CAPITULO 24. DE COMPRAS
El matrimonio Malfoy terminó de desayunar, Hermione fue por su bolso y después ambos se dirigieron a "El Caldero Chorreante" para llegar al Callejón Diagon, hacía mucho tiempo que no iban por ahí, la ultima vez Draco había ido por el vestido de novia de Hermione, y ella había ido con Ginny antes del baile por el aniversario de la batalla, a comprar sus vestidos.
Primero fueron a Gringotts, el rubio había decidido que el bebé necesitaba muchas cosas, y estaba dispuesto a comprar todo lo que le gustara a él y Hermione, por orgullo y tal vez por afecto quería comprar lo mejor. Al llegar al banco fueron hacía donde estaba uno de los duendes para que los atendiera, posteriormente los tres se dirigieron a la cámara de la familia Malfoy, la número 910. El duende abrió la cámara, debido a que en la Mansión Malfoy había una bóveda, la cámara de Gringotts solo guardaba millones de galeones acomodados perfectamente. El rubio entró acompañado de Hermione, sacó del bolsillo de su pantalón una especie de saco de terciopelo negro, tomó una cantidad considerable de monedas y las depositó en el saco.
Después de eso salieron del banco e hicieron su primera parada en la Heladería Florean Fortescue, el rubio suponía que Hermione podría tener antojo de uno de los exquisitos helados de crema y caramelo que preparaba el dueño.
- ¿Qué hacemos aquí? - preguntó la castaña confundida.
- Pues dudo que aquí vendan algo para el bebé - sonrió Draco - pero los helados son deliciosos… supuse que tal vez querrías uno.
- Mmm… está bien - sonrió también ella - De repente se me ha antojado un helado de tarta de queso - se le hizo agua a la boca.
- ¡Jaja! Muy bien… si quieres toma asiento mientras los compró - sugirió.
- Ok - aceptó Herm.
- Vamos - el rubio la tomó de la mano, la acompañó hacía una de las mesas para dos personas, Draco jaló hacía atrás una de las sillas y la castaña se sentó - No tardo - la dejó y se fue a comprar los helados.
Minutos después el rubio apareció con dos generosas copas de helado y se sentó frente a Hermione.
- Aquí tienes - le dio a la castaña su helado de tarta de queso.
- Gracias - la castaña no pudo evitar sonreírle, su marido era todo un caballero.
- De nada Jane - Draco también le sonrió. Después ambos comenzaron a comer su helado…
- ¿De qué es tu helado Draco? - Herm miraba la copa del rubio.
- De pay de limón - dijo justo antes de meterse una cucharada a la boca.
- ¿Puedo probarlo? - la castaña estaba apenada, pero el helado le había llamado mucho la atención.
- Claro - él comenzó a reír, siempre le causaba mucha gracia eso de los antojos de Herm - con una condición - le dijo, ahora en tono mas serio.
- ¿Cuál? - dijo ella extrañada.
- Que me dejes probar el tuyo también - contestó él.
- Está bien- sonrió Herm y el rubio intercambió las copas.
- ¡Listo! - anunció Draco y ambos comenzaron a comer…
Después de la visita a la heladería, los Malfoy se dirigieron a las tiendas de ropa y accesorios, entre ellas Twilfitt y Tatting. Ahí encontraron gran variedad de ropita para bebé, más de lo que imaginaban. La castaña estaba muy emocionada escogiendo ropa de aquí y allá. El la miraba e inevitablemente una sonrisa se dibujaba en su rostro; de vez en cuando él tomaba una de las prendas y la examinaba como si fuera algo raro.
- Mira este… ¡está divino! - Herm tomó un pequeño vestidito rosado y se lo mostró a Draco.
- Pues… si - aceptó - pero aun no sabes el sexo del bebé, no creo que debas comprarlo - le dijo.
- Tienes razón… pero es precioso - decepcionada dejó el vestido donde lo había tomado - Me gustaría que fuera una niña - murmuró, pero el rubio pudo escucharla perfectamente.
- En su momento lo sabrás. Si es una niña podrás comprarle ese vestido y muchos más.
- Lo se - admitió la castaña - ¿A ti no te agrada nada?
- Pues… no se mucho de esto - aceptó el rubio - mejor escoge tú…
Más tarde salieron de la tienda con sus compras y visitaron otras más donde encontraron otras cosas: ropa, accesorios y muebles para bebés.
Draco llevaba cargando al menos cinco o seis bolsas grandes con las compras de Herm, además la castaña llevaba un par de bolsas pequeñas y había escogido un cambiador muy bonito que les sería enviado a su casa…
- Oye Draco… ¿podemos pasar a otra tienda? - preguntó Hermione mientras caminaban, llevaban ya varias horas de compras.
- ¿A cuál? - preguntó algo desconcertado - No creo que haya otra tienda donde podamos encontrar artículos de bebé.
- Supongo que no. Pero… quiero pasar a Flourish y Blotts- le comentó la castaña.
- ¿La librería? Siendo como eres… me hubiera parecido extraño que no compraras libros - rió el rubio y con cara de resignación acompañó a su esposa.
Hermione tomó dos libros: uno relacionado con leyes mágicas y otro de la historia del ministerio, este último lo había querido comprar desde hace mucho. Cuando estaba a punto de ir a pagar los dos libros, miró una caja que contenía cinco diferentes libros, era una colección de Los cuentos de Beedle el Bardo que a la castaña le había llamado la atención. Decidió tomarla, deseaba que al crecer su hijo conociera esos legendarios cuentos.
Hermione se acercó a la caja y le entregó los libros a la cajera para que los cobrara, Draco había estado a su lado en todo momento, pero sin decir nada. La castaña se disponía a sacar la cartera de su bolsa para pagar y…
- Déjalo… yo te los obsequio - el rubio tomó la mano de Herm para impedir que pagara.
- Pero… Draco - la castaña estaba apenada.
- Pero nada Jane - sacó algunas monedas de su bolsillo y se las entregó a la cajera.
- No debiste hacerlo… pero muchas gracias - decía la castaña mientras salían de la librería.
- Ya te dije que no es nada - dijo el rubio con fastidio - es un regalo.
- Está bien - dijo resignada, sabía que nunca le ganaría a Draco.
Justo a lado de la librería se encontraba una sucursal de Honeydukes y de nuevo la castaña tuvo un antojo, mientras caminaba miraba los aparadores llenos de exquisitos dulces y se le hacía agua a la boca, tenía mucho tiempo que no los probaba, pero sabía que si le decía al rubio que pasaran el pagaría toda la cuenta y ya no quería aprovecharse de él. Draco pudo notarlo, nada se les escapaba y como se la pasaba mirando a la castaña, advertía que ella apetecía algunos dulces.
- ¿Quieres que entremos? - preguntó Draco.
- Mmm… este… no - dijo por fin.
- ¿Segura? - el rubio sonreía - ¿No se te antoja algún dulce?
- Está bien - se rindió Herm - pero entramos con una condición…
- Presiento que no me va a gustar… pero dime - comentó.
- Yo pago los dulces que escoja y… me dejas invitarte los que quieras - dijo seria.
- ¿Qué? - Draco comenzó a reír - ¿Por qué dejaría que tú pagaras Jane?
- Porque si no es así… prefiero no entrar - dijo molesta - no quiero aprovecharme…
- ¿Quién dice que te aprovechas? - preguntó el rubio.
- Yo lo digo… ¿aceptas o no? - comenzaba a desesperarse.
- Está bien. No te enojes - aceptó Draco y los dos entraron a la tienda.
Recorrieron la dulcería y compraron diversos dulces, cuando estaban en la caja el rubio estaba a punto de sacar unas monedas, se contuvo porque Herm carraspeó y lo fulminó con la mirada - ¿En qué quedamos? - murmuró. Draco solo sonrió, le parecía muy gracioso cuando Herm se molestaba de esa manera…
Al terminar de comprar los dulces los Malfoy decidieron irse a casa, eran ya alrededor de las 5 de la tarde, ambos estaban agotados por el día de compras, sobre todo Herm que ahora tenía los pies un poco hinchados. Al llegar a la Mansión los elfos tenían la comida lista, Draco y Hermione estaban hambrientos, así que se sentaron a comer enseguida.
A continuación Hermione se fue a su habitación, las bolsas de las compras estaban sobre la cama, Draco se las había dado a la mucama para que las subiera. La castaña entró a la habitación y lo primero que hizo fue sentarse en la cama y quitarse los zapatos para darse un masaje, en ese momento llegó el rubio.
- ¿Te duelen mucho? - Draco se acercó a Hermione.
- Pues… si… los tengo hinchados - contestó - Es por el peso… supongo que me tendré a acostumbrar - la castaña se masajeaba los pies con dificultad (n/a por su pancita).
- Pues si… déjame ayudarte - propuso el rubio al ver el conflicto que tenía Herm para hacerlo.
- Pero… yo… no te preocupes - dijo algo sorprendida - no es necesario que te molestes.
- No es molestia… espera - Draco se agachó y comenzó a masajear los pies de su esposa.
- Gracias… - Herm instintivamente besó la frente de Draco.
- De nada - el rubio se puso a la altura de Hermione y la besó tímidamente.
Al sentir que la castaña correspondía el beso, la siguió besando e hizo que se recostara cuidadosamente sobre la cama, la tomó cariñosamente con una mano del cuello y continuó besándola, ahora apasionadamente. Unos minutos después dejó de hacerlo y le dio un besó en la frente. Apenado se alejó, ayudó a Herm que estaba desconcertada a incorporarse y continuó masajeándole los pies sin decir nada.
- Accio remedio - dijo Draco tiempo después y un tónico para pies llegó hasta él.
- ¿Qué es? - preguntó Herm al ver el tónico.
- Un remedio… te ayudará a aliviar el dolor - le explicó, aplicó el tónico los pies de la castaña - ¿Por qué no tomas un siesta Jane? - le sugirió.
- No es mala idea - sonrió Herm.
- Hazlo… descansa y bajas hasta la hora de la cena.
- Está bien… creo que me hace falta - aceptó.
El rubio la ayudó a acomodarse en la cama, la castaña se durmió enseguida debido al cansancio. Draco espero unos minutos mientras la observaba dormir, después fue al armario por un frazada delgada y cubrió a Hermione con ella, por ultimo le dio un pequeño beso en la nariz y salió de la habitación…
