CHAPTER XXV
Edward volvió a entrar en la biblioteca con Emmet de cerca.
-Necesito que amplíes la imagen, necesito saber lo que dice ese papel. Lo que sea, algún indicio.
Jasper se quedó en el despacho, pegado al teléfono hasta que encontró un viaje directo a Londres por vuelo privado. Con eso se acaba el uso de los contactos. Tenían a Edward en la mira, volar de un lado a otro sin un motivo firmado oficialmente lo ponía en una lista peligrosa. Volvió a la biblioteca.
-Tenemos que movernos.
Emmet señaló la pantalla.
-No puedo ver qué es lo que ella escribió y jamás podría saberlo a tiempo. Pero puedo obtener una imagen clara del mensaje, si tan solo descubriéramos cómo funciona la tabla... ¿Cuánto tenemos?
Jasper hizo una mueca.
-Media hora para estar en la pista. Restando los diez minutos de carretera.
Lo que normalmente eran veinte, pero él conocía bastante el pedal llamado acelerador. Además de conocer los caminos de memoria, sabría por dónde ir para acrecentar el ritmo.
-Obten la imagen. Mira la forma en la que Bella ha girado el papel.
Jasper cargó el cuaderno y la pantalla portatil.
-Lo haré camino a Londres.
Cuando se trataba de usar el cerebro, Jasper era quién más uso hacía de su materia gris. Había pasado la primera hora del vuelo decodificando la primera línea, o al menos tratando. Ciertos dibujos o símbolos no eran exactamente idénticos pero sí parecidos, pero algunos ni si quiera figuraban en la tabla. Aquello era tarea difícil y no estaba creada para cualquiera. Si podía al menos captar la esencia del mensaje, se acercaría un poco más a Einstein.
-Eso luce realmente difícil.
-Lo és, recuerdo algo de esto en la escuela de entrenamiento. Es como el código morse, que fue creado por los presos para comunicarse. Éste también es un lenguaje para comunicarse entre... no sé le tipo de persona que podría idenficar esto.
-Uno muy avanzado. Charlie dejó bien en claro que su hija tenía un super cerebro. Lo sigue teniendo...
Agregó. Aquella forma de terminar la escuela y la universidad junto a otras tareas de administración, no habían sido tarea para cualquiera. Solo Bella tenía esa capacidad mental para lograrlo, pero estaba seguro que hasta ella misma desconocía ese detalle de su cabeza.
-Mierda.
Edward tomó el papel tan rápido como le dieron sus movimientos. Leyendo cada intento de descifrar el mensaje, línea por línea. Luego lo presionó en un puño. Se puso de pie y les dio la espalda.
-Black.
Murmuró. Emmet se lo quitó para leerlo.
-Siempre ha sido él, nunca se trató de mí. Sino acerca de lo que yo protegía.
.
-¿Quién eres tú?
Jacob le colocó la mano en el brazo para colocarla detrás suyo mientras el hombre entrecano frente a él, lo miraba fijamente.
-Bien hecho... hijo.
Él tragó pesado.
-¿Creíste que te habías librado de mí?
Rió amargamente, cruzando sus brazos en su pecho. Los hombres que se encontraban, uno a cada lado de él, levantaron armas.
-Honestamente, sí.
-Huir nunca ha sido tu fuerte, Jacob. Fracasaste, en otra cosa más.
Bella tenía el estómago revuelto, solo quería salir de allí y presentía que aquello no iba a pasar.
-¿Qué quieres?
-A quien escondes detrás de tu espalda. A ella.
-No.
Su respuesta fue rotunda, inegable. Billy Black enarcó una ceja tupida.
-¿No? ¿Vas a oponerte a un deseo tu propia sangre?
-Solo a los tuyos. No la tendrás.
Billy dio un paso dentro de la habitación. Su mirada era de odio, teñida de brutalidad. La forma de enfrentarse a su primogénito era asesina, Bella no dudaba de la maldad que emanaba esa persona. La brusquedad de sus palabras la dejaron helada.
-¿Como llegaste a ella? gracias a mí, yo fui quién te mandó allí. Tu madre solo fue un puente para garantizarte el mejor lugar, pero siento desepcionarte. Era un medio seguro para saber con certeza de que terminarías allí. Eh estado tras tus movimientos y los suyos desde hace años, esperando el momento preciso. Admito que... no esperaba ver a Bestia en acción, pero me ha sorprendido. De todas formas él ya está fuera del plan.
Bella jadeó.
-¿Qué quieres decir?
-Avecita... ahora que te tengo, él tiene los minutos contados. Pero tú...
Se acercó hacia ella, con una sonrisa pintada en los labios. Jacob la jaló más lejos.
-...vienes conmigo.
La defensa de Jacob fue inútil, cayó en redondo al suelo. Como si fuera peso muerto. Pero antes de que pudiera entender qué le había ocurrido y socorrerlo, la tomaban por los brazos. Miró al hombre con fiereza.
-¿Qué quieres?
-Ya lo sabrás.
Todo se volvió negro de repente. Sumida en una nevulosa de confusión, oía las voces lejos de ella, sentía frío, mucho frío. Luego todo fue silencio y cayó en la noche completa.
-Vamos, despierta. Es hora.
Parpadeó, se sentía pastosa. Como si le hubieran adjudicado algún tipo de adormecedor. Pero no recordaba haber sentido ningún pinchazo y mucho menos haber ingerido algo. Se enderezó en lo que parecía un sofá amplio. Empequeñeció los ojos, la oscuridad del lugar no le dejaba ver mucho, pero sabía quién era el que se encontraba frente a ella. Un sordo sonido los envolvía. O tal vez solo a ella.
-Emieza a hablar.
Poco a poco fue estabilizándose. Black se había quedado sin paciencia. Haber visto a su único hijo negarle algo que quería había agotado con la larga paciencia que había tenido. Bella articuló, sintiendo su boca pesada.
-¿De qué?
-¿Qué sabes del código?
-¿Qué código?
Frunció el ceño. Una puerta lateral se abrió, bañando de luz su rostro. Se giró hacia la silueta que seguía allí de pie. Sus fríos ojos azules se clavaron ella, con esa vieja mirada que jamás olvidaría. Se le heló el cuerpo aún más de lo que ya lo tenía. Esa vez no se sentía lo suficientemente fuerte como para defenderse de nada. Ni siquiera de James.
-Que sorpresa, sigues igual... que antes.
Su sonrisa ladeada le revolvió el estómago y su mirada lasciva la hizo sentir sucia. Pero pudo sentir puro odio latiendo allí, por ella. Black la jaló del brazo para ponerla de pie y la arrastró hacia la puerta. James se hizo a un lado y evitó mirarlo más de lo necesario.
-¿A dónde vamos?
-A un lugar más privado.
No tuvo tiempo de oponer resistencia, no sentía la fuerza necesaria. Entraron en lo que parecía un despacho. Sobrio y aburrido, con lo elemental para cumplir esa función pero sin ver el uso que se le daba. Tal vez solo estaban en algún lugar de paso. La soltó sobre la silla de cuero enfrentando la mesa y él se sentó frente a ella. James se quedó a un lado de la puerta cerrada.
-Ahora... vamos a tener una larga conversación. Espero cooperes, por tú bien.
Su mirada astuta estuvo sobre a de ella, Bella supo que Billy sabía de su bebé. No iba arriesgar la seguridad de su hijo, si tenía que cooperar para mantenerse con vida. Iba a hacerlo. Luego pensaría en un plan cuando estuviera lista. Ahora solo tenía que ser buena y tantear terreno.
-¿Con qué?
-Te he echo la pregunta ya.
Y ella la había evadido lo mejor posible. Conocía el código y podía manejarlo tan bien como si ella misma lo hubiera creado.
-No trates de engañarme, sé que leíste mi mensaje especialmente dedicado para tí. Asi que es tiempo de que me digas la verdad.
La carta había sido específica, ella la había decodificado a la perfección. La primera línea decía que iba dedicado a la persona capaz de entender aquellas palabras, y ella había podido. Había sido tonta y había creído que le habían ocultado un mensaje de su padre porque aquellos símbolos que no aparecían en la tabla general, los había creado Charlie para ella. Era como él decía, un sub código más privado. El mensaje decía claramente que debía volver a los orígenes, le ofrecería la verdad completa a cambio de un sacrificio.
Había aceptado, engañada como una tonta. Ahora dependía de ella.
-Dime en lo que quieres que coopere.
Black sonrió.
-Sabía que no serías difícil de manejar.
Bella mantuvo el silencio, porque su alma rebelde no podía salir ahora mismo.
-Necesito que decodifiques esto.
Dejó frente a ella un cuaderno de tapas duras, tan viejo que sus hojas estaban amarillas y despedían cierto olor a guardado. Lo abrió para revisar su contenido, más lenguaje secreto. Su mente y su visión, tan acostumbrados a ellos, ya podía leerlos sin siquiera transcribirlo. Pero no era algo que tuviera sentido.
-¿Qué es esto?
-Un libro de química. Como seguro sabes, tú padre era un magnate en la traducción. Fue contratado por un empresario millonario para esconder sus secretos, como todo lo que contiene ese libro. Pero murió antes de que pudiera llegar a mis manos.
Bella elevó su mirada.
-¿Quién lo mató?
-La CIA.
Tal vez era el único momento en el que pudiera obtener información, fuera verdad o mentira... parecía ser real. Tenía sentido. Su padre había tenido tratos oscuros y pasaba largas horas de la noche escribiendo ese libro. Recordaba aquellas tapas. Luego había quemado un montón de carpetas y papeles en la chimenea de la biblioteca. Había hecho desaparecer la evidencia, solo quedaba aquel libro. Indescifrable.
-¿Por qué?
-Estaba detrás de este empresario, Sutherland. El viejo tenía tantos años como Cristo, sabía la fortuna y el negocio que dejaría si moría. Tacaño y maldito, dejó lejos su legado de su único nieto. James. Tomó cianuro luego de asegurarse que tu padre había protegido todo.
Bella tragó pesado.
-Entonces, fui detrás de tu padre. Él era el único que podía ayudarme, me apoderé del negocio pero tenía que acceder a ésto para hacerlo completamente mío.
Señaló el libro que ella tenía en sus manos.
-¿Entonces lo mataron?
-Fue una justa razón, puedes imaginarlo. Ellos se olvidaron de tí, pequeño cachorro. Pero tú padre no y yo menos. Charlie te dejó bien custodiada, fuiste difícil de hallar, lo reconzco y de cazar también. Estuve años tratando de llegar a tí, pero tenía a tu maldito perro guardián detrás de mí.
Edward. Su corazón comenzó a latir acelerado.
-¿Qué le hiciste?
Black rió fuerte.
-Nada, lamentablemente. Aunque es admirable que haya resistido tanto tiempo. No había podido librarme de él, porque te necesitaba con vida y él estaba haciendo un muy buen trabajo en eso. Pero lo hiciste fácil. Llegaste a mí primero, cariño. Ya no lo necesito más.
-¿Por qué soy tan importante?
Murmuró casi tan bajo que apenas la oyó. Billy se enderezó, inclinándose más cerca de ella.
-Eres una mina de oro, Isabella.
Su padre se lo había repetido hasta el cansancio. Pero jamás lo había entendido. En ella estaba la forma de sacar la verdad dentro del libro, ese fue el primer motivo para dejarla en manos de ese bruto militar hacía seis años. Quería protegerla. Pero ella había sido tan tonta, que deseó llorar y darse de cachetadas por su ingenuidad.
-¿Entonces me necesitas para descifrar esto?
-Eres brillante.
Extendió un block de papel y una pluma en su dirección.
-Puedes empezar cuando quieras.
No iba a negarse, ambos lo sabían. No podía evitar aquello ni saber qué iba a resultar después de eso. Pero tenía un lapso de tiempo y sería lo que ella tardara en devolverle ese libro manuscrito.
Tenía exactamente dos días para pensar en un plan de escape.
.
-No es tu culpa. No podrías haberlo sabido.
-No, pero podría haberlo deducido. De todos modos ¿qué podría haber querido de mí que no fuera ella? Es evidente. Dije que iríamos detrás de lo que él buscaba y nos alejamos hasta perderla. Esa es la verdad.
Estaba fuera de control. La presión que sentía en el pecho se había acrecentado desde que el chip GPS de Bella había dejado de emitir señales. Ahora era imposible de rastrear con exactitud. Lo que podía ser definitivo si no actuaban.
-No es evidente...
Edward se volvió con fiereza hacia Jasper.
-No trates de calmarme con tu psicología barata cuando ella podría estar sufriendo bajo su dominio.
Emmet se enderezó en su lugar.
-No va a hacerle daño, no le conviene.
-Edward rió con amargura.
-¿Estás dudando de las intensiones de Black? Es un maldito asesino...
-Si pero no un idiota. Si la necesita, primero va obtener de ella lo que necesita antes de... actuar.
Jasper asintió.
-Tengo que pensar en algo...
-Hazlo rápido, todo esto es tú culpa. Debiste haberte mantenido cerca de ella como era tú obligación. Ahora mismo deberíamos estar acabando con Black y no yendo detrás de mi esposa.
-No era la mía, era la tuya.
El silencio reinó en la habitación. Jasper se adelantó un par de pasos hacia Edward.
-Pero acepté la responsabilidad de hacerlo por tí. Siento haber fallado, a ti y a ella. A mí mismo. Pero si quieres seguir comportándote como un cabrón, podrías hacerlo fuera de aquí, porque necesito concentrarme en un plan y no estás ayudando.
Emmet palmeó su hombro a su paso y se dejó caer frente al ordenador. Edward fue por un vaso de agua, si no se obligaba a manteerse frío podía arruinar cualquier posibilidad de encontrar a Bella. Black podía irse al infierno, iba a encontrarla y luego matarlo con sus propias manos.
-Emmet, busca la última señal que emitió el GPS. Vamos a comenzar desde allí.
Jasper y Emmet cruzaron miradas, tenían al jefe de nuevo.
Edward se sentó a un lado de Emmet y desplegó un mapa. La última señal había sido emitida en un punto exacto. Allhallows. Lo marcó con una cruz en rojo. Luego tomó un radio de diez kilómetros y realizó un círculo.
-Vamos a buscar en ese perímetro.
-Es demasiado para que solo nosotros nos ocupemos de esto.
Emmet sonrió.
-Tengo al KFG en esto.
-¿Cuánto tardarán en llegar aquí?
-Están camino aquí, unos veinte minutos. Vienen por Maidstone.
Edward se puso de pie saliendo del edificio donde se encontraban provisoriamente. volviendo la vista al mapa.
-Que nos encuentren en Ratcliffe Hwy. Rochester ME3 9PT.
Emmet asintió con un movimiento y lo indicó por el comunicador. Jasper tomó la pantalla, intentando nuevamente rastrear algo con respecto a Bella.
-¿Por qué crees que dejó de emitir señales? ¿Crees que alguien se percató de que ella lo lleva encima?
Jasper hizo una mueca. Edward sentía escalofríos de tan solo considerar aquello, si alguien había sido lo suficientemente inteligente como para notarlo o esperar una movida similar, significaba que debían ir con más cuidado del que ya tenían. Desde luego que debería saber que iban por detrás de ella, perdería su vida en el intento si así fuera necesario. No se detendría hasta temrianr con Black y tener a su esposa de nuevo entre sus brazos.
-Tuve cuidado en que fuera algo que no se notara. Pero podemos esperar que lo notaran, o que buscaran algo como aquello. Black sabe qué tipo de personas somos. Sin embargo, sostengo al esperanza de que se encuentren en un lugar aislado.
-¿Que sería eso exactamente?
Edward mantenía esa esperanza ahora.
-Un refugio. Impenetrable. Irrastreable desde los satélites.
Era a donde debían busca ¿pero cómo?. Emmet apareció tras ellos, atento a la convesación.
-¿Si no podemos verlo por los satélites, como se supone que vamos a lograrlo entonces?
-Recorriendo cada maldito lugar, comprovar qué demonios no aparece en los mapas satelitales.
-Eso nos llevará horas.
Edward presionó sus manos en puños.
-Es lo mejor que podemos hacer.
.
Bella llevaba dos horas seguidas transcribiendo, le habían facilitado un ordenador que no tenía acceso a la web, solo tenía instalado un programa donde pudiera escribir lo que iba leyendo del libro. No entendía nada de lo que leía y dudaba de estar haciendo un buen trabajo.
Golpeó la puerta de la habitación a la que había sido recluída. Era caliente dada a la calefacción central, le traían comida buena y tenía acceso al baño dos veces al día. Pero no podía ver la luz del día, no sabía ni la hora que era ni el momento del día en que se encontraba. Dormía cuando se sentía demasiado cansada y trabajaba en el libro el resto del tiempo.
La mirilla se descorrió, oscuros ojos aparecieron frente a ella.
-Necesito hablar con él.
No podía pronunciar su nombre, no sin acordarse de Jacob. Del amigo que no podía sentirse traicionada. Deseaba encontrar más respuestas a sus preguntas, sabía que Black no iba a dárselas y dudaba que alguna vez las supiera.
La mirilla se cerró. Suspiró y se dejó caer en la cama. Desconocía el tiempo que llevaba leyendo ese maldito libro. Le dolía el cuerpo, detrás de los ojos y se sentía agotada. Dormía, pero tan alerta que hasta el silencio era capaz de despertarla.
Luego de un par de minutos la puerta se abrió y la jalaron fuera. Su petición había sido aceptada. Linda forma de hacércelo saber. Quién la llevaba por un pasillo oscuro, la dejó frente a la puerta que reconocía como la que había visitado anteriormente. Supuso que se trataba del despacho.
Black se enocntraba esperándola. Solo ellos estaban en el lugar, agradeció que esa vez James no estuviera con ellos.
-Mi tiempo es valioso, espero que lo que quieras decirme valga la pena.
Bella se adelantó un poco.
-Puedo entender lo que estoy leyendo del libro y transcribirlo, pero dudo que tenga algún sentido. Si tan solo pudiera proveerme de libros que puedan ayudarme como soporte podría darle sentido a ciertos temas.
Black lo consideró por unos momentos. Luego asintió.
-Lo tendrás.
-Necesitaré más tiempo.
Sus ojos eran tan oscuros como eran los de Jacob, pero la mirada y la expresión eran malignas. Tan poco transparentes como indecifrables, pero dejaban algo en claro. Era un hombre vil y cruel, llegaba a lo que quería cual fuera el camino. Empequeñeció sus ojos.
-No juegues conmigo Isabella.
Su nombre completo se sentía tan frío que recorría su columna como un escalofrío. Pero dos podían jugar ese juego y ambos tenían la misma cara de la moneda.
-No lo hago. Pero si voy a hacerlo, tengo que hacerlo bien.
No era tan tonta ni tan ingenua como para hacer mal un trabajo que podría acarrear problemas más tarde. Además, era margen de ganancia en tiempo.
-De acuerdo, te lo haré saber. Sé cómo progresas, así que no pierdas el tiempo.
Sospecha confirmada. La habitación en la que se neocntrbaa parecía tan sobria y desolada con solo lo necesario, excepto una ventana hacia el exterior. Una cama, un escritorio, una silla y nada más. Había mirado en detalle cada parte del cuadrado. Pero era inexperta en aquello, pero había sospechado que no la tendrían allí sin algún tipo de control. Entonces Black sí estaba mirándola, ahora solo tenía que descubrir dónde estaba la cámara de dónde la observaban.
-La noche se acerca y aún no hemos dado con el desperfecto.
Habían denominado desperfecto a lo que fuera que existiera en el plano físico pero que no se encontrara presente en las pantallas satelitales. Ni siquiera el gobierno había sido capaz de responder por ello. Todo era supuestamente oficial. Que lo jodieran, Edward conocía demasiado bien que las conspiraciones por dinero podían ocultar un campo completo de mil hectáreas si se trataba de un arreglo por unos cuantos millones verdes.
-¿Entonces?
Edward frunció el ceño. No quería perder el tiempo, pero tampoco era tan estúpido como para seguir trabajando cuando no podían hacer nada. No podían llamar la atención tampoco.
-Empezaremos de nuevo apenas salga el sol.
Que el señor estuviera con él, porque iba a tener que esperar las seis horas más largas de su vida para continuar.
