Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


EPÍLOGO

BELLA POV.

No pude evitar sonreír y negar con diversión al ver a Edward parado junto a la ventana, me acerqué a él y lo abracé apoyando mi mejilla en su espalda, estuvimos en esa posición por un par de minutos, hasta que Edward suspiró e hizo que me parara a su lado y pudiera ver la escena que se desarrollaba en el porche de la casa.

—¿Cuándo crees que se termine todo esto? —pregunté viendo como Eli movía sus manos al aire y golpeaba con el pie el suelo, tal y como lo hacía cuando tenía una rabieta a los cinco años.

—Espero que hasta que cumplan cuarenta, por lo menos —gruñó mi celoso esposo sin apartar la mirada de la ventana.

—Amor, sabes que es algo totalmente inevitable, Dylan y Elizabeth terminaran juntos. Así que lo mejor es que vayas buscando resignación —masculló algo sobre su bebé siendo muy pequeña aún y me reí con ganas; su pequeña bebé cumpliría dieciocho años mañana

De pronto Eli gritó y empujó con fuerza a Dylan, para después echarse a correr rumbo a la casa, el sonido de pasos apresurados y voces no se hicieron esperar; voces que sin importar que estuviéramos presentes, siguieron con su discusión. Aunque tal vez, los chicos ni siquiera se habían dado cuenta de que estábamos ahí.

—¡No vas a ir con él! —gritó un más que molesto Dylan.

—¡Me importa un cuerno lo que digas! ¡Voy a ir con Alex al baile, te guste o no!

—¡Alex es un maldito idiota!

—¡Eso no tiene que importarte, yo no te he dicho nada porque invitaste a la zorra de Agatha!

Así que ese era el problema esta vez: sus parejas para el baile de fin de curso.

Dylan siempre había mostrado cierto instinto protector para con mi hija, pero cuando Eli llegó a la adolescencia, ese instinto de protección aumentó de forma alarmante y Eli parecía por demás encantada con eso. Hasta que de un día para otro las discusiones entre ellos habían comenzado, que si salían con alguien, que si tenían parejas... en fin, todos nos dimos cuenta de qué era lo que estaba pasando, excepto el despistado de Dylan.

—Si insistes con eso, hablaré con mis tíos para que te prohíban ir —siseó con las manos cerradas en puños a sus costados.

—¡Ja! Pues te jodes, porque ellos ya me dieron permiso, y ni tú ni nadie, hará que eso cambie —Eli se cruzó de brazos y sonrió desafiante.

Dylan abrió la boca un par de veces pero al final no dijo nada, le dio una fría mirada a mi hija y se marchó hecho una furia, azotando con fuerza la puerta al salir.

—¡Imbécil! La próxima vez, ten las agallas de invitarme antes de que alguien más lo haga —se dejó caer en el sofá más cercano a ella y fue en ese momento que se percató de nuestra presencia—. ¿Lo han escuchado?

—No fueron lo que se pueda decir discretos, estoy seguro que hasta los vecinos escucharon su intercambio de... palabras —respondió Edward.

—Lamento eso, yo... —bajó la mirada y sus mejillas se colorearon de un intenso color carmín—. Es que... ¡Dylan me saca de mis casillas!

—Cariño, creo que ya es tiempo de que estas discusiones paren. Dylan y tú ya no son un par de niños —dije sentándome a su lado.

—Lo sé mamá, pero Dylan tiene la culpa de todo. ¿Tan difícil le es darse cuenta de lo que siento por él?

—Eli, las discusiones no son la forma correcta de demostrar sentimientos. Lo que ustedes necesitan, es hablar como las personas adultas que se supone son —resopló y se puso en pie.

—No voy a ser yo quién de el primer paso, si él siente algo por mí, tiene que ser el primero en admitirlo —dijo cruzando los brazos. Sabía que lo que le impedía dar el primer paso era el miedo, miedo a que Dylan la rechazara; en momento como ese no sabía quién era más ciego de los dos, era más que obvio que ambos estaban enamorados del otro.

—Mi princesa tiene razón, si el chico no quiere aclarar las cosas pues...

—Edward, cariño, no estás siendo de mucha ayuda —mi esposo me dio una mirada enfadada pero no dijo más.

—No quiero seguir hablando sobre esto. Estoy cansada y me voy a dormir, buenas noches —se despidió de nosotros con un beso en la mejilla y se marchó mascullando sobre lo ciego y tonto que era Dylan.

—No deberías hacer de celestina. Deja que las cosas se den a su tiempo, si es que se van a dar, y no intervengas —solté un sonoro suspiro, Edward aún tenía la esperanza de que su niña decidiera hacerse monja.

—Vamos amor, quita esa cara de mortificación y mejor vayamos a la cama —me acerqué a él y poniéndome de puntillas besé su mejilla.

—Feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños a ti, feliz cumpleaños querida Elizabeth, feliz cumpleaños a ti —Eli se sentó en la cama y sonrió divertida por la nada afinada canción que sus hermanos, su padre y yo habíamos entonado para despertarla.

—¡Sopla las velas y pide un deseo! —chilló emocionada mi pequeña Cassidy saltando en la cama de su hermana.

Elizabeth cerró los ojos y unos segundos después apagó las velas del pastel, que Edward sostenía frente a ella.

Aún me parecía increíble que el tiempo hubiese pasado tan rápido, Eli ya era toda un mujer, ya no quedaba rastro de esa pequeña que llegó a mi vida para darme fuerza e iluminarme en mi oscuridad. Elliot, a sus once años, físicamente era una copia a calca de su padre, aunque sus ojos eran color chocolate como los míos; estaba segura que dentro de algunos años sería todo un rompe corazones. Y por último Cassidy, la princesita de la casa con apenas seis añitos, de cabellos castaños y ojos azules, tan azules como los de su abuela Renée.

Renée, la mujer que me dio la vida y tanto daño me había causado, pasaron años antes de que la volviera a ver; fue hace un par de años atrás que nos encontramos por casualidad, yo estaba con los niños en el centro comercial haciendo las compras de navidad y de pronto estaba frente a mí, hablamos y me pidió que le diera una oportunidad para acercase a mí y a sus nietos, para demostrarme que estaba realmente arrepentida por todo lo que había hecho. No fue lo que se pueda decir fácil y la relación entre nosotras nunca volvería a ser la misma, para mí no existiría otra madre que no fuera Sulpicia, pero al menos teníamos un trato cordial.

Risas y chillidos me sacaron de mis pensamientos, mi familia se encontraba cubierta de pastel y estaban metidos en una implacable guerra de cosquillas. De pronto, tres manos tiraron de mí haciéndome caer a la cama, para segundos después verme envuelta en la ardua batalla.

—¿Y ahora por qué están molestos? —me preguntó Victoria mientras me ayudaba a llevar la comida a la mesa del jardín, habíamos planeado una comida familiar para celebrar el cumpleaños de Eli y todos se encontraban ahí, incluidos Renée y Phil.

Por la noche Eli saldría a festejar con sus amigos al club de moda en la cuidad, para disgusto de su celoso padre, aunque el que también fuera Dylan de algún modo le daba cierta tranquilidad, a pesar de que Edward se empeñaba en no reconocerlo ni bajo tortura.

—Eli tiene pareja para el baile y a Dylan no le agrada, así como a ella no le agrada la pareja de Dylan —negó con diversión y suspiró.

—Espero que para cuando mi hijo espabile y se dé cuenta, no sea muy tarde —ambas reímos y continuamos con nuestra tarea.

Después de comer nos sumergimos en una amena charla, los más pequeños jugaban y tanto Dylan como Eli habían desaparecido. De pronto se escucharon gritos y todos suspiramos con resignación, pero tan pronto como los gritos llegaron se marcharon, no pude contener mi sonrisa al verlos a un par de metros de distancia besándose.

Emmett gritó un: ¡Gracias a Dios, al fin las peleas entre ustedes van a terminar y tendremos un poco de paz! Los chicos se separaron avergonzados, con sus manos entrelazados caminaron de regreso a la mesa, donde delante de todos, Dylan le pidió permiso a Edward para oficialmente salir con Eli como su novio; mi esposo gruñó y refunfuñó, pero al final suspiró rendido y dio su aprobación. En el fondo Edward sabía que no había nadie mejor para cuidar y amar a nuestra hija, que el chico frente a nosotros.

Doce años después...

—¡Ya nació! —gritó un emocionado Dylan acercándose con una enorme sonrisa en su rostro—. Es un sano y hermoso niño, en un momento pasaran a Eli a una habitación y podrán conocerlo.

Quince minutos después estábamos en la habitación, Edward sostenía a nuestro nieto en sus brazos y sus ojos brillaban por la lágrimas contenidas.

—¿Cual será su nombre? —pregunté y acaricié la mejilla del bebé que soltó un perezoso bostezo.

—Edward, él se llamará Edward, como tú papá —mi esposo sonrió emocionado y una solitaria lágrima rodó por su mejilla.

Victoria y Riley protestaron reclamando al pequeño, alegando que ellos también eran sus abuelos y Edward lo estaba monopolizando; Edward se acercó a nuestra hija y la abrazó, intercambiaron algunas palabras en bajos susurros y terminó besando la frente de Eli. Un momento después dejamos a los nuevos padres solos, pero antes de salir me giré y sonreí ante la escena que vi: Eli sostenía al pequeño Edward en sus brazos y Dylan sentado a su lado, los veía a ambos embelesado, como si fueran su mundo entero.

Al entrar a la casa solté un sonoro suspiro, estaba tan silenciosa y se sentía tan sola; la primera en marcharse había sido Elizabeth, tres años atrás cuando ella y Dylan se casaron. Un año después le siguió Elliot, el cual decidió mudarse y buscar su independencia. Mientras que mi pequeña Cassidy, había decidido estudiar en la UCLA y hacía un mes que se había marchado a Los Ángeles. Me senté en uno de los sofás y Edward se acostó apoyando su cabeza en mi regazo.

—¿Eres feliz? —preguntó cerrando los ojos cuando comencé a acariciar su cabello, que poco a poco y con el paso de los años, se iba tornando color gris.

—Sí, lo soy —respondí y me dio una de sus sonrisas torcidas, que a pesar del paso del tiempo, seguían acelerando mi pulso.

—He estado pensando en muchas cosas y... ¿Tú creés que exista la reencarnación?

—No lo sé, y no entiendo por qué has estado pensando precisamente en eso —alzó su mano y acarició mi mejilla con suavidad.

—Algún día moriremos Bella —abrí la boca para decirle que no era momento de pensar en eso, que aún nos quedaban muchos años por delante para estar juntos, pero no me permitió hacerlo—, es la ley de la vida amor. Pero ¿sabes? Yo sí creo que la reencarnación existe y que volveré a encontrarte en otra vida, que podré seguir cumpliendo con mi promesa de amarte siempre.

Por un par de minutos permanecí en silencio, se había formado un nudo en mi garganta que me impedía hablar.

—Más te vale que sea así Edward Cullen, que me busques en esa otra vida y estemos juntos de nuevo —murmuré con voz ahogada y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas.

Edward se incorporó, limpió con sus pulgares mis lágrimas y me besó. Y entonces lo deseé, deseé con todo mi corazón que él tuviera razón y que algún día, cuando nuestro tiempo aquí se terminara, volveríamos a tener la oportunidad de estar juntos de nuevo.

Muchos, muchos años después...

Una chica de no más de dieciocho años caminaba por la orilla del mar, permitiendo que de vez en cuando el agua mojara sus pies, cerró los ojos y sonrió al sentir el viento golpeando contra su rostro y el relajante sonido de las olas. De pronto algo chocó contra ella, o mejor dicho alguien, haciéndola caer cuan larga era sobre la arena.

—¡Fíjate por donde vas! —chilló tratando de liberarse del cuerpo que la aplastaba.

—Lo siento, de verdad lo siento mucho —respondió su agresor entre risas.

Una vez estuvo en pie, con frustración se sacudió la arena, tanto de su ropa como de sus castaños cabellos.

—¿Qué puedo hacer para compensar el daño causado por mi torpeza?

—Desaparecerte de mi vista y... —el resto de la oración murió cuando alzó el rostro, encontrándose con un par de brillantes orbes color esmeralda, y algo se removió dentro de su pecho.

—¡Oh pero que descortés soy! Mi nombre es Edward, Edward Masen —dijo el cobrizo extendiendo su mano a modo de saludo.

—Isabella, Isabella Norton —murmuró la chica de ojos chocolates estrechando su mano.

—Te he buscado por mucho tiempo, mi hermosa Bella.

—Me alegra que al fin me hayas encontrado —respondió para después lanzarse sobre él y abrazarlo con fuerza, sintiéndose finalmente completa.

Siempre te amaré —dijo separándose de ella lo suficiente para verla a los ojos, con suavidad y ternura limpió las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.

—Lo sé —respondió con voz ahogada, acortando la distancia que separaba sus labios.

Cuando dos personas se aman como tú y yo lo hacemos, una vida nunca será tiempo suficiente para nosotros; por eso te prometo que en otra vida te buscaré, te buscaré y te amaré igual o más de lo que lo hago ahora. Recuerda que mi corazón te pertenece y siempre será así, que cuando el momento de separarnos llegue mi corazón se quedará contigo y el tuyo se irá conmigo, que no importa el tiempo que pase volveremos a estar juntos de nuevo, pero sobre todo, recuerda que Siempre Te Amaré.


¡Hola! Pues aquí está el Epílogo y con esto doy por terminado este Fic, espero que les gustara al menos un poquito y no lo odiaran... La verdad no me imaginé lo difícil que me sería escribir esto, créanme que tengo lágrimas en los ojos y el corazón apretado en un puño. Pasaron tres años para que pudiera terminar con esta historia, y en el fondo me alegra haber esperado este tiempo, porque he podido escribir algo mejor de lo que pude haber escrito en su momento.

Por último me queda agradecer a todas y cada una de ustedes por haber leído esto, ya fuera en la primera publicación, ahora, o en ambas; muchas gracias por cada alerta, favorito y review que me regalaron, esa sin duda fue la mejor recompensa para mí.

Les recuerdo que tengo grupo en Facebook, donde estaré publicando imágenes y adelantos de mis Fic's, así como noticias de futuros proyectos, si gustan unirse en mi perfil encontraran el Link.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

¿Algún último review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.