Capítulo XXIII.
Letizia ya estaba nerviosa, pero se puso muchísimo más después de que todos se quitaron el antifaz y Leonardo sabía la razón. Kojiro Hyuga rondaba muy cerca de donde se encontraban estos dos, lanzándole miradas sutiles a Lety, pero sin acercarse, quizás más que nada porque respetaba que ella estuviera con otro. Sin embargo, Letizia estaba tan nerviosa como conejo frente a un zorro (la coneja es otra y el zorro es otro, pero bueno) y no podía ocultarlo.
- Ya reconócelo de una vez.- le dijo Leo.
- ¿De qué hablas?.- cuestionó Lety, fingiendo demencia.
- De ese tal Hyuga.- suspiró Leonardo.- Hay algo entre ustedes, o por lo menos lo hubo.
Letizia respingó, no se esperaba eso por parte de Leonardo; ella no creía que el joven fuese tan intuitivo. Y sin embargo, o sí lo era, o Lety se pasaba de obvia. El caso era que, efectivamente, algo había sucedido entre Hyuga y Núñez, pero el miedo natural de ella a los hombres la hizo alejarse... Aun cuando ella estaba enamorada de él...
- No creo que él sienta lo mismo por mí.- murmuró Letizia.- Y ya no quiero hablar de eso.
- Como quieras.- Leo se encogió de hombros.- Pero yo creo que él sí siente algo por ti.
Eso era evidente, dado que Kojiro no le quitaba los ojos de encima a Lety y las pocas veces que lo hacía era para lanzarle miradas de pistola a Leonardo. Éste, más que enojado, parecía divertido por la situación, ya que en serio a él le gustaba Letizia, pero si ella estaba interesada en otro hombre y este otro hombre estaba interesado en ella, Leo prefería retirarse con dignidad a verse envuelto en alguna pelea estúpida. Además, para qué negarlo, había otra muchacha que cada vez iba ocupando más lugar en los pensamientos de Leonardo...
- Baila conmigo.- pidió Lety a Leo, abrazándolo.- Aunque sea por última vez.
- Claro.- asintió Leonardo.- Pero si tu galán viene con intenciones de golpearme, te suelto.
Lety rió un poco y se relajó. A lo lejos, Marie los veía bailar, con el corazón encogido. Ella había intentado mantenerse firme e incólume, pero la verdad era que se sentía morir cada vez que veía a Letizia y a Leonardo tan juntos. Erika le había sugerido que lo sacara a bailar, pero Marie no se atrevía... Así pues, la chica de plano se la pasó suspirando como borrego enamorado, sin atreverse a dar un paso... En algún momento, alguien le mostró a Marie las maravillas de la barra libre y hacia allá se fue la chica, para demostrarle a Leo que se podía divertir sin él. Sin embargo, al final de la fiesta, Marie aún seguía sintiendo ese sentimiento de vacío en su interior, el cual se hizo más fuerte al ver a Leo y a Lety tan juntos. En algún momento, él la besó a ella en la comisura de la boca y Marie creyó que no lo soportaría más...
- Lo mejor será que me vaya.- le dijo Letizia a Leonardo, después de un rato.- Ya es muy tarde y mañana van a querer que entrenemos igual.
- Está bien.- asintió Leo.- Te llevo.
- No será necesario, gracias.- sonrió Lety.- Mi amiga Ana vino conmigo y nos regresaremos juntos.
- Por lo menos déjame acompañarte hasta la puerta.- pidió Leonardo.
Así pues, el joven acompañó a Letizia a la puerta, en donde la chica le presentó a Leonardo a su amiga Ana. La joven intentó seducir a Leo, pero Lety le puso un alto. Leonardo no se quiso retirar hasta que no vio a las chicas marcharse, por lo que fue hasta entonces que regresó a la fiesta.
- ¿Ya se fue tu Cenicienta?.- preguntó Marie, confrontándose a Leonardo.- Creí que pasarías toda la noche con ella.
- Tiene entrenamiento mañana, no se podía quedar.- replicó Leo, sorprendido de ver a la muchacha un tanto pasada de copas.
- Ah, claro. Es futbolista, se me olvidaba.- bufó la chica Schneider.- Eso es lo que te gusta de ella, ¿no? Pues te informo: yo podría jugar mejor al fútbol.
- Sí, seguro.- Leo rió levemente.
- ¿Por qué te ríes?.- Marie se enojó muchísimo.- ¿Por qué ella si puede y yo no?
- Es solo que el soccer no es tu estilo, Marie.- respondió Leonardo, más sorprendido aun.
- Pues podría hacerlo, si es lo que quieres.- replicó Marie.- Si con eso puedo hacer que te fijes en mí.
- ¿Qué quieres decir?.- Leo no se esperaba esa respuesta.
- ¡Que te quiero, grandísimo estúpido!.- gritó Marie, antes de salir a todo correr.
Obvio está que Leonardo se quedó con la boca abierta...
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Débora y Stefan se encontraban parcialmente escondidos en la pequeña terraza en donde habían estado Karl y Elieth. Deb estaba recargada contra el pecho de Levin, mientras él la envolvía con sus brazos. La joven tenía muchas ganas de preguntarle a su esposo si acaso nunca sintió algo más por Sherry, pero no se atrevía. Ella tenía miedo de que él le dijera que sí.
- Deb, ¿por qué creíste que hay algo entre Sherry y yo?.- preguntó Stefan, en voz baja.
- No lo sé.- musitó Débora.- Es solo que noté la gran conexión que hay entre ustedes... Se nota que se tienen un cariño muy especial.
Levin recargó su cabeza contra la de su mujer. Él tenía algo que decirle a ella, pero no sabía cómo lo iba a tomar...
- Tengo que decirte algo.- murmuró Stefan, quedamente.- Algo relacionado con Sherry...
- ¿Qué sucede?.- Débora respingó.- Ay no, no me digas que tienes una hija con ella.
- Nada de eso.- Levin rió levemente.- Es solo que... Yo sabía que Sherry estaba enamorada de mí...
- Ahhh.- en la voz de Deb se escuchó la desilusión.
- Antes de que saques conclusiones, déjame terminar.- pidió Levin.- Yo sabía que ella me quería, y aunque me sentía hasta cierto punto feliz y emocionado, yo sabía que no la amaba de la misma manera. Sherry es especial, quiso mucho a Karen y que respeta su memoria, además de que es una buena chica, pero a pesar de eso, yo sabía que nunca la iba a amar de la forma en como ella la esperaba...
- Así que preferiste fingir demencia y dejar los sentimientos en entredicho.- suspiró Débora.
- Sí, y fue un error.- reconoció Stefan.- Pero la verdad era que yo no estaba listo para hablar sobre sentimientos cuando aun estaba pensando en Karen, así que como cobarde dejé que se marchara con la esperanza de que el tiempo aclarara mis sentimientos para ver si después podría amarla...
- ¿Quieres decir que consideraste la idea de estar con ella?:- Débora se separó bruscamente, dolida.- Vaya, gracias. Me hiciste sentir mejor.
- ¿Quieres dejarme terminar?.- pidió Stefan, suspirando.- Déjame decirte lo que sucedió después.
- ¿Qué fue lo que pasó después?.- cuestionó Deb.- ¿Ella te rechazó por haber dejado pasar más tiempo y tú dolido juraste no verla?
- Lo que sucedió después es que te conocí.- dijo Levin, mirándola fijamente.- Yo no sabía aun si ya estaba listo para intentar amar otra vez, no digo que a Sherry sino a cualquier mujer, aun cuando ya había superado lo de Karen; pero entonces apareciste tú, te conocí y me enamoré como un idiota. La vez que te vi en la estación de trenes de Hamburgo supe de inmediato que tú habías llegado a mi vida a hacerme feliz, Débora. Y confirmé que aunque lo quisiera, ya sería imposible que amara a Sherry porque te amaba a ti... Porque te amo a ti...
Deb no sabía que decir. Ella sabía que era una estúpida por dudar del amor de alguien tan fiel y amoroso como Stefan, pero sus celos no la hacían razonar... Sin embargo, no hacía falta. Levin se acercó a su esposa y la sostuvo con suavidad por la cintura, para besarla después en los labios. Débora abrazó a su esposo con fuerza, disfrutando de cada cálido momento...
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"Cómo quisiera, pero no me debo quedar", pensó Lily, mientras recogía su ropa.
Genzo seguía dormido muy tranquilamente, sin hacer caso del bullicio que provenía de los jardines, en donde muy seguramente los invitados de Lacouture, ya más ebrios que una cuba, hacían de las suyas. Lily terminó de vestirse y estaba por recoger su bolso cuando vio el Corazón del Bosque. Ella no sabía si en verdad ese diamante tenía poderes o no, pero el caso era que la joya brilló con la fuerza de una estrella mientras Genzo y Lily hacían el amor. Lo que sí era verdad era que la joven ya estaba harta de ese diamante, por lo que lo dejó sobre la cama, a un lado de donde estaba descansando Genzo. Quizás después de lo ocurrido, la joya podría regresar a él para que pudiera entregársela a alguien más, junto con su corazón.
Lily resistió la tentación de besar a Genzo por última vez y salió sigilosamente de la cabañita. A las afueras había ya varias parejas con las intenciones de ponerse más cómodos, así que nadie notó a la joven solitaria que salía de la mansión. Ella estaba confundida, no es que no estuviera segura de que Genzo la amara, era que simplemente el miedo no la dejaba ser feliz. ¿De verdad él había cambiado? ¿De verdad que él estaba arrepentido? Después de todo, había sido Genzo Wakabayashi el responsable de las mayores desgracias ocurridas contra la familia Del Valle y esos recuerdos pesaban en la mente de Lily. Aunque por otro lado... Ella casi podía escuchar a su madre el decirle al oído que todos los seres humanos tenían algo bueno en su interior y que Genzo se merecía otra oportunidad.
"Y después de todo, él es el padre de tus hijos", susurró Emily, en el viento de la madrugada.
Claro, ahí estaba otra cosa: Jazmín y Daisuke. ¿Cómo iba Lily a decirle a Genzo que tenía dos hijos? Lo más seguro es que él le reclamara por no habérselo dicho antes y la verdad es que tendría toda la razón del mundo para hacerlo...
- De eso me encargo después.- suspiró Lily, preguntándose como rayos le haría para volver a la residencia Shanks, ya que no vio a nadie por ninguna parte.- Qué bien me caería un taxi ahorita...
- ¿Y qué te parece un Mercedes Benz, hermanita?.- preguntó Leonardo, apareciendo frente a ella.
- ¿Qué haces aquí?.- preguntó Lily, aliviada de ver a su hermano.
- Eres la única que faltaba de salir de la mansión.- Leo se encogió de hombros.- ¿Vas a subir o qué?
- Ya, no te enojes.- Lily subió al automóvil.- ¿Entonces ya se fueron todas las demás?
- Así es.- asintió Leo.- Solo faltabas tú. ¿En dónde demonios te metiste? Son casi las cinco de la mañana y llevo horas buscándote.
Lily se mordió los labios. Ella no podía creer que hubiese pasado tanto tiempo, pero en los brazos de Genzo se perdía la noción del tiempo...
- Te portaste mal.- señaló Leonardo.- Vaya...
- No sé qué sea para ti el portarse mal.- replicó Lily.
- Bien que lo sabes.- replicó Leo.- ¿Y quién fue? Espero que haya sido Elliot, ya quiero saber cuándo va a ser la boda.
- No, no fue Elliot.- Lily se mordió los labios al pensar en su prometido y en el cuernote que le acababa de poner con Genzo.
- ¿Ah, no?.- Leonardo se mostró genuinamente sorprendido.- Vaya, hermanita, me sorprendes. No puedo creer que hayas hecho una conquista de una noche.
Lily no sabía qué saber. Ella sabía que Leonardo no estaría feliz por saber con quién había estado su hermana, y aunque hasta cierto punto a Lily no le debería de importar por ser una mujer adulta, sí le preocupaba las posibles consecuencias que pudiera tener su encuentro íntimo con Genzo Wakabayashi.
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Genzo despertó, cuando los ebrios de la fiesta empezaron a gritar como cacatúas. El portero de momento no supo donde se encontraba, pero después recordó a Lily y la suavidad de su cuerpo y sonrió, sin abrir los ojos. Al fin, después de tanto tiempo, la mujer que amaba había regresado a sus brazos... Genzo se dio la vuelta en la cama y estiró un brazo, con el fin de abrazar a Lily, cuando notó que la otra mitad de la cama estaba vacía. El portero se despabiló inmediatamente y se incorporó. Estaba solo.
- No puede ser.- murmuró Genzo.- Volviste a huir...
Él no podía creerlo, Lily se había marchado sin decirle ni una sola palabra. ¡Y quién sabe a dónde, era lo peor! Genzo bufó, exasperado, ya que ella le estaba haciendo las cosas cada vez más difíciles.
- Tendré que aceptar la ayuda de Schneider para buscarte por cielo, mar y tierra.- murmuró Genzo, empezando a vestirse.- Eres difícil de atrapar, Lily Del Valle.
Fue entonces cuando el portero vio el Corazón del Bosque sobre el colchón. El dije brillaba con un suave resplandor, y Genzo lo tomó, con la boca torcida en un gesto. El hecho de que Lily lo hubiese dejado en ese lugar significaba quizás que ella no quería nada con él...
Pero a diferencia de la primera vez en que Genzo creyó que Lily no quería estar con él, esta vez Wakabayashi sí estaba seguro y plenamente convencido de que Lily lo amaba. Y eso, cambiaba radicalmente las cosas...
Cuando Genzo salió de la cabaña, vio a muchos dormidos en los rincones y vericuetos del jardín. El joven caminó despacio, con la esperanza de ver a Lily, pero bien que sabía que ella no estaría ahí. Wakabayashi se sentía frustrado, después de tener una noche maravillosa con la mujer de sus sueños, ésta se había esfumado en el aire. Y lo peor del caso es que Genzo no sabía cómo contactarla, de manera que se encontraba otra vez como al principio: sin saber en dónde encontrar a Lily. El portero salió de la mansión, preguntándose donde demonios estarían los valet parking, o mejor aún, en donde rayos estarían Schneider, Levin, Sho y Lacoste, cuando le pareció ver a alguien familiar, sentada en las orillas de la banqueta. Se trataba de una chica rubia con un vestido de doncella medieval, la cual derramaba sus lágrimas sobre un pañuelo blanco. Genzo la reconoció en seguida.
- ¿Marie?.- preguntó él.- ¿Estás bien?
- ¡Ah! Eres tú, Genzo.- Marie respingó.- Estaré bien…
- ¿Qué te sucede?.- Genzo se sentó junto a ella.- ¿Por qué lloras?
- Porque soy una idiota.- musitó Marie.- No sé cómo se me ocurrió…
- ¿Qué hiciste?.- cuestionó Genzo, jugando con su sombrero.- ¿Besaste a alguien que no es tu tipo? ¿El sapo que al besarlo, siguió siendo sapo?
- Mucho peor.- Marie soltó una risilla.- Me le declaré al hombre que amo…
- ¿Y qué tiene eso de malo?.- quiso saber Genzo.- Al contrario, me parece que es algo genial.
- No lo es, cuando a él le gusta otra.- suspiró Marie.
- Ah, lo lamento.- Genzo se puso serio de repente.
- Yo lo lamento más, créeme.- suspiró Marie.- Pero en fin…
- ¿Y qué dijo él?.- preguntó Genzo, con suavidad.
- No sé.- confesó Marie.- Me fui corriendo antes de que pudiera escuchar su respuesta…
- Escucha.- le dijo Genzo, sonriéndole.- Si ese hombre no puede ver la gran mujer que eres, no te merece, Schneider.
- Gracias.- Marie sonrió, agradecida.
Genzo y Marie suspiraron, sin saber que ambos estaban sufriendo por culpa de un Del Valle. A Wakabayashi le entró entonces la curiosidad y quiso saber quién era el hombre del cual Marie estaba enamorada y ésta respingó; se le había olvidado que por ningún motivo Genzo debía saber sobre la presencia de Lily y Leonardo Del Valle en París…
- Alguien que no conoces.- respondió Marie, rápidamente.- Luego te lo presento. Ay, mira la hora que es, debo irme ya. Gracias por todo, Genzo.
- No hay de qué.- respondió Genzo, sin saber qué había dicho mal.
Marie se fue a todo correr y rápidamente se perdió por las calles de París; tardíamente Genzo pensó que no debía dejar que se fuera sola, pero ya era muy tarde, ya no había ni rastros de la chica. (No se preocupen por Marie, ella luego se encuentra con Erika y Gino). Wakabayashi suspiró nuevamente. ¿Qué haría ahora para localizar a Lily?
