-Nunca duermas en la cama de un extraño-
Disclaimer: Los personajes y todos los elementos de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es propiedad exclusiva de WndrngY, yo sólo me adjudico la traducción. Queda prohibido publicarla o postearla, en ninguno de los dos idiomas, sin el expreso consentimiento de la autora.
Sowelu ya me advirtió que me van a linchar al final del capítulo,
y sospecho que ella misma tiene ya una cacerola preparada...
Capítulo Veinticinco
Several Ways to Lose Your Lover
B POV
Ya me imaginaba que Edward se iba a poner histérico cuando escuchara que James me había amenazado, pero esto ya era ridículo. Las últimas tres noches Edward había estado esperando por mí en el estacionamiento para seguirme a casa con su coche al salir del trabajo. Eso lo acepté, porque James es un loco y yo hubiera estado igual de preocupada si alguien hubiera amenazado a Edward.
Pero ahora, saliendo del trabajo con Buck, uno de los ayudantes de cocina que había estado oficiando de guardia de seguridad para mí, me encontré el enorme Jeep de Emmett aparcado junto a mi Volvo, como un ridículo símbolo fálico. Emmett estaba apoyado contra el baúl de mi coche con una sonrisa idiota en la cara.
"Ese es mi hermano," le dije a Buck. "Gracias por acompañarme."
"Cuando quieras, chef," comentó Buck, carraspeando, antes de volver a meterse en el restaurante.
Caminé hacia Emmett con paso firme. "Esto tiene que terminar. ¿Edward te contrató para que fueras mi niñera?"
"No sé de qué estás hablando, hermanita. Sólo salí a dar un paseo a las…" consultó su reloj, "1:31 de la mañana, y pensé en pasar a ver qué se estaba cocinando."
"Estoy bien. Todo está bien. James no ha vuelto a aparecer y tampoco hemos oído nada de él. Hazme un favor, ¿sí? Dale a Edward un huevo para incubar o algo así. Necesita un hobby, algo que lo distraiga para que deje de actuar como si fuera mi madre."
"Tranquila… él es un poco sobreprotector, pero a mí no me molesta que lo sea; ambos queremos que estés a salvo. Así que no es motivo para que te enojes, ¿o sí?"
"Supongo que no." Tomé un hondo respiro y me forcé a relajarme. Tenía que estar recordándome continuamente que Edward, y ahora Emmett también, simplemente se preocupaban por mí, y eso era algo bueno. "Gracias por protegerme del hombre de la bolsa."
"Cuando quieras," contestó, igual que Buck. Cambió el peso de un pie a otro y agregó: "Ahora, mira, ya que estoy aquí, hay algo de lo que necesito hablarte."
Parecía un poco nervioso, y eso me picó la curiosidad. "Sígueme a casa. Te daré de comer y una cerveza para que puedas contarme lo que pasa."
Cuando llegamos a casa, dejé a Emmett en la cocina y fui a la habitación para encontrar a Edward pretendiendo dormir. Era un pésimo actor.
"Puedes dejar de fingir, Edward; Emmett quiere tener una conversación de hermano a hermana, y de todas maneras no habrá sexo para ti esta noche."
"Eres mala," contestó sin abrir los ojos.
"¿Lo suficientemente mala como para cuidar de mí misma?"
Como no conseguí una respuesta, suspiré. "Sé que estás preocupado, amor, pero esto ya se está yendo de las manos. Ya te prometí que no caminaría sola por el estacionamiento, y permití que me cuidaras como una niñera. Pero ahora me envías a Emmett y eso ya es demasiado."
Edward abrió sus hermosos ojos verdes y sonrió. "De hecho, yo no lo envié. Él se ofreció a hacerlo. Debe tener algo realmente importante para decir."
"Bueno, iré a ver. Tú quédate aquí y piensa en lo que hiciste," dije, intentando sonar seria.
"Te amo."
"Yo también te amo. Duerme un poco, en seguida vengo a la cama."
Emmett estaba revisando las alacenas como un oso recién despierto de una larga hibernación. Saqué un recipiente del refrigerador y puse a calentar el contenido en una sartén. Era el mismo plato de pasta con carne que había hecho cuando Edward conoció a mis padres, que resultó ser uno sus platos favoritos; pero él tendría que abstenerse a las consecuencias de largarme a Emmett sin preguntar.
Nos sentamos en la mesa de la cocina y Emmett se pasó un buen rato en silencio, comiendo como el oso que era, hasta que finalmente se estiró en su silla con un gruñido y un largo trago de su cerveza.
"Bueno, esto es lo que pasó," empezó, estirando los brazos sobre la mesa, con las manos entrelazadas. "Le pedí a Rosalie que se mudara conmigo."
"¡Em! Eso es genial, ya era hora…"
"Dijo que no."
"Oh… oh Dios, lo siento."
"En realidad, las palabras fueron 'olvídalo, no'; luego me echó de su apartamento y me dijo que no volviera."
"¿Qué?" Estaba pasmada. Rosalie y Emmett peleaban con ferocidad, cuando lo hacían; pero no discutían a menudo y desde que habían comenzado a salir, hace dos años, habían sido siempre una pareja aparentemente estable y comprometida. "¿Rompió contigo?"
"No lo sé. Supongo que 'no vuelvas' es bastante permanente. No responde a mis llamados." Se encogió, mirándose las manos.
"¿Has ido a verla?"
"No. No sé qué decir. Es por eso que vine a hablar contigo. ¿Qué hago?"
Recién entonces me di cuenta de que por detrás de su actitud afable habitual, estaba triste y dolido. Todavía no había alzado la vista.
"Dime exactamente qué sucedió," incité.
Su rostro se encendió de pronto con ese rubor genético tan característico de los Swan, y así fue como supe que definitivamente había hecho algo para provocar la furia de Rosalie.
"Dime exactamente lo que pasó," repetí, con más énfasis.
"Hace dos noches, estábamos en la cama, tú sabes… después de. Y empecé a pensar en si debía quedarme y levantarme temprano al día siguiente para cambiarme e ir a trabajar, o si tal vez debía ir a casa directamente y dormir un poco más."
Titubeó, y yo lo incité con un gesto.
"Estaba pensando en que Alice y Jasper están a punto de casarse, tú y Ed ya viven juntos y aún no se han asesinado el uno al otro, así que tal vez Rose y yo deberíamos… ya sabes, intentarlo."
Lo miré fijamente por un largo minuto. "Por favor dime que no le dijiste esas mismas palabras a ella."
El rostro de Emmett se puso aún más rojo y sus ojos se desviaron otra vez a la botella de cerveza vacía que movía nerviosamente entre las manos.
Tenía muchas ganas de enfadarme con él por lo mala, ofensiva y ridículamente imbécil que había sido su propuesta; porque esa definitivamente no es la forma de pedirle a tu novia de dos años que se mude a vivir contigo. Pero no pude hacerlo. A juzgar por su cara, él ya sabía el error que había cometido.
"Simplemente salió así. Ni siquiera lo pensé, y para cuando había terminado de hablar, ella se estaba vistiendo y arrojando mi ropa al pasillo. He hecho que Rosalie se enojara conmigo muchas veces, pero nunca la había visto tan… tan triste. Como si le hubiera arrancado el corazón. Es por eso que no puedo enfrentarme con ella ahora."
"Oh, Em. Tienes que enfrentarla. Pero primero tienes que decidir qué es lo que quieres realmente, y por qué, para que puedas decírselo como corresponde. Si no estás seguro de que ella sea la indicada y sólo quieres 'intentarlo', tal vez debas romper con ella ahora y dejar que siga su vida. Créeme, te lo dice alguien con quien 'lo intentaron' y al final fue rechazada…"
Mi hermano se irguió como si le hubiera dado un puñetazo. "Ese no es el caso para nada. La amo, y no tengo dudas de que ella es la indicada."
"¿Y cómo puede ser que hasta ahora nunca le pediste que se mudara a vivir contigo, o por qué nunca se comprometieron?"
"Porque todo era perfecto tal y como era. Éramos perfectos. A ella le gustaba vivir con Alice y yo tenía un lugar a donde ir cuando ella se enojaba conmigo. Era perfecto."
"¿Y tú hubieras estado contento con dejar las cosas así para siempre?"
"No, no para siempre. Pero yo… sabes, he visto demasiadas veces cómo una buena relación de pareja se desmorona después de la boda. Todos empiezan a pelear por las estúpidas flores o alguna otra idiotez y al final el asunto del matrimonio termina siendo un infierno. Quiero estar casado con Rosalie. Lo que no quiero es casarme con ella. Ni con nadie."
"¿Tienes alguna idea de lo que ella piensa al respecto?" Pregunté. "Por los comentarios que ha hecho sobre el 'espectáculo' de Jasper y Alice, yo diría que ella se inclinaría mucho más por algo menos tradicional. Además, no estábamos hablando de matrimonio, creí que estábamos hablando de vivir juntos."
"Lo sé, pero generalmente una cosa lleva a la otra. No le pediría que viniera a vivir conmigo si no pensara que algún día acabaremos casados. ¿Edward y tú no han hablado de eso todavía?"
Era mi turno de sonrojarme. "No, nosotros… eso no… no estamos hablando de mí y de Edward. ¡Deja de desviar el tema! ¿Quieres que Rosalie se mude contigo?"
"¡Sí!"
"Entonces tienes que concentrarte en arreglar el daño que has hecho, y vas a tener que pensar en alguna manera más sincera y romántica de pedírselo."
"Ese es el problema, hermanita. Rose odia todo lo que es demasiado romántico, o sentimental, o cursi. ¿Cómo haces con una mujer que odia las rosas rojas, las fresas cubiertas de chocolate, las canciones de amor, las cenas a la luz de las velas y el resto de las cosas románticas que se me puedan ocurrir a mí?"
"Eso sí que puedo responderlo. Ella no odia el romance, Em. Lo que ella odia son los gestos previsibles, románticos pero cliché, que no dicen nada de ti ni de ella como pareja. Tendrás que pensar en algo que a ella realmente le guste, y arriesgarte."
Emmett terminó su cena en silencio, masticando despacio y con actitud pensativa. Casi que podía ver las tuercas girando en su cabeza. Finalmente empujó su plato vacío a un lado. "A ella le gusta la música de los ochenta, los coches viejos, y el dinero."
"Bien, es un buen comienzo… pero dejemos el dinero fuera de esto."
"Quiero decir que ella ama lo que hace… trabajar en finanzas, y eso."
"Aún así, decidas lo que decidas, mantén el dinero fuera de este asunto. Confía en mí," aseguré. Ya me imaginaba las mil formas en que podría acabar eso, con Rose pensando que Emmett la comparaba con una cazafortunas, o una puta. Por mucho que yo me divirtiera a costa de Emmett, sabía que él era un hombre inteligente. Es sólo que a veces su cerebro y su boca se desconectaban completamente, y eso era lo que le traía problemas.
Emmett asintió reclinándose en la silla y mirando la mesada con aire pensativo. Yo me puse de pie para traerle otra cerveza y arrojar a la basura la botella vacía y con la etiqueta rasgada que ya se había bebido.
"¿Quieres quedarte en la habitación de invitados?"
"Sí, gracias," se encogió de hombros, y luego se bebió la mitad de la otra botella en un solo trago. "Ella nunca antes me había echado de la casa. Me ha amenazado con hacerme lo que Lorena le hizo a John Wayne Bobbitt, con molerme a golpes y otras cosas; pero nunca me había dicho que me largue y que no regrese." (N/T: la pareja de John Wayne y Lorena Bobbitt se hizo conocida porque ella le cortó el pene con un cuchillo mientras dormía. Creo que no hay nada más que decir al respecto)
Me tomó unos minutos decidir de qué manera contestar. "Em, para ella debe haber sonado como 'Hey, qué diablos, ahora que todos los demás se están mudando, deberíamos ir a vivir juntos'," dije finalmente. "Tal vez ella no esté lista, o tal vez ha estado esperando que se lo dijeras, pero la forma en que lo hiciste no fue la correcta."
"Sí, ya lo sé," gruñó, irritado.
"El punto es… yo creo que el problema fue la forma en que se lo dijiste, y ese es un problema que tú puedes arreglar."
El asintió una vez más y luego suspiró profundamente. Finalmente se estiró y se inclinó hacia adelante para darme una palmadita en la cabeza, probablemente sin darse cuenta de la fuerza con que lo hizo.
"Idiota," lo pateé por debajo de la mesa.
"Arpía."
Nos sonreímos el uno al otro.
"Así que… esto de ser tu niñera tiene buena recompensa," señaló el plato vacío y la botella. "¿Cuándo me toca el próximo turno?"
Gruñí. "Espero que nunca. Mañana tengo el día libre así que vamos a ir a una cena de trabajo de Edward, y luego tengo la próxima noche libre también. Tal vez para cuando vuelva a trabajar Edward ya lo habrá superado del todo."
"Yo sé que eres una chica fuerte, Bells, pero no estás a la altura de un hombre que tiene un rencor más grande que tú misma. Y no te estoy juzgando, es simplemente un hecho biológico," aclaró levantando ambas manos, como si se atajara ante cualquier réplica mordaz que yo pudiera hacer. "¿De verdad crees que James no es una amenaza para ti?"
"No lo sé. Me resulta difícil de creer que lo sea. Quiero decir… él se enojó porque lo despidieron, y yo sé que es una pequeña y astuta rata de alcantarilla, pero ¿significa eso que es un completo psicópata capaz de hacerme daño físico real?"
"Personas más nobles que él han hecho cosas terribles sin justificación."
"Qué profundo."
"Hablo en serio, Bella. En realidad no conozco al tipo, pero si amenazó con hacer algo delante de toda esa gente, yo andaría con cuidado. Me da la sensación de que lo golpearon fuerte en el ego, y algunas personas no toman muy bien ese tipo de ofensas."
Me levanté y puse la vajilla en el lavabo a remojar. Iba a dejarla remojar toda la noche y la pondría en el lavavajilla por la mañana… estaba superando algunos de mis hábitos compulsivos.
"Ya lo sé, Em. Deja de intentar asustarme. ¿Por qué tengo que soportar los sermones, si ya estuve de acuerdo con que me hicieran guardia?"
"De acuerdo, yo ya dije lo que tenía que decir. Te dejaré en paz. Gracias por invitarme a pasar la noche y por la comida y… por todo," dijo, envolviéndome con un solo brazo y revolviéndome el cabello con su enorme garra de oso antes de girarse hacia el pasillo para ir al cuarto de invitados.
"Cuando quieras," contesté, dándole una patada detrás de la rodilla.
A la mañana siguiente, cuando llamé a Rosalie, me atendió al primer timbrazo. "¿Tu hermano te pidió que me llames?"
"No."
"Mentirosa."
"No me lo pidió, Rose; pero sí me contó lo que pasó, y que lo echaste. ¿Realmente has terminado con él?"
Se quedó en silencio por un momento, durante el cual pude oír el murmullo continuo del banco detrás de ella. También oí otro sonido, más nítido, probablemente el de sus dedos golpeando el teclado de su computadora.
"Por supuesto que no," suspiró finalmente. "Sólo hazme un favor y no le digas qué hacer, ¿sí? Deja que se dé cuenta solo de lo que tiene que hacer ahora. Necesito tener la seguridad de que, si regresa y yo doy el brazo a torcer, dejaré caer mis bragas por él, no por ti."
"Qué bonito… tienes mucha clase, Rosalie Hale. No me importa lo que digan de ti."
Ella se rió. "Tampoco a mí. Ahora, ¿prometes que no lo ayudarás?"
"Bueno, puede que le haya señalado cuál es la dirección correcta…"
"¡Bella!"
"Nada demasiado específico, lo juro, y prometo no volver a interferir."
"Está bien… gracias. ¿Quieres que nos juntemos a almorzar mañana?"
Esa pregunta me inspiró. "Mejor aún, tú, Alice y yo deberíamos tener una noche sólo de chicas, mañana por la noche. No vamos a tener muchas más de esas después de la boda."
Rosalie prometió llamar a Alice y devolverme el llamado cuando supiera dónde y cuándo nos reuniríamos. Traté de no pensar que en menos de dos meses Alice se mudaría a Carolina del Sur y que eso traería otro cambio a mi vida, otro cambio que sería para siempre.
Siempre pensé que la arquitectura era un campo fascinante, una mezcla de arte y ciencia, imaginación e ingeniería.
Pero esa noche me encontré sentada escuchando una serie de presentaciones y discursos jodidamente largos y aburridos durante la cena de AIA Seattle, la asociación profesional de arquitectos; en una habitación llena de arquitectos que al parecer se habían propuesto matarse de aburrimiento unos a otros, discutiendo anchos de paredes exteriores y ventanas y códigos civiles. (N/T: AIA Seattle, Instituto Americano de Arquitectos en sus siglas en inglés)
En algún punto Edward, un hombre de unos cincuenta años de rostro anguloso, y una mujer que en un principio creí que era la hija adolescente y taciturna de alguien, pero en realidad era una colega de ellos; casi terminaron discutiendo a los gritos sobre el uso de chapas de metal o de aluminio. Para ese punto yo ya estaba deseando tener una chapa de metal donde golpearme la cabeza una y otra vez. El dolor físico hubiera sido un alivio frente a la angustia mental que me estaban causando estas conversaciones.
Mi estado anímico debe haber sido muy notorio, porque Tom Francke, que estaba sentado frente a mí, se inclinó repentinamente hacia mí y dijo: "Espera hasta que termine la cena y abran el bar."
Sonreí. "¿Está diciendo que encontraré todo esto más interesante cuando todos estén borrachos?"
"Probablemente no, pero quizás encuentres todo esto más soportable cuando tú estés borracha," contestó, con un tono absolutamente serio, exceptuando por una de sus cejas, ligeramente alzada.
Yo me reí y alcé mi copa hacia él antes de acabar con el contenido de un solo trago. "No quiero ser grosera, señor Francke. La arquitectura me parece realmente interesante. Es sólo que los aspectos técnicos…"
"Dime Tom, por favor. Me pidieron que hoy diera un discurso sobre 'Materiales Viables para la Edificación Sustentable'. Contesté que nunca había odiado tanto a nadie como para hacerle ese daño. Diseñar edificios es una de esas cosas que resulta fascinante sólo para los que lo hacen, pero el resto se muere de aburrimiento."
"Es parecido a cocinar. La gente no quiere escuchar de dónde viene cada ingrediente y cómo los mezclas, ellos sólo quieren comer comida decente."
"Exactamente," Tom finalmente dejó relucir una sonrisa genuina. "Cierto, tú eres la jefe de cocina en Beck's."
"Asistente ejecutiva del Chef," corregí. "Trabajo para Bruce Tyler."
"Pero cuando él no está, es decir la mayor parte del tiempo, ella es la que dirige el lugar," se metió Edward.
Le dirigí una mirada sorprendida. La última vez que lo había mirado, estaba totalmente absorto en su propia conversación, pero aparentemente había estado siguiendo la mía por un rato. Me hacía sentir un poco incómoda que Edward fanfarroneara sobre mí. "Bruce no se va tan a menudo."
"Como sea," continuó hablando Tom, "Beck's es uno de mis restaurantes favoritos y estoy muy impresionado con usted, señorita Swan. ¿Me permite acompañarla hacia la barra para estar en primera fila cuando abran el bar?"
Riendo, permití que me llevara hasta el bar, al otro lado del cuarto. Cuando nos paramos en la pequeña fila que ya se había formado, me giré para mirar a Edward. La expresión de su rostro era una mezcla de cosas que no supe leer, pero luego él esbozó esa sonrisa que era sólo para mí, y yo respondí con una sonrisa que era sólo para él.
Después de haber recibido nuestros tragos, Tom y yo hablamos sobre comida por un ratito y luego me presentó a su esposa, Lydia. Ella parecía tan aburrida con la conversación sobre comida como yo había estado con la de edificios, así que le pregunté a qué se dedicaba.
"Nada glamoroso, lamento decir," contestó de forma defensiva. "Sólo criar a cuatro hijos. Mayormente yo sola." Le dirigió una oscura mirada a Tom, que no se dio por aludido porque estaba saludando a alguien que acababa de acercarse.
No estaba segura acerca de cómo responder a ese comentario, pero lo intenté. "¿Cuántos años tienen sus hijos?"
"No tienes que pretender que te interesa, ¿sabes?" me dijo con sinceridad, y con lágrimas en los ojos. "Lamento haber sido grosera. No tiene nada que ver contigo."
Y así sin más, se disculpó y se dirigió a los baños. Me sentí muy mal por ella, pero no la conocía para nada y dudaba que pudiera ofrecerle ningún consuelo. Esperando que ella y Tom simplemente estuvieran teniendo una mala noche y que las cosas mejoraran pronto, me disculpé y fui a buscar a Edward.
Otro de sus colegas, Dan Bradford, a quien yo había visto un par de veces antes, me detuvo a medio camino poniéndome una mano en el brazo. "¡Bella! Qué bueno verte."
Me presentó a su novia y a la otra pareja que estaba de pie con ellos, y estuvimos hablando por unos minutos, pero yo seguía mirando alrededor, buscando a Edward, que parecía no estar en ninguna parte.
Algunas parejas comenzaron a acercarse a la pista de baile mientras una banda mediocre tocaba música igualmente mediocre. No era mi tipo de baile, pero era fácil fingir.
Bailé con un par de colegas de Edward y tomé dos tragos más antes de volver a sus brazos. Él me apretó fuertemente contra su cuerpo, apoyando una mano en mí espalda baja como si esperara a que alguien viniera a interrumpirnos y no estuviera dispuesto a dejarme ir.
"Has estado muy encantadora esta noche, ¿verdad, Sugar?" Preguntó, sus ojos brillando con juguetona posesividad.
"¿Esta noche? ¿Estás diciendo que no soy encantadora todas las noches?" El alcohol me estaba haciendo relajar la cabeza y la lengua.
"Nunca diría algo así. Pero creo que un cuarto lleno de admiradores saca lo mejor de ti. Cada hombre en esta habitación está deseando ser yo en este momento." La voz de Edward era tan baja, y sus labios estaban tan cerca de mi oreja, que su aliento tibio me estaba haciendo temblar.
"Hmm. Incluso si eso fuera verdad, no me importaría para nada. Lo único que me importa es que tú estés feliz de ser tú. Quiero decir, de ser tú conmigo," dejé caer mi cabeza sobre su hombro. "Acabo de arruinar el momento, ¿no?"
Él se rió, moviéndome por la pista con facilidad. "Estás un poquito borracha, ¿no?"
"Puede ser que un poquito."
"Ya te dije lo mucho que me gusta este vestido suave y sedoso y… um, ceñido, ¿no?" Acercándome aún más, cosa de que no quedara espacio entre nosotros ni para deslizar un papel, dejó bastante clara su aprobación de mi vestido azul.
"¿Podemos irnos a casa ya?"
"Pronto. Dime, ¿estás borracha-cachonda-y-feliz, o borracha-me-quedaré-domida-en-el-auto-de-camino-a-casa?"
Lo miré a la cara, luchando contra el deseo de empezar a besuquearlo delante de su jefe y sus colegas. "Tendrás más y mejores chances cuanto más pronto me lleves a casa."
En tan sólo unos minutos Edward ya había dado las buenas noches a todo el mundo, y pronto nos encontramos afuera bajo la noche fría y húmeda. Me sostenía firmemente contra su costado, dirigiéndome hacia mi coche. Miré hacia arriba intentando decir algo, pero las palabras se me atascaron en la garganta.
Al otro lado de la concurrida carretera de cuatro carriles, había un auto aparcado en el carril de emergencia. Un auto bajo, deportivo. No sabía qué tipo de coche era, pero sabía a quién pertenecía. James se inclinó sobre el coche, imitando con exactitud la misma posición que había adoptado la mañana en que fue despedido. Me miraba fijo bajo el resplandor de las farolas de la calle.
Edward me vio y siguió la dirección de mi mirada. Cuando vio a James, se tensó e hizo un amague, como si quisiera ir a enfrentarlo, pero había al menos unos cien metros y cuatro carriles de tránsito entre nosotros. James se incorporó con una sonrisa malvada sobre los labios, se subió al coche y se alejó con un quejido de las llantas sobre el asfalto.
"¡Súbete al auto!" Demandó Edward, abriendo mi puerta.
"No seas estúpido, no vamos a ir tras él," espeté, cruzando los brazos sobre mi pecho.
"No, por supuesto que no. Te llevaré a casa y luego iré tras él."
"Para entonces ya no lo encontrarás. ¿Y cuál es el punto? Él no hizo nada más que estar ahí parado."
Edward se rió ásperamente y me hizo gestos para que me metiera en el coche. Esta vez obedecí, pensando que podría hacerlo entrar en razón de camino a casa. Una vez que se subió, salió del estacionamiento a toda velocidad y se metió entre los autos.
"¿Realmente crees que no sé dónde vive ese hijo de puta? Hice mi tarea cuando te amenazó, Bella. No hice nada hasta ahora, porque él no había hecho nada, hasta esta noche."
"Sólo está siendo un idiota. Lo único que hizo fue pararse ahí."
"Está tratando de intimidarte."
"Bueno, no funciona, así que déjalo."
Volvimos a casa sin decir otra palabra. Las manos de Edward estaban tan fuertemente aferradas al volante que temí que la piel de sus nudillos se abriera. Mi mente iba a toda velocidad pensando cuál había sido la intención de James. ¿Había sido una coincidencia, él vio mi auto ahí y se detuvo? ¿O estaba siguiéndome? De pronto una orden de restricción parecía una buena idea, pero ¿qué le diría al juez? ¿Que un ex compañero de trabajo me miraba mucho? Me imaginé que pasaría lo mismo que pasaba cuando era niña y les decía a mis padres que Emmett no dejaba de mirarme fijo para molestarme.
Edward estacionó el coche y esperó a que me bajara. Tenía la mandíbula tensa y temblaba.
"Eres un hombre adulto, Edward, no tienes que…"
"¡Exacto!" Gritó, asustándome. "Y yo me voy a hacer cargo de esto. Si hubieras escuchado lo que te dije acerca de ese imbécil en primer lugar…"
"¿Qué? ¿Qué hubiera sido diferente? ¿Por qué crees que esto es mi culpa?" Nunca había visto a Edward tan enojado; sentía que su enojo iba más allá de toda lógica o sentido común, y me estaba asustando muchísimo.
"No lo sé," contestó, haciendo un esfuerzo por bajar la voz. "Sé que no es tu culpa. Pero no voy a quedarme sentado esperando a que realmente te haga algo para actuar."
Estiré la mano para tocar su rostro, tratando de calmarlo. Él se tensó y luego se apoyó en mi mano. "De verdad que no creo que James tenga ninguna intención de hacerme daño. Me preocupa más que él esté intentando tentarte a hacer algo estúpido. Si le pones una mano encima podrías terminar en la cárcel por agresión."
Él respondió a ese comentario con un bufido desdeñoso, pero no se apartó.
"Creo que Emmett tiene razón. James se sintió herido en el ego porque Bruce le dijo que no estaba lo suficientemente cualificado como para dirigir el nuevo restaurante." Suspiré, rascando su barbilla con suavidad.
"¿Qué nuevo restaurante?" Preguntó. Tenía los ojos cerrados y parecía estar disfrutando de mi caricia.
Mierda. Este era el peor momento para empezar esta discusión, pero no iba a mentir. Ya me había sentido bastante incómoda al esconderlo.
"Bruce está planeando abrir un nuevo restaurante y está buscando un jefe de cocina. James pensó que él podía ser el indicado, porque… porque yo lo rechacé."
Dejé caer la mano sobre mi regazo cuando él se giró para mirarme, con el ceño fruncido y los ojos llenos de suspicacia.
"¿Qué quieres decir con que lo rechazaste? ¿Por qué harías eso?"
"El nuevo restaurante no estará aquí en Seattle. Tenía que rechazarlo," dije, obligándome a hablar con confianza, aún a pesar de que me daba miedo su posible reacción. "No es gran cosa, amor, habrá otras oportunidades."
Edward se quedó callado por un minuto. "Pero, ¿dónde será? ¿Y por qué James te culpa a ti, si tú lo rechazaste?"
"Creo que él ya lo sabía antes de que yo lo supiera," admití. "Creo que ese es el motivo por el que estuvo saboteándome cada vez que podía; estaba intentando ponerse él mismo en una mejor posición que yo. Todo tuvo mucho más sentido cuando volví de Florida y Bruce finalmente me ofreció el puesto a mí."
"¿Cuando volviste de Florida? ¿Por qué no me dijiste nada de esto? ¿Dónde estará el nuevo restaurante?"
"Todavía no es seguro… en algún lugar, en el Sur." Me apresuré a continuar cuando vi que sus ojos se abrían con sorpresa. "Tú estabas viniendo hacia aquí, donde ya tenías asegurado el trabajo de tus sueños, y para mí no tenía sentido decírtelo."
Edward salió del auto en un movimiento repentino y dando un portazo a sus espaldas. Yo salí a toda prisa también y me quedé mirándolo con recelo mientras él respiraba con dificultad el frío aire de la noche.
"Tenía mucho sentido que me lo dijeras. Tengo derecho a tener toda la información disponible cuando estamos tomando decisiones sobre nuestra vida juntos, ¿no?" Giró la cabeza y me miró con los ojos encendidos. "Tú creías que yo no sabría cómo entrar en una relación seria, pero ya no creo que yo sea el problema aquí. Todavía estás manejando todo por tu cuenta, sin siquiera darme una oportunidad."
"¡No, no es verdad! Quiero decir, no era esa mi intención. No quería ponerte presión justo cuando estabas a punto de empezar tu trabajo con Tom. Yo quería estar aquí contigo más de lo que quería ese empleo. ¿Es eso tan terrible?"
"Por supuesto que no," bufó. "Pero ¿por qué no me lo dijiste?"
Traté de escoger con cuidado mis palabras, sabiendo que estaba metiéndome en un terreno peligroso. "Porque a veces es como si tú tomaras todas las decisiones, Edward. Esta era mi decisión, mi elección. Y no quería que tú decidieras por mí."
"¿Dices que yo tomo todas las decisiones? ¿Cuándo fue la última vez que me dejaste tomar una decisión a mí, o a alguien más?"
Ya me estaba enojando. Él me estaba diciendo controladora, negándose a reconocer todas las veces que le cedí el control en nuestra relación.
"Nunca tuve la oportunidad de 'dejarte' tomar una decisión, porque la mayoría de las veces simplemente me pasas por encima, me tiranizas. Y la mayoría de las veces no me molestó, pero no esta vez. Quería tener la oportunidad de sacrificarme por ambos, como hiciste tú cuando dejaste a tu familia y amigos por mí. Pero sabía que si te lo decía querrías hacer algo noble, correcto, y no me dejarías hacerlo."
"¿Qué diablos estás queriendo decir?" Demandó, y pude oír en su voz el tono sureño que se había estado desvaneciendo casi por completo desde que se mudó a Seattle.
"Sé que es parte de tu crianza, pero tienes esa actitud tan 'Yo soy el hombre y debo proteger a mi pequeña y débil mujer' que a veces es simplemente demasiado para mí. Como lo que pasó con James esta noche. Todavía estás muriendo por subirte a ese carro e ir tras él sólo porque me miró mal, y no te importa que yo no quiera que vayas."
"Y tú estás tan determinada a hacer todo para ti misma y por tu cuenta, que me haces sentir como uno de tus muebles favoritos de la casa. Me amas, me deseas, pero no me necesitas realmente."
Sin pensarlo demasiado y arriesgándome a su reacción, rodeé el auto y me dirigí hacia él. "Eso ni siquiera es completamente cierto. Te necesito porque sé que sería infeliz si no te tuviera en mi vida. Pero en el día a día, soy adulta y capaz. ¿No es eso algo bueno? ¿Acaso preferirías que sea una mujer tonta y hueca que no puede tomar una decisión por sí misma?"
"No seas ridícula. Sabes que no es eso a lo que me refiero." Cruzó los brazos sobre el pecho, y el significado de ese gesto no me pasó desapercibido. No quería que me acercara más ni que lo tocara.
"Está bien. Yo estoy siendo ridícula, pero tú yendo a la casa de James para golpearlo como un adolescente es completamente racional. Me voy adentro."
Esperaba que él me siguiera y que continuara la discusión. O que tal vez me gritara que lo esperara. Esperaba que corriera tras de mí y me agarrara por los hombros para detenerme. Pero llegué al interior de la casa y nada de eso pasó. De pie en el vestíbulo, esperé, atenta a sus pasos.
Escuchar el motor del auto encendido y saliendo del estacionamiento era lo último que esperaba oír.
Hay tantas cosas que quiero decirles que nunca sé por dónde empezar... sé que lo he dicho mil veces y que la palabrita ya está gastada, pero siento que debo darles las GRACIAS a todas, porque son pacientes y comprensivas conmigo, y porque a pesar de mis altibajos no me han abandonado.
Ahora, volviendo al capítulo... ¿qué les pareció? ¿Creen que Edward está exagerando? ¿Se imaginan a dónde fue, o qué va a hacer Bella ahora? ¿Qué esperan que suceda en el próximo?
Cuéntenme sus opiniones!
