a repasar aunque no fue así con Runas Antiguas y Aritmancia, donde sus dos amigos no estaban. Se había acostumbrado tanto a tener a Tom en la mesa de al lado dándole ánimos antes de que repartieran los pergaminos que cuando se vio sin él para el examen de Cuidado de Criaturas Mágicas casi sufrió un ataque de pánico. Cuando lo vio esperando fuera del Gran Comedor al finalizar el examen se le saltaron las lágrimas y corrió a esconderse entre sus brazos mientras murmuraba que no había recordado en que países exactamente habitaba el Tebo, una criatura con forma de jabalí que tenía la capacidad de hacerse invisible.

Los exámenes prácticos por otra parte le habían resultado mucho más sencillos. Si el hechizo le salía podía estar segura de que lo había hecho bien, al contrario que en el examen teórico donde siempre se quedaba con la duda de si habría escrito lo correcto. Como estos se realizaban por orden alfabético a ella le tocó hacerlos con Anthony Goldstein, Gregory Goyle y Daphne Greengrass. Al salir siempre se encontraba a Tom en la puerta que le preguntaba con impaciencia qué le habían preguntado a ella. Esa impaciencia se multiplicó en el examen de Defensa Contra las Artes Oscuras, casi parecía que el examen lo había hecho él en vez de ella. Cuando dijo que le había salido mucho mejor de lo que originalmente habría creído el joven la obsequió con una expresión de orgullo que la hizo querer esforzarse aún más sólo para que Tom, a quien consideraba un gran mago, volviera a mirarla así.

Por desgracia las cosas se torcieron durante el examen práctico de Astronomía y es que desde lo alto de la torre pudieron ver como seis empleados del ministerio se llevaban a Hagrid a la fuerza. Umbridge había decidido echarlo igual que a Trelawney pero para no montar de nuevo una escena delante de toda la escuela decidió actuar por la noche. No contaba con todos los alumnos de quinto curso que en ese momento se encontraban haciendo el examen y que presenciaron toda la escena, comunicando posteriormente al resto del colegio lo que había sucedido. Si ya había resultado duro ver como se llevaban a Hagrid fue aún peor presenciar lo que ocurrió con la profesora McGonagall. La habían visto apresurarse hacia la cabaña de Hagrid para detener a los oficiales del Ministerio cuando éstos la golpearon con cuatro hechizos aturdidores que le dieron de lleno en el pecho. Hagrid era muy resistente a ellos gracias a su sangre de gigante, pero no podía decirse lo mismo de la profesora.

Le parecía todo un mal sueño, el martes por la tarde habían visitado a Hagrid después del examen de Cuidado de Criaturas Mágicas y al día siguiente el semigigante se había ido. No habían llegado a ver cómo lo atrapaban, de modo que esperaba que al final consiguiera escapar. La profesora McGonagall, por otro lado, había tenido peor suerte. Cuatro hechizos aturdidores de una vez podían ser muy peligrosos para alguien de su edad por lo que la señora Pomfrey, la enfermera, decretó que lo mejor sería trasladarla al Hospital San Mungo de enfermedades y heridas mágicas.

Todo ello hizo que el examen de Historia de la Magia del día siguiente, que afortunadamente era el último, le saliera fatal.

—Seguro que no te ha salido tan mal como dices —le aseguró Tom mientras cruzaban la puerta que daba del Gran Comedor al vestíbulo. Hermione se detuvo un momento y respiró hondo. Ya está, ya había hecho los T.I.M.O. Su futuro académico y profesional ya estaban decididos—. ¿Sigues preocupada por lo de anoche?

—Sí, y también por Harry. —Mucho antes de que acabara el examen el joven de gafas se había marchado a toda prisa, con el rostro totalmente pálido y una expresión enfermiza. Vio que Ron, que había terminado poco antes que ellos, los esperaba junto al a escalera de mármol y ambos se encaminaron hacia él.

—¡No! —dijo el pelirrojo en cuanto llegaron, antes incluso de que pudieran abrir la boca—. No digáis nada del examen. No quiero saber nada del examen. No quiero oír la palabra "examen" en mucho tiempo.

—Examen —dijo Tom en broma.

—Jaja, muy gracioso Ryddle —respondió Ron sarcástico cruzándose de brazos. Hermione no pudo evitar reírse con la escena.

En ese momento vieron a Harry bajar las escaleras a toda prisa y corrieron a su encuentro para preguntarle qué le había pasado. El joven seguía pálido y estaba sin aliento de tanto correr.

—¡Harry! —exclamó haciendo que toda su preocupación volviera a ella— ¿Qué ha pasado? ¿Te encuentras bien? ¿Estás enfermo?

—¿Dónde estabas? — añadió Ron.

—Venid conmigo —respondió Harry simplemente, para luego añadir—. ¡Tengo que contaros una cosa!

El moreno salió corriendo escaleras arriba y ellos no tuvieron más remedio que seguirle preguntándose qué habría pasado. Harry los guió hasta un aula vacía del primer piso y tras asegurarse de que nadie los oía dijo:

—Voldemort tiene a Sirius.

—¿Qué?

—¿Cómo lo...?

—Lo he visto —la interrumpió el mago— Ahora mismo. Ahora mismo, cuando me he quedado dormido en el examen.

Tom, que hasta ahora no había mostrado mucho interés en lo que le pasaba a Harry intervino entonces.

—Iba a decir que yo no tengo a nadie, pero viendo como están las cosas lo mejor será que te relajes, Potter, y cuenta lo que has visto.

Harry así lo hizo y les contó como había tenido uno de esos sueños en los que su mente y la de Voldemort se conectaban, esos que debería evitar usando la Oclumancia. Había visto a Voldemort y a Sirius en el Departamento de Misterios, en el pasillo noventa y siete de una gran sala llena de estanterías que contenían pequeñas bolas de cristal. El Señor Tenebroso estaba torturando al animago para que éste cogiera el arma que necesitaba, pero Sirius se negaba.

Ron y ella trataron de calmarlo y hacerle ver que era imposible que Voldemort estuviera en el Ministerio sin que nadie se hubiera dado cuenta, pero fue inútil. Harry insistía en que había que ir a rescatar a su padrino y ni siquiera la lógica aplastante de Tom consiguió hacerle creer lo contrario. Más bien el efecto fue el opuesto, Ron empezó a pensar que tal vez Harry tuviera razón.

Hermione seguía pensando que era una trampa, no era la primera vez que Harry caía en una. De ser cierto que Sirius había sido atrapado, Voldemort sólo lo estaba usando de señuelo para atraer a Harry, ya lo había hecho con Ginny durante su segundo año. Si había una cualidad de Harry que le gustaba y odiaba a partes iguales era su insistencia en salvar a todo el mundo. También cabía la posibilidad de que la visión de Harry hubiese sido sólo un sueño. Trató de hacerle ver a Harry su punto de vista, pero este se enfadó aún más y más todavía cuando ella le recordó las clases de Oclumancia. De haber practicado como era debido el joven ni siquiera habría tenido esa visión. Y fue al oír esto precisamente cuando Harry descargó toda su ira.

—SI PIENSAS QUE VOY A HACER COMO QUE NO HE VISTO NADA... —exclamó apretando los puños y avanzando hacia ella. Hermione estaba a punto de interrumpirlo cuanto Tom, que llevaba bastante rato sin abrir la boca se interpuso entre ellos.

—Ya basta, Potter, te estás pasando. Hermione tiene razón.

—Quítate de en medio Ryddle —murmuró Harry con desdén.

—¿Para qué? ¿Para que puedas seguir gritandole? Lo siento pero antes tendrás que pasar por encima mía.

—¡¿Pero es que no veis lo que está pasando? —exclamó de nuevo el joven de gafas.

—Estoy viendo que te estás comportando como un crío. Cuando aprendas a actuar con madurez y a no dirigir tus pataletas hacia las personas que intentan ayudarte —dijo mientras tomaba a Hermione por la muñeca— nos avisas.

La castaña no pudo hacer más que ver como Tom la sacaba del aula y cerraba dando un portazo. A los pocos metros se encontraron con Ginny y Luna que los miraron sorprendidas.

—Cuidado, un ogro anda suelto —les dijo Ryddle señalando la puerta por la que habían salido con el pulgar. Las jóvenes lo miraron estupefactas pero él las ignoro y siguió su camino sin soltar a la castaña.

—Me haces daño —comentó Hermione al cabo de un rato, cuando ya iban por el tercer piso. El moreno se detuvo en seco y observó el fuerte agarre que ejercía en torno a la muñeca de la joven.

—Lo siento —dijo soltándola. Poco a poco el moreno se estaba acostumbrando a disculparse por ese tipo de cosas cotidianas, Hermione lo consideraba un avance con respecto a su personalidad—. No soporto que te hable así.

—A mí tampoco me gusta —confesó masajeandose la muñeca entumecida—. Pero entiendo que esté preocupado por Sirius.

—¡Eso no le da derecho a tratar a la gente así! —repuso el joven— Sólo intentabas hacerlo entrar en razón.

—Harry siempre ha tenido un temperamento fuerte —respondió ella simplemente.

Siguieron avanzando por el pasillo hablando de lo que les había contado Harry. Hermione se encontraba cada vez más preocupada, tenía un mal presentimiento. Tom le aseguró que se encargaría personalmente de comprobar que Sirius estaba bien y ella quiso creerle. Tuvieron la mala suerte de que al llegar a la altura del despacho de Umbridge la susodicha salió de él y al verlos se aproximó hacia ellos.

—Oh, vaya. ¿Ya han terminado sus T.I.M.O.? —la pregunta iba dirigida a ambos, pero la bruja sólo miraba a Tom.

—Así es, venimos del Gran Comedor —respondió él con amabilidad, totalmente envuelto en el acto de chico perfecto. Hermione simplemente asintió por si a Umbridge se le ocurría mirarla a ella también.

—Maravilloso, espero que les hayan salido bien —dijo la profesora casi por mera cortesía para añadir antes de que pidieran contestar— Me gustaría hablar contigo, Tom. A solas —añadió instantáneamente dirigiendo una mirada fugaz a la castaña—. Asuntos de la Brigada Inquisitorial, ya sabes.

—Desde luego profesora — contestó el moreno con solemnidad antes de volverse hacia Hermione y dirigirle una tierna sonrisa—. Adelantate tú sola. Nos vemos en la Sala Común dentro de un rato.

La joven estaba a punto de alejarse cuando Tom se inclinó hacia ella como si fuera a darle un beso en la mejilla, al menos eso debía parecer que estaba haciendo desde el ángulo en el que los veía Umbridge, pero en realidad le susurró junto al oído —No hagas ninguna tontería.

Hermione asintió casi imperceptiblemente y observó como su amigo se alejaba por el otro lado del pasillo con esa mala bruja, en dirección a la escalera de mármol. La castaña soltó un bufido y reemprendió la marcha hacia la Torre de Gryffindor. ¿Cómo lo hacía? —pensó— ¿Cómo era capaz Tom de actuar como si no hubiera estado enfadado dos segundos antes? ¿Como podía hablar y sonreír con tanta naturalidad? Decidida a no dale más vueltas a ese asunto volvió a pensar en Harry. Esperaba que entre Ron, Luna y Ginny consiguieran hacerlo entrar en razón o al menos convencerlo para hablar con alguien de la Orden antes de ir de cabeza al Ministerio.

Estaba decidida a esperar en la Sala Común a que sus amigos volvieran y casi había llegado al pasillo que daba a la Torre de Gryffindor cuando unos pasos la hicieron volverse y vio a Ron aproximándose a toda velocidad desde la escalera.

—Ron, ¿qué ocurre? ¿Cómo está Harry? —preguntó al pelirrojo mientras éste se detenía junto a ella

—Hemos tenido una idea —dijo mientras se inclinaba para recobrar un poco el aliento ya que de tanto correr estaba casi tan rojo como su pelo—. Vamos a comprobar si Sirius está en Gimmauld Place usando la chimenea de Umbridge.

—¿Veis como era mejor asegurarse antes de que Sirius está bien?

—Sí, si ya sé que tenías razón, pero no se nos había ocurrido antes. Voy al dormitorio a buscar la capa de invisibilidad.

Hermione meditó un poco acerca de lo que estaban tramando sus amigos. Si usaban la capa de invisibilidad era difícil que Umbridge los descubriera.

—¡Voy contigo! —exclamó poniéndose en marcha. Mientras se apresuraban hacia la Sala Común Ron le explicó el plan que habían trazado. Ginny y Luna montarían guardia a ambos extremos del pasillo y disuadirían a cualquiera que apareciese de pasar por allí. Mientras tanto Harry y Ron se colarían en el despacho de la profesora bajo la capa. Hermione se ofreció a entrar con ella y vigilar la puerta por si Umbridge volvía.

—¡Genial! Y si vuelve nos avisas y nos escondemos los tres bajo la capa.

—El problema es que no tendremos mucho tiempo y no podemos olvidarnos de la Brigada Inquisitorial. Umbridge le acaba de decir a Tom que necesitaba hablar con él, así que ahora mismo el despacho está vacío, pero dudo que eso la entretenga mucho tiempo. Rayos, de haberlo sabido podríamos haberle pedido a Tom que la entretuviera todo el tiempo que le fuera posible.

—Tienes razón, eso habría sido perfecto. ¡Agh, que rabia! Aunque bueno, creo que con unos cinco minutos será suficiente para que Harry compruebe que Sirius está bien.

—Seguro que sí. —Cuando llegaron a la Sala Común Hermione esperó al pie de la escalera que llevaba a los dormitorios para que nadie pensase que estaban tramando algo raro si la veían subir a las habitaciones de los chicos.

En menos de dos minutos Ron volvió con la capa escondida entre la túnica y ambos salieron corriendo hacia el tercer piso. Quién sabe cuanto tiempo tenían hasta que Umbridge volviera a su despacho.

Tom

—Estúpido Potter, estúpida Umbridge y estúpida Brigada Inquisitorial— pensó Tom mientras volvía a la Sala Común. Al final la profesora sólo quería que la acompañara a la biblioteca para decirle a la bibliotecaria, la señora Pince, que él iba a ser el encargado de revisar el material el material bibliográfico de la Sección Prohibida para juzgar si era apropiado para estar en una escuela. ¡Pues claro que no era apropiado! Por algo estaba en un lugar llamado "Sección Prohibida".

Y el estúpido Potter... ¿es que no se daba cuenta de que podía ser una trampa? Lo mejor sería contactar con Sirius y preguntarle directamente si estaba bien. Claro que para Potter no había manera de contactar con el animago y Tom tampoco tenía ganas de desvelar su secreto. Era egoísta por su parte, pero quería que las agendas siguieran siendo un secreto. Le gustaban su conversaciones con Sirius y no tenía ganas de compartirlo con nadie más.

Tenía que admitir que había sido un error por su parte haberse dejado las agendas en el dormitorio. En lo que ahora le parecía un alarde de autoconfianza había ido al último examen con tan solo una pluma y un tintero, y su varita, claro está. ¿Cómo iba a saber él que Potter iba a tener esa visión? De haberlo sabido se habría llevado la mochila con las agendas.

Entró en la Torre de Gryffindor y subió a su dormitorio decidido a comprobar que Sirius estaba perfectamente en Grimmauld Place para después restregárselo a Potter en la cara. Estaba tan enfadado, ¿cómo se atrevía a hablarle así a Hermione? Había estado a punto de lanzarle un maleficio allí mismo, no sabía cómo había conseguido contenerse. Sacó la agenda de la mochila y se sentó sobre la cama

—Sirius, ¿dónde estás? —escribió directamente, sin ningún tipo de saludo como era habitual entre ellos.

Al cabo de unos cinco minutos le llegó la respuesta —En mi habitación, ¿por qué?

—¿Sigues en Grimmauld Place entonces?

—¿Dónde iba a estar si no? Tom, ¿qué pasa?

—No, no es nada. Ya te lo contaré más tarde. Hasta luego.

Se levantó y se guardó tanto la agenda que usaba para hablar con Sirius como la que usaba para hablar con Ginevra en el bolsillo interior de la túnica, junto a la pluma y el tintero, por si acaso. Con un resoplido fue a buscar a Hermione a la Sala Común, cuando había llegado estaba tan molesto que ni se había acordado de buscarla allí. Sin embargo, cuando bajó no la encontró por ningún lado, recorrió la estancia con la vista dos veces por si la había pasado por alto pero allí no había ni rastro de ella. Se acercó a Parvati Patil y Lavender Brown, que estaban jugando a los gobstones y les preguntó si habían visto a la castaña en su habitación.

—Que va, arriba no está —respondió Lavender.

—Yo la he visto —comentó Parvati haciendo que Tom se girase hacia ella bruscamente. Lavender también la miró extrañada—. Se fue corriendo con Ron mientras tú estabas arriba, buscando el juego de gobstones. Lo que no sé es adónde se han ido —concluyó pasando la vista mientras pasaba la mirada de él hacia arriba.

—Ah, vale —dijo la rubia sin darle más importancia al asunto. Debía haberle extrañado que su amiga viera a Hermione y ella no cuando habían estado todo el día juntas.

—Gracias, hasta luego —se despidió Tom antes de salir a paso ligero de la Sala Común, a su espalda escuchó como las dos jóvenes se despedían también antes de volver a su juego.

¿Dónde se había metido Hermione? Le había dicho que esperara en la Sala Común. No es que ella tuviera que hacer todo lo que él dijese, pero creía que había estado de acuerdo en verse con él allí. Al menos podría haberle pedido a alguien que le dijese dónde iba si lo veían. ¿Qué le costaba decir algo como "Neville, voy a la biblioteca, si ves a Tom díselo, por favor"? Tenía pensado empezar a buscarla precisamente por la biblioteca pero no había llegado muy lejos cuando vio a Pansy Parkinson aproximarse hacia él.

—Ahí estás, Black —dijo la estudiande de Slytherin cuando estuvo a poca distancia—. La profesora Umbridge me ha enviado a buscarte, quiere que vayas a su despacho ahora mismo.

—He hablado con ella hace menos de media hora, ¿qué ha pasado? —preguntó desconfiado a Parkinson.

—Oh, ya lo verás, te va a encantar. O no. —A Tom no le gustó el tono con el que la joven dijo esas palabras pero se limitó a sentir.

Los dos miembros de la Brigada Inquisitorial recorrieron el camino en absoluto silencio. No es que se llevaran mal, sino que nunca habían intercambiado más de tres frases seguidas y no tenían nada que decirse. Cuando estaban llegando al despacho de Umbridge vieron salir de allí a Snape con cara de pocos amigos y Tom se detuvo durante un segundo temiéndose lo peor.

Parkinson siguió adelante y abrió la puerta del despacho. Tom la siguió y al pasar junto a Snape este le dijo algo entre diente:

—Haz algo. —El profesor de pociones habló tan bajito que apenas pudo oírlo, pero sus palabras acrecentaron el mal presentimiento que tenía.

Al entrar en el despacho de la profesora Umbridge sus peores temores se confirmaron. En el centro del despacho estaba la propia Umbridge apuntando con su varita a Potter, que se encontraba acorralado entre la bruja y el escritorio de esta. El resto de miembros de la Brigada Inquisitorial retenía a los dos Weasleys, Luna Lovegood y Neville Lomgbottom y por algún motivo los cuatro estaban amordazados. Y por último, en un lateral de la habitación, siendo sujetada por Millicent Bulstorde, estaba Hermione.


Mi intención original era hacer este capítulo más largo a modo de disculpa, pero creo que es mejor dejarlo aquí ya que ahora las cosas se van a liar mucho. Como ya os habréis dado cuenta hemos llegado a la parte en la que van al Ministerio a "rescatar a Sirius", de modo que estamos llegando al clímax del libro. Me está costando bastante hacer que todo cuadre en mi mente, pero lo haré lo mejor que pueda. Con respecto a los exámenes, los nervios de los T.I.M.O., me recuerdan a lo que pasé yo en Selectividad (así es como se llama la prueba de acceso a la universidad en España, al menos cuando yo la hice), y en la universidad es todavía peor. Sé que a algunos la reacción de Hermione les parecerá exagerada, pero os aseguro que he visto gente así e incluso peor.

Siento que este capítulo haya tratado en su mayoría de los exámenes. Ha terminado siendo un capítulo de transición bastante decepcionante en mi opinión. Espero que a partir de ahora las cosas se compliquen y esta sea la calma que preceda a la tormenta.

Un saludo!