FT es de Mashima-sensei
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Capítulo 24
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La Campanada suena
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—Romeo, dónde estás? Romeo!
A Lucy la habían despertado otras veces de formas más agradables, pero no había duda de la eficacia que tenían los gritos de la cocinera. Abrió los ojos y de inmediato se vio sumergida en el vapor, el calor y el constante estrépito de la cocina. Estaba en el suelo, en una esquina, y un rígido mantel la cubría a modo de manta improvisada.
La cocinera estaba comprobando ruidosamente el contenido de las ollas, levantando las tapas y dejándolas de golpe como un tamborilero con ritmo caótico. Romeo parecía haber desaparecido de nuevo.
—Dónde estás, chiquillo? Solo tengo un par de manos, sabes? Oh, esto es demasiado para alguien de mi edad!
—Puedo ayudarla? —le preguntó Lucy mientras se levantaba con dificultad y doblaba el mantel con el que la habían tapado.
—Tú? —La cocinera se detuvo en seco—. Sería un poco irregular. No me iría mal algo de ayuda, pero necesitas descansar y recuperar fuerzas.
Lucy negó con la cabeza.
—Me siento bien, gracias. No sé qué llevaba esa sopa, pero me ha ayudado a recuperar toda mi energía.
La cocinera sonrió a la joven.
—Gracias, me alegro de escuchar eso. Muy bien, como dice el refrán, a caballo regalado no se le mira el diente. Pero no esperes que te revele ninguno de mis ingredientes secretos, eh? —dijo mientras agitaba amenazadoramente una espátula en dirección a Lucy.
—En absoluto —dijo Lucy—. Bien, por dónde empiezo?
—Para empezar, hay que cortar en cubos esas zanahorias.
Lucy miró la montaña de zanahorias, había más de las que nunca había visto juntas, incluso en el mercado del puerto. Sin acobardarse, tomó un puñado de ellas y se puso a cortarlas en una tabla.
—Muy bien —dijo la cocinera, viendo cómo Lucy se ponía a trabajar—. Y las estás cortando del tamaño perfecto. Eres una bendición caída del cielo.
Mientras la cocinera se ocupaba con el resto de platos, Lucy se concentró en cortar las zanahorias. Siempre le habían gustado los aspectos más repetitivos de la cocina; le daban una sensación de calma y control, en especial cuando no encontraba sensaciones así en otros sitios. Recordó la hora de la cena en el faro, cuando su padre preparaba festines para los tres y ella y Sui le ayudaban a cortar, remover y, lo mejor de todo, a degustar las comidas.
—Cómo te va?
Al otro lado del mostrador apareció una cara resplandeciente. No era la de la cocinera, sino la del esquivo Romeo.
—Bien —dijo Lucy.
—Trabajas rápido —comentó él, metiéndose en la boca un trozo de zanahoria.
Lucy se encogió de hombros.
—Lo último que esperaba encontrarme en este barco era una cocina.
—La gente tiene que comer... —dijo Romeo.
—Sí, la gente normal sí, pero... —Lucy bajó la voz— ... las hadas no.
Miró a Romeo a los ojos.
—Oh, esta comida no es para ellos —dijo metiéndose otro trozo de zanahoria en la boca.
—Entonces, para quién es? —preguntó la joven.
—Romeo! Romeo, deja de distraer a la señorita y haz algo útil. Saca ese filete de la nevera.
—El deber me llama —dijo el muchacho, desapareciendo antes de que Lucy tuviera oportunidad de obtener una repuesta para su pregunta.
Entonces apareció la cocinera, que le dio un golpecito en la espalda.
—A eso lo llamo yo trabajar rápido, linda —la felicitó de inmediato—. No me importaría nada hablarle de ti al capitán. Sinceramente, me parece un desperdicio que no podamos aprovechar tu extraordinario potencial en la cocina. Me vendría bien otro par de manos para suplir a ese inútil sobrino que tengo.
Un desperdicio? De qué estaba hablando? Lucy recordó las palabras que había dicho la cocinera antes de que ella se hubiera quedado dormida.
Los nuevos son siempre los peores, verdad?
De qué estaba hablando? Empezó a sentir una punzada de pánico. A sus espaldas, Romeo sacaba del hielo un enorme pedazo de carne de vaca.
—Qué está ocurriendo aquí?! —gritó Lucy, soltando el cuchillo—. Para quién es toda esta comida?!
—Ten cuidado, niña —dijo la cocinera—. Mira, te cortaste.
Lucy bajó la mirada y vio que el cuchillo le había hecho una limpia incisión en el dedo y que de ella empezaba a brotar una pequeña gota de sangre.
Antes de darse cuenta, la cocinera le había agarrado la mano con una fuerza descomunal.
—Rápido, Romeo, muévete! Muévete, grandísimo holgazán! Oh, qué desperdicio!
Lucy temblaba, pero no podía librarse de la cocinera. Al levantar la mirada, vio horrorizada que a la mujer le había cambiado la cara. Tenía los ojos vidriosos y la expresión vacía, como si la vida hubiese abandonado su cuerpo. Lucy recordó cómo se habían deformado los rasgos de Natsu en su camarote. Esto era igual, pero al mismo tiempo diferente. Acaso la cocinera no era humana? Y Romeo? Lucy creía que estaba a salvo en aquella cálida y bulliciosa parte del barco. Pero estaba muy equivocada.
Romeo se unió a su tía y cogió la mano de Lucy, limpiándole el dedo y cubriéndolo con una pequeña venda.
—Así debería dejar de sangrar —dijo.
Aturdida, la joven miró su mano vendada.
—Faltó poco —dijo la cocinera. De pronto volvía a mostrarse habladora y activa. Soltó la mano a Lucy—. Una cocina no es el lugar ideal para descuidar la higiene! Será mejor que ponga estas zanahorias en la sartén. Y tú, muchachita, será mejor que te tomes un descanso. Visto esto, no está tan claro que estés hecha para la cocina. Creo que estás demasiado tensa. Tal vez la opción del capitán sea la mejor.
—Cuál es la opción del capitán? —preguntó Lucy—. Por favor, dejen de hablar en clave y díganme qué exactamente está pasando!
—La verdad es que te has levantado de muy mal humor —dijo la cocinera, frunciendo el ceño.
—Respóndame—repitió Lucy.
—Pero si ya lo sabes —respondió la cocinera, sonriendo con cierta malicia—. Eres la nueva donante, no? El viejo Ulyk se ha retirado, y tú ocuparás su lugar.
Donante? Lucy no estaba segura de qué quería decir la cocinera, pero no se escuchaba lindo. Quería hacerle más preguntas, pero, cuando abrió la boca, no pudo articular ningún sonido. Recordó al viejo Ulyk tambaleándose hacia la cocina, con la piel pálida como si le hubieran chupado la sangre. Eso era lo que le estaba diciendo aquella siniestra cocinera? Qué el viejo Ulyk no era un hada? Entonces, qué era?
Eres la nueva donante.
La tripulación está muy bien provista en ese sentido.
Todo empezaba a cobrar sentido. Tal vez se había equivocado al confiar en ciertas personas. Lucy se dio cuenta de que estaba temblando y tenía frío.
Entonces oyó una campanada.
—Ya es la hora? Vamos, Romeo, ponte a trabajar o no tendremos listo el Festín.
El Festín?
Volvió a oír la campana.
—Es eso la mentada Campanada? —le preguntó a Romeo.
Él asintió, lanzando una manzana roja al aire y cazándola luego con los dientes. Cuando mordió la piel y hundió los dientes en la jugosa pulpa blanca, Lucy vio que los tenía inusualmente puntiagudos. Pero las hadas no se alimentaban con comida normal, verdad? Todo era muy confuso.
—Tengo que irme —dijo, sintiendo náuseas—. Tengo que volver.
—Pues, adelante.
Romeo le sonrió, abriendo la boca para terminarse de un solo mordisco lo que quedaba de la manzana, incluyendo el corazón, las pepitas y el tallo.
Pobrecita Lucy... es que ya no se puede confiar en nadie?
