No me gustan las notas de autor, en general. Pero ha pasado tanto tiempo, que creo que merece una explicación. La vida tiene altos, bajos, y muy altos. Los últimos años han sido lo más movidos, pero también de los más felices. Mudanzas entre países, graduaciones, incluso una boda muy chiquita y muy bonita. La vida real cobró prioridad, pero quiero volver a terminar esta historia. No aseguro actualizaciones periódicas, pero sí que aparecerán poco a poco, hasta estar terminada como debe estarlo. Con calma, pero bien hecha.

Muchas gracias a todos los que, a lo largo de los años, han dejado uno, dos, incluso 15 reviews. Varios me vienen a la mente en primer lugar, pero todos sepan que me llenan de felicidad y motivación. Hoy los volví a leer todos y me dieron fe en que vale la pena seguir la historia. Espero que les siga gustando. Si son nuevos, ¡bienvenidos! Por aquí vamos para rato :)

Veinticuatro

En defensa de la pelirroja más joven, ella no había sabido nada de lo que había hecho la matrona de los Weasley, apoyada por algunos de sus hijos. Arthur ciertamente no se había enterado sino hasta después. Eso no había alivianado el golpe para ninguno de los dos. Harry, porque sentía que ya no podía confiar en ella, en su madre, en sus hermanos. Ella, porque hasta ese momento no había entendido la embegadura de lo que le había pedido a Harry y había querido remediarlo, justo cuando él no quería volver a saber de ella.

Después de horas de discusión en la sala de Hermione, que la había ofrecido para que tuvieran privacidad y pudieran hablar sin ser interrumpidos, habían decidido que no había más que dejar las cosas así. Tal vez, darle una oportunidad en unos meses, había dicho la pelirroja, esperanzada, con los ojos vidriosos. Harry, como siempre, no había cerrado la puerta del todo a la pelirroja, pero Hermione sabía que era más lealtad hacia la imagen de familia que le habían arrebatado que hacia otra cosa. Cuando por fin Ginny se fue, cerrando lentamente la puerta tras de sí, fue más con resignación y tristeza que con resentimiento, furia u odio.

- De alguna forma extraña, creo que se arrepiente de algunas cosas- le dijo Harry, sentado en el puesto favorito de Hermione. Ella había ido y se habia sentado a su lado.- Sé que esto es lo mejor, Mione. Pero duele mucho- le dijo con voz quebrada. Ella solo lo abrazó, como él tantas otras veces.

En ese punto, todavía había sentido algo del alivio de la poción, al que se había aferrado como si su vida dependiera de ello. No quería volver a perder los colores. No quería que de nuevo cayera sobre ella el velo pesado y asfixiante. Quería estar para Harry como él había estado para ella. Quería entender de verdad lo que leía y no solo supreficialmente. Quería volver a tener un apetito de verdad. Y si correr y comer más de lo que se sentía capaz ayudaban en algo, lo iba a hacer. El haber dejado claras las cosas con Andrew, y el que esté no hubiera respondido nunca a su carta, le habían ayudado a no tener recaídas como las que había tenido luego de cada pelea. Sin embargo, eso no quería decir que se encontrara bien o que no le hubiera costado dejar atrás la poción, con todo y que las dosis se habían disminuido de forma paulatina. De esa y de las otras pociones, que muy poco a poco iba dejando atrás.

Harry, por su lado, había estado destrozado durante semanas en las que Hermione había buscado ayudarlo todo lo que él la había ayudado a ella. El que hubiera sido consciente de lo que iba a pasar una vez cancelaran el hechizo, no quería decir que supiera del todo lo mucho que iba a sufrir. Había pasado justo lo que le había dicho tantas veces a Hermione. Se había quedado sin la única familia de verdad que había disfrutado en la vida, y a la que se había aferrado hasta el último momento.

Ron ya ni vivía en la vieja casa de Grimauld ni le hablada cuando coincidían en el Ministerio. Lo habían vetado de la Madriguera, aún si no se lo hubieran dicho directamente. Solamente Arthur le continuaba dirigiendo la palabra de forma abierta y amable (cuando estaba fuera de la vista de otros pelirrojos) y seguía con el apoyo constante de Kinglsey y otros miembros de la antigua orden.

Alguna de las noches en que parecía estar tan inconsolable como ella se sentía desde hacía meses le había sugerido que también hablara con Frank. Harry se había reído un poquito, con una risa triste y aguada.

-Mione, cuanto te llevé a ver a Frank no lo hice buscando algún contacto en el directorio. Lo estuve viendo el semestre pasado una que otra vez, para entender todo lo que había pasado con Voldemort.- ella se había quedado viéndolo, sin entender, porque nunca había pensado que Harry tuviera la necesidad de ver un healer igual que ella. Él era fuerte. Él era Harry. El que la había cuidado en todos sus momentos más bajos y difíciles, que la había rescatado de su mente ya más veces de las que lo podría contar.- Pero tienes razón. Debería volver a pedir una cita. Hace ya meses que no hablo con él. Ciertamente, no he ido desde que pasó todo este… desastre.

Todo eso lo sabía Hermione porque ahora se veían más seguido. Harry la visitaba en sus cuartos del castillo o ella iba a Grimauld cuando no había reuniones de la orden o solo estaba presente gente en la que confiaba. Se sentaban en un sofá, charlaban un rato, Harry avanzaba en sus reportes y estudio de auror y Herminone continuaba con el borrador de su último artículo. Como le había dicho Harry, alguna de las noches, así al menos la soledad no era tan pesada y la compañía buena.

-Estaba pensando el otro día - dijo él una tarde, de repente, después de horas de silencio. Ya a finales de agosto, el sol tostado de la tarde no era tan sofocante como lo había estado en julio. Hermione, que había unido dos mesas para poder extender todas sus notas y revisarlas como un mapa mental desproporcionado, hizo un ruido para darle a entender que lo oía. Solo se escuchaba, muy bajo, el radio muggle en la emisora de música clásica que alcanzaba a funcionar en Grimauld.- Esto no es muy diferente de cuando estábamos en la tienda de campaña, ¿verdad?

-¿A qué te refieres?- preguntó ella, sacándose la pluma de la boca, donde la tenía mientras movía sus tarjetas y fichas bibliográficas de un lado a otro. Se la atravesó en el pelo recogido, que se le pegaba un poco en la frente por el calor- Al menos ya no estamos resolviendo enigmas y estamos comiendo y duermiendo algo mejor- Harry se rió. Ciertamente, eso era un hecho. Hermione no sabía de dónde sacaba la fuerza, la voluntad y la estabilidad Harry, porque solo después de un par de sesiones con Frank, y sin ninguna poción, había encontrado la forma de lidiar con sus problemas de una forma constructiva.

-Vale, te valgo lo de la comida. ¿Pero cómo le llamas a ese revoltijo de papeles que tienes ahí?- ella miró las mesas llenas de notas y se rió también.- ¿A los casos que tengo apilados aquí?

-Parece que nada cambia- dijo ella después de un momento, ya sin poner atención, porque por fin algo parecía tener sentido. Frunció un poco el ceño y caminó rápidamente hacia otra mesa donde tenía todavía más notas, clasificadas de otra forma.- Perdón, perdón, solo creo que… Tengo que hablar con Severus.- agarró algunos de sus papeles, sacando otros de abajo de unos libros y miró a Harry.

Harry, que se había quedado con su respuesta en la boca. Harry, que estaba un poco ojeroso. Harry, que estaba siempre ahí para ella. Harry, con sus abrazos firmes y nerviosos. - ¿Todo está bien?

-Creo que la magia podría estar relacionada con la física cuántica y que los muggles se estarían acercando de nuevo a ella… Necesito revisar unas cosas, pero creo que puede ser. Creo que puedo haber encontrado algo- Harry asintió, lentamente, porque aún no estaba del todo familiarizado con toda la embergadura de su investigación. Se llevó la mano a la cabeza, como si quisiera decir algo más.- ¿Pasa algo?

-No, no. Tú ve. Tenemos tiempo para hablar luego- ella asintió, sonriendo un poquito, porque sentía que por fin, un año después de la guerra, todo estaba comenzando a tomar forma nuevamente. Por lo menos, su investigación lo estaba haciendo. Su vida personal no estaba como la quisiera, pero por lo menos ya no lloraba todas las noches y la cantidad de pociones que tomaba era solo una fracción de las muchas que había tomado en enero. Lo volvió a ver antes de echar los polvos flu a la biblioteca, contra la luz dorada del fin de la tarde.

-¿Seguro no quieres hablar?- le preguntó al final, cambiándose los papeles de brazo. Él la miró nuevamente. Trató de escrutar en sus ojos verdes. Al final, él se decidió a hablar.

-Es extraño, porque con todo lo que me ha dolido todo esto… este duelo horrible de familia, de pareja, de todo… Siento de todas formas que me quitaron un peso de encima. Creo que puede ser una buena oportunidad de ver qué es lo que es de verdad para mí, sin tantas expectativas encima. Sin ser necesariamente el niño que vivió, ¿sabes?- ella lo miró, entre sus pilas de reportes, cansado, pero recto y fuerte, y de repente notó que sus 19 años no eran tales.

Ellos dos no seguían siendo adolescentes. No con todo lo que cargaban a cuestas. El dolor, la experiencia, la determinación de mejorar, de estar bien. Harry ya no era el mismo chico de ropa grande, ni el adolescente lleno de rabia por la muerte de su padrino. Ella, por investigadora que fuera, ya no era la niña sabelotodo. Poco a poco, a medida que salía de la depresión en que había pasado buena parte del año, estaba descubriendo que era una mujer hecha y derecha, como habría dicho su madre si la hubiera visto. Al parecer, Harry también lo era. Pero un hombre, más bien.

-¿Todo bien, Mione?- le prguntó él. Ella volvió de su mente y le sonrió.

-Solo pensaba en lo que me dijiste. Ya no somos unos niños, ¿no?- Harry la miró, ladeando la cabeza. Hermione se puso algo nerviosa

-Dejamos de serlo hace mucho, y lo sabes- ella asintió y, por alguna razón que decidió ignorar, creyó sonrojarse. Harry le sonrió con una sonrisa de esas tan suyas.- Ve a contarle a Snape lo que encontraste. Ya hablaremos luego.