Los personajes de Candy Candy pertenecen únicamente a Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi, esta versión del final ha sido hecha sin fines de lucro y por motivos de entretenimiento.

—¡Que el tío William qué! —exclamo Stear al enterarse que en unas semanas su tío anunciaría su compromiso con Candy.

—Lo que escuchaste Stear —repitió la anciana limpiándose las comisuras de los labios.

—¡Pero que felicidad! Por fin él y Candy serán felices—exclamo Stear.

La anciana dejo la servilleta de forma paciente para hablar con su sobrino —yo también espero que así sea.

Luego de terminar el desayuno Stear creyó oportuno ir al estudio de su tío y darle las respectivas felicitaciones, al parecer todo en la mansión comenzaba a ir por mejor rumbo.

—Tío William, soy Stear, ¿puedo hablarte? —pregunto detrás de la puerta del despacho.

—Por supuesto, adelante —respondió Albert desde el interior.

—Ya me enteré que Candy y tú se casarán —dijo sonriendo —solo quería felicitarte.

—Pues muchas gracias Stear —respondió Albert con sonrisa soñadora.

Stear luego de darle un fuerte abrazo, tomó asiento —estoy muy feliz por ustedes, pero también tengo un poco de envidia, a nosotros nos han hecho esperar y pues...

—Stear, te entiendo —dijo Albert dejando de lado lo que estaba haciendo —justamente iba a llamarte por esa razón.

—¿Ha sí? —pregunto él.

—Candy y yo hemos pensado en que una fiesta de compromiso doble sería una excelente idea —le propuso discretamente.

Stear al oírlo su estado de ánimo cambio completamente —¿hablas en serio?

—Claro Stear, sería un honor compartir con ustedes una fecha tan importante, claro, si estás de acuerdo —dijo como si de un negocio se tratara.

—Por mi encantado, pero tendría que consultarle a Patty, aunque estoy seguro de que estará de acuerdo —respondió feliz.

—Búscala y pregúntale —le ordenó guiñándole un ojo.

Ahora con el viaje a Escocia a tan sólo unas semanas tenía que resolver ciertas cuestiones legales, pero sobre todo tener todos los papeles en orden por si algo se presentaba.

George estaba completamente de acuerdo en su decisión y está, era la causa principal de su viaje.

Días después cuando Candy se enteró de que el anuncio de compromiso sería al lado de sus amigos la emoción la embargo, pero esta decayó cuando supo que la señora Elroy sería quien lo organizará todo.

Llamada

—Bert, ¿de verdad no podemos pedirle a Annie que lo haga?

—Ya lo he hecho, pero por sus hijos se ha negado.

—Bueno.

—Si lo deseas le pediré que no lo haga.

—No, déjalo así, al fin y al cabo, es tu tía.

—Candy...

—Candy nada, yo aún no olvido lo que nos hizo.

—Lo sé.

—Entonces... ¿cuándo te veré?

—Mmm... Prometo ir por ti este fin se semana para ir a escoger tu vestido.

—Pero Bert, ya tengo demasiados.

—No importa, solo será un pretexto para verte.

—(risa) en ese caso te estaré esperando.

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Hershel estaba en su despacho leyendo tranquilamente el periódico cuando de repente una nota exclusiva salto sorpresivamente "el magnate de los Andrew se compromete" rápidamente leyó la nota, para después arrugar el periódico y finalmente lanzarlo al cesto de basura.

—Ese maldito no se saldrá con la suya—se dijo golpeando el escritorio —¡Greta! Ven aquí ya mismo —llamo a su esposa con impaciencia.

—Cariño, ¿sucede algo? —pregunto ella extrañada.

—Arréglate, iremos a la fiesta de compromiso de William —le informó levantándose del sillón.

—Pero Hershel... No tengo ropa que ponerme —respondió preocupada.

—Ponte cualquier vestido, que importa que ya lo hayas usado, ¡solo arréglate! —le grito molesto.

La mujer corrió a su habitación a buscar algo que le sirviera, tenían poco tiempo para prepararse, además llevarle la contraria a su esposo en estos momentos no parecía ser una buena idea.

—¿Qué ha pasado Hershel? —pregunto la mujer queriendo saber más.

—Pasa que el maldito de William esta por anunciar su compromiso en unas cuantas horas, y para que el consejo no se diera cuenta prefirió dejarlos fuera —respondió alterado.

—Pero si se compromete o no, de todas formas, no afectaría tus planes —dijo la mujer muy convencida.

—No, pero si me costara más trabajo —le respondió girando el volante.

—Pero, ¿y qué piensas hacer? —le interrogo —vas a llegar con el papel en mano, gritando el contenido y exponiéndote a que te descubran, parecerá una gran casualidad que ese documento aparezca el día de hoy.

Hershel detuvo la marcha al instante, era verdad —no había pensado en eso.

—Ya me estoy dando cuenta —respondió —será mejor que esperes y dejes que otro de los miembros sea quien descubra el papel, así nadie sospechará nada.

—Vaya mujer, no pensé que fueras tan astuta —le dijo a su esposa, pensando seriamente en hacer las cosas como ella aconsejaba —en ese caso, dejemos que disfrute su fiestecita —dijo soltando una burlona carcajada y retomando el camino a la mansión.

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La semana anterior Albert y Candy se habían reunido para ir por sus respectivas prendas, las cuales lucirían el día del anuncio de su compromiso, lo cierto era que lo único que habían tenido que hacer fue ponerse de acuerdo en el color que ambos lucirían, pues Candy prefería el azul y Bert el verde.

Ahora el día había llegado, uno a uno las pocas personas que fueron invitadas estaban llegando a la recepción, pero aunque el evento se había previsto para que fuera algo íntimo y familiar la prensa ya estaba lista para cubrir a detalle el evento, Albert sabía que esto sería así, al fin y al cabo como decía su tía, él era el patriarca de los Andrew y su sola mención de por sí ya generaba alboroto, ahora el anuncio de su boda estaba de más que sería una gran noticia para los periódicos; contrario a lo que los demás pensarían, Bert se mostró seguro e incluso más cómodo con la prensa vigilante, eso solo significaba que dejaría en claro a todo el mundo que amaba a Candy y que no le importaban los roles que la sociedad les designase.

Stear y Patty estaban tan emocionados con por fin anunciar su compromiso que a ellos en cierta forma poco les importaba el número de invitados o si había o no prensa. Ellos lo único que querían era por fin estar juntos sin reservas.

Albert viendo que la hora se acercaba salió de su habitación luciendo un gallardo traje de etiqueta y se fue de la mansión por su futura esposa, aunque había tratado por todos los medios convencerla de que se hospedara en la mansión para evitar contratiempos ella no había accedido, así que ahora se dirigía a su departamento a toda velocidad. Al llegar y tocar tres veces a la puerta ella abrió, dejándolo completamente deslumbrado por su belleza, en momentos como este era cuando recordaba aquella pequeña niña llorona que ahora era completamente una mujer, tomo su mano y la invito a girarse para admirarla mejor, sus ojos la miraron encantados y luego le planto un beso en señal de aprobación.

—Éstas preciosa… —le dijo galantemente en el oído.

—Bert… siempre dices eso —le contesto ella teñida de rojo y cerrando la puerta tras de sí.

—Lo digo porque es verdad —le respondió él besando el dorso de su mano y abriendo la puerta del coche para que ella entrara.

Candy solo se sonrió como respuesta —¿nos vamos?

—Por supuesto, ya quiero que el mundo entero sepa cuanto te amo —grito con efusividad al exterior de la ventanilla.

—¡Bert! Me apenas —le dijo nuevamente sonrojada.

—¿Porqué? Solo quiero llegar, pararme frente a todos y decir cuánto te amo —le respondió gritando de nuevo.

Ella solo se echó a reír y Bert manejo con habilidad hasta la mansión, en donde seguramente ya los esperaban todos los invitados.

Para las personas que estaban esperando a los anfitriones no pasó desapercibida la llegada de dos de ellos; ligeros murmullos se escucharon, pero nadie se atrevió a decir nada más, cuando ingresaron ambas parejas todos los recibieron con "cariño y felicidad".

Patty y Stear no prestaba atención a las personas, de hecho, solo hacían esto por la tía abuela, pero Bert y Candy miraron divertidos la cara de hipocresía de muchos de los presentes.

Luego de emotivo discurso de Albert y la forma en la que dejo en claro su amor por la rubia hubo muchas caras de disgusto y otras más con una franca felicidad, decenas de flashes cubrieron a la pareja principal y a ambas a la vez, congelando en una imagen el momento. Hershel observaba burlón la cara de William, disfruta ahora que puedes maldito, pensaba una y otra vez.

Albert sonreía emocionado a todo aquel se acercaba a felicitarlos de manera sincera por su próximo enlace, Candy se sujetaba orgullosa de su brazo, pronto, aunque muchos de ellos estuviesen en contra, serían marido y mujer, y cuando eso pasara nada, absolutamente nada podría separarlos.

La abuela Martha miraba fascinada a su nieta, lucia tan segura y serena al lado de ese muchacho que no le quedaba duda de lo feliz que sería dentro de poco; sonreía satisfecha por estar a nada de cumplir una meta personal, llegar a ver a su nieta unida al hombre que amara y la amara, cuando ella era joven, no se le había permitido escoger a su esposo, al contrario, se le había impuesto, porque así lo dictaban las normas de la aristocracia, pero por suerte su amada nieta no estaba bajo el yugo de ese pensamiento retrograda y podía ser feliz junto al ser que ella escogiera. Una lagrima resbalo por su mejilla, estaba tan emocionada.

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Durante todo el evento Candy observaba atenta todos y cada uno de los rostros de los invitados, muchos de ellos parecían disgustados con la noticia, pero entre la multitud había uno que otro que mostraba sinceridad en su alegría. Al otro lado de la mesa estaba la señora Elroy, Candy ni siquiera se había dignado en voltear hacia donde estaba ella, prefería no hacerlo y en cierto modo no era algo difícil de lograr, Patty tenia muchísimas cosas de que ponerla al tanto. Pero, aunque no quisiera aceptarlo todo estaba siendo tal y como esperaba y mucho de ellos tenía que agradecérselo a la anciana, frunció el ceño, a este paso sería difícil seguir molesta con ella.

Era curioso que cada vez que alguien se acercaba a ella buscaba en su mano algún objeto reluciente, pero en ellas no había nada, sonreía divertida, lo que ellos buscaban estaba colgando de su pecho. De un momento a otro Albert jalo su mano en dirección al jardín, era extraño, pero aun a pesar de eso lo siguió, cuando llegaron al pie de la fuente adornada con bellos cupidos él la invito a sentarse un momento y aparentemente contemplar las estrellas. En el interior del salón los invitados giraban una y otra vez al compás de la música, pero ellos estaban afuera disfrutando de un momento un tanto más íntimo.

—He notado que muchas personas no hacen otra cosa que ver tus manos —dijo Bert acariciándole tiernamente la palma de la mano.

—Supongo que no es habitual dar una insignia como alianza en matrimonio —respondió ella.

—Eso debe ser —puntualizo él deteniendo el suave contacto.

—Bert, a mí no me molesta —le dijo ella al ver su reacción.

—Lo sé —contesto el levantando la mirada y dirigiéndole una deslumbrante sonrisa —pero eso quiere decir que no quieres esto… —agrego burlón.

Candy al descubrir lo que tenía entre los dedos lo miro sorprendida, guardo silencio unos segundos mientras observaba el hermoso anillo que brillaba a la luz de la luna.

—Es precioso —dijo ella.

—¿Quieres aceptarme por segunda vez? —pregunto él sonriendo de lado y esperando su respuesta para ponérselo.

—Por segunda y mil veces más —dijo ella dejando que el anillo se deslizara suavemente.

En ese momento un flash los tomo por sorpresa y los dejo parcialmente cegados. El causante de la deslumbrante luz esperaba con pena el seguro reclamo por parte del señor Andrew, pero contrario a esto solo vio como la pareja se carcajeaba divertida por lo sucedido.

—Muchacho, ¿de qué diario vienes? —pregunto Bert aun tallándose los ojos para ver mejor.

—Del chicago tribune —respondió el fotógrafo intimidado.

—Bien, espero una copia de esa fotografía —dijo Bert señalando la cámara.

—Por supuesto señor —afirmo el muchacho rápidamente y se quedó parado esperando alguna otra indicación.

—Podrías retirarte… —dijo volteando a ver a Candy —quiero unos minutos a solas con mi prometida —ordeno guiñándole un ojo.

El muchacho comprendió inmediatamente y se marchó, de todas formas, tenía una toma que nadie más poseía.

—Pobrecito, pensó que lo retarías —dijo Candy.

—Todo mundo piensa que soy un amargado —respondió él sonriendo.

—Bueno… tu cara no ayuda mucho —agrego ella jalándole su nariz.

—Basta Candy —dijo él sujetándole las manos y plantándole un beso en los labios.

Después de eso, regresaron al salón con los invitados, ahora sí alguien buscaba algo en sus manos lo encontraría.

o-o-O-o-O-o-o

Para el doctor Martin saber que su adorada enfermera estaba por casarse le llenaba de emoción, pero también de cierta nostalgia y pena, la clínica no sería lo mismo sin ella y lógicamente, aunque otra más la suplantara no sería lo mismo. Candy y William habían prometido encontrar a una antes de que se fueran de viaje a Escocia, pensándolo de cierto modo parecía que se estaban adelantando la luna de miel, pero lógicamente eso nada tenía que ver. Luego de la fiesta de compromiso se regresó a la segunda clínica Feliz, a esperar paciente que la nueva enfermera llegara.

Candy sabía que encontrar a alguien que quisiera irse a trabajar a un pueblo algo alejado de Chicago sería un tanto difícil, pero luego de pensarlo varias veces llego a su mente el recuerdo de Flammy, ¿Qué estaría siendo de ella? Sin esperar más, salió de su departamento y fue a buscarla al primer lugar que se le ocurrió, la casa de sus padres.

No tardó mucho en encontrarse con un coche y abordo para después indicarle el camino que debía seguir. Grande fue su sorpresa al no toparse con una escena similar a la que la recibió cuando fue allí por primera vez, la cantina en la que años atrás había discutido con la madre de Flammy se había convertido en una pintoresca tienda de abarrotes. Entro un poco nerviosa, quizás el lugar ya no perteneciera más a su familia, pero cuando entro se encontró con una sonriente señora de melena corta y cabello castaño que la saludo amablemente y luego de verla con atención rápidamente la reconoció.

—Tú, tú eres esa enfermera que trabajaba con Flammy —dijo la mujer mirándola con atención.

Candy afirmo con un movimiento de cabeza —¿Esta ella aquí? —pregunto sin rodeos.

La mujer paso un trapo por el mostrador y luego respondió —sí.

—¿Será que puedo verla? —pregunto Candy esperanzada.

—Desde que volvió de la guerra no ha vuelto a trabajar, me ha ayudado mucho en levantar este lugar y a cuidar de sus hermanos, si tienes suerte estará en el departamento —contesto la mujer señalando con el dedo la dirección que debía tomar.

—Gracias —dijo Candy y salió presurosa hasta el lugar.

Candy no comprendía porque Flammy no seguía ejerciendo su profesión si siempre había sido una enfermera ejemplar, subió las escaleras preguntándose el motivo y casi al llegar al piso indicado choco contra alguien.

—Discúlpame, iba muy distraída —dijo de espaldas y cuando la persona con la que había tenido el accidente volvió su cara expreso el asombro en su máxima expresión —Flammy…

La enfermera la miro seria de pies a cabeza, sabía muy bien quien era esta rubia parlanchina y luego de eso giro el rostro presurosa.

—Flammy… ¿en verdad eres tú? —pregunto Candy solo para confirmarlo.

—¿Qué es lo que quieres Candy? —interrogo ella sin voltear a verla.

Candy comprendió que efectivamente no la había confundido.

—¿Qué fue lo que te paso? —pregunto ella sin salir de su asombro.

—¿Acaso no es obvio? —dijo ella de manera irónica.

—Lo… lo siento —tartamudeo Candy al ver lo imprudente que había sido.

—No has contestado a mi pregunta ¿Qué es lo que quieres? —insistió secamente.

—Yo vine a buscarte.

—Eso es obvio.

—Bueno, quiero decir… ¿podemos hablar un momento? —pregunto Candy al ver que el lugar en el que estaban no era el más apropiado para llevar una charla.

Flammy abrió la puerta del departamento y la invito a pasar, Candy al ver que ella no hablaba seguramente porque esperaba a que ella lo hiciera le explico.

—Hasta hace poco trabajaba en una clínica que está en el poblado donde yo me crie.

—¿Dejaras de trabajar solo porque vas a casarte? —pregunto directamente Flammy.

—No exactamente, lo que quiero decir es que pensé en ti para suplantarme.

—No —respondió rápidamente Flammy.

—¿Por qué no? Por lo que veo no estás trabajando.

—¿Acaso no es obvio Candy? —dijo señalando su ojo izquierdo.

—Y eso que importa, allá nadie te conoce, si es lo que te preocupa, siempre fuiste una gran enfermera pese a tu carácter, ¿Qué debe importar entonces tu aspecto? —soltó Candy de un respiro.

Flammy la miro sorprendida y completamente seria, nadie en todo este tiempo se había atrevido a decirle todas sus verdades y ella había venido aquí de la nada para hacerlo sin más.

—Está bien, voy contigo —respondió fríamente.

Candy sonrió triunfante, de hecho, lo que esperaba era que Flammy le cerrara la puerta en las narices o por lo menos la echara después de todo lo que le había dicho, pero luego de guardar silencio un momento le había respondido.

El doctor Martin quedo sorprendido al conocer a su nueva enfermera, no solo por su historial laboral y desempeño sino también por la marca de guerra que yacía en su rostro.

—Es un gusto conocerte Flammy, yo soy el doctor Martin —se presentó.

Luego de eso lo siguiente fue mostrarle la clínica de pies a cabeza, desde ahora ella sería su enfermera de planta.

Para Flammy fue extraño hallarse de nuevo en un lugar desconocido, su pensamiento era que a su llegada todos la señalarían por su aspecto, pero contrario a lo que ella espera nadie parecía prestarle atención, a excepción de un vaquero que había visto momentos antes de bajarse del tren. Había sido un grosero al quedársele viendo evidentemente a la parte afectada de su rostro y ahora para su desgracia era ese mismo tipo quien llegaba ahora a la clínica.

—Buenas tardes —saludo Tom animadamente sujetando su sombrero.

Flammy no respondió y solo hizo un gesto altanero típico en ella, Tom al ver que no recibiría respuesta pregunto.

—¿El doctor Martin se encuentra?

—Sí, pero está ocupado —fue la fría respuesta que recibió de parte de la enfermera.

Viendo que no lograría sacarle más palabras a esa mujer paso a sentarse a la sala de espera, aunque tratara de evitarlo sus ojos caían siempre en su rostro, pero no era el parche que seguramente cubría una herida lo que le llamaba la atención de él.

Flammy al darse cuenta del escrutinio del que estaba siendo víctima no lo soporto más y estallo en un grito.

—¡Puedes dejar de verme así! Ya sé que soy un monstruo.

Tom al ver la reacción de la chica rápidamente comprendió que había cometido un gran error.

—Discúlpame, no era eso lo que veía.

—Por supuesto, es evidente que si lo es —respondió ella irónica.

En ese momento el doctor Martin salió de su consultorio y le pidió a Tom que pasara, el vaquero quiso disculparse una vez más pero cuando quiso hacerlo la enfermera ya no estaba allí.

—¿Quién es la nueva? —pregunto notablemente interesado.

—Su nombre es Flammy, Candy la trajo de Chicago hace unos días —respondió el doctor mientras le revisaba la herida. Hacia unos días uno de los sementales se había descontrolado y lo había atrincherado contra las cercas causándole una grave herida en el costado, pero como todo vaquero para él ello no significaba nada.

—Vaya, se ha molestado mucho —comento Tom, haciendo un ligero gesto de dolor.

—Como no se iba a molestar si la mirabas como un tonto —lo reprendió el doctor.

—Pero me he disculpado —se defendió.

—Pero también es evidente que nadie en su condición quiere que lo observen de esa manera.

—Bueno, eso es verdad, ¿pero porque esta así? —pregunto una vez más.

—Tengo entendido que le sucedió en la guerra, es la chica que fue enviada al campo de batalla cuando Candy no se atrevió a hacerlo —contesto el doctor finalizando la revisión.

—Vaya, debió ser terrible —dijo Tom para sí mismo.

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Candy solo regreso al hogar de Pony para dejar a Flammy en la clínica Feliz, el viaje a Escocia estaba a nada de ser y debía volver a Chicago para encontrarse con Bert y su dama de compañía. Se despidió de sus madres con efusivos abrazos y salió del hogar seguida por los chicos que la despedían muy animados.

La idea de tener dama de compañía no le agradaba en lo absoluto, con solo recordar cómo estaba Annie antes de casarse le hacía pensar que todo esto era una tontería, pero nada se le podía hacer, ya había quedado con sus mares que lo haría por ellas.

El viaje la tenía muy emocionada, recordaba el viaje que había realizado a ese lugar cuando estuvo en el colegio y lo mucho que pensó en el príncipe estando allá, esta vez se llevaría a príncipe con ella desde America, sonrió complacida.

Bert ya la esperaba pacientemente en la estación, los días que Candy había permanecido fuera de Chicago le dieron el tiempo para buscar a la dichosa dama de compañía, incluso a él le parecía ridículo, pero también su tía había insistido en que llevaran una, luego de pensarlo meticulosamente recordó a una de las mucamas de la mansión, que cuando Candy solía hospedarse allí era muy agradable con la rubia. Pregunto al servicio en donde se encontraba Angie y rápidamente el ama de llaves le indico donde podía encontrarla.

—Señor, no se moleste yo iré por ella —dijo el ama de llaves muy apurada.

—No se preocupe, yo iré —respondió Bert dejando atrás a la mujer.

Cuando le informo a Angie la propuesta de trabajo y el viaje que eso implicaba, la muchacha estallaba de felicidad, no solo por el aumento que recibiría sino porque nunca había salido de Chicago y viajar era algo que siempre había soñado.

Candy llego a la estación y lo primero con lo que se encontró fue con su apuesto prometido esperándola pacientemente frente a su coche.

—No sabes cuánto te he extrañado —dijo Bert haciendo girar a Candy en el aire.

—Yo también Bert —respondió ella abrazándose a él.

Albert le tomo la mano y la guio hasta su asiento.

—Sabes, ya te he encontrado dama de compañía—sonrió divertido.

—Hay, me resulta tan tonto eso —dijo Candy notablemente disgustada.

—Lo sé, pero no será una desconocida —le aclaro.

—¿Ah no? —pregunto ella confundida.

—Será Angie, la que era tu mucama en la mansión, se lo he pedido y ha aceptado sin chistar —le informó.

—Vaya… eso es una magnífica noticia, pensé que tendría tras de mi a una vieja amargada como la de Annie —dijo ella entre risas.

Albert soltó una carcajada —yo no estaba dispuesto a permitirlo.

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Las maletas ya estaban hechas y Bert tomaba de la mano a Candy cariñosamente mientras Angie se hacia la disimulada.

—Buen viaje William —dijo la anciana a su sobrino dándole un beso en la mejilla, después se giró en dirección a Candy —tú también ten un buen viaje Candy.

Para la rubia no pasó desapercibido que no la había llamado Candice como siempre solía hacerlo y por educación contesto —gracias.

El barco anuncio con un sonoro ruido que el momento de zarpar se acercaba, la pareja de rubios subió tomada de la mano por las escaleras y Angie los seguía de cerca un tanto incomoda por el papel que desempeñaba, pero emocionada a la vez por lo que le esperaba.

—Cuídese mucho señor Andrew —grito George desde abajo.

Albert le sonrió y después se perdieron en el interior el RMS Mauritania, Escocia lo aguardaba impaciente del otro lado del mundo.

Continuara...