Autor: Hikari Nightroad Ryu
Fecha: 26 de diciembre de 2009
CAPITULO VEINTICINCO
Los labios de ambos se movían a un solo ritmo pero en diferentes direcciones para profundizar el beso, el viento mecía tenuemente sus cabellos mientras las manos de Inuyasha vagaban por la espalda de Kagome. Sus cuerpo se pegaban más conforme pasaban los segundos, como queriendo eliminar cualquier distancia entre ellos. Sus respiraciones se fueron tornando más agitadas, se separaron levemente para comenzar a reír en voz baja.
-Creo que no es el momento – comentó el peliplateado entre dientes pero sintiendo la presión y el calor en su entrepierna, a eso había que agregarle que su corazón estaba loco por la felicidad de saber que la mayor parte de ese resentimiento entre ellos había desaparecido lentamente, aún había que arreglar algunas cosas pero por el momento tendrían que seguir como hasta ahora.
Por su parte la chica atinó a pegar la frente a su pecho mientras apretaba sus delicadas manos en la cintura de él, movía las piernas de un lado a otro con disimulo puesto que todo su ser había reaccionado a ese sentimiento que mantenía muy dentro de su corazón y que ahora parecía reclamar su salida de ese lugar oscuro.
-Supongo que no- aunque todo su cuerpo gritaba por hacer lo contrario a lo que su mente y boca decían, no pudo crear mayor motivo. Inuyasha enarcó una ceja al ver el estado en el que se encontraba su pequeña joya y tuvo que tragarse el gemido de placer que salió de su ser al verla de esa forma, definitivamente iba a necesitar una ducha de agua helada, mejor si estaba congelada porque aquello sería difícil de controlar a voluntad. Estar lejos de ella, ya era un castigo enorme, aumentado con la desaparición de su hijo.
-Vaya… quién lo diría – una risa ligera y burlesca mano de la boca del chico que la veía de forma arrogante, orgulloso de sí mismo por saberse aún el único capaz de producir en ella esa reacción.
-Con un solo beso, soy capaz de encenderte… eso es un punto a mi favor – sonrió de lado y socarronamente pero en ese momento, los ojos de Kagome se abrieron y se soltó del abrazo para propinarle un fuerte puñetazo en el brazo mientras se alejaba y cruzaba los brazos sobre el pecho, estaba molesta y eso era lo que más podía temer Inuyasha.
-¡Kuso! Si que tienes fuerza mujer – bramó adolorido mientras se sobaba el área adolorida, al tiempo que su sentido del oído reaccionaba ante las palabras tan hermosas que la chica frente suyo murmuraba sin quitarle la vida, enarco la ceja derecha e inflo las mejillas, vaya que Kagome podía usar un léxico bastante amplio cuando de maldecir a una persona se refería.
-No tienes mucho de donde defenderte baka
-¿Cómo que no? – contrarrestó el chico al comprender las palabras de la pelinegra.
-Tengo mucha más fuerza de voluntad que tú, por eso aún estamos aquí – su ego se hinchó al ver que la chica no contestaba su acotación pero todo se vino abajo al ver la enorme sonrisa de la chica, esto lo descolocó completamente pues no comprendía la diversión de aquella pelea verbal.
-Yo no creo que tu fiel vasallo opine lo mismo que tu enorme orgullo idiota – le respondió con arrogancia mientras le señalaba el bulto en su entrepierna que aún estaba palpitante y exigente de estar con la chica, el peliplateado se cubrió rápidamente la parte señalada y sus mejillas se tiñeron de un rojo vivo mientras pasaba una mano por su cara y maldecía a su cuerpo por traicionarlo de semejante manera frente a ella.
-Oh vamos… Inu… sabes que no es la primera vez que te veo así – y con esto una fuerte y sonora carcajada salió de lo más profundo de su ser, riéndose como hacía tiempo no lo hacía; él por su parte estaba en pleno berrinche monumental, tal para dejar grabado para la posteridad; tenía que encontrar una cámara, lo guardaría de recuerdo pero fue esto mismo lo que la hizo volver a ponerse sería y pálido. Aquello había sido como un baldazo de agua fría. Eran exactos, iguales, con algunas ligeras diferencias pero eran como dos gotas de agua y fue cuando su consciente le recordó que ese pequeño niño, fruto de ambos, seguía desaparecido.
El chico notó el cambio en ella y comprendió porque había sucedido la transfiguración de su rostro, rió triste y quedamente al tiempo que pasaba las manos por entre sus sedosos y largos cabellos, odiaba verla en ese estado y se sentía aún mas impotente por no poder encontrarlo y devolverles a todos la felicidad pérdida, especialmente la suya.
-Él está bien, ya lo verás, no te preocupes por eso… después de todo… es un Taisho ¿no? – no quería aceptarlo pero tenía razón, seguía siendo su hijo y por ende, poseía toda la terquedad e inteligencia de la familia de su padre, además sabía que tenía seres celestiales protegiéndolo y que no permitirían que nada malo le ocurriese. Sintió como sus puños apretados eran besados delicadamente y bajo la mirada para notar como Inuyasha se las besaba con devoción para relajarlas y entrelazar sus manos con las de ella.
-Ven, vamos a descansar, mañana será otro día – entraron al dormitorio de la chica que ahora ocupaban ambos y optaron por cambiarse de ropa para poder dormir aunque se aun poco, realmente lo necesitaban, ya llevaban cerca de tres semanas desde el secuestro de su hijo y ahora relajar la mente y el cuerpo les serían de buena ayuda para proseguir con su búsqueda.
-Miroku – llamó levemente la castaña, el aludido se giró y le sonrió como si nada hubiese ocurrido, aquella imagen removió todo en el interior de la muchacha mientras guardaba la compostura y observaba fijamente al hombre frente a ella.
-Cuéntame sobre ti – al escuchar aquellas palabras no pudo evitar trastabillar, Sango corrió para sujetarlo y así evitarle la caída. Se quedo meditabundo por algunos segundos que se hicieron eternos para la chica, sus ojos no dejaban de analizar cada forma y movimiento de él, quería saberlo todo de él pero temía que con eso removiera quizás alguna vieja herida.
El chico le sonrió abiertamente y asintió ligeramente, mentalmente le pidió disculpas ya que no le podría contar la parte más importante de su vida para mantenerla lejos del peligro y a salvo. No le gustaba mentir pero había aprendido con el paso del tiempo y las diferentes y difíciles situaciones que paso que tendría que ser así si quería que las personas a su lado siguieran con vida.
La hizo sentarse en la silla que poseía el balcón de la habitación, se sentó frente a ella y comenzó a contarle la misma historia que Suoten les hubiera contado anteriormente a los demás. No habrían pasado más de veinte minutos cuando la puerta del cuarto fue tocada levemente pero con autoridad, el pelinegro enarcó una ceja y Sango ahogó una risilla al tiempo que le señalaba para que fuera a abrir la puerta.
-Es Sesshoumaru – le respondió a la pregunta mental del joven.
-¿Qué no sabe tocar de otra manera? – se levantó y abrió la puerta, ambos se recorrieron con la vista y el peliplateado dejo escapar un bufido.
-Dámelo, ya debo retirarme – ambos quedaron en silencio completo sin comprender las palabras que había proferido el chico. Se vieron entre sí y nuevamente a un impaciente Taisho. Sango comprendió que la situación estaba poniendo incómodo al mayor y realmente no tenía intención de oírlo en su molestia.
-El abrigo Miroku
-¿Qué con él? – la castaña abrió los ojos por la ingenuidad del chico y respiró para poder controlar la risa que estaba por desatar.
-Es de él
-Pero si se lo quite a Inuyasha – se intentó defender pero un bramido de parte del ahora ignorado Sesshoumaru los hizo callar.
-Y el muy idiota de mi hermano me lo quito a mí, ahora dámelo – antes de que el próximo pudiera desatarse, se retiro el objeto de aquella extraña discusión y se lo entrego, se quedaron callados mientras lo tomaba y salía del cuarto dando un ligero portazo que los hizo dar un respingo por el susto, definitivamente todos los Taisho y Higurashi tenían esa habilidad. Pero fue en ese momento cuando Miroku sintió la crueldad del frío de Tonkeda abrazarle lentamente.
-¿Pero qué le pasa? ¿Siempre es así de amargado?
-Pues no, solamente con los que no son de su familia
-¡Pero si así se comporta con Inuyasha!
-Lo sé pero así se demuestran ellos el cariño que se tienen – le sonrió mientras se sentaba nuevamente pero ahora en la cama que ocupaba el chico. Miroku se acomodó en el sofá al frente y sonrió de lado al ver lo hermosa que llegaba a ser la chica, definitivamente todo un diamante.
-Al menos se aman y creo que debemos de agradecerlo – el comentario a pesar de haber sido sarcástico por parte del pelinegro, fue más uno cómico para la castaña que comenzó a reír abiertamente y como, aunque él no lo supiera, en mucho tiempo no lo hacía.
Sesshoumaru finalmente llegó a la vivienda Taisho, una caliente y humeante taza de café ya le hacía la espera en el recibidor, le medio sonrió haciendo un gesto con la cabeza para agradecerle pues con Kaede en la otra casa, él se había quedado encargado de todos los encargos.
-¿Y Kagura?
-Yo muy bien gracias, mejorando de la artritis y pasando este cruel frío, gracias por preguntar – cualquier muestra de una ligera sonrisa se borró inmediatamente de su rostro tras el comentario del anciano que aún pensaba en si había dicho algo que no debía pero el peliplateado optó por tomar la taza, negar rotundamente con la cabeza mientras subía las escaleras para poder llegar al cuarto y descansar un poco.
Detuvo sus pasos frente a la puerta medio abierta del cuarto de su hija y con cautela, temiendo un poco, la abrió, sus dorados ojos recorrieron el lugar y soltó un ligero suspiro de alivio al ver a la pequeña durmiendo plácidamente, su rostro se suavizo cuando notó a la mujer que le acariciaba lentamente el rostro y tarareaba una canción para mantenerla dormida.
-No creo que quieras que las piernas se te duerman – bromeó delicadamente la pelinegra, sabía que con Sesshoumaru se debían de hacer bien las bromas o el hombre se las tomaría por el lado que no debía y podrían darse las ligeras peleas que todo el tiempo ella ganaba. El aludido enarcó una ceja pero camino a paso calmo hasta donde se encontraba y se sentó tras ella sin dejar de ver a Rin que dormía tranquilamente y con una sonrisa en su rostro.
Sintió como las tibias manos de Kagura le recorrían la espalda y el rostro de la chica reposaba en su torso, se sentó entre sus piernas y escucho el leve suspiro proveniente de la pelinegra y como ésta parecía buscar refugio entre sus brazos.
-¿Qué ocurre nena? – Kagura medio se mordió los labios pero prefirió hablar, sabía que tenía que ser así ya que él no era de andarse con rodeos y no quería preocuparlo más de la cuenta.
-Es solo que trate de imaginarme estar en la misma situación de Kagome – se quedo callado, observando a su hija y de pronto sintió un fuerte golpe en el estómago, comprendía perfectamente a que se refería su esposa, él mismo ya lo había hecho para poder comprender a su hermano. La pequeña apenas e hizo un movimiento por el sueño y un remolino de sensaciones los embargo a los dos, se abrazaron más fuertemente como buscando apoyo en el otro y optaron, en mutuo acuerdo mental, salir del cuarto para dejarla descansar.
Cerró lentamente la puerta del cuarto de su hija y se quedo observando hacia la nada en el oscuro y solitario pasillo de lo que alguna vez fuera su hogar, los recuerdos se hicieron dolorosos al imaginarse el sentimiento de su hermano, los de sus padres si estuvieran vivos y por sobre todo, su propia ilusión que parecía disfrutar de su agonizante tristeza, lo había visto solo algunas ocasiones pero no por eso le era indiferente, era parte de su familia, hijo de su hermano y por ende su sobrino, podía ser todo lo frío que dijeran pero ese pequeño era parte de ellos y había ya tenía la idea de compartir tiempo con él y conocerlo.
El miedo parecía ahora ser su mayor amigo y aliado, el tiempo su enemigo y su mente su verdugo, no podía siquiera imaginar lo que estaría pasando su hermano. No era de las personas religiosas, no tenía una y no deseaba tampoco inclinarse por alguna pero en esos momentos realmente suplico al cielo porque alguien cuidará de su familia y de ese niño que sufría en algún lugar del mundo. Se levanto de la puerta y se encamino hacia su habitación, abrió la puerta y todo recuerdo o siquiera mala sensación que hubiera podido tener fue borrada casi instantáneamente.
Diferentes imágenes y recuerdos agolparon su mente e hicieron reaccionar a su cuerpo, deseaba no pensar más allá de lo evidente pero se había estado limitando mucho en las últimas semanas por lo del secuestro, había dejado de lado su parte emocional para hacer resaltar a la racional y que con ella pudieran avanzar mucho más en la investigación pero seguía siendo un humano con necesidades y sentimientos. Nadie podía culparlo de evocar a su mente alocadas situaciones si frente a él se encontraba su esposa con nada más que un camisón blanco de seda y con bordes negros.
La silueta de su mujer se ajustaba perfectamente en ese encantador vestido, haciéndola lucir mucho más hermosa de lo que siempre ha sido, su cuerpo estaba tembloroso por la fascinación, inquieto por las sensaciones y aún más, rígido por el remolino de ideas que afloraban a su favor y el de ella, sabía que tal vez no era el momento pero no lo podía evitar, la amaba y adoraba hacerla suya. Subió la mirada, mientras saboreaba cada curva de su cuerpo, enarco una ceja al ver su cabello suelto y eso lo termino de prender.
Emitió un ligero gruñido que hizo detener de sus actividades a la chica frente a él, se giró para comprender que había sido el causante para semejante sonido que aunque no pareciera, acababa de hacerla reaccionar inconscientemente. Las miradas de ambos se detuvieron en el otro y miles de sensaciones envolvieron sus cuerpos y mentes; deseo, anhelo y sobretodo curiosidad.
-¿Qué ocurre amor? – él no dijo nada sin embargo, se acercó a ella de manera sigilosa como el depredador acechando a su presa, la obligo solo con los pasos a caer sentada en la cama y con lentitud la fue recostando, dejando que el peso de su cuerpo lo hiciera. Metiendo particularmente su rodilla entre las piernas de ella para abrirse paso, olisqueó su cuello con pasión y sonrió de lado al ver que ella realmente respondía a todos sus movimientos tal y como lo esperaba.
-¿Qué te parece si jugamos un poco? – Kagura abrió los ojos y se arqueó al sentir como él se acomodaba mejor entre sus piernas y encajaba los sexos, dándole una ligera embestida para provocarla aún más. La chica sonrió maravillada y agradecida porque él se hubiera fijado precisamente en ella, cuando había miles que eran mejor que ella. Le acarició el cabello mientras sus piernas buscaban el roce con las de él, se volvió a arquear mientras cerraba los ojos y dejaba que el amor que sentía el uno por el otro fluyera libremente. Definitivamente Sesshoumaru era la mezcla perfecta entre un esposo tierno y un amante apasionado.
-Así que… al final el pervertido si tiene corazón – musitó Kouga mientras comía una galleta y Ayame le daba un ligero golpe en la mano para que les dejara a los demás y así evitar una posible guerra ridícula.
-Siempre lo ha tenido… es solo que sus acciones no ayudan a verlo – le defendió Suoten con firmeza mientras Shippou no podía quitarle la mirada de encima, era realmente una persona admirable; aun a pesar de todo lo que había ocurrido, se mantenía optimista ante todo. No negaría que tenía sus momentos de flaqueza pero era normal. Sus mejillas adquirieron prontamente un color rojizo al notar como la mirada de la chica se posaba precisamente sobre él.
A diferencia de él, ella no comprendía porque repentinamente había quitado su rostro y ahora parecía más interesado en ver la nieve fuera. Para nadie pasaron desapercibidos los gestos y miradas de los más jóvenes, así que en acuerdo mental, optaron por dirigirse a diferentes partes de la casa y realizar sus labores, dejándoles con esto un tiempo para ellos solos, tal vez y podían hacer que notaran el sentimiento del otro en ese período.
El castaño al notarse solo con ella, jugó un poco con sus dedos y observó hacia la nada, sabía que no había hecho adrede la oportunidad y tampoco pensaba en desperdiciarla. La observo por el reflejo de la ventana y tomo aire profundamente, se giro y le sonrió; por ahora lo más importante era conservar su amistad hasta que todo terminará y de ahí, ya vería si pedía ayuda para intentar algo más con la chica.
-Kouga quiero preguntarte algo- el aludido se giró en el vestíbulo pues tenía que regresar a su hogar, la noche ya se había hecho presente y el ambiente era tenebroso como para estar rondando las calles solitarias de Tonkeda.
-¿Por qué me defendiste de los policías? – el pelinegro parpadeó un par de veces sin comprender el punto, no sentía que hubiera hecho algo malo con defenderla o ¿sí?
-¿Y por qué no? – seguía sin comprender el motivo de que pareciera estar tan molesta, se quedo pensativo por algunos momentos y se quedo viendo fijamente a la chica, esta estaba cruzada de brazos y con un ligero movimiento en su pie derecho. La pelirroja se recostó en el marco de la puerta principal al tiempo que ladeaba el rostro hacia ningún lado.
-Se que cuidarme sola
-Lo sé, jamás lo negaría – le sonrió sinceramente y colocó frente a ella, le tomó el mentón y la hizo que girara a verlo. Ella sintió un ligero estremecimiento cuando sus miradas chocaron, bajo la vista levemente y trago en seco, no había tenido la oportunidad de estar tan cerca de su mirada como lo acababa de hacer. Se molesto consigo misma por estar pensando en lo que era mantenerse bajo la cálida protección de sus brazos. Pero todo fue malinterpretado por el chico, por lo cual la soltó y se alejo de ella sutilmente.
-Vamos, no te molestes, no era mi intención hacerte sentir de esa manera – pero a pesar de haberlo tomado mal, esto solo ayudo a acrecentar el deseo oculto de la ojiverde de querer estar entre sus brazos, especialmente ahora que sentía la falta de su calor corporal.
Pero siendo quien era, Kouga no era de los que callaban sus sentimientos, así que ensanchó la sonrisa la comprender el brillo especial en los ojos de la chica. Sabía por muy buenas enseñanzas que a veces había que hacer locuras para que el corazón fuera feliz y que muy rara vez éste fallaba en sus presentimientos. Se acercó peligrosamente a la chica que al darse cuenta de la situación, ya estaba encerrada entre la pared externa y su fuerte cuerpo, su respiración se agitó y su corazón latía tan rápidamente que creyó, le daría un infarto.
El pelinegro bajo la mirada y la sostuvo a ras de la de ella, rió de lado y para felicidad de ambos, encajó su boca con la de ella, movió delicadamente los labios para iniciar un suave baile entre sus bocas, aunque al principio parecía que no estaba respondiendo, sabía que lo haría pronto ya que su cuerpo estaba temblando por la emoción, así que continuó hasta que sintió el calor de los labios de ella moverse con elegancia y sutileza sobre los suyos.
Siete meses habían pasado desde que todos se habían conocido; suficientes para que nuevos sentimientos nacieran, surgieran y renacieran. La situación a pesar de que era demasiado sombría, creó alicientes para todo surgiera.
La mañana recién comenzaba, no pasaban de las seis de la mañana cuando ya todos se estaban moviendo para continuar con la búsqueda de Ian. Sobre el mullido sofá del cuarto de Sesshoumaru, reposaba su gabardina, la cual contenía aquello que sería la mayor ayuda que les pudieran proveer pero al parecer, nadie se había dado por enterado de su presencia.
-Amor… ¿Usarás la gabardina el día de hoy? – el aludido negó sonriente y tomó una chaqueta de color blanco hueso, se la colocó y salió del cuarto para poder ir al rancho Higurashi y hablar con el detective para ver si podía tal vez con ayuda de sus contactos, obtener aún mejores resultados que dieran con el paradero del pequeño.
Al salir de la habitación, Kagura tomó la vestimenta y la colocó dentro del armario, se desperezó y observó el cielo, realmente pedía porque algo o alguien les ayudará porque ya hasta ella misma estaba desesperada por la ausencia del niño, no quería ni imaginar cual sería el dolor y sufrimiento de Kagome, debía de aceptar que esa chica tenía mucha fuerza de voluntad.
Por su parte, Kohaku se encontraba sentado en una de las raíces de los tenebrosos árboles nevados en el medio del bosque, arrojó una piedra por entre la vereda y suspiro pesadamente, realmente quería que encontraran la ayuda que les había podido brindar, pero sabía que si para dentro de cuatro días no había ningún movimiento de ellos para rescatarlos, tendría que actuar él personalmente y liberarlos aunque eso pudiera tener un gran sacrificio para su persona.
-Espero que todo funcione o esto se volverá realmente peligroso – se levantó y sacudió sus ropajes, sabía que Naraku estaba demasiado confiado pero tampoco él podía hacer lo mismo, iba a ayudarles, costara lo que costara. Tomó nuevamente la comida que había llevado consigo y sus pasos lentos fueron lo único que rompieron el siniestro silencio que se cernía sobre aquel lugar abandonado y con un gran secreto dentro.
Al fin y luego de mucho pero ya logré terminar este capítulo y vaya que me llevo tiempo, no es que no quisiera pero creo que perdí la inspiración por un tiempo, así que me redimo de esta manera, espero poder compensarlos como se debe, ya estoy trabajando en el siguiente pero no estoy segura de cuando lo subiré, solo aclararé que no abandonaré esta historia, es una de las primeras en este fandom y hasta no acabar no estaré tranquila.
Quiero agradecerles a todos por leer este fic a pesar de sus atrasos constantes pero me gusta compensarlos con largos capítulos, este va especialmente dedicado a mi prima porque sin ella, no hubiera podido ponerle los párrafos finales y es que siempre esta echándome porras con esto de la escritura, realmente me ha hecho apasionarme por esto y a mi queridísimo novio por tan hermoso detalle al dejarme su review y darle la inspiración cuando creo que se me acaba.
Espero poder subir el siguiente pronto y no atrasarlos más, nos leemos en el siguiente capítulo. Matta ne!
