Descargo cualquier tipo de responsabilidad respecto a los personajes. Ninguno me pertenece y el relato es totalmente ficticio.
25. 4 minutos.
Viernes 10 de Abril de 2015.
Nueva York.
Sus temblorosas manos comenzaban a desabrochar ese botón que las separaba. Con la mirada seguía pendiente de las pupilas de su par, mientras los labios se separaban por escasos minutos ante cada movimiento que efectuaba.
Desprendiéndose mutuamente de la ropa interior, se deshacía del agarre haciendo acopio de la posición a su favor para que con un simple roce de sus yemas los breteles cayeran de los hombros sin ningún tipo de oposición.
Elevó lo necesario la cadera hasta sentir como aquella muda inferior comenzó a desaparecer de su cuerpo. Con cuidado, la deslizaba por esas diminutas pero trabajadas piernas a su vez las colmaba con millones de caricias.
Su boca se sumaba a esos mimos, abasteciéndolas de besos suaves y húmedos.
Imitaba el acto con la misma devoción sobre ella misma. Nuevamente sus miradas se unían y esa lengua deseosa de probarla contorneaba sus labios sedientos de placer.
Besos apasionados derivaban en cuerpos completamente desnudos. Se aferraba a su espalda apretando con fuerza los dedos siendo consciente de lo que estaba por ocurrir.
Soy tuya.
Susurró perdiéndose en su boca con un beso profundo.
Sin titubear comenzó a recorrer el muslo interno de esa mujer quien separó sus piernas al sentir el contacto. La respiración comenzaba a menguar mientras la ansiedad por probarla se hacía incontrolable.
Buscó controlar la torpeza que acarreaban sus movimientos e introdujo los dedos con lentitud. Inmediatamente ese beso que estaban manifestando se vio abortado por la inclinación de su cabeza hacia atrás al sentir la penetración.
Abría la boca una y otra vez, intentando abastecerse del poco aire que lograba inspirar para aplacar dicha sensación de aquel leve dolor.
Finalmente, un gemido sofocado salió sin ningún tipo de control.
Nuevamente los labios buscaron posarse sobre sus pares determinando ese absurdo intento que con el correr de los segundos se volvía aún más nulo. El movimiento efectuado por los dedos era lento y pausado pero suficiente como para manifestar el placer generado en cada suspiro emanado.
Las yemas presionaban con fuerza su espalda dejando que varias de sus uñas se clavasen con ímpetu. A su vez, los dientes se apoderaban del labio inferior suministrándolo de varias mordidas.
Respiraban agitadamente intercalando sucesivos gemidos que comenzaban a volverse incontrolables.
Se situó sobre su oído y dejó que los mismos fuesen libres sin ningún tipo de impedimento al sentir como el ritmo establecido se volvía constante buscando profundidad.
Te amo.
Su intento por expresarlo se veía obstruido gracias a un nuevo grito.
Mordió con fuerza el lóbulo de su oreja y presionó con vigor los muslos. Acto seguido, un último gemido ahogado determinó que había llegado a su clímax.
4 minutos.
240 segundos fueron los que tardó Lucy en recobrar la respiración.
Se encontraba agitada, falta de aire y desconcertada ante aquel extraño sueño. Palpando sobre sabanas vacías, recorría su habitación solitaria buscando en algún objeto inerte la explicación a sus interrogantes.
Pero esta estaba lejos de ser encontrada.
"La soledad es dura a veces, es un arma de doble filo que en ocasiones te hace sentir débil y vulnerable.
La soledad es dura porque hace que te des cuenta de aquello que eres en realidad.
Te sentás a pensar, en la oscuridad y en silencio, y te escuchas a vos mismo, sin ruidos. Tan solo estás vos, cara a cara con vos misma, dispuesta a enfrentarte con todo lo que está por venir.
Porque la soledad también da fuerzas, solo a solas podemos demostrarnos a nosotros mismos que no hay nada que no pueda saltarse."
Rachel suspiró al depositar el punto final en esa hoja y en sus pensamientos. Su mente vagaba en blanco por ese bar de apariencia más que conocida. Había sido su hogar durante demasiado tiempo y el recuerdo de algunas noches vividas ahí la llevaban a afirmar que era ese lugar donde todo había comenzado.
¿Compones? – Irrumpió Santana.
La voz de la latina, sumisa y serena, la sobresaltó. Un acto reflejo derivó en una rápida intervención de su parte. Cerró la libreta de forma notoria ganándose una mirada de su parte.
No. – Fue concisa digiriendo el nerviosismo que la invadía.
Elevó las cejas ante la negativa y asimiló esa actitud de quien oculta un bien preciado.
¡Perdón! – Chilló abriendo las manos. - No sabía que a tu edad contaras con un diario íntimo.
No es eso… - Pensó las palabras correctas. - Solo es algo personal.
Bien… - Generó una mueca con los labios. - No entiendo porque escribís en papeles sueltos cuando después los guardas en una libreta. ¿No se supone que tiene hojas para que puedas hacerlo? – Esperó una respuesta que jamás llegó. - Y sí, te observé y aunque quieras demostrar que escribís en ella sé muy bien que no tocas ni una sola hoja. ¡Está en blanco!
Rachel rodó los ojos y resopló soportando un nuevo ataque de ese ser agresivo por naturaleza.
Esta libreta no la tengo para escribir.
Presionó el entrecejo. - ¿Para qué es entonces?
Solo tiene una frase en su interior que es la que me mantiene de pie y con la vista al frente. – La aferró contra el pecho. - Sin arrepentirme, sin lamentarme por lo que pudo ser y no fue… Sin dudas.
¿Seguís yendo a la psicóloga? – Consultó luego de una pausa extensa. - Porque considero que si apoya esta absurda idea de una libreta no escrita, o con una simple frase, como sostén para que sigas adelante no es del todo profesional.
No es una simple frase… - Contuvo el aliento. - Es la frase más importante de toda mi vida.
El rostro de Santana se mostró consternado ante el misterio generado por una, al menos para sus ojos, simple línea.
¿Es el número ganador de la lotería? – No esperó respuesta. - Porque de no ser así, no entiendo que tanta importancia puede tener.
Se focalizó en ella y por primera vez le sostuvo la mirada. - La necesaria para haberlas buscado durante cinco años sin bajar los brazos.
El frío lentamente comenzaba a dejar paso a un tibio y ameno calor por las calles de Nueva York. Caminar a esas horas del mediodía era algo habitual y, sobre todo, un verdadero placer. Sentir los tímidos rayos del sol cubierto por alguna que otra nube, la llevaban a inhalar profundo e intentar infundirse de paz.
Lucy llevaba pensando hacía varios días sobre ella misma. ¿Qué era lo que marcaba su tiempo? ¿Las decisiones que tomaba importaban en alguien más?
Más interrogantes a su cajón oxidado rebalsando de ellos.
Dudas que con compras semanales, paseos matutinos y trotes nocturnos, no resolvía. Había perdido la cuenta de cuantas vueltas había dado a esa tienda. Esa mirada seguía estando vacía y nuevamente la magnitud de los objetos que la rodeaban, no llegaban a complacerla.
Solo remordimientos se hacían presentes. Arrepentimientos que la alcanzaban para luchar contra ella misma exigiéndole hacer las paces con un pasado que buscaba olvidar. Ese pasado que se encontraba enterrado junto a las promesas inexistentes sobre un futuro cambio.
Los desasosiegos no solo carcomían su pasado, también alteraban su presente. Ese replanteo, no por las cosas que sucedieron sino por las que jamás consiguió. Las dudas interminables por saber que esa palabra no dicha a tiempo pudo hundir a alguien a quien amaba.
Sabía que lo más triste de ella era no poder hacer frente a lo que pudo haber sido. En vano sentía esa ardua disputa contra la nostalgia y los replanteos de sus errores.
El viaje de su vida se perdía entre desdichas.
Dejaría la banda y esa era su decisión final. Nada la haría cambiar de parecer, así viniesen las cuatro a golpearla y amenazarla con que no lo hiciese.
Los cinco. Perez también entraba dentro del clan.
Deseo que al parecer era irrefutable. Deseo que parecía darle un poco de luz en tanta negrura. Deseo que se hacía agua con un simple golpe. Para su desgracia, literalmente.
¡Santo Jesús! – Gritó Brittany saltando a un costado luego del impacto. - ¡L! ¿Cómo se te ocurre ponerte delante mío? ¿Querés terminar debajo de mi skate, sista?
Una caída aparatosa por parte de Lucy derivo en la atención de los pocos presentes y unas cuantas bolsas desperdigadas por el suelo. El skate yacía ruedas hacia arriba, girando de forma loca, mientras las pupilas de ambas se cruzaban y encontraban por primera vez luego de la colisión.
¡Claro que no me puse delante tuyo! ¡Me llevaste por delante infeliz! – Intentó reincorporarse pero fue en vano. - Dios… Si me faltaba algo era tener este tajo en la rodilla.
Dejame ayudarte… - Expresó acercándose sin esperar una respuesta. - Venia por el asfalto y me saliste de la nada 'dude'. No te vi, no quise tragarte de este modo pero no tuve alternativa, las suelas no me respondieron y Kelly hizo lo que estuvo a su alcance… - Fue interrumpida.
Brittany gesticulaba notoriamente con ambas manos mientras el ceño de Lucy cada vez se fruncía con más fuerzas. Su rostro transmitía un claro desconcierto a la hora de entender una sola palabra.
Por favor callate. – Exigió sujetándose la frente. - No entendí ni media palabra de lo que dijiste pero sí estas intentando disculparte… Sí, te perdono.
Se sujetó del cuerpo de la skater y cojeando torpemente se dejó caer en un banco de aquel diminuto parque. Amaba recorrerlo y pasar horas ahí, leyendo y desconectando de la realidad. Pero la verdad era que jamás había estado tan a gusto con tenerlo cerca como en ese momento.
Brittany observó la herida en la pierna. - Puedo pagar el taxi hasta el bar de Santana como compensación.
No pienso asistir a esa reunión. – Presionó la rodilla intentando detener el sangrado que comenzaba a mostrarse. - Se terminó la banda para mí.
¿WTF? ¿Qué dijiste? ¿El golpe te afecto la cabeza? ¿Por qué Sista? – Finalmente hizo una pausa para respirar. - ¡Sonamos bien la otra noche!
¿Y? ¿En qué quedamos? ¡En nada! – Generó una mueca de dolor. - Nadie nos llamó, Sugar desapareció y para seguir tocando en bares de mala muerte donde ni siquiera nos respeten prefiero seguir con mi vida… Que ya bastante caótica es.
¿Estás enojada con el mundo? – Ninguna respuesta provino por lo que decidió tomar asiento a su lado. - ¡La verdad es que esto apesta!
El rostro de Lucy volteó hacia la skater, quien al parecer se mostraba distendida y relajada.
¿La banda? – Elevó las cejas volviendo su vista al frente. - Si, lo hace.
Hablaba de la sociedad y este mundo. – Empujó su hombro sutilmente. - ¡No te desanimes rubia! Tocar en bares con poca concurrencia no es del todo malo… Podrías seguir conservando tu privacidad y no serias de esas famosas acosadas.
Mordió el labio inferior a la vez que mecía el rostro de un lado a otro. - No me interesa la fama Britt… Solo quiero hacer las cosas que me generen placer y ser buena en ellas. – Sujetó la frente con antipatía. - Estoy harta de fracasar en todo.
¡Uf! Decímelo a mí. – Dejó reposar la espalda contra el respaldo. - Yo creo que las cuatro nos complementamos de puta madre.
Lucy la observó por un instante, como si se encontrase analizando la actitud aliviada que transmitía. Era como si nada le afectase, como si los golpes rebotaran contra su cuerpo.
No pudo evitar que una pequeña risilla se hiciera presente.
Ya no sé si reírme por tu forma de hablar o llorar como una maldita condenada.
¡Come on sista! – Sonrió enormemente sacudiéndola de los hombros. - Sonreile a la vida que es corta y bastante amarga.
Conservó esa sonrisa ínfima. - ¿Y ella cuando te sonríe a vos?
Si la vida te da la espalda… Tocale el culo. – Indicó sin más.
Esa carcajada que buscaba contener estalló de repente. Ecos jocosos generados por ambas se acoplaban a la perfección olvidando las penas al menos por un segundo. La rubia retiró algunas lágrimas de felicidad que se escapaban de los lagrimales.
Inspiró recobrando la seriedad. - Sos linda cuando reís, tenés como… como un brillo diferente.
Hace tiempo que no sé lo que es reír con ganas. – Suspiró liberando la tensión.
¿Problemas?
Afirmó con el rostro. - Miles.
¿Soluciones?
Una vez más sus miradas conectaron. Entendiéndose.
Ninguna.
Boe… - Frunció el ceño y arrojó un manotazo al aire. - Deberías hacer algo que te rebele.
¿Algo como qué? ¿Skate? – Volvió a reír. - Sin ofender…
¡Podrías! – Chocó las palmas, producto de la felicidad. - Esta onda te quedaría genial dude.
Humedeció los labios. - ¿Nada te molesta? ¿Todo te lo tomas a broma?
Aprendí a reírme de las desgracias y de las situaciones que no son como espero… ¿Sino que hago? – Elevó las cejas. - ¿Me pego un tiro?
Lucy se indujo en un silencio preciso y necesario para intentar comprender que a lo mejor esa mujer ante ella no era más que una víctima. Como su persona.
¿Qué te apena?
Lo mismo que a vos. – Sonrió dulcemente.
Devolvió el gesto y, una vez más, sus pupilas buscaron consuelo en la nada misma.
Miró hacia delante. - Dudo que tengas secretos.
Brittany suspiró. - Todos los tenemos.
¡Voy a denunciar a la marca de tintura que usan estas dos imbéciles! ¿Pueden ser tan impuntuales? – Chilló Santana moviéndose frenéticamente de un sector a otro.
Aún en el bar, a la espera de la mitad restante que conformaba la banda, la latina comenzó a perder la poca paciencia que aún conservaba.
¡Rachel! – Volteó hacia ella. - ¿Me estas escuchando?
No van a venir. – Arrojó con calma.
¿Por qué? No me diga que te avisaron y recién ahora me estás diciendo porque de ser así… - Fue interrumpida.
No me avisaron, Santana. – Nuevamente se perdió en sí misma. - Solo… Solo lo sé.
¿Esta situación la viviste en tu otra realidad? – Rachel la fulminó con la mirada. - No me estoy burlando… Solo que no entiendo cómo es que podes saberlo.
Llamalo intuición. – Deslizó la lengua por el labio inferior. - Brittany no sé, pero Lucy no vendrá.
¿Qué le hiciste?
Abrió los ojos completamente. - ¿Qué le hice a quién?
¡A Margaret! – Gritó exasperada. - Yo la detesto pero la necesitamos… No me imagino poniendo a Sugar a tocar la guitarra vestida con un pantalón de cuero y un corpiño apretándole las tetas. – La señaló con el dedo índice. - ¿Qué le hiciste?
¡No le hice nada!
Seguro la acosaste con que es Quinn. ¿Todavía no entendiste que no somos esas mujeres? – Juntó las palmas y mordió el labio a la vez que el rostro se mecía a modo de negación.
Suspiró. - No la acosé Santana y es un tema bastante delicado como para que te lo tomes a broma… No la estoy pasando bien con todo este proceso y hacerme a la idea de que la desconozco.
Decime. – Sujetó una silla y se sentó frente a ella.
¿Qué querés que te diga? – Observó la actitud. - ¿Qué haces así sentada?
Esperando que me digas.
Rió con ironía. - ¿Qué es lo que querés que te diga?
Que te tiene tan mal, que sentís… En que puedo ayudar. – Cerró los ojos luego de una pausa. - Por favor no me pidas que la seduzca porque podría llegar a morir en el intento.
¿Por qué te pediría eso? – Generó una mueca de repulsión. - ¡Jamás lo haría!
Bien, nos estamos entendiendo entonces. – Sonrió irreconociblemente. - ¿En qué puedo servirte?
Este ofrecimiento aparentemente desinteresado generó de inmediato en Rachel misterio. Misterio que se convertía en duda y duda que se tornaba en temor.
¿Por qué la amabilidad? – Consultó Lucy ante la propuesta de Brittany.
Elevó los hombros, restándole importancia. - Solo te lleve por delante y quise ser correcta ayudándote… Además estuviste muy cerca de ser mi cuñada, o lo fuiste, todavía no estoy muy habituada con esa relación.
Estuve lejos de serlo… Así que si eso te preocupa, tenelo en claro. – Carraspeó. - Con Sam no pasó nada que pudiese suponer una relación formal.
Tengo entendido que mantenían rel… - Fue interrumpida.
No quiero hablar de esto con vos. – Finiquitó de manera terminante.
Al parecer, para Brittany una mirada fulminante y un tanto amenazante no era suficiente como para que guardara silencio.
¿Por qué se terminó? – Indagó mostrándose comprensible. - Digo… Mi hermano es bueno y a lo mejor podría hacerte bien.
Pensó las palabras correctas. - Simplemente no estoy preparada para tener una relación seria en este momento.
Finalizó la explicación con una exhalación profunda, como si se hubiese librado de un peso innecesario. La atención de Brittany seguía puesta en ella de forma persistente.
¿Qué?
Me estás mintiendo.
Rió para sí misma. - ¿Sos un detector de mentiras?
¡Vamos L! – Abrió ambos brazos. - Somos amigas y las amigas no se guardan secretos.
No te confundas, somos compañeras… - Presionó el entrecejo. - ¡Ni siquiera eso! Éramos.
¿Te gusta Rachel? Es eso, ¿No? – Consultó sin previo aviso. - ¿Te gusta ella?
El rostro de Lucy se paralizó.
¿Qué? – Consultó atónita.
No me parece tan descabellada mi pregunta… Es más, me parece del todo lógica. – Santana rodó los ojos. - La repito… ¿Te gusta Lucy?
Ya la escuche. - Frotó las manos, nerviosamente. - Solo que nunca me lo habían preguntado así, tan directo... De hecho nunca lo habían hecho.
Mi paciencia se acaba gnomo. – Se situó de pie perdiendo la compostura. - ¿Te gusta o no?
Me encanta.
Que gusto de mierda… - Musitó.
¿Qué?
Elevó la vista y sonrió con falsedad intentando mostrarse comprensible. - Dije que '¡A la mierda!' Estamos complicadas amiga mía… El 'amiga' es un decir. Y el 'mía' más. – Inició una nueva caminata por el surco ya marcado por el suelo. - ¿Qué le ves?
Es tan misteriosa que me fascina… - Resopló. - Y eso provoca al mismo tiempo un sentimiento reflejo.
¿Puedes hablar como la gente normal?
Suspiróy cerró los ojos pesadamente — Tengo miedo a olvidarme de ella, de Quinn. Tengo miedo de que se vaya alejando de mí y llegue un punto que ya no la recuerde.
Lo que vos tenés, es que no sabes que mierda querés. – Atacó sabiamente.
¡Claro que sé que quiero!
¿Ah sí? – Elevó las cejas junto con el mentón, intimidándola. - ¿Lucy o Quinn?
Desvió la mirada. - Esa comparación es absurda.
¿Esta vida real o la de mentira?
Callate. – Exigió apenada.
¿Afrontar la situación o seguir siendo una cobarde? – Se acercó. - ¿Sigo?
No, callate. – La fulminó con la mirada. - ¡Callate! – Chilló conteniendo el llanto.
Ya me callé. – Se serenó. - Despertá de una vez Rachel, abrí los ojos.
La señaló con el dedo índice. - No digas eso nunca más… No sabes la importancia que tiene esa frase en mí.
¡Entonces deja de actuar como una pendeja inmadura!
¿Qué hago? – Golpeó sus rodillas. - ¿Voy y le doy un beso?
Podrías.
Una carcajada ahogada escapó de los labios de Lucy. - Estás demente.
¿Por qué sista? – Se colocó de pie. - ¿Acaso es una locura plantearle que crees conocerla?
Es que es totalmente ilógico Britt. ¿Cómo la voy a conocer? – Mordió el labio inferior y meció el rostro, descreída. - ¡No la vi nunca antes en mi vida!
Pero soñás con ella… Entonces tan ilógico no puede ser. – Abrió los ojos a la espera de una respuesta.
Respuesta que jamás llegó.
La lengua de la rubia se movía dentro de su boca, como si se encontrase digiriendo la situación. Brittany tenía razón y eso era lo que más le pesaba.
Puede que no sea ella. – Masculló, levantando la vista. - ¿Es la única morena, petiza y con ese aspecto que viste en tu vida?
No… Pero es tu vida la que estamos analizando. – Se cruzó de brazos y efectuó un golpeteo diminuto con el pie. - ¿Por qué crees que es ella?
No lo sé. – Suspiró. - Solo por momentos tiene gestos similares o la veo en posiciones que se le asemejan… - Se situó de pie, deteniendo en seco la explicación. - Nada. ¡Es absurdo!
Sos una cobarde.
¿Perdón? – Elevó una ceja.
Gallina. – Indicó.
¿Qué haces? – Consultó boquiabierta.
Lucy no podía creer lo que sus pupilas observaban. Se sentía en el show de los tres chiflados y Brittany acaparaba a los tres dentro suyo. Las manos de la skater se ubicaban sobre su propia cintura y lentamente comenzaba a generar un intento de aleteo. O al menos eso creía.
Aunque prefería no hacerlo.
Deja de hacer eso. – Exigió sin éxito. - ¡Brittany! ¡Deja de cacarear que todo el mundo está viéndote! – Observó hacia los alrededores.
¿Y? – Se mostró indiferente ante los espectadores.
La gente se detenía a ver la nueva atracción del circo de los dementes: La skater que se cree pollo. Sin dudas, los pensamientos de la rubia solo eran: '¿Cómo podía despellejarla?'
¡Gallina! ¡Lucy gallina! – Chilló. - Co co co co.
¡Dios mío! – Intentó sujetarla del brazo, sin éxito. - ¿Cuántos años tenés? ¡Pareces de trece!
De repente el movimiento generado por Brittany se detuvo, al igual que el cuerpo de Lucy quien se mostraba desconcertada ante la actitud repentina. Era como si esa frase fuese mágica y misteriosamente desactivara el hechizo maligno que la llevaba a comportarse como gallina.
Carraspeó, nerviosa. - Veintiuno. – Respondió con total seriedad. - Tengo veintiuno y si no querés que te pique los ojos, ni se te ocurra dejar la banda. – Amenazó concluyentemente.
Es imposible que la deje. – Indicó Santana autoengañándose con respecto a la realidad. -No, no, no… No entra dentro de mis posibilidades.
¿Por qué? – Indagó Rachel sin mostrarse sorprendida.
No puede hacernos esto… ¡Firmamos un maldito contrato! – Chilló, frustrada.
Elevó los hombros. - Si no se siente a gusto, puede cancelarlo cuando quiera.
Si se va, te mato. – La amenazó.
¿No era que tenía que arriesgarme? ¿Luchar por ella? ¿Dónde quedo tu incentivo? – Se colocó de pie, sintiéndose fuerte, decidida y segura por primera vez. - ¡En una jodida amenaza de muerte!
Mi incentivo se limita a mi conveniencia. – Extendió la mano estipulando la distancia. - Si Lucy se va, la banda se disuelve, así que controla tus manos inquitas y no des ningún paso en falso.
¿Entonces qué hago? – Generó una risilla absurda. - ¿Me arriesgo o sigo siendo una maldita cobarde?
Se cautelosa. – Hizo una pausa, caminando alrededor suyo. - Seducila con esas piernas bien trabajadas que tenés. – La analizó al igual que un producto a la venta. - ¡Que sea ella quien se enamore de vos!
Yo no… Yo no sirvo para esas cosas. – Titubeó.
Pero yo sí. – Nuevamente la sonrisa macabra. - A lo mejor… Unas clases te vendrían bien.
¿Clases de qué?
De cómo seducirla. – Susurró en su oído.
¿Sí? – Se apartó, volteando sobre su eje y quedando frente a ella. - ¿Y quién se ocupara de dármelas?
Yo. ¿Quién más sino? – Rodó los ojos. - Si yo no te ayudo te hundís en tu propia mentira.
¿No se te hace tarde? – Consultó Lucy, observando el celular. - Digo… Las chicas estarán esperándote. Santana debe estar que echa fuego por la boca.
¿No vas a venir conmigo? – Presionó el skate con el pie y sujetó el extremo contrario con una mano. - Te estás equivocando sista y cuando te arrepientas será demasiado tarde.
Sin más, sabiendo que ninguna respuesta vendría a lo dicho, emprendió su recorrido hacia el destino que la esperaba. Lucy, simplemente descendió el rostro, inhalo y exhaló unas cuantas veces, y se dejó estar en ese banco.
Una vez más sola. Por decisión propia pero sola al fin.
Encontrándose con ella misma. O al menos con un intento de ello.
Lucy… - Exclamó esa voz conocida.
La mirada de la rubia se elevó y Brittany apareció delante suyo.
¿Sí? – Musitó.
Supongamos que le gustas a Rachel… ¿Qué harías?
Silencio. Eso obtuvo.
El rostro de la skater se mostraba comprensible, mientras Lucy no sabía qué responder. Una parte de ella quería conservar su intimidad, la otra, en cambio, le revelaba que ninguna respuesta podía brindar.
Nada... No quise entrometerme. – Humedeció los labios y volteó sobre el skate para retirarse. - ¡Good life dude!
¡Britt! – Gritó consiguiendo que se detuviese inmediatamente. - Si te digo que no lo sé… ¿Estaría afirmando que realmente siento algo por ella?
Se que dije que actualizaria el martes, osea mañana, pero se merecen que sea hoy.
También sé que a lo mejor sienten que con este capitulo no se avanza demasiado, pero es muy importante para lo que viene.
Y cuando digo muy, es muy.
El motivo de querer actualizar los martes, fue porque me estoy quedando sin capis y no quiero estancar el fic.
Por lo que ahora reducire las actualizaciones a dos semanales. (Lunes y Jueves) Me gustan esos dias.
Con respecto al principio... Es la primera vez de "Alza tu voz" Exactamente igual.
Lo digo para los despistados...
¡OH! Pero lo soñó Lucy, no Rachel... Ñam, Ñam, ÑAM!
