"Rota y valiente"
No cualquier persona puede cocinar y mucho menos puede ser repostero. Tampoco es lo mismo cocinar un bistec que hacer un perfecto bizcocho.
En la repostería todo funciona con la medida y el tiempo preciso. Si le echas más de algún ingrediente o menos de otra cosa, con el tiempo errado, todo puede quedar arruinado. Es un arte muy exigente, pero cuando logras dominarlo, es hermoso, y por eso lo amo, porque me gusta exigirme, me gustan los retos y me gusta que el resultado sea perfecto.
¿Y cómo se que es perfecto? Por la cara de satisfacción de la gente cuando prueba toda mi magia.
- Wow… Esto es delicioso ¡Y hermoso! Mira como se derrite. Mmmm –Exclama Kurt con los ojos cerrados y probando mi volcán de chocolate con coco y frutos secos. Chocolate oscuro al borde y chocolate blanco haciendo de lava mientras una capa de helado se derretía- La textura es perfecta, el sabor es maravilloso y parece un volcán real, un puto volcán del paraíso –Dice y toma otra cucharada.
Yo solo reía negando con la cabeza, pero satisfecha porque esa era la reacción que buscaba. Aquel martes quise estar de lleno en la cocina de Dolce, iba a probar recetas nuevas junto con Albert y Frank que, obviamente, seguían trabajando conmigo.
Me sentía bien. Me desperté muy temprano por insistencia de Brittany en ir a clases de yoga; todo iba bien, no estaba de mal humor y el cansancio mental no era muy taladrante como días atrás, quizás sea por la cura de sueño que me hice el fin de semana, o quizás sea porque simplemente hacer postres era mi mejor medicina.
- Nunca me dijiste que tal estuvo la fiesta –Sentencia Kurt casi lamiendo el plato.
- Estuvo como tenía que estar, una cena cara y gente hablando de publicidad –Me encojo de hombros y siento como él me escruta con la mirada justo en mi perfil - ¿Qué? –Giro frunciendo el ceño.
- ¿No paso nada mas? –Alza las cejas.
- ¿Por qué tendría que pasar algo? –Pregunte de forma algo brusca.
- Por nada, por nada –Alza las manos- Mejor me voy a terminar mi pastel Kardashian. Solo me falta acomodar el vestido de Cloe para que lo vengan a buscar en dos horas.
Yo lo veo irse hasta la parte de atrás donde estaba su dulce taller arquitectónico y suelto un suspiro para luego colocar las manos en la mesa donde preparaba todo.
Y allí estaba de nuevo el recuerdo de hace pocos días cuando vi a Quinn en aquella fiesta junto a Haden. No les negare que quise buscarla en el evento para que me diera unas cuantas explicaciones, pero no lo hice, al contrario… Me fui de inmediato y no pegue un ojo en toda la noche. Mi cabeza solo fabricaba las mismas teorías de los últimos meses en donde imaginaba miles de razones por las cuales Quinn se había marchado.
Aun las sigo imaginando, pero pretendo que no me afecte tanto al final del día el simple hecho de saber que, sea lo que sea por lo cual se haya ido, era más importante que yo.
Pensar en ella me hacia sentir mal, triste y desanimada, por eso agradecía mi buen humor aquella mañana. Yo estaba trabajando y ella, posiblemente, de regreso a Chicago en donde, asumo, estuvo viviendo todo ese tiempo que deicidio borrarme del mapa. Ese era el nuevo orden de las cosas y lo tenía que aceptar.
Sin embargo, el universo es un puto karma a veces y reordena las cosas a su manera.
- Rachel, te buscan y es mejor que vengas rápido porque Lucy está discutiendo con una cliente –Me dice Eric el nuevo encargado de la caja.
- ¿Discutiendo? –Frunzo el ceño.
- Si, no sé qué le pasa, pero esta altanera, mejor ven rápido –Abre los ojos escandalizado para luego irse rápidamente.
Yo dejo mi delantal y, aun con el gorro puesto, salgo para ver cuál es el problema. ¿A caso esa chica me quería dejar sin clientes? Era lo que pensaba mientras salía de la cocina, pero al llegar a la barra donde estaba Lucy de brazos cruzados; dos clientes mirando curiosos y Eric negando con la cabeza, supe que no era un cliente cualquiera con quien discutía.
Era Quinn.
- Ella está ocupada, así que no la llamare a menos que se algo de vida o muerte, ya te dije –Escucho a Lucy decir, pero Quinn no la miraba a ella. Me había descubierto detrás y me miraba a mí.
Yo también mire a Quinn, lo hice desde el instante en que salí de la cocina y la descubrí con las manos en la barra y el ceño fruncido mirando a Lucy.
Pero ahora ella no miraba de esa forma, ahora sus ojos estaban muy abiertos, brillantes y maravillosos como siempre, aunque algo nerviosos, pero observándome fijamente y haciendo que una corriente subiera desde mis pies hasta mi pecho quemando con intensidad.
Fue la misma sensación de inestabilidad que sentí en la fiesta hace días, fue el mismo efecto mirando a la misma persona sin hablar. Sé que tenia que decir algo, no podía permitir que Lucy siguiera con esa actitud delante de clientes y tampoco que Quinn siguiera parada mirándome nerviosa como si yo fuera un extraterrestre.
Tal vez mi palidez en el momento me hacía ver como alienígena, pero ese no es el punto.
Así que me arme de valor, trate de no caerme por la debilidad que de repente sentí en mi cuerpo y toque el brazo de Lucy que ya se había percatado de mi presencia.
- Lucy… Por favor ve a atender a los clientes –Le dije suavemente apartando los ojos de Quinn, quizás así me sentía menos vulnerable y tendría el temple de una jefa de verdad.
- Lo siento, Rachel… Tú me dijiste que no querías que te interrumpieran y…
- Ve con los clientes –Forcé una sonrisa y ella asintió para luego dar algunos pasos y atender a las personas.
Pude ver como Quinn la siguió con la mirada y el ceño fruncido mientras Lucy hacia lo mismo. Una escena bastante extraña si me permiten decirles, incluso me hubiese dado risa si mi cuerpo aun no estuviera casi temblando por la simple presencia de esa mujer que ahora si me miraba de nuevo.
Tome aire y me acerque al borde a la barra. Soy una chica valiente, se los dije.
- ¿Ya te atendieron? –Le pregunte como pude.
- Rachel… Yo… Yo –Titubeaba abriendo y cerrando la boca- Necesito hablar contigo –Espeta casi faltándole el aire.
- Estoy trabajando. –Fui escueta sin perder la dureza en mi rostro.
- Lo sé, lo sé –Lleva su cabello detrás de las orejas- Pero creo que debemos hablar, hay muchas cosas que…
- Tengo muchas cosas que hacer –La interrumpo y me alejo un poco de la barra- Quizás debas volver en otros 7 meses –Le digo mirándola a los ojos para luego irme a la cocina sin dejar que respondiera nada más.
Entre rápidamente y solté todo el aire contenido, Frank y Albert me miraron preocupados. En parte no quise hablar con ella porque aun no estaba segura si lo merecía luego e irse como lo hizo , y por otro lado, no me podía quedar allí parada fingiendo que no estaba sintiéndome tan mal como me sentía.
Ni 200 sesiones con los psicólogos que me recomendó Santana, podían ayudarme en ese instante. Podía exigirme mucho a mi misma, pero Quinn Fabray me desequilibra más que hacer el postre más difícil del mundo.
- ¿Sabes que me dijo un cliente hoy? –Me pregunta Lucy cuando ambas íbamos caminando a nuestro edificio.
El autobús nos dejo tres cuadras más lejos por trabajos en la vía y aquel día mi mini cooper se quedo guardado cuando Brittany decidió raptarme muy temprano para hacer yoga con su maestro favorito, yo luego me fui a la pastelería sin el auto.
- ¿Qué te ha dicho un cliente hoy, Lucy? –Le respondo con algo de humor; aun con la vista al frente y las manos en mi chaqueta marrón. La calidez se estaba dispersando de Boston en aquel Octubre.
- Que era la chica mas graciosa que había conocido en su vida porque hablaba mucho y le recordaba a su comiquita favorita. –Responde ella y yo frunzo el ceño- Era un niño de 7 años –Se encoje de hombros.
- Eres una tonta. –Rio.
- Me gustan los niños, me alegran el día cuando van. –Comenta- ¿Qué tal tu día allá detrás? No saliste mucho de la cocina –Me mira fugazmente.
- Probé algunas cosas nuevas con Albert y ayude a reponer el menú, estuvo bien.
- Supongo que luego de lo de Quinn…
- No hablemos de ella. –La corto de inmediato y asiente con la cabeza.
Caminamos dos minutos en silencio hasta que ella decide romperlo justo cuando cruzábamos en la esquina, ya casi llegando al edificio.
- Tengo tanta hambre. –Sentencia.
- Quizás tu compañera de piso hizo algo delicioso.
- Pffff, claro que no –Resopla sonando sus labios- Esa chica no cocina ni agua hervida.
- ¿Y cómo come? ¿Tú le cocinas?
- No, siempre pide comida, creo que todas sus finanzas se van en eso.
- Chica afortunada –Bromeo.
- Quinn. –Dice ella parándose en seco y yo detengo mis pasos para verla un metro atrás.
- ¿Qué sucede? Te dije que no quería hablar de ella. –Ruedo los ojos.
- Pues, te tengo una sorpresa, quizás no quieras hablar de ella, pero te tocara hablar con ella –Espeta volviendo a mi lado y señalándome el portal del edifico en donde si estaba una sorpresa aunque, en ese momento, no era tan grata.
Quinn estaba sentada en los escalones que daban a la entrada mientas miraba algo en el piso, quizás sus pies, pero no se había percatado de nuestra presencia a pocos metros.
Regresaba esa sensación de desequilibrio y calor en el pecho solo por verla de nuevo. Inhale tratando de tomar todo el aire posible para relajarme un poco.
- Si quieres podemos cruzar hacia otro lado y así esperar a que se vaya –Sugiere Lucy su gran idea, pero yo niego con la cabeza sin espetar palabra.
Porque soy valiente.
Decidí caminar la distancia que faltaba y me pare justo al frente del lugar donde ella estaba sentada con la mirada en el piso y las rodillas juntas.
Al notar la presencia alza la cabeza y me mira sorprendida con la boca ligeramente abierta. Parece darse cuenta de que por fin había llegado y se levanta como un resorte segundos después.
- Rachel, te estaba esperando –Hablo de forma mecanizada, como si hubiese estudiado aquellas palabras.
Yo humedezco mis labios y trato de hablar lo más tranquila posible. Lucy estaba a mi lado.
- ¿Por qué me esperabas?
- Tenemos que hablar.
Yo me quedo en silencio detallando su hermoso rostro y al mismo tiempo el nerviosismo que desprendía su cuerpo moviendo las manos.
Pero Lucy quebró un poco la situación.
- Eres una persona muy terca –Espeta mi amiga.
- No te metas que no estoy hablando contigo –Responde Quinn de una forma mordaz poco usual en ella.
- ¡A mi no me hables así!
- ¡Lucy! Espera… –La miro tomando su brazo.
- ¿No ves como me habla? –Señala a Quinn en forma infantil.
- Cálmate ¿Nos puedes dejar a solas? –Le dije y ella volvió a mirar a la rubia con el ceño fruncido, tal cual lo hizo en la pastelería, pero esta vez la otra decidió ignorarla.
- Esta bien, estoy en mi casa si me necesitas –Espeta antes de alejarse y Quinn en ese momento si la miro de reojo.
- Que sorpresa que aun siga en su propia casa –Murmura Quinn entre dientes.
- ¿De qué hablas? –Entrecierro los ojos.
- De esa chica.
- ¿Viniste aquí para hablar de Lucy?
- No, vine para hablar de nosotras, Rachel… Yo… Yo…. –De nuevo no sabía que decir.
- Tú estás perdiendo tu tiempo.
- ¡Por favor, solo escúchame! –Se acerca más, pero yo decidí alejarme dos pasos haciendo que su rostro se ensombreciera y no se los negare, me dolió ver esa tristeza en su mirada, pero no lo podía demostrar porque no fueron color de rosas los meses en que ella desapareció.
Yo no lo merecía.
- Se que debes estar molesta conmigo…
- ¿Molesta? –Abro los ojos ampliamente- ¿En serio, Quinn? –Le pregunto y ahora si me acerco un poco siendo valiente en hacerlo porque su aliento y perfume embriagador me podían hacer flaquear, sin embargo, algo dentro de mi se estaba quemando con furia –Me encantaría haber estado molesta contigo, de hecho, ojala hubiese sido solo molestia.
- Es normal que…
- ¡No, nada es normal! –Alzo la voz interrumpiéndola y ella oprime sus labios mirándome- Que te vayas por 7 meses y luego aparezcas como si nada, no es normal; que no hayas enviado ni un puto mensaje para explicar todo, tampoco es normal, no puedes venir con la cara lavada a decir eso. ¡Yo no lo merezco! –Grite a lo ultimo haciendo que se asustara e incluso sus ojos se humedecieran.
- Entiendo que te sientas así… En serio, pero solo te pido que me escuches, necesito que me escuches, Rachel. Yo lo siento tanto… Tanto… –Su voz sonaba entrecortada- Hay cosas que necesitas saber y no sé si las entiendas, pero lo tengo que intentar.
- ¿Y por que esperaste tanto para intentarlo?
- No tengo idea… O quizás si, pero –Niega con la cabeza al confundirse con sus propios pensamientos.
Yo miro al cielo tratando de relajarme, pero no lo logre así que vuelvo a mirarla a ella.
- ¿Qué necesito saber? ¿Qué te cambiaste de oficina para no verme?¿Que te importo una mierda cada mensaje que te enviaba? Es decir, Quinn ¡¿Qué te crees?! –Me vuelvo a alterar.
- ¡Solo escúchame! Por favor, ahora volveré a Boston y Haden…
- Me importa una mierda Haden. –Le digo caminando hacia las escaleras y pasando a su lado. Ella me sigue.
En ese instante recordé que el muy imbécil estaba acompañándola en la fiesta. Un plus para que me hirviera la sangre.
- Espera, escucha –Me tomo del brazo y yo me solté bruscamente haciendo que su tristeza se incrementara.
- No puedo escucharte, Quinn… -Trague grueso- Porque ahora si estoy muy molesta, ahora si estoy realmente enfadada. Y dejarme contarte que no estuve meses enfadada contigo, para nada –Niego con la cabeza.
- Se que si estuviste enfadada conmigo y te comprendo, lo merezco.
- No, yo no estuve enfadada, Quinn, te lo aseguro –La miro con una falsa sonrisa- Yo estaba rota… -Confieso- Rota de nuevo y rota de una nueva forma; rota como nunca antes lo había estado. Me dolió, me sentí triste y decepcionada y te aseguro que eso es mucho peor que estar molesta contigo –Le digo mirándola a los ojos, aquellos ojos avellana, que ahora bañados en lagrimas, me miraban fijamente.
Y yo también llore, se escaparon varias lagrimas de mis ojos, pero por dentro aun todo quemaba. La molestia de sentirme burlada salía a flote junto con el dolor de su extraña ausencia en aquel tiempo.
- ¿Nunca podre tener una oportunidad? –Me pregunta con voz débil.
- No sé si la merezcas, pero te aseguro que yo no merecí ni merezco esto. –Le digo antes de perderme por fin detrás de aquel portal.
Sé que ella se quedo llorando, pero no sé si tanto como yo llore aquella noche acostada en el sofá, hasta quedarme dormida.
No importa cuánto me exija, si comparo mi relación con Quinn y el arte de la repostería, hasta ese entonces, se había cocinado con el tiempo errado y faltando demasiados ingredientes.
¿Pero qué podía hacer?
Si tuviera la fórmula para nunca romperme, la hubiese usado hace años, pero no la tenía y de nuevo estaban allí las lagrimas que pensé que había desgastado de tanto y tanto sentir.
