Los personajes de Bleach son propiedad de Tite Kubo.

Advertencias: Contiene OoC. AU.

La historia es una adaptación del Dorama Bad Couple.


Gracias por comentar: Abysschankuchiki, Nessie black 10 Frany H.Q, Guest, Amy Rivaille, Anahis, Phantom Claire, Stephanie Za, Jess991, Rukia Kuchiki, Erza10, FrikiHimechan,Guest(2),Yuko,Nikname.


BECAUSE OF YOU

Capítulo 25.- Un nuevo mundo sin ti.

Rukia salió del gran salón esforzándose por no desmoronarse ahí mismo.

El ver a Ichigo comprometerse fue un golpe muy duro para ella, no quería imaginarse lo que sentiría cuando se casara. Y también el escucharlo decir que quería intentar una relación con Riruka, la estaba destrozando.

Y lo sabía, y se odiaba por haber sido tan tonta para dejar que todo llegara hasta este punto. Por haber sido cobarde y dejarse manipular por el miedo.

Pero se dijo que era fuerte, que superaría esto.

Pero ella no era tan fuerte, así que Rukia no soportando más todo el dolor y sufrimiento que sentía, se desahogó en forma de llanto cuando llegó a la puerta principal, sumándose a su situación el empezar a sentir mareos, así que se detuvo de la pared con una mano.

Luego las piernas comenzaron a temblarle, el aire a faltarle y todo comenzó a oscurecerse.

Yoruichi vio aterrada como su amiga caía al piso, corrió hacia ella y se arrodilló a su lado, primero checó que estuviera respirando y luego que el golpe no tuviera consecuencias respecto a su estado.

Riruka, quien había salido detrás de ellas para pedir una explicación, miraba desde la puerta del salón lo ocurrido. Dio un paso para ir a auxiliarlas pero una fuerte mano la detuvo del antebrazo.

―¿A dónde vas Riruka? ―preguntó enérgico Yhwach.

―A ayudar a Rukia. ―contestó tímidamente la chica de cabello fucsia.

―Regresa con los invitados, yo me haré cargo. ―ordenó.

Riruka asintió y regresó al salón, pero se quedó preocupada al ver el desmayo de Rukia, pues eso junto a las náuseas que vio en ella en días pasados, sólo le daba en que pensar. Sin embargo el temor y respeto al abuelo era más grande que su curiosidad.

Cuando Yhwach llegó a la puerta principal, Yoruichi y Rukia ya estaban saliendo.

―Espero que te haya quedado claro que lo tuyo con Ichigo se terminó. ―dijo el abuelo de Ichigo alzando la voz.

Rukia se detuvo y dio media vuelta.

―No, aún no me rendiré. ―declaró Rukia. ―Tengo un motivo muy fuerte para seguir luchando por Ichigo. ―Lo había olvidado, pero gracias a Yhwach recordó que no podía darse por vencida tan fácilmente, ella tenía que luchar para que su hija pudiera tener un padre.

―Con eso sólo me demuestras que no me equivoqué al pensar que no eres digna de mi hijo. ―escupió con desprecio Yhwach, viéndola con arrogancia.

―Está muy equivocado. ―intervino Yoruichi, mirándolo con el mismo porte altivo, sin dejarse intimidar. ―cuando sepa la verdad se arrepentirá de lo que ha dicho.

―¿De qué verdad habla? ―preguntó él.

―De nada que le interese. ―interrumpió Rukia, no quería que Yoruichi cometiera una indiscreción, pues él menos que nadie podía enterarse de que estaba embarazada.

Rukia dio la media vuelta y seguida por Yoruichi abandonó la propiedad Kurosaki.

Estaba muy dolida y triste, pero ahora más que nunca estaba dispuesta a hacer que Ichigo volviera con ella.

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Cuatro días pasaron desde el compromiso de Ichigo, y Rukia estaba triste enrollada en las sábanas de su cama. Había ido a ver a Ichigo esa mañana y los dos días anteriores, pero siempre ponía una excusa para retirarse, dejándola prácticamente con la palabra en la boca.

Y aunque seguía con la firme decisión de no rendirse, ese día estaba muy cansada y le dolía la cabeza, por eso esa tarde no quería saber nada del mundo.

―Así que aquí estás. ―escuchó la voz de su hermano, quien entró al cuarto.

El ver la habitación a oscuras y a Rukia acostada a esas horas provocó que su preocupación aumentara, no quería que ella entrara en una especie de depresión que afectara su salud. Esperaba que con lo que le enseñara ella volviera a animarse.

Él abrió las cortinas permitiendo que entraran los rayos del sol, así que ella se escondió más entre las sábanas, tapándose hasta la cabeza. Luego Byakuya caminó hacia la cama. ―Yoruichi y yo estamos preocupados por ti. ―externó él mientras se sentaba en la cama, cerca de ella.

―Sólo estoy cansada y me duele un poco la cabeza. ―comentó ella. ―la bebé me agota mucho.

―Pensé que era por Ichigo.

Rukia se destapó la cara.

―Estoy molesta con él porque me evade, pero supongo que es porque le cuesta trabajo hablarme ahora que se ha comprometido. ―dijo ella.

―¿Y qué piensas hacer? ―preguntó él.

―Pues no sé, pero ya se me ocurrirá algo para reconquistarlo. ―comentó.

Byakuya se quedó pensativo y luego sacó del bolsillo de su sacó beige una bola de papel.

―Te traje un regalo. ―dijo él. ―pero ya no me dio tiempo de envolverlo, así que improvisé con lo que tenía a mano en la oficina.

Rukia se destapó mientras se sentaba en el colchón. Le era un poco raro que su hermano le envolviera el regalo en una hoja de papel, pues él era muy cuidadoso de los detalles.

Byakuya le entregó el obsequio y después salió de la habitación.

Rukia abrió curiosa la bola de papel.

―¿Un chocolate? ―se preguntó desilusionada, al ver que la bola de papel albergaba un pequeño chocolate relleno de cereza, en su envoltura plateada.

Dejó el papel extendido sobre la sábana y comenzó a abrir el chocolate. Después de todo era de su querido hermano y ahora se le había antojado. Mientras se comía el dulce su vista se posó en el papel, llamándole la atención el encabezado, pues en letras negras y mayúsculas decía "Excursión de la clase de Botánica".

Rukia cogió el papel y lo leyó con cuidado. Era un volante en el que anunciaba que la clase de botánica iría a una excursión a un parque ecológico, se sorprendió al ver que era la clase de Ichigo, y más al leer que sería al día siguiente.

―Gracias Nii-sama. ―susurró con una sonrisa.

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A la mañana siguiente Rukia veía escondida detrás de un árbol como Ichigo les daba indicaciones a sus alumnos, alrededor de veinticinco, para que subieran al autobús que estaba estacionado afuera del campus.

Mientras los alumnos subían, Ichigo caminó hasta la puerta de campus, desde donde Byakuya lo llamó.

Rukia aprovechó el momento para subir al autobús.

―¡Hola! ―saludó parándose en la parte delantera del transporte.

Los alumnos voltearon a verla extrañados, pues ninguno la reconoció como compañera suya.

―Soy una amiga del profesor Ichigo. ―sonrió.

Algunos cuchicheos y risas de los alumnos empezaron a oírse.

―Él me comentó que iba a ser un viaje con sus alumnos, pero aunque le pedí acompañarlo porque a mí también me gustan los árboles, no me dejó. ―les contó poniendo cara de tristeza y decepción. ―Pero que dicen ustedes ¿puedo acompañarlos a la excursión? ―preguntó sonriendo.

―¡Sí! ―respondieron a coro. Pues apreciaban a su maestro y sospechaban que ella era algo más que una amiga. Así que sería emociónate ver qué sucedería con ellos en el viaje.

―Como agradecimiento les invitaré la comida. ―les dijo Rukia con una sonrisa de satisfacción.

Los muchachos comenzaron a gritar y aplaudir por el ofrecimiento.

Ella se sentó en el segundo asiento detrás del conductor y se puso una gorra blanca, que sacó de su bolsa. Un par de minutos después Ichigo subió al autobús.

―¿Qué pasó aquí?¿por qué tan contentos? ―preguntó al verlos reír y porque los había escuchado hacer escándalo.

―No pasa nada profesor. ―dijo un alumno de cabello negro. ―Sólo estamos contentos por el viaje.

Ichigo sonrió y asintió.

El autobús se puso en marcha, y el profesor no se dio cuenta que llevaba un polizón a bordo.

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Dos horas después llegaron al parque ecológico, Rukia esperó que todos los alumnos bajaran para hacerlo ella. Iba vestida con un pesquero de mezclilla y una playera azul un poco holgada. Ya tenía tres meses de embarazo, y aunque apenas y se notaba no quería ser descuidada, también llevaba unos tenis blancos.

Ichigo comenzó a guiar a sus alumnos a través del sendero de tierra del parque, deteniéndose seguido para explicarles las propiedades de los árboles o plantas que se encontraban en el lugar.

Los alumnos de vez en cuando reían al ver que Rukia se escondía tras alguno de ellos cuando el profesor miraba hacia el punto en el que estaba ella.

A Ichigo le extrañaba un poco la conducta de sus alumnos pero pensó que era porque disfrutaban del viaje.

El grupo se detuvo frente a una sección dedicada a los crisantemos, en ella se podían observar gran variedad de esas flores.

―Los Chrysanthemum son un género de alrededor de 30 especies de fanerógamas perennes en la familia Asteraceae, nativa de Asia y nordeste de Europa. ―comentó Ichigo.

Rukia lo escuchó y volteó a ver las plantas, dándole la espalda al grupo, que seguían atentos a la explicación de su profesor.

―El cultivo de los crisantemos en China como plantas florales se remonta a antes del 1500 a. C. Una antigua ciudad china fue llamada Ju-Xian: "ciudad del crisantemo". ―explicó Ichigo, quien detuvo su explicación al ver a Rukia de espaldas. La reconoció enseguida, además de que en su clase no había mujeres de esa estatura. ―Estas flores fueron introducidas en Japón probablemente en el siglo VIII y el emperador de Japón la adoptó como la flor del sello imperial. ―retomó la explicación mientras se acercaba a Rukia, quien al estar entretenida viendo las plantas no lo sintió acercarse.

Ichigo llegó hasta ella ante las miradas divertidas de sus alumnos, y le colocó una mano en su hombro.

―Rukia. ―le dijo empujándola un poco, logrando asustarla. Ella volteó a verlo.

―Me asustaste, por poco el bebé…―Rukia se quedó callada pues comprendió su error a tiempo.

―¿Qué haces aquí? ―preguntó Ichigo intrigado y preocupado.

―Pues escuchando sobre el medio ambiente. ―comentó. ―No sabía que hay treinta especies de crisantemos. ―dijo con tranquilidad, algo que le faltaba a Ichigo.

Ichigo la agarró de los hombros y la alejó varios metros de sus alumnos. El tener a Rukia cerca siempre lo descontrolaba, y ahora que ya estaba comprometido no podía darse el lujo de que sus sentimientos salieran a flote.

―Este no es lugar para ti. ―le dijo Ichigo.

―Pero yo quiero aprender y conocer más sobre la naturaleza. ―comentó de forma inocente. ―¿Es malo que quiera interactuar con la naturaleza? ―les preguntó a los alumnos.

―¡No! ―respondieron los alumnos, que no se habían pedido de nada. Ichigo los miró sorprendido.

―Ya ves que no hay problema. ―le dijo Rukia.

Él la miró serio, pero enseguida se rió de forma alegre. Rukia era muy ocurrente y siempre lograba hacerlo feliz.

Rukia también sonrió complacida al notar que él ya no se reusaría a convivir con ella.

La excursión siguió por dos horas más, entre las explicaciones de Ichigo y los comentarios divertidos de los alumnos. Rukia se la pasó muy bien con ellos.

De regreso Rukia se sentó junto a Ichigo, ella lo miraba con insistencia y él miraba por la ventana apenado. Un alumno, sentado detrás de ellos, se alzó un poco para verlos.

Sonrió ante esa escena de su maestro apenado. Sabía que era tímido así que pensó en ayudarlo un poco.

―Profesor. ―llamó el muchacho atrayendo la atención del joven de cabello naranja. ―¿Podemos descansar un rato aquí?

Ichigo miró por la ventana y vio que parecía un lugar tranquilo.

―Está bien. ―respondió.

El muchacho sonrió e Ichigo le pidió al conductor detenerse. El autobús se orilló y todos los ocupantes del autobús bajaron.

Comenzaron a explorar saliendo del sendero principal, adentrándose a la vegetación. Como todavía estaban dentro del parque, se encontraron con una cascada artificial, pues los desniveles estaban hechos de piedra, y el agua corría hacia un pequeño lago en medio del parque.

Ichigo y Rukia se quitaron los zapatos y se subieron a un desnivel para atravesar hacia el otro lado.

Rukia iba detrás, y a medio camino se le ocurrió salpicar a Ichigo con el pie. Ichigo volteó y también la salpicó de agua.

Así que ellos comenzaron una guerra de agua.

Mientras tanto, otro de los alumnos le comenzó a hacer señas a sus compañeros para que se retiraran del lugar y dejar solos al profesor y su amiga.

―¡Adiós profesor! ―el grito de su alumno los interrumpió.

Al girar hacia un costado vieron que el carro se marchaba dejándolos solos.

―¡Diviértanse! ―gritó otro alumno de cabello castaño a través de la ventana.

Y mientras otros alumnos les decían adiós por el cristal, Rukia e Ichigo comenzaron a correr para tratar de alcanzar al carro, pero cuando ellos llegaron al sendero principal el autobús ya se había marchado.

―Se llevaron nuestros bolsos. ―murmuró Rukia afligida, con tenis en mano.

Ichigo, que estaba unos pasos delante de ella, giró para verla.

―¿Por qué me miras así? ―preguntó Rukia ante su mirada acusadora.

―¿Tu planeaste esto? ―preguntó Ichigo, aunque en realidad no lo dudaba.

―Claro que no. ―se defendió ella. ―Te digo la verdad. ―recalcó, pues Ichigo no dejaba de verla insistentemente.

―Pero es que tienes antecedentes. ―murmuró Ichigo, recordando las veces anteriores que lo había engañado.

Rukia lo miró entrecerrando los ojos.

―¿No será que tú lo planeaste? ―le preguntó. Ichigo se le quedó viendo serio. ―No. ―negó con la cabeza. ―tú no eres capaz de algo como esto. Pero entonces ¿qué haremos ahora?―preguntó preocupada.

―Por lo pronto salgamos del parque, quizá encontremos a alguien que nos lleve a Karakura. ―indicó Ichigo.

Rukia asintió y ambos se pusieron en marcha, después de colocarse sus zapatos.

Sin embargo, al llegar a la carretera y aunque Ichigo les hizo señas a varios choferes, ninguno les quiso hacer la parada, por lo que tuvieron que caminar por la orilla de la carretera.

―Ichigo, tengo hambre. ―se quejó Rukia, veinte minutos después. ―y también sed. ―añadió deteniéndose.

―¿Estás hambrienta? ―preguntó preocupado. Rukia asintió. Además de tener hambre y sed, se sentía cansada. ―¿Qué haremos? ―se preguntó él mirando a todas direcciones. ―Rukia sígueme. ―pidió de repente, y tomándola de la mano comenzó a caminar.

Ichigo había visto un huerto de peras, así que se dirigían hacia allí.

Con cuidado se saltaron el alambrado y caminaron hasta dos troncos de madera cortados, que sirvieron de asiento para ellos.

―No hay nadie, habrá que esperar a que alguien venga. ―comentó Ichigo, pues no quería agarrar las frutas sin permiso.

―Pero yo tengo mucha hambre. ―se quejó Rukia, agarrándose el estómago. Podía sentir como sus intestinos se revolvían y gruñían. ―Ichigo, por favor córtame unas peras. ―pidió Rukia.

―No puedo hacer eso, además a lo mejor y ni siquiera están maduras.

―Por favor, me muero de hambre. ―volvió a insistir Rukia en tono desesperado.

Ichigo la vio a los ojos y no pudo resistirse a cumplir su petición.

―Está bien. ―sonrió. ―te traeré algunas peras. Ella le sonrió y lo alentó a que se fuera de una vez.

Ichigo buscó por los arboles cercanos alguna pera madura, pero aún estaban verdes. No le quedó más remedio que cortar algunas así.

Regresó con Rukia y le entregó dos peras, él se quedó con otras dos.

Rukia la tomó con desesperación y se la llevó a la boca para morderla, ya no aguantaba más él hambre, sentía un gran ardor en el estómago y necesitaba calmarlo.

Pero al morderla su cara reveló un gesto de desagrado.

―Está verde. ―le reprochó a Ichigo en cuanto retiró la fruta de sus labios.

―Te dije que no estaban maduras. ―se defendió el chico de ojos avellana.

En eso el ruido de pasos acercándose los alertaron, Rukia inmediatamente se puso de pie y se escondió tras Ichigo.

―¡Ladrones! ―acusó un hombre de mediana edad de cabello negro, con un fuerte grito, mientras corría hacía ellos seguido por una mujer de cabello castaño.

―Tranquilo Ichigo, podemos pagarles. ―comentó Rukia detrás de él, al notarlo inquieto.

―No tenemos dinero, todo se fue en el autobús. ―le recordó el muchacho.

―Entonces corre. ―indicó ella, pero Ichigo la detuvo del brazo antes de que se diera a la fuga.

―Tranquila, confía en mí. ―le pidió Ichigo. ―arreglaré todo. ―expresó con seguridad.

Rukia se tranquilizó, pero volvió a esconderse detrás de él cuando el hombre y la mujer se pararon frente a ellos.

―¿Qué están haciendo? ―preguntó el hombre enojado. ―Se han robado mis peras. ―los acusó al ver las frutas en sus manos.

―Paguen todo lo que han comido. ―dijo la mujer colocándose junto a su esposo.

―Lo siento mucho. ―se disculpó Ichigo. ―nos hemos perdido y no traemos dinero. ―estaba muy avergonzado por su conducta, pero no podía dejar a Rukia con hambre. ―¿podía prestarnos dinero?, puede estar seguro que se lo pagaré después.

―Pero que sinvergüenza. ―exclamó la mujer. ―después de robarnos todavía quiere que le prestemos dinero.

―Paguen ahora mismo lo que se robaron o llamaré a la policía. ―advirtió el hombre.

Rukia e Ichigo se miraron con miedo.

―Por favor no lo haga. ―pidió Rukia. ―Es que estoy embarazada y no he comido en cuatro días. ―exclamó con pesadumbre.

Ichigo la volteó a ver perplejo, pues de nuevo lo sorprendía lo buena que era mintiendo.

La señora bajó su vista a su vientre y luego le dirigió una mirada de incredulidad.

―En verdad estoy embarazada. ―dijo Rukia. ―mire, toque mi barriga. ―le dijo y tomó la mano de la señora para colocarla en su vientre.

―Pero ¿Cómo te embarazaste si no tienen dinero? ―preguntó con rechazo la señora.

Rukia bajó la cabeza.

―Es que mi marido no pudo refrenar sus instintos pasionales. ―comentó avergonzada.

Tanto la mujer y su esposo miraron a Ichigo con irritación. Él no supo que hacer así que desvió la vista y se rascó la nuca.

―Bueno, aunque tu esposo sea un desobligado no puedo dejar que una mujer embarazada pase hambre. ―comentó la mujer en tono más amable.

Rukia alzó la cabeza para mirarla, regalándole una sonrisa.

El esposo accedió a las peticiones de su mujer, y ambos llevaron a Rukia e Ichigo a su casa. Ahí les ofrecieron de comer y los dejaron descansar por un rato.

―¡Qué delicioso! ―exclamó Rukia después de disfrutar de un pedazo de carne asada.

―Sí. ―dijo Ichigo agarrando de la ensalada de lechuga y tomate que les habían puesto en la mesa.

Rukia comía como desesperada, tratando de saciar su hambre voraz.

―Pero ¿cómo se te ocurrió decir que estabas embarazada? ―preguntó Ichigo, cuando terminó de comer. Rukia seguía comiendo.

―Nadie le negaría un poco de comida a una futura madre. ―respondió Rukia mientras tomaba del jugo de naranja que la señora le había hecho.

―¿Pero cómo hiciste para que creyera que en verdad estás embarazada? ―preguntó con curiosidad.

―Cuando le puse la mano sobre mi estómago mis intestinos se movieron por el hambre, así que ella creyó que se movía el bebé. ―comentó Rukia sonriendo. ― ("Lo siento Ichigo, pero aún no puedes saber que estoy embarazada"). ―pensó con arrepentimiento.

Ichigo sonrió ante la astucia de Rukia.

Cuando terminaron de comer, ellos se ofrecieron a ayudarlos con algunas tareas para compensar lo de las peras y la comida.

Así que Rukia y él fueron al corral de las gallinas para recoger los huevos, no contaron con que el gallo era bravo y que los saldría persiguiendo.

No pudieron recoger ningún huevo, pero los dueños de la casa se conformaron con el momento de diversión.

Más tarde el señor los llevó a una parada de autobús y les dio dinero para el pasaje.

Ya a bordo del transporte, se sentaron juntos, ella cerca de la ventana. Comenzaron a platicar sobre lo ocurrido ese día.

―¿Te hubiera gustado tener una hijo conmigo? ―preguntó de repente Rukia, acomodando su cabeza en el hombro de Ichigo.

Él pensó para responder, no porque no supiera la respuesta, sino porque dudaba que fuera correcto.

―Sí. ―respondió al fin, volteando a verla, para aclararle que aunque le gustaría eso ya no podría ser.

Pero Rukia ya estaba dormida. Él suspiró y volvió su vista al frente.

Quería saber porque Rukia no era consciente de lo que le provocaba el que se siguieran viendo. Para ella quizá podían tener una amistad, pero para él, que la seguía amando, que nunca había dejado de amarla, era doloroso. Él no la podía ver como amiga, porque cada vez que estaba con ella, era como un sueño; disfrutaba el tiempo a su lado, disfrutaba su aroma, le encantaba verla sonreír, amaba sus miradas. Y deseaba estar con ella, así, para siempre.

Deseaba cuidarla, abrazarla, y sobre todo besarla. Pero al final del día recordaba que ella no lo amaba, o al menos no lo amaba tanto como para intentar una vida con él.

Recordaba que quiso alejarse de ella para no hacerle daño, para hacerla feliz. Y ahora recordaba que estaba comprometido, que Riruka pronto sería su esposa y que no debía herirla al serle infiel.

Porque aunque al estar con Rukia no le era infiel con el cuerpo, le era infiel con el alma y corazón, y eso todavía era más grave.

Y Riruka era una buena chica que no se lo merecía.

.

.

Ichigo acompañó a Rukia hasta la puerta de su casa.

―Me divertí mucho hoy. ―comentó Rukia sonriendo. Él la miró serio. ―¿No te divertiste? ―preguntó preocupada por su semblante.

―Sí me divertí, pero no debería hacerlo contigo. ―dijo apenado. ―Rukia, ya no aparezcas más frente a mí. ―le pidió con aflicción. ―Ya te lo había dicho, ahora estoy con Riruka y al estar contigo siento que comento un crimen.

―Lo siento. ―respondió ella con tristeza. ―ya no volveré a molestarte. ―le declaró. ―Ichigo sintió dolor al ver su rostro triste, pero las cosas tenían que ser así.

Rukia caminó hacia su casa, se sentó en un sillón de la sala y comenzó a acariciar su vientre.

―Bebé, por más que me esfuerzo no consigo que tu padre regrese a mí. ―susurró tristemente. ―pero no te preocupes, que no me rendiré, por ti y tu felicidad seguiré luchando. ―Aunque no la conociera, Rukia amaba demasiado a su hija como para rendirse aún. ―pero sabes, si llegó a falla no te preocupes, porque aunque no tengas un papá, tendrás una mamá que te amará por los dos. ―sonrió mientras sus mejillas se humedecían por las lágrimas.

Después se levantó y se fue a dormir a su recámara. Esa noche volvió a dormir abrazando a su muñeca.

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Al día siguiente, por la tarde, Momo y Toushiro estaban paseando por un parque, disfrutando del clima y de la compañía del otro.

Su relación iba a pasos lentos, pero Toushiro le tenía mucha paciencia.

―No he hablado con él sobre el divorcio y lo nuestro. ―comentó Momo de repente, poniéndose seria y soltándolo. ―Soy una cobarde.

Toushiro estiró su mano para agarrar la de ella, y Momo volteó a verlo.

―No hay nada de que preocuparse. ―le dijo mientras apretaba su mano, dándole apoyo. ―Lo harás cuando sea el momento. ―le sonrió. ―Sólo recuerda que te apoyo en lo que sea que decidas hacer.

Momo le sonrió y asintió con la cabeza. Toushiro entonces la jaló hacia él y la besó delicadamente.

Ella lo empujó para separarse, lo miró sonrojada.

―Toushiro. ―reprochó. ―Alguien puede vernos.

―Ya te dije que eso no importa. ―respondió él. ―por mi todos pueden enterarse de que te amo. ―le declaró, volviendo a sonrojar a Momo.

Luego siguieron caminando.

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Mientras tanto Riruka llegó al cubículo de Ichigo.

Cuando ella entró él estaba frente a su computadora terminando un trabajo importante.

―Hola. ―saludó ella sentándose frente a él. ―vine para invitarte a comer.

―Lo siento. ―se disculpó el chico dejando lo que estaba haciendo y viéndola a la cara. ―Tengo mucho trabajo, ahorita tengo una reunión importante y más tarde tengo que terminar la investigación de los productos naturales para los maquillajes. ―le comentó. ―ayer no pude trabajar en ellos.

―Entonces tendré que regresar a Inuzuri. ―comento decepcionada.

―Pero antes de irte, ¿Por qué no me cocinas algo? ―le preguntó. ―pues ya no hay ningún lugar abierto para comprar comida en la noche.

―De acuerdo, iré a tu casa a prepararte algo y te lo traeré más tarde. ―comentó ella e Ichigo sonrió. ―¿Y cómo te fue ayer en la excursión? ―preguntó. ―te hablé por la tarde pero no contestaste el celular.

Ichigo se removió incómodo, no sabía cómo tomaría ella la verdad, pero prefería no mentirle.

―Ayer Rukia se apareció en el parque y el autobús nos dejó, así que tuvimos que caminar por un rato hasta que nos encontramos a una pareja que nos ayudó. ―soltó de golpe.

Riruka rió forzadamente y arrugó su vestido con sus manos.

―Vaya, Rukia si es perseverante. ―murmuró.

―Pero ya le dije que no podíamos vernos más. ―se apresuró a decir Ichigo.

―Bueno, siendo así no hay nada más de que hablar. ―comentó ella poniéndose de pie. ―te dejo para que termines tú trabajo y vayas a tiempo a tu cita.

A Ichigo le sorprendió la calma con la que Riruka había tomado las cosas, pero se sintió aliviado por ello.

Riruka se despidió y salió de la oficina de su prometido. Cuando llegó al estacionamiento, sacó su celular y le marcó a Rukia.

―Hola soy Riruka. ―le dijo en cuanto le contestó la de cabello negro.

―¿Qué pasa? ―preguntó Rukia.

―Así que fuiste con Ichigo ayer. ―le recriminó ella. ―pensé que dejarías de coquetearle.

―No estaba coqueteando con él, simplemente nos encontramos por casualidad. ―dijo Rukia.

―Te propongo una competencia justa. ―comentó la chica de cabello fucsia intrigando a Rukia. ―Ichigo tiene que pasar toda la noche trabajando en la oficina, así que me pidió que le trajera algo de cenar. ¿Por qué no participas? Veamos que cena prefiere Ichigo. ―la desafió.

―De acuerdo. ―aceptó Rukia. Ese sería su último intento.

.

.

Tanto Riruka como Rukia se dispusieron a comprar las cosas para una deliciosa cena, la chica de cabello negro se valió de la experiencia de Momo en la cocina.

Riruka se apoyó en Masaki para saber lo que a su hijo le gustaba más.

Por horas ambas chicas se enfrascaron en la tarea de cocinar, labor titánica para Rukia que no era de las personas a las que le gustaba hacerlo, pero siendo para Ichigo le echó muchas ganas y obedeció en todo a Momo.

Cuando dieron las nueve de la noche, Riruka y Rukia se encontraron a fuera de la facultad de ciencias.

Se dirigieron una mirada retadora y después subieron a la oficina de Ichigo.

Al verla entrar a las dos se sorprendió mucho.

―Rukia ¿Qué haces aquí? ―preguntó serio y poniéndose de pie.

―Escuché que pasarás aquí la noche. ―comentó un poco cohibida.

―Te traje algo delicioso para que cenes. ―dijo Riruka enseñándole el recipiente cuadrado que llevaba, enseguida caminó hacia la mesa, seguida de Rukia.

Las dos chicas colocaron sus recipientes en la mesa y los destaparon. Ichigo se acercó a ellas.

―Te traje un poco de Teriyaki de pollo con verduras cocidas. ―comentó Riruka. ―además te traje champiñones y un poco de jengibre para que estés sano.

Rukia vio el recipiente, lucía bien distribuido y muy apetitoso.

―Yo te traje carne y mejillones, son buenos para cuando te desvelas. ―sonrió de forma incómoda y cuando el olor a la carne y los mejillones se introdujo en su cuerpo, las náuseas se hicieron presentes y se llevó la mano a la boca.

Riruka se le quedó viendo fijamente, y ella evadió mirarla.

―Rukia ¿Por qué estás haciendo esto? ―preguntó Ichigo. ―¿no te sientes mal por Riruka?

Rukia lo miró preocupada, pues él se veía muy serio y disgustado. Riruka seguía pensando en lo que acababa de ver, así que no pudo hablar.

―¿Por qué sigues viniendo? ―le preguntó. ―ya te he dicho que ahora quiero estar bien con Riruka. No estás siendo tu misma.

―Sí, es verdad, esta no soy yo. ― respondió ella con tristeza.

Ella nunca rogaba, no perseguía a los hombres para tratar de reconquistarlos, ella nunca se había enamorado.

―Hay ocasiones en las que nos vemos forzados a actuar diferente. ―prosiguió la chica de ojos violetas. ―pero ahora sí puedo decirte con seguridad que a partir de ahora no vendré a buscarte más. ―le dijo mirándolo a los ojos por un momento, luego caminó hacia la salida.

Riruka reaccionó cuando ella ya había cerrado la puerta, enseguida corrió para alcanzarla, dejando sorprendido a Ichigo.

―Rukia. ―la llamó en el pasillo. Ella se detuvo y giró para verla. ―lo siento, ha sido todo culpa mía. ―dijo con sinceridad, no esperaba que Ichigo fuera tan tajante con ella. Rukia la miró en silencio. ―Hace rato te dieron nauseas. ―prosiguió ella. ―no es la primera vez que te dan, además ya no usas zapatos altos siendo que tú eres una mujer que sigue la moda.

―¿No sé qué quieres insinuar? ―preguntó Rukia fingiendo tranquilidad. ―Tengo mucho trabajo así que prefiero estar cómoda y lo de las náuseas es simplemente porque se me revolvió el estómago por el estrés.

―¿Es eso o estás embarazada? ―preguntó Riruka.

Rukia comenzó a carcajearse.

―Ya te le he dicho, soy una mujer que ama su trabajo, embarazarse no está en mis planes. Además ¿Crees que Ichigo es de los hombres que tienen aventuras antes de casarse? ―preguntó.

Le costaba mucho trabajo guardar la compostura, pero ya había dicho que no utilizaría a su hija como medio para retener a Ichigo. Esa noche él escogió a Riruka y aunque le doliera, lo aceptaría.

Riruka meditó sus palabras, al final se tranquilizó, pues era cierto que Ichigo tenía la firme convicción de respetar el voto del matrimonio.

Ella regresó con Ichigo y Rukia salió de la facultad con el corazón destrozado.

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Yoruichi estaba viendo televisión en la sala mientras Byakuya se daba un baño, Sayumi ya estaba durmiendo.

Estaba inquieta pues Rukia le había contado lo que pretendía hacer, esperaba que todo saliera bien y que por fin pudieran estar juntos.

El timbre de la puerta sonó, así que paró del sillón y caminó hacia la puerta para abrir. Afortunadamente todavía llevaba sus jeans azules y playera morada.

Al abrir la puerta se sorprendió por la persona que estaba parada frente a ella.

―Hola Yoruichi. ―saludó Urahara con su típica sonrisa seductora y su cabello rubio alborotado. ―Estaba muy preocupado por ti.

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Rukia caminaba por un parque, aunque lucía muy bello por las luces de las lámparas y la fuente de colores que danzaba en medio, no prestaba atención a esos detalles.

Ella seguía llorando y su corazón dolía por haber perdido a Ichigo definitivamente.

Se sentó en una banca del parque que estaba desocupada, pues algunas albergaban a parejas de enamorados o a grupos de amigos.

―Perdóname nena. ―susurró Rukia viendo hacia su vientre y acariciándolo. ―Quise recuperar a tu papá, pero no pude, seguramente su compromiso no es sin amor como creí. Pero no te preocupes, que yo cuidaré de ti, y tu tío Byakuya será como tu padre, él te amará y cuidará también.

Sus lágrimas saladas seguían saliendo. Tan ajena estaba a su alrededor que no sintió acercarse a alguien.

―¿Por qué lloras hermosa? ―alguien le preguntó. Ella alzó la mirada. ―La última vez que nos vimos te dije que fueras feliz y que no quería que lloraras. ―El chico alto y de cabello corto negro extendió su mano y limpió con cuidado las lágrimas.

―Shuhei. ―murmuró ella incrédula. Él sonrió con ternura.


Fanerógamas: Que producen semillas.

Perenne: (del latín per, "por", annus, "año") es una planta que vive durante más de dos años. Se les dice también vivaz.


Saludos, espero que les haya gustado el capítulo y si pueden dejen un review.