Miré hacia Alex con extrañeza sin comprender que estaba haciendo ella allí, puesto que según lo que tenía entendido era mi hermana quien tenía que recogerme, por lo que, no pude evitar preocuparme por que la hubiese sucedido algo.

-¿Dónde está Kara?- cuestioné al llegar a su lado.

-Si te digo la verdad, no sé nada de ella- se encogió de hombros alarmándome aún más.

-¿No sabes dónde está?- pregunté alterada, más bien, preocupada porque no lo hiciese.

-Sí, si lo sé, está en CatCo, pero lo que no sé es que la está pasando, ni por qué no ha venido a buscarte cuando se suponía que iba a hacerlo- respondió tratando de tranquilizarme- Lleva un día un tanto extraño, ha dejado escapar un alien y no ha dejado de poner pegas en el DEO- explicó haciendo que me sorprendiese bastante por que se estuviese comportando de aquella manera, pues no cuadraba mucho con a forma de ser de mi hermana.- ¿Te ha trenzado ella el pelo?

Asentí, por primera vez lo había conseguido tras muchas insistencias por su parte, ya que solía negarme siempre que se ofrecía, sin embargo, hoy no había podido hacerlo, puesto que no me había dado opción a hacerlo. Solía negárselo debido a que era lo que yo hacía cuando éramos pequeñas, y el simple hecho de que ella quisiese hacerlo traía todos aquellos recuerdos consigo, por lo que nunca me apetecía, es más, me entraban ganas de llorar al recordarlo.

-Hey, ¿qué te parece si hacemos algo?- preguntó haciendo que arquease una ceja confundida- Podemos ir a tomar un helado- sonrió.

-Tengo...-empecé a hablar para negarlo sutilmente, pero me interrumpió.

-Los puedes hacer luego, te vendrá bien distraerte, además ya que Kara no quiere acompañarnos...- comentó causando mi risa, para finalmente darle mi aprobación a la idea.-Perfecto, vámonos entonces.

La verdad es que me lo estaba pasando bien, estaba consiguiendo olvidarme de todo aquello que me había agobiado durante estos últimas semanas, empezando por Jean, pasando por mi afán de destruir mi hermana, la rebelión de mi tía y, por último, Cat Grant, quien no dejaba de llamarme para que hiciese otro reportaje, hecho que había conseguido que dejase de responderla a las llamadas, ya que a pesar de que me gusto hacerlo, no me encontraba en una de las mejores situaciones como para repetirlo, pues no dejaba de darle vueltas a otras cosas. Otro hecho que verdaderamente me había sorprendido era que Kal-el hubiese estado tan preocupado por mí durante los días siguientes, ya que no había dejado de escribirle a mi hermana que si estaba bien, pero, sobre todo, que cuales habían sido las razones que me había llevado a ello, parecía bastante consternado por que hubiese hecho aquello.

Sacudí la cabeza mirando hacia Alex, quien había estado hablando durante todo este rato, pero, sinceramente, no podría decir de qué, puesto que no la había prestado atención, por lo que esperé a que me pudiese dar una pequeña pista de a qué se refería.

-¿En qué mundo estás, Kaelah?- me preguntó- En serio, estás muy pensativa, ¿qué te pasa?

-Nada, demasiados problemas y ninguno con solución- respondí en apenas un susurro.

-Pues deja de pensar en ello, ya se solucionaran solos- dijo como si fuese sencillo- ¿Crees que todos esos problemas te dejan hueco par ir a por servilletas? Porque acabas de montar una piscina de chocolate en la mesa- comentó tratando de no reírse.

Observé la mesa con detenimiento, fijándome en que, efectivamente, el helado se había empezado a derretir, por lo que, asentí antes de levantarme en busca de las servilletas, frenándome en seco al verle sentado, tratando de ser lo más sigilosa posible para que no me viese, sin embargo, cuando le escuché nombrarme supe que no lo había conseguido.

- Hey, ¿qué haces aquí?- me preguntó cómo si no hubiese nada durante estos últimos días, como si siguiésemos teniendo esa relación de amistad que se rompió aquel día.

Me giré hacía él tratando de mostrarme lo más tranquila posible, pero no pude, pues mi nerviosismo estaba presente y había varios hechos que me delataban, como aquel de que hubiese arrugado las servilletas hasta convertirlas en una bola.

- He venido con Alex- traté de responder, teniendo la sensación de que mi voz no llegaba a salir, mientras reparaba en la presencia de una niña de unos ocho años en la mesa de la que se había levantado.

- Creo que debería de presentaros, Kaelah ella es Ava, mi hermana pequeña, y Ava ella es Kaelah, mi amiga- nos presentó consiguiendo que me sorprendiese bastante.

- No sabía que tenías una hermana- comenté observando a la niña, quien parecía querer esconderse como si la diese vergüenza el hecho de que la estuviera mirando, pero la verdad es que no encontraba el parecido en ellos.

- Hay muchas cosas que no conocemos del otro- respondió simplemente, haciendo que asintiera, recordando que Alex estaba sentada en una mesa y que se suponía que yo tenía que haber tardado un par de segundos.

- Creo que debo irme- comuniqué acompañándolo de un suspiro, pues no me apetecía terminar esta conversación, ya que, después de tanto tiempo, por fin estábamos hablando.

- Vale, nos vemos mañana- sonrió.

Me despedí de él volviendo hacia la mesa, buscando la forma de explicar por qué me había retrasado, sin embargo, me senté en silencio tras darme cuenta de que estaba hablando por teléfono, pero no parecía muy contenta con lo que estaba escuchando.

- Hoy duermes en mi apartamento- comentó haciendo que la confusión me invadiera.

- ¿Cómo?- cuestioné esperando una explicación razonable.

- Kara va a salir de fiesta- respondió.

Me alteré, ¿mi hermana de fiesta? En serio, ¿qué estaba pasando? Algo sucedía, eso era obvio, pues jamás se había comportado de esta manera, no solía salir los días de diario, por lo que, no podía evitar extrañarme, tratar de comprender que sucedía.

No tardamos mucho en encaminarnos al apartamento de Alex, lugar en el que dediqué el resto de la tarde a hacer los deberes, terminando por discutir con ella quien dormía en la cama, teniendo que acceder, puesto que cuanto más avanzaba la discusión más seria se iba poniendo más seria, empezando a asustarme.

Sin embargo, la hora de dormir fue como una pesadilla, ya que no podía dejar de pensar en lo que había sucedido por la tarde, además de que mi preocupación sobre el paradero de mi hermana no era capaz de marcharse, por lo que no era capaz de conciliar el sueño.

- Kaelah, es hora de dormir- dijo Alex apagando la luz, deteniéndose tras observar mi cara- ¿Qué pasa?

- Nada- respondí.

- ¿Segura?- cuestionó acercándose, sentándose a mi lado- Habla.

- Es sólo..., Kara está actuando tan extrañamente, me preocupa- expliqué- ¿Y si la pasa algo?

- No la va a pasar nada- aseguró abrazándome antes de situar su mano sobre mi frente- Creo que tienes fiebre, tal vez sea mejor que no vayas mañana a clase.- comentó.

- No- negué- Pienso ir, puede que sea sólo ahora- afirmé.

Asintió acariciando mi pelo, esperando a que me relajara lo suficiente como para que quisiese dormirme, hecho que no tardó mucho en llegar.


- Sigues teniendo fiebre, deberías quedarte en casa- apuntó haciendo que negase con la cabeza.

- No, además no me encuentro mal- negué consiguiendo que ella suspirara.

- Prométeme una cosa- pidió antes de continuar hablando- Si sucede algo nos vas a llamar, a mí o a Kara, pero nos llamas- advirtió haciendo que asintiera.

Sabía perfectamente a que se refería, pero que esa condición se hubiese dado la primera vez, no indicaba que fuese a pasar de nuevo o al menos eso esperaba.


Gracias por leer,

Ayrin