Desde el punto de vista de Francis.

Cap.24

-¿Qué es ese olor?- soltó Arthur de pronto despertándome.

-…Es sangre, sudor y semen, en palabras simples el olor del sexo.- respondí cubriéndome con la colcha. Solo quería dormir.

-No ese olor, idiota. Me refiero a ese aroma dulce…- se quejó.- Y vaya manera de decirlo…

-… Papá debe estar cocinando… Y no siempre soy tan romántico.- dije.- Significa que ya es hora de levantarnos…- me senté y me volví a dejar caer al instante.-…No quiero levantarme.- lloriqueé.

-Nadie te está obligando a hacerlo…

-…Pero debo hacerlo…- respondí de malagana volviéndome a él.

-…Qué nenita eres… Ya cállate.- me ordenó.

-Bueno…- sonreí. Me miro.- Eso puede arreglarse…

Me senté nuevamente, y le di un ligero beso sobre los labios, al cual respondió. Caímos de vuelta a la cama, aun besándonos. Hasta que a Arthur le dio por darme un golpe en la cabeza.

-…Auch, ¿Por qué fue eso?- lloriqueé.- ¡Eres un salvaje!

-…Eso es para que no te emociones.- dijo.- Ya levántate, no podemos estar en la cama todo el día.

-Es domingo, levantarse temprano debería ser ilegal…- me quejé haciendo morritos.

-…Por desgracia no lo es, ahora mueve ese culo…

-Ya lo moví mucho anoche.

-…- se sonrojo.- Qué pervertido e idiota eres.

-Merci.

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Después de una ducha rápida, un pequeño encuentro con Seychelles, y alguna que otra charla de nada en particular, bajamos a comer. Papá se encontraba acomodando la mesa.

-Buenos días, chicos. ¿Durmieron bien?- preguntó tranquilamente.

-Excelente…- respondí dibujando una sonrisa.

-Bien, bien, como el dulce ángel que soy…- alardeo Sey.

-Me empiezas a recordar a Gil…- dije divertido.

-Cállate, tonto…- soltó dándome un ligero golpe en el brazo.

-Ustedes tan animados como siempre.- sonrió. -¿…Y tú, Arthur?

-Muy bien, Sr. Bonnefoy, gracias por preguntar. ¿Y qué hay de usted?

-Bien, aunque me duele un poco la espalda. Pero esas son cosas de la edad…- tomo un plato y le coloco en la alacena.- En vista de que el abuelo no comerá con nosotros hoy, creo que esto está de sobra. Vaya que se fue temprano, ¿A dónde iría?

-Ni idea…- dije.

-…Yo tengo la teoría de que el abuelo tiene una novia de la cual no nos ha hablado…- dijo Sey.- Eso explicaría porque recientemente va y viene sin decir nada a nadie…

-¿Tú crees?- soltó papá llevándose la mano a la boca.

-Yo digo que sí, de pura casualidad, fuese así, creo es algo que no nos incumbe.

-Pues es cierto, no nos incumbe, realmente.- dijo poco convencido.

-Papá está solo desde hace años, creo que ya es hora se busque alguien más…

-Y yo no estoy diciendo que no deba hacerlo…

-Tu expresión dice otra cosa…

-Jo, tú y tu madre son exactamente iguales. Leyéndome la cara todo el tiempo.- se quejó haciendo morritos.- No me gusta.

-Es que eres predecible…- solté.- En fin, ¿Qué hay para desayunar?

-Waffles… ¿Te gustan los Waffles con fruta y jalea, Arthur?- preguntó. El inglés se limitó a asentir-Bien, entonces a comer.

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Comíamos tranquilamente, con la charla usual de las mañanas, (qué habíamos hecho y si había alguna novedad, y un poco del trabajo de papá) cuando el celular de Sey comenzó a sonar. Ella lo tomo entre manos, sonrió, respondió un mensaje y volvió a dejarlo en la mesa. El celular sonó una vez más, lo tomo, más no volvió a ponerlo en su sitio. Siguió con este dejando la comida de lado.

-Sey…- soltó papá de pronto con sutileza. Me hermana siguió en lo suyo.- Seychelles…

-¿Es Matthew?- pregunté.

-No, no es Matt.- respondió.

-¿Quién es Matt?- preguntó papá.

-Mi novio, conocido de Fra, primo de Arthur, alumno del abuelo… Tu yerno…- respondió mi hermana aun concentrada en lo suyo.

-¿C-Cómo qué novio? ¡Aun eres una bebe!- chilló mirándola.- ¡Deja eso y hazme caso!

-Dame un momento, esto es importante…

-¡Nada es más importante que saber con qué clase de persona sales! ¿Es mayor? ¿Cómo te trata? ¿Es un vándalo tatuado que no hace nada de su vida? ¡Mi pobre nena! ¡No puedo permitir esto…!

-…Disculpe me entrometa, pero creo que conozco un poco a Matt como para salir a su defensa.- intervino Arthur. Papá y yo nos volvimos a él.- Es un chico bastante introvertido, pero a pesar de ello tiene muchas virtudes, es amable y comprensivo. Y no lo digo porque sea mi primo, sino porque es verdad.

-Cierto,- dije.- Matt es un buen chico.

-…Si quieres le pido venga para que lo conozcas, no tengo nada que ocultarte si se trata de él…- respondió Sey.- Pondré el teléfono en silencio…- lo coloco sobre la mesa.- Lamento haber sido tosca, pero una amiga me necesitaba…

-¿Una amiga? ¿Quién?- indagó papá dejando de lado el tema de Matt.-No, espera, déjame hacer memoria… ¿Monique?- Sey se rodeó de un aura oscura.- ¿No?

-No la conocen, - dijo aclarándose la garganta, aun algo molesta.- se llama… Bueno, la verdad es que solo la conozco por su seudónimo del chat, se hace llamar Mery Carry.- explicó.- Y yo me hago llamar Bonn, Vicky Bonn.- bromeó.

-Sey, sabes que eso de los chats es riesgoso, ¿Cierto?- solté.

-Exacto, ¿Quién te dice que no es un tío que se hace pasar por chica?

-…Puede ser, aunque a veces me da la impresión contraria. Igual no hemos intercambiado fotos ni nada así, ni nuestros nombres conocemos.- dio un suspiro.- Pero hemos encajado tan bien que se nos ha hecho costumbre hablar todos los días.

-¿Y de dónde le conoces, precisamente? ¿Bajo qué situación se dio esto?

-Bueno, si tanto quieren saber; la conocí por el FB. Tenemos una página en común, durante un debate que se armó por una imagen nos apoderamos de la publicación, al final eran comentarios nuestros solamente, continuando con temas derivados y cosas que ni al caso. Así que decidimos agregarnos y continuar con la plática… Y pues, ya de ahí pasamos al ámbito personal. En fin, cambiando el tema…- suspiro.- ¿Podrías llevarme al centro comercial? Debo comprar alimento a Iggy y otras cosas.

-…Está bien, no veo el inconveniente…- la miro.- Pero retomando lo otro te pido sigas siendo cuidadosa… Y quiero conocer a ese chico Matt… me molesta venirme a enterar de esta manera tan poco sutil tienes novio.- me miro.- ¿Por qué no me dijiste nada?

-¿Y por qué habría de hacerlo?- dije.- Si ella no te lo comento antes, ¿Por qué tenía que hacerlo yo? A fin de cuentas es cosa suya.

-Pero como hermano mayor debes de cuidarle.

-Yo le cuido como no tienes idea.

-En eso no puedes contradecirlo.- dijo Sey.- Igual, le llamaré a Matt a ver si puede venir un día de estos… Te caerá bien, es de lo más simpático y es muy adorable.

-…Eso ya lo decidiré yo.- suspiró.

-En fin, entonces, perfecto. Nos vamos terminando de desayunar…

-¿Te refieres a ya?

-¿Por qué no?

-…Francis… ¿No querrán ir ustedes también?- me preguntó.

-Pues a mí me da lo mismo…- me volví a Arthur.- ¿Quieres ir?

-Me da igual, no tengo problema.

-Bien, eso es perfecto, pueden ir al cine y tomarse un helado por ahí, y a acompañar a tu hermana a hacer las compras…

-¿Por qué me suena a que solo me vas a llevar?- soltó ella.

-…Tengo trabajo.

-…Tú siempre tienes trabajo.- se quejó.

El silencio predomino en la mesa, pero no era precisamente incómodo. Era un silencio del tipo no hay qué decir de esto.

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Después de la comida, papá nos llevó al centro comercial y nos dejó en la entrada de la plaza, nos dio cincuenta euros a cada uno, y he de admitir fue divertido ver a Arthur negarse a recibir el dinero.

Dimos un par de vueltas y al final terminamos en el cine. Al parecer el cinema estaba ofreciendo clásicas (lo que siempre pasa cuando no hay buenos estrenos), entre ellas estaba "El Pacto de los lobos". Tenía años que no veía esa película, y en cuanto la notamos compramos los boletos. Pasamos por la dulcería y compramos un paquete grande de palomitas, caramelos y bebidas. Cuando entramos a la sala, el pasillero nos guio hasta dónde había tres lugares disponibles. Sey pasó primero, luego Arthur, y yo quede al último, cerca del pasillo.

-¿Y podrían decirme más o menos de que va la trama?- indagó Arthur.- No quiero Spoilers, solo que me digan de que va.

-¿Algo así como un resumen?- preguntó Seychelles.

-Sí.

-Te lo digo yo…- empecé.- La historia transcurre en el 1700, aproximadamente, va de un caballero llamado Grégoire quien es acompañado por un amigo, llamado Mani. Ellos llegan a Gévaudan para resolver el misterio de la Bestia que aterra en la zona.

-Vaya, se escucha bien. ¿Y esta historia si tiene una secuencia concisa o te deja a medias como otras películas?

-No pierde el tema principal ni un solo momento, si es a lo que te refieres.

-Bien, entonces valdrá la pena.

-Claro que lo hará. ¿Por qué creíste no lo haría?

-Bueno, porque las otras que he visto se pierden por completo del tema principal…

-Pues esta no…

-Chicos, callados, si se van a pelear que sea luego que ya va a comenzar.- pidió Sey.

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Las palomitas pasaban de una mano a otra hasta que se terminaron, lo mismo pasó con los dulces. Los tres estábamos absortos en la película, y solo hablábamos para hacer algún comentario en voz baja. Cuando finalizo, tire la basura y salimos de ahí.

-¡Estuvo increíble, la he visto un montón de veces y no deja de parecerme genial!- exclamó Seychelles.

-Yo sigo insistiendo que la muerte de Mani es injusta…- me quejé.

-Coincido contigo…- soltó Arthur.- Era, junto con Grégoire, uno de los personajes más útiles de la película. ¡Y qué buena historia! Vaya que tenía sentido, y el mensaje es bastante claro…

-¿Qué la gente con poder siempre buscara como oprimir al pueblo?- inquirí. Asintió.- Me alegra ver que no soy el único que noto ese mensaje.

-Es demasiado claro, digo yo…- soltó Sey.- En resumen, la película junto con el mensaje y los personajes es de lo mejor, ¿O no?

-Y qué lo digas.

-Estoy de acuerdo.

-…Mmm, ¿Y ahora a dónde vamos?

-¿No piensas aun hacer tus compras?- inquirió Arthur.

-Nah, aún tengo tiempo de sobra… Además, pues algo deberíamos hacer ya que estamos aquí…- miro a sus alrededores.- Veamos… los helados que venden en la planta baja son deliciosos…- Se volvió a nosotros.- ¿Les digo algo y no se burlan?- dibujo una sonrisa socarrona.

-¿Qué cosa?- soltamos a la par.

-Me siento como un mal tercio… Digo, es que estábamos en el cine y luego los mire, y yo ahí de tercera y dije… Como que algo aquí no está bien.

-¡Pero qué tontería es esa!- exclamó Arthur.- Ni que esto fuese una cita o algo así.

-Cierto, cierto, no te pongas mal…- solté yo.- Además…

-Pero, es que, esto está mal. Siento que el karma me castigara por esto. Debí haberles dejado solos e irme a otra sala… Ahora me siento mal, y sé que no debería. Pero… pero…- y mi hermana siguió despotricando respecto al mal que hacía a nuestra "relación". Arthur me miro.

-¿Deberíamos decirle algo?- inquirió desconcertado.

-No, tranquilo, siempre empieza a dramatizar, pero luego…

-…Y si me preocupo de más se me comenzara a caer el cabello y si se me cae Matt ya no me querrá y no nos casaremos y entonces no tendremos a nuestros hijos a los cuales llamaría Marianne y Thomas…- dio un suspiro.- Pero me salgo del tema, el punto es que… bueno, si dicen que no lo soy no lo soy pero me siento así y… ¡Da lo mismo!- vociferó.- ¡Vamos por un helado!- y acto seguido nos tomó a ambos por el brazo y nos arrastró con ella.

-¿Pasa esto?- inquirió Arthur.

-Así es.- sonreí.

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Tomamos un helado, platicamos sobre la escuela, la casa, la "novia" que Sey jura y perjura tiene el abuelo, sobre qué más podríamos hacer. Pero realmente la plaza no tenía mucho que ofrecer, así que decidimos mejor ir a hacer las compras de Sey e irnos a casa. Así que cuando terminamos nuestro helado, nos levantamos de la mesa, la cual daba a la fuente principal, y subimos a la veterinaria.

Sey compro alimento y un collar anti-pulgas para Iggy. Arthur y yo no charlamos mucho, solo nos limitábamos a intercambiar miradas, hacer alguna observación y ya. No me sentía incómodo y él tampoco lo parecía, realmente no teníamos de qué hablar. Echó a andar a una tienda de ropa y fuimos tras ella, se detuvo a ver la ropa de bebe y siguió andando; cuando le pregunté por qué hizo eso, actuó un tanto misteriosa. Pero no le di mucha importancia.

-Hey, miren…- exclamó de pronto.

-¿Qué?- soltó Arthur volviéndose a dónde señalaba.

-Las cabinas fotográficas…- dijo.- El otro día vine con Matt a tomarme unas fotos.

-¿Y eso qué?- inquirió el inglés un tanto contrariado.

-¿No quieren tomarse unas fotos? ¡Yo invito la ronda!- exclamo acercándose.

-Seychelles, en serio, esto no es necesario…- comencé, aunque en el fondo me parecía una buena idea. En realidad me gustaría tener fotos de Arthur.

-…Seh, nos vemos todo el día en la escuela, creo que lo que menos necesitamos es una foto del otro, digo, no tiene mucho sentido.- objetó Arthur.- ¿Verdad?

-Pero, -comenzó mi hermana- ¿No sería lindo tener una foto para esos días en los que no se ven en absoluto? ¿Cuándo hasta en la escuela no pueden verse?

-¿Es eso posible?- soltó Arthur alzando la ceja.- Mira, en verdad el gesto es lindo, pero no necesito fotos de Bonnefoy. Digo, ¿Para qué las querría?

-Para ver mi hermosa imagen y darte cuenta de que me amas.

-Jajaja, que gracioso.- soltó con cinismo.- Como si necesitara una foto para eso…- Sey sonrió maliciosa, yo le mire burlón, se sonrojo.- ¡No es como si piense que eres…!

-Te acabas de joder tu solo, Kirkland…- solté divertido.- En fin, sino quieres, está bien.

-¿…Tú quieres?- preguntó desviando la mirada.

-…Pues la idea no me desagrada en absoluto.- confesé.

Arthur soltó un suspiro resignado y me tomo por la muñeca, entonces, echó a andar.

-No lo malinterpretes, no es que lo haga precisamente porque lo has pedido…

-Está bien, si lo haces por hacerlo o por impulso. Da lo mismo.- sonreí. Se sonrojo.- Será divertido.- nos miramos.- Haremos caras chistosas y nos reiremos de ellas cuando las veamos impresas.

-Qué infantil eres…- se quejó.

-Me amas…

-Cierra el pico, tonto.

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-¿Y cómo funciona una de estas cosas?- preguntó Arthur.

-¿Nunca has entrado a una o qué?

-Siéndote honesto, no. Jamás me llamaron la atención.

-Ah, ya veo. Pues es sencillo… Verás,- señale la pantalla.- Solo tienes que presionar este botón, ahora comenzará una cuenta regresiva…- indiqué presionándolo.- ¿Listo?

-Vale…

Comencé a hacer muecas, Arthur solo me miraba, seguramente preguntándose si era eso posible. Me volví a él y le di un beso en la mejilla, él me aparto de un manotazo. Le hice una mueca, echó a reír. Nos dimos un beso.

"Sus fotos se están imprimiendo…" apareció escrito en la pantalla.

-Y ya, esta es toda la magia…- dije levantándome.

-…Yo pensé que sería algo más interesante.

-Pues no, es mega simple. Pero debes admitir que te divertiste.

-Verte hacer caras graciosas no era divertido, era siniestro de algún modo.- soltó.

-Pero bien que te estabas riendo…

-Era forzado…

-¿Y el beso?

-Ese no lo fue.- dijo levantándose.- Pero eso…- guardo silencio.

-¿Qué ocurre?

-¿Tú hermana qué no está fuera esperando a por las fotos…?

-…Sí, ¿Y?

-…Verá entonces cuando nos…

-Tranquilo, -dije llevándome las manos a la nuca.- No dirá nada de igual manera.

-¿Qué acaso no te da pena que nos vea así?

-¿…A ti te da?- pregunté.- ¿Te molesta que la gente sepa que tenemos algo que no podemos nombrar?

-…No es que me avergüence, pero preferiría que entre menos estén enterados mejor. Las relaciones duran cuando la gente desconoce de estas, entre más saben más se meten y al final se arruina por terceros.

-¿…Y tú crees que Sey lo arruinará?

-En absoluto.

-¿Entonces?

-Olvídalo, simplemente me puse paranoico.

-Tú siempre lo haces.

-Cállate.

-…Callándome solo lo reafirmas.

-Sí, Francis, lo que digas…

-Malo…

-Lo dice el que me molesta por gusto.

-Pero lo hago con amor.

-¡No uses el amor como excusa!

-Quiero y lo haré…

-Odioso…

-Gruñón…

-¡Hey, tengo las fotos!- exclamó mi hermana entrando, nos tomó por la muñeca y nos sacó de la cabina. Nos mostró las fotos de rápido, se notaba habían arrancado una.

-Falta una…- soltamos a la par mientras mirábamos, o tratábamos de mirar, el resto.

-Es que es mi favorita, me la quedaré…- la vio con detenimiento y se sonrojo.- Se ven mega adorables…- la guardo en su cartera.

-Sey, me empieza a preocupar que esto te obsesiona más a ti que a nosotros…- dije.- Y dame esa foto….- exclamé tratando de quitársela.

-Es que es tan bello… Y no.- soltó apartándome.

-...Ustedes me dan miedo.- dijo Arthur mirando las fotos. Arranco una y me dio el resto.- Para mi esta está bien…- la guardo.

-¿Cuál es?- inquirí curioso.

-Eso no es de tu incumbencia, Frog.

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La disputa con Seychelles por la foto que me había arrebatado siguió, cuando vi que era misión imposible, fui con Arthur a curiosear cual se había quedado él, pero no logré sacarle palabra alguna. Así que al final me di por vencido con ambos y opte por ver cuales me habían quedado. Eran dos: En una se veía justo el momento en que le daba el beso en la mejilla a Arthur y la otra era una en la que él me empujaba. Así que por ende faltaba la del beso en los labios y una en la que hacia una mueca.

En fin, salimos del centro comercial y tomamos el autobús directo a casa. Seychelles fue haciéndonos platica todo el camino sobre su amiga virtual, (al parecer la tiene bastante engatusada) y sobre Matt y cuál era la mejor manera de presentárselo a papá. Al final no llegamos a una conclusión concreta, y bajamos del autobús aun discutiendo qué sería lo mejor.

-¿Tú cómo crees se lo tome Matt, Arthie?- inquirió Sey. El inglés la miro.

-Pues, no creo que se acobarde o algo así, aunque tal vez si se ponga un tanto nervioso. No sé, la cosa aquí es más bien como se lo tome tu papá.

-Lo dramatizara, porque es nena. Más nena que Francis.

-¡…Oye!

-Jajaja, entonces sí que será algo memorable.- rio Arthur.

-Y qué lo digas.

-No me hace gracia.

-¿Y por qué tendría que hacerlo?- soltaron a la par.

-…Malos.- hice morritos.

-Idiota…

-Niña… En fin…- nos miró a ambos.- Ya yo me encargaré de prepararlo psicológicamente…

-No creo que Matt lo necesite…- dije.

-Yo diría que por su reacción quien lo necesita es tu papá…- dijo Arthur.- Sin ofender.

-En absoluto, es la verdad.- dijo Sey volviéndose al camino.-…Vaya…- se detuvo.

-¿Qué pasa?- pregunté al verle tan seria.

-Hay un auto estacionado fuera a la casa.- masculló.

-¿Qué?

-Un auto, ahí…- exclamó señalándolo.

Arthur se detuvo en seco al verlo, y la sonrisa que tenía entre labios desapareció al instante.

-…Es el auto de mi mamá.- dijo.

Los tres intercambiamos miradas.

-¿Cómo supo que estabas aquí?- solté molesto.

-No lo sé, me encantaría saberlo…- dijo él en un tono tosco.

-…No me miren, yo no le dije a nadie.- chilló Sey.

-Bueno, entonces no tiene caso ni mirarnos ni buscar culpables…- di un pesado suspiro.- Mejor pensemos, ¿Qué haremos?

-Da lo mismo lo que hagamos…- soltó Arthur echando a andar.- Si ella ya está aquí, yo no me puedo quedar.

Sey me miro preocupada. Él siguió caminando.

-Se ha resignado por completo, ¿Qué pasa?- me preguntó.-…Fra, esto no me agrada.

-…Es complicado explicarlo, Sey…- le dije.- Y no es algo que yo debería decirte, tu sabes, es personal. Y a mí tampoco me agrada.

-Entiendo…- me tomo de la mano.- Entonces, al menos, no le dejemos solo en esto.

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Anduvimos a su lado, en silencio, al entrar a la casa lo primero que vimos fue a papá sentado en la sala, frente a él la mamá de Arthur.

-Creí que irías a trabajar…- soltó Sey haciendo morritos.

-A eso iba, pero tuve que venir por unas cosas, y me encontré con la señorita… ¿Jones, Verdad?- inquirió. Ashley asintió.- Y hablábamos de algo muy interesante…

Arthur y Ashley intercambiaron miradas, era obvio no les daba gusto reencontrarse.

-Arthur…- soltó Ashley. Se volvió a mí y dibujo una sonrisa forzada.- Francis.

-Buenas tardes, Sra. Ashley, es un gusto verle nuevamente…- mentí.

-Lo mismo digo…- vio a Sey.- ¿Tu novia?- me preguntó.

-Su hermana.- contesto Sey.- Seychelles V. Bonnefoy, encantada de conocerle…

-Ashley Jones…

-Sra. Jones.- repitió ella. Estrecharon las manos.

-Eres muy bonita…-Se volvió a Arthur, seria -Sube por tus cosas, ya nos vamos…

-…Vale…- dijo el inglés echando a andar escaleras arriba. Fui tras él.

Arthur entro a mi cuarto, tomo su uniforme (el cual se encontraba sobre mi cama) y su celular. Dio un largo suspiro y se volvió a mí.

-Seguramente le dijo lo que en "verdad" paso. Espero no te ocasione problemas.

-No te preocupes. Ya sabía a qué me atenía desde el primer momento.- dije.

-¡ARTHUR!-Nos interrumpió Ashley desde las escaleras.- ¡Apresúrate!

-François, la señorita Jones debe irse ya, ¿Por qué demoran tanto? ¿Todo bien?

-Un momento, papá…- dije.

Otro suspiro, un silencio incomodo, un intercambio rápido de miradas.

-Gracias por todo…- soltó.

-No hay de qué.- sonreí.

-Si tu papá te dice algo, dile que no tenías idea, no dudo se lo crea si mamá le dijo algo…- comenzó.- Así te evitas problemas.

-Si mi papá me dice algo le diré que yo ya sabía…

-¿Por qué mierdas harás eso? ¿Acaso no me estás escuchando?

-Lo estoy, pero ya te dije que no me importa meterme en problemas…

-Francis…

Otro grito, esta vez era de ambos. Tenían prisa al parecer.

-Anda, apresúrate, que te llaman. Y a mí me espera una buena en cuanto te vayas. No atrasemos lo inevitable.-asintió-Nos vemos mañana… Arthur.

-Hasta mañana, Francis…- me miro.

-¡ARTHUR!

-¡…VOY!- chilló.- Bloody Hell…

Echó a andar a la puerta, pero se detuvo en seco en el umbral de esta. Dio vuelta en U, y corrió hacia mí. Me tomo por las mejillas y entonces me plantó un beso.

-I just want you to know that I don't regret anything that happened, nothing at all… Frog.

Y después de esas palabras corrió escaleras abajo, desapareciendo de mi vista, sin darme tiempo siquiera de decirle algo.

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Me quede de pie en la ventana, y vi como aquel auto desaparecía al final de la calle, mientras trataba de procesar aquella despedida tan forzada. Entre más lejano lo veía, más sentía que me faltaba algo. Trague en seco, y me despedí entre labios. Lo vería mañana, de eso estaba seguro… Pero no sabía cómo estaría una vez en casa.

-¿…François?- escuché a mi papá al otro lado de la puerta.- ¿Se puede?

-Adelante…- abrí la puerta del balcón para que entrará algo de aire.

-¿…No estás muy ocupado, verdad?- dijo mientras cerraba la puerta tras de sí. Di un movimiento negativo.-Bien, porque necesito hablar contigo; toma asiento, por favor.- Me senté en la cama.- Es sobre Arthur…

-¿Qué con él?

-¿Tú sabías que se había escapado de casa por un problema que tuvo con su mamá?

-Sí, lo sabía. Sabía que se había ido de casa, sabía que había discutido con su mamá, sabía que se había salido sin permiso, sabía que la discusión era fuerte. Lo sabía.- dije.- Y le encubrí, y te mentí. De eso estoy también consiente.

-¿…Y por qué lo hiciste?

-Porque es mi amigo y quería ayudarlo. No pensaba dejarlo solo. Además, no creo que ella le estuviese buscando.

-¿Y tú como sabes eso?

-Estoy casi seguro.

-Esa no es una respuesta, François.- soltó cruzando los brazos.- Me siento patidifuso, siempre has hecho cosas extrañas e injustificadas; pero esconder a un chico problemático en base a quién sabe que te dijo, está mal. Si crees que su familia no se interesa por él, si no lo busca, no puedes saberlo… Pudo haberte mentido.

-…Papá, de mí puedes decir lo que sea, y no me va a importar porque yo sé hasta qué grado es verdad… Pero de Arthur te pido no digas nada si no sabes las cosas como yo las sé, sino le conoces como yo le conozco.

-¿Y cómo sabes que no miente? ¿Tanto le conoces como para meter las manos por él?

-Sí, le conozco. Arthur podrá ser problemático y le costará expresarse, sí, pero no es mentiroso. Tú no le conoces, no hables de él como si lo hicieras. Es más, ¿Quién dice que no fue ella la que te mintió a ti?

-…Ah, no entiendo porque estás tan a la defensiva, sea lo que sea que te haya dicho, si es mentira o no, lo que hiciste estuvo mal. Mentirme, ocultarlo… Eso estuvo mal. Tienes razón, no le conozco; pero eso que hizo no se justifica de igual manera.

-¿Y según tú que fue lo que hizo?

-…No estamos hablando de eso.

-Estamos hablando de eso. Hablamos de Arthur.

-¿Por qué lo defiendes tanto? No entiendo.

-¿Por qué tanto misterio? Yo tampoco lo entiendo.

-Francis, deja de ser impertinente conmigo, te lo advierto.

-Deja de hacerte el misterioso conmigo y yo dejaré de ser impertinente.- objeté.

-…Parece ser que no se puede hablar contigo como un adulto, lastima.- frunció el ceño.- Si quieres actuar como un niño melindroso, entonces te trataré como uno. Estás castigado. No TV, no Internet, -Tomo el computador- el celular te lo dejo por emergencias… Nada de salidas tampoco a menos de que estén justificadas. Tienes que estar aquí antes del anochecer. Toda actividad fuera de casa me la debes notificar…

-Vale, no tengo problema con eso.

-¿Qué pasa contigo?

-No pasa nada.- dije.- Y si pasara, ¿Qué más da? A ti la atención que nos tienes te dura dos segundos… Da lo mismo si te lo digo o no.- guarde silencio.

-¿…Es eso? ¿Falta de atención?- inquirió. No sabía qué responder, ni siquiera sabía por qué había dicho eso. –Vale, no digas nada, no te forzare a hablar. Solo te pido pienses en tus acciones, recuerda que no eres un niño.

Y según tú, ¿Cuándo lo fui?

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Para la hora de la comida solo estábamos Sey y yo. Sey me comento lo poco que había escuchado de la conversación, y al parecer Ashley había dejado a Arthur como el malo del cuento. Para cuando el abuelo llego (terminábamos de comer), lo primero que hizo fue preguntar por el inglés, indagamos a que venía la cuestión y al fin descubrimos cómo fue a parar Ashley a la casa… Alfred había llamado al abuelo preguntando por su hermano (supongo pensó pudo recurrir a mí por las clases de inglés), y él le dijo que estaba quedándose con nosotros.

Ya en la cena, las cosas estaban tensas, papá lucía un tanto decaído y el abuelo ya a ese punto se fue a enterar de lo ocurrido. Yo no quería discutir, así que me retire de la mesa. Sey me siguió. Le conté lo ocurrido, ella dijo que entendía ambos puntos, pero que le parecía injusto lo que papá había dicho de Arthur. Y así seguimos charlando hasta la hora de dormir.

Cuando me recosté fije mi mirada al techo a un punto indefinido. No podía dormir, no me sentía cansado. Entonces opte por pensar en él, en todo lo ocurrido el fin de semana, y por un momento pude jurar sentí se recostaba a mi lado… Pero no había nadie a mi costado. Él no estaba y me costaba aceptarlo. La visión comenzó a nublárseme y cuando caí en cuenta descubrí que tenía los ojos anegados en lágrimas… Y ni siquiera sabía por qué. Porque la verdad no había un por qué.

…Ah, llorar sin tener un motivo es como estar enamorado y no saber de quién; uno lo siente hasta los huesos pero es la cosa más absurda que puede existir.

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El lunes desperté antes de que sonara la alarma, pero de igual manera me quede recostado. No me sentía enfermo o cansado, simplemente me quede ahí porque me dio la gana. Era temprano, y a pesar de entrar a la primera hora, me sobraba tiempo. Estuve recostado ahí, sin hacer nada, hasta que escuche que la puerta se abrió.

-…Buenos días…- solté al ver a mi hermana a travesar el umbral.

-Buen día…- respondió.- ¿Qué haces despierto tan temprano?

-Lo mismo pregunto yo… ¿Qué no se supone entras a la segunda hora?

-Sí, así es…- se sentó en la orilla de la cama. Apretó un poco su corbata, se volvió a mi.- Pero hoy, por alguna razón extraña me desperté antes de tiempo, descansada, llena de energía… Así que opte por vestirme y hacer unas cosas ya en eso. He arreglado mi cuarto, organizado mis discos y libros… ah, y por cierto…

-¿Sí?- inquirí mirándome al espejo. Mi cabello era un desastre.

-Estoy castigada.- soltó.

-¿…EH?

-Como escuchaste, castigada.- repitió tranquilamente.- Como me desperté temprano y termine mis cosas rápidamente, fui a con papá y le confesé que yo también había estado involucrada en lo de Arthur…- sonrió.- Aunque a diferencia tuya yo si termine el tema del abandono… -intercambiamos miradas.

-Vaya, me sorprendes…- solté pasándome las manos entre el cabello, se acomodó al instante.- No pensé que fueses a hacer algo así.

-Yo tampoco lo pensé… Pero, ¿Sabes? Me desperté sintiéndome diferente, y simplemente no vacile en hacerlo… Igual, tarde o temprano se lo tenía que decir, mejor temprano.

-Literalmente temprano…- saque el uniforme. Me puse el pantalón y la camisa sin abrochar.- Entonces, ¿Cuál es tu castigo?

-No quiero hablar de eso…

-Eso supuse…- termine de vestirme. Me rocié un poco de perfume.- Oye, yo también me siento de ánimos hoy… ¿Qué dices si nos vamos en la bicicleta?- sugerí. Recogí mi cabello en una sola coleta y tome la mochila.

-Me parece perfecto, y ya que estamos en eso… ¿Qué opinas de ir a comer fuera y saltarnos, bueno, tú, la primera hora?

-Da lo mismo, es la de informática, me puedo poner al corriente con Gil…- respondí.- Pero, ¿Por qué no mejor desayunar aquí?

-No quiero ver la cara de papá mientras como, eso me arruinara el apetito.- exclamó.

-Y decía yo que te lo estabas tomando demasiado bien.

-Aunque si salimos tú me tendrás que invitar, no me dieron mi mesada y el dinero de la escuela debo cuidarlo…

-Vaya, ¿O sea que tu invitas y yo pago?

-"Lo has pillado, tío"

-Cálmate, Antonio.

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Salimos de casa sin despedirnos, solo dejando una nota en el refrigerador. Tomamos la bicicleta, y anduvimos por el sendero más largo. Paramos en la única cafetería abierta y compramos un Expreso y un "Créme Lite", junto con algunos bocados salados. Nos detuvimos en el parque. Este se encontraba vacío, el olor de la brisa y la tierra mojada reinaba; sobre las hojas llenas de vida había ligeras gotas resbalando hacía su final. El silencio predominaba a tal grado que el sonido más común era molesto.

-…Amargo…- se quejó Sey mientras daba un sorbo a su expreso.

-Demasiado dulce…- dije yo al probar mi bebida.

-¿Cambiamos?

-Todo tuyo.

-Entonces…

-¿Qué?

-¿Tú y Arthur ya son pareja?

-No lo sé, no lo sabe, no lo sabemos.- respondí.

-¿Cómo que no lo saben? ¿Cómo es eso posible?- cuestiono indignada.

-No lo sé, simplemente es de esa manera.- Respondí.

-Ustedes sí que son raros…- Di un sorbo a su expreso al tiempo que ella daba un sorbo a mi Créme Lite.-… Solo te diré que no dejen pasar el tiempo, y no me mires así…- pidió al verme entornar los ojos, escéptico.- Sé tengo 14 y no sé mucho de la vida, pero esto sí sé… Si dejan pasar las cosas, y no llegan pronto a algo; se terminaran volviendo un par de extraños con memorias acosadoras de lo que pudieron tener.

-Ah… Yo sé que debo decírselo, que debemos hablarlo… pero aun no es momento.

-¿Y cuándo lo será?

-…Eso…- Me vi interrumpido por mi celular. -Dame un momento.- pedí tomándolo.- Hola, Tonio, buen día…

-¡Qué buen día ni que nada, Fra!- exclamó.- Te llame todo el fin de semana y no me respondiste, ni un mísero texto… ¿Por qué tenías el teléfono apagado? -Dio un gruñido-Ah, en fin, tus razones he de suponer tuviste…- suspiro.- En cuanto llegues a la escuela necesito hablar contigo y con Gil… Si es que aparece.

-¿Cómo que si aparece?

-Lo sabrías si me hubieses respondido, pero ahora no lo sabrás hasta que llegues a la escuela.

-Antonio…

-No, me has hecho enfadar…

-Pero yo te amo…

-Ve y ama a la mujerzuela de Arthur…

-Eso ya lo hice…

-¿Qué?

-Nada.

-Vale, no te tardes… Bye…

-Bye…

Me volví a mi hermana. Ella solo se limitó a tomar sus cosas y soltar: -No te brincaras la primera hora, no al menos conmigo, ¿verdad?

-No, lo siento.

-Vale, no es el fin del mundo. En otra ocasión será.

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Al llegar a la escuela, lo primero que vi fue a Antonio en la entrada. El castaño lucia bastante cansado, se notaba no había dormido bien.

-Luces fatal…

-Me siento fatal…- suspiro.

-¿Qué ha pasado?- pregunté.

-Mi hermana se tiró una buena ostia con mis padres. Y ahora nadie sabe dónde está.- Le vi detenidamente, incrédulo, ¡Ahora todo tenía sentido! Con razón Arthur estaba tan molesto. -Justo acabo de llegar de Portugal, resulta que mis papás...

-¿Qué?- chillé interrumpiéndole.- Si acabas de llegar, ¿¡Qué haces aquí, entonces!?

-No quiero estar en casa. La cosa está fea. Todos están molestos con ella. Básicamente la desheredaron…- su mirada se volvió sombría.- Aunque, dudo a ella le quite el sueño.

-…De hecho nunca se llevó bien con ellos, ¿No?- No sabía que decir. Eso sí que era grave por dónde se viese.

-En absoluto…- me miro.- Me preocupa ande por ahí sin rumbo fijo… no quiero ni saber qué anda haciendo.

-Tal vez ya cometió un homicidio o dos…- bromeé. Antonio sonrió. -Como sea, tratándose de ella saldrá bien, no se rinde nunca. Un hueso difícil de roer, decías tú.

-Cierto, lo sé, pero aun así… no sé, siento que algo va a pasar…

-¿Algo bueno o malo?

-No sé definirlo…

-Entonces esperemos sea bueno…

-O en su defecto gris.

-Exactamente…- le mire.- Perdona cambie el tema, pero, ¿Qué querías decir con eso de que si Gil aparecía?

-Tranquilo, igual no quería seguir hablando de ella. Y respecto a tu pregunta, eso es lo segundo que me tiene mal, el gilipollas de Gilbert.- bufó.

-¿Ahora qué hizo?- pregunté apartándome a una distancia prudente.

-Se escapó, también.

-¿¡Qué!? ¿¡Acaso el fin de semana era especial de fugas o qué diantres!?

-No lo sé. Maria, Gilbert… Pareciera se tomaron la molestia de programarse.- me miro.- Pero yo en Portugal no podía hacer mucho…- suspiro.- Inga me llamo justo en plena reunión para decirme no le encontraban. Al parecer desde el viernes se fue… Curiosamente Mary, también. Por eso era que te llamaba, quería indagaras por mí y le buscases, pero jamás me respondiste… Así que lo deje, yo lo hubiese hecho, pero…

-Ya sé, entiendo. Perdón. Te prometo que hoy sin falta nos vamos a buscarle…

-¿A quién?- profirió una tercera voz. Nos volvimos de golpe, a nuestras espaldas se encontraba Gilbert. Traía una camisa negra, sobre esta una sudadera color azul, vestía pantalones de mezclilla gris.- ¿De qué me he perdido?

-¡GIIIIIIIIL!- soltamos echándonosle encima.

-Hey, ¿Pero qué pasa?- exclamó sonriente.

-Qué estabas desaparecido, eso, que si no fuera por Tonio ni me entero. ¡Eres el peor novio de mentiras de la historia!-Reclamé. Echó a reír.

-Ah, eso, pero bueno, estoy aquí y ahora, ya… Y vaya que tuve un loco fin…

-Pues espero que nos lo expliques, o de lo contrario te daré una buena tunda de la que no te podrás ni levantar. ¡Joder, qué me tenías preocupado! ¿Qué hiciste ahora?

-Tranquila, mamá sustituta, y novio de mentiras.- soltó el albino.- Todo tiene explicación; síganme.

Caminamos en silencio hasta llegar al viejo gimnasio, y nos dejamos caer en el césped. Gilbert se quitó la sudadera y la coloco en el suelo, para después dejarse caer en ella.

-Entonces, -comenzamos Tonio y yo a la par-¿Qué paso?

-…Esto…- nos mostró la mano izquierda. Lo único que se veía ahí era el anillo de compromiso que le había dado Iván.

-¿Qué con eso?

-Bueno, emprendí un viaje a París… - dijo con su típica sonrisa burlona.- Y una vez allá me casé con Iván.

-¿¡…Qué tú qué!?

-Me casé con Iván.

-¿¡Por qué mierdas hiciste eso!?- protestó Antonio irascible.- ¿¡Te das cuenta de la gravedad e impacto que tiene!?

-Bueno, Antonio, ¿Quién te entiende? ¿¡Qué no querías que me reconciliara con él!?

-¡Sí, qué te "Reconciliaras" con él, no qué te "Casaras" con él, lerdo!

-…Bueno, di un paso delante de lo pedido… ¡Alábame!

-¡Bolas que voy a hacerlo!

…Antonio y Gil siguieron discutiendo, y yo… yo no podía contenerme más la risa.

-Francis, no es momento para reír, y menos por gilipolles de este tonto.- protestó el castaño.

-Es que, simplemente no sé si me río por cómo están discutiendo o porque no me la acabo de creer… Creo es más bien por ambas. Pero ya que me he calmado un poco…- mire a Gil, sonreí.- Felicidades.

-…Ah… esto… gracias…- se sonrojo.

-¿Cómo que felicidades?

-Antonio, lo hecho, hecho esta… dejalo ser feliz…

-Pero…

-Dejalo ser…

-…Vale, felicidades. -dijo haciendo pucheros- Pero si ese idiota te hace algo te juro que no respondo…

-Tranquilo, ya sé. Pero no me hará nada, te lo aseguro.

-Bien, dejando eso de lado… Cuéntanos con detalle, ¿Cómo paso?

-Bueno, ¿Recuerdan que el miércoles después del concierto me fui con Iván y volví a las deshoras a mi casa?

-Cómo olvidarlo, si te estuve esperando despierto.- protesté.

-No me mires así, fue Tonio quién provocó que Iván se decidiera a hablarme.- se quejó. El español dio un bufido.- En fin, ese día fuimos al mirador y estuvimos hablando por horas de todo lo que paso y sobre nuestra relación. No les agobiaré mucho con lo que me dijo, pero les diré que básicamente él esperaba lo mismo que yo: Ser buscado. Entonces, después de una discusión del tipo yo quería volverte a ver pero tú no me buscabas… Soltó la bomba… Me dijo que iría a París…

-¿A qué?- preguntamos.

-Quería volver al sitio dónde nos conocimos por primera vez… qué cursi.- masculló.- Me mostro dos boletos, dijo que el otro era para mí, claro, si es que mi maravillosa persona quería ir… Y qué si no llegaba el viernes por la noche a la estación entendería que ese era el final y me dejaría en paz… Sí, claro, como si olvidarme y desistir es cosa fácil…- rodó los ojos. Antonio y yo intercambiamos miradas.- En fin, el viernes después de pensarlo mucho fui a la estación. Él se encontraba ahí y sonreía emocionado, una reacción propia ante mi presencia… Y me pidió que nos casáramos. Así de simple. Claro que le pregunté qué si estaba seguro, y cuando dijo que sí no chiste; ser genial no es razón para ser apretado, aunque claro uno debe darse a desear.- sonrió.- Así que ya en París nos casamos… y ya… Algo sencillo, un cubículo de gobierno, firmar papeles… Una boda bastante simple. No es que quisiera algo ostentoso, pero si algo más digno de mí. Aunque no me quejo del todo, todo fue básicamente improvisado, lo único previsto era el escaparme con él a París, lo demás surgió conforme a la marcha.

-…Vaya, muy bonita historia y todo Gil, de hecho, me da gusto ver has tenido un final feliz, pero…- Antonio y Gil se miraron fijamente.- ¿Qué fue de Rashid? ¿Acaso no sentiste nada por él?

-…Bueno, Rashid es genial, casi tanto como yo… pero… no estoy enamorado de él, solo lo deseo…- admitió.- Además, yo nunca deje de querer a Iván…- dio un suspiro.- Aunque si me hubiese empezado a involucrar más con él posiblemente a futuro hubiese tenido una casa en Dubái.

-¿Qué mierdas…?- exclamamos Tonio y yo a la par.

-Ah, no les comente. Rashid es heredero de una empresa portuaria en India, tiene tanto dinero que lo puede despilfarrar a su antojo, ¡Maldito suertudo!- Miramos a Gilbert, incrédulos.- ¿Qué son esas expresiones?- exclamó.

-¡Pudimos ser ricos y la jodiste, GIL!- chillamos a la par.- Al diablo Iván, con todo ese dinero pudiste haberte conseguido un harem de tíos iguales a él. Y de pasada nosotros nos pudimos haber olvidado de la escuela y vivir como reyes.

-¡Ese dinero hubiese sido para mí, no para ustedes, par de idiotas! ¡¿Y qué clase de persona se creen que soy?!

-Una idiota, por lo visto… ¡Y como tus amigos nos hubiese tocado algo!

-Nones, cero… no.- soltó el albino.- No me iba casar por algo así de absurdo. Prefiero al sádico… ugh… eso se escuchó tan cursi y poco genial.- suspiró.- Como sea, de haber sido así no me los hubiera llevado conmigo, mantenidos.

-Como sea…- dije yo.- El punto es que ahora estás casado… Y a como tengo entendido tu familia ni por enterada…

-Ni me lo recuerdes…- soltó rascándose la nuca.- Inga me va a matar…

-Y te lo tendrás bien merecido…- dijo Antonio.- Todo por escaparte y casarte con el sádico… Lo bueno es que tienes 18 recién cumplidos, sino también te hubiese matado por casarte antes de la edad… Aunque de igual manera te va a matar; da lo mismo lo que hiciste bien.

-Cierto, tu muy mal, Gil…- palmeé su hombro.- Te extrañaré.

-…Gracias por los ánimos. Que amigos, no los cambiaría por nada…

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La charla no continuo, no porque no hubiese que decir, sino porque poco después de eso apareció Zwingli y echamos a correr al aula antes de darle oportunidad siquiera de gritar. Ya para eso la clase de Sadiq iba recién comenzando.

-Vaya, ¿Qué son estas horas de llegar? No se queden parados, pasen ya, muévanse pelafustanes…- pidió.- Tengo un anuncio importante…

-¿Nos dejará de dar clases de Matemáticas?- soltó Gustave.

-¿No habrá tarea toda la semana?- ese era André.

-…EVERYBODY DANCE NOW!- canturreo Piero.

-…No, no… Y buena esa, Rosse…- soltó el profesor Sadiq.- Son dos cosas distintas… La primera es que les tengo ya el trabajo que me deberán entregar para evaluación trimestral y será en equipos de tres o cuatro que ya arme, y esos equipos se usaran en otros trabajos de otras materias que ya les explicaré en la otra clase. Y la segunda es que… -rio, era una sonrisa ladina- ¡SORPRESA!- chilló con entusiasmo. -Mochilas al frente, solo lápiz en el pupitre… Tenemos examen. ¡Qué comience la aventura!

-¿Cuál aventura?- chillamos.- ¡Está clase de tortura debería estar penalizada por la ley!

-No sean niñas, y las chicas no sean más niñas… No serán los únicos que se romperán la cabeza durante el resto de la clase.

-¿Y mientras tanto usted que hará?- se quejó Gustave.

-¿…Yo? Yo tengo una tarea difícil e importante por cumplir, de la cual dependen muchas cosas…- dijo serio, le miramos curiosos.- Debo pasar el WATER TEMPLE de OCARINA OF TIME… -Le miramos, iracundos. Debía estar bromeando. -Y yo que creía que la vida no era difícil, estaba tan equivocado.- No, no estaba bromeando.

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Todos lloriqueaban y se quejaban durante el examen. Y no los culpo. Esa cosa parecía estar escrita en otro idioma. Debes en cuando se volvían al profesor para soltar maldiciones pero estaba tan metido en su juego que nos mandaba al carajo. Cuando vio que nuestras suplicas iban en serio, levanto la vista y soltó:

-Vale, tendrán punto extra los que hayan ido a mi tienda a comprar algo… Y un diez para aquel que me diga cómo mierdas pasar esto.

-¡YO!- exclamó Pascal poniéndose de pie.- ¡Yo sé!

-GAMER tenías que ser…- se quejó André.- Eres un FRIKKI, raro…

-Al menos no soy ignorante como tú… yo ya terminé el examen…- se lo restregó.

-UUUH, te la metieron, André, y sin vaselina.- chilló Émile.

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Durante el resto de la clase el profesor se dedicó a apuntar en la pizarra los equipos mientras Pascal le explicaba como pasar el juego paso por paso. Levante la vista de mi examen para ver con quién me había tocado. Ojala sean Antonio y Gil.

-Veamos…- murmuré.- Pascal, André, Gustave y Émile… Antonio, Frida, Sofí y Sthefany… - di un suspiro. Al parecer no estoy con Tonio (Bendito entre mujeres, por cierto… No hagas cosas malas, Tonio, sino Roma te matará, honhonhon.), espero al menos sea con Gil, él es muy bueno en matemáticas aunque no lo parezca. Me volví al albino el cual dormía sobre su examen.- Arthur, Piero y Marcel…- Arthur, debo hablar con él. Usaré el descanso.- Gilbert, Francis y Berenice…- Me volví a Berenice. Nuestras miradas se encontraron. Sonrió tímidamente, respondí de la misma manera.

-Uh, Gustave, dile adiós a tu chica…- se burló Émile.

-¡Esto tendrá un final melodramático, ya lo verán!- soltó Sofí.

-…Venga, Fra, pensé que eso quedo en el pasado…- dijo tranquilamente Antonio.

-Volvemos a empezar, la historia se escribirá de nuevo, a enorme velocidad…- canturreo Pascal.- ¡LO SÉ BIEN!

-FRIKKI!- ese era André.

-Uh, Arthur, te pondrán el cuerno a ti también…- dijo Gustave. Los chicos estallaron en una risotada. -¡Acabas de joderte solo…!- resonó al fondo.

-¿De qué mierdas hablan? ¿Esto es alguna cosa grupal?- cuestionó Arthur, confundido.

-Yo respeto lo que le pertenece a los demás…- dije.

-Eso es poco creíble con tu fama de mujeriego…- dijo Sadiq.

-Gracias por la ayuda, Adnan…- me quejé.

-De nada, haragán pelado; de nada…

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Cuando el timbre del receso sonó agradecí a dios. Después de Sadiq tuvimos clase de Honda, y él tampoco nos tuvo piedad con eso de las evaluaciones… Teníamos tanta tarea de literatura que nuestros nietos y sus nietos podrían heredarla. En fin, me levante con algo de pesadez, y les dije a mis amigos que los alcanzaría luego, ya que quería hablar con Arthur, más no les dije de qué.

-Suerte...- dijo Gil guiñando el ojo.- Y no le digas lo de Iván, eso se lo contaré yo.

-Mantente a una distancia prudente de ese cejón.- pidió Tonio en tono maternal.- Y recuerda te esperamos en el tejado para comer…

-Vale. Nos veos…- solté.

Camine hacia Arthur (que apenas salía del aula), bueno, prácticamente trote, puse mi mano sobre su hombro y le susurré al oído:

-Hola~- Él dio un respingo, y se volvió a mí con el ceño fruncido, sonrojado.

-¡NO HAGAS ESO, BASTARDO! ¡Me has asustado!- vociferó.

-Así tendrás la conciencia de sucia…- me burlé.

-Ah, en todo caso eso es culpa tuya… al parecer lo pervertido e idiota si se pega…

-Oh, me siento halagado de tus palabras…

-Eres un caso perdido…- dijo rodando los ojos.

-Solo un poco…- sonreí.- En fin… esto… ¿Cómo te fue?

-¿De qué?- soltó arqueando la ceja. Le mire serio.- Ah, eso… ¿Tú cómo crees?

-¿Te regañaron muy feo?

-…No fue precisamente un regaño, y realmente…- suspiró.- No me apetece explicarlo…

-Oh, ya veo, lo siento…

-Venga, no pongas esa semblante tan dramático…- Me dio un golpe en la cien con el dedo índice.- ¿Qué hay de ti?

-Estoy castigado, de hecho, ni siquiera debería estar hablándote…

-Ya sabía yo que había metido su cizaña…- entrecerró los ojos. Lucia bastante serio, como si quisiera decir algo, pero a su vez otra cosa le preocupara.-… Lo lamento.

-Nah, igual todo bien, no es el fin del mundo…

-Eres asquerosamente positivo…

-¿Es un insulto o un cumplido?

-Da igual cómo te lo tomes…- miro a otra parte.

-¿Seguro está todo bien?- le tome por los hombros.- ¿ARTHUR?- me miro.

-…Yo… yo tampoco debería de estar hablando contigo…- comenzó.

-¿A poco yo también soy el malo en el cuento?- pregunte curioso.

-…No es eso… es… es que… yo…- intercambiamos miradas, se sonrojo. -…Fra, hay algo que debo decirte… es algo importante…- me miro serio.

-¿Y eso qué puede ser?- proferí intrigado.

-…Bonnefoy, yo… ayer paso algo… Y yo quiero decir que… que yo te a…

-Oye, Francis…- irrumpió una tercera voz. Se trataba de Berenice. - Necesito hablarte de la tarea de mates que tenemos y… -Nos miró curiosa, llevándose la mano a los labios.- ¿Interrumpo algo?

-De hecho…- comencé.

-No tranquila, no pasa nada…- profirió Arthur.- Puede esperar…

-¿Seguro?- soltó la castaña.- Si es serio yo puedo…

-No, está bien…- me miro.- Además no es un buen lugar… luego hablamos.

-…Arthur…- susurré al verle marcharse.

-Lo siento en verdad…- dijo Berenice viéndome.

-Está bien, es sobre la tarea, no hay problema…- mentí, en verdad quería saber que había pasado.- Dime, ¿Qué pasa?- Berenice comenzó a hablar sobre cómo nos acomodaríamos para el trabajo. Pero no le puse atención, mi mente estaba en Arthur.

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Me encontré con mis amigos en la azotea después de hablar con Berenice. Les comenté a los chicos un poco de lo ocurrido, más no les conté que Arthur estuvo conmigo todo el fin de semana. Gil comenzó a burlarse diciendo que tal vez se trataba de una declaración de amor, Antonio, en cambio, creía que no era nada, realmente. Pero yo seguía creyendo que algo muy importante estaba a punto de ocurrir.

Después del receso tuvimos clase con Sadiq nuevamente. Nos dividió en los equipos que formo en mates y nos puso ahora un proyecto para la materia de servicio. Teníamos que ser una empresa y tendríamos que hacer una demostración de nuestros servicios, con publicidad, diseño de página, incluso diálogos en inglés y otras cosas. Al parecer la gran mayoría de los maestros se habían puesto de acuerdo para esto de la evaluación. Las múltiples quejas no se hicieron esperar, pero a él le iban y venían.

Durante las clases que siguieron traté de hacer contacto con Arthur, me tenía intrigado lo del receso, pero la cosa era que parecía no había tiempo para decir algo entre nosotros. Si no era yo, él estaba ocupado…

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-Gil, Francis…- exclamó Berenice.- Aquí, tengo lo necesario para la presentación, es solo transcribirlo…

-Y yo avance algo lo de mates… y lo de la página web…- dijo Gil.

-Yo estoy ya algo avanzado con la estrategia de venta y mercado…- solté.- Papá me está ayudando y le emociona bastante…- por no decir que se pone eufórico a tal grado que da miedo.

Los tres soltamos un pesado suspiro que era obvia señal de cansancio y hasta cierto punto frustración. Era miércoles ya y el proyecto se llevaba todo nuestro tiempo libre. No había tiempo para el almuerzo por ir a la biblioteca, las horas libres eran para mates, teníamos aún que pasar en inglés lo que diríamos en la presentación y el contenido de la página, aun no teníamos en claro algunas cosas. Por suerte tomamos algo simple o más bien conocido para nosotros. Usamos el servicio de la florería de la familia de Berenice, que por cierto trabaje ahí un tiempo. Así que al menos el tema para ella y para mí no era complicado… Pero aun así el tiempo parecía ir pitando y nosotros no sentíamos que avanzáramos.

Lo peor del caso era que Arthur y yo no habíamos hablado más. El martes traté de hablar con él, bueno, básicamente tratamos de hablar, pero Piero apareció lloriqueando sobre unas cosas de Mates y Marcel gritando, interrumpiéndonos. Y hoy no le había visto por ninguna parte.

-Quiero que termine el maldito parcial…- bufó el albino.

-Mi cerebro duele…- se quejó la castaña.

-Yo solo quiero terminar esto… aun no hago lo de Honda…

-¡LO DE HONDA!- exclamaron a la par.

-Mierda…- lloriqueamos.

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Durante las clases de Sadiq nos dedicábamos al proyecto y a lo de matemáticas, en la clase de Honda solo a mostrar avances de nuestros escritos, en informática todo era formulas y diseños…. Y eso era por no hablar de inglés dónde teníamos una parcial pendiente de evaluar más esta… Doble evaluación parcial.

Ya con Antonio ni hablaba, y la cosa entre Gil y yo solo iba de: "¿Entiendes esto?" "Avance esto…" "¡Hagamos esto!" "¿Crees que (Sadiq, Honda, Karpusi, Oxenstierna, el que sea) quiera que pongamos esto?" "A la mierda todo: ¡Quememos ese maldito edificio del demonio!"

Y lo peor es que todas las evaluaciones eran en la misma semana. Y solo nos quedaban dos para entregar todo. No teníamos tiempo que perder.

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Nos encontrábamos en la biblioteca, Honda nos había dado la hora libre para avanzar con los proyectos pendientes, y nosotros no perdimos el tiempo. Creo que nadie lo hizo; por primera vez, todos estábamos en la biblioteca, callados, concentrados en nuestros respectivos proyectos.

-Hey…- soltó Berenice de pronto. Le miramos.- Es nueve de febrero…

-¿Eso que tiene de relevante?- soltó Gil sin despegar la vista del computador.

-Faltan 5 días para San Valentín…- dijo emocionada. Gil le miro condescendiente. Yo sonreí a medias.- ¿Le regalaran chocolates a alguien?

-Yo no regalo, a mí me regalan…- dijo Gil dando un gruñido.

-¿Y tú, Fra?

-Pues si quiero, pero tendré que buscarme un espacio, con tanta tarea ya no tengo cabeza…- dije.

-¿…Recuerdas cuando nos daban dulces por San Valentín?- asentí. ¿Cómo olvidarlo?

-Sí, que bonito… hagan algo… - soltó Gil.

-¿Y a ti que te pasa?- pregunté.- No eres tan cortante…

-No lo soy, pero esto me tiene tan harto que no puedo dejarlo…

-…Gil, deberías tomarte un descanso, no sé, tal vez en el sur de Francia…- bromeé.

-¡Estamos en el jodido sur de Francia!- gritó, provocando que Bere y yo nos hundiéramos en nuestros lugares.

-Okey, en definitiva no está de buen humor.- susurró la castaña.

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Berenice y yo nos sentamos tras de Gil y comenzamos a sugerir que podía y que no poner a la página. Era divertido e interesante ver como el albino insertaba unas cuantas ecuaciones y aparecía algo completamente impresionante.

De vez en cuando Bere se volvía a mí y sonreía, no era una sonrisa de compromiso, era una sonrisa alegre, yo sin embargo no dejaba de sentir que a ella le dolía lo que había pasado, pero mientras no me dijera nada, yo no tenía que tocar el tema en absoluto… Eso que paso fue lo mejor para ambos.

En fin, Gil no dejaba de alardear sobre lo maravilloso que era y el buen equipo que hacíamos.

-¿Crees poder meter un catálogo con las flores que manejamos?- preguntó Berenice.

-Eso es pan comido…- dijo el albino.- Solo necesito unas fotos y algo de información en general y te haré un catálogo de lo más genial.

-Suena estupendo…- dijo ella entrelazando los dedos.- Mañana sin falta te traigo todo.

-Genial, entonces creo que para la página será todo por hoy.- soltó el albino guardando los cambios en su USB.- ¿Qué más tenemos?

-Lo de matemáticas, lo relacionado a la mercadotecnia, pasar lo que expondremos en inglés…- dije.- Y pues ya en individual la redacción para Honda, el examen oral de mañana de inglés, la investigación para ciencias sociales… y exámenes y más exámenes… y… ¡Dios, ¿Qué te hice para merecer esto?!- lloriqueé. No iba poder con tanta presión, me terminaría saliendo una horrenda arruga sobre la frente.

-… ¿Dios? Esto fue obra del de abajo, junto con los maestros. Qué se me hace lo venían planeando desde cuando.- dijo Berenice seria.

-Cierto, dijeron: "Hay aplicárselas en la misma semana… MUAHAHAHA"- soltó Gil haciendo una mueca.

-Esos malditos…- chilló la castaña.- En fin, no ganamos nada con lamentarnos… Y aún tenemos tiempo, ¿Qué hacemos ahora?

-Pues tengo bastante avanzado lo de mercadotecnia…- dije sacando el cuaderno.- Dejen solo voy por un libro que me recomendaron y terminamos con esto de una buena vez…

-Vale.- exclamaron a la par mientras leían los apuntes.

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Camine hacia el estante, sino mal recordaba había visto un par de manuales de mercadotecnia en la parte alta del primer estante junto a la puerta de emergencia. Cuando llegue me encontré con la sorpresa de que Arthur se encontraba ahí también, tratando sin éxito de bajar uno de los libros.

-Un poco más, ya casi…- dijo deslizando las yemas en el reverso de uno de los manuales.- Malditos estantes para gigantes… - refunfuño.

-Permíteme ayudarte…- dije dibujando una sonrisa, mientras estiraba la mano.

-…Y-yo puedo solo, gracias…- respondió sonrojándose. Eché a reír.- ¿Qué es tan divertido, rana?

-¿Esto no te trae recuerdos?- le di una mirada galante.

-El jodido trabajo de historia.- soltó dibujando una sonrisa a medias.

-Ese mismo…- dije yo.

-Entonces, me voy antes de que nos caigan los libros encima.- exclamó apartándose.

-¿Me dejaras solo a mi suerte?- inquirí haciendo morritos.

-Te veo en tu funeral.- respondió.

-Malo.

-Torpe…- dio un suspiro.- Pero aprovechando que estás aquí, haz algo útil y baja un manual para mí también.- pidió.- P-por favor.

-Claro, señorito. Todo por mi amor.

-¡Deja de llamarme así!

-¿Señorito o amor?- cuestioné tomando el manual. Me volví a él y lo extendí.

-Solo dime Arthur y ya. Así está bien.- respondió tomándolo.- No me gustan los sobrenombres, menos los cariñosos.

-¿Por qué?

-Porque no y ya, son estúpidos y vergonzosos. – se volvió a otra parte.

-Oye…- solté entrecerrando los ojos, serio. Me miro.

-¿Qué?- escupió.

-¿Qué era eso que me querías decir la otra vez antes de que nos interrumpiesen?- inquirí. Jamás había visto, ni creí posible, el rostro de una persona pudiese resplandecer más fuerte que una farola por la noche, pero ahora el rostro de Arthur las dejaba en corto con el carmesí tan brillante de sus mejillas.- ¿A-Arthur?

-…Yo, yo… son muchas cosas… no es… bueno, si es importante… pero… ahhh…

-¿…Qué es?

-…Yo…- dio un suspiro, apretó las manos.- ¡Yo…!

-¡AAARTHUR, qué bueno te encuentro! ¿Ya tienes el manual? Marcel se está impacientando y…- Piero nos miró inocente.- ¿Interrumpo a…?

-En absoluto…- Prácticamente gritó Arthur, tomándole del brazo.- Gracias por la ayuda, nos vemos rana torpe.- y lo arrastro tras de sí, mientras el castaño se despedía con un ademán… Esto en verdad que es extraño.

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Después de eso no pasó gran cosa. Volví a la mesa y seguimos trabajando. Las clases continuaron, y nosotros seguíamos trabajando, sintiendo que jamás tendría final.

El viernes por la mañana puse mi tarea en la tostada y no me di cuenta hasta que mordí esta y me supo a tinta. Lloriquee como tonto antes de corregir mi error.

Cuando llegue a la escuela me encontré con Gil y Berenice platicando respecto a juntarnos el fin de semana. Yo quería dar un rotundo no, pero honestamente eso solo lo hubiese empeorado. Así que al final acordamos, muy a mi pesar, de juntarnos tanto el sábado como el domingo en la casa de Berenice, y este mismo día saliendo de clases, para al menos terminar o bien lo de mates o lo de calidad… O lo que fuese.

Al entrar al aula me topé con Antonio, que nos miraba de reojo. Su expresión era una de completo fastidio, a pesar de que sonreía ligeramente. Los tres nos sentamos en la misma fila y nos limitamos a dormitar en la clase de historia…

No sé ellos, pero yo tenía razones para estar cansado. El jueves después de trabajar en los proyectos y tareas pendientes, me dedique a estudiar para inglés… Ya que hoy nos evalúan, y la verdad era que me sentía muy nervioso, ya que no había practicado más con Arthur, y yo temía a quedar en ridículo.

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Las clases pasaron volando sin tregua ni descanso. Estaba harto, otro dato más, por más insignificante que fuese, me terminaría causando un derrame cerebral…

El receso paso y el resto de las clases, sin nada más que seguir avanzando proyectos y lamentos por las tareas pendientes y demás. Y poco a poco se aproximaba el momento de la verdad. El examen de Oxenstierna.

Para cuando el reloj marco las últimas horas de clase y el timbre solo lo confirmo, sentía el estómago revuelto, (y eso que no había comido). El nudo en la garganta, el dolor que se hacía fuerte a cada minuto. Eran nervios. Horrendos y nada agradables nervios. Y estaba seguro que por ser yo, el profesor Edward no tendría piedad.

A fin de cuentas estás tutorías de inglés no son más que mi última oportunidad para no quedarme en cursos por la materia.

-Ah… dios me libre…- suspiré con pesadez.

-Tranquilo, Fra, ya verás cómo saldrá todo bien.- me susurró Antonio.

-¿Bien? Saldrá maravilloso.- soltó Gil.

-Vale, solo espero pasar con buena nota.- dije.

-…Bu´nos días, cl´se.- soltó el profesor Oxenstierna irrumpiendo nuestra conversación.- ¿L´stos pa´a el exam´n?

-…NOOO…- respondieron todos con desanimo.

-Zombi mata, zombi quiere destruir este edificio…- dijo Gil dejándose caer.

-Zombi reprobara si no presenta examen.- se burló Antonio.

-Zombi podría matarme a mí antes de…- mascullé.

-P´ofes´r los reprobará si no s´ pon´n serios…- dijo Oxenstierna. Todos se sentaron derechos muy a su pesar.- Bu´no, ya saben cómo fu´ci´na, ¿V´dad? Doy un tema y ust´des me hablan al re´pe´to de este- miro a Arthur.- Exce´to por u´ted, Kir´land. Está exentó. Haga el favor de retira´se.- pidió el profesor. Arthur asintió.- Y p´ra el re´to…

-PREPARE YOUR A…- comenzó André, le miramos feo.- YOURSELF…

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Después de que Gil pasó y salió del salón alardeando lo genial que era, supe que era ya mi turno, así que me levante y camine hacia el profesor. Gil levanto el pulgar en señal de que todo saldría bien, sonreí a medias y me volví al profesor. Él me miró fijamente. Odio los exámenes de inglés, odio hablarlo… No es que no pueda, pero me da miedo hacerlo mal, haber hecho gastar su tiempo a Arthur; no entiendo cómo es que puedo leer, escribir, traducir, pero me cuesta tanto hablarlo. No entiendo ese nerviosismo. Solo con Arthur he logrado hacerlo perfectamente y con nadie más…

-Well, Bonnefoy…- me miró condescendiente.- Tell me, What will you be doing in five years time?

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Comencé a tartamudear, el profesor Oxenstierna solo me miraba mientras tomaba apuntes, en un momento dado me harté. ¿Qué merde pasaba conmigo? Sí Arthur estuviese aquí seguramente se estaría burlando y reprochándome que solo le hice perder el tiempo… Ese inglés malhumorado… No es así.

Di un suspiro y pedí me diera la oportunidad de empezar de nuevo. Aclaré las ideas en mi mente y comencé a hablar. Le conté de mis planes universitarios, de compartir departamento con mis compañeros, de todo lo que teníamos pensado hacer. Comenté que terminando la carrera pesaba comenzar desde cero, pero más adelante si tenía suerte y dinero abriría mi propio restaurante, más no dejaría la cocina de lado. Me gusta cocinar y aun teniendo el rango más alto no dejaría de hacerlo.

Le conté todo, pensando en cómo lo habría dicho Arthur, evite las palabras anti sonantes, obviamente. Para cuando terminé Oxenstierna me miraba fijamente, pero tenía una sonrisa dibujada entre labios.

-Has mejor´do ba´tante, me sie´to impre´ionado.- dijo.- Tanto Kirkland c´mo tú han hecho un bu´n trabajo…- comenzó a tomar nota.- Aunq´ necesitas trabajar en ese nervio´ismo…

-…Sí, eso haré. Gracias.

-No hay de qué. Ti´nes un ex´ele´te en esta eval´ción.

-¿Es en serio? - exclamé emocionado alzando los brazos.- ¡HONHONHON!

-Bien, es todo, pu´des retira´te.

-Claro, eso haré… Un excelente… no puedo creerlo…- Arthur debe de saberlo.

-Y por cierto…

-¿Sí?

-Jamás había vi´to a un francés usar perfe´tamente un acento inglés.

-¿…Eh?

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Salí del aula aun dando gritos y saltos de la emoción. Gil estaba afuera, recargado en el barandal, al verme esbozo una enorme sonrisa.

-Por tu cara intuyo que todo salió genial.- dijo al verme. Me volví a él emocionado y le levante entre mis brazos.- ¡Oí, recuerda que estoy casado! ¡Ke sesese!

-Lo siento, pero estoy muy feliz…- lo baje.- Pero tienes razón, no quiero Iván me mate. -Di un chillido, emocionando. Seguía sin creérmela.-Como sea, ¿Has visto a Arthur?

-Está en las escaleras. Lo vi hace un rato, pero lucia algo ocupado, así que pase de él.- explicó.- De igual manera, deberías de ir antes de que aparte de cejón y malhumorado se vuelva ratón de biblioteca. No dejes que le siga agregando cosas a su faceta de estirado… Así que ve, Fra, pero muévete…- me pateo en el trasero.- ¡Y no vuelvas!

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Camine hacia las escaleras, bueno, corrí prácticamente, pero me detuve en seco al ver a Arthur sentado en estas, recargado en el barandal, escribiendo algo en su cuaderno. Lucia serio, muy concentrado en lo suyo. Dio un suspiro, se estiro un poco y volvió a lo suyo de nuevo. Yo me limité a verle un poco más antes de ir a su lado, en silencio, con la mayor sutileza posible. Quede tras de él, y comencé a acercar mis manos a su cabeza cuando de pronto…

-Ni se te ocurra, Francis…- soltó sin despegar la vista de su cuaderno.

-P-pero… ¿Cómo? ¿Acaso eres un brujo o algo así? ¡Nunca puedo sorprenderte!

-No soy un brujo, idiota…- cerró el cuaderno y se volvió a mí.- Pero era obvio que eras tú, te escuche correr por el pasillo mientras mascullabas quien sabe que cosas. Eres tan sutil como una patada en el trasero, es por eso que no sirves para esto.

-Jump, eres un grosero…- dije con decepción sentándome a su lado.- Inglés estirado.

-Tú eres idiota que es distinto.- tomo el cuaderno y lo hojeo un poco.- ¿Sabes?- comenzó.- Empiezo a creer que el tonto de Alfred tiene razón. Dios me libre pero creo que tanta tarea es una especie de conspiración por parte de los maestros.

-¿Hasta ahora?- dije un tanto cínico.- Eso era obvio desde un principio.

-…Seh, pero no quise ponerme paranoico. Como sea, ¿Qué es lo que te trae por aquí, Frog? Y si dices que es nada te golpearé.- nos miramos. Sonreí.

-Estoy feliz…

-¿Por?

-Saque un excelente en inglés, Arthur.- sentí el corazón latir con fuerza, la emoción volvía.- Por primera vez en mi vida saque un excelente en idiomas. ¡Estoy que no quepo en mi felicidad!

-Se nota…- dijo dándome una sonrisa.

No pude contenerme más, le abrase con fuerza. Arthur dio un par de gruñidos, pero aun así correspondió a mi abrazo.

-Muchas gracias…

-Vamos, frog, sé que sin mí no lo hubieses logrado…- comenzó.- Pero… bueno, date algo de crédito. No eres tan estúpido, solo torpe, pervertido, narizón y cursi, pero no tan estúpido.

-Oh, que grandes palabras de amor…- me regodeé.

-Uno trata de darte un poco de crédito y lo arruinas…

-Lo siento, pero no la pones difícil.- me separe un poco de él y pegue mi frente a la suya. Nuestras miradas estaban fijas la una a la otra.- En verdad gracias.

-Ya te dije que no tienes que agradecerme n…

Las palabras se quedaron a medias. Nos acercamos lentamente y nos dimos un beso. Era un beso suave, como siempre. Un ligero rose de labios exquisito.

-Esas manos dónde pueda verlas y una distancia de preferencia de aquí a Marte. Cualquier contacto no autorizado será detenido con violencia.-soltó de pronto una tercera voz. Nos separamos al instante, volviéndonos a esta.

-Fuck the police…- dijo Gil divertido mientras sostenía a Antonio por el brazo, el cual lucia crispado y dispuesto a matar en cuanto el albino le soltara.- Hola, tortolitos.

-Tenían que ser ustedes…- dijo Arthur frunciendo el entrecejo.- ¿No tienen otro lugar a dónde ir a hacerle al idiota?

-No, hoy no.- respondió Gil como si nada.- A mí también me da gusto verte, Arthur.

-A mí no.- dijo Tonio zafándose del agarre de Gil. Se sentó entre Arthur y yo… Bueno, de hecho mando a volar a Arthur a la otra orilla y a mí me arrincono en la contraria.- Hey, Fra, tiempo sin hablar…- sonrió infantil.- Tengo que decirte algo.

-¿Y eso que podrá ser?

-Tu sabes, estamos en febrero, faltan unas horas para mi cumple…

-¿Y eso a quién le importa?- murmuró Arthur. Antonio le miro fiero.

-Cierto, mañana es doce…- solté apaciguando el asunto.- Felicidades, Tonio, ya al fin los 18.- le di unas palmadas en la espalda.- ¡Hagamos algo!

-Oh, pero si él ya tiene planes, cuéntale.- pidió Gil sentándose al lado del castaño.

-¿Ah, sí?

-Nada del otro mundo, pero tengo listo todo, haré paella, gazpacho, churros, tortilla con patata. Lo clásico de mi país, ustedes saben, la costumbre… Y quiero que vengan a compartirlo conmigo, tú y Gil… Sin Arthur.

-Ni quien quiera ir a comer eso…

-Mejor que la comida inglesa, puedo asegurar…

-Oigan, basta ya. Dejen de pelear por mi atención, es molesto.- solté.

-¡No estamos peleando por tu atención!- exclamaron a la par, sonrojándose.

-Además si fuese así, como amigo tengo más derecho que cejotas.

-…Si fuera sí, que no digo que lo sea, jamás lo dije y no estoy afirmando nada…- comenzó Arthur.- Mi compañía le resulta más grata al bastardo que la tuya… Gilipollas.

-¿Quieres pelear?- bufó Antonio.

-Adelante, no te tengo miedo…

-Chicos, basta ya.- exclamé.

-Cierto, nada de peleas amorosas.- dijo Gil divertido.- En fin…

-Vale, no perderé mi tiempo…- suspiro Antonio.- ¿Nos vemos el sábado por la mañana, entonces?

-Claro, estaré encantado de ir.- sonreí.

-Bien, ahora debo irme. Tengo un montón de tarea…- dijo Antonio dejándonos atrás.- Y nada de contacto no autorizado.

-Vale, policía de la moral…- dije divertido.

-Fra, he terminado lo de la página web y quisiera mostrártelo.- dijo Gil.

-Vale, vamos…- mire a Arthur.- Debo irme…

-Está bien, igual yo debo esperar a Piero y Marcel… Nos vemos.

-Nos vemos… suerte.

-Igual…- me di la vuelta.- Felicidades…

-¿Eh?

-Ya lárgate.

-Antipático…

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El sábado Gil y yo la pasamos genial en la casa de Antonio. La comida estaba deliciosa y le pedí varias de las recetas a Tonio, mientras que Gil comía como si no hubiese un mañana. El castaño lucia bastante alegre, a pesar de que nos había comentado aun no sabía nada de Maria. ¿Estará bien que finjamos no pasa nada mientras ella sigue sin aparecer? Bueno, si a Antonio no le causa ruido, es mejor no hacer algo que lo ponga mal. En fin, saliendo de casa de Antonio fuimos a casa de Berenice. La castaña nos esperaba en la entrada. Era raro volver a su casa y al antiguo sitio donde trabaje después de casi dos años. En fin, Gil, yo y Bere, subimos a su alcoba, la cual daba al mar, y comenzamos a trabajar. Nos posicionamos en el escritorio que daba a la ventana. Berenice en su cama, haciendo su parte del trabajo. Así pasaron varias horas entre trabajo, silencio y refrigerios.

Ya para en la noche, Gil salió dos veces de la alcoba, su teléfono sonaba como loco, dejándonos a Berenice y a mí solos. Ambos hablamos un poco, pero eran cosas del trabajo, no más. La segunda vez que volvió sonrió a medias, un tanto malicioso, mirándome. Cuando le pregunte que porque hacia esos gestos simplemente dijo nada poniendo la más inocentes de las caras.

Al poco rato mi teléfono fue el que sonó. Era un número desconocido. Me disculpe y salí de la habitación, Gilbert volvió a sonreír malicioso… En dónde sea una de sus bromitas. Di un suspiro y conteste.

-Si eres un amigo de Gil ayudando a sus chistecitos mejor que sea rápido.- se hizo el silencio.- Voy a colgar…

-B-buenas noches…- Me congelé. Esa era la voz de Arthur.- ¿Bastardo, me escuchas?

-S-sí, hola, buenas noches…- respondí.- Qué extraño, admito que me has sorprendido, lo que menos esperaba a estas horas era una llamada tuya.

-Vale, espero no interrumpir… es solo que…. Necesito hablar contigo… obvio no por aquí, eso es muy informal…

-Oh, ya veo.- sonreí.- ¿Es acaso una llamada para pedirme una cita?

-N-no es una… cita… es… un encuentro…

-¿Uno casual?- solté sugerente.

-No seas pervertido.

-Perdón.- reí.- Bueno, entonces es un encuentro.

-Sí, mira…. Es que… han pasado cosas y necesito que hablemos… ¿Mañana puedes?

-No, lo siento. Tengo tarea.

-Cierto, esos malditos trabajos…- dio un suspiro.- ¿Y el lunes por la tarde?

-El lunes sí, no tengo planes aun.

-Perfecto, el lunes nos vemos a las cinco en el parque central, donde la fuente de sodas. Es una cita… es decir, es…

-Está bien, entiendo… pero dime, te he notado algo inquieto. ¿Paso algo malo o…?

-No sé cómo definirlo.- dijo.- Pero supongo que te puedo dar un adelanto…- di un bufido. Había mucha interferencia.- Mira… mamá… sobre nosotros… tengo un plan… solo en lo que se calma… para no levantar sospecha.

-¿Arthur, de qué estás…?

-Viene alguien, luego hablamos. Nos vemos el lunes, bastardo.- colgó.

Algo dentro de mí se estremeció. Tenía la sensación de que esta cita cambiaria muchas cosas… Y no estaba equivocado.

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Desde el punto de vista de Arthur.

Cap.24

-Estaré bañándome en el otro cuarto por si me necesitas…- dijo Francis dejando la ropa doblada sobre su cama.

-Creo que me las puedo apañar solo, gracias…- dije tomando una toalla de su armario.

-No lo dije porque crea eso…- soltó serio. Le mire.- Lo dije por si quieres acompañarme…- dio una sonrisa ladina.

-¡L-lárgate de aquí!- exclamé arrojándole una almohada.

-¡Jajaja, pero si es mi cuarto…!- rio.

-No me importa.

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Abrí la regadera y deje el agua fría recorrer cada rincón de mi cuerpo. Me sentía bastante relajado, lleno de energía. Cuando salí, procedí a cambiarme. Apenas me había puesto la ropa interior cuando él entro al cuarto. Traía ya una playera de fondo y la ropa interior puesta. Se sentó al borde de la cama y siguió vistiéndose. Sentí como en un momento dado su mirada se posó en mi torso desnudo, me puse la camisa… Pero aun así podía sentirla.

-¿Q-Qué tanto miras? ¿Acaso esperas show, bastardo caliente?- me volví a él.

-Non, en absoluto…- respondió de lo más tranquilo.

-¿Entonces?- bufé.

-Es que quiero me des una foto autografiada para pegarla en mi espejo…- bromeó. Le mire fríamente.- No, ya en serio. La verdad es que veía las heridas en tu espalda…

Di un respingo, sentí el color subir por todo mi cuerpo… Contrólate, no hiciste nada malo, fue solo… No sé. Simplemente algo que tenía pasar. Y que yo quería que pasara… Quiero morir. No puedo creer que pasó. No me avergüenza, simplemente no lo concibo del todo.

-¿Y qué tienen de malo?- dije fingiendo indiferencia.

-Nada, realmente. Solo veía lo profundas que son… lo siento.

-No tienes que disculparte, como si yo no te hubiese hecho daño…- desvié la mirada.

-Bueno es cierto, note unos cuantos moretones y dedos marcados en mi cadera cuando me bañaba, pero…

-Al menos esas no las verán tan fácil…- solté interrumpiéndole.

-¿Y quién dice que no?

-¿Acaso piensas desnudarte en frente de alguien más?- solté cruzando los brazos.- Y no es que me importe, es tu cuerpo y reputación a fin de cuentas.

-…No pienso desnudarme frente a nadie más.- dijo con aire indignado.- Solo digo que si alguien entrara a mi cuarto mientras me cambio, podría verlas y preguntar.

-…Oh, cierto.

-Pero en fin, dudo que pase… ahora ven.- me pidió.

-¿Para qué?- inquirí desconfiado, más que nada por costumbre.

-Te voy a curar esas heridas.- dijo mientras sacaba algodón y antiséptico de uno de los cajones del mueble junto a su cama. Di un suspiro y me senté en el piso. Francis se inclinó y comenzó a curarme en silencio.-…Anoche…- comenzó. Tragué saliva.- Creo que dijimos demasiadas cosas…- dio un ligero desliz sobre una de las herirás más profundas.- Porque pareciera que hoy no tenemos de que hablar.

-Da lo mismo. El silencio no es del todo malo, es simplemente silencio. Además, ¿De qué vamos a hablar?- inquirí.- Al menos de que quieras continuar con lo de Jeanne o lo de mi papá, no tenemos mucho que decir…- callé al instante.- Perdón… - solté después de un rato.- Lo he dicho muy a la ligera. Si tú lo hubieses dicho así me hubiese molestado bastante, no tengo mucho tacto, lo siento…

-…Ah, vale, deja de darme explicaciones, no las necesito y no me las debes. Yo sé qué así eres tú. Además, eso ya es pasado, y el pasado se queda atrás.- explicó mientras empapaba otra bola de algodón.

-Supongo que el tiempo lo cura todo, hasta las heridas más profundas.- susurré. "Y parece que para mí el tiempo no pasa, sino ya hubiese dejado todo atrás." Pensé.

-En eso te equivocas, Arthur…- dijo Francis de pronto sacándome de mis pensamientos. Me volví a él, y me recargué en una de sus piernas, mientras le lanzaba una mirada acusadora. ¿A qué se refería? Es obvio que con el tiempo dejo a Jeanne en el pasado, por eso no le duele.- Dicen que el tiempo cura las heridas, pero eso es una mentira. El tiempo no cura nada, solo te enseña a sobrellevar las cosas. Y eso es lo que paso con Jeanne, aprendí a vivir con la carga de su muerte.- le miré. ¿Cómo es posible sea tan inteligente con esa actitud tonta que se carga todo el tiempo?- O al menos ese es mi caso… tal vez a algunas personas el tiempo si les funciona.

-Posiblemente… ¿Tú crees que yo tenga esa suerte?- pregunté.

-…Sino la tienes, entonces yo me encargaré, no te preocupes, mon cherie…- dijo antes de inclinarse para besarme. Correspondí.

-…No hagas promesas tontas.- susurré sobre sus labios.

-No es una promesa, son solo las palabras que definen mis futuras acciones.

-Empiezas a sonar como una especie de filósofo, no te va…- dije serio.

-…Je, lo sé. Soy demasiado torpe y distraído como para decir ese tipo de cosas. En fin…- se levantó.- Ya estás listo.

-…Bien, gracias… ahora hazme un favor y termina de vestirte.

-¿Acaso no te gusto más así?- dijo haciendo una pose sexy. -Admítelo, lo que en verdad deseas es que me desvista.

-En absoluto. Además, no quiero ver tus piernas peludas…

-Pero bien que anoche eso no te importo.

-…Solo vístete.- solté completamente sonrojado.

-Touché.

-¡FRANCIS!

-Ya voy, ya voy…- me pellizco la mejilla.- Gruñón.

-…Torpe.

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Cuando terminábamos de vestirnos, Seychelles apareció de golpe, dio un saludo de buenos días y entro directamente hacia donde Francis. Mostro su torso desnudo y soltó: -Cierre.- Francis lo subió al instante, con la mayor de las facilidades, como si fuese cosa de todos los días. -Gracias…

-De nada. Oye, Sey…-comenzó mi compañero.- ¿Tu cargador de casualidad servirá para el celular de Arthur?

-…No sé, necesito verle.- dijo lanzándome una mirada.

Tome mi celular del piso (Sorprendentemente aún era en una sola pieza), y se lo mostré. La morena lo examino un momento y lo comparo con el suyo.

-Lo siento, es distinta.

-Vale, no hay problema…- dije.- Ya en casa me encargo de eso…

-¿Seguro?- soltó Francis preocupado.

-…Seh, está bien.

-Bueno, -comenzó Sey- entonces yo me v…

-¿Francis está tú hermana ahí?- profirió el Director Bonnefoy entrando. Se quedó un momento en silencio.- Buenos días.- soltó dibujando una sonrisa a medias.

-Buenos días.- soltamos los tres al unísono.

-¿Qué paso?- preguntó Sey.

-El gato está en mi cuarto, sácalo antes de que me provoque una alergia.- exigió.

-Vale, lo haré…- soltó la morena.- ¿A dónde vas?

-¿A qué viene eso?- dijo él un tanto indiferente.

-Dudo vayas a desayunar con esa fachada tan elegante…- respondió ásperamente.

-Seychelles…- Clamó Francis un tanto materno.

-Tengo trabajo…- respondió.

-¿Trabajo en domingo?- soltó ella suspicaz.

-Me voy, se me hace tarde.- exclamó saliendo de ahí.

-Sí, huye…- gritó. Se volvió a nosotros.- Tiene novia seguro.

-¿…Y qué con eso?- dijo Francis.- Ve y saca a Iggy de su cuarto.

-¿Tú también? Jump, ¡Qué pesado!- exclamó cruzándose de brazos.- Una trata de hacer conversación y la mandan a por el gato…

-Lo tuyo no es conversación… - comenzó Francis.- Es cotilleo…

-Como sea…- soltó.- Iré a por Iggy. Los veo abajo para desayunar.

-Vale

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Bajamos a desayunar. El Sr. Bonnefoy se encontraba arreglando la mesa. Así que como buen invitado y caballero que se supone soy (Si gente, tengo modales aunque no lo crean, es más, no les debo ni por qué dar explicaciones), le ayude a acomodar la mesa. Una vez que terminamos él me dio una sonrisa cálida y me agradeció en un tono amable por la ayuda. No pude evitar sentirme un tanto apenado, más que nada por el hecho de que su sonrisa era tan inocente que me hacía sentir culpable por haber jugado con su hijo en el cuarto de juegos, valga la redundancia, la noche anterior… Pero bueno, siendo honestos, desde que puse el primer pie dentro de la casa sabía que algo así podía pasar y aun teniendo la oportunidad de irme no lo hice. Lo incite, así que, aunque me duela admitirlo, esto no es culpa de la rana, sino mía.

Aunque realmente, no me arrepiento de nada.

En fin, el desayuno transcurrió tranquilo al inicio, pero después se tornó un tanto extraño… Seychelles de pronto echo que salía con Matthew y yo descubrí que lo dramático de Bonnefoy si es de familia. El Sr. Jean-Pierre (Creo así se llama) le armo un tremendo alboroto. Que sí Matt era mayor, que como la trataba, que era un abusivo… Vaya, eso no me lo sabía.

Debo admitir que me dieron ganas de reír, a pesar de que me resultaba molesto, porque la situación lo ameritaba. Ver a Francis con una expresión de "Qué diablos", a Seychelles actuando de un modo tan cínico y el señor Bonnefoy armando todo un cine mental, era de lo más divertido. Pero tuve que contenerme, y hablar en defensa de mi primo. Y a pesar de que no se lo tomo del todo bien, dejo el asunto de lado.

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De ahí en más no pasó nada. Seychelles le pidió a su padre que la llevará al centro comercial. A pesar de todo el alboroto que provoco, el Sr Bonnefoy no dio un no por respuesta. (Se lo dije a Francis y lo reitero, esa niña está bastante mimada), y ya en eso nos arrastró a nosotros.

-Pórtense bien y lleguen antes del anochecer…- pidió el padre de Francis, mientras bajábamos del auto.- Cualquier cosa llámenme.

-Tranquilo, eso no será necesario.- soltó Sey plácidamente.

-Eso espero…- sonrió.- En fin… - saco su billetera.- Vengan aquí… Cincuenta para Sey.- la morena los tomo mientras daba un grito de victoria.- Otros cincuenta para Françoise… gástalos sabiamente.

-Sabes a la perfección que eso haré.- dijo el rubio tranquilo.

-…Y cincuenta para Arthur…- dijo extendiendo un billete.

-…Esto, yo, no puedo…- exclamé negando con la cabeza.

-¿Por qué no? Me parece grosero de mi parte el no darte nada.

-Estoy alojándome con ustedes sin consultar siquiera, para mí eso es más que suficiente… Sin ser grosero, Sr…

-Venga, que no te de pena…

Seguí negando y él insistiendo, en un momento dado me volví a Francis es cual reía divertido ante la escena, al notar como le pedía ayuda y a la vez trataba de matarle con la mirada, dio un suspiro y sonrió a medias, mientras lanzaba una mirada que básicamente decía: "No va aceptar un no por respuesta". Aspiré profundamente y termine aceptando muy a mi pesar.

-Diviértanse los tres, cuídense y nada de travesuras. Lleguen antes del anochecer. Los quiero.- Y puso en marcha el automóvil.

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Dimos un par de vueltas por la plaza comercial y al final terminamos entrando al cine. Al parecer no tenían nada que ofrecer más que funciones viejas, igual no me incomoda, siempre y cuando la película mantenga coherencia, e increíblemente esta la tuvo todo el tiempo. Cuando termino, el intercambio de opiniones entre Francis, Seychelles y yo no se hizo esperar. Debo de admitir que a pesar de ser Francesa, la película era bastante buena.

Y así seguimos un rato, charlando, caminando, compartiendo opiniones al azar de cosas en común… hasta que…

-¡Miren!- soltó Seychelles de pronto.

-¿Qué cosa?- pregunté volviéndome a donde la morena señalaba.

-Las cabinas fotográficas. – y comenzó a hablar sobre que había venido con Matt y cosas así… Cosas de chicas que realmente no me interesaban.

Solté un "¿Y eso qué?" sin ocultar mi poco interés en el tema. A ella le dio lo mismo y exclamó de lo más alegre:

-¿No gustan tomarse unas fotos? ¡Yo invito!

Francis y yo intercambiamos miradas. Mi compañero se volvió a su hermana al instante para decirle de la manera más amable que no lo veía necesario, yo le hice segunda explicando que realmente no tenía caso. Pero ella argumento que sería lindo para cuando no pudiésemos vernos… Alcé la ceja, escéptico. ¿Era acaso eso posible? ¡No hay día que no nos veamos! Además, tener una foto sería algo de más… Aunque… bueno… si vuelvo a Londres… No me gustaría olvidar su rostro. Obvio eso ultimo no lo dije, la rana tiende a bromear mucho con mis palabras y decir eso era… un tanto vergonzoso.

-…En fin, Arthur, sino quieres está bien.- dijo Bonnefoy viéndome con cierta decepción. ¿Acaso él si quería una foto mía?

-¿A ti te gustaría?- pregunté sin verle.

-La idea no me desagrada en absoluto.- confesó encogiendo los hombros.

Di un suspiro. Odio cuando pone esa expresión tan linda… ¡No es justo! Ese bastardo se aprovecha de su cara de nena. Tome su mano y lo lleve hasta la cabina, mientras él comenzó a bromear y molestarme….

Y de no ser porque mi rostro irradiaba en rojo me hubiese vuelto solo para golpearle.

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Una vez dentro el bastardo comenzó a hacer muecas a la pantalla. Le mire serio. ¿Por qué me gusta tanto? Digo, en serio, ¿Por qué? Como sea no pensaré en ello. Él se volvió a mí, divertido, y me dio un beso en la mejilla, y le aparte al instante de un manotazo. Entonces hizo una extraña mueca y no pude evitar sonreír. Nos besamos.

La máquina indico que nuestras fotos se estaban imprimiendo y mi compañero solo lo confirmo. Me levante tras él cuando de pronto caí en cuenta de que posiblemente la cámara pudo captar el momento en que nos besamos… Y que Seychelles estaba afuera para recibir las fotos.

-¿Qué ocurre?- preguntó Francis al verme tan serio.

-¿Tú hermana qué no está fuera esperando a por las fotos…?

-…Sí, ¿Y?- dijo tranquilamente.

-¿Cómo qué "Y"?- bufé.- Ella verá cuando nos…

-Cálmate, no creo diga nada por ello.

-¿…Acaso no te da pena nos vea así?- inquirí levemente molesto.

-No, ¿Por qué? ¿Acaso a ti te da?- inquirió. Di un respingo, eso me cayó de sorpresa.- ¿Te molesta que sepan tenemos algo a lo que aún no nombramos?

"No, no me molesta. Pero me asusta un poco. No mucho, claro, pero sí lo suficiente para importarme…" Pensé.

-¿Arthur?

-…N-no es como que me avergüence, pero siendo honesto, preferiría que entre menos sepan de esto mejor. Una relación dura más cuando los demás desconocen de esta, entre más saben más fácil es que se arruine.

Francis me miro y cuestiono respecto a si creía que Sey sería uno de esos terceros. Negué. En realidad no creía a la morena capaz de algo así… pero no podía confiar del todo no se lo comentara a alguien.

Y como si la hubiésemos invocado, Seychelles apareció de pronto y nos sacó de la cabina. Nos mostró las fotos rápidamente y notamos como faltaba una, la cual admitió había tomado. ¿Para qué rayos la quería? En fin, mire el resto de las fotografías… Y vi una que atrajo mi atención.

Era la foto después de que Francis me diera el beso en la mejilla. Yo salía mal enfocado mientras le daba el empujón, pero él se veía bien. Arranque la foto y la guarde antes de que alguien más pudiese verla.

- Para mí esta está bien…

-¿Cuál es?- exclamó el curioso.

-Eso no es de tu incumbencia, Frog.- dije secamente, apartándole.

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Después de eso nos dimos a la labor de volver a casa… Bueno, a su casa. Durante el trayecto hablamos sobre Matt y Jean-Pierre, y otras cosas sin relevancia. Pero aun así, en ese momento, parecían ser lo único que importaba. Observe a Francis y Seychelles lanzarse indirectas, reír y bromear (Y me resultaba difícil creer que fuesen hermanos tomando en cuenta como se tratan). Sonreí. Me sentía bastante cómodo entre ellos dos… Como si fuesen parte de mí y yo parte de ellos… Lo sé, es algo bastante ridículo.

Todo iba bien hasta que Seychelles menciono algo de un auto frente a la casa y cuando lo vi sentí la sangre helárseme. Era el auto de mi madre.

…Mierda. Maldita mierda. ¿Cómo supo que estaba aquí? ¿Cómo vino a encontrarme?

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Fue un momento incómodo. Y supe que estaba vetado de por vida de la casa de los Bonnefoy en cuanto entre. El aire se sentía denso. Mi mamá dio una sonrisa, y me pidió que recogiera mis cosas para irnos. No sé porque lo hice, pero decidí quedarme callado y obedecer. A pesar de poder haberme negado, haber salido corriendo… Solo asentí. Subí pesadamente los escalones, recriminándome por haber sido tan estúpido e idiota por confiarme y creer no me buscaría…

Francis me siguió hasta la alcoba. Trague en seco, no sabía que decir.

-Seguramente le dijo lo que en "verdad" paso.- logré decir después de un rato.- Espero no te metas en líos por ello.

-Ya sabía a qué me atenía…- sonrió.- No te preocupes.

"No me pidas eso, torpe. Claro que voy a preocuparme. Seguramente ya estás en un embrollo." Pensé. "Me importas y no quiero tengas problemas por mí."

Nuestros padres comenzaron a apresurar mi partida. Di un gruñido. No quería irme, estaba perfectamente. Francis seguía mirándome, con cierta decepción.

-Gracias por todo…- dije a media voz.

-No hay de qué.- me dio una cálida sonrisa. Sentí los ojos vidriosos.

"Tonto…" pensé. "¿Por qué mierdas quieres llorar? No es un adiós, lo verás mañana, como siempre." Pero… aun así… se sentía como si no fuese de esa manera.

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Nos despedimos. Bueno, más bien nos vimos obligados a despedirnos. Mamá seguía gritando me apresurada y era obvio el Sr. Jean Pierre quería hablar con su hijo, así que corrí hasta la puerta, pero justo al poner los pies fuera del umbral de la misma me detuve. No, no me iría así como si nada, como en ocasiones anteriores. Di un suspiro y reuní todo el valor que pude. Me volví a él y corrí con todas mis fuerzas. Le tome por las mejillas y le robe un beso. Uno un tanto salvaje, un tanto inapropiado… El beso que quería darle desde el momento en que me di cuenta que me gustaba.

-I just want you to know that I don't regret anything that happened, nothing at all… Frog.- dije para después marcharme.

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Di una mirada rápida a su ventana mientras caminaba a mí destino. Ahí se encontraba él, viendo a través de la puerta corrediza de su balcón… Al igual que yo miraba sin ver.

Tragué en seco. "¿Qué clase de pesadilla es esta?" me cuestioné volviéndome a mi madre; la cual se encontraba ya en el auto, deseosa de irse, con un gesto demandante cuya mirada solo reafirmaba. "Adiós" dije para mis adentros al momento en que subí al auto y cerré la puerta tras de mí. Ella piso el acelerador, sin dirigirme la palabra (de igual manera no deseaba hablar con ella), mientras que yo (Vaya idiota que soy) miraba aun la casa de Bonnefoy con la falsa esperanza de no verle desaparecer… Esperanza que desapareció al poco rato, justo al dar vuelta a la esquina.

-¿A dónde vamos?- me forcé a preguntar después de un rato al notar que la dirección que tomábamos era la contraria a la habitual para ir a casa.

-A casa, ¿A dónde más?- respondió despectivamente sin mirarme siquiera. – hay algo en la guantera que quiero saques… mas no lo abras.- pidió ásperamente.- ¿Qué esperas? ¡Hazlo ya!- Demandó bajando la velocidad del vehículo. Di un mohín de disgusto y abrí la guantera de malagana. Dentro había un sobre tamaño carta. Lo observé detenidamente. Tenía escrita la dirección de la casa y no más. La letra era fina y elegante, seguramente de mujer, plasmada en tinta negra, seguramente de un rotulador.- Quiero que tengas eso contigo hasta que te pida que lo abras. – detuvo el auto en un mirador que daba a la ciudad. Escuche el seguro del auto activarse y sentí mi cuerpo estremecerse. Me miro, su mirada era fría.- ¿Qué es François Bonnefoy de ti?- Preguntó. Le mire confundido. ¿A qué venía eso tan de pronto?- Arthur, te estoy hablando. No me jodas la paciencia. ¿Qué es Francis Bonnefoy de ti?

-¿A qué viene eso?- cuestioné en el mismo modo cortante.- Él solo es un amigo.

-Tus mentiras me dan asco. No sé cómo duermes con esa conciencia tan sucia que te portas.

-¿De qué hablas? ¿En qué maldito momento te mentí? El día de hoy, claro.- enfaticé.

-Sé de lo tuyo con Francis, y la verdad es que me enferma… Quiero que te alejes de ese muchacho antes de que lo eches a perder.- Sentí una punzada en el pecho.

-Mamá, en serio no sé qué está pasando aquí, de qué estás hablando…- dije nervioso.

-Ah, sigues regio a tus mentiras.- dijo decepcionada.- No quería llegar a este punto, pero no me dejas otra salida. Abre el sobre.- ordenó. Desate el nudo de este y metí con cuidado la mano. Dentro había algunos papeles. Tome uno al azar y lo saque.

-…Esto…- dije quedándome sin aliento al ver la imagen impresa.-…Esto…- el corazón me latía tan fuerte que me retumbaba en los oídos. Esto no podía ser posible.

-Estas son tus mentiras al descubierto…- expresó victoriosa.

Saque un papel tras otro, incrédulo. No podía ser cierto. Esto no debía ser cierto. Era solo un mal sueño… Eran fotos, una tras otra, todas de nosotros. Del día de la cita en la playa, de la disco, en la escuela… una tras otra. Todas eran claras. Nuestra relación poco convencional estaba al descubierto… Alguien nos había delatado.

-Y cómo te iba diciendo, ¿Qué es de ti?- reiteró. "Un buen amigo" dije con voz temblorosa e imperceptible. Me lleve la mano a la boca.- ¿Acaso tienes miedo?- sonrió.- Admite, Arthur, te tengo atrapado y no puedes hacer mucho. Los amigos no hacen eso, ya deja de mentir.- saco una hoja del sobre. Era una hoja blanca a raya, esas que se usan para los tablones de apuntes.- Según esto tiene bastante tiempo, al menos aquí dice esto… Así que deja ya de negarlo y de temblar. Que poca vergüenza la tuya. Yo debería ser la que esté asombrada.- comencé a respirar agitadamente. Rayos y centellas… BLOODYFUCKINGHELL!- Siento lastima por el chico…- continuó ignorándome.- Sin duda ha tomado una mala elección… De tan buena familia, amable… y guapo. ¿Esto es acaso un juego? ¿Lo usas quizás? ¿Bajo qué amenaza lo tienes?

-…No es nada de eso…- logré decir con el poco aire que aún tenía.- Yo lo quiero. Él me quiere…- me sonroje.- En verdad lo quiero.

-¿Y tú qué sabes sobre querer a alguien? Tú no sabes nada.- Afirmó.- Además, ¿Pretendes te crea un chico como tú logró atraer la atención de un chico como él?

-…Yo no pretendo nada.

-Eso sí que te lo creo…- suspiró agobiada.- Escúchame, pero muy bien, porque esta será la única vez que te lo diga… Aléjate de él. -El corazón me dejo de latir. Mi sangre se helo y de pronto hizo punto de ebullición. ¿Alejarme de él? ¿¡Alejarme de él!?

-¿Y sí no quiero qué?- chillé furibundo.

-Sería una lástima que los padres de Francis vieran esto, ¿No crees? ¿Cuál sería su suerte si lo descubren? Al menos su padre ya sabe la clase de persona que eres... Y dudo que se ande con miramientos.

-¿Qué le dijiste?

-La verdad, y no dudaría en decirle más.

-…No te atreverías…

-Sí, sí que lo haría…

-…Yo, no entiendo… ¿En qué te afecta esto?

-Yo no voy a tener un hijo gay, mucho menos uno que aparte de eso es un vago, vicioso, sin futuro… un rebelde sin causa.- bufó.- Y realmente esto no me afecta a mí, tú a mí no me haces nada… Pero tú hermano está contigo todo el tiempo. Y él sí que me preocupa. No quiero le metas ideas raras, como aquel día que se levantó en contra mía. Si pretendías echarlo a perder, lo estás logrando…

-Yo no busco nada de eso, Alfred se enojó por otros motivos…- solté.- Estoy harto de que lo pongas como pretexto. Solo di que me odias y ahórrate todas esas palabras…- le mire lleno de rabia.- Sí él fuese el gay, ¿Le dirías lo mismo?

-…No, porque sé que él no tendría una intención oculta…

-¿Y yo la tengo?

-¿Me vas a decir que tú compañero fue quién inicio todo esto?- tragué saliva. Negué. A pesar de que era de ese modo, negué.- Eso creí. Aléjate de él.

-¿Por qué?

-Solo hazlo, y para que sepas que va en serio…- saco el celular y me lo mostró.- Aquí tengo el número del Sr. Bonnefoy. En dónde este informante me mande más de ustedes… no titubearé en marcar.

-…Por favor…- pedí.- No…

-Te daré oportunidad Arthur, tienes la semana que viene para terminar esto.- dijo ella.- Pero si me entero de algo, lo que sea… despídete.

Quitó el seguro del auto y lo hizo marchar. No pude retenerme y me eche a llorar lleno de ira, dolor y frustración. La odio, en verdad la odio. Y me odio a mí mismo por permitir me haga esto.

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La casa estaba vacía. A lo poco que había explicado mamá antes de irse, Alfred se había quedado en casa de Matthew. Estaba bien, de igual manera no quería verlo, no por el hecho de que por él me hayan ido a buscar (En absoluto, a pesar de que me causó molestia el saberlo y le maldije para mis adentros… Eso no me enojaba lo suficiente como para no querer verle la cara a mi hermano.) Era el hecho de que me sentía bastante decaído, lo que provocaba no quisiera verle. Nunca me ha gustado me vean mal, aunque claro, creo que a nadie le gusta mostrar debilidad.

En fin, entre a mi alcoba. Se encontraba echa un completo desorden. Al parecer alguien o algo (estoy seguro fue alguien) había estado hurgando entre mis cosas. ¿Acaso había sido mamá? Di un bufido, fastidiado. No me sorprendería si fuese así. De igual modo, no puedo evitar preguntarme qué diablos era lo que buscaba y qué fue lo que encontró. Note las cartas en desorden, sin acomodar siquiera. Si ella fuese una espía, moriría de hambre. En verdad, que poco profesional y sutil.

"Seguramente leyó las cartas…" Pensé acomodándolas y metiéndolas de vuelta al cajón del escritorio. "Seguramente ahora sabe que yo también estoy al tanto de lo que paso, como REALMENTE paso"

Suspiré profundamente, dejándome caer en la cama. Sé que está mal lo que estoy pensando justo ahora, pero ojala que al leerlas se haya sentido como yo me siento cada vez que las leo. Impotente, miserable y culpable. Sé que está mal odiarla, porque a pesar de todo lo que me ha hecho no deja de ser mi madre. No dejo de ser su hijo aunque no nos traguemos. Pero si yo me lamento todo el tiempo, ella debería sentirse peor… Porque es su pasado a fin de cuentas, no el mío. Soy parte de ese pasado, cierto, pero no me pertenece del todo. Yo aún puedo, de algún modo u otro, forjar un camino y redimirme, pero ella no puede redimirse. NO PUEDE. Puede recordar y pensar en el "hubiera", pero de ahí en más, ¿Qué puede hacer? Nada, absolutamente nada… Solo buscar el modo de sentirse menos miserable, y al parecer la manera en que lo logra es echándome la culpa a mí. Ese es el modo en que ella sobrelleva su pasado.

-Vaya, esto sí que es una revelación…

Ahora era más que claro. Ella al igual que yo odia su pasado y le guarda profundo rencor a lo que lo provoco. Ambos nos odiábamos por arruinarnos indirecta o directamente la vida. Al parecer somos un par de rencorosos. Aunque bueno, no negaré que desde hace tiempo que estaba consciente de que todos mis defectos de actitud los había heredado de ella.

Di un par de vueltas en la cama para al final fijar la vista al techo. Había sido un día demasiado largo, demasiado frustrante… De tanto pensar la cabeza me dolía a horrores (la maldita migraña al parecer había decidido volver), y pensar en lo demás solo me ponía peor…

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Pasaban de las tres de la mañana cuando desperté. Era una de esas madrugadas lluviosas y frías de Marsella. Me levante a cerrar la ventana y tomar una frazada del armario. Escuche un ruidito hacer aparición al otro lado de la puerta, la abrí. Se trataba de Scottie. Al verme comenzó a correr y brincotear en círculos mientras lloriqueaba. He de admitir que a pesar de ser una molesta bola de pelos apestosa y babosa, me resulta tierno.

-Sube a la cama, enano apestoso.- ordené. Él brinco a esta sin chistar. Me recosté a su lado y él opto por acurrucarse cerca de mi estómago.

Admito que, aunque me duela el orgullo, preferiría la compañía de Bonnefoy…

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Los pensamientos atiborraban mi mente, haciéndome imposible conciliar el sueño. Todo giraba alrededor de mi relación con Francis y la bruja que hace parecer a lord Voldemort una exploradora de uniforme rosado (mejor conocida como mi madre). Y había algo más. Una idea que llegaba de golpe en ratos, renuente a desaparecer.

Si mi padre estuviese vivo y supiera respecto a esta, se hubiese echado a reír y sin más me hubiese alentado a intentarlo, no sin antes darme un sermón, claro.

"No existen malas o buenas ideas. Solo ideas." Solía decir. "Lo único que causa problemas son los impulsos confundidos con ideas, esos nunca llevan a nada bueno"

Extraño a papá y sus frases raras, profundas, algunas veces difíciles de comprender. Extraño a mis amigos y los líos en que nos metíamos. Extraño los conciertos, la música, el alcohol, el perder la noción del tiempo… Extraño ser yo, el verdadero yo, no este chico que se rindió. En verdad extraño eso… Pero, aun así, ya no quiero irme de aquí, me gusta esta ciudad, la gente que he conocido y las cosas que he hecho…

-…Yo, nunca pensé que llegaría el día que diría esto pero… si pudiera tener todo eso de vuelta, quisiera que fuese aquí…

…Estúpido Bonnefoy, es esto tu culpa por completo.

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El lunes me levante antes de que sonara la alarma. Si había dormido una hora era mucho. Pero no me sentía cansado, de hecho, me sentía con ánimos. La casa estaba sola, así que puse mi música a todo volumen, me tome mi tiempo para bañarme y vestirme, y desayune lo que se me vino en gana. Tome el camino largo a clases con la mente aún abarrotada en pensamientos, pero la cabeza no me dolía en absoluto, a pesar de que la noche anterior el dolor era insoportable.

Eso era tal vez debido a que estaba pensando muy seriamente en tomar una decisión respecto al rumbo de mi vida y sobre mi relación con Bonnefoy.

Las calles estaban vacías, ni un auto ni una persona. No había alma alguna. El viento era frío y hacia que mi chaqueta se sacudiera. Era una escena un tanto tétrica y a su vez misteriosa. Aspire profundamente, el aire era húmedo… Creo que terminaré con musgo en los pulmones.

Divise a lo lejos la entrada de la escuela, y di un ligero tropiezo. Baje la vista… Era una lata que giraba sobre su eje por el viento. ¿Qué le pasa a la gente? ¿Qué acaso les cuesta tanto trabajo tirarlas al cesto de la basura? Patee la lata con fuerza… y acto seguido un quejido hizo aparición.

-…Y-yo… ah… Lo siento…- solté corriendo hacia este. En el piso había un chico recogiendo sus libros, con la cabeza cubierta por la capucha de la parca.

-Vaya, pareciera que tú y yo estamos destinados a encontrarnos siempre de una manera un tanto… poco sutil, ¿EH?- dijo descubriéndose el rostro.

-…Es tú culpa por estar en el lugar menos indicado en el momento menos indicado…- solté.- Vladimir…- El rumano sonrió. Le ayude a recoger sus cosas. -Es demasiado temprano como para andar tan cargando, ¿No crees?

-Nunca es demasiado temprano.- dijo tranquilo.- ¿Me acompañas o llevas prisa?

-Da igual.- solté encogiéndome de hombros.

-…Esa respuesta es muy propia de ti.

-Cierra el pico.

Caminamos en silencio hasta el club de magia, Vladimir encendió la luz y dejo caer los libros sobre la mesa.

-Te vez fatal…- dijo mientras acomodaba las sillas alrededor de la mesa de estar.- Con esas ojeras pareces un panda…

-¡OYE! ¡Ni que tú estuvieras tan fresco!

-Más que tú sí…- sonrió. Abrí la boca para soltar un par de alaridos, pero me robo la palabra.- Tuviste una noche agitada, ¿Verdad? Llena de pensamientos extraños…- le mire.- Estás a punto de tomar una decisión, ¿No es así?

Trague en seco. Vladimir se limitó a sonreír mientras tomaba asiento. Me ofreció una galleta de mantequilla, negué con la cabeza.

-¿Sabes?- dio un mordisco a una.- Es triste ver a un ave enjaulada, porque para empezar está ahí a la fuerza. Las aves cantan no por gusto, cantan porque es lo único que les queda… Añorando lo que se les quito, pero… si se le da la libertad puede ser peor, porque en un momento dado el encierro mata su espíritu, y una vez que el espíritu muere… no importa que recupere lo que tanto añoraba jamás volverá a ser la misma. Pero hay también otros casos en los cuales ella a pesar de las adversidades sobrevive…

-Vladi, ¿En serio crees que entiendo de que me estás hablando?- solté interrumpiéndole. Mentía, sabía a qué se refería, pero su metáfora simplemente no era de mi agrado.

-En absoluto, pero quiero que lo pienses…- rio.- En algún momento, uno muy cercano, esto tendrá sentido…

-…Tú y tus cosas raras jamás tienen sentido…- bufé.- La última vez que nos vimos dijiste que procurarías traer pañuelos contigo, y ni siquiera sé para qué.

-¿Los necesitas?- preguntó sacando unos de la nada.

-¿De dónde diablos…?- mascullé.- En fin, eso no es importante, realmente. Además, ¿Para qué los quiero? ¿Me ves acaso llorando o algo así?

-…No, de hecho, no por ahora…

-…Vladi, ¿Qué quieres decir con "Por ahora"?

-…Yo…- El timbre sonó. Vladimir dio un respingo. -Debo irme ya, luego te explico…

-¡Vladi!- reclamé.

-¡Nos vemos!

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Las clases pasaron rápidamente. Mis compañeros como siempre no perdieron la oportunidad para hacer bulla y molestar con sus comentarios tontos y fuera de lugar. Y como si no fuera suficiente Sadiq nos aplicó examen sorpresa y nos dejó a nuestra suerte mientras jugaba un videojuego (Insisto, todos los maestros aquí son unos locos).

Después de eso, no pasó nada relevante, sino hasta la hora de recreo, que me encontré con Francis. El bastardo no perdió el tiempo y en cuanto me vio lo primero que hizo fue preguntarme respecto a cómo me había ido el día anterior, no quería ser grosero, pero he de admitir me molesto un poco que me preguntará por algo cuya respuesta era obvia, de igual manera le respondí. Él me comento que también había tenido un par de líos en casa, y que no debería de estarme hablando. En un momento dado la conversación se tornó un tanto pesada. Quería decirle lo que había pensado, quería decirle que lo amaba y que necesitaba tiempo… Pero no sabía cómo decirlo sin sentirme como un estúpido. Porque era algo realmente estúpido. No puedes terminar con alguien que para empezar no es oficialmente nada tuyo. Además, quería decirle que me quería independizar. Que quería salir de mi casa, pero no sabía cómo decírselo, porque lo conozco y sé tomaría una actitud estúpidamente materna y me diría que me fuese a su casa, pero yo no quería eso. Yo quiero valerme de mí, y ya no causar molestias a nadie más… Hacer de mí vida lo que yo quisiese, y no verle la cara a mi madre. Pero ¿Cómo decir todo eso? ¿Cómo? Diablos, ojala fuese tan fácil.

-¿Arthur, estás bien?- preguntó preocupado.

-…Francis, hay algo que quiero decirte, yo…

-¿Tú?

-Yo te a…

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Al final no le pude decir nada. Berenice apareció y se lo llevo dejando a media la conversación. Igual, eso me daba tiempo para plantear bien qué podría decirle y como, además, pensándolo bien, la escuela para empezar no es un buen lugar para hablar… Vaya idiota que soy.

-Oh, Arthur, qué bueno te encuentro.- exclamó Piero apareciendo de la nada, y ya en eso sacándome de mis pensamientos. Le di una sonrisa a medias. Tras él se encontraba Marcel vociferando y maldiciendo.

-¿Está bien?- inquirí.

-Seh, solo se lamenta por tener tarea de mates, pero ya se le pasará. No es su fuerte y tiende a dramatizar un poco el asunto…- igual que Francis, pensé. Piero me miro, alegremente. No pude evitar dar una mirada un tanto consternada. ¿Acaso a él no le preocupan los trabajos o qué?

-Yo también estoy ansioso, pero lo oculto en una máscara de alegría.- soltó de la nada.

¿Qué le pasa a este sujeto? Desde que lo conozco siempre hace eso. ¡Es como si al igual que Vladi leyera el pensamiento!

-Jejeje, no creas que leo la mente ni nada así, pero a veces siento un poco el ambiente. Además, tú gesticulas mucho y al parecer no te das cuenta. Me mirabas consternado, así que era obvio no entendías mi tranquilidad.- explicó.

-De igual manera es extraño…- entrecerré los ojos.

-¿Tú crees?

-No creo, lo afirmo.- dije serio.

-Je, perdón.

-Venga, deja de disculparte. A veces tú actitud pacifista es molesta.- bufó Marcel dejando su drama de lado.

-Y tú actitud drama es peor aún.- dijo Piero volviéndose a él.- Además, hablo con Arthur no contigo, no molestes.- pidió dándole un golpecito.

-¿Qué paso contigo, Piero? ¡Antes eras más callado y adorable!

-Empecé a salir contigo, y todo se fue en decline…- respondió el castaño sonriente. Se volvió a mí.- ¿He cambiado?

-Para mí sigues siendo el mismo sujeto extraño que me trato de defender en las duchas y termino metido en un lio amoroso…

-Qué termino siendo real, jejeje…- rio Piero.

-Seh, sigue siendo igual de rarito…- El rubio le abrazo por los hombros. Piero coloco sus manos sobre las de Marcel y sonrió, levemente sonrojado.

-Saben que sigo aquí, ¿Verdad?- cuestioné auto señalándome.

-Ah, sí, cierto…- exclamó Marcel nervioso soltando a Piero.- Perdón.

-…Ahora el adorable eres tú…- se burló el castaño.

-¡Eso no es cierto!- dijo el rubio sonrojándose por completo. Y comenzaron a discrepar. Yo solo les mire.

Bonnefoy, si tú y yo algún día llegamos a ser pareja, prométeme no seremos tan bizarros, melosos y ridículos como este par… Por favor.

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Ese día me quede después de clases en la biblioteca avanzando un poco de lo de matemáticas. Y descubrí algo que jamás me hubiese imaginado, al menos de Piero. No teníamos ni diez minutos de haber comenzado y él ya había terminado su parte de problemas, con ecuaciones, explicación, y todo. Le mire sorprendido.

-¿Qué puedo decir? ¡Me gustan las matemáticas!- exclamó emocionado. Chloe lanzó una mirada asesina hacia nuestro lugar y nos indicó con un ademán que bajáramos el volumen. Arquee la ceja, ¿Qué acaso no ve que el único que está gritando es Piero?

-Eres un sujeto raro…- susurré.

-Bueno, para mí las ecuaciones no son cosa complicada. De hecho, me son divertidas…- dijo con un aire modesto.

-En serio, ¿De dónde te sacaron, Piero?- pregunté.

-Su mamá y las autoridades siguen investigando eso…- clamó Marcel.

-¿Disculpa?- dibujo una sonrisa tétrica.

-…Nada.- se retractó el rubio, palideciendo.

Piero tomo las hojas con las ecuaciones de Sadiq y las comenzó a resolverlas como si de cualquier cosa se tratase. Yo seguí con mis problemas, debes en cuando me detenía para estirarme un poco. Y Marcel… parecía al borde de un ataque de histeria. Los tres seguimos así hasta que Marcel termino quitándole las hojas a Piero en un arrebato, y el segundo echó a llorar… Y Chloe termino mandándonos fuera de la biblioteca.

Bien, excelente inicio de semana.

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Al volver a casa seguía igual a como la había dejado, vacía. Había un mensaje de mamá en la contestadora diciendo que no llegaría esa noche. También había uno de Alfred diciendo que estaría haciendo un trabajo de ciencias en casa de un compañero. Así que estuve solo gran parte del día. Prepare la comida y la cena, y reserve un plato para Alf, el cual deje en la mesa, por si llegaba con hambre (cosa nada rara en él).

Para cuando me acosté a dormir, escuche a mi hermano llegar, Scottie salió corriendo de la alcoba a recibirlo vuelto un mar de alegría. Escuche como subía las escaleras de dos en dos, pesadamente, mientras mimaba a Scottie. La puerta de mi habitación se abrió lentamente, produciendo un crujido.

Diablos, me siento nervioso… no sé qué debo decir o qué debo hacer…

-Hey, Bro… Bienvenido a casa.- soltó para cerrar de vuelta la puerta.

Cerré los ojos. No pensaba atormentarme por ello, en su momento no tenía caso… Ya mañana… mañana… en algo pensaré.

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El martes me levante minutos antes de que sonara la alarma. Baje a pesados pasos las escaleras y entre a la cocina. El olor del café se hizo presente en esta. Me restregué los ojos y pude ver a mi hermano sentado en un banquillo frente a la barra, dando un sorbo a su café, una mordida a una dona, mientras leía un comic con la misma seriedad que un adulto leería un periódico. Sin duda, digno de Alf.

Entre en silencio, tome una taza, puse un poco de agua caliente y una bolsita de té rojo en ésta.

-…Hay más rosquillas en la alacena, por si quieres…- soltó Alfred de pronto.

-No gracias, prefiero algo con fruta…

-Tienen jalea dentro, la jalea cuenta como fruta, ¿No?

-…No sé si enojarme o admitir que hasta cierto punto extrañe tus idioteces.

Alf dibujo una sonrisa tonta en el rostro antes de volver a dar otro sorbo a su café. Di un suspiro. Era extraño, estar hablando con él como si hace unos días no hubiese pasado nada aquí.

Como sea, preparé mi té con dos cubos de azúcar y un poco de leche. Alfred seguía leyendo su comic y yo me limite a dar un largo sorbo a mi té…

-Arthur…

-¿Mmm?

-¿Por qué si te llevas tan mal con el hermano de Sey fuiste a quedarte todo el fin de semana a su casa?- preguntó sin despegar la vista de lo suyo. Escupí el té.

-Esto… cof… ah… ¿…A qué viene esa pregunta?

-…Bueno, es algo que me causa intriga.

-Ah, ya veo…

-Sí, bueno, ¿Y entonces?

-¿Entonces qué?

-¿Por qué te fuiste con él?

-Yo debería ser él que debería preguntar cómo es que tú sabías que yo estaba ahí en primer lugar.

-…Es una historia muy larga… así que la resumiré. Le conté a Matt sobre lo que paso aquí, supongo que él le dijo a Sey, porque luego me dijo que Sey le había dicho que tú estabas bien. Entonces él dedujo que estabas en casa de los Bonnefoy, solo me hizo el comentario, yo le comente a mamá… Y ya.

-Ah, vaya, bonita cosa…- dije sintiéndome molesto. Esa niña será muy linda y simpática, pero no sabe tener cerrada la boca.

-¿Por qué luces tan molesto?

-¿…Quién está molesto, Idiota? Yo simplemente estoy… no importa como estoy. Solo pienso que fue impertinente de Seychelles el decirles eso.

-…Pero Matt es su novio, no lo veo a mal que le dijera que su primo estaba en su casa.- se encogió de hombros.

-Igual no debió hacerlo, que fastidio.

-Arthur…

-¿Ahora qué quieres?

-¿Está todo bien?

-¿De qué hablas? ¿Qué tendría estar mal? A veces no te entiendo.

-…Arthur… seguro que…

- Mira, estoy bien, no de buen humor, pero estoy bien. Vivo y respiro, es más de lo que puedo pedir.- solté interrumpiéndole.

-Vale, pero no tienes que ser grosero ni ponerte a la defensiva.- exclamó molesto dando un sorbo a su café.

Di un suspiro. ¿Por qué siempre he de exasperarme con tanta facilidad? Porque sí. Así soy yo. Además él con sus preguntas tontas y explicaciones ilógicas no ayuda… Pero, de igual modo, ese no era motivo para ser grosero.

-Ok, admito mi respuesta fue un poco insensible y lo lamento. Pero no estoy a la defensiva.

-…Sí que lo estás.- comenzó Alfred.- Pareciera que ocultas algo todo el tiempo.- me miro.- Y para mí eso es estar a la defensiva.

-No digas tonterías… No estoy ocultando nada.

-…No estoy seguro de eso.- hizo morritos.

-¿Cómo que no estás seguro?- mascullé frunciendo el entrecejo.

-No quiero pienses esto es una cacería de brujas, pero… Ese día que le conté a Matt sobre lo que paso lucia muy serio, y cuando me dijo que posiblemente podías estar con los Bonnefoy lucia crispado. De pronto me dio la impresión de que él sabía algo, y que tú también lo sabías por ende. Mamá también actuaba rara cuando le hice el comentario… y pareciera que tú, Matt y Mamá saben algo que es ignoto para mí… - infló las mejillas.- ¡Un héroe no puede vivir en la ignorancia!

-Héroe mis polainas… Y deja ya de ser tan infantil, vas a hacer me vuelvan las migrañas.- dije un tanto irritado jalándole las mejillas. Alfred se quejó.- A Matt ni lo veo como para contarle mis cosas, y aparte de eso, no sé qué se trae conmigo que desde cuando está así. Y por así me refiero a suspicaz conmigo. Y mamá y yo… Eso es personal.- comencé.- Ella simplemente se hace a la idea de cosas de las que no sabe nada y en las que no debería de meterse…

-¿Y ahora qué es?- soltó.- ¿Y por qué frunces el ceño?

-Ya te dije que es personal, cotilla…- le di un golpe en la frente.- No molestes y hazte de tus propios asuntos…

-Jo, Arthur, eres malo, jamás me dices nada a mí, tu BRO.

-Sí, soy terrible, Alfred, lo que digas…- me levante.

-Me molesta esto, que no me digas nada…- me bloqueo la salida, su mirada era seria.

-Si te lo dijera…- desvié la mirada.- No entenderías…

-Tal vez lo haría si me dieras la oportunidad…

Aspire profundamente, varias veces. No era buena idea, realmente no sabía cómo se lo iba a tomar y no quería echarme más peso sobre los hombros. Pero conociendo a Alf no me va a dejar en paz hasta que se lo diga, así que…

-Anda, Arthur, confía en mi…- comenzó.- Anda, anda, anda, anda… ANDAAA…- gimoteó.

-Alfred, párale a tu rollo infantil…- me zafé de su agarre.

-…Lo siento…

-No digas cosas que no son ciertas…- me queje.- Sé que en verdad quieres saberlo… y te lo diré…- sus ojos se iluminaron.- Pero no ahora…

-¿Entonces cuando?- hizo morritos.

-En el momento indicado.- conteste.

-¿Y cuándo se supone que será eso?

-No sé, hoy, mañana, la próxima semana…

-Arthur…

-Solo… dame tiempo, no es fácil…

-Arthur…

-…No es como si me guste fingir que no me importa lo que pasa o como si me encantara mentir…

-…Pero me lo dirás en algún momento, ¿Verdad?

-Sí, ya te dije que sí.

-¿Tengo tú palabra…?- preguntó extendiendo el dedo meñique.

-La tienes…- respondí, mientras cruzaba mi meñique con el suyo.

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Otra vez tome el camino largo a la escuela, acompañado por Alfred. Al parecer capto el mensaje y no insistió más. Comenzó a platicarme de todo lo que había pasado durante el fin y de cosas que durante la semana no había tenido chance de contarme, entre ellas que la mexicana seguía sin darle una respuesta, pero que al menos le respondía ya el saludo. Después pregunto por la pretendiente misteriosa, pero le cambie el tema respecto a la escuela y demás.

Al llegar a la escuela Luis Alberto esperaba a Alfred en la entrada, a lo que me conto mi hermano se habían vuelto muy amigos, y se fueron juntos charlando de cosas sin sentido, al menos para mí.

Mientras subía las escaleras de mala gana me encontré con la sorpresa de que no iba solo, al parecer alguien más iba a mi lado, pero tenía el rostro metido entre libros y un aspecto bastante desaliñado… me tomo un rato darme cuenta de que se trataba de Bonnefoy.

-Vaya, ¿En dónde quedo el glamour?- me mofé al verle. Era la segunda vez en la semana que tenía la oportunidad de verle y quería tener algo de conversación "decente" con él.

-Sigue dentro de mí, pero hoy por el divino capricho de dios no quiso mostrarse al mundo para deslumbrarlo…- respondió cerrando el libro. Se volvió a mí y dibujo una amplia sonrisa.- Buenos días.

-Buenos días.- respondí.- Y no culpes a dios por tus tonterías.

-Lucir bien no es ninguna tontería, la facha desaliñada te ira a ti, pero ese estilo no es lo mío.

-Nenita.

-Gruñón.

Caminamos un rato en silencio. Parecía que no había mucho que decir, a pesar de no ser así, en absoluto.

-Es una mañana algo fría, ¿No crees?- soltó de pronto.

-…Y que lo digas…- respondí rodando los ojos.

Enredo los dedos en el cabello, como siempre que está nervioso. Era obvio quería decirme algo pero no sabía cómo.

-Tu cabello está largo, deberías acortarlo…- solté sintiéndome estúpido. Puedo decir muchas cosas, pero no. Mejor noto algo tan vano y torpe como eso. ¡Bien!

-¿Tú crees?- dijo Bonnefoy tomando un mechón.- A mí me gusta así.

-Entonces has lo que quieras… Además, era solo una sugerencia. Me es indiferente si le haces algo o no a esa melena.

-Venga, no es para que te molestes… ni te pongas a la defensiva.- infló las mejillas.

-¿Primero Alf y ahora tú? Es más, ¿En qué momento me he puesto a la defensiva contigo? En esta conversación, justo ahora.- mascullé jalándole el cabello.- No me vengan con eso… ¡Yo no estoy a la defensiva, maldita sea!

-Como siempre te molestas y dices cosas sin sentido…- soltó entrecerrando los ojos.

-No es cierto. Yo no hago eso.

-Lo estás haciendo justo ahora.

-No me molestes, rana.

-Tú te molestas solo, estirado…

-Nenita…- exclamé soltándole.

Otro breve silencio. El sonido de nuestros compañeros charlando al fondo y las pisadas desganadas de los mismos.

-Oye, Arthur…- comenzó.

-¿Qué?

-Tu rostro enfadado es lindo.

-N-no es cierto…- me queje sonrojándome.

-También tu expresión avergonzada.

-¡…Déjame en paz! – Francis rio para luego verme fijamente. -¿Qué rayos miras? ¿Vas a seguirte burlando?

-No, en absoluto, solo me preguntaba, si es posible saberlo, claro…- otra vez se enredó los dedos en el cabello.- ¿Qué era eso que me querías decir ayer?

-…Ah, eso…- di un suspiro. Supongo que puedo decirle un poco tomando en cuenta que apenas inicia el día.- Es algo complicado, verás…

-¡AAARTHUR!- chilló una voz conocida.- ¡ARTHUR! ¡ARTHUR!

-¿Piero?- solté al ver al castaño correr lloriqueando hacia mí.

-¡Marcel me ha quitado de nuevo las hojas de mates!

-¿EEEH?- soltamos Francis y yo a la par.

-¡Nada de lo que te diga es cierto!- exclamó a lo lejos Marcel.

-…Creo que te dejo, suerte…- soltó Francis un tanto resignado.

-Sí, claro, déjame morir solo…- me quejé. Rio. Me volví a Piero y Marcel que peleaban entre sí por las hojas. -… No sé qué creen ustedes, pero yo no pienso ser referí en sus peleas de pareja.- me quejé.

-Solo dile que me de las hojas…- lloriqueó Piero.

-No le voy a dar nada, ya estuvo bueno. Le haces más caso a esto que a mí.

-Por favor, no me digas que estás celoso de las ecuaciones. ¡No seas ridículo!

-¿Y no es ridículo lloriquearles también, otra vez?- cuestioné. Piero me miro serio. -Ah, ya, como sea. Solo dáselas.- pedí.

-Vale…- accedió Marcel de malagana.- Pero no me hables, es más me voy a comer.

-Pero si tenemos clase.- soltamos a la par.

-¡A dormir, dije!

-¿Qué no era a comer?

-Ah, da igual, dormir, comer… Quédate con esas estúpidas hojas.

-Cuando estás molesto no conectas el cerebro con la lengua.- se quejó Piero.- Pues bueno, ese no es mi problema.

-Sí lo es…

Y comenzaron a pelear. ¿Es en serio? ¿…En serio tengo que estar soportando esto?

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Los días pasaban volando. Parecía que las 24 horas de pronto solo se habían reducido a ocho. Y por desgracia esas ocho horas eran las de la escuela. Jamás imagine que los días se pudieran reducir de esa manera… pero así era. Iba en contra de toda lógica, mas no me sorprendía. Desde que llegue a Marsella todo lo que pasa en mi vida ha carecido de lógica.

-Y entonces, sí es un problema de este tipo…- comenzó Piero sacándome de mis pensamientos. Era miércoles después de clases y nos encontrábamos aun sin proyecto para servicio y aun con lo de matemáticas financieras inconcluso.- Lo que debes de hacer es aplicar la siguiente formula.

El castaño recargo su mentón en el hombro de Marcel mientras le explicaba paso a paso como resolver un problema de amortización (Sadiq se había empeñado en poner todo lo visto en varios problemas distintos). Marcel se sonrojo y comenzó a balbucear palabras incompresibles, mientras que Piero reía divertido… Si dejaba de lado las peleas entre ese par, no era tan malo el trabajo en equipo. Era, de hecho, increíblemente soportable. El único problema radicaba en qué no teníamos ni la menor idea de qué hacer la empresa que debíamos de promocionar para servicio. Marcel sugería una tienda de música, Piero una tienda de Chocolates (y vaya que tiene una fijación insana por los dulces) y yo quería una Librería… Pero ninguno tenía realmente experiencia en cómo funcionaba cualquiera de las tres y cómo podíamos asociarlas en cuanto a calidad y servicio se refiere… Así que… estábamos bastantes atrasados sin contar además las tareas individuales que no he comenzado…

-…Vaya mierda…- suspiré agobiado.

-¿Qué ocurre, Arthur?- preguntó Piero levantando la vista.- ¿Tú también tienes problemas con las ecuaciones?

-No, en absoluto. No soy tan tarado…

-¡Oye! ¡Si tienes un problema conmigo solo dilo!- chilló Marcel.

-Ah, Marcee, ya deja de lado tus dramas, por favor. Estoy seguro que Arthur se refería a otro tarado. ¿A qué sí, Arthur?- me miro sonriente.

-¿¡De lado de quién estás!?

-…En serio, ya basta ustedes dos.- pedí.- No trago esto de que sean una pareja tan conflictiva. ¿En serio les gusta estar así? Digo, me da igual, a fin de cuentas es su problema, pero esa duda no me deja tranquilo.

-…Bueno, si a conflicto vamos, tú y Francis son casi iguales a nosotros.- dijo Marcel.

-…Ah… esto… ¡Eso no es cierto!- me quejé.

-Marcee, ¿Qué te he dicho de presionar a la gente? Déjalos que se den cuenta por ellos mismos…- le espetó el castaño.

-…Eso no ayuda, en absoluto. Además, ¿Aquí quién está siendo presionado?

-Entonces, ¿En verdad son pareja?- preguntaron asombrados.

-Yo jamás dije eso…- exclamé.- Con su permiso…

-¿A dónde vas?

-Por algo para lo de Sadiq…

-Pero aún no tenemos empresa…

-Da igual.

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¿Hasta ese par de tarados han notado lo que hay entre nosotros? Mierda. Esto está mal… Es decir, no es como si esto fuese a ser un secreto para siempre, pero… Me molesta. Pareciera que todos están conscientes. Qué todos saben algo. Eso no es justo. ¿Por qué se meten en mis cosas sin mi permiso?

No, no es que se metan sin mi permiso… yo… simplemente… me molesta que se diesen cuenta antes que yo. Qué todos den las cosas por hechas antes de que yo lo hiciera. Es eso lo que me molesta.

Cosas como: "Entonces, ¿Ustedes dos son pareja?" "¿Te molesta que sepan tenemos algo a lo que aún no nombramos?" "¿Qué es Francis Bonnefoy de ti?" o "¿Por qué si te llevas tan mal con el hermano de Sey fuiste a quedarte todo el fin de semana a su casa?" Ese tipo de preguntas me joden. Me hacen creer que todo el mundo sabe algo. Pero nadie sabe nada, todos deducen, pero no saben qué pasa, y ese es el problema…

No que ellos no sepan, me da igual si lo saben o no, no vivo de esos idiotas. El problema radica en mí. En que no sé qué está pasando. Quiero a Francis, pero… ¿Por qué no hemos vuelto esto oficial? ¿Por qué tenemos que terminarlo por terceros? ¿Por qué simplemente no…?

-¿…Dejo todo y me quedo a su lado?- susurré deteniéndome frente a los estantes.

Ojala fuera tan fácil como eso… No, la cosa sí es fácil. Soy yo quien pone peros. Soy yo quien siempre encuentra una excusa, porque el bastardo está más que dispuesto. Entonces, ¿Qué estoy esperando?

-…Debería dejar de pensar tonterías, me llevan a otras tonterías y se vuelve un círculo vicioso. Además, yo tengo que tomar otras decisiones. Y todas son importantes y… Estoy hablando solo, genial. - solté estirándome.- ¿Por qué mierdas los libros de Mercadotecnia tienen que estar hasta arriba?

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Seguí peleando un poco con los estantes para gigantes que en algún momento el Sr. Bonnefoy creyó eran convenientes para la biblioteca, obviamente estaba equivocado, tratando de alcanzar un estúpido libro sin éxito alguno.

-Malditos estantes para gigantes…- me quejé.

-Permíteme ayudarte…- soltó un voz conocida tras de mí.

-Yo puedo solo, gracias.- balbuceé. Era una especie de Déjà vu. Francis se echó a reír.- ¿Qué es tan divertido, Rana?- inquirí volviéndome a él.

-¿No te trae recuerdos?- me lanzó una mirada coqueta.

-Seh, el jodido trabajo de historia.- ¿Cómo olvidarlo? Ese fue el primer encuentro, el primer momento de verdad. Se podría decir que en base a ese trabajo de historia se dio lugar a muchas cosas.

-Ese mismo.

-Bien, entonces me voy antes de que los libros se nos vengan encima.

-¿Me dejaras solo a mi suerte?- se quejó. Como tú lo hiciste en la mañana, pensé.

-Te veo en tu funeral.- dije cínico.

-Qué malo eres conmigo.- dijo hinchando las mejillas.

"Y tú como siempre dramatizas" Pensé.

-Torpe, aprovecharé que estás aquí para que hagas algo útil. Baja un manual para mí, por favor.- pedí.

-Claro, señorito, todo por mi amor…- se burló dibujando una sonrisa tonta.

-No me llames así.- pedí.

-¿Señorito o amor?

-Solo dime Arthur y ya. ¿Ok? No me gustan los sobrenombres cariñosos.- le espeté arrebatándole el manual de las manos.

-¿Por qué?

-Porque no, son estúpidos.- me volví a otra parte. Demos esto por terminado, no preguntes más. Por tu bien no digas ni preguntes más bastardo.

-Oye, ¿Qué era eso que me querías decir la otra vez antes de que nos interrumpiesen?

Desvié la mirada. Tenía que preguntar. Justo ahora que las dudas han vuelto a joder a mi mente él tenía que preguntar. Pero, ¿Qué no ya tenía una decisión tomada? Entonces, este no es momento. Solo díselo, mierda, díselo. Sino es ahora, mañana, pero debes decírselo, de lo contrario te arrepentirás toda tu vida de no haberlo hecho… Y no creo querer andar cargando con otro pesar. Ya tengo más que suficiente.

-Yo te a…

-¡AAARTHUR, qué bueno te encuentro! ¿Ya tienes el manual? Marcel se está impacientando y…- Otra vez Piero justo en el momento menos oportuno. ¿Tiene radar o qué mierdas?- ¿Interrumpo a…?

-En absoluto… Gracias por la ayuda, nos vemos rana torpe.- Tome a Piero del brazo y lo arrastre fuera de ahí. Parece ser que mientras estemos en la escuela no podré hablar con él como es. Que fastidio.

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El viernes llego más rápido de lo que creí. Las cosas en casa seguían un tanto molestas, por lo menos con mamá. Cada vez que Alfred se daba la media vuelta o se iba un momento, ella no perdía la oportunidad de recordarme lo de Francis y que el reloj corría. Y cuando Alfred estaba con nosotros siempre lanzaba indirectas. Era molesto, cargante y fastidioso. Pero, ¿Qué más podía esperar de ella?

Yo solo me limitaba a suspirar profundamente, tragarme mis ganas de contestarle y pensar más seriamente en lo que tenía en mente. No, no iba dejar a Francis, el jueves había recapacitado seriamente al respecto, simplemente iba a posponer el asunto. Sé que se escucha raro y estúpido, pero es sencillo realmente.

Yo no pensaba quedarme más en casa, a pesar de que mi problema era con mamá, me pone un poco mal pensar en Alf, pero no pienso cortar lazos con él, en fin, me desvió. No pienso quedarme más en casa. No pienso estar en un lugar donde solo me hacen sentir miserable, pero no puedo tampoco lanzar todo por la borda. Al menos unos días más tendré que estar me guste o no, soportándola muy a mi pesar. Así que tengo que hacerla creer que le estoy siguiendo el juego y que aún me tiene atrapado, y para eso necesito poner a Francis al corriente de todo. Así que simplemente sería un pequeño espacio de "no contacto más allá de amigos" en lo que las cosas se calmaban y yo conseguía un lugar dónde quedarme y trabajo para poder pagármelo. Así de simple. Una vez que lo logré, podré darme el lujo de hacer lo que me venga en gana. Obviamente sé que la cosa no será fácil, pero prefiero partirme el alma a tener que seguir aguantando a esta mujer.

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Alfred y yo tomamos el autobús juntos. El comenzó a charlar sobre cómo iban las cosas con Xóchitl. Al parecer no habían avanzado mucho. Yo le comenté un poco sobre la escuela y los trabajos en equipo. Al perecer no era el único en ese tipo de cosas. Alfred también tenía mucho que hacer en ese aspecto.

Ambos dimos un suspiro agobiado y nos recargamos en el asiento.

-Pero al menos…- comenzó.- Tú tienes a tu pretendiente secreta… Yo con Xóchitl parece no voy a llegar nunca a nada…- se lamentó.

-No llegas porque no quieres, si tomaras la directa…- callé al instante. Me estaba mordiendo la lengua y con fuerza.

-No es tan fácil. Si supiera que le gusto del modo en que me gusta sería más fácil. Además, como héroe que soy, no soportaría el rechazo…

-Ponlo de excusa Alfred, además, lo de los héroes es la vida solitaria, no temor al rechazo, y dudo que un súper-villano vaya a raptarla…

-Bueno, uno nunca sabe…

-Esto es el mundo real.- solté entrecerrando los ojos.

-Bueno, soy yo quien no lo soportaría.

-Pues tendrás que soportarlo, esto igual te está torturando y mucho peor que un no.

-Mmm, lo dices como si fuese tan fácil…

-Deja ya de ser tan quejica, no lo es. Puedes preguntárselo a Matt y él te dirá lo mismo.

-Deja de recordarme que los dos ya tienen o han tenido novia, por favor.- hizo morritos.

-Haz tanto berrinche como quieras, igual sabes es verdad.- me levante.

-¿A dónde vas?- cuestionó.

-Pues no sé tú, pero yo a la escuela.- toque el timbre.

-Oh, cierto, hemos llegado…

Bajamos del autobús y cruzamos la calle. La entrada estaba más atiborrada que de costumbre, y por ende más ruidosa. A travesé la multitud como pude, sin fijarme siquiera si mi hermano iba tras de mí o no.

-Arthur, WAIT FOR ME!- exigió una voz chillona tras de mí.

-Vale.- respondí deteniéndome en seco.

-¿Por qué traes tanta prisa?- preguntó mi hermano alcanzándome. Eché a andar.

-No traigo prisa, tonto. Eres tú el que camina muy lento.

-Yo no soy lento, tú siempre vas a las carreras, que es distinto.

-Tómalo como quieras eso no te quita lo lento.

-¿Por qué siempre eres tan cínico? ¿Es acaso un requisito para ser inglés?

-Podría decirse.- solté encogiéndome de hombros.

-Oye…

-What?

-Qué te parece si saliendo de la escuela comemos algo por ahí, ¿Te apetece?- cuestionó.

-Me da igual, si quieres salir, no tengo ningún problema.

-…mmm, ya veo…- agachó la mirada con cierta tristeza.

Le mire fijamente. Mi hermano estaba empalagoso conmigo desde que había vuelto a casa, y regio a hablar de lo que fuera. Era como si temiese saliera corriendo en cuanto no me viera. Eso me causaba cierta molestia, pero no podía culparlo de todo. Ya le había dado razones varias veces para dudar de mí. Y por si fuera poco, siempre que hablábamos yo le regañaba de uno u otro modo. No es como si estuviese enojado con él, aunque admito que su idiotez en ratos me exaspera, simplemente me sentía un tanto nervioso, eso era todo… Pero parecía que se lo estaba tomando demasiado personal… Resople un par de veces.

-…Alfred.

-¿Qué?- masculló en un tono infantil.

-Si me apetece salir después de clases…- solté desviando la mirada.- Pero no quiero una jodida hamburguesa, no sé tú, pero yo quiero vivir un par de años más… y…- mi hermano me miraba sonriente.- ¿Qué?

-Y yo creyendo que estabas enojado conmigo o algo así…

-Idiota, ¿Por qué habría de estarlo?

-Te quiero, BRO.- me abrazó.

-Sí, sí, Alf, yo también te quiero, a pesar de que seas tan irritante… como todo americano.

-Bueno pues, ¿Acaso es requisito el insultar y ser cínico para los ingleses?- masculló un tanto molesto apartándose.

-Seh, como lo es no conocer el mapamundi, tener complejo de héroe y tomarse todo personal, para los americanos.

-¡OYE!

-Lo siento, pero tú le seguiste…

-¿Seguro que no estás enojado conmigo?

-Ya te dije que no.

-Qué bueno, porque yo tampoco lo estoy.

-¿A qué viene eso?

-Solo me dieron ganas de decirlo…

-¿…Vale?- exclamé arqueando la ceja.

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…El aula estaba envuelta en un aura oscura, tan densa que solo podía ser cortada con una sierra eléctrica. Algunos de mis compañeros tenían las narices hundidas entre libros y apuntes, otros demostraban su lado religioso, algunos dormían, y otros tenían unas bolsas bajo los ojos que parecían panda. Otros no lucían preocupados en absoluto, pero de esos eran pocos… El estrés era peor del que se podría encontrar en un pabellón de heridos, y la depresión era peor que la que se tenía después de ir a un funeral. En efecto, se notaba que era temporada de evaluaciones.

-Buenos días…- dije.

Todos dieron un respingo espantado, pero al verme solo dieron un resoplido junto con una mirada indiferente y se volvieron a sus asuntos. Los di por caso perdido y tome asiento, saque un libro de mi mochila y continúe leyéndolo.

-Eso es todo, Arthur, luciendo tu genialidad con esa mascara de indiferencia total.- dijo Gil atrayendo mi atención. -Te he enseñado bien.

-…Ah, solo eres tú.- solté volviéndome a lo mío.

-Tenemos toda la semana sin vernos y es lo único que piensas decir. ¡Mal amigo! ¡Has causado deshonra a nuestra amistad! ¡Deshonra a ti mismo! ¡Deshonra a tus cejas!

-¿…Qué pretendes causando alboroto tan temprano?- inquirí dando un suspiro pesado, cerré el libro.- Y ya sé que tenemos casi una semana sin vernos, pero, ¿Qué quieres que haga? ¿Fiesta?

-¿Y por qué no? ¡Se trata del maravilloso de yo!

-Te doy unas galletas que me robe de casa y me estoy arriesgando.

-…Malo.- se sentó a mi lado.- ¿Listo para el examen de inglés?- Arqueé la ceja y le lance una mirada escéptica.- Solo bromeo.

-¿Tú lo estás?- pregunté. Gil respondió con su típica sonrisa burlona.- Eso creí…

-¿Y cómo has estado?- preguntó.

-He tenido mejores días, he de decir…- comencé.- Pero si pudiese describir está última semana en una palabra sería "Movida" y si pudiera definir el estado de emoción que tengo sería una mezcla entre "Apático", "Decidido" y "Estresado".

-¿Y eso?- preguntó curioso.

-Problemas con mamá, mucha tarea, lo usual…- le mire.- Necesito que hablemos seriamente en algún momento. Sí es que puedes con lo de "Seriamente", claro.

-Fíjate que curioso, yo también necesito contarte mis nuevas lo más pronto posible. ¡Te asombrara todo lo que he hecho, pero claro, es de esperarse, se trata de mi maravilloso ser!- alardeo.

-¿…Qué te parece este sábado?

-Me parece perfecto.- dijo Gil.-…No, espera. No puedo el sábado. Estaré ocupado.

-Oh, ya veo. ¿Haciendo qué?

-…Cosas con mis amigos… lo siento.

-Vale, no hay problema… ¿Y el domingo?

-Por la mañana.

-Me parece bien.

-¿En tu casa o en la mía?

-Preferiría en un café o algo así. No me parece conveniente hablar en mi casa.

-Genial, porque en la mía no se podrá de igual manera.- dijo Gil.- Bueno, debo dejarte…

-¿Y eso por?- cuestioné.

-Tengo un pequeño problema con el trabajo de Sadiq que sino arreglo ahora… no lo haré nunca.

-Parece que estamos iguales.

-Así parece ser… ah, por cierto…

-¿Qué?

-¿…Cómo crees le vaya ir a Fra con su examen de Inglés?- Preguntó. Mire a Gil obvio. Alcé la ceja y di un leve resoplido.

-No me hagas preguntas inútiles…- comencé.- Le ira perfectamente al bastardo, yo lo sé…- sonrió malicioso.- Conmigo como maestro, cualquiera podría aprobar, - me apresuré a decir- y más le vale por su bienestar físico y emocional pasar la materia, o de lo contrario le haré pagar por haberme robado mi tiempo…

-¡Ke se! Tú siempre tan lindo cuando se trata de Fra…- se mofó Gil.

-...Cuando se trata de la escuela ser lindo no es parte dé.

-¿Entonces fuera de ella sí lo es?- cuestionó.

-…Vete a tu lugar…

-Eso me suena a que le di al blanco…

-¡Ya vete a sentar y deja de molestar, Gil!

-…Aguanta al domingo, te voy a sacar la verdad.

-Quiero ver que lo intentes siquiera.

-No me retes, Arthur. No me retes.

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Cuando llego la hora para aplicar el examen de inglés, todos tenían la misma expresión de un condenado a la silla. El Sr. Oxenstierna, como siempre, tenía un aura un tanto intimidante rodeándole, lo que tensó más las cosas en el aula (Ahora sí solo con un diamante se podría romper esto). Como siempre, coloco sus cosas en la mesa, y comenzó a explicar de lo más tranquilo como sería el examen. Me volví a Francis, que se encontraba entre Gil y el tarado de Antonio, se notaba que estaba bastante nervioso…

"Anda, bastardo, cálmate, si pudiste conmigo y mis estrictos y raros métodos de enseñanza, puedes con algo tan simple como seguirle la conversación a Oxenstierna, digo, no eres tan idiota y el hecho de que no se le entienda nada al tipo no es verdaderamente un inconveniente" pensé. "Anda, sé que puedes… más te vale que puedas… yo… yo…"

-…Yo creo en ti… pero no mucho, para que ni se te suba, bastardo engreído- mascullé.

Y otra vez, señores, hablo solo. Se me está empezando a volver costumbre, una muy mala, en mi opinión.

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Salí del aula por órdenes del profesor, y me fui directamente a las escaleras a continuar con el trabajo pendiente. Vi a mis compañeros salir de salón, todos hablando de la angustia que sintieron al tener la mirada atemorizante de Oxenstierna encima. Llorones. Poco a poco, uno a uno, después Gil apareció, me miro, dio un ademán de victoria total y se quedó en el balcón, mirando hacia el aula. He de suponer esperando a sus amigos… Mirando cómo le haría Francis… Ese maldito, más le vale solo estar mirando lo qué está haciendo y no otra cosa…

Diablos, eso sonó a celos, y yo no estoy celoso. ¡No tengo por qué! Gil ya me dijo que no quiere ya nada sentimental con Francis… ¿Por qué mierdas me cuesta tanto tragar eso…?

Ya, basta, no me agobiaré. Seguiré con la tarea, sí, eso haré… confiaré en Gil y seguiré con lo mío… él me dio su palabra, debo confiar en él…

"Hey, mira" dijo entre labios al notar que le miraba. Arqueé la ceja. ¿Qué quería que mirara? "Tiene buen trasero, ¿No?" dijo haciendo un ademan de manosearlo. Apreté los dientes. "Bromeo, bromeo… ¿O no?" Ahora era una nalgada. "Dat Ass"

Me volví otra parte. No iba a ser parte de ese juego tonto… Y no, no pienso levantarme, no voy a darle el gusto al inmaduro de Gil de hacerle saber que me molesta esa actitud suya. Mejor esperaré al domingo para darle un recordatorio…

Lanzándolo frente a las vías del tren.

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…Escuché sus pasos y su risa tonta inundar el pasillo. Me pase la mano entre el flequillo, volví mi vista a lo que hacía y fingí no darme cuenta de que venía a mi encuentro. Sentí como se acercaba lentamente por mi espalda… Sonreí.

-Ni se te ocurra, Francis…

- ¿Acaso eres un brujo o algo así?- chilló indignado.- ¡Nunca puedo sorprenderte!

-No soy un brujo, idiota…- dije tranquilamente volviéndome a él.- Era obvio que eras tú, tu voz chillona resonaba por todo el pasillo.- sonreí malicioso.- Eres tan sutil como una patada en el trasero, es por eso que no sirves para esto.

-Jump, eres un grosero… Inglés estirado.

-Tú eres idiota que es distinto.- Respondí.- ¿Sabes? Empiezo a creer que el tonto de Alfred tiene razón. Dios me libre pero creo que tanta tarea es una especie de conspiración por parte de los maestros.- comenté.

-¿Hasta ahora? Eso era obvio desde un principio.

-…Lo sé, pero no quise mostrarme obsesivo ante el asunto.- nos miramos.- Como sea, ¿Qué es lo que te trae por aquí, Frog? Y si dices que es nada te golpearé.

-Estoy feliz…- dijo sonriente.

-¿Por?- inquirí alzando la ceja.

Francis empezó a alardear sobre su nota en inglés. Al parecer había impresionado a Oxenstierna de tal modo que termino obteniendo un excelente. Le mire. ¿Significa que las lecciones de inglés terminaron? No es que me sienta triste de que terminen, en absoluto, significa que tendré de vuelta mis viernes libres… Pero… digo, mejoro mucho, pero no es un as en esto del idioma. Oxenstierna está mal del cerebro si le quita las tutorías ahora. ¡Tendré que hablar seriamente con él en privado! Y no es por Francis, sino por mí. Soy un buen maestro y tengo compromiso… así que él no p… Se arrojó sobre mí, me apretaba con fuerza. Todo lo que pensaba se fue al diablo. Di un leve gruñido… pero al final termine cediendo… y me aferre a él también.

Aspire profundo, pase mis manos por su espalda suavemente… su olor seguía siendo el mismo, vainilla y avena. Su cabello se sentía suave y daba cosquillas en la nariz. Era cálido, su abrazo era cálido…

"Te quiero" pensé, y automáticamente volví a la realidad. Estamos en la escuela, ponernos melosos no es buena idea. La persona que da alerta a mamá podría estar aquí. Debo de ser cauteloso, vigilar todo a mí alrededor.

-Vamos, frog, sé que sin mí no lo hubieses logrado. Pero bueno, date algo de crédito. No eres tan estúpido, solo torpe, pervertido, narizón y cursi, pero no tan estúpido.- solté apartándome un poco.

-Oh, que grandes palabras de amor…- dijo cínico.

-Uno trata de darte un poco de crédito y lo arruinas…- solté fingiendo molestia.

-Lo siento, pero no la pones difícil.- recargo su frente sobre la mía, nuestras miradas quedaron fijas. Jamás me había dado cuenta de lo grandes y brillantes que son los ojos del bastardo.- En verdad gracias.

-Ya te dije que no tienes que agradecerme n…

Y ahí se fue mi intento de ser modesto… y mi intento de ser cauteloso. Nos besamos, era un beso tímido, ligero, como si fuese el primero… y dolía. De un modo extraño, ese calor, ese alivio me causaba dolor. Era una melancolía difícil de explicar, una emoción absurda que no venía al caso… era…

-Esas manos dónde pueda verlas y una distancia de preferencia de aquí a Marte. Cualquier contacto no autorizado será detenido con violencia.-soltó una voz que conocía a la perfección.

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Al final Francis se fue con Gil, Antonio a quién sabe dónde (Como si me importará ese odioso gilipollas) y yo me fui a la biblioteca a reunirme con Piero y Marcel. Tuve que cancelarle a Alfred y pedirle mover eso de comer juntos para otro día, no creo sea necesario decir que me armo un alboroto, pero al final entre berrinches accedió.

Como sea, ese día determinamos al fin que sería nuestro proyecto. Haríamos una especie de "Cafetería" y "Librería". "Cafebrería" según Piero, que no dejo de gritarlo emocionado hasta que nos terminaron sacando de la biblioteca.

Una vez fuera de esta nos fuimos a esperar el autobús. Estando ahí, con el sonido de los autos al fondo y Marcel golpeteando la banca a un ritmo bastante pegajoso, decidimos también qué haríamos el fin de semana.

-Yo sugiero que lo usemos para nuestros trabajos, proyectos y demás cosas individuales, hemos trabajado mucho en estos proyectos y la verdad es que ya estoy algo cansado…- comentó Marcel sacando su billetera del bolsillo.- ¿Traes para el pasaje?- le preguntó a Piero.

-Me parece una muy buena idea…- comencé.- En verdad tenemos mucho pendiente, y yo también estoy cansado…- me estiré.

-Págame el pasaje a casa y yo el lunes te lo devuelvo…- dijo tomando el dinero.- al menos de que quieras otro tipo de pago…- bromeó. Le miramos anonadados.- ¿Qué? ¿Acaso uno no puede bromear?

-Es que debes admitir eso fue un poco raro…- dijo Marcel.

-Mucho…- dije yo.

-En fin, a mí también me gusta la idea…- se estiró.- Honestamente ya estoy cansado de verles…- confesó.- No se ofendan, pero es la verdad. Igual los sigo queriendo.

-Vaya consuelo…- exclamamos Marcel y yo a la par.

-Bueno, al menos no mentí.- se levantó.- En fin, debo irme, ahí viene mi ruta…- se volvió a nosotros.- Nos vemos el lunes, cuídense. Pórtense bien, hagan la tarea, tengan cuidado… coman frutas y verduras…

-¿Algo más, mamá?

-¡Se bañan!- exclamó subiendo.- ¡Hasta luego!

-Hasta luego…- soltó Marcel.- Bueno, me voy…

-No viene ningún bus…- dije.

-Yo vivo dos calles abajo, no necesito tomar autobús…- explicó.- Hasta el lunes, Arthur.

-Hasta el lunes.- exclamé viéndolo partir.- Vaya, al fin solo…- mire al cielo.- Este será un largo fin de semana.

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El sábado comenzó como cualquier otro… Con la música de mi hermano a todo volumen, tal vez está demás decirlo, pero yo estaba dormido cuando él la hizo sonar sin consideración alguna. Me senté de malagana en la orilla de la cama y di un largo y cansado bostezo. Vi el reloj. Las siete en punto.

-…Insisto, ¿A quién mierdas le gusta levantarse temprano los fines de semana?- mascullé poniéndome de pie. Eche un par de maldiciones y entre al baño.

Mire a la persona en el espejo, lucia pálida y decaída. ¿En serio ese soy yo? ¡Esa escuela de locos está acabando conmigo! …En momentos como este es cuando más me apetece una cerveza a lado de Gilbert conversando de nada en especial… Pero el idiota seguramente debe de estar con los sus amigos y… ¿Para qué mierdas me levante si sabía perfectamente que no tenía actividad hoy en el club…?

"…TO TEN MILLION FIREFLIES, I'M WEIRD, CAUSE I HATE GOODBYES. I GOT MISTY EYES AS THEY SAID FAREWELL…" sonó en la habitación contigua.

-…Ah, cierto…- solté obvio. Golpeé la pared.- ¡Alfred, son las siete de la mañana, bájale el volumen a eso, por favor!

-¡VAAALE!- exclamó mi hermano.- ¡Gruñón!

-Te escuche…

-Eso quería, es muy temprano para que empieces… Te vas a hacer viejo a este paso.

-Será tu culpa por poner música tan temprano a todo lo que da. Eres un egoísta.

-No lo soy…

-Claro que sí…

-No, y punto final.

-Lo que sea, solo bájale.

-Ya voy.

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Baje a desayunar más que nada por costumbre. La cocina despedía un suculento aroma a tocino y huevos revueltos. Tome asiento en un banquito junto a la barra y vi a mamá cocinando… Ah, por favor, que no me diga nada…

-¿Ya hablaste con Bonnefoy?- preguntó.

-Buenos días para ti también, mamá…- bufé.

-Ah, sí, buenos días… WHATEVER… ¿Hablaste ya con Bonnefoy o no?

-…Ah…- que te importa, me dieron ganas de decir.- No, aun no, no he tenido tiempo…

-¿No has tenido o solo le has hecho al estúpido?

-No he tenido tiempo, mamá.- solté. Y también he tonteado, pero eso no te lo pienso decir.- Tengo demasiadas cosas que hacer, aunque no lo creas, yo también tengo una agenda apretada.

-Claro, sí tú lo dices, debe ser así…- dijo cínica.- Recuerda el trato, Arthur. Sino haces nada lo haré yo… Y no volverás a ver a ese chico nunca…

-¿Bajo qué regla es eso?- inquirí.

-Bajo el simple hecho de que mientras vivas bajo mi techo cumplirás mis reglas…

-¿Y si no viviera aquí?- proferí retador.

-¿Cómo?

-¿Qué pasaría si yo no viviera aquí? Ya no aplicaría, no podrías hacer nada.

-Ay, por favor… ¿Quieres amenazarme o hacerme sentir mal con esa idea patética? Tú no tienes el valor para hacerlo… además no durarías nada solo. Tu jueguito de me escapo para que aprendan a estas alturas ya no es creíble.

-Yo jamás dije que estuviera jugando…

-…Di todas las tonterías que quieras, Arthur, no te creo nada…

-…No me creas…

-¡Buenos días mundo!- gritó mi hermano bajando las escaleras.- ¡El HERO está listo para salvar el día como siempre!

-Buen día, Alf…- solté.

-Buen día, cariño. Ven y siéntate, el desayuno está listo…

-Buenos días…- soltó alegre sentándose a mi lado.- ¿Qué haces en pijama aún?

-¿Qué acaso no te enteraste?- inquirí. Negó.- No hay práctica el día de hoy, es cumpleaños del idiota de Antonio, y por ende canceló.

-No puede ser… ¡Podría estar en la cama justo ahora!

-Yo también.

-Pero tú ya sabías, ¿Por qué te levantaste temprano?

-No es como si quisiera levantarme temprano…

-¿Costumbre?

-Sí, la tuya de poner la música a todo lo que da.

-…Jo, supéralo.

-No.

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El desayuno paso sin contratiempos. Mamá no intercambio palabras conmigo, solo con Alf para despedirse.

-Al parecer sigue molesta contigo…- comenzó mi hermano.

-No considero la palabra molesta el termino apropiado, pero sí, así parece.- dije levantándome. Tome su plato y el mío y me dispuse a lavarlos.

-¿Entonces?

-Ah, considero más bien que está en el plan de restregarme en cara que está en lo correcto. Pero bueno, no es nada nuevo.- coloque los platos en la alacena.

-Tal perece…- dio un bufido.

-¿No piensas defenderla?- pregunté extrañado.

-No, hoy no…- ¿Qué la pasa?- En fin, oye, ya que ayer no pudiste salir por lo de la escuela, ¿Qué dices si tú, yo y Matt vamos al centro hoy?- preguntó dibujando una sonrisa.

-¿Cómo para qué o qué?- pregunté.

-Bueno, me dijeron que hay una tienda de comics en corto y quiero comprar algunos números que me faltan… Matt tiene que ir a comprar unos artículos de mantenimiento para su piano y unas cosas que le pidió tía Maddy, y pues… tú ven y ya te buscas que hacer.

-Si con esa seriedad le dices las cosas a Xóchitl, ya no me sorprende tanto el hecho de que no tengas novia.

-¡ARTHUR!

-…Jajaja, bueno, está bien. Iré. Pero primero haré la tarea.

-¿Quién hace la tarea en sábado?

-Quien no quiere terminar lloriqueando el domingo por la noche porque no se dio tiempo…

-Has ganado esta por hoy, Arthur…

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Me di mi tiempo. Limpie la cocina por completo y le di una limpieza leve a la casa en general, a pesar de que no es mi obligación siempre termino haciéndolo, me estresa ver la casa hecha un desastre y que nadie haga nada… que no sea dejarla más sucia. (Sí, Alf, hablo de ti…). En fin, arregle mi cuarto, y ya en eso hasta me dedique a limpiar el refrigerador y sacar lo que no servía… (Vaya que se desperdicia comida en esta casa). Y ya, para cuando termine con todas las labores pendientes me di tiempo para la tarea.

Serví una taza de té, saque mi cuaderno de literatura, y mi agenda.

-Veamos…- comencé a hojearla.- Reporte de un libro… ya lo leí, hacer una auto-descripción, eso es rápido… un micro cuento, investigar una fábula… ah…

¿Soy yo o nos quieren tener encerrados todo el fin de semana? Y aún falta lo que tenemos aparte con Sadiq, en Informática (Avances de la página web), Sociales (Un reporte sobre las distintas etnias en Marsella con fotos), Historia (Informe sobre… no me acuerdo, pero era un informe…) y otro montón de cosas más… Estos maestros…

-¡Ya, nada de quejas, eso es para vagos y maricas!- solté tomando el lápiz.- ¡A trabajar se ha dicho!

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Iba a la mitad de mis trabajos cuando Alfred llamo. Deje las cosas en el escritorio (ya volviendo dedicaría la noche para terminarlos), me vestí y salí de la casa… Scottie me siguió hasta la puerta… Ah, supongo que se lo merece, todo el día está encerrado. Tome su cadena y collar y me lo lleve conmigo.

Llegue al centro poco antes de las tres de la tarde. Alfred y Matt se encontraban tomando un helado en una de las bancas, al verme me dieron un ademán de saludo.

-¡Trajiste a Scottie, cool!- exclamó Alf tomándolo entre brazos.- ¡No es tarde de chicos sin el mejor amigo del hombre!

-¿Tarde de qué…?- Mire a Matt, se encogió de hombros.

-Tiene rato diciendo eso…- dijo.- Yo solo me limito a seguirle la corriente.

-Seh, tienes razón, hay cosas que es mejor no rebuscar.

-Bueno, entonces… vamos…

-¡A divertirse, se ha dicho!- exclamó mi hermano victorioso colgándose entre ambos.

Fuimos a la tienda de comics, de ahí por las cosas de Matt, paseamos por el parque, Scottie se soltó de su correa y tuvimos que seguirlo dos cuadras abajo. Cuando al fin lo atrapamos descubrimos una pequeña fuente de sodas y nos adentramos a este, obviamente tuvimos que esconder a Scottie, Alfred lo oculto bajo su parca.

-¿No es… esto… g…genial?- dijo entre sorbos Alf.

-Si tú lo dices… ¿Y ahora qué?

-Pues hay una tienda de videojuegos unas calles abajo, y nosotros pensábamos en ir…- dijo Matthew.

-¿Y después?- pregunté.

-Hay una cancha en corto de Petanca, sea lo que sea, quiero jugarlo…

-Ah, yo eso lo he hecho ya, es divertido….- Y vaya que lo es… ese día, con Francis…

-Iremos a la playa, también…- dijo Matt.

-Claro, compraremos algo de botana y unas bebidas, normales, claro, nadie aquí tiene carnet…

-Puede que encontremos a más personas, nos podemos unir a una lunada…

-¿No es genial?

"Bienvenido… A nuestra última parada, las cinco letras: PLAYA."

-¿Arthur?

"Esto… puedo… yo puedo… Je t'aime…"

-¿Arthur, se encuentra bien?

-…Es un idiota…- sonreí. Levante la vista. Alfred y Matthew me miraban anonadados. -Es decir, sí, estoy bien, vamos, vamos….

-¿Quién es un idiota?

-¡Nadie, olvídenlo…!- saqué el celular.- Váyanse adelantando, vengo en un momento…- solté echándome a correr. No puedo más, debo de hablar con él. ¡Pero YA!

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-Apúrate, Gil, contesta ya, mierda-bufé molesto.

-Hey, Arthie, qué milagro que me llamas… ¿Qué p…?

-Gil, el número de Francis, lo tienes, ¿Verdad?

-…Sí lo tengo, pero me sorprende que me llames para eso… digo… pensé que ustedes han salido… ¿Por qué no lo tienes?

-…Esto… no se lo he pedido, ¿Sí? Pásamelo, debo hablar con él.

-¿Sobre qué?

-Solo dámelo, Gil, por favor…

-Arthur, estás bastante ansioso, seguro estás…

-Te prometo que mañana te digo, por favor, solo dame el número.

-Vale, está bien… Lo haré porque en verdad parece te urge…

-¡No es como que me apure!

-Perfecto, te lo doy otro día, entonces.

-¡GIL!

-Ya voy, voy… era broma.- soltó. Acto seguido me dio el número.- ¿Algo más?

-No, gracias, es todo… Nos vemos mañana.

-Hasta mañana, Arthur...

-Adiós.- colgué.

Di un suspiro y me la pensé varias veces. No puedo creerlo… está será la primera vez que lo busque… Yo, maldito Bonnefoy, me hace actuar raro… ¿Por qué me hace actuar raro? Yo… entre más rápido haga esto, mejor. Debo de apresurar esto, no debo seguir postergándolo. Si quiero hacer todo bien, yo no debo postergarlo más.

-Aquí vamos…- marque el número, aspire profundamente.- No hay marcha atrás y…

-Si eres un amigo de Gil ayudando a sus chistecitos mejor que sea rápido.- se escuchó de pronto al otro lado de la línea. Me paralice por completo. El corazón me latía con fuerza… ¿Por qué? ¡Es solo su voz!- Voy a colgar…

-B-buenas noches…- grité. Silencio.- ¿Bastardo, me escuchas?- inquirí.

-S-sí, hola, buenas noches…- respondió. Estaba nervioso, menos mal no soy el único. - Qué extraño, admito que me has sorprendido, lo que menos esperaba a estas horas era una llamada tuya.- comentó.

-Vale, espero no interrumpir. Sea lo que sea qué estés haciendo. Es solo que, me acorde de ti, no pienses que me la vivo pensando en ti, fue una serie de eventos y… bueno, no importa, necesito hablar contigo de algo importante. En verdad, aunque obvio no por aquí, eso es muy informal…- diablos, ¿Por qué estoy tan acelerado? ¿Tan abrumado? ¡Es solo una llamada para…!

-Oh, ya veo ¿Es acaso una llamada para pedirme una cita?- inquirió. No podía verlo, pero estoy seguro sonreía burlonamente.

-N-no es una cita, torpe. Es un encuentro…

-¿Uno casual?- insinuó.

-No seas pervertido.- pedí. Aunque si eso se da cuando nos veamos… ¡Ah, ahora el pervertido soy yo! ¡Estúpido Francis!

-Perdón.- dijo volviéndome a la realidad.- Bueno, entonces es un encuentro.

-Sí, mira es sobre lo del fin de semana. Han pasado cosas y necesito que hablemos lo más pronto posible. Es serio. ¿Mañana puedes?

-No, lo siento. Tengo tarea.

-Cierto, esos malditos trabajos. ¿Y el lunes por la tarde?

-El lunes sí, no tengo planes aun.

-Perfecto, el lunes nos vemos a las cinco en el parque central, donde la fuente de sodas. Es una cita… es decir, es…

-Está bien, entiendo… pero dime, te he notado algo inquieto. ¿Paso algo malo o…?

-Otro con eso. –Bufé.- Ah da igual, no sé cómo definirlo. Pero supongo que te puedo dar un adelanto. Mira pasa que mi mamá, esto, ella sabe sobre nosotros…- ninguna reacción. No debí decirlo así.- Tengo un plan, no es el mejor, pero es el más conveniente, solo en lo que se calma todo, es más que nada para no levantar sospecha. No quiero meterte en líos… -escuché un ruido tras de mí. Francis dijo algo pero no le puse atención. -Viene alguien, hablamos luego. Nos vemos…

Me volví rápidamente. Si era un ladrón no se las iba a acabar, y si era mi hermano… Le voy a regañar por no hacerme caso.

-Ah, Matt…- solté aliviado al ver a mi primo.- Eres solo tú… ah, es decir, ¿Qué pasa?

-Tengo algo que decir, es muy importante… yo…- desvió la mirada.- Pero en otra parte, aquí no es apropiado.

Matt echó a andar sin decir nada más. Caminamos hasta un punto alejado, dónde nadie pudiese vernos. Dio varios suspiros, inquieto. Le mire.

-Y bien, ¿Qué ocurre?- inquirí ansioso. Su actitud misteriosa me estaba crispando los nervios.

-Yo… esto no es fácil, pero no puedo seguir fingiendo más.- me miro decidido.- Sé lo de Francis.- escupió sin rodeos.

-¿Ehh? Yo, ¿De qué hablas, Matt?- balbuceé deseando haber escuchado mal.

-Sé lo que tienen… de su relación… y… se lo dije a alguien más… Perdón.

Matt me miro, preocupado. Yo solo sentía el corazón latir con fuerza, la garganta secándoseme… No podía creerlo. Mi primo, él… él le dijo a mamá… Matt lo sabe, Piero lo sabe, Sey lo sabe… Mamá también… ¿Quién más lo sabe?... ¿Quién?

-¿Arthur? ¿E-está llorando?- preguntó.

Me lleve las manos al rostro… yo… ¿Qué se supone debo decir o hacer?

-¿Arthur? ¿Estás bien? Yo, no era mi intención, pero…

-¿Por qué mierdas dios está tan ensañado conmigo, Matt?- grité tomándolo por los hombros. Mi primo me miro completamente aterrado.- ¿Por qué, Matt?

¿Por qué la vida me odia tanto?

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Fin del capítulo 24.

Al fin he terminado el cap. 24, y me disculpo por la tardanza, pero es que he estado bastante ocupada con la tesis y la escuela, y pues dense una idea. Pero en fin, ya me daré un tiempo para todo y conseguiré una agenda… Estudio administración y no administro mi tiempo…. Esas cosas de la vida.

En fin, agradezco a todos los que me leen y comentan, y también a los que solo me leen, espero sigan así. Los quiero.

Y por cierto, si después de este capítulo no hacen un club de todos odiamos a Ashley, no sé qué les pasa. Es broma, pero yo al menos pienso hacerlo.