Disclaimer: Los personajes y todo lo que sea referente a los libros de C.S Lewis no son mios, ok?
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¡Capítulo 25 al fin!
¿Me creerán que me tomó dos días escribirlo pero dos meses en empezarlo? xD
Ahm una disculpa... no los entretengo más, disfruten del capítulo :)
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25- En marcha
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Fue realmente duro para Peter enfrentarse a sus hermanas después de haber regresado completamente derrotado, sin Edmund. Creyó que no soportarían un dolor como ese otra vez, sin embargo a pesar que sus rostros estaban cubiertos de lágrimas ellas lo abrazaron mostrándole su apoyo, no importaban las circunstancias, encontrarían un modo de salvarlo. Y eso es justo lo que estaba haciendo. De inmediato reunió a todo el consejo y les explicó el plan que había estado discutiendo con Albriech durante su regreso, mientras él hablaba Albriech estaba reuniendo a un grupo de rescate compuesto por grifos y otros soldados más, esa sería la única manera de reponer el tiempo perdido, recuperar la ventaja que ahora les llevaban y tratar de rescatar a Edmund antes que cruzara las puertas del castillo de la Bruja Blanca. Si aquello fracasaba, no tendrían más opción que atacar con toda la fuerza que tenían, para eso había reunido al consejo. Aun cuando funcionara el rescate ya no había más tiempo que esperar, pero ahora que había llegado el momento todos dudaban, y no podía reprochárselos, él también tenía miedo, miedo a equivocarse, miedo a perder a su familia, ya no habría vuelta atrás después de eso, tenía que confiar en que era lo correcto. Miró a todo el consejo y pensando en el león se armó de valor y se dirigió a ellos.
- Sabíamos que este día llegaría, nos hemos preparado para esto -dijo con firmeza.
- Pero sin Aslan… -habló uno temeroso.
- La última vez que fuimos sin él…
- Todos sabemos cómo terminó aquello -concordó otro.
- Recuerdo muy bien nuestra derrota, créanme, viviré con arrepentimiento toda mi vida por ello -inspiró profundamente y continuó- Pero esta batalla es diferente. Nosotros fuimos sin la bendición de Aslan, él nos advirtió pero no quisimos escuchar. Ahora él ha hablado, tal vez no de la forma en que todos esperábamos, pero ha sido claro, él vendrá y cando llegue, la Bruja Blanca caerá. Debemos librar la batalla ahora, confiando en que él aparecerá en el momento adecuado-No era su mejor argumento pero era todo lo que tenía, estaba agotado, las cosas habían ido de mal en peor, quería estar afuera buscando a su hermano pero sabía que su lugar en ese momento era ahí, lo necesitaban para mantener la esperanza, para inspirarles valor aun cuando las cosas salieran mal. A pesar de mucha indecisión al final todos estuvieron de acuerdo en que era el momento y de inmediato salieron a cumplir cada uno con su deber y preparar todo para mañana mismo partir a la batalla.
Peter se dejó caer en su silla agotado, en su cabeza sólo rondaba una sola cosa, Edmund. ¿Estaría herido? ¿El grupo de recate los habría alcanzado ya? Seguramente no, era demasiado pronto para eso. La angustia en su pecho crecía con cada minuto que pasaba, temía no volver a verlo otra vez, no podían arrebatárselo nuevamente de esa manera, no podría soportarlo. Sus pensamientos fueron interrumpidos al escuchar un llamado afuera de la tienda solicitando permiso para entrar, al concederlo se sorprendió de ver a Nar vendado en varias partes y cargado con una bandeja con algo de comida y un vaso de agua.
- ¿No deberías estar en la enfermería? -cuestionó Peter levantándose y ayudándolo a sostener la bandeja.
- Lo sé, majestad -dijo el gorila con una mirada de disculpa- pero pensé… después de lo sucedido, seguramente no ha descansado ni un momento, me sentía inútil estando sin hacer nada y le traje algo de comer, seguramente no habrá probado bocado desde que regresamos.
Peter le miró agradecido, seguramente el pobre gorila se sentía culpable por no haber podido evitar que se llevaran a Edmund, pero no le culpaba de nada, algunas cosas simplemente eran imposibles de predecir y de evitar.
- Gracias, Nar. Pero ahora debes regresar a la enfermería y descansar. No serás de más ayuda si no te recuperas adecuadamente.
- Lo sé, majestad -aceptó el gorila- Pero prometa que usted también descansará y comerá algo.
- Lo haré, Nar -le aseguró Peter mirando la bandeja con comida que sostenía, en realidad se estaba muriendo de hambre, pero hasta ahora lo había dejado en segundo plano, si Susan no tuviera la cabeza en otro lado como todos, seguramente ya le habría regañado.
El gorila estaba a punto de retirarse cuando una pequeña mancha café entró como un rayo en la tienda gritando ¡Peter! y saltó justo sobre la bandeja de comida y luego directo a su hombro, pero con el impacto Peter dejó caer la bandeja que se estrelló con gran estrépito en el suelo.
- ¡Percy! -gritó Peter sorprendido.
- ¡Mira lo que has hecho, rata! -gritó Nar enfadado mirando el desastre en el suelo.
- Esta bien, Nar -habló Peter algo extrañado de la reacción del gorila- fue mi culpa, yo dejé caer la bandeja-miró a Percy quien lo miraba con desesperación contenida y culpa por el estropicio- Puedes retirarte, Nar, yo me encargaré de recogerlo.
El gorila dudó un momento, pero después de unos segundos con una mirada extraña inclinó la cabeza y se retiró. Una vez que se hubo ido Percy saltó de inmediato con un millón de preguntas, todas sobre Edmund, seguramente el rumor ya había corrido por todo el campamento.
- ¡¿Lo salvarás, verdad?! ¡¿Puedo ir en la búsqueda también?! ¡Prometo que no seré un estorbo!
- Percy, respira -le dijo Peter sosteniéndolo en sus manos, la ardilla hizo un esfuerzo sobrehumano para contenerse de seguir hablando y miró a Peter con los ojos llorosos- Te prometo que no descansaré hasta que Edmund esté de vuelta.
- ¿Estará bien, verdad? -preguntó con la voz temblorosa.
- Lo estará, Percy. Lo prometo.
Así si tenía que entrar él mismo al castillo de la bruja derribando puertas y enfrentarse a Jadis en persona lo haría si con eso salvara la vida de su hermano.
A pesar de lo cansado que estaba, Peter no consiguió dormir mucho esa noche y cuando lo conseguía las pesadillas lo asolaban así que se rindió de intentar dormir, se levantó de la cama procurando no hacer ruido, Percy dormía sobre la cama de Edmund, el pobre estaba tan preocupado, se merecía un buen descanso por lo menos. Salió de la tienda y se asomó por un momento en la tienda de sus hermanas, ninguna de las dos estaba ahí, se preguntó dónde se habrían metido, aunque seguramente al igual que él buscaban algo con lo que distraer su mente.
Había más gente despierta de lo regular a esa hora, soldados corrían de un lado a otro, dando órdenes, reuniendo provisiones, cargando armas, y desmontando tiendas. Todos se preparaban para partir a la batalla, sintió un frio en su estómago, pronto él también tendría que partir y dejar el refugio atrás, por otra parte tendría que convencer a sus hermanas que permanecieran seguras en el refugio junto con todas las demás mujeres y niños, cosa que sin duda discutirían con uñas y dientes.
Decidió ayudar en lo que pudiera, cualquier cosa que lo ayudara a despejar su mente, mientras lo hacía supo que Susan y Lucy también estaban ayudado cada quien por su lado, Susan distribuía los alimentos suficientes para alimentar a todo el ejército mientras que Lucy se encargaba de reunir todo lo necesario para montar otra enfermería en el nuevo campamento. La mañana pasó deprisa, dando paso a la tarde, unos cuantos detalles más y todo estaría listo para partir, para ese momento Peter estaba reunido con sus hermanas cerca de una de las rutas de escape del refugio por la cual partirían, los tres ya no podían ocultar más su angustia, no había habido noticias de Edmund ni del grupo de rescate y comenzaban a pensar lo peor, Percy se había reunido con ellos y saltaba de un lado a otro desesperado.
- ¿Cuánto más tardarán? ¿Y si algo salió mal? ¿Qué pasa si…?
- Percy -lo detuvo Peter, miró de reojo a sus hermanas quienes se mostraban al borde de las lágrimas- Sé cómo te sientes, nosotros también, pero debemos confiar… -Antes que pudiera terminar la frase vio a Dieter acercarse a ellos deprisa.
- Señor, el grupo de rescate ha regresado… -Por un momento Peter se sintió emocionado, pero al ver la expresión en el rostro del fauno su mundo se vino abajo- Lo lamento, no pudieron alcanzarlos.
En ese instante sus hermanas soltaron en llanto, él se mantuvo de pie guardando la compostura, aunque por dentro deseaba llorar tanto como sus hermanas. Respiró profundamente y cerró los ojos para controlar sus emociones. Por más que odiara admitirlo, ahora Edmund estaba completamente fuera de su alcance tras los muros del castillo de la Bruja Blanca, la única manera de salvarlo ahora sería golpear con toda la fuerza de su ejército y rescatarlo con la ayuda de Aslan. Tenía que confiar en que así sería, si él mismo perdía la esperanza no podía esperar que los demás la mantuvieran, Aslan aparecería, Edmund confiaba en que así sería y él también.
Abrió los ojos y agradeció a Dieter por su informe y le dejó retirarse, se giró a Percy y sus hermanas, con decisión.
- Es hora de partir -dijo finalmente- Ustedes tres, se quedarán aquí a salvo en el refugio.
- Pero… -estuvieron a punto de replicar, sin embargo Peter continuó.
- Es demasiado peligroso ahora, deben quedarse y mantener el ánimo bajo control.
- Peter… -intentó discutir Susan.
- Susan, tú y Lucy deben hacerse cargo -les pidió- Les prometo que no regresaré hasta traer a Edmund de vuelta, mientras tanto necesito saber que ustedes dos están a salvo ¿Pueden hacer eso por mí?
Susan vio la mirada de desesperación en su hermano y tuvo que resistir con todas sus fuerzas de contradecirlo, todos estaban tan destrozados, no podían agregarle más peso a los hombros de Peter, se acercó y lo abrazó con fuerza.
- Los estaremos esperando -susurró en su oído, Peter le devolvió el abrazo con la misma intensidad.
- Gracias, Susan.
Lucy también se acercó y los abrazó a ambos aún con lágrimas corriendo sin parar por sus mejillas.
- No cometas ninguna locura -le advirtió.
- No lo haré, Lucy, lo prometo -le aseguró.
Una hora después los soldados comenzaron a marchar por uno de los túneles con Peter a la cabeza y Albriech a su lado, Lorcan y Ahren se encontraban cerca, el grifo se veía abatido pues él había sido parte del grupo de rescate y había fracasado, sin embargo eso no lo detuvo de unirse al ejército y luchar para ayudar a su amigo de cualquier forma que pudiese, Siro a quien Edmund había estado entrenando por poco tiempo, también se miraba decidido y listo para dar todo de sí en la batalla. A cada paso que daban sentía más y más que esto era lo correcto, a pesar de todo, debía seguir avanzando, debía mantener la cabeza fría, por su pueblo y por su familia. Sólo deseaba que Edmund resistiera lo suficiente para poder salvarlo, no quería imaginarse por lo que la Bruja Blanca le haría pasar, él ya había sufrido lo suficiente, no merecía más de todo aquello. Aslan…cuida de él.
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El descanso no había durado más de media hora, y enseguida el ogro lo cargó de nuevo en su hombro y continuaron avanzando, ya no dieron más rodeos intentando despistar a cualquiera que los siguiera, se dirigieron directo hacia su destino, el castillo de la Bruja Blanca. El trayecto se le hizo eterno, pero cuando se encontraron a la mañana siguiente frente a las puertas del enorme castillo de hielo, deseó que hubiera sido más largo.
Con toda la fuerza de voluntad que le quedaba, luchó por liberarse, alejarse lo más que pudiera de ese lugar, pero fue inútil, el ogro lo arrastró por todo el jardín, y con consternación observó que el número de estatuas era mucho mayor que la vez que él estuvo en ese castillo, el lugar estaba lleno de criaturas partidarias de la bruja y le miraban o gruñían con desagrado, pero ninguno dijo nada y continuaron su camino, subieron por las escaleras y entraron al castillo, el poder de la bruja aún se mantenía en ese lugar y el frío era más insoportable de lo que recordaba ¿Qué pretendía la bruja? ¿Por qué lo quería con vida? No quería imaginarse la respuesta, al final entraron en el gran salón en donde se alzaba el enorme trono de hielo y en su lugar se sentaba Jadis, la Bruja Blanca.
Su mirada era serena y complacida al ver a su presa tal como había solicitado. El ogro lo empujó obligándolo a arrodillarse, la bruja se levantó de su trono y caminó hasta estar a unos centímetros de distancia. Edmund intentó con todas sus fuerzas no mostrar ningún signo de debilidad y le sostuvo la mirada, sin embargo estaba seguro que si sus manos estuvieran desatadas no habría podido sostener su espada adecuadamente. La bruja sonrió con maldad como si pudiera ver a través de su postura firme y descubriera el miedo que lo inundaba.
- Bienvenido a casa, Edmund.
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nos vemos en el próximo capítulo :)
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