25. El humo que salió del espejo
Robustus Baster salió tranquilamente de su despacho, llevando el espejo maldito enfrente de él mediante la magia. No, el Señor de las Tinieblas no regresaría a la vida en el despacho del profesor de Pociones. No, regresaría a la vida en la habitación más importante de Hogwarts, o por lo menos la más importante hace un milenio: la habitación de los fundadores.
La habitación de los fundadores era una pequeña habitación en la que Godric Gryffindor, Helga Hufflepuff, Salazar Slytherin y Rowena Ravenclaw solían reunirse a discutir los asuntos del colegio. Muy pocos conocían los pasillos secretos que había que recorrer para llegar ahí, y era totalmente improbable que alguien se entrometiera en el camino. La sala donde antaño se reunían los fundadores sería el lugar del regreso del ser que ellos habían encerrado.
Baster llegó al tapiz que ocultaba la entrada al pasillo que llevaba a la Sala de los fundadores. Sonrió maquiavélicamente. Dentro de sí el profesor ansiaba el regreso del Señor de las Tinieblas, quería que el ente malvado saliera del espejo y volviera a caminar entre los humanos. Sin embargo, no podemos reclamarle nada al profesor. Él había sido engañado como algunos de los chicos estaban a punto de serlo.
Baster estiró la mano para retirar el tapiz que cubría el pasillo, cuando de repente…
-Expelliarmus -gritó una voz.
La varita de Robustus Baster salió volando por el aire. Aquello pudo haber sido peligroso para el espejo maldito, pero misteriosamente éste se posó levemente en el suelo.
-¿Qué demonios sucede? -preguntó la voz del Señor de las Tinieblas.
El profesor Baster volteó la cabeza. En el extremo del pasillo se encontraban nueve chicos de primer curso. Uno de ellos era quien había usado el encantamiento de desarme en su contra.
-¡Bien hecho William! -exclamó Justin.
-No fue nada -fue la respuesta del chico.
-¿Qué hacen ustedes aquí? -cuestionó el profesor de Pociones mientras los chicos se acercaban a él.
-Venimos a detenerte -le respondió en tono retador Albus.
-Ya sabemos que es lo que intentas hacer -dijo Peter.
-¡Y no te lo permitiremos! -exclamó Rose.
El profesor Baster se queda totalmente sorprendido. Le parecía imposible que aquellos chicos de primer curso lo hubieran descubierto.
-Así que ya lo saben -dijo la voz cavernosa del Señor de las Tinieblas-. Supongo que fueron ustedes quienes se hicieron con aquella carta que Robustus le arrebató a Alexo, y con el libro de cuentos infantiles que Robustus dejó en la biblioteca.
La voz del Señor de las Tinieblas amenazaba con sembrar la desesperanza en el corazón de todos, pero había algo mucho más poderoso dentro de ellos, algo que les permitía resistir el influjo maligno de aquella voz: era su amistad. No permitirían que aquel que se encontraba a su lado cayera. Juntos se daban la fuerza para resistir.
-Honestamente supieron muy bien como ocultarse -dijo finalmente el Señor de las Tinieblas.
-¡Qué bien! Porque de esa manera no te has dado cuenta de que hemos estado buscando la manera de detenerte -dijo con una sonrisa Justin.
-¿Detenerme? ¿A mí? -inquirió al parecer divertido el Señor de las Tinieblas-. No me hagan reír muchachos. Ustedes jamás podrán detener mi regreso.
-Por si no te has dado cuenta nosotros somos nueve y ustedes solo dos -le dijo retadoramente Alice-. Además, tu siervo se ha quedado sin varita.
-¿De verdad creen que necesito de alguien que me defienda? -cuestionó el Señor de las Tinieblas-. Soy capaz de defenderme por mí mismo, y no necesito de una varita mágica para realizar mi magia.
En aquel momento un humo oscuro empezó a llenar el pasillo. Parecía salir del mismo espejo, aunque los chicos no se explicaban cómo. Aquel ser no había hecho ningún movimiento y mucho menos dicho algún hechizo.
Aquel humo levantó la varita de Robustus en el aire, y se la regresó a su dueño.
-Continuemos con el plan Robustus -dijo la voz del Señor de las Tinieblas.
El profesor de Pociones levantó su varita y condujo nuevamente al espejo a través del pasillo, más allá del tapiz donde los chicos habían intentado detenerlo.
-¡Tenemos que seguirlo! -exclamó Scorpius.
-Por supuesto -concordó Sandy.
"¿Realmente podremos contra él?" se preguntó a sí mismo Harry Dursley. "¡Esto jamás habría sucedido si no fuera un mago!".
"No podremos contra él, sus poderes van más allá de lo que conocemos" se convenció a sí misma Rose. "Necesitamos saber más antes de poder derrotarlo.
"Si tan solo contáramos con una guía, una guía mágica" se dijo Peter. "Tal vez si la hubiera tenido desde el principio habría sabido mantenerme al margen de los problemas".
Los tres chicos inspiraron profundamente, en un intento de recuperar el valor y seguir detrás del profesor de Pociones y el Espejo Maldito. Sin embargo, no lo lograron, ya que un momento después los tres cayeron al suelo inconcientes.
Harry Potter corrió desesperadamente hacia los elevadores que llevaban al Atrio. Solo ahí podría desaparecerse hacia Hogsmeade, y una vez ahí podría dirigirse a toda prisa hacia Hogwarts.
-¿Cómo ha pasado esto? -se preguntó mientras golpeaba el botón del Atrio en el ascensor.
No podía creer la carta de los niños, y al mismo tiempo no podía dejar de pensar en la desgracia que ocurriría si no llegaba a tiempo al colegio. Nada más y nada menos que Robustus Baster era quien intentaba traer de regreso al Señor de las Tinieblas. Harry jamás habría sospechado de aquel profesor. Es cierto que a la mayoría de los alumnos les parecía un profesor malévolo, pero Harry había pensado que simplemente el profesor era un sádico amargado. Sin embargo, ahora se daba cuenta de que no era solamente eso.
-¿Qué pasará ahora? -se cuestionó mientras el ascensor bajaba el último tramo para llegar al atrio.
De algo estaba seguro: no dejaría que nada le pasara a su hijo, sobrinos y amigos de éstos.
-Rose reacciona -le decía William mientras la zarandeaba ligeramente.
Albus se quedó con la boca abierta. Aquello que estaba pasando parecía imposible.
-Pero ¿qué les sucedió? -preguntó Sandy en voz alta.
-Debió de haber sido el humo que salió del Espejo -sugirió Scorpius mientras examinaba a Peter.
-¿Pero por qué no nos afectó también a nosotros? -inquirió Alice.
-De eso no tengo la menor idea -respondió Scorpius.
-Debemos seguir -expresó Justin con convicción.
-Pero no podemos dejarlos aquí sin más -replicó Sandy-. Ni siquiera sabemos que les está pasando. Podrían estar muriendo.
-Morirán sin ninguna duda si el Señor de las Tinieblas regresa a la vida -dijo el chico Jacot Slytherin.
-Justin tiene razón -opinó Albus-. Si queremos salvarlos debemos detener al Señor de las Tinieblas. ¿Están listos?
William se puso de pie, y los demás asintieron con la cabeza. Albus encabezó la marcha a través del pasillo que quedaba más allá del tapiz.
Harry Dursley se despertó muy sobresaltado. No podía controlar su respiración. Pero la sorpresa fue mayor cuando descubrió que estaba en cama. Y no, no era su cama en los dormitorios de los Hufflepuff, sino su cama en casa de sus padres.
-¿Qué fue lo que sucedió? -se preguntó.
Harry intentó aclarar sus ideas. Habían perseguido al profesor Baster, y antes de que pudieran seguirlo a través de un tapiz él se había desmayado.
¿Era posible que sus amigos detuvieran al profesor de Pociones, y que él se encontrara en un estado tan delicado que tuvo que ser mandado a casa? Lo averiguaría de inmediato.
Saltó de su cama y se vistió rápidamente. A juzgar por la luz que entraba por la ventana aún era de mañana, aunque no precisamente temprano.
Harry salió de su dormitorio y bajó las escaleras. Una vez en el piso inferior de la casa se dirigió hacia la sala, de donde provenían varias voces.
-Vaya, ya te despertaste remolino -lo saludó su padre.
Harry observó atentamente a los presentes. Eran sus padres y sus abuelos.
-Te iba ir a despertar desde hace rato, pero tu abuela me lo impidió -le dijo Dudley.
-Mi nieto necesita dormir -expresó la abuela Petunia-. Además, si no nos recibiría a su abuelo y a mí enojado, y yo no quiero que suceda eso.
-¿Qué pasó con la escuela? -inquirió Harry a su padre.
-Vaya si estás perdido pequeño -le dijo su padre riendo-. Hoy es domingo, no tienes porque ir a la escuela.
-Pero voy en un sistema de internado -dijo Harry-. Hogwarts es un sistema de internado.
-¿Hogwarts? -repitió su madre desconcertada-. Pero ¿de qué hablas Trompito?
-De Hogwarts, la escuela de magia a la que me inscribieron -respondió Harry, como si creyera que sus padres le estaban tomando el pelo.
-¡Oh, ya lo veo! -exclamó Vernon Dursley-. El pequeño nos quiere jugar una broma. Con que te inscribimos en una escuela de magia, ¿no? Entonces supongo que ya debes de saber sacar al conejo del sombrero.
-Yo no estoy bromeando -dijo Harry realmente exaltado.
Sus padre y abuelos lo miraron sumamente preocupados, como si pensaran que estaba loco.
-Creo que solo tuvo un sueño -dijo Petunia Dursley mientras se levantaba e iba a abrazar a su nieto-. Ya querido, todo ha sido solo un sueño.
-Pero…
¿Realmente había sido un sueño? Por un momento recordó la angustia que sentía en Hogwarts al ser el último de la clase. En aquellos momentos deseaba que nunca hubiera descubierto que era un mago. ¿Era posible que su deseo se hubiera vuelto realidad, y ahora ya no fuera un mago? ¿O desde el principio todo fue un sueño? ¿Albus, Rose, Peter, Sandy, Scorpius, los gemelos Jacot; nunca habían existido en realidad?
"Vuelvo a ser un chico normal" se dijo mientras se sentía feliz. Como chico normal no sería más el último de la clase. Tal vez no fuera el mejor, pero tampoco sería el peor. No más tarea extra porque los hechizos no le funcionaban. ¿Tarea extra? Nunca hizo tarea extra, porque todo había sido un sueño.
Rose se despertó, pero no abrió los ojos. Intentaba prestar atención a lo que la rodeaba. No estaba segura del cómo había caído al suelo, pero estaba lista para atacar a cualquiera que intentara hacerle daño a ella o a sus amigos.
Y hablando de sus amigos, ¿dónde se hallaban éstos? No era posible que la hubieran abandonado después de que se desmayara, ¿o sí?
-Señorita Weasley, ¿se encuentra bien? -le preguntó de pronto una voz.
Rose abrió los ojos, y se encontró cara a cara con una bella mujer a la que nunca antes había visto. Sin embargo, aquella mujer no solamente era bella por fuera, sino al parecer también por dentro. Sus ojos refulgían de sabiduría, y sus gestos daban a entender que era alguien quien estaba acostumbrada a leer. Rose se sintió identificada con aquella mujer de inmediato.
-¿Quién es usted? -inquirió la chica Weasley.
-No haga bromas señorita Weasley -le recriminó la mujer-. ¿Ya ve porque le dije que esperara a que trajera la escalera?
Rose volteó a su alrededor. Se encontraba en una biblioteca. Sin embargo, parecía una biblioteca enorme, sin fin. Al levantar la cabeza no veía la cima de los estantes, y el pasillo en el que se encontraba se extendía sin fin.
-¿Qué es esto? -preguntó Rose poniéndose de pie.
-Creo que el golpe si le afectó -dijo la mujer.
Rose volteó a verla. No se explicaba que estaba sucediendo.
-Esta es la biblioteca mayor -dijo la mujer abarcando con un ademán la sala-. Usted vive aquí, ¿lo olvida? Le gusta pasarse el día leyendo.
Rose volteó incrédula hacia todos lados. No podía creer que hubiera un lugar en el que pudiera pasarse todo el día adquiriendo nuevos conocimientos.
De repente se le ocurrió una idea.
-¡Aquí puedo encontrar la información sobre el Señor de las Tinieblas! -exclamó Rose.
-Entonces vayamos a la sección de magia oscura -expresó la mujer como si Rose hubiera recuperado finalmente la cordura.
-Espere, ¿me dejará revisar así como así libros de magia oscura? -cuestionó sorprendida Rose.
-Por supuesto querida -respondió la mujer-. En este lugar no se le niega el acceso a la información a nadie.
-Despierta pequeño -le dijo una voz a Peter.
-Cinco minutos más -contestó el chico.
-Nada de cinco minutos -le respondió aquella voz tierna y suave de mujer-. Es hora del desayuno. Si no desayunas rápido no podremos empezar con las lecciones.
Peter abrió los ojos con pereza. Para su sorpresa se hallaba en su habitación. Fue solo entonces que cayó en la cuenta de que debería estar en Hogwarts, no en su casa.
Peter se paró tan aprisa que asustó a la mujer que se encontraba a su lado.
-¿Pero qué hago aquí? -cuestionó mirando a tu alrededor.
-Es tu habitación -le respondió la mujer.
Peter observó atentamente a la dama. No entendía que hacía ella ahí.
-Sí, pero debería estar en el colegio, no aquí -contestó el chico.
La mujer soltó una carcajada que en opinión de Peter fue muy bella.
-¿El colegio? -repitió la mujer como si se lo tomara a broma-. ¿Cómo voy a mandar a mi hijo al colegio cuando en casa cuenta con la mejor instructora que hay?
Peter se quedó con la boca abierta. ¿Aquella mujer era su madre?
-Bueno, ahora vístete y de inmediato bajas -le dijo la mujer-. Tu padre y yo te estaremos esperando allá abajo.
Y dicho eso salió, no sin antes despedirse del chico con un beso.
Peter no podía creer aquello. Se pellizcó, y el dolor que sintió lo convenció de que aquello no era un sueño.
"Pero, ¿y el señor de las Tinieblas?" inquirió débilmente una voz en su cabeza.
Peter acalló de inmediato a aquella voz. ¿A quién le importaba el señor de las Tinieblas cuando se encontraba en casa con sus padres? Peter se estaba convenciendo que sus recuerdos de Hogwarts solo se trataban de un sueño.
¿Qué está sucediendo con Rose, Harry y Peter? ¿Qué fue lo que hizo aquel humo proveniente del Espejo Maldito?
