CAPÍTULO 25.- "PIEZAS DEL ROMPECABEZAS"
El sonido de mis botas pisando fragmentos de nieve, la brisa helada que atravesaba mi pantalón, y la mano de Neru sosteniendo la mía... Era todo lo que me acompañaba esa noche mientras volvía a mi apartamento.
No hablamos después de besarnos, no dijimos absolutamente nada. A veces no había necesidad de expresarse con palabras y en ese tipo de situaciones lo mejor era callar hasta que las ideas estuvieran claras.
Nos detuvimos frente a mi puerta y dudé unos segundos en entrar.
—Aquí es donde nos despedimos —dijo Neru, saqué mi llave y abrí la puerta.
—¿No quiere pasar? —Él sonrió pero negó con su cabeza— Está bien —sentí pena de mí misma.
—Necesitas descansar, has tenido un día pesado después de todo.
—Usted no debería andar tan deliberadamente por las calles nocturnas. Es hijo de un señor feudal, una presa valiosa para cualquier bandido.
—Es cierto —metió sus manos en los bolsillos de su pantalón—, sin embargo este pueblo es tranquilo. Por el momento no deberé preocuparme, además —se inclinó hacia mí—, tuve entrenamiento también y antes de que intenten secuestrarme podría romper unos cuantos huesos.
—Tal vez yo debí acompañarlo a usted a su... —Me quedé pensando en dónde se estaba quedando Neru, pues ni siquiera lo sabía.
—Es un departamento pequeño y discreto —complementó y me sobó la cabeza como si se tratara de un dueño acariciando a su cachorro—. Estaré bien, y por favor deja de hablarme de usted, no soy un anciano.
Sonreí y oculté mi mirada de la suya, luego bajó su mano hasta mi mejilla y la apretó.
—¡Ay!
Sonrió ampliamente.
—Quien sea el tipo que esté en tu corazón, ya deberías decirle que se marche porque otro inquilino desea habitar allí.
Me dio un beso en la mejilla, se dio la media vuelta y se fue dando pasos muy despreocupados. Envidiaba esa seguridad tan factible que proyectaba con sus acciones.
Sabía que me había metido en otro problema y estaba jugando con fuego. El simple hecho de recordar la descabellada solicitud que le hice a Neru hacía que me ardiera el estómago; pero por otra parte me sentía extrañamente tranquila.
Ingresé al apartamento y lo primero que hice fue despojarme de mi chamarra y bufanda, luego de mis botas. Arrojé mi bolso a un lado y estaba por quitarme la liga de mi cabello cuando vi la bandana de Sasuke brillando por el reflejo de la luz, allí sobre la mesita con un incienso consumido en un lado.
Un sentimiento de molestia empezó a brotar dentro de mí, el sólo recordar mis lágrimas -¡mis montones de lágrimas derramadas!- hacía que me hirviera la sangre. Allí quieto estaba el protector, como si me observara y se burlara de mí por lo ingenua y estúpida que había sido.
Me acerqué y lo tomé de un jalón para arrojarlo contra el suelo con furia, pero al último momento desistí y sólo se resbaló de mis dedos. Si lo hubiera estrellado con mi enojo seguramente se hubiese hecho trizas.
Lo levanté del suelo, me dirigí hacia la puerta y la abrí, luego lo lancé muy lejos de mi apartamento, ya no quería ver ese objeto jamás pues sólo me haría daño y ya estaba demasiado devastada para soportar algo más.
Pasaron dos días entonces. Mientras llenaba unos reportes para entregar al director del hospital, me atravesó ese horrible dolor de cabeza. No pude hacer otra cosa si no apretarme la frente con ambas manos para soportar el dolor. Mi visión se volvió borrosa y me temblaron las piernas.
Como pude me levanté de mi asiento y salí del consultorio para buscar ayuda. En el camino me encontré con un enfermero y fue él quien rápidamente me llevó con el otro médico para atender mi espantosa molestia.
Tras una serie de exámenes, análisis y medicina para el dolor, poco a poco me sentí mejor. Estaba sentada en una silla de otro consultorio con mi cabeza apoyada a la pared. En mis manos todavía tenía el té de crisantemos que el señor Hashiro me llevó, aunque dijo que si no funcionaba tal vez debería dejarlo, pero yo me rehusaba a cambiarlo por el café.
—Doctora Sakura, sus resultados estarán listos mañana temprano.
—Sí, gracias —di el último sorbo a mi té—. Creo que debería volver, puede haber pacientes esperándome.
—Yo me haré cargo de los enfermos, usted debería ir con el paciente que llegó herido de gravedad.
—¿Todavía está inconsciente?
Negó con su cabeza.
—Despertó esta madrugada. Está muy desorientado y todavía se encuentra débil, el medicamento lo tiene un poco confundido pero hemos aplicado una dosis menos fuerte.
—Entonces iré a verlo.
Recorrí los pasillos sin prisa, todavía me estaba reponiendo de mi dolencia. Sin embargo, de reojo vi a dos enfermeras cuchichearse algo cuando me vieron pasar; fingí que ni siquiera lo noté.
Llegué hasta la habitación y deslicé la puerta. Detrás de la cortina que dividía la habitación, estaba el hombre acostado sobre la cama ya sin la mascarilla de oxígeno pero con agujas clavadas en ambos brazos. Sus ojos se desviaron hacia mí, pude ver que eran verdes y hacían contraste con su piel morena.
—Buenos días —me acerqué despacio— ¿cómo se siente?
Cerró los ojos un momento.
—¿Cómo debería sentirme? —Soltó con un tono sereno— Supongo que estoy fuera de peligro.
—Sí, pero todavía no se ha recuperado por completo.
Agarré el expediente donde los enfermeros en turno anotaban los avances en la salud del paciente. En su registro todavía aparecía la leyenda "Paciente no identificado".
—¿Cuánto tiempo más estaré aquí?
—Todo depende de su mejoría y lo bien que trabaje la medicina. La herida fue profunda y tardamos mucho en sellarla, todavía está sensible a movimientos bruscos.
Se me quedó viendo en un punto fijo casi entrecerrando sus ojos para distinguir bien. Pronto noté que estaba viendo mi gafete.
—Así que estoy en el País del Fuego —echó la cabeza para atrás y dio una sonrisa torcida—. Finalmente llegué —masculló.
—De modo que sus intenciones eran llegar a este país —me senté en la silla que estaba junto a su cama.
—¿Aquí es Konoha? —Parecía tener muchas preguntas.
—No, aquí es Suri.
Hizo un gesto de molestia y suspiró.
—¿Podría decirme qué fue lo que sucedió? No me explico cómo es que usted terminó herido cerca de esta aldea si no pertenece a esta nación.
—Por lo visto está enterada que soy extranjero —volvió a mirarme con sus ojos verdes—. No sé si pueda confiar en usted.
—Tenga la certeza de que todo será confidencial. Es parte de mi secreto de profesión como doctora.
La puerta se abrió pero no pude ver quién entró a la habitación porque la cortina lo impedía, hasta que la presencia de Neru se posó frente a ambos. La expresión del rostro del hijo del señor Feudal no se hizo esperar y sonrió orgulloso cruzándose de brazos.
—Mírate cabeza hueca, otra vez me diste un susto de muerte.
—¡Neru! —El moreno le devolvió el gesto.
—Buenos días Sakura —me saludó e hizo una leve reverencia, yo sólo moví mi cabeza—. ¿Dormiste bien?
—Sí, ya estoy bien.
—¿Eh? ¿Qué? —Kamus nos miró confundido— No me digas que es tu novia.
Mi cara empezó a arder y Neru sólo optó por reírse.
—Somos ami-
—Es mi chica —Neru pasó un brazo por mis hombros y pegó mi cabeza a su costado—, a que es linda ¿verdad, Kamus?
—Claro. No sé por qué dudé si has tenido como cinco novias desde que éramos niños.
Alcé una ceja y miré a Neru, éste estaba más pálido de lo habitual y negaba con sus manos.
—¡Sólo han sido cuatro! —Le exclamó— Bueno, con Sakura son cinco pero...
Aparté su mano de mis hombros y me levanté de la silla para caminar hacia el otro lado de la cama.
—No soy la quinta —dije— sólo somos amigos —antes de que Neru hablara otra vez continué con lo mío—. Pero no estoy aquí para hablar de mi vida amorosa ni nada de eso, quiero saber qué fue lo que le sucedió a usted para ser herido de gravedad
Kamus miró hacia el techo y se quedó observándolo como si eso le trajera de regreso sus recuerdos. El sonido de la máquina que administraba el medicamento era lo único que se escuchaba en esos momentos de incertidumbre.
Luego, por fin se atrevió a relatar los hechos.
—Soy del País de la Miel, de la aldea de Cristal. Hijo del señor Feudal de aquella tierra —se detuvo y lo vi pasar saliva—, bueno, se supone que ahora yo soy el señor feudal ya que mi padre fue asesinado.
—¿Quién lo asesinó? —Pregunté.
—Tamura y sus secuaces —dijo y sus verdes ojos seguían fijos en el techo— Tamura es parte de un clan adinerado que con el tiempo fue ganando prestigio y poder político. Su economía les permitió enfrentarse a las ideas de mi padre y pelear por quitarle el puesto de líder. Pero sus verdaderas intenciones no eran ayudar a la prosperidad de la aldea de Cristal, sino todo lo contrario, ellos quieren someter al pueblo para beneficio propio.
—De modo que Tamura al final se salió con la suya —Neru se sentó en la silla.
—¿Lo conoces? —Le pregunté y lo vi sonreír cuando lo tuteé.
—Cuando viví en aquel país escuché hablar de él y su familia.
—Pero entonces ¿cómo sabe que él es el responsable de la muerte de su padre? —Me dirigí a Kamus.
—Porque me lo dijo abiertamente —admitió—, en aquel momento yo no pude hacer nada por ayudar a mi padre. Vaya, ni siquiera tenemos ninjas que nos protejan.
—Eso quiere decir que usted salió huyendo de su aldea y le siguieron para matarle —comencé a estructurar su historia.
—Sí —suspiró.
—¿Uh? ¿Eh? —Neru le abrió la bata a Kamus dejando su pecho al descubierto— ¿Cuándo te hiciste un tatuaje? Eres rebelde después de todo... Aunque tu tatuaje no es muy varonil que digamos, mira que tatuarse una florecita.
—Neru por favor —aparté sus manos—, es un paciente.
Kamus rió y luego miró a su viejo amigo.
—Es una flor de melocotón, idiota —explicó—. Esto tiene un valor especial para mí porque me recuerda a mi novia.
—¿Tu novia? ¿Tienes una novia? —Neru estaba sorprendido.
—Bueno... Tenía —dijo con un tono triste, imaginé lo peor y me sentí mal por él—. Tamura supo de mis planes para casarme y estuvo a punto de hacerle daño a ella, antes ya me ha herido de gravedad, en ese momento temí que él fuese a hacerle algo espantoso y terminé entregándosela a otro hombre para que la protegiera.
—¡Hombre, sí que eres idiota! —Neru se inclinó hacia él— ¿Cómo vas a entregarle a otro hombre tu propia mujer?
—Ya te lo he dicho —resopló—, ella corría peligro. No quiero imaginar las cosas que Tamura pudo haberle hecho si se quedaba en sus manos. ¡En ese momento yo pensé que me iba a morir! No iba a dejarla sola.
—Pues sí, pero —Neru buscaba las palabras adecuadas— ¿cómo sabes que la dejaste en buenas manos?
Kamus vio de nuevo hacia mi gafete.
—Porque él es un ninja respetable.
—¡¿Se la entregaste a un ninja?! —Exclamó Neru— ¡Por las células de Hashirama! ¿Y qué no se supone que en tu país no hay ninjas?
Yo seguía observando esa extraña discusión entre amigos, llegó un momento en que me sentí incómoda y quise dejarlos solos pero antes de poder hacerlo, Kamus siguió hablando atrapando toda mi atención.
—Él estaba cerca de la aldea de Cristal cuando se dio el segundo enfrentamiento, y si no hubiera sido por él estoy seguro que no hubiese tenido ni la más mínima oportunidad de sobrevivir —los ojos de Kamus parecían distantes, como si estuviera presenciando la escena—. Me ayudó a escapar con mi novia, yo estaba tan malherido que le hice prometerme que la protegería. Le pedí que se la llevara lejos y la hiciera su esposa, con esto, ella podría tener una vida tranquila fuera de peligro bajo el respaldo de un apellido.
El relato de Kamus empezaba a picotearme la cabeza. Estaba uniendo una especie de piezas para armar el rompecabezas que me tenía ligeramente alterada.
—¿Puedo saber quién es el ninja que lo ayudó?
Kamus volteó a verme.
—Usted debe conocerlo, él es muy famoso por ser fuerte y casi invencible. Es del País del Fuego, se llama Sasuke Uchiha.
De nuevo, otra vez mi corazón empezó a martillear dejándome sin aliento. Mis labios temblaron pero traté de no dejarme llevar por mis impulsos.
—Su... ¿Su novia se llama Momoka Yoru?
Los ojos de Kamus se abrieron al escuchar ese nombre y entonces supe que estaba en lo cierto.
—¿La conoce? —Afirmé moviendo mi cabeza— ¿Cómo está ella? ¿Está bien?
—Yo... Bueno, sí, creo que está bien.
Kamus suspiró como si le hubieran quitado una roca de encima, comprendí que estaba preocupado por ella pero mi mente seguía atormentándome. Él estaba vivo, pero su amada ya se había casado con el ninja que prometió cuidarla.
—Cuando me repuse de mis heridas, decidí buscarla para que supiera que estaba vivo pero no me esperé una emboscada de Tamura —apretó el puño y de inmediato le deshice su agarre para que el suero siguiera su curso—. Lo siento —me dijo.
—Debe descansar para que pueda reponerse.
—Estoy de acuerdo —Neru se puso de pie.
—Por favor, duerma un poco. Le pediré a una enfermera que le traiga el almuerzo más tarde.
—Gracias doctora Sakura.
—No tiene nada qué agradecer. Vamos a cuidarlo mientras se repone.
Hice una reverencia y salí de la habitación, detrás de mí siguió Neru. Cerró la puerta y caminó junto a mí, cuando estuvimos lo suficientemente lejos me senté en una de las sillas de los visitantes. Neru se recargó en la pared y se cruzó de brazos.
—Por tu expresión, sé que algo te preocupa.
—Sí...
—¿Puedo saber qué es? Estoy pensando en algo pero no quisiera equivocarme.
Llevé ambas manos a mi cabeza y suspiré.
—Kamus quiere ver a Momoka... Pero ella ya se casó con Sasuke.
—Mmm... Sí, es lo que imaginé —Neru caminó para sentarse a mi lado—. Lo más probable es que se le romperá el corazón, pero también sé que él ya tiene una idea de que esta situación es la más obvia.
Entrecrucé mis manos sobre mi regazo y bajé la cabeza.
—Ella está embarazada —dije con tristeza.
—¿En serio? Uy, pues parece que no perdieron el tiempo...
Guardé silencio unos momentos y luego continué.
—Hay algo que no te he dicho Neru.
—Tiene que ver con Sasuke ¿no?
Sonreí levemente, él no era un tonto.
—Sí. Estoy enamorada de él desde que era una niña.
Mi historia comenzó a ser relatada. Le expliqué a Neru cada uno de los detalles que viví con respecto a mi pérdida de memoria y cómo tontamente terminé enamorándome del mismo hombre una vez más.
Él me escuchó atentamente sin decir nada, aunque pude percibir que estaba algo decepcionado; sus ojos me lo dijeron.
—Parece que has tenido una vida difícil —dijo y se pasó una mano por su alborotado cabello—. No entiendo cómo has hecho para seguir amando a alguien que no te da muestras de afecto.
Apreté los labios y respiré profundo.
—No lo sé... Tal vez simplemente soy estúpida.
—Sakura —tomó mis manos y me obligué a verlo a la cara—, sal conmigo por favor.
Abrí más mis ojos y me puse nerviosa, él había sido muy directo.
—Neru yo...
—Sé que no vas a amarme como a él, y sé que tarde o temprano te hartarías de mí —sonrió—, pero salgamos al menos estos días. El destino decidirá el resto.
Lo miré a los ojos, sus bellos ojos negros que me imploraban una respuesta. No pude articular ninguna frase y finalmente sólo acepté con mi cabeza, él esbozó una gran sonrisa y luego me dio un beso en la frente.
La calidez de ese beso fue reconfortante, sin embargo, dentro de mi alma deseaba que el autor de tal muestra de afecto hubiera sido Sasuke.
(...)
Mis resultados estaban listos, el médico los revisaba con cuidado y me permitía ver las hojas con los análisis.
—Todo parece indicar que está bien su salud, no hay nada fuera de lo normal —miraba muy atento una hoja.
—Entonces mis fuertes y matutinos dolores de cabeza ¿a qué podrán deberse?
—Puede ser a causa de mortificaciones, estrés o cualquier cosa que le afecte anímicamente. Tendríamos que realizar un examen más profundo de su cabeza y ver que efectivamente no haya nada peligroso. ¿Hoy ha tenido ese fuerte dolor?
—Me pasó justo antes de salir de mi apartamento.
—Me temo que tendrá que ir al Hospital de Konoha. Aquí no tenemos todas las herramientas para este tipo de cosas ni médicos tan avanzados como usted.
¿Volver a Konoha? Eso no me parecía muy adecuado, todavía no estaba preparada para retornar... De hecho, ni siquiera me había planteado la idea de hacerlo.
Así pasaron algunos días llenos de trabajo y cansancio. Pensé que tal vez el médico tenía razón y yo estaba centrándome demasiado en mis labores; en realidad sí lo estaba haciendo con la finalidad de no tener espacio para recordar cosas tristes.
Kamus fue dado de alta por su pronta recuperación y Neru me dijo que lo llevaría a su departamento por el momento.
Luego de la comida, volví a mi consultorio, apenas cerré la puerta y me recargué en ella lanzando un largo suspiro. Esos habían sido los días más intensos de mi vida, todo parecía un rompecabezas que finalmente estaba siendo resuelto y me mostraba una historia triste y cruel en la que todos sufríamos por amor.
Escuché un golpecito en la ventana y me acerqué para ver de quién se trataba. Allí estaba el halcón del otro día y traía un rollito amarrado a su pata. Abrí la ventana y noté que esta vez me permitió tocarlo y tomar el papel sin intentar escapar.
Desenrollé la hoja para leer el mensaje escrito, tenía la fecha de ese mismo día.
«El sexto Hokage está muy enfermo, tienes que venir a Konoha lo más pronto que puedas. Tsunade no está en el País del Fuego y tú eres la única que podría ayudarle.
Daisuke.»
Mi corazón latió con tanta fuerza que me temblaron las manos y las piernas. Me quité la bata y tomé mi abrigo y el bolso para salir de allí.
Corrí por los pasillos y me dirigí a la recepción para firmar mi salida. La secretaria me veía espantada.
—Doctora Sakura ¿qué ocurre?
—Voy a irme, por favor avísale a todos que estaré fuera. El Hokage me necesita con urgencia.
No dije nada más y salí corriendo rumbo a mi apartamento. Apenas llegué a él y empecé a empacar algunas cosas; estaba tan nerviosa y alterada que me volví torpe y se me cayeron objetos en repetidas ocasiones.
Pensaba y pensaba en el mensaje escrito por Sasuke, aunque firmado como Daisuke. Él seguiría creyendo que yo no sabía quién era él, y así sería por mucho más tiempo porque no estaba dispuesta a decirle nada.
El mensaje tenía la fecha actual, eso quería decir que todavía estaba a tiempo. Pero no dejaba de preocuparme pensando qué le pasaba a Kakashi sensei.
Bajé las cortinas, apagué las luces y cerré la puerta con llave. Corrí por las calles hacia la salida del pueblo y entonces escuché que alguien me llamó por mi nombre; miré hacia atrás y vi a Neru alzando su mano, pronto se acercó.
—¿No deberías estar en el hospital?
—Ahora mismo vuelvo a Konoha —su expresión se endureció—, el Hokage está enfermo me han pedido que vaya pronto.
—¡¿Qué?! —Se alteró— ¿Qué tiene?
—No lo sé pero soy la única que podría ser útil en estos momentos. Te veré luego Neru, tengo que irme.
—Espera Sakura, iré contigo.
—No, tú debes cuidar a Kamus.
—Kamus también nos acompañará. Además, si te vas así tardarás más en llegar.
—¿Qué quieres decir?
—Mis hombres están aquí —se refería a sus sirvientes—, iremos en carruaje. Eres la ninja médico que puede salvar al Hokage, no debes llegar cansada o no serás útil.
Neru tenía razón, así que no me opuse. Fuimos a su departamento para recoger a Kamus y explicarle la situación. Mi corazón seguía latiendo con rotunda intensidad y el miedo me invadía, y también mi consciencia me reprochaba y revivía el momento cuando le dije a Kakashi sensei que no quería verlo de nuevo.
—Aguante un poco más sensei —pensé—, pronto estaré allí.
¿Qué puedo decir? Pues que esto se va a poner feo hahaha es broma, espero que este capítulo les haya gustado. Nos estaremos leyendo en el siguiente, de una vez les digo que será de "Narración", hay cositas que deben saber respecto a Kakashi, Sasuke y Momoka.
Gracias por leer.
