Capítulo 25
Estruendo
¿Cómo era posible que una criatura como aquella estuviera allí, creando un completo caos en medio de la noche?¿Por qué razón estaba tan enfurecida que no le importaba que sus poderosas descargas estamparan contra los árboles y empezaran a crear un incendio que se iba expandiendo con preocupación?
El golpe del agua contra los árboles y las llamas siendo extintas eran el augurio que no eran los únicos que estaban batallando con el problema; alguien más estaba dándoles su apoyo desde puntos específicos.
Las inmutables llamaradas chocando violentamente contra el impactrueno de esa ave legendaria causaban explosiones con ondas expansivas y mucho más caos al ya desordenado bosque del pueblo.
Y lo siguiente que sus ojos habrían de presenciar eran aquellas ondas casi invisibles que envolvieron con violencia a Zapdos y se mantenían latentes pese a que aquel pokémon fantasma estaba siendo atacado por la fuerte descarga de esa ave eléctrica. Aunque pronto recibiría un poco más de ayuda, y un par más de esas aturdidoras ondas golpearon desde dos puntos diferentes al ave, resultándole imposible poder resistirse al efecto que esas psicoondas que rápidamente estaban aturdiéndole, psíquica y físicamente.
Un choque más fue necesario para sacar de combate al fin a aquella criatura, cayendo en manos de ese rápido y poderoso golpe de fuego carmesí conocido comúnmente como lanzallamas; uno que se había potenciado con el del otro pokémon de fuego que le acompañaba.
El sonido de aquella ave cayendo al suelo sólo fue acompañado con el eco tan peculiar que se produce cuando es lanzado un objeto de captura para seres tan peculiares. No era de dudarse que con el cansancio experimentado por esa ave ante el ataque múltiple de esos cinco pokémon terminara siendo capturada por aquella ultraball sin mucho problema.
—Lo lograron –comentó Red. Max sobrevolaba la zona sobre su Salamence, descendiendo rápidamente para acercarse hasta donde estaban ellos.
—¿Alguien vio de dónde llegó este Zapdos? Es muy extraño que apareciera prácticamente de la nada –interrogaba el peli rosa tomando aquella ultraball entre sus manos.
—Nosotros nos llevamos la misma sorpresa –expresó Green, quien se mantenía montado sobre su Arcanine.
—Hicieron un buen trabajo en equipo –le decía a aquel grupo de cinco pokémon-. Mismagius, ¿estás bien? –la respuesta de ese pokémon fue contestada con el bello destello azulado que cubría todo su cuerpo, señal clara de que estaba usando descanso.
—Será mejor que investiguemos de dónde vino esa ave, o mejor dicho, quién fue el que la trajo hasta aquí tan amablemente –Red observaba los alrededores en busca de una pista, pero nada.
—Porque dudo que haya sido el de Blue. No sería tan irresponsable como para liberarlo y dejarle hacer lo que quisiera –decía Green.
—No deberíamos dejar que sus amigas anden solas por este bosque, es peligroso y ustedes saben por qué –miró de reojo a aquellos compañeros suyos y ellos entendieron rápidamente la orden silenciosa del entrenador-. Busquémoslas antes de que algo peor que un ave legendaria fuera de control ocurra.
¿Cuántas veces habían pasado por esas mismas rocas llenas de musgo?¿En qué momento fue en el que se perdieron y empezaron a sentirse un poco sugestionadas por aquel ambiente que aunque silencioso, ocasionalmente permitía escuchar ruidos?
—Nos hemos vuelto a perder y eso que seguimos las indicaciones según este mapa –comentaba Yellow, viéndosele un poco desanimada y deseosa de poder descansar un poco.
—Pero sí íbamos bien, no entiendo por qué nos hemos perdido –dijo Misty, quien estaba más que segura de haber ido por el camino correcto.
—No lo sé, pero ya hemos pasado por aquí posiblemente como unas cinco veces –estipulaba Blue pensando una manera de solucionar el problema.
—Umm…¿Escucharon eso? –cuestionó la rubia con un poco de miedo.
—Probablemente sólo fue un pequeño Rattata o un Caterpie –indicaba Blue sin mucha importancia mientras miraba su brújula y observaba una vez más el mapa.
—No creo que eso sea un pequeño pokémon –inquiría Misty; había empezado a retroceder al contemplar esos ojos azulados que le miraban atentamente, mientras literalmente emergía desde la tierra mostrando su cuerpo negro como la noche donde esas secciones blancas y carmesí eran su mayor llamativo, pero no los causantes de su enigmática presencia-. ¿Pero qué…es eso?
—Nunca antes había visto un pokémon como ése –Yellow encaraba del mejor modo posible a ese ser.
—…Es un Darkrai…-informaba Blue con una sonrisa en su boca y una pokeball en su mano derecha-. No sé qué es lo que está pasando aquí, pero una oportunidad como ésta no voy a dejarla pasar –decía animadamente mandando a su formidable abra-. ¡Vamos a atraparlo!
¿En qué instante se supone que pudiera hacer algo contra aquella siniestra criatura cuando ésta literalmente había vuelto a hundirse en la tierra y desaparecer del mismo modo en que emergió?
—Se escapó así como si nada –estipulaba Misty-. ¿Realmente pensabas que ibas a atraparlo así como así?
—Creía que no sería tan rápido y escurridizo. Sinceramente dudo que vuelva a aparecerse por aquí –habló Blue un tanto desilusionada-. Teniéndolo pude haberlo intercambiado por otro pokémon igual de raro.
El cierre de aquella tienda azul de acampar permanecía abierta, permitiendo contemplar en su interior a una chica que permanecía completamente dormida y que pese a todo el ruido que había estado suscitándose allá afuera, no se había despertado ni por asomo.
Pero pronto tendría que abrir sus ojos ya que su juguetón Umbreon yacía lamiéndole la cara, como si le insistiera para que se levantara y viera lo que estaba ocurriendo. Con cierta pesadez salió de su tienda de dormir, dándose cuenta de que estaba prácticamente sola a la vez que restregaba sus ojos y trataba de espantar su sueño.
—¿Qué sucede?¿Por qué me has despertado? –preguntaba entre bostezos empezando a notar una mirada que se había colocado sobre ella-. ¿Umm?
Se había puesto de pie admirando en detalle a aquella criatura que no sólo era capaz de infundir un sentimiento de intimidación y elegancia, sino también poseía una anatomía peculiar cuando se posaba sobre aquellas dos largas y delgadas piernas casi fantasmales.
—Darkrai…-susurró, observando cómo aquel ser le extendía aquel sobre blanco-. Gracias –fue su única palabra antes de despedir con la mirada a aquel siniestro pokémon.
Las voces aproximándose le sacaron vertiginosamente de sus pensamientos, al mismo tiempo que la incitaron a meterse una vez más dentro de su tienda de campaña. Desde el interior contempló como tres rostros más se habían adherido al grupo.
La fogata ardía bravamente mientras aquel estofado estaba calentándose para saciar el apetito de las recién llegadas, quienes no parecían sentirse más asustadas por el ambiente que las rodeaba, sino todo lo contrario.
—Sólo a ustedes se les ocurre venir hasta acá y perderse en el bosque a media noche –espetaba Red en tono de regaño.
—Ya que ninguno de ustedes nos dijo nada…Y cuando hablé con Shade tampoco me comunicó nada; hasta me dejó hablando sola –mencionaba Misty con enfado al tiempo que veía a aquella chica quien no parecía ni ponerle atención a ella ni a nada.
—Mi teléfono salió volando por la velocidad a la que íbamos, no fue mi intención el dejarte hablando sola –dijo en tono normal echándose las cobijas encima, al tiempo que ese Umbreon se metía con ella, acurrucándose a su lado.
—Eso es cierto. Salió disparado –Allen se burlaba de las desgracias de su amiga.
—Pero si iban a venir a buscar a Red y Green, debieron de haberlo hecho de día, de noche es un poco arriesgado –indicaba Dylan empezándoles a servir de cenar.
—Y con los incidentes que se presentaron aquí, con mayor razón uno se preocuparía por lo que pudiera ocurrirles –expuso Green seriamente.
—Lo sentimos mucho, no era nuestra intención preocuparlos a todos –se disculpaba Yellow.
—Ya no tiene caso estarse lamentando, ya están aquí y no hay más que hacer –dijo Max.
—Aunque mañana por la mañana se irán de aquí –sentenció Red.
—¿Pero por qué? –objetó Blue.
—Venimos a entrenar, no a un viaje turístico ni a pasarla bien. No tenemos tiempo para estar vigilando a un grupo de chicas atolondradas que se meten al bosque y se pierden de inmediato –mencionaba malhumorado Red.
—La parte del entrenamiento, es cierta –explicaba Green tratando de suavizar las cosas-. Son ellos con los que estamos entrenando y no nos queda absolutamente nada de tiempo libre.
—Sin olvidar que terminarán molidos –exponía Dylan con una amplia sonrisa-. Ya que dentro de unas horas les toca nuevamente entrenar, así que mejor descansen o no van a dar el ancho.
—Pero pueden quedarse, aunque necesitarán una tienda de acampar y algo en que entretenerse, porque si no van a aburrirse mucho –comentó Allen mirándoles atentamente.
—Podríamos pasar la noche con Shade –apuntó Misty amistosamente.
—Eso si ellos quieren darles espacio –señalaba Max a aquel Raichu, Umbreon y Vaporeon que permanecían dentro de la tienda de Shade, robando espacio.
—No hay problema –informaba Shade tras abandonar aquella tienda de acampar al tiempo que se recogía el cabello y sus dos pokémon se sacudían.
—¿Vas a algún lado? –cuestionó el rubio con sumo interés.
—Ellas pueden pasar la noche aquí. Deben de estar cansadas por todo el trabajo que hicieron hasta llegar acá. Yo iré a dormir al centro pokémon que está en el pueblo y ya mañana vendré acá –regresó a sus dos compañeros a sus pokeballs y llamó de un chiflido a su Latios; quien simplemente se posó a un lado de ella para que subiera cómodamente.
—En todo caso, nosotros dormiremos afuera, tú duerme en nuestra tienda, Shade –añadía Allen para hacerla desistir de su idea.
—No te preocupes, estaré bien –dijo como último antes de irse de allí.
—Y allá va…-suspiró el peli vino.
—Oye Max…-expresó Dylan mientras miraba de reojo al chico.
—Terminemos de cenar y descansemos un poco, ha sido una noche loca –finalizó Max.
Mientras alguien intentaba quitarle de encima aquella cobija, cierta personita se negaba a que lo hicieran; era un extraño forcejeo entre quien permanecía entre dormida y despierta y quien le había importado muy poco que fuera tan temprano y que aún deseara continuar durmiendo.
—Ya párate de una buena vez, Shade –exigía el pelinegro quien continuaba moviéndola sin importarle mucho que ella no quisiera levantarse.
—Umm…Déjame dormir unos minutos más…-ella solamente se acurrucaba de mejor manera.
—Esto tiene que ser una broma –a Red no le daban muchos ánimos tener que hacer lo único que le quedaba.
Fuera de aquel centro pokémon le esperaba ese compañero de entrenamiento mientras no hizo ni la más mínima pregunta al contemplar que venía cargando en su espalda a esa chica que continuaba completamente dormida.
—Se ve delgada, pero pesa demasiado –se quejaba Red.
—Debiste de haber traído a Charizard –comentaba Green, burlándose.
—Ninguno de los dos trae pokémon ahora…No sé a qué viene ese comentario.
—Quién pensaría que la mitad del entrenamiento de este día sería exclusivo para nuestros pokémon, dejándonos a nosotros fuera.
—De igual manera no nos salvaremos del entrenamiento a la espartana de Dylan –dijo Red por lo bajo.
—Momento de volver –sugería el castaño al percatarse de que aquellas tres chicas se encontraban a unos metros de distancia.
—Ah sí, olvidaba que también tengo entrenamiento para mejorar mi paciencia.
—Sabes que al menos dos de ellas vinieron a buscarte personalmente, Red –expuso Green con normalidad.
—Yo no hice nada –se defendió de inmediato.
—Pues claro que no…La verdad es que a esas chicas deben de gustarles amargados…
—Quizás sólo se fueron por su rostro –habló Shade, quien había entreabierto los ojos y se unía a la conversación-. Eso de que la gente solamente se fija en el físico podría ser cierto, al menos con Red es un cincuenta por ciento posible.
—Si ya estás lo suficientemente despierta como para empezar a apoyar a Green en sus tonterías, ya eres capaz de caminar por ti misma –encaró el peli negro.
—Sé un caballero y llévame hasta el campamento –propinó un bostezo y se acomodó plácidamente para continuar durmiendo.
—Es increíble…-bufó Red enfadado mientras se contenía de dejarla caer.
—Oye Red…
—¿Qué es lo que sucede ahora? –cuestionó sin mucha paciencia.
—¿Y si mejor llevo yo a Shade? Prefiero ahorrar las malas caras a tempranas horas de la mañana.
—De igual modo cuando lleguemos al campamento no las veremos hasta llegada la noche y para ese momento sólo querré cenar y dormir.
—Tú sí que careces de tacto –pensó Green tras suspirar.
Aquel sendero subterráneo conducía hacia una zona sumida cientos de metros más abajo que aquel túnel que conectaba a la superficie con el subsuelo. Pero en esa área tapizada de gruesas láminas de metal y con todo acondicionado para que el preciado oxígeno no faltara yacía un centro de investigación tan único como grande.
En medio de aquel mundo de grandes y rápidas computadoras permanecía lo que a simple vista parecía ser una especie de transportador, el mismo que se empleaba para enviar las pokeballs de un área a otra; únicamente que éste era a gran escala y posiblemente con un fin totalmente diferente.
En la sala este podía apreciarse un gran estanque con agua cristalina donde por instantes se contemplaba una rápida silueta movilizándose allí adentro para después desaparecer y perderse dentro del profundo tanque.
Ojos tonalidad esmeralda, rasgados y llenos de astucia al mismo que tiempo que guardaban cierta malicia, se centraron indiscutiblemente sobre ese raro equipo de transporte mientras se detenía a la mitad de la escalera que permitía llegar hasta esa zona.
Camiseta negra bajo una chamarra beige con la sección de los hombros de tonalidad azul verdosa y la marca amarillenta de un par de truenos posados desde el hombro hasta donde iniciaban los brazos, era lo que se apreciaba en primera instancia de aquel chico que trataba de hacer el menor ruido posible con ese par de botas negras militares que resaltaban gracias a su pantalón blanco.
Su cabello de tono bermellón era lacio y lo suficientemente largo como para que pudiera ser atrapado en esa pequeña liga negra a la vez que un par de cortos mechones conformaban su fleco fraccionado en dos secciones.
—Sí que has estado trabajando duro en estos días. Estoy realmente sorprendido, Blake –felicitaba el pelirrojo mirando de soslayo a aquel chico que solamente se había colocado una bata sobre sus ropas ordinarias.
—No pensé que fueras a venir hasta acá. Me tomaste desprevenido.
—¿Tomarte desprevenido, a ti? Por favor, si eres el genio que ha hecho realidad lo que hasta hace años sólo era un sueño.
—También hiciste un gran aporte, recuérdalo. Gracias a ti todo comenzó.
—El pasado siempre talándonos la cabeza, ¿verdad? Aunque esos ejemplares eran excepcionales, lo sabes.
—Así como no existen dos pokémon iguales, pese a pertenecer al mismo tipo y mismo nivel, tampoco lo hay para ese tipo de cosas. Comprende que la naturaleza es quisquillosa y no todos crecen con las mismas vivencias.
—Un evento desafortunado, y que nos tomó por sorpresas a todos.
—Vamos, los dos sabemos que lo permitiste. Si realmente hubieras querido evitarlo, las cosas continuarían como hace un par de meses atrás. Y los dos sabemos la razón de por qué lo dejaste hacer lo que quería –decía Blake, cruzándose de brazos.
—Siempre tan listo. Por eso te he puesto a cargo aquí y te he permitido experimentar libremente. Pero los resultados son magníficos. Yo mismo comprobé el poder de uno de ellos.
—Así que lo dejaste libre haciendo su santa voluntad.
—Sólo lo dejé volar y que se divirtiera. Que le diera más alegría y musicalidad a la noche, ¿hay algo malo en ello? No lo creo. Además pasó la prueba exitosamente –exponía con una sonrisa y una alegría descomunal.
—¿Dejaste escapar un espécimen perfecto simplemente para comprobarlo? Eso suena tanto a ti, Brooklyn.
—No te preocupes por esas cosas Blake, al final lo recuperaremos todo…incluyéndolos.
