Bueno, tras varios problemas técnicos (odio a Murfy) allá va el último capítulo. Tened muy claro que sin todos vosotros este momento no habría llegado. Espero que lo disfrutéis.


Layla y Will aterrizaron en los jardines de Sky High en un vehículo oficial, lo cual les provocó cierto desasosiego. El lugar se veía vacío, a todas luces todos debían estar ya en el gimnasio disfrutando de la celebración. El agente Richmond mantuvo una respetuosa distancia para permitirles algo de intimidad, pero caminar hacia las puertas seguidos por esa escolta les pareció cuando menos extraño.

- Nunca había tenido escolta, me siento casi como una celebridad- murmuró Layla.

- Casi lo somos. Salieron tus fotos en el periodico salvando al hijo de Marcus Reveial y la mía peleando contra el robot.

- Cierto. Espero que no nos traten de manera diferente. Quiero un poco de normalidad en mi vida.

La música se derramaba fuera del recinto del gimnasio a través de las puertas cerradas, anticipando el ambiente que encontrarían en el interior. Un alumno de primer curso se encargaba de hacer de portero. Le entregaron los dos cartones que representaban la entrada pagada. Les dedicó una larga mirada y pareció a punto de decir algo, pero finalmente no lo hizo cuando se fijó en el escolta que venía con ellos.

Layla y Will Afrontaron las puertas. Instintivamente se tomaron del brazo de forma simultánea y con ese gesto pretendieron darse un ánimo mutuo que ninguno de los dos había planteado pedir.

Lo primero que les llamo la atención fue la transformación que había sufrido el gimnasio. Las duras y frías paredes había sido ocultadas tras una acogedora superficie de telas que ondeaba sutilmente. Los hirientes focos permanecían ciegos y los puntos de iluminación habían bajado hasta posarse sobre las mesas. Simulacros de velas se habían colocado sobre ellas en retorcidos candelabros de aspecto barroco. Las telas blancas brillaban en la parte de abajo por el reflejo de las luces y se difuminaban hacia la oscuridad del techo en un degradado hacia el violeta, dando un ambiente onírico al lugar. Las mesas habían sido cubiertas por manteles de tono violeta, con motivos estampados de nudos sinuosos y zarcillos en los que se adivinaban adornos florales y perfiles de criaturas de cuentos. Había un rincón con telarañas dedicado a los cuentos de terror que había tenido mucho éxito. Layla y Will se quedaron boquiabiertos.

- ¡Uau!- fue todo lo que atinó a decir Will.

- Tenemos que felicitar al equipo de decoración.

- Sí.

La música seleccionada no se correspondía a la esperada en un cuento de hadas, pero sí en una celebración adolescente. En ese momento sonaba "Let the bodies hit the floor", de los Drowing Pools. El contraste era de agradecer. Les devolvía al mundanal mundo.

Entre los reunidos abundaban los trajes largos de vistosos colores en ellas, que pretendían insinuar realeza, y los cortos que pretendían sugerir oscura seducción. Ellos optaban por el humor y los chistes visuales. Los alumnos de primer curso formaban grupitos dispersos por el perímetro y observaban la novedad con ojos ávidos. A los veteranos, los que ese año se graduaban, se les podía percibir, además de por su altura, por su actitud segura en mitad del lugar, copando las atenciones de aquella celebración. Ellos eran los protagonistas ahora, y lo sabían.

Los más próximos a la puerta se volvieron al notar que había recién llegados. Dos héroes de segundo curso se quedaron mirándolos como si hubiesen sido una aparición. Ninguno de ellos hizo el gesto de adelantarse a saludarlos, parecían desconcertados. Entre ellos Layla vio a Penny, que esbozó una mueca despectiva hacia ellos y no pudo oír lo que le dijo al chico que la acompañaba por culpa de la música. La idea de acudir a aquella celebración de repente no le pareció tan buena. En ese momento, de la masa de alumnos surgió un chico con la piel azul. Les costó reconocerlo en un principio.

- ¡Will, tío! Creíamos que no vendrías.

- Hola, Zach. Eh... Bonito color.

- Soy el príncipe azul. Se me tiene que notar, el prota de todo cuento.

- Ah...

Zach hizo señales a otra persona entre la gente.

- ¡Ethan! Son Will y Layla, han venido.

Ethan se acercó hasta ellos y su muestra de entusiasmo fue más contenida.

- Will, Layla, me alegro mucho de veros.

Llevaba una librea antigua y cargaba con un compendio de pergaminos bajo el brazo. Se había colocado unas gafas pequeñas sobre la punta de la nariz.

- ¿Qué se supone que eres?

- El consejero de un rey. Ya sabes que el papel protagonista no va conmigo. Prefiero pasar desapercibido.

Terry correteó hasta al lado de Zach. Llevaba, además del vestido, unas orejitas de gato sobre la cabeza, cola y un cascabel al cuello.

- No me lo digas- murmuró Layla-, el gato de la bruja.

Terry sonrió y asintió.

- Layla, ¿cómo está Warren? Tú estás ahora en el hospital orbital, ¿verdad?

- Sí, estoy prestando servicios sociales. Ése de ahí es mi vigilante.

Layla señaló tras ella al agente que le habían asignado en ausencia de su madre. Se mantenía contra la pared para no interferir en su vida social, pero no le quitaba el ojo de encima.

- Uau... Parece que seas famosa ahora- murmuró Ethan.

- A Warren lo mantienen todavía dormido. Esperan que pueda recuperarse un poco más para poder despertarlo y meterlo en un tanque de regeneración. Si no es capaz de controlar sus poderes cuando despierte puede ser muy peligroso.

Terry sonrió de manera encantadora, y la sensación de alivio que irradió llegó hasta Layla y la envolvió como una ola.

- Pero bueno... ¡Contad! ¿Qué ha pasado? ¿Cómo os visteis en esa lucha? Lo vimos en los diarios.

Más alumnos se fueron reuniendo alrededor de ellos, interesados en los sucesos que esperaban se iban a relatar en un momento. Fue cuando Zach tomó el control.

- Atrás, dejadlos pasar. Necesitan un respiro después de todo por lo que han pasado. Vamos... Vamos... ¡Abrid paso!

Cual maestro de ceremonias, Zach los guió hasta la mesa de las bebidas. Allí, Alfred conversaba con Ithma Dupré animadamente. Alfred había añadido unas orejas y una cola lobunas a su traje de gala. Ithma llevaba una corta capa roja sobre los hombros, a juego con su vestido. Era todo un contraste con sus cabellos negros, cortados a la altura de los hombros, y sus ojos grises. Ella se ruborizaba de vez en cuando y bajaba la vista con timidez.

Layla se quedó de piedra. ¿Ithma Dupré intimidada por un chico? ¿La mayor cotilla de la escuela, avergonzada por una inocente conversación? ¿Caperucita y el lobo?

Cuando se acercaron, Alfred se volvió hacia ellos. Sin mediar palabra se acercó a Will y le dio un caluroso abrazo, acto seguido hizo lo mismo con Layla.

- Me alegro de veros a ambos. Esto no habría sido lo mismo sin vosotros. ¿Qué tal estás, Layla?

- Bien...

Layla sonrió de oreja a oreja ante ese recibimiento. Tras tantos días teniendo que justificarse y driblando conversaciones peligrosas, que Alfred no le exigiese unas palabras a cambio de una acogida fue de agradecer.

- Oh, cuidado con el ponche, alguien ha echado suero de la verdad en él. Por eso lo han precintado. El profesor Boomer ha confesado que le gusta leer novela romántica para chicas.

Will soltó una risotada.

- ¿En serio?

- Creo que vamos a sufrir las consecuencias todos.

- Pero eso será el curso que viene.

- Stronghold, -Will se volvió hacia Ithma. La chica tenía una voz suave y amable-. Yo... Lamento mucho lo sucedido con tu padre. Me refiero a que oí cosas que... Me refiero a que tú eres tú y no esperes que yo crea que... Me refiero a que tus actos te definen.

Will se quedó de piedra.

- Gracias, Ithma.

Alfred sonrió.

- Veo que os conocéis. Entonces no hace falta que os presente.

- Bueno en realidad no nos conocemos, solo nos habíamos visto de lejos.

- Por cierto- preguntó Layla-, ¿dónde está Magenta?

- Debe estar bailando con su pareja- contestó Alfred.

Layla oteó hacia la pista de baile tratando de discernirla entre la masa.

- ¿Con quién ha venido?

- No te lo vas a creer...

Alfred señaló un lugar específico de la pista. Magenta y una heroína pelirroja de segundo curso se abrazaban meciéndose al son de la música en un baile que sugería un erotismo velado. Ambas sonreían y parecían estar hablándose en susurros. Layla abrió mucho los ojos y un poco después su mandíbula se descolgó.

- Magenta es...

Ithma se adelantó.

- Sí, y mantenían una relación desde hacía tiempo. Parece que han decidido destaparla hoy.

- ¿Tú lo sabías?

Ithma asintió.

- ¿Por qué no se lo dijiste a nadie?

- Porque ellas me lo pidieron.

Layla dejó escapar un resoplido y una risa contenida.

- Parece que me he perdido un montón de cosas...

Magenta se había colocado una alitas de mariposa a la espalda de color lila, y la veterana pelirroja llevaba el traje de cuero de alguna imprecisa princesa guerrera de un mundo de cómic.

Will se encogió de hombros.

-Parecen felices.

La música bajó de volumen, y la Directora Powers subió al escenario. Los presentes volvieron su atención hacia ella, expectantes. Era el momento de la entrega de premios.

La ceremonia duró media hora. Hubo un discurso de la directora, hubo aplausos, hubo homenajes... Se repartieron los premios en las diferentes categorías: resultados académicos por asignaturas, resultados deportivos, actividades extraescolares... Magenta y el equipo de decoración se llevaron el premio a la mejor obra artística pictórica por la decoración del baile. El premio a la deportividad se lo llevaron dos curritos de segundo, por el partido de Capturar la Bandera más espectacular del año. Layla se lo había perdido. Ethan consiguió otro por organizar el grupo de excursionismo.

Ese año no hubo coronación de rey y reina. La Directora Powers había decidido acabar con el cuento de hadas en que algunos estaban sumergidos y lo estaba materializando en hechos. A partir de entonces todos y cada uno iban a ser valorados por sus actos, no por un papel preestablecido.

En cuanto acabó la entrega de premios volvió la música, pero esta vez era tranquila y Alfred se escusó.

- Disculpadme, chicos. Tengo una cita con mi encantadora acompañante.

Ithma sonrió cuando Alfred tomó su mano con la profesionalidad de un galán de cine y ambos se dirigieron a la pista de baile. Layla y Will los miraron alejarse.

- ¿Te imaginabas así a Ithma Dupré?- preguntó Layla.

- En absoluto. Creía que era una cotilla insufrible y descarada. Al menos eso decían de ella.

- Parece que le gusta Alfred.

- Eso parece. Fue ella la que se lo pidió a él.

- ¡Qué valiente!

Una voz femenina interpeló a Layla por su apellido.

- Williams...

Layla se volvió. Amanda Jinx y su grupito se habían acercado a ellos. Llevaba del brazo a un currito de segundo de aspecto despistado. Amanda portaba una varita con una estrella dorada en la mano. Sonreía sin que sus ojos acompañasen a ese gesto. Penny a su lado, con un traje azul de escamas, recordaba a una sirena. Ambas ofrecía la inclinación de cabeza característica del que se cree en superioridad táctica y está a punto de humillar a alguien. Los labios de Penny se fruncían en una desagradable mueca.

- Oí que te habían condenado a trabajos sociales por ocultación de poderes- dijo Amanda despacio, saboreando cada palabra.

Layla asintió.

- Sí, estaré ocupada hasta finales de verano. No va haber vacaciones para mí este año.

- Al menos no has acabado como Warren.

Layla sintió un escalofrío ante la calma con la que ella mencionaba el estado de Warren. Puede que en realidad no estuviese al tanto de lo graves que resultaban sus heridas, del sufrimiento, de haberlo vigilado horas sin notar el más mínimo gesto en él...

- Eh... No, por suerte...

Penny se lanzó a su vez.

- Fue adorable el numerito que montasteis ambos en el pasillo. ¿Qué intentabais? ¿Matarnos a todos? Casi lo conseguís. Lo de acabar ambos desnudos ahí en medio creo que fue lo más espectacular.

Layla no había vuelto a pensar en aquello desde que ocurrió. Había protegido su mente de aquel suceso, temerosa de enfrentarse a los efectos sociales de algo tan bochornoso. Se ruborizó y trató de de buscar una explicación.

- Yo... Eh... Fue involuntario...

Alrededor de ellos, varios alumnos se estaban fijando en la conversación y Amanda supo que era el momento.

- No lo parecía Williams. Me sorprende verte fuera del correccional. Parece que a menos que os dejen en la cama de un hospital no hay manera de retirar a un criminal de la via pública. Y no digamos ya a una exhibicionista.

Layla tardó varios instantes en procesar esas palabras, pero cuando lo hizo todas las hormiguitas que poblaban su alma despertaron y en focaron a Amanda y Penny.

No... No... No... No... No... ¡Quietas!

Will se interpuso entre ambas.

- Ya basta, Amanda.

Amanda dirigió una mirada lánguida, de triunfo, hacia Will. Ahora ya sin tratar de disfrazarla. Varios alumnos observaban la escena preveiendo el desastre.

- No creo que estés en posición de exigir nada, Stronghold. No después de saber quien fue en realidad tu padre.

Layla notó que Will se ponía a temblar pero no se atrevió ni a hablar para calmarlo, a punto como estaba de perder ella misma el control. El agente Richmond observó el gesto de su custodiada y echó mano a la pistola con dardos calmantes que llevaba. Amanda lo percibió por el rabillo del ojo y sonrió con gesto de victoria. Era el momento de rematar socialmente a Layla Williams.

- Lo que no entiendo es cómo es posible que W...

En ese momento el contenido de una ponchera cayó sobre Amanda y su grupo con un escandaloso "choff". La ponchera en sí descendió hasta posarse sobre la cabeza de Amanda como un grotesco sombrero. La sorpresa barrió la furia en la mente de Layla. Will cogió su mano entonces.

- Layla, contrólate. Tu vigilante viene hacia aquí.

Layla respiró hondo y puso en marcha las técnicas aprendidas para doblegar sus poderes. Will vio por el rabillo del ojo que el agente Richmond dudaba un momento y después guardaba la pistola inyectora que había sacado.

Pennny, frente a ellos, abría y cerraba la boca como un pez mirando su traje arruinado goteando substancia pegajosa en mitad de un charco. Amanda se quitó de la cabeza el objeto que obstruía su visión y lo lanzó al suelo. El golpe resonó por todo el lugar. El currito que la acompaña se puso a reír a su lado sin poder contenerse. Los alumnos que aún no se habían percatado el incidente empezaron a volverse hacia la escena.

- ¡Cállate, Damon!- ordenó Amanda a su acompañante. Pero él era incapaz de dejar de reír.

- Creí que aunque me hubieses pagado para acompañarte me aburriría como una ostra. Me alegro de haberme equivocado.

Amanda se volvió hacia él y le chilló con tono histérico.

- ¿Pero qué dices, imbécil?

- Me temo que el suero de la verdad que volcaron en la ponchera está haciendo mella en tu acompañante, Amanda. No te enfades con él.

Alfred se había abierto paso hasta la escena junto con Ithma. Había hablado con calma, sin alzar la voz, pero todos notaron la amenaza que suponía. Amanda buscó entre el corro de ojos que les rodeaban al que había perpetrado ese incidente. Los ojos de Amanda se detuvieron sobre Rose, la acompañante de Magenta.

- ¡Tú! ¡Maldita lesbiana imbécil! ¡Has sido tú!

Magenta se situó frente a Rose y miró directamente a Amanda a los ojos.

- Intentabas que Layla perdiese el control. Ithma lo oyó todo y Rose lo ha evitado.

- ¡No deberíais estar aquí! No deberían haberos permitido entrar. ¡Diré que me has atacado! Diré que me has amenazado, diré que Will me ha amenazado y todos me creerán.

Rose cruzó los brazos sobre el pecho con gesto de satisfacción. El suero de la verdad también estaba afectando a Amanda.

- Yo no te creeré Amanda- dijo suavemente Ithma.

Amanda sonrió con autosuficiencia.

- Tú no eres más que una cotilla insufrible y Will es el hijo de un criminal. Diré que él me amenazó y que Layla lo animó a hacerlo y todos me creerán.

- Yo no te creeré- declaró Alfred.

- Yo no lo creo- sentenció Magenta.

- Ni yo- Ethan se situó junto a sus amigos.

- Ni de coña nos vamos a tragar esa bola, nena- Zach...

Ethan, Zach, Alfred, Ithma, Magenta, fueron posicionandose alrededor de Layla y Will.

- Creo que yo tampoco voy a creer dicha versión.

La sombra de la directora Power se materializó tras ellos con su pose clásica de "aquí van a rodar cabezas".

Amanda y Penny desaparecieron de la fiesta, animadas por un comité de disciplina. Ni Layla ni Will quisieron regodearse en la escena y se retiraron hacia otra zona del gimnasio. Habían sido demasiadas emociones para un reencuentro con la "normalidad". Magenta y su acompañante se acercaron a ellos.

- Ella es Rose. Es mi pareja, dentro y fuera de este baile.

Pareció una declaración de intenciones.

- Gracias por ayudarnos, Rose.

La chica miró a Layla y Will.

- Gracias a vosotros por procurarme una excusa para masacrar a esas dos imbéciles. Sé lo que significa que te provoquen hasta el descontrol.

- Espero que no te traiga consecuencias.

- Habrán valido al pena.

- Hemos ganado el premio a la mejor obra pictórica.

- Oh, eh... Felicidades- se apresuró Layla. Casi había olvidado las capacidades de Magenta para segar temas de conversación.

- De todas maneras, no tuvo mérito.

- ¿Por qué?

- Realicé una encuesta sobre los colores a usar, así me aseguré que una mayoría se mostrase favorable al ambiente creado.

Layla enarcó las cejas ante esas declaraciones y reprimió una risa.

- Eres increible, Magenta.

Fue Rose la que respondió a eso.

- Lo sé- dijo. Tomó a Magenta de la mano y ambas se dirigieron de nuevo a la pista de baile.

Will las observó alejarse con gesto admirativo.

- ¡¡Cielos!! ¡¡Eso sí es una chica guerrera!! ¡Vaya mujer!

- ¡Cuidado, Will! Tiene novia, y creo que me da más miedo Magenta que ella.

Will rió.

-¿Quieres que bailemos?

Layla asintió. Se cogieron de la mano y se abrieron paso entre los que ocupaban la pista.

Tras adoptar la postura reglamentaria se amoldaron a los acordes que sonaban. Layla adoptó un gesto serio.

- Cuando Amanda mencionó a Warren estuve a punto de perder el control.

- Lo sé. Tu vigilante ya tenía el inyector de calmantes en la mano. Habría sido un desastre que tu baile terminase así.

- No pude evitarlo. Cuando hablaron de Warren noté que... Está en el hospital y ni siquiera sé si se recuperará.

Will la interrumpió

- Se recuperará, estoy seguro. Es el tío más duro con el que me he encontrado. Sus choques con Rocaman habrían tumbado a un rinoceronte y él se levantaba. Cuando se recupere tú deberás estar esperándole, ¿entiendes?

Layla levantó la vista hacia él, sus ojos brillaban con lo que había sido un llanto frustrado.

- Will, ¿cuándo has aprendido a ser tan sabio?

- Lo sucedido me hizo pensar mucho. Yo te provoqué el ataque que hizo que se descontrolasen tus poderes y os metió a ti y a Warren en problemas. Al menos te debía lo de hoy.

- Yo tuve parte de la culpa de aquello. Entiendo por qué me dijsite todo aquello. Debería haberte explicado antes... Quiero que sepas que siento muchísimo haber dejado que todos creyesen algo que no era real. Tenía mucho miedo a decirlo en voz alta porque era como si yo fuese responsable de que nuestra historia no funcionase. Como si estuviese fallando yo...

- Te entiendo. A veces me da la sensación de que mi vida ya la han decidido otros, que otro escribe el guión que debo interpretar. Como un cuento...

- ... de hadas.

Will y Layla se miraron. Había una tristeza serena en los ojos del chico, sin reproches.

- Siento haber sido tan capullo y cegato Layla. No me di cuenta, tan preocupado como estaba por creerme mi propia historia. Pero al menos parece que nuestra alianza sí funciona.

- Yo creo que sí.

El chico desvió la mirada y su voz estuvo a punto de quebrarse.

- ¿Qué va a ser ahora de mí? ¿Voy a ser el hijo de un supervillano?

Había tristeza en sus palabras. Ya no era el chico que había sido, se había convertido en adulto de la manera más dura posible. Ya no había un padre que le guiase, ya no había blancos y negros en su vida, ya no había certezas.

- No lo sé Will, pero creo que tú decidirás tu destino en realidad. Has renunciado a la fama fácil que te hacía ser el hijo de El Capitán para hacer lo correcto. Hace falta valor para ello. Yo creo que eres un héroe auténtico por tus propios méritos.

Layla vio en los ojos de él que sus palabras le había calado muy hondo. Will la abrazó y ella hizo otro tanto.

Arropados por el refugio psicológico que habían formado no se percataron de que la gente había dejado de bailar alrededor de ellos a pesar de que la música seguía sonando. Los crecientes murmullos les hicieron alzar las miradas. Los alumnos se volvían hacia la entrada con expectación. Layla y Will trataron de discernir a su vez algo. Por un momento a Layla le pareció ver la figura de su madre junto a la puerta, pero la masa de alumnos se estaba desplazando y se interpuso en su campo de visión.

¿Mamá? ¿Qué haces aquí?

Se estaba abriendo un pasillo entre los presentes que acabó por confluir en Layla y Will. Por él caminaba un chico vestido con unos simples vaqueros y una camiseta negra. No había venido arreglado para la ocasión, ni si quiera se había tomado la molestia de pasar por una peluquería. Sus largos cabellos ocultaban parte de sus facciones. En aquel ambiente lleno de artificio y relamidos peinados resaltaba como un pájaro negro en un cielo despejado. Los presentes se apartaban a su paso dirigiéndole miradas de desconcierto. Parecía como si un depredador sin hambre se hubiese colado entre una bandada de vistosos pájaros de corral. Tal vez precisamente por ello, su figura irradiaba todo el peligroso poderío que había irradiado Warren Peace hacía ya tanto tiempo que a Layla le parecía una eternidad.

- ¡¡Stronghold!! ¡¡Aléjate de mi chica!!

Hubo una exclamación conjunta en el gimnasio cuando todos reconocieron su voz y con eso se despejaron las dudas definitivamente. Era Warren Peace.

Layla no fue capaz de reaccionar. Su mente no asimilaba aquella voz ni aquella figura. Había pasado demasiados días vigilándola en la cama de un hospital, observando su debilidad, como para asumir de repente que volvía a estar en pie. Fue Warren quien llegó hasta ella y le sonrió. Estaba un poco más delgado. Su cabello había crecido mucho y una cicatriz cruzaba sobre su ojo derecho, por suerte esquivándolo. Le hacía parecer mayor.

- ¿Warren?- murmuró Layla, dubitativa.

- ¿No te alegras de verme?- preguntó con suavidad y un cierto gesto de desconcierto. Cuando el reflejo de un fuego pareció arder el el fondo de sus pupilas las dudas se despejaron en Layla. La chica no fue capaz de contestar. Le echó los brazos al cuello y lo abrazó con fuerza. No quería llorar, no quería hacerlo, pero las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas sin que ella pudiese controlarlas. Warren la estrechó contra él y su voz salió en un susurro.

- Layla...

- ¿Qué haces aquí?

- Si te molesta mi presencia me voy- bromeó.

La chica se apartó de él y a sus sollozos se entremezcló una risa.

- ¡Estoy contenta, idiota! ¡Me alegro tanto de verte! No sabía cuando... No sabía si te recuperarías... Aún no entiendo cómo has...

Warren se adelantó a su pregunta.

- Esta mañana me metieron en el tanque de regeneración. Tu madre me ha traído.

- Así que esa era la emergencia que no podía contarme... ¡Tengo una madre increíble!

- Y ella tiene una hija increíble.

Acto seguido volvieron a abrazarse y las manos de ambos se aferraron al otro con avidez. Poco a poco, alrededor de ellos, empezaron a sonar aplausos. Primero tímidos, luego cada vez más enérgicos. Warren y Layla permanecieron en mitad de aquella ovación, reacios a soltar su presa. Cuando finalmente se apartaron Warren deslizó los dedos por las mejillas de Layla barriendo las lágrimas, pero la sonrisa de Layla irradiaba una felicidad tan deslumbrante que parecía hacerla brillar.

- Tengo la cabeza dura, Flower Power. No deberías haberte preocupado por mí.

Layla tocó la cicatriz de su frente.

- Ahora ya podrás impresionar a la chicas todo lo que quieras con esto en la cara.

- Creo que por el momento, sólo tengo a una en mente.

Warren besó la mejilla que acababa de acariciar. Hubo "oooooohs" entre los que observaban la escena. Alguien gritó entre los presentes "¡Vaya mierda de beso, Warren! Yo puedo hacerlo mejor".

Warren no pudo evitar sonreír.

- Creo que ese imbécil tiene razón.

Acto seguido, se inclinó sobre Layla con la intención de besarla, pero ella se le adelantó. Los aplausos retomaron en intensidad y fueron coronados por silbidos de entusiasmo. El beso duró una eternidad, más que los aplausos que lo secundaron.

Will observaba el reencuentro con una sonrisa en la cara y una mirada melancólica en los ojos. Como si pudiese sentir esa mirada, Warren se volvió hacia él, soltó a Layla y su gesto adusto pareció suavizarse por un instante.

- Stronghold...

- Me alegro de que te hayas recuperado, Peace- dijo Will.

- Te debo una, Stronghold. No lo olvidaré-. Su voz sonó suave, casi dulce, en contraposición al agresivo tono irónico que solía usar.

Will se encogió de hombros restándole importancia.

- Si no os importa voy a beber algo, necesito descansar un poco.

Will se metió entre la gente rumbo a la mesa de las bebidas. Terry surgió a su lado de repente y se aferró a su brazo.

- ¿Te puedo acompañar?

- ¿Y tu pareja?

- Somos impares, yo he elegido venir sola.

- ¿Y eso?

- Porque no sabía a quien escoger. La directora Powers me lo permitió.

A mitad de camino un héroe de segundo interpeló a Will.

- Stronghold, vi las imágenes de tu combate contra el robot. ¡Increíble, tío!

- Eh... Gracias...

En la pista de baile, la música inició un nuevo tema, rock gótico en forma de balada de Evanescence, y Layla enlazó sus brazos alrededor del cuello de Warren, satisfecha con el cambio de pareja que había sufrido.

- Layla, no quiero estropear el momento pero soy un desastre bailando.

- ¿En serio?

- Sí. Creo que nunca he bailado agarrado a una chica.

- No importa. No es más que una excusa para poder abrazarse en público. Puedes estarte quieto mientras me abraces simplemente.

- Me gusta la idea.

Warren posó las manos en el hueco de la espalda de ella y siguió con rigidez sus movimientos. Pero a los pocos instantes sus manos se amoldaron a las curvas de Layla y fue capaz de acompañarla con cierta soltura. La música los envolvió alejándolos de lo que era o no era real y el mundo pareció quedar muy lejos de ellos dos, de aquel momento.

- ¿Sabes qué fue lo primero que pense cuando recuperé la conciencia?

- No lo sé.

- Que quería verte.

Warren le dedicó una mirada tan intensa que pareció por un momento que el fuego que albergaba la envolvería, pero la voz que usó fue un susurro casi suplicante. Layla sintió que se le erizaba el vello de la espalda cuando él deslizó sus manos por ella hacia los omoplatos. Sonrió y un leve rubor tiñó sus mejillas.

- Yo también te he echado mucho de menos todo este tiempo. Ha sido duro... Además he tenido que aprender a controlar mis poderes desbocados sin ti, y eso ha sido muy difícil.

- Difícil, ¿por qué?

Layla buscó las palabras durante unos instantes.

- Cuando mis poderes me desbordaron... Creo que eras el único capaz de hacerme volver. Oir tu voz en mitad de aquello fue como la luz en mitad de la oscuridad. Oía todo, pero era como muy lejano. Nada lograba engancharme para hacerme volver, tú lo hiciste.

- Eso es todo un halago, Flower Power.

- No, es sólo la verdad. Tengo a un vigilante armado cerca. Se me considera peligrosa. ¿Aún quieres estar conmigo?

- Creo que querré verte cada día durante el resto de mi vida.

- Puede que luego cambies de opinión- susurró Layla y enarcó las cejas en un gracioso gesto.

- No puedo saber qué sentiré mañana, pero ahora mismo lo que quiero es estar contigo siempre, al menos de momento.

Layla sonrió...

- Para siempre de momento... Nunca oí de ningún cuento de hadas que acabase con un "para siempre de momento".

- Eso es porque somos nosotros quienes escribimos esta historia.

Layla sonrió, y toda ella pareció brillar con ese gesto.

- Entonces acabemos esta historia como se supone que ha de acabar un cuento.

Layla se acercó para besarlo, pero el atrasó un instante el momento, el suficiente para susurrarle "Prefiero considerar que esto es en realidad un comienzo".

Layla y Warren se fundieron en un segundo beso aún más apasionado que el anterior mientras los poderosos arpegios del estribillo se adueñaban del lugar.


Pues al final sí que hubo problemas técnicos. Pero al menos he podido subir el último capítulo. Mi dichosa web sigue sin querer arrancar, a ver si funciona de una vez para poner a disposición de la red todo lo que he de poner a disposición de la red (vaya redundancia).

Bueno, creo que eso es todo pero he decidido, tras arduas deliberaciones conmigo misma, que voy a seguir escribiendo fics.

Me he dicho: "migomisma, esto de escribir cosas que la gente disfruta es muy gratificante, por qué no sigues haciéndolo?"; me he contestado: "nooo, no tengo tiempo, pero puede que si me organizo pueda seguir haciéndolo". Y he concluido: "vale, pos a escribir fics, que mola mazo". Total, que la discusión conmigo misma ha durado unos treinta segundos.

Decidido, en vista de lo gratificante que resulta, sacaré tiempo para seguir escribiendo fics. Aún no he decidido de qué será el siguiente, así que podéis sugerírmelo. Tenéis mi mail en mi ficha personal. Yo necesitaré una temporadita de descanso para mí, pero después volveré a escribir para quien lo disfrute (habiendo tenido en cuenta las sugerencias recibidas). Hasta entonces, un abrazo y buena suerte a todos.