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La intensa luz del sol molestó a Damon cuando abrió los ojos, aunque no era nada comparado con el fuerte dolor de cabeza que tenía debido al golpe que le habían dado. Tardó unos segundos en recordar lo sucedido la pasada noche y buscó rápidamente con la mirada a su atacante, el cual no parecía estar por allí, pero no podía andar muy lejos porque sus cosas estaban en el suelo junto a una hoguera aún humeante. Damon trató de moverse, pero estaba fuertemente atado con cuerdas a un árbol.

-Genial… -gruñó él nada contento con la idea.

-Veo que ya estás despierto –dijo el tipo de las rastas saliendo de la nada con una daga en una mano y una lanza afilada en la otra-. Bien, así podremos terminar antes con esto.

Su acento era extraño, a Damon no le resultaba para nada familiar al de ningún país conocido, era como si perteneciese a una tribu apartada de la civilización o algo por el estilo.

-¿Por qué me has atacado? –quiso saber el Cazador.

-Soy un hechicero, mi deber es proteger la isla. Y ahora vamos, tenemos trabajo que hacer.

El hombre de las rastas desató a Damon de tal forma que siguiese atado por el cuello, la cintura, las piernas y las manos pero liberado del árbol. Tenía la movilidad suficiente como para caminar sin posibilidad alguna de huir o de llegar muy lejos si lo conseguía. El final de la cuerda iba desde el cuello de Damon hasta las manos del hechicero, quien tiraba de él como si fuera un perrito.

-Puede que no estés muy acostumbrado a recibir visitas –bromeó el chico-, pero en el lugar de donde vengo no es así como se las tratan.

-¿Ni siquiera cuando irrumpen en tu casa para robar lo que es tuyo?

-Eh… Vale, supongo que esa es una forma de verlo.

-Camina más rápido, Cazador –gruñó el hechicero tirando ligeramente de la cuerda-. Tenemos que llegar antes que ellos.

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-¿Cómo que Damon ha desaparecido? –preguntó un alterado Alaric al teléfono.

-Lo que oyes –respondió Elena intentando mantener la poca calma que le quedaba-. Esta mañana cuando me desperté ya no estaba.

"Vimos unas pisadas de otra persona por la zona donde acampamos. El rastro se pierde a pocos metros de allí.

Mientras la vampira ponía al día al profesor de historia, Bonnie estaba agachada en el suelo con un mapa de la zona en las manos, intentando encontrar a Damon con un hechizo de localización. Habían tenido que desandar sus pasos y regresar al punto de partida, a donde habían dejado las lanchas, para poder hacer el hechizo. Había algo en la isla que bloqueaba la magia de Bonnie o, al menos, hechizos de este estilo en ciertas zonas.

-¿Hay algo que pueda hacer para ayudar, Elena? –propuso su tío.

-Ahora mismo no se me ocurre nada. Yo solo… Tengo miedo de que le hayan hecho daño.

-Damon es un Cazador, sabe cuidarse muy bien. Además, seguramente esa sea la razón por la que se lo han llevado, para encontrar la cura o para retrasaros mientras otro lo hace.

-Te llamaré cuando sepamos algo.

-Claro.

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El hechicero condujo a Damon hasta una siniestra cueva, la cual tenía un enorme agujero en el centro y un sistema de poleas colgado desde el techo que Damon supuso que actuaría a modo de "ascensor" para bajar a donde fuera que eso conducía.

-¿Vives aquí? –dijo Damon con sonrisa burlona-. No está nada mal, no lo imaginaba peor.

Harto de las bromitas del chico, su secuestrador le propinó un puñetazo en la cara que hizo que le sangrara el sabio.

-Vale, lo pillo –gruñó el Cazador-. No te van las bromas.

El hechicero le hizo sentarse en el suelo mientras pensaba en un plan para librarse del resto de intrusos en su isla.

A Damon no le apetecía recibir otro golpe, de modo que permaneció en silencio. Su labio aún sangraba y las primeras gotas de sangre empezaron a caer al suelo. El chico no había creído la historia que Elena contó sobre aquellos mineros que tuvieron visiones, pero bastó derramar unas gotas de sangre para convertirse en un creyente.

Como si nunca se hubiese ido, Vaugh apareció sentado de cuclillas junto a Damon. Llevaba exactamente la misma ropa que llevaba cuando murió y estaba tal y como el chico le recordaba. Era una visión, pero parecía muy real.

-Habla con él, muchacho –le animó su mentor-. Dile al brujo por qué estás aquí, háblale de tus intenciones para con la cura.

Damon no estaba muy convencido que seguir los consejos de una alucinación fuera gran idea, pero no tenía nada que perder:

-Hemos venido a por la cura.

-No permitiré que la destruyáis –dijo el tipo con la cara pintada a modo de amenaza.

-¿Destruirla? ¡No! Queremos usarla. Para mi novia.

-¿Tu novia dices? ¿La vampira? Pensé que te tenían secuestrado –murmuró el secuestrador confuso-, que te habían obligado a mostrarles el camino para impedir que los Cazadores usen la cura contra los vampiros.

-Todo lo contrario, Elena quiere tomar la cura.

Al oír esa declaración, el brujo se quedó pensativo un momento.

-Eso lo cambia todo… -susurró este para sí, alzando después el tono para que el chico le oyese bien-. Está bien, si lo que dices es cierto, os ayudaré.

-¿En serio?

-Os guiaré hasta la cura, tu novia la tomará y después os iréis para no volver jamás. ¿Queda claro?

-Totalmente.

El hechicero desató a Damon y guió a este hacia el exterior con la intención de ir a buscar a los amigos del Cazador. El hombre de la cara pintada fue el primero en salir y, para sorpresa y susto de ambos, este cayó desplomado al suelo al momento. Alguien le había golpeado en la cabeza con un grueso palo de madera.

-¡Elena! –gritó el Cazador al verla.

-¡Damon! –respondió esta soltando el palo y corriendo a abrazarle-. Gracias a Dios que estás bien.

-Ya bueno, sobre eso…

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Un gruñido en forma de queja fue lo que delató al brujo de que estaba despertando. Cuando abrió los ojos, se encontró rodeado por cuatro personas, cuatro a las que empezaba a tenerles manía por lo mucho que le estaban complicando la vida últimamente.

-¿Vais a golpearme otra vez?

-Lo siento –se disculpó la vampira-. No sabía de tus intenciones.

-Ya, bueno, supongo que secuestrar a vuestro amigo no era la mejor forma de darme a conocer –reconoció el hechicero poniéndose en pie-. Acompañadme, hay algo que debéis ver.

Con esto regresaron al interior de la cueva. Al parecer, ese siniestro agujero que Damon vio en el centro era el camino hacia la cura. Por seguridad, los Cazadores fueron los primeros en bajar con el brujo.

Mientras esperaban abajo a las chicas, Jeremy le preguntó a su guía:

-¿Qué sabes sobre Silas?

-Que no es más que una leyenda, un cuento que los antiguos hechiceros de mi tribu le contaba a sus hijos antes de dormir.

"Con el tiempo, la leyenda comenzó a extenderse y muchos llegaron a pensar que existía de verdad.

-Pero la cura de la que habla esa leyenda es cierta, ¿verdad? –preguntó ahora Damon muy preocupado por que no fuera así.

-Toda historia tiene una parte de realidad.

-Entonces –se ilusionó Elena, quien acababa de bajar y lo había oído todo-, ¿es verdad que puedo volver a ser humana?

-La naturaleza siempre encuentra un equilibrio. Cuando la bruja Original creó a los vampiros, la naturaleza creó formas de destruirlos: el sol, la verbena, la madera… Pero también esto…

Su nuevo compañero de aventuras acompañó sus palabras con un gesto, extendió la mano hacia el frente para mostrar lo que parecía ser la puerta sellada de una espacie de cámara secreta.

-Tras estos muros de piedra se encuentra el resultado de tus plegarias –le dijo a la vampira.

El hechicero le dijo a Bonnie el cántico que esta debía hacer y cómo hacerlo. La chica procedía de un linaje más poderoso y antiguo que él, por lo que esta tenía más capacidad para realizarlo.

Cogiendo a cada uno de la mano en la cual comenzaba la marca del Cazador, Bonnie canalizó la energía que los tatuajes de Damon y Jeremy desprendían. Conforme iba desapareciendo las marcas de sus cuerpos, las piedras que ocultaban el acceso a la cura se iban cayendo, hasta que el proceso terminó del todo y la entrada quedó despejada.

Nada más entrar vieron una enorme y hermosa fuente que, en lugar de agua, contenía un líquido magenta parecido al color de la sangre.

-Esta es la fuente que estabais buscando –les informó el brujo.

-¿Qué sentido tiene matar vampiros para dar con la cura del vampirismo? –preguntó Jeremy sin comprender.

-Se supone que los vampiros lo son por voluntad propia. La cura debe ser para ellos su enemigo.

Elena dio un paso firme hacia la fuente pero Damon le agarró del brazo rápidamente.

-Espera –le pidió este.

-Creía que querías que fuera humana como tú -dijo la chica confusa por su reacción.

-No sabemos lo que pasará cuando bebas de esta fuente, ¿y si mueres? No quiero perderte y no estoy dispuesto a asumir ese riesgo.

-La fuente da vida, no muerte –afirmó el hechicero, algo que no terminaba de convencer a Damon.

Ese tipo odiaba a los vampiros, haría lo que fuera para acabar con ellos, incluso guiarles hasta una trampa para matar a Elena.

-No existen efectos secundarios, creedme –les aseguró el hombre-. Volverá a ser una humana normal, a retomar su envejecimiento desde el punto exacto en el que lo dejó.

-Confía en mí, Damon –le pidió Elena a su novio acariciándole el brazo con cariño para calmar sus miedos, puesto que este seguía sin soltarle-. Estaré bien.

-Por favor… -le suplicó este-. No me dejes.

La vampira le dedicó una sincera sonrisa y besó sus labios. Aprovechando un momento de distracción del ahora ex Cazador, Elena se liberó de su agarre y bebió de la fuente, desmayándose en el acto. Damon la cogió antes de que cayera al suelo y la tumbó con cuidado en el suelo, donde no dudó en arrodillarse a su lado y rodearla con sus brazos. El chico estaba muy nervioso porque pasaban los minutos y su novia no parecía volver en sí.

-Damon… -murmuró ella débilmente abriendo los ojos.

-¿Cómo te sientes? –sonrió ampliamente este al verle despierta.

-Me noto diferente.

Elena cogió una piedra afilada que había cerca y se cortó ligeramente la mano.

-No se está curando –sonrió la joven al ver la sangre-. Soy humana.

Su sonrisa contagió a Damon, hasta que la expresión de la cara de este cambió repentinamente y se puso serio.

-¿Eso que tienes aquí es una cana? –preguntó él sosteniendo un mechón de su pelo entre las manos.

-¿Qué? –se sobresaltó ella tocándose el pelo nerviosa-. ¿Dónde?

Damon, ante esa reacción tan divertida de la chica, no pudo contener más la risa.

-¡No es gracioso! –le regañó Elena dándole un golpecito en el pecho.

-Estás perfecta, babe.

-Ya, claro, arréglalo ahora –fingió ella estar enfadada, aunque no le duró mucho, pues estaba tan feliz que una sonrisa surcó sus labios delatándola.

-Te amo con locura –le dijo él por primera vez sin tener que luchar contra sí mismo para decir esas palabras.

-Yo también te amo, Damon –le sonrió la joven acariciándole la mejilla con cariño-. Muchísimo.

El chico inclinó la cabeza hacia Elena y apoyó su frente sobre la de esta.

-Ahora que vuelvo a ser humana –dijo ella-, vas a tener que cuidar un poquito más de mí.

-Siempre lo he hecho y no tengo intención alguna de dejar de hacerlo jamás.

La pareja se dedicó una intensa mirada acompañada por una sincera sonrisa justo antes de unir sus labios en un romántico beso.

El final de su lucha había llegado y Elena había conseguido aquello que siempre había querido: la oportunidad de vivir la vida normal con la que siempre sonó, donde envejecería junto al hombre que amaba y formarían una familia juntos.

FIN


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Espero que os haya gustado el fic. Muchísimas gracias por leer y comentar!