Despertar
«Tenía ganas de volver…»
Henry estaba allí, en el umbral de la puerta, calado hasta los huesos por la lluvia que caía. Emma, estupefacta, lo dejó entrar.
«Dime que Snow está al corriente…»
«Sí, sí…si lee la nota que le deje en la nevera»
«Ajjj, voy a llamarla. Entra. ¿Por qué has venido?»
«Ya no tenía ganas de quedarme con ellos…Solo hablan mal de mi madre»
Emma frunció el ceño: ella había dejado a Henry bajo los atentos cuidados de Snow y David hace tres días, mientras limpiaba y ponía en orden la habitación de Regina antes de que él volviera.
«Ok, venga, ve a dejar tus cosas en tu cuarto»
Él así lo hizo, y al cabo de diez minutos, y mientras Emma preparaba un plato de espaguetis comibles, Henry apareció en el umbral de la puerta, con un gesto extraño en el rostro.
«¿Qué?»
«¿Estás durmiendo en la habitación de mamá?»
Emma se quedó quieta. Había logrado sacar las manchas de sangre del suelo, había cambiado las sábanas y limpiado como pudo el colchón y, cansada, la noche anterior, se había dejado dormir en la cama. Demasiado ocupada con su trabajo de sheriff, se había olvidado hacer la cama y recoger sus cosas que todavía debían estar tiradas por el suelo.
«Anoche sí…»
«¿Por qué?»
«Por nada…yo…estaba cansadísima y…»
«¿La amas?»
«¿Qué? ¡No!» respondió ella demasiado rápido para no parecer sospechosa. La pregunta había sido tan directa que se quedó confundida. Escondió su confusión en la nevera buscando algunos ingredientes, pero Henry no era tondo.
«Sabes, sería extraño en todo caso»
«¿Ah? Sí, eso seguro»
«Quiero decir, tú eres el Bien y ella el Mal…y el Bien combate siempre al Mal»
«¿No habías dicho que ella había cambiado?»
«Sí, por supuesto que sí…Pero…en fin…sería raro…»
«…»
«Sois dos mujeres, eso lo que quiero decir»
«Exacto. De todas maneras, no hay ninguna pregunta que hacerse, no amo a Regina. En fin, quiero decir…solo es una amiga»
«Ya…»
«Hey, chico, ¿te apetece un banana Split?»
«No…estoy cansado…»
Emma pudo ver, por supuesto, el cansancio, pero también una tristeza que ella era incapaz de curar. Su hijo estaba triste y ella no podía hacer nada…o…»
«Henry, ven, tengo que hablar contigo»
Subieron al cuarto del pequeño y mientras él se metía entre las sábanas, ella se sentó en el borde.
«¿Qué pasa?»
«Escucha…Regina…yo…yo…» Era incapaz de decírselo, ya que esa realidad era improbable: ¿podría salvar a Regina con un simple beso?
«¿Vamos a verla mañana?»
«Si quieres» dijo ella, aliviada de que Henry cambiara de tema.
No había vuelto desde hace cuatro días, no se atrevía a acercarse a la joven desde su charla con Gold. Había tenido algunas noticias del estado de Alice que, al igual que su madre, no se movía. Cora parecía todavía atrapada en su cuerpo y Gold era aún incapaz de sacarla. Al igual que Regina, Alice parecía dormida apaciblemente, confinada en un hechizo de constricción que le impedía despertarse.
«¿Hay avances?»
«Mis Swan, llamarme todos los días y venir a verme cada dos días, no me ayudará a avanzar más rápido. Por otro lado, constato que el estado de Regina no ha cambiado, entonces me equivoqué sobre la solución»
«No, de hecho…no lo he intentado»
«¿De verdad?»
«La idea de besar a Regina no se me había pasado por la cabeza hasta ayer, así que ¡figúrese!»
«Miente, y se miente a sí misma. Lo sabe desde hace mucho tiempo»
«¿Por qué de repente se siente un buen samaritano y un casamentero? ¿Qué gana con todo esto?»
«Absolutamente nada. Y para ser sinceros, desde que Belle está conmigo otra vez, me doy cuenta de las cosas que he hecho, sobre todo a Regina, y que debería buscar cierta redención ante sus ojos»
«Ya veo…¿Quiere hablar de lo que hizo a propósito de Alice?»
«Desgraciadamente, tengo otras muchas cosas de las que acusarme con respecto a Regina, pero es verdad que hay que comenzar por algún lado, Alice será mi prioridad»
«…»
«Miss Swan, debería hacerlo…»
«…»
«Lo sabría. Y si Regina no aguanta mucho más tiempo, se culpará durante mucho tiempo, a decir verdad, siempre que su mirada se cruzara con la de Henry»
Emma cerró brevemente los ojos, sabiendo que Gold tenía razón. Pero sin embargo, imaginar que un beso podía salvar a Regina era muy extraño.
Corría en la noche oscura, descalza, en la hierba mojada que se le pegaba a la planta de los pies. El viento glacial le golpeaba en la cara, quemándole las mejillas.
No sabía a dónde iba, pero se sentía perseguida, como si una amenaza invisible corriera detrás de ella. No estaba tranquila y su corazón estaba desbocado como si fuera a salírsele de la caja torácica.
Pero pronto sus pasos se hicieron más pesados, más lentos, como si sus pies se hundieran en un suelo movedizo. Y cuando el caminar se volvió imposible, miró hacia sus pies y los vio totalmente hundidos en el suelo fangoso. Intentó salir de ese pantano, tiró de sus piernas, pero en vano…
Cayó hacia atrás y sus manos comenzaron también a desaparecer en el fango. Después un gruñido se escuchó más allá del horizonte…Se quedó quieta, tembló. El viento se detuvo de golpe y dejó lugar a un silencio mórbido. Vio a lo lejos, bolas rojas escarlatas relucir en la oscuridad…su corazón se aceleró
«¡Emma!»
Entrecerró los ojos y vio la mirada de un rojo vivo acercarse a ella. Y, no supo por qué, pero sus miedos se disiparon cuando esa mirada se iba acercando. Y esa voz que resonaba como un dulce eco «Emma»
Después el resplandor rojo se transformó en una silueta humana…Emma… Entrecerró los ojos y distinguió una silueta conocida…«Emma…»
El barro la soltó y desapareció, liberándose sus pies y sus manos, un gruñido resonó todavía, pero el miedo de Emma estaba ahora muy lejos. La silueta, femenina, se acercó a ella y en un suspiro, un murmullo «Emma…Ayúdame»
De repente, Emma se despertó, sudando y jadeando. Era la primera vez que tenía un sueño de esa clase. Pero, ¿podía llamarlo un sueño? Miraba a su alrededor: era de noche aún, había dormido en la cama de Regina.
Eran casi las 4 de la mañana. Y sin embargo, de un salto, salió de la cama, se puso con rapidez sus ropas y se dirigió a la habitación de Henry.
«Henry, Henry, ¡levántate!» ella lo zarandeó con fuerza. El pequeño se despertó con dificultad, frotándose los ojos con sus pequeños puños
«¿Mamá? ¿Qué pasa?»
«¡Nos vamos al hospital!»
«¿Qué? Pero…Es mi madre, ¿le ha pasado algo?» dijo él desesperado. Emma lo tranquilizó sentándose algunos segundos.
«No, escucha, lo siento…Siento haberte asustado, pero…creo que…creo que quizás haya encontrado un medio de salvar a Regina»
«¿De verdad?» dijo él con alegría
«Y tengo que pedirte perdón»
«¿Por qué?»
«Porque sé qué hay que hacer desde hace algunos días, pero no he tenido el valor para enfrentarme a la verdad»
«Pero…¿De qué hablas?»
«Ven conmigo, lo entenderás. Vístete, ¡rápido!»
Henry no se hizo de rogar y saltó de la cama. Se vistió de prisa y siguió a Emma, a las cuatro de la mañana. Se metieron en el coche de la joven y se dirigieron en un silencio tenso hacia el hospital donde ni se molestaron en esperar al ascensor. Una vez ante la puerta de la habitación, y después de llamadas de atención del personal sobre que no eran horas de visita, Emma dudó en entrar.
«¿A qué esperas?»
«Yo…no lo sé. ¿Y si me equivoco?»
«Mamá, no sé lo que quieres hacer, pero intentar algo es mucho mejor que no hacer nada, ¿no?»
Ella sonrió ante la inteligencia y la lógica de su hijo. Le acarició el pelo esbozando una tierna sonrisa antes de abrir la puerta mientras contenía su respiración. Por la noche, la habitación parecía aún más lúgubre, y mucho más con el ruido incesante de la maquina enchufada a Regina.
Se acercaron a la cama en un silencio religioso y Henry apoyó su mano sobre la de la bella morena, que parecía dormir apaciblemente
«Haz lo que tengas que hacer…Y pasará lo que tenga que pasar»
Antes esas palabras, ella tomó el toro por los cuernos y rodeó la cama. Miró intensamente a Regina y acarició su mejilla antes de tomar entre sus dedos un mechón de la morena
«Regina…»
Era cierto que desde hace algún tiempo las dos se habían acercado, que cada una veía en la otra una nueva faceta que hacía que tuvieran que revisar sus juicios de a priori. Después ella se acordó de sus pequeños juegos que buscaban desestabilizar a Regina, como esos momentos tiernos y pícaros en la cocina o en el salón…Momentos a los que, ahora estaba segura, le habría gustado que la bella morena hubiera respondido.
Se inclinó entonces ante la mirada atenta de su hijo
«Por favor, vuelve conmigo, como ya lo hiciste una vez» le murmuró tiernamente.
Y la besó, con un breve gesto, pegando dulcemente sus labios a los suyos, poniendo en ese beso toda la esperanza que ella tenía, todo el incipiente amor que sentía.
Una lágrima se escapó de sus ojos, deslizándose por su mejilla y acabando su carrera en sus labios, dando a ese beso un ligero gusto salado.
Y cuando finalmente Emma se separó, la miró, buscando el mínimo gesto, el mínimo indicio que señalase que Regina se despertaba…Pero nada. La joven permanecía inerte, los ojos cerrados, el rostro impávido.
Emma estaba desilusionada, y por varias razones: le hubiera gustado sentir lo que había sentido al besar a Henry cuando lo despertó, esa ola de calor y de amor que la había envuelto entonces y a ella también le hubiera gustado ser la que la despertara con un verdadero beso de amor…Pero parecía que Gold tenía razón: el estado de Regina no tenía nada que ver con la magia o…Emma no estaba destinada a ser el verdadero amor de Regina.
Resignándose, miró a Henry, totalmente absorto en una mínima reacción de su madre.
«Lo siento, chico…Me hubiera gustado ser la que…»
De repente, una mano atrapó su brazo, provocando un sobresalto a Emma. Miro la mano, después el brazo y finalmente a la persona…
«¡Regina!»
Un enorme suspiro de alivio se escapó de sus labios y una gran sonrisa se le dibujó.
Regina estaba allí, echada, los ojos como platos, totalmente asustada, sin saber dónde se encontraba. Emma la ayudó quitándole la asistencia respiratoria
«Ya está, ha acabado…»
Ella la levantó con delicadeza mientras que Henry, extático, se comía las uñas, y finalmente saltó a la cama para abrazar a su madre.
«Henry, cuidado, todavía está un poco atontada»
«¿Miss…Miss Swan? ¿Henry?» balbuceó
«¡Mamá! ¡Estás viva!»
«¿Qué ha pasado?»
«Fue atacada…y cayó en coma»
«Y Emma te ha despertado be…»
«¡Henry!» lo interrumpió ella «Regina debe…descansar. ¿Podrías traerle un vaso de agua?»
«¡En seguida!» dijo él evaporándose del cuarto.
Solas, Regina miró a Emma, estupefacta
«Alice…Fue Alice…»
«Para ser sinceros, es un poco más complicado que eso…»
«Dígame»
«Debe descansar»
«Miss Swan, estoy bien. Dígame lo que ha pasado»
«Fue Cora. Se apoderó, no sabemos cómo, del cuerpo de Alice. En realidad fue ella quien la apuñaló»
Llevó su mano a su vientre acordándose de los golpes recibidos, pero cuando levantó el camisón del hospital, ninguna herida, ninguna marca, ninguna cicatriz, nada. Como si su piel no hubiera sufrido ningún daño, como si Regina nunca hubiera sido apuñalada. Intercambió una mirada de sorpresa con Emma que intentó, como pudo, esconder su sorpresa.
«¿Dónde está ella ahora?»
«En la tienda de Gold, la ha puesto bajo una especie de hechizo, como una criogenización. Es inofensivo, pero aún está buscando el modo de separar el espíritu de Cora del cuerpo de la pequeña»
«¡Debo ir a verla!» dijo mientras se levantaba. Pero Emma la cogió por los hombros y la volvió a echar en la cama.
«De eso nada, necesita reposar»
«¡Pare ya con eso! Estoy bien»
«Hace apenas unos minutos, estaba aún en un coma profundo del que nadie pensaba que iba a salir»
«Y hablando de eso, ¿cómo ha hecho para despertarme?»
«Ah, euh…No lo sé…Magia, sin duda»
Henry volvió y Regina, cuyo rostro estaba hasta hace unos momentos serios, mostró una gran sonrisa.
«Toma» dijo él pasándole un vaso de agua.
Regina lo aceptó y después de algunos buches, lo dejó en la mesa y se levantó por el otro lado de la cama para que Emma no pudiese impedírselo.
Cuando se irguió, tuvo un pequeño desvanecimiento, pero en seguida se recuperó. Henry le llevó sus cosas y mientras estaba quitándose el camisón del hospital, se paró en seco antes de darse la vuelta y ver a Emma que la miraba fijamente con mirada interesada.
«Miss Swan, ¿me permite?»
«¿Eh? Euh, sí…Perdón, la espero fuera»
Se llevó a Henry con ella y cerró la puerta tras ella. Y cuando se sentaron en una silla no muy lejos, Henry se colocó delante de ella.
«¿Qué?»
«¿Por qué no se lo has dicho?»
«¿Decir qué?»
«Cómo la has despertado. ¿Por qué no le has dicho la verdad?»
«Creo…creo que no está preparada»
«¡Pero eres su verdadero amor, ese del que hablan en los cuentos, ese que despertó a Snow!»
«Chut, ¡no tan alto! Lo sé, pero…es aún demasiado pronto. Ya veremos más adelante»
«Tiene derecho a saberlo»
«Lo sé, y lo sabrá, pero no ahora. De todas maneras, lo importante es que se ha despertado, ¿no?»
«…»
La puerta se abrió y Regina apareció vestida con unas prendas que Emma había encontrado por azar en su armario
«¿Dónde vamos?»
«A ver a Gold»
Emma sonrío y Regina frunció el ceño
«¿Qué le hace reír?»
«La idea de imaginar la cara de Whale al ver su cama vacía mañana por la mañana»
Regina no pudo sino aceptar su diversión y esbozar una débil sonrisa.
Nada importaba que fueran o no las cinco de la mañana, Regina estaba bien decidida a ver a su hija, aún en un estado que la podría impresionar. Durante el camino, acribilló a Emma a preguntas sobre Alice: ¿cómo la habían encontrado? ¿Había sufrido? Felizmente, no retomó el tema "¿por qué y cómo me he despertado?" Emma no estaba preparada todavía para tener esa conversación con ella.
Regina golpeó la puerta de la tienda
«Gold…¡GOLD!»
«No grite tanto, va a despertar a todo el pueblo» dijo Emma, ligeramente cansada por esa corta noche. Henry permaneció en silencio, casi dormido, pegado a Emma. Regina miró a Emma con una mirada de rabia cargada de todo lo que pensaba en ese momento de su opinión y de sus deseos.
Y después de algunos minutos de jaleo, Gold abrió la puerta finalmente. Emma se sorprendió al ver al hombre en pijama de terciopelo negro, imagen sorprendente cuando se conoce al hombre siempre bien arreglado.
«Bien, bien…Regina, ¡qué sorpresa!»
«…»
«Veo que Miss Swan lo ha logrado. Felicidades, quién lo hubiera creído. Al final, sin embargo, es sorprendente. No creía de verdad que usted fuera su ver…»
«Bueno, ya» lo interrumpió ella «Regina está aquí y…ella querría ver a Alice»
Regina frunció el ceño, Gold las dejó entrar antes de ponerse al frente para conducirlas a Alice. Mientras caminaban, Regina se giró hacia Emma y le preguntó
«¿Qué quiso decir Gold, Miss Swan?»
«¿Eh? Euh…no lo sé…» ella intercambió una furtiva mirada con su hijo que dejó aparecer su decepción al ver que no le decía la verdad. Regina no insistió más, demasiado ocupada ante la idea de volver a ver a su hija.
Cuando Gold corrió la cortina que hacía de puerta, Regina retuvo su aliento: Alice estaba apaciblemente acostada sobre un colchón, el mismo en el Henry y David habían estado. Se arrodilló a su lado y cuando fue a poner su mano en su frente, un halo azul apareció ante el contacto de la mano de Regina, recubriendo todo su cuerpo.
«¿Qué es?»
«Un hechizo de protección y conservación. No hemos encontrado todavía la manera de separar el cuerpo de Alice y el espíritu de Cora»
«Yo lo encontraré»
«Oh, no lo dudo, querida»
Regina se quedó unos instantes allí, de rodillas, contemplando tristemente a su hija inerte. Después Gold se aclaró la garganta, visiblemente enervado
«Lo siento, pero…me gustaría acabar la noche si no les molesta. Mi puerta estará abierta mañana por la mañana, mientras tanto, vayan a descansar»
Pero Regina no se movió, los ojos aún fijos sobre Alice.
«Regina…no podemos hacer nada esta noche. Dicen que la noche trae buenos consejos, vamos a dormir un poco. Volveremos mañana temprano»
Pero Regina parecía ignorar las palabras de Emma, lo que hirió un poco la joven, y es finalmente Henry quien consiguió sacar a Regina de sus pensamientos colocándolo una mano de forma tranquilizadora sobre su hombro. Regina miró la mano y el pequeño le sonrió.
«Vamos a casa mamá. Mañana vendremos, prometido. Estoy cansado…»
Entonces ella asintió, cerró brevemente los ojos antes de volverlos a posar sobre su hija dormida. Se levantó y, sin una palabra, de la mano de Henry, salió de la tienda, seguida por Emma.
Ya en casa, Henry se marchó directamente a su habitación, rendido por el cansancio, mientras que Regina se quedó un momento al pie de las escaleras.
«¿Todo bien?» se inquietó Emma
«Sí. Yo…yo estoy cansada, creo»
«¿Quiere comer algo ante de ir a la cama?»
«No, solo voy a intentar dormir, aunque creo que he dormido bastante por ahora»
Emma esbozó una ligera sonrisa antes de seguir a Regina a la planta de arriba. Cuando la joven caminó hacia su habitación y abrió la puerta, fue incapaz de entrar, petrificada por el recuerdo del violento ataque que se había producido hacía ya cinco días, pero que parecía haber sucedido ayer en la mente de Regina.
Emma vio sus dudas y apoyó su mano en su hombro.
«Si quiere, puede dormir en mi habitación»
Regina giró rápidamente la cabeza, una mirada de sorpresa en el rostro.
«Sí, en fin, quiero decir…Yo dormiré en el sofá…» la tranquilizó Emma.
«Muy amable, pero…todo irá bien, gracias» dijo ella con una débil sonrisa sobre los labios. Emma le sonrió a su vez antes de desearle unas cortas buenas noches y entrar en su habitación. Pero apenas se había puesto el pijama y se había acostado, que tocaron a la puerta
«¿Sí?»
Regina abrió un poco la puerta, la mirada confusa.
«Miss Swan, ¿ha dormido en mi cama?»
«Euh…¿qué?» se tensó sabiendo pertinentemente que mentir no resolvería nada y que, de todas maneras, era incapaz de mentirle sin que ella lo notara.
«Mis sábanas, Miss Swan. ¿Ha dormido en mi cama?»
«Solo…una vez. Yo…estaba limpiando, y estaba cansada, entonces…»
Regina frunció el ceño antes de desearle buenas noches con un tono neutro y cerrar la puerta detrás de ella. Emma echó aire, ¡dios qué difícil era enfrentarse a Regina, después de la manera en la que la ha despertado…!
Regina volvió a su habitación, y lentamente se desvistió antes de hundirse en las sábanas, intentando borrar esas imágenes violentas que le atravesaban la mente: su hija inclinada sobre ella y blandiendo ese cuchillo cuya hoja reflejaba su rostro asustado. Rendida por el cansancio, y con el olor afrutado de los cabellos de Emma sobre la almohada, cerró los ojos para alcanzar un sueño reparador.
