¿Sorprendidos?. Sí, hasta yo me sorprendí de mi propia inspiración. Espero que este capítulo les guste.
Les vuelvo a recordar que BLOG PPC está organizando su primera premiación de fics, así que hagan sus postulaciones en peter – pan - complex . blogspot . com (todo junto)
Les agradezco y les mando un Oliver Wood o un Draco Malfoy (según su preferencia) a:
Tentoushi_tomoe, luna-maga, karyta34, Zareth Malfoy, beatufly92, Marie Malfoy Morales, salesia, andeli Malfoy Cullen, Ela Dakashi, camila92, jos Black, moonlightwolf13
Un beso desde Nunca Jamás,
Ember.
Capítulo XXIII: El inicio del fin.
Los últimos rayos de sol se colaban a través de la cortina, iluminando con su calor el rostro pálido y aristocrático del hombre que cavilaba sentado tras el escritorio. Sus manos juntas sobre unos papeles habían matado sin ensuciarse de sangre, y con su dedo índice rozaba de vez en vez el grueso vaso de cristal que contenían un par de sorbos de whisky de fuego.
Las imperceptibles llamas de la chimenea se alzaron con un verde brillar, y de pie apareció un encapuchado, quien avanzó por aquel despacho hasta mirar a través de la oscuridad de la tela que cubría su rostro al joven meditabundo.
- ¿Cómo va todo?- preguntó Draco poniéndose de pie. Una túnica negra cubría su ropa, tal cual la que usaba cuando Lord Voldemort seguía vivo.
El hombre encapuchado tomó asiento. De su bolsillo sacó un puro grueso, de aquellos importados de Latinoamérica, y lo encendió con su varita.
- Tal como lo dijiste, el altar está siendo construido-.
Draco sonrió y bebió lo que quedaba de alcohol en su vaso. Llevaba un par de horas bebiendo y aún no sentía el efecto de aquel embriagante líquido en su cuerpo.
- ¿Y nadie ha hecho más preguntas?- consultó, caminando hacia un gran mueble de caoba que estaba adosado a la pared y sacando de ahí una botella que contenía whisky añejo-. ¿No hay ninguna muestra de una posible traición?-.
Con una negación de cabeza el hombre encapuchado le dio una nueva piteada a su puro. Botó la ceniza en un cenicero de plaqué y se puso de pie.
- Bajo mis ojos no hay traición- afirmó, con fuerza en su voz ronca-. Nadie que sea lo suficientemente astuto se atrevería a traicionarme… lo sabes-.
- Es verdad- concedió Draco sirviéndose un poco más en su vaso-. El problema es que no trabajamos con tanta gente astuta…-.
El hombre no hizo otro ademán, dejando la mitad de su puro encendido sobre el cenicero y dando media vuelta hacia la chimenea. Su paso era lento, pero su espalda se mantenía erguida, como la de un aristócrata que ve todo lo que lo rodea con desdén, mientras él camina como ente superior sobre la escoria.
- Está la primera etapa lista, ahora tú debes cumplir la segunda parte-.
Y exclamando "Caldero chorreante" desapareció de la oficina.
Todo estará listo, pensó Draco, bebiendo un nuevo sorbo de whisky, esta vez Granger caerá… aunque sea lo último que haga.
OoOoOoO
La mesa estaba servida. En ella había dos puestos, una tetera de cerámica y unos panecillos dulces con los cuales acompañar el té. El atardecer se veía como un rastro de rojo y naranjo pintado en el azul cielo veraniego, y con aquella tenue luz iluminaba las motas de polvo que se elevaban desde la alfombra hacia la ventana.
- Hasta me reí cuando lo vi- comentaba Luna, entrando en el comedor de la casa de su amiga con el azucarero en la mano.
Hermione tras ella dejó las bolsas de té y sacó una. Se sentó en el puesto que siempre usaba y esperó que Luna tomara asiento frente a ella, dejando el puesto que siempre usaba Oliver, como cabecera, desocupado.
- ¿Pero "Corazón de Bruja" publicó las fotos?- le preguntó, sirviendo agua hirviente en la taza de su amiga para luego servirse a ella misma.
Luna asintió, buscando en su bolso una edición de dicha revista, y pasándosela a Hermione.
- La vi cuando salía de la oficina a comprar uno de esos polvos para la alergia en la botica que queda en la esquina. La joven bruja que las vendía abrió la boca impresionada cuando me vio reírme y comprarle una-.
Hermione miró la portada de la última edición de la popular revista mágica y frunció el ceño. En ella aparecía Luna Lovegood sonriendo a un deformado Theodore Nott, quien justo en ese momento acomodaba un mechón de cabello en la oreja de ella. Bajo ellos se movían grandes letras rosadas que decían "Nuevo Romance: La Bella y la Bestia, un cuento de hadas hecho realidad".
- Pero no entiendo porqué lo encuentras tan gracioso, a mí parecer todo el reportaje no hace más que realzar que tú, una de las heroínas de la última batalla, está saliendo con un ex mortífago huraño que, para sumarla, se ha deformado por alguna extraña causa que ni tú conoces-.
Luna abrió sus soñadores ojos y ladeó la cabeza. De pronto clavó su vista en la portada de la revista y la miró.
- No, yo me reía del "estragelest" que justo parecía posar sobre mi cabeza, ¿no notas la mancha oscura que hay?-.
Nuevamente Hermione tomó la revista y, en efecto, vio la mancha oscura que Luna le señalaba. Sonrió y le atribuyó ese defecto de la foto a la cámara, para concentrase nuevamente en el contenido del reportaje.
- Está bien, pero imagínate qué debe pensar Nott de todo esto… a él lo llaman bestia y ha pasado a ser la burla de toda la comunidad. Una verdadera lástima… se nota que, apartando su amistad con el imbécil de Malfoy, no es mala persona…-.
- Lo sé, de hecho es muy bueno y…- Luna sonrió y observó el ojo bueno de Theo, que brillaba con el efecto de las luces de la fiesta-…, no sé, es muy dulce, ¿sabes?. No entiendo como la gente puede hablar así de él sin conocerlo-.
El corazón de Hermione se apretó en su pecho al escuchar esas palabras. En aquel momento podía ver algo que no muchas personas habían visto, y esa verdad la golpeó, sin saber que tan bueno o malo podía ser.
- ¿Luna, te enamoraste de Nott?- le preguntó sin contenerse.
La rubia apartó su mirada de la foto y se detuvo en la preocupada mirada de Hermione. Una sonrisa mágica se dibujó en su cara, tal cual hubiera descubierto una gran verdad.
- Sí-.
Murmuró sin mayor cavilación. Tomó la revista y la volvió a guardar, para luego echar tres cucharadas de azúcar a su taza. Hermione sonrió y suspiró, bebiendo té con tranquilidad, mientas veía como el sol se escondía tras el horizonte.
Una hora más tarde Luna ya se había ido. Después de discutir unas cuantas cosas, contarse unas otras y quedarse mudas mirando como las estrellas hacían su aparición en el cielo negro, Luna se había marchado dejando todo limpio y guardado dentro de los muebles de la cocina.
Sentada en el sillón que Oliver siempre usaba, con sus piernas desnudas dobladas bajo su cuerpo y con los ojos extraviados en la oscuridad de la noche, Hermione se imaginaba lo que sería tener los brazos de Oliver rodeando su cintura, sus dulces palabras rozándole el oído, y sus suaves y torpes caricias en sus piernas delgadas. Una lágrima solitaria descendió por su mejilla, cayendo desesperada hacia el suelo y siendo absorbida por la alfombra.
Lo extrañaba tanto que ya no sabía cómo llenar sus días. Todas las horas le parecían eternas con el tic tac del reloj retumbando en su oreja, y por más que hiciera otras cosas no se podía realmente concentrar, sintiéndose inútil incluso para vivir.
Había pasado una semana desde la fiesta y, hace ya siete días, que Malfoy no aparecía por su oficina para hostigarla. Durante esa semana había leído los tomos que había sacado de la biblioteca de Hogwarts, pero aún no había ningún dato preciso que le ayudara a comprender de qué trataba el tatuaje, ni encontraba forma de poder deshacer el hechizo o encantamiento que el mortífago había hecho en ella.
Una figura oscura la hizo saltar impresionada cuando comenzó a picotear su ventana. Alzó una ceja y tomó su varita, pronunciando "lumus" para poder ver a la lechuza que había interrumpido su tranquilidad. Abrió la ventana y la dejó entrar, desatando la nota y sentándose nuevamente en el sillón.
- No es de Harry- murmuró, al ver la estampa del sobre. Una sonrisa amarga se posó en su boca.
"Señora Granger,
Le comunico que mañana en la mañana debe viajar a España, para solucionar los problemas diplomáticos que hemos tenido con el primer ministro de dicho país.
Debe presentarse en mi oficina a las 9 en punto.
Atte.
Lucius Malfoy,
Primer Ministro Mágico de Gran Bretaña."
Las manos de Hermione temblaron levemente y se puso de pie.
Había tomado una determinación y era que en aquel viaje debía descubrir cómo deshacerse para siempre del encanto maldito que le había hecho Draco Malfoy. Se lo debía a Oliver y, sobre eso, se lo debía a ella misma.
OoOoOoO
Tal como si sus pasos hubieran sido adivinados, Luna encontró a Mary Sue esperándola con la puerta abierta cuando llegó a la maltrecha mansión de Theodore. Le sonrió a la pequeña mujer y pasó hacia la oficina de él, donde la sirvienta le dijo que él la esperaba.
Toc, toc.
- Hola- saludó al entrar, alzando una ceja preocupada al ver a Theodore sentado muy encorvado tras el escritorio. A su lado había un vaso vacío y Luna podía percibir claramente el fuerte olor a alcohol.
- Luna…- murmuró él, parándose y caminando hacia ella. Sus ojos estaban rojos y acuosos, con ese brillo propio de la embriaguez.
Luna dejó sus cosas sobre la mesa y miró a Theo con dulzura. Se acercó a su mejilla caída y la besó, sin importarle que él intentara alejarse cuando ella se acercó y rozó con sus labios su rostro.
- ¿Qué pasa?- le preguntó-. ¿Sucedió algo?-.
Theodore asintió y tomó una mano de Luna, acariciando con su dedo su palma. Verla ahí, con sus ojos soñadores observándolo sin la menor muestra de asco le parecía asombroso; pero había tomado una decisión, y era la mejor para ambos.
- Luna, debemos dejar de vernos- le dijo, intentando que su voz no se rompiera al decir eso. Su corazón latía acelerado y sus ojos se inundaron en lágrimas traicioneras.
La muchacha abrió la boca y lo enfrentó. Su mano libre acarició la mejilla de Theodore, el perfil de su ojo caído, su mentón deforme. Podía ver al interior de él una dulzura y sensibilidad única e incomparable, y ella no estaba dispuesta a perder ello sólo por lo que la gente pudiera decir. A Luna Lovegood jamás le había importado lo que opinaran los demás.
- No- dijo con seguridad-. No nos dejaremos de ver, Theo, menos por lo que diga la gente-.
Le sonrió y rodeó con su brazos su cuello, haciéndolo presa de su abrazo. Se empinó y acercó su boca a su oído, bajo aquellos desordenados mechones de pelo castaño que cubrían la cabeza de Theo.
- Nos amamos, Theo, y no permitiré que el resto del mundo interfiera entre nosotros-.
Aquel suave susurró embriagó el corazón de Nott, quien sentía como la sangre subía a sus mejillas y como una sonrisa verdadera e inimitable se dibujaba en sus labios. La coraza que se había autoimpuesto para terminar todo aquello se derritió, y ante él sólo quedó la felicidad que emana la gente enamorada, con ese brillo y resplandor que también brotaba de los ojos de Luna.
Y con aquella luz de esperanza, un nuevo signo de amor que surge de los corazones más maltratados, Theodore inclinó su rostro hacia el de Luna, quien cerraba sus ojos para sentir la calidez de su respiración. Y sin más que las estrellas como testigo desde las abiertas cortinas de aquella habitación, la bestia besó a la bella… sin saber lo que un beso de verdadero amor podía causar.
Porque los cuentos de hada… son más trágicos de lo que se espera.
OoOoOoO
Ella parecía nerviosa, no dejaba de moverse de un lado a otro, ordenando, limpiando, cocinando o sacudiendo el polvo de la sala mientras Ron intentaba escuchar en la radio cómo habían estado los preparativos para el Mundial de Quidditch que ese año serían ahí, en Londres.
El locutor había hablado acerca de Oliver, de su desaparición y de la tragedia que eso significa para el "Puddlemere United", un equipo huérfano sin su capitán y guardián para alentarlos. Había dicho que seguramente su reemplazante sería un jugador Checo que tenía un gran futuro por delante, pero ello no aseguraba nada, pues Wood era parte esencial del equipo y la baja de ánimo era palpable en los entrenamientos sin él.
- Pobre Herms- murmuró, mirando a Lavender quien terminaba de recoger la mesa puesta para la cena-. Imagínate cómo se sentirá cuando sepa que el Puddlemere ya está buscando reemplazo-.
Lavender lo observó, con sus labios fruncidos en una mueca extraña. Asintió y llevó la fuente a la cocina, sin decir nada más.
Después de lavar la loza, secarla y guardarla volvió a la sala de estar. Ya no llevaba el delantal puesto y se mordía el labio con desesperación, tal como se sobaba las manos como si se hubiera puesto crema en ellas.
Ron la observó y le hizo un espacio para que se sentara junto a él. Ella negó.
- Ron, tene mos que hablar- le dijo-. Creo que ya es hora de que tomes una decisión-.
El pelirrojo abrió los ojos y la miró. Su corazón comenzó a latir más rápido y la sangre se le subió a las orejas, preso del miedo de verse descubierto. ¡¿Me habrá visto con Pansy?!, se preguntaba.
- ¿Una decisión con respecto a qué?- cuestionó haciéndose el desentendido.
Lavender frunció el ceño y caminó hacia la estantería, donde tenía unos cuantos libros que a veces le daba por leer. Sacó uno de ellos y se lo lanzó a Ron, con las aletas de su nariz agitándose con violencia. Sí, estaba molesta.
- Con respecto a eso, Ron, ya estoy aburrida de esperar, de no entender, de preguntarme qué he hecho mal, porqué no te decides-.
Ron levantó el libro y frunció el ceño, enojándose a su vez. Se puso de pie y miró a Lavender con reproche.
- ¿Quieres que lea este libro?, ¡¿eso quieres?!- le preguntó, agitando en una mano la edición tapa dura de "El corazón peludo: guía para los magos incapaces de comprometerse"-. ¿Crees que leyendo este libro me casaré contigo?... ¡estás loca!-.
Al decir eso Ron inmediatamente se percató que la había herido, y eso le dolió. Los ojos de Lavender se llenaron de lágrimas, con su mueca iracunda torneada a una desvalida. Sus puños apretados se relajaron y sus hombros se cayeron, mientras miraba a Ron, su pareja hace tantos años, su novio de colegio y que luego, después de un intertanto, volvió a ser recibido por su corazón cuando él decidió darle una nueva oportunidad a su relación.
¿Cómo la trataba así?, ¿por qué?. Ella sólo lo había querido y mimado. Siempre tenía tiempo para él, lo acompañaba a ver el quidditch, le cocinaba cosas ricas cuando él iba a cenar con ella y hasta se preocupaba de zurcirle las camisas que se le rompían. Intentaba de complacerlo en todo lo que pudiera, aprendiendo las recetas de la Sra. Weasley y nunca pidiéndole ni un poco de dinero, para que no dijera que ella abusaba de él.
Pero sin importar cuánto hiciera ni cuánto se esforzara, Ron no parecía absolutamente conforme con su relación. Con todos los años de noviazgo que llevaban ya era hora de que se decidieran a formar una familia, todos los demás ya se estaban casando, pero no, Ron aún no mostraba ningún gesto de decidirse a pedirle matrimonio. Y en el último tiempo se veía aún más distante de lo usual, olvidando hasta su mes aniversario.
- ¿Por qué, Ron?- le musitó, llorando sin poder evitarlo-. ¿Por qué me tratas así?. ¿Por qué te has vuelto tan frío y distante?, ¿qué ha cambiado?-.
Ron sintió que su corazón se apretaba, como una pasa que se arruga tras esas preguntas. ¿Por qué estaba distante?, ¿por qué estaba frío?, ¿qué había cambiado?... sólo había una respuesta para ello, pero no se atrevía a decirla.
Pansy, ella era la respuesta.
Desde que estaba con ella había descubierto lo que era sentir el cielo con un beso. No había nada más agradable que el sabor de sus labios, la temperatura de su aliento, el roce de su voz en sus oídos. Toda ella le parecía tan deliciosa que no tenía cabeza para nada más… y aún cuando se acostaba con Lavender, cosa que cada día era más inusual, no podía dejar de pensar en Pansy a cada momento, como un veneno, una obsesión, una atracción que iba más allá del deseo.
La amaba, esa era la verdad.
Lavender lo miraba, buscando en sus ojos azul mar una respuesta a sus dudas. Mas de pronto pudo leer en ellos aquello que tanto miedo le había dado, y la duda, la latente y mortífera duda, quería ser callada a pesar de la respuesta aniquiladora que pudiera recibir.
- Hay otra, ¿cierto?- le preguntó, con sus mejillas bañadas en lágrimas que caían hacia el suelo-. Sé que tienes otra, Ron, ¡confiésalo!-.
El recuerdo de miles de momentos junto a Lavender cruzaron por la cabeza de Ron, haciéndole ver que la había amado, aunque no con la total devoción que una mujer como Lavender, graciosa, cariñosa y tierna merecía. En sus entrañas algo se removió, mientras tomaba su varita, sosteniéndola dentro de su túnica y sin quitar la mirada de Lavender: su novia, su compañera, y la mujer que ahora pretendía dejar para siempre, por el bien de ella y el bien de sí mismo.
- Sí, Lavender, hay otra- dijo mirándola sin saber qué más hacer-. Lo siento mucho… nunca quise hacerte daño-.
Y sacando su varita desapareció, dejando a Lavender muda en la solitaria sala de su departamento. De un segundo a otro todo su deseado futuro se había deshecho, y sus sueños trisados en la alfombra la hicieron llorar.
OoOoOoO
El reloj marcaba las dos de la madrugada, con su manecilla larga justo a las 12 y la pequeña inclinada hacia la derecha, señalando el dos que resplandecía con el rayo de luna que se colaba por las persianas.
Ginny meneó un poco la cabeza, dejando que las puntas de su cabello rozaran las mejillas de Harry, las cuales aún estaban encendidas después de haber hecho el amor por primera vez con su mujer desde que ésta había vuelto. Mudamente le agradeció su entrega inclinándose hacia su cuerpo delgado y besando su espalda.
- ¿Y eso?- preguntó ella con una sonrisa. Se volteó y dejó que los brillantes ojos verde esmeralda escrutaran su rostro pecoso.
Harry le sonrió de vuelta y besó sus labios, sintiendo su dulzura y calidez.
- Te amo-.
La mano de Ginny se posó en esa nuca de cabello rebelde y desordenado. Reconoció en esa frente esa particular cicatriz y recordó cuánto había añorado durante los primeros meses de su secuestro el volver a ver ese rostro, de hombre y de niño, con sus ojos enamorados y sus labios curvos en una sonrisa.
Pero con el pasar de los días aquella esperanza se había extinguido. No sabía cómo, ni porqué, pero de pronto sintió que la atracción que sentía hacia Zabini era más fuerte que el amor que latía en su corazón hacia Harry. Y una noche en particular todo cambió… y ahora pensaba en Blaise cuando besaba a aquel que tanto la había esperado.
- ¿Me amas?- le preguntó aunque supiera la respuesta. A pesar de su engaño su corazón latía cuando Harry le decía que la amaba.
- Ahora y siempre- le respondió y la estrechó entre sus brazos, hundiendo su nariz en ese cabello pelirrojo que se transformaba cada día más en su perdición.
Ginny emitió una leve carcajada y se dejó abrazar, mientras se escuchaba tras las ventanas el pasar de los autos en la oscuridad de la noche.
- Ginny…- el nombre de ella se escapó como un suspiro de su garganta-… ¿hay algo que quieras decirme acerca de ese año que no estuviste conmigo?, ¿alguna cosa en particular que no quieras hablar con nadie más?-.
El corazón de Harry latió desesperado mientras hacía esas preguntas, e intentaba ver en el rostro de ella alguna señal que le indicara qué sentía, qué pasaba por su cabeza. Ginny no alzó la mirada, sino que la escondió apoyando su rostro en el pecho de su esposo. Sabía que él pronto comenzaría a preguntar… y ella sabía qué debía responder a esas preguntas.
- Muchas cosas, Harry- murmuró con su voz temblorosa-, pero otro día te hablaré de nuestro bebé… hoy no puedo-.
Besó el pecho desnudo de Harry y con sus brazos escuálidos se aferró a él. Mientras tanto la mirada verde esmeralda de Harry se perdía en la muralla desnuda que estaba al otro lado de la habitación.
Ella aún se acordaba del bebé que ambos esperaban, pero, ¿qué había pasado con él?.
&
Wow!. ¿Qué sucedió?.
Los mortífagos parecen estar listos, ¿qué planean?, ¿qué pretende Draco?
Hermione va de viaje y eso puede significar muchas cosas: ¿qué sucederá en España?, ¿Hermione caerá en la tentación?, ¿descubrirá qué se oculta tras el tatuaje?
La bella y la bestia se besas… ¿podrán ser felices?
Un rompimiento. Ron es libre: ¿qué cambio traerá esto?, ¿qué hará Pansy al respecto?.
Finalmente Ginny algo sabe, pero no dice qué… ¿qué otra cosa oculta a Harry?.
Espero sus teorías… que ya se acerca el final.
Un beso,
Ember.
