Summary: (No me maten!) De parejas y enlaces, Guardaespaldas, chequeos del 'Ya-Saben-Qué'... and the best at the best (lo mejor de lo mejor!):Lobo lobito, Rómulo y Remo... ¿Qué eres? Sie! Estoy loca y he vuelto con pilas energicer (y sigues y sigues XDDD) Enjoy!

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XXII

El Hombre de la Mazmorra

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Los Ángeles, California. Por ahí, en uno de los tantos callejones de mal-vivientes.

La paciencia no era una de sus virtudes. De hecho, el no practicarla a menudo le había llevado a ciertos baches en sus misiones. Pero esta vez, sólo por esta vez, decidió superar su aversión a lo contraproducente. Porque eso mismo eran esos pequeños insectos, plaga de su raza, los cuales le estaban causando una embolia. Claro, si fuese humano...

...Da igual, su punto es que no era paciente por naturaleza y estaba haciendo el esfuerzo por serlo.

Un grupo de chicos de apariencia sombría yacían desperdigados por el estrecho lugar. Un callejón. Encima de los basureros, recargados en las paredes frías, algunos encaramados en las escaleras altas de las salidas de emergencia de los edificios y algunos en el centro. Rodeando a una solitaria figura mucho más fornida y alta.

— Mi moral me dice que debemos llegar a un acuerdo común, pero mi mente racional me dice que haga todo lo contrario —Habló Santino con voz totalmente cordial, posible y congruentemente, iluminando a los presentes con su exótico acento italiano—. Aunque... Ninguna de las dos me conviene. Claro que la primera, a ustedes sí. Tengo paciencia, pero no me obliguen a escoger por ustedes, por favor — Eso último lo había dicho con toda la acidez que su elegancia le permitía mostrar.

Mas en lugar de recibir palabras, en un parpadeo se encontró cara a cara con un chico un poco alto, con rostro tan pálido como el suyo. Las opciones de alejarse o destrozar al impertinente chico dejaron de ser factibles. Con cierto tedio se dedicó a detallarlo. Este chico tenía un extraño peinado de color oscuro y reflejos violáceos. La cara maquillada con demasiado aditamento cosmético, los labios delgados sobresalían en un exagerado color púrpura o violeta, las líneas definidas por sobre los ojos, pintadas de un negro brillante, resaltando los vacíos ojos metálicos; su rostro era agudo, entre juvenil y aniñado; su constitución corporal era delgada, definida y curvilínea. Sus ropas eran negras, con cadenas y artículos de metal. Su cara también tenía metal. Sus fracciones perforadas por argollas o —en término común— piercings. Era un chico. Se maquillaba, pero algo le decía que no era para ocultar su llamativa apariencia "nata", sino para llamar la atención en un estilo misterioso y gótico. Chico Punk. No supo catalogarlo como ingenioso o egocentrista.

El chico le sonrió ampliamente. Creyendo que el mutismo del sujeto exótico era por su cercanía. Santino de verdad quería pensar que no era lo que parecía ser.

— No nos interesa un "acuerdo común". Podríamos... hmmm, no sé... ¿Sacar tus entrañas y después reírnos en acuerdo común? — Contestó el chico Punk con sorna.

— Polémico — Replicó Santino, un poco aburrido—. Debería sentirme amenazado¿no?

Estaba esperando cierta comprensión, no apatía. Ah, pero no estaba decepcionado de su teoría sobre los jóvenes.

— Deberías — Se regodeó uno de ellos.

Santino se preguntaba si sería buena idea eliminarlos y dejar al menos uno que fuera lo suficientemente listo como para tomarle en serio. Pero la respuesta vino inmediatamente de su razonamiento: Los jóvenes nunca son lo suficientemente serios —más bien dicho—: no son serios. Nunca lo fueron y nunca lo serán.

Sus oscuros ojos brillaron entre las sombras que bañaban al nauseabundo callejón. Que no se diga que él no se mantuvo con modales.

— No me entretendré en seres tan contradictorios como ustedes, caballeros.

En solo segundos un sonido de telas al friccionar fue lo siguiente que escucharon, un silencio espeluznante se instaló debido a la súbita desaparición del italiano; inmediatamente después se escuchó un grito estrangulado. Cada uno sintió sus sentidos agudizando, pero eso no evitó que escanearan a su derredor, buscando la fuente del sonido. Contaban con una perfecta vista a pesar de la oscuridad, pero no estaba resultando. Incluso los sonidos de la ciudad parecían haber desaparecido, como si el tiempo se hubiese detenido. Mas un segundo auto pasó e iluminó con sus luces altas el oscuro callejón, indicándoles que el mundo seguía girando sobre su eje, y solo sus sentidos les jugaban malas pasadas.

Un jadeo ahogado desde una esquina alejada les hizo girarse a una velocidad casi imposible y hacerles notar a una figura, alta y con cabello oscuro, que sostenía con una sola mano el cuello de uno de sus compañeros. Santino sonreía de manera depredadora y no dejaba de vislumbrar como el chico se retorcía ante su mano opresora. Rodeando el, aparentemente, frágil cuello.

»— ¿No es esto divertido? — Comentó casualmente. Sin dejar de sonreír y sintiendo, debido a su acción, como los demás se movilizaban sin impedimentos, rodeándole en una posición que sugería el de una manada de lobos acorralando a su presa. No impidió que su adrenalina subiese céntimos de nivel. Después de todo, la acción era siempre bienvenida en su rutinaria vida—. ¿Sabían que un ser tan complicado como un vampiro puede morir por una herida infringida de manera limpia y exacta? Curioso… como un simple mortal.

— ¡Suéltalo! — Exigió el dichoso líder. Claramente no prestando atención a la expresión de casi profunda meditación de Santino.

— ¿Por qué?

— Te lo advertimos, suéltalo o encontrarás una muerte dolorosa — Un paso hacia adelante y el chico procedía a hacer una seña imperceptible al ojo mortal. Sus compañeros se movían al paso de su líder. Estratégicamente se colocaban en posiciones que les permitirían caerle al "viejo" y poder degustarle sin problemas, literalmente.

— ¿Por qué? — Inquirió el italiano, nuevamente. Decir que tal advertencia le había causado temor era como decir que el Príncipe Travieso jugaba dentro de las normas establecidas. He ahí la paradoja de dos situaciones que nunca llegarían a pasar, y al mismo tiempo todo se puede con los incentivos correctos. Pero estaba divagando demasiado.

— Porque… — Siseó uno de ellos, captando desde su punto de vista la mofa—. Naturalmente no sabes con quién te enfrentas, viejo.

Santino se estremeció en una risa fresca. Oh, eso sí era divertido. Negando levemente con la cabeza se decía que los jóvenes eran demasiado contradictorios. Obviamente, los demás se ofendieron por su reacción. Uno de ellos no esperó a que le dieran luz verde y se lanzó en un rugido, sin contar que su movimiento había sido previsto segundos antes de ser efectuado.

"La mente sin barrera alguna es como un libro abierto, listo para ser leído... o profanado, en el caso del pensamiento" Memoraba Santino, carente de escrúpulos, mirando cada uno de los nimios movimientos como si fuesen en cámara lenta. Calculó su propio tiempo y velocidad. Giró sobre sí mismo, lanzando al mismo tiempo al chico que aún se retorcía, directo al otro imprudente. No necesitó hacer más.

La velocidad, la distancia y la potencia del lanzamiento fueron tan abrumadoras que ambos chicos salieron despedidos, estrellándose contra una de las paredes con un horrible golpe seco. Algunos sonidos audibles le comprobaban que tal vez unos cuantos huesos se habían roto. Con suerte, tal vez el cráneo de alguno de ellos, o el cuello. Como mala, el grupo perdería dos elementos. Respectivamente en pensamientos de Santino y la camada.

Sonrió fríamente ante la posibilidad. Y el silencio recayó de pronto. Los demás chicos habían retrocedido como animales asustados, pero no dejaron de mostrar sus fieras expresiones, y los antes afectados se levantaron de una forma mucho más inverosímil que antes. Uno de ellos tenía la pierna en una posición en la que sobresalía la tibia, por debajo de la rodilla, fuera de los músculos y la carne. El chico siseó de dolor cuando él mismo, con un movimiento de la misma pierna, hizo al hueso regresar a su posición con un sonoro 'crack'. Sabía que la herida cerraría por su cuenta, así que ¿Por qué preocuparse? El otro, solo tenía una contusión en la cabeza, la cual sangraba profusamente. Al poco tiempo dejó de hacerlo y al parecer, la herida estaba cerrada.

Una persona normal se hubiese horrorizado con la facilidad con que la humanidad teme a lo diferente. Por supuesto, estas personas no eran normales.

Santino inclinó su cabeza ligeramente hacia un lado. Gesto de curiosidad... falsa, claro.

— Bueno, eso fue poco educado. ¡Ah, sí... No me he presentado debidamente y ya estoy "confraternizando" con ustedes. Sí, muy grosero de mi parte — Se decía a sí mismo con tanta casualidad que hasta era hilarante.

Extendió un brazo flexionado hacia el interior y luego lo bajó en una reverencia que se consideraría elegante.

— Mi nombre es Santino...

— ¿Acaso te preguntamos, viejo? — Le cortó el "líder" casi en un rugido. Mostrándole los caninos y siseando.

Santino le ignoró como si de un mosquito se tratase. Y como si alguien le hubiese regresado el saludo. Cosa que nadie hizo. Pero ¡vamos¿desde cuándo los jóvenes son educados?

— Gusto en conocer a la Camada de LA — Volvió a decir en tono cordial. Pero en el fondo, muy en el fondo estaba su coraje. Aunque tenía paciencia para rato... Bueno, siendo sinceros, casi estaba por cachetear al chico. Pero se obligó a sonreír. Frío, pero sonreía—. Como uno de los Primeros Antiguos, y representante de la Asamblea, les propongo que se unan a la causa del Príncipe de nuestra raza.

Si esperaba expresiones incrédulas o de arrepentimiento, se decepcionaría del resultado, pues su propia conciencia le decía que pedía demasiado. Y mientras él pensaba en los valores perdidos de la humanidad al paso de las Eras, las "inmorales" criaturas se limitaron a tomar una posición adecuada a la "situación", con sus mandíbulas abiertas, mostrando sus filosos colmillos. Cuando Santino decidió que sus pensamientos pasaban a segundo plano, captó varios siseos. Se topó con la necesidad de crear una estrategia.

Bien, toda la Camada le rodeaba, con la expresión de hambriento sadismo y esos ojos luminosos de significado simple: la-cena-está-servida. Podría regresarles la moneda. Con intereses. Ah, pero solo un pensamiento le detuvo de hacer lo que su lógica le decía: No elimines a los posibles candidatos suicidas en la guerra.

— No tenemos ninguna maldita razón para creerte — Escuchó la respiración de alguien a su lado, comprobando con rotundidad que pensaba demasiado. Normalmente nadie, sin su consentimiento, se le acercaría de esa manera—. "Los Antiguos" son solo un mito.

Entrecerró los ojos y con un movimiento rápido tomó al chico por el cuello (sí, el mismo chico, de nuevo) como si fuese un muñeco inerte y lo oprimió hasta que un enfermizo 'crack' le indico que se lo había roto. Su movimiento solo sirvió — en lugar de asustarlos hasta hacerlos suplicar— para que los demás se le vinieran encima. En modo '¡Te desgarraremos, porque somos los Poderosos Inmortales Chupa Sangre de éste territorio!'.

Suspiró.

"Y ahí vamos de nuevo... ¿Quién dijo que las masas de descerebrados jóvenes, aún hormonales, debían servir a la causa?...

...Oh, claro, quién más podría ser... Como te odio, Lestat"

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Casa de los Gritos. Situación: Charla casual entre un pelirrojo con cara de angelito y un chico de ojos violáceos con cara de circunstancias.

— No estoy seguro, no me gusta... es más, no quiero.

— Suenas completamente infantil¿lo sabías?

Daniel, el chico de ojos violetas y cabellos oscuros, negó frustradamente.

— Sueno racional.

Armand, el chico de ojos pardos y cabello pelirrojo, frunció ligeramente el entrecejo. Contempló sus posibilidades en cuestión de segundos y al instante, su rostro fue iluminado por una expresión felina.

Daniel tragó saliva.

— Me gusta cuando te haces el difícil — Comentó Armand en todo sedoso. Acercándose con pasos ligeros, pero seguros.

— Y a mí no me gusta que juegues a ese jueguito tuyo — Puntualizó Daniel, tratando de ser conciliador. Solo que un Vampiro sexy y a la vez angelical, impedía tal acción.

— Oh, eso no fue lo escuché la última vez que te encontré — Arrulló el pelirrojo, sentándose sobre su regazo. Regalándole una sonrisa y jugando distraídamente con uno de sus rizos.

Daniel no le aguantó la mirada, desviándola directo por encima del hombro del otro, y se obligó a mostrarse lo menos afectado posible.

— Tú fuiste la razón de mi huída.

— Pero regresaste a mis brazos cuando te encontré.

Daniel frunció el entrecejo. No necesitaba decirlo, pero sí recordárselo.

— Porque estaba alucinando por falta de tu sangre.

— ¿Y eso no te dice que debes permanecer a mi lado, por siempre?

— No — gruñó—, me dice que debo alejarme de ti.

— ¿Y cómo me dices eso que de verdad debes alejarte de mí? — Cuestionó Armand, fingiendo ignorancia y una expresión inocente.

Daniel resopló.

— Sabes muy bien por qué.

— Nop, no lo sé...

Daniel gruñó. ¡Estaba jugando con él!... Joder¡Estaba jugando!

— Eres una maldita droga¿lo sabías? Me haces alucinar, sentirme muy bien, quererte, desearte hasta la locura y volverme loco. Eso eres: una adicción. Y, permíteme decir, no me gusta como estoy terminando.

Armand escondió su divertida expresión entre el hueco del cuello y el hombro de Daniel. Ya veía venir ese comentario. Jugar al estira y afloja siempre era más interesante que un sumiso pelinegro de hermosos ojos violetas.

— Cuando te encontré, sucio, decaído y desesperado por la necesidad, me dio la impresión de que no querías alejarte de mí nunca más.

— Y tu ego sube a un nivel casi imposible — Contraatacó Daniel, empujando de su regazo al pelirrojo.

Y con un fuerte 'thum', Armand cayó al suelo y reprimió un quejido. Si bien tenía la constitución de un chico de 17, aún era pesadito. Sus posaderas habían recibido todo el peso, y sí, le había dolido.

— Eso fue grosero de tu parte — Espetó llevándose una mano a su parte posterior-inferior y frunciendo el entrecejo. No esperaba que el pelinegro se pusiera tan... tan recio.

Daniel enarcó una ceja, imitando la elegancia que suele derrochar su creador. Y Armand se encontró pensando que su influencia causaba buenas reacciones en ese bello chico. Saltarle encima y hacérselo en esos momentos era un pensamiento que le embotó por una fracción de segundo, mientras Daniel volvía a tragar en seco reconociendo la mirada hipnotizante.

— Grosero es como me miras ahora y no te comportas conforme a lo que eres — Casi al instante siguiente se arrepintió de lo último que dijo. Se reprendía por no cuidar lo que decía, con el propósito de saltar del sillón y salir de esa habitación lo más rápido que su dote le permitía. Pero el peso adicional de algo... o alguien le impidió su cómica huida.

— Danny, me lo hubieses dicho desde un principio — Una sonrisa perversa surcó el rostro de Armand y Daniel se vio imposibilitado de dejar de contemplarlo como un idiotizado—. ¿Jugamos al alumno travieso — dedo señalándose a sí mismo—, y al grande — dedo dibujando contornos en el pecho firme de Danny—, atractivo — dedo bajando por el vientre— y sexy profesor? — dedo peligrosamente cerca de cierta parte de la cual los hombres se enorgullecen o se humi... dejémoslo en se enorgullecen.

Daniel se removió incómodo, maldiciéndose interiormente debido al roce que generó su acción y la sonrisa más acentuada del otro. Contemplaba sus opciones: podría utilizar su hermetismo vampirice; podría, por primera vez, rehusarse de forma cortante; podría ignorar la fría mano bajando por su vientre desnudo, ignorar esos labios que besaban la piel expuesta de su cuello, podría ignorar tanto... Pero como bien dicen, las cosas que no quieres hacer, simplemente no las haces, ni mucho menos las piensas. Solo te rehúsas. Sobrepasando su conflicto interior, Daniel se vio besando esos labios que lo traían de cabeza, tan apasionadamente que ninguno de los dos dio importancia al sonido chirriante de la puerta al ser abierta.

— Lestat requiere una reunión — Habló una voz baja, pero jovial. La puerta fue cerrada del mismo modo, y la risita que dejó escapar Jesse fue escuchada por ambos chicos.

Ninguno de los dos se molestó en romper el beso, hasta largos y deliciosos segundos después.

— Mmmmm... Pensé que me darías más lucha — No había sonado decepcionado, al contrario, parecía estar satisfecho.

Y Daniel no se sintió de la misma forma. Algo como una mezcla de ese penetrante sentimiento de adoración y decepción trataban de imponerse en sus facciones. Él no era un juguete. Él no era la mascota del amo. Él era la creación del creador, sí, pero no era su propiedad.

— Mejor vayamos con los demás.

Había hecho lo posible por no sonar apático, y lo había logrado. Le aliviaba que Armand no pudiese leerle el pensamiento. Ventajas de ser su creación. Desembarazándose de la posición, se dirigió hacia la salida. Con un último suspiro dejó la habitación y al chico pelirrojo sumergido en sus pensamientos.

Armand sonrió, triste y frustrado.

— Se me acaban las cartas.

Él no era despistado, mucho menos estúpido como para no ver lo que hacía el pelinegro. Estaba reprimiéndose, tratando de alejarse de él. De su creador. Y eso, él, no lo permitiría.

Al punto de casi llegar a la puerta de la sala, algo le detuvo. Un ligero sonido, ahogado y sumamente irritante, atravesó sus barreras y cruzó su subconsciente, por lo que a él le pareció una eternidad. Reprimiendo una mala palabra, se llevó una mano a la frente y respiró profundo. Algunos segundos pasaron y finalmente se recompuso. Salió de la habitación como si nada hubiese pasado, aunque, en lugar de tomar el camino a la sala —que no parecía sala— pasó de ella y salió de la residencia. Sintiendo el aire congelado, pero sin afectarle en realidad, se encaminó con las manos en los bolsillos y el cabello ondeando, perdiéndose entre las sombras.

En la sala, todos lo habían notado. Y coincidieron en mandarle una mirada un poco contrariada al rubio, sentado en el sillón central, y ambas pelirrojas sentadas una al lado de la otra detrás de él.

Lestat sonrió ligeramente.

— No pensé que se liberara a sí mismo tan rápido — Rió suavemente—, y aún no supe dónde lo tenían.

Jesse elevó una ceja, levantó un dedo y se lo llevó a los labios.

— Serviría si pregunto¿de qué hablas? — Daniel asintió solemne junto a ella.

—...O por ejemplo¿qué tiene que ver 'Mandy? — Añadió Mael en tono distraído. Armand le mataría si descubre que le llama así cuando no está presente. Pero era divertido.

— O¿Por qué no estábamos enterados de la desaparición de uno de los nuestros? — Se les unió Louis, entendiendo la frase que Jesse y Daniel no captaron. Frunciendo el entrecejo en claro signo de '¡Esto me lo explicas con lujo de detalles!'.

'Stat amplió su sonrisa.

— No. La paciencia es algo que ustedes saben adoptar muy bien, se lo aseguro. Lo descubrirán por sí mismos dentro de algunas horas.

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Hogwarts. Día de reinicio de clases.

— Me gustaría que dejaras de evitarme todas las malditas mañanas — Espetó un moreno de ojos verdes un sábado, claro, en la mañana. Justo frente a las puertas del Gran Comedor.

Draco, cruzado de brazos y en pose... Malfoy (N.A: No tiene otra mejor forma de describirse), se inclinó ligeramente y besó los labios carmesí del Gryffindor, tomándolo desprevenido. Cabe aclarar que Harry no se opuso y enredó sus brazos en el cuello del rubio, mientras éste le estrechaba por la cintura.

— ¡OH, POR MERLÍN SANTO¡ESO EN OTRO LUGAR! — Les interrumpió la estridente voz de Ronald Weasley... Hubo una pausa evaluadora y el pelirrojo les separó, señalando ferozmente a Draco y de reojo a Harry— ¡MEJOR DICHO¡NO EN MI PRESENCIA!

Draco le fulminó con sus plateados ojos y le arrebató al moreno, suavemente. Harry reprimió la risita que le provocaba ver los gestos asesinos de un feroz León y un... feroz Veela.

— Una de dos, Weasley, o te acostumbras o te sacas los ojos. No dejaré de besar a mi novio solo porque a ti te infarte.

Ron quiso protestar, pero alguien se le vino encima, colgándose y plantándole el beso de su vida.

— Preciosos días, mi Gatito — Saludó Blaise entre los 'muack' continuos de los besos de mariposa que le siguieron al primero. Ron se permitía "atacar" por Binny, rodeando al castaño con sus brazos.

— Eso era tan... — Comenzó Draco, con una mueca indescifrable.

— ¡Lindos! — Terminó Harry en su fase de búrlate-de-tus-congéneres como todo un Sly lo haría. Naturalmente, ninguno de los dos chicos le hicieron el mínimo caso. Después del beso — que fue para el reto Guinness— se alejaron con la cara de enamorados que se cargan desde que salieron de la enfermería. Dejando solos a los Líderes de Gryffindor y Slytherin.

— ¿Crees que Weasley sea de esos que caigan en el chantaje?

— Draco... — Vino la advertencia. No obstante, Harry le tomó de la mano.

Draco se limitó resoplar, aceptando la otra mano y jugando con ella. Se quedaron un buen número de minutos, en silencio. Pese a su tranquilidad y confort, Draco halló la necesidad de destruirlo abordando el tema que le estaba dando una jaqueca de las buenas desde el día pasado.

— Mi padrino no tomó muy bien nuestro último encuentro, quiere que le visitemos hoy, después de la cena.

Harry se tensó imperceptiblemente. Girándose, miró directamente a los ojos de su novio. Un poco escéptico, se dispuso a amonestarle sobre no haberle dicho antes, y no haber evitado esa reunión. Pero, la seriedad en el rostro del Slytherin le hizo reconsiderar sus prioridades. Sí, tenía que ponerse a pensar con seriedad. Ahora más que nunca.

— Está bien — Recordando algo que debía reprocharle, Harry le dio un golpe en el pecho, con el puño cerrado y Draco le miró desconcertado.

— ¿Y eso a qué se debió?

— Tú, Mister Manipulador — Tono acusador—¿crees que olvidaría lo que has estado haciendo? — No que estuviera mal el beso. Lo atribuía a su estado más desequilibrado que la dieta que le daban—. ¿Por-qué-me-evitas?

Draco abrió la boca formando una 'O', en total comprensión, y la cerró de inmediato. Estrechando la mano morena, casi inconscientemente, como si temiese que se alejase.

— No es que te evite, amor, pero he tenido ciertos... contratiempos.

— ¿Y esos son...?

— Situaciones.

— ¿Y...? — Presionó Harry, con un gesto de su muñeca libre. Su mirada se suavizó, en un intento de confortarlo y que dejara su frialdad de lado.

Draco apretó los labios, aprensivo. Miró largamente la paciencia que desprendían esos ojos verdes y, más que nunca, el cariño y preocupación. No enojo, no molestia, desagrado o dudas.

Y se vio imposibilitado de una negativa. ¡Por Circe! Era endemoniadamente manipulable cuando se trataba de esos ojos esmeraldas.

Suspiró. Rumiando algo por lo bajo como respuesta.

— Me perdí¿me lo repites?

Draco repitió su declaración entre dientes— Mareo, estomago revuelto, insomnio, vómito — Hizo una mueca de dolor ante lo último—. Malestares Matinales.

Harry, consternado, parpadeó varias veces y soltó un gran 'Oooooh'.

— Compartimos el em... — Miró a los lados y terminó susurrando—: Ya-Sabes-Qué.

Draco se mordió el labio inferior, deteniendo la nada decente risa que pugnaba por salir de sus labios ante el 'Ya-Sabes-Qué' del chico en estado— No. No creo que lo compartamos todo.

Ante la mirada confundida del pelinegro, Draco elevó una mano hasta acomodar un mechón azabache en su lugar, para luego acariciar su rostro. Harry cerró los ojos ante la caricia, provocando que el Sly sonriera.

— ¿Conoces el síndrome de Couvade?

Harry hizo un gesto, incrédulo.

— Eso es crónico. No creo que en realidad pase.

— Está comprobado — Contradijo Draco—. ¿En serio sabes sobre este... síndrome?

— Uh¿la verdad?... solo lo básico — Avergonzado.

Draco suspiró.

— ¡Hey! Yo no soy como tú o como Herm, no ando devorando cada libro que se me cruce.

Draco se cruzó de brazos, estudiándolo.

— Bien, no importa, de todos modos el que sufre los síntomas soy yo, pero en otro sentido más fuerte. Yo atravieso la etapa que deberías estar pasando tú. No importa en serio — Agregó ante la cara culpable de Harry.- Nunca me ha gustado estar de lado — Comentó con una sonrisa superior, siendo recompensado con una sonrisa tímida, pero agradecida—. Como iba diciendo¿sabías que las personas en estado liberan mayor cantidad de hormonas?

Harry negó lentamente.

— Pues lo hacen, y las glándulas que segregan esas hormonas son estimuladas artificialmente para el em... — Suspiró, frustrado—, Ya-Sabes-Qué. Necesitas de hormonas (las cuales te harán un poco... un poco menos tú) debido a que el... Ya-Sabes-Qué requiere esas hormonas, y como hombre tu cuerpo no las produce como en la mujer. Las pociones que has estado tomando son las que la soportan... —Harry asintió nuevamente, comprendiendo—. Pero como aún no se ha detectado una forma de saber qué tanto se necesitan o qué tanto sobran, se te da una cantidad específica que creen correcta. No hay diferencia, el resultado nunca ha sido correcto, así que tu cuerpo elimina aquellas que sobran. Eso hace que las personas a tu alrededor sean afectadas por las hormonas que desprendes. No que a los demás les afecten, siendo magos, son eliminadas, pero como yo... inconscientemente... eeehh... deseé participar en el... Ya-Sabes-Qué, indirectamente tu cuerpo acepta el mío como catalizador y no a tu magia para eliminarlo.

Harry abrió los ojos como platos.

— ¿Deseaste participar en el Ya-Sabes-Qué y obtuviste...?

— Malestares — Admitió Draco, con una adorable sonrojo.

Harry abrió más sus verdes ojos (si es que se puede) totalmente atónito. "Oh. Dios Mío. ¿Sonrojo? Draco-Príncipe-de Hielo-Malfoy ¡Sonrojado!... Tsk una cámara, cómo hubiese deseado una cámara en estos momentos... tengo un complejo con las cámaras y sé que no importa... Seehh, soy "inusual""

— ¡El mundo se acaba¡Un Malfoy se sonroja! Debería mandarlo al Profeta — Declaró abiertamente sus pensamientos, sin pudor ni afectado por la mirada asesina de su novio.

— Nadie te va a creer si no tienes pruebas — Puntualizó el Slytherin con una sonrisa torcida.

Harry hizo una mueca burlona.

— Pero puedo mostrarlo en un pensadero.

Draco elevó una ceja y le tomó de la barbilla para verlo directamente a los ojos. Para ver que, ciertamente, Harry lo decía en serio a pesar del brillo travieso de sus ojos.

— Los pensaderos son raros y caros. Sé que tienes el suficiente bien monetario para pagarlo, pero no creo que poseas uno.

— No lo tengo — Admitió Harry quitando con suavidad la mano del otro—. Pero el profesor Dumbledore me podría hacer el favor — Una sonrisa traviesa se perfiló en sus labios y sus ojos brillaron más. A Draco no le gustó ni un poco—, hasta creo que le gustaría ayudarme.

— ¡Oh, no lo harás!

— ¡Oh, sí lo haré!

— ¿Humillarías a tu novio solo por diversión? — Espetó el rubio Veela, simulando ofensa.

— ¿Humillarte con solo un sonrojo? — Regresó Harry, escéptico.

Draco suspiró.

— Estamos dando vueltas a lo imposible — Constató resignado.

— ¿Qué tiene de imposible?

— Que estemos discutiendo por una simple reacción de mi cuerpo traicionero.

Harry terminó sonriendo.

— Eres un exagerado.

— Soy un Slytherin — Obtuvo como respuesta de un sonriente y orgulloso Draco.

— Sin duda alguna — Aceptó dirigiendo a ambos al Gran Comedor.

Antes de dar vuelta a la esquina, Draco miró por sobre su hombro.

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Unos minutos después, dos sombras se recargaban en donde antes habían estado los Líderes de dos de las Casas más influyentes de Hogwarts.

— A ver, Yaxley, descifremos esto — Habló uno de ellos, adjudicándose con anticipo la posibilidad de una buena noticia.

— No hay nada que descifrar, es de conocimiento común la relación de Malfoy y Potter — Alegó el más alto de ellos.

— Si serás... ¿Acaso no ves lo que yo veo...?

— Obviamente no, Mulciber.

Mulciber suspiró llevándose una mano a la cara.

— Olvídalo, mejor vayamos con Avery y Carrow, me da la impresión de que esto lo encontrarán interesante.

— Tenemos clases...

— ¿Y...?

Viendo que no podría cambiar de opinión a su compañero de Casa, resolvió hacer lo que le pedía con la idea de cobrársela en otro momento por hacerle perderse el primer día de clases después de la vacaciones de verano. Sobre todo, no encontrando la razón del entusiasmo de Mulciber. Solo eran Malfoy y Potter dando sus cursis demostraciones de amor, no le veía lo interesante. Con una mueca de desagrado ante la imagen rememorada, se alejó con el otro chico, directo a las mazmorras de Slytherin.

Sin embargo, sus planes se vieron arruinados al encontrarse cara a cara con Crabbe, Goyle y Nott. Y no tenían una cara amigable que digamos.

— Ehhh... Nott¿Qué hacen aquí? — Habló por fin Mulciber, no exento del nerviosismo que empezaba a embargarle. Y Theodore lo sabía.

— Deberíamos hacerles la misma pregunta — Intercedió Vincent, acariciando los nudillos de su puño, más que preparado para encontrarse con una nariz aristocrática. Para más pistas: la de Mulciber o Yaxley.

Yaxley tragó en seco, sin despegar la vista de aquellos poderosos puños de Crabbe. Y sobre todo la sonrisa anticipada de Goyle. Por otra parte, el sosiego que destilaba la alta figura de Nott no era ni por mucho tranquilizadora.

— Paseando como cualquier otro estudiante haría — Contestó Mulciber, decidido.

— Oh. En ese caso¿es necesario estar en las sombras — Señaló Theodore ligeramente con la cabeza el lugar de donde los habían visto salir— y espiar a otra gente solo por un paseo?

Mulciber no le contestó, y mucho menos le miró.

— ¿Y tú, Yaxley?

—...

— Me lo suponía.

Ambos chicos ya esperaban la llegada de los golpes de Goyle y Crabbe, visiblemente asustados. Nunca llegaron. Lo que sí que no esperaron fue la mano que les oprimió la garganta y les levantó con demasiada facilidad, aplastándolos contra la pared.

— Pongamos en claro algo — Comenzó Theodore, evaluador—. Ustedes espiaban a alguien¿verdad? — No hubo contestación. Soltando un gruñido de fastidio, Theodore cerró con fuerza sus manos y las gargantas se oprimieron ante la fuerza. Ambos chicos jadearon en busca del aire que indudablemente no pasaría si Nott seguía apretando. Así que asintieron, difícilmente, y el agarre se aflojó solo un poco—. Bien, así está mejor... Como iba diciendo, ustedes espiaban a alguien, ese alguien era mimejor amigo — Sus manos estaban por crisparse, pero se detuvo antes de ahogarlos—, y a su novio. Tengo la curiosidad¿Por qué?

Y como requería de una respuesta congruente, Theodore les soltó, dejándoles caer sin piedad ante los jadeos desesperados de los chicos por recuperar el valioso aire. Yaxley fue el primero en recuperar el oxígeno necesario, y le miraba de forma aturdida, con una mano en el pecho. Al lado del otro, Mulciber se frotaba el cuello y respiraba agitadamente.

— No era nuestra intención — Se "disculpó" Yaxley.

— Claro que no — Soltó Vincent, sarcástico.

— ¡Es en serio! — Espetó Mulciber, irritado. Y al mismo instante cerró la boca. Les había levantado la voz a los Guardaespaldas.

Theodore elevó una mano ante el avance que estaba efectuando Goyle, con la clara idea de sacarle las respuestas a golpes.

— Que les quede claro, novatos, sus estúpidas andadas y acciones para preescolares arruinaran todo¿entienden? — Ambos aludidos intercambiaron miradas sorprendidas—. Sobre todo — Remarcó—, si espían al Líder. ¿Qué idiotez les poseyó para espiar a Draco Malfoy¿Creen qué no se dio cuenta?

— Yo... ¿De qué demonios hablas? — Exclamó Yaxley, totalmente fuera de plano.

Theodore entrecerró los ojos peligrosamente. Con un movimiento rápido tomó al chico por el cuello de la túnica y lo acercó hasta casi rozarse las narices.

— Aléjate del hijo del Comandante del Lord Oscuro — Susurró con voz gélida y le soltó con brusquedad.

El chico abrió los ojos como platos y sin decir 'con permiso', tomó al otro chico del brazo y lo arrastró con él, fuera de la vista de los divertidos Guardaespaldas.

— Muy astuto. Un hecho no constatado, pero tampoco negado — Alabó Vincent y terminó riendo.

Theodore se encogió de hombros, con una media sonrisa.

— ¿Deberíamos decirle a Draco? — Dijo Gregory con cierta preocupación. La simple acción de espiar, tan patéticamente, no era su preocupación. Pero sí eso de decirle a Carrow, mucho peor, a Avery.

— No le veo el caso — Contestó Theodore.

— Podrían averiguarlo — Comentó Vincent, también preocupado.

— No creo que lo figuren... — Dijo Thed vagamente. Aunque pensándolo mejor, los Slytherins son demasiado observadores para su propia salud—. Solo, no lo dejen cerca de algún Slytherin que no sea del Círculo Interior.

Los otros dos chicos asintieron con resolución. Y con eso abandonaron el pasillo.

Cuando Theodore dijo 'no lo dejen...' se refería a Harry. Sí, ellos ya sabían del embarazo... ¿Cómo? Draco mismo se lo dijo. Y por primera vez desde que habían conocido a Thed, éste había adoptado una expresión de total shock, para al final abrazar a Draco de una forma no muy suya. Vincent y Gregory lo habían tomado más a la ligera. Mucho más que Theodore, quien se había tomado el propósito de ser el guardaespaldas del Gry, sin importar que no lo conociera mucho. Después de todo, era el bebé de Draco el que se gestaba en Harry. Y aún no sabía el por qué de la facilidad del cambio de 'Potter' a 'Harry'. Simplemente dejó de ser el Niño-Que-Vivió para ser solo... Harry. Solo Harry.

"Ahora... ¿A dónde tenía que ir?" Theodore Nott se llevó una mano a la cara. Sintiéndose estúpido por... bueno, por la estupidez que acaba de hacer. "Olvidé ver a Nev en todo el día" hizo algo impropio a su actitud y que últimamente se le hacia constante: Gimoteó lastimeramente y salió disparado en una carrera directo a los Invernaderos, donde seguro estaría su novio.

º ¸,ø¤º°°º¤ø,¸ º

— ¿Se les ofrece algo, caballeros? — Inquirió Madame Pomfrey al ver entrar a Draco y Harry a su enfermería.

— Veníamos a lo del chequeo de... ehhh... — Empezó Harry.

— ¿Del bebé? — Terminó Madame Pomfrey, con cierta diversión.

Draco entornó los ojos.

— Sí, de nuestro bebé — Contestó el rubio, más seguro de sí mismo.

La medimaga les miró severamente, sin embargo, la determinación (en ambos) le hicieron terminar suspirando.

— No es necesario que le diga dónde recostarse¿verdad, Potter?

— Claro, no hay necesidad — Farfulló, dirigiéndose hacía "su" cama, seguido de Draco, quien no sabía si reírse o preocuparse por ese factor. ¿Qué tanto le ocurre como para tener su propia cama?

Los siguientes minutos fueron de total pertenencia de la medimaga, quien chequeaba con varios movimientos de su varita el cuerpo entero y no solo el lugar en el cual residía el pequeño ser.

Por unos instantes —que les perecieron interminables— Pomfrey se había detenido justamente en el vientre, y había crispado los labios, pensativa. Cuando ya pensaron que algo malo ocurría, la medimaga suspiró y le pidió a Harry que se cubriera de nuevo. Draco en ningún momento le había soltado.

— Seis semanas, casi las siete. Desearía emplear un encantamiento de ultrasonido, pero el bebé no me permitiría tal cosa. Tú magia está siendo utilizada casi al 100 por ser el segundo mes y seguirá así por todo el trimestre. Tus niveles hormonales son estables, pero, si no me equivoco¿están siendo balanceados por un catalizador? — Draco asintió ligeramente en lugar de Harry, y para Madame Pomfrey fue suficiente. Aunque el rubio pareció ver una sonrisa en la vieja enfermera—. He de suponer que también come todo lo necesario — No era un interrogante, era un hecho que debía ser efectuado y Harry se vio asintiendo convincentemente—. En ese caso... felicidades, caballeros, van a tener un bebé muy saludable.

Ambos chicos se relajaron, deslizándose por sus labios la sonrisa de puro alivio.

— ¿No necesito nada más que las pociones hormonales? — Preguntó Harry, acomodándose la túnica que el Slytherin le había pasado.

— No. Tomarás las pociones de calcificación, también aquellas que regeneran tu sangre (por si las dudas) y no olvides tomar el nutricional, sigues estando demasiado delgado para mi gusto — Harry hizo un gracioso mohín de disgusto y Draco no pudo evitar el sonreír. Madame Pomfrey se sintió aprobando lo bien que se veían los dos juntos—. Bien, como ya sabrán, los había estado esperando desde hace un tiempo, aunque ciertos... problemas con sus compañeros — Moviendo la cabeza negativamente ante el recuerdo de los malcriados adolescentes víctimas de una broma—, me vi en la necesidad de pedirles que se alejaran por un tiempo, y no creía que su estado fuera tan avanzado como para requerir mi evaluación. Después de todo, usualmente los hombres que se embarazan no suelen notarlo hasta que sienten lo síntomas (que no es muy común) o hasta que es notable. Y sí — Afirmó ante las caras sorprendidas—, el embarazo masculino es, en su mayoría, diferente al femenino. Es el mismo proceso en ambos, pero no las fuentes de alimentación. No hay síntomas porque el bebé no se alimenta completamente de lo que come la "madre", es más factible que lo haga de la magia y probablemente de la sangre.

— ¿Por eso no he sentido tanta hambre?

— ¿Tienes antojos? — El Gryffindor asintió—. Entonces, sí, por eso mismo no has tenido tantos deseos de alimentarte más allá de tus hábitos rutinarios — Ambos chicos no pensaban que los antojos fuesen rutinarios—. Sin embargo — Advirtió con el típico profesionalismo suyo—, las cantidades deben ser mayores¿entendido? No queremos que sufras de una baja de nivel mágico porque el bebé se vio obligado a alimentarse en total de la tuya.

— Por todo lo que ha dicho, nos da a entender que el riesgo supera al resultado que deseamos — Exclamó Draco, inmutable, pero en el interior haciendo anotaciones mentales sobre lo que le provocaba la formación de su... bebé dentro de su amor. Por la misma línea en la cual sobresalía su preocupación.

Madame Pomfrey se mantuvo en silencio unos segundos, buscando las palabras correctas para expresar algo que — no por ser inusual— representaba una caótica situación.

— Es como se rige la naturaleza de un embarazado guiado, casi, totalmente mágico — Suspiró—. Señores, ciertos sucesos del ciclo de la vida son creados para ello. Las mujeres fueron creadas para procrear de forma natural, sin magia de por medio, a diferencia de los hombres, quienes fueron creados para fertilizar la nueva vida que crea la fémina. No malinterpreten, no es que esté escrito en piedra, ni mucho menos que yo sea prejuiciosa. Solo es como las cosas giran en el entorno de la vida. Y como dicen, "la magia hace milagros".

— No necesitamos preocuparnos¿verdad? — Habló Harry, un poco tembloroso. Calmándose ligeramente al sentir una fría mano deslizándose hasta tomar la suya.

— No, pero si hay algo que noten fuera de lugar, vengan de inmediato. Las pociones están al lado suyo — Señalando al lado de Draco—. Es todo, jóvenes, buenas noches. Los espero el próximo trimestre.

Y con eso, se retiró a su despacho.

Draco era una persona muy hermética, los gestos mimosos eran escasos, y solo ocurrían cuando eran explícitamente necesarios. Más tarde, Harry averiguó que aquella mañana en que le había saludado con un beso y apretado contra sí, fue debido a que Draco estaba descolocado por el malestar matutino. Le desilusionó un poco enterarse que el Slytherin era solo capaz de mostrarse cariñoso cuando su carácter se aturdía. Mas sus pensamientos fueron destrozados al sentir como Draco se acercaba y le abrazaba fuertemente.

Harry no supo como reaccionar.

— Le pediré a Dumbledore que nos dé una habitación privada, no dejaré que pases por esto solo. Y sabes a lo que me refiero con 'solo'.

El Chico Dorado inclinó ligeramente su cabeza, levemente aprensivo. Aceptando de todos modos.

— Aún así, no creo que haya estado solo desde el principio — Dijo, frotando su mejilla con la de Draco. En respuesta, el rubio le tomó el rostro hasta eliminar el espacio que le separaba de sus labios. No fue un beso apasionado (los que solían compartir más), fue suave y hasta cierto punto casto.

Harry suspiró al sentir como el rubio le separaba.

— Hace tiempo que no me tocas como antes — Habló Harry, feliz de que su voz no saliera afectada.

Draco elevó una mano hasta rozar su rostro, sin palabras, detallando cada contorno. Hasta llegar a los labios y ser detenido cuando la mano de Harry se le unió para bajarla.

— Tocarte es algo que siempre está presente en cada uno de mis propósitos día a día — Respondió al fin—. Mi deseo hacia ti no ha disminuido, Harry... al contrario, crece cada vez que mis dedos te rozan — Sonrió ligeramente—. Has roto cada una de mis barreras de una manera tan fácil que nunca lo creí posible en mi vida, mucho menos viniendo del que antes consideraba el Héroe Trágico.

— No es una respuesta — Señaló Harry. Alegre por la confesión y confundido por el deseo que le es profesado, pero no efectuado.

— La respuesta no entrará en las que calificarías coherentes o correctas. Te va a molestar y eso es lo menos que deseo en estos momentos.

— Prueba.

— Harry...

El mencionado entornó los ojos por lo bajo.

— Sabes muy bien que no soy el típico Gryffindor que explota fácilmente. También poseo una mente fría, Draco.

Suspirando hondamente, Draco contradecía mentalmente la idea, pero si quería librarse de eso, evitarlo no era el buen camino.

— No me es posible tocarte de nuevo, no hasta que mi herencia salga a flote y no te una a mí cuando más necesitas tu magia para nuestro pequeño.

— ¿Unirme a ti...?

— El enlace, Cachorro, aquel que el Veela efectúa después de sus 16. Un enlace de ese calibre requiere una ingente cantidad de magia pura — Recalcó. Sabiendo de antemano que no necesitaba más. "¡Draco Malfoy¡Cómo te atreves a mostrar tal cinismo delante de tú pareja!" Draco casi colapsa ante su propia conciencia, pero la acalló. Es que no podía hacerlo, no podría... "¡Necesito tiempo... ¡Por Salazar, necesito hablar con padre... pero ¡ya!!"

Trató de que la sonrisa en su rostro no decayera, y Harry pareció no notarlo.

— Oh... Pero — Vacilando, se acercó hasta colocarse sobre su regazo y rozar sus labios—. ¿Tocarme¿No puedes solo... tocarme? — Susurró anhelante. Se preguntaba dónde había quedado su pudor Gryffi.

Y Draco, haciéndose la misma pregunta, rodeó con un brazo la cintura de Harry, estrechándole.

— Puedo hacerlo — Admitió sin sentir la más mínima duda y dándose cuenta de lo fácil que su cuerpo reaccionaba por la sola iniciativa del otro chico.

Harry hizo un sonido que hizo reaccionar "algo" en Draco. Ronronear de ese modo, tan... sexy. Porque hay diferentes ronroneos, y ese se lleva el premio al más estimulante de todos.

Y eso que hacía con su oreja era más allá que estimulante. Encontrándose a sí mismo haciendo sonidos que rozarían a los gemidos. "Que poco Malfoyesco te ves"

— Mmmm... Entonces, hazlo — Susurró Harry, mordiendo suavemente la nívea oreja. Destrozando avasalladoramente el cometario desdeñoso de la conciencia de su novio. Deslizando su mano por el firme torso—: Tó-ca-me.

"Oh, Maldita sea, eso es demasiado" pensó Draco en la nebulosa de su mente. '¡Espacio abierto y libre para ser explorado!' gritaba cada uno de los suaves y felinos movimientos del moreno.

A pesar de que Draco estaba más que encantado de cumplir el propósito, no tuvo más opción que alejar las manos de aquel cuerpo que se le ofrecía en total voluntad. No quería arriesgarse a ser atrapados en la enfermería. Ese determinado pensamiento le hizo ver lo que en un momento de total claridad consideraría de mínima trascendencia: Sus prioridades pasaron a pertenecer a su cuerpo y corazón. Lo paradójico era que, cuando estaba en blanco, consideraría prudente no pasarse de listo y aprovecharse. Y ese era el momento...

Una mano calida en el interior de su camina desabrochada le hizo regresar a la realidad y con ello, devolverle la razón. Separó reticente el cálido cuerpo de su novio, sintiendo la disconformidad en ambos.

— Lo siento, amor, pero primero el bebé y después nosotros — Decía, sacando él mismo la mano de Harry y dándole un beso en compensación.

— Pero...

— Nada — Cortó, tajante y severo—. Necesitas tomar esas nuevas pociones que Madame Pomfrey nos dio.

— Pero... — Quejumbroso y "con ganas".

— ¿Quieres que te las dé en contra de tu voluntad? — Amenazante.

— Grrrr — Fue la "elocuente" expresión.

— Me lo imaginaba — Levantándose de su asiento, le tendió la mano.

— Te odio — Puchero marca: 'Soy un adorable embarazado¡Haz lo que YO digo!' y parándose para encararle. Rechazando de forma grosera e infantil la mano.

—Me amas — Corrigió Draco, presuntuoso a morir y una sonrisa por demás encantadora. Caminando hacía la salida y murmurando un perceptible—: Y yo te amo, pero tú me amas más porque soy apuesto.

— Arrogante — Gruñó Harry, caminando detrás del rubio.

— Malcriado — Le dijo, con una sonrisa altiva.

— Serpiente — Atacó Harry, emparejándose a su paso.

— Vaya, gracias — Burlón y mirándolo de reojo.

A la vista general parecían como si estuviesen discutiendo... cosa que estaban haciendo, pero con falsa molestia. Harry con el ceño pronunciado en gesto enojado y Draco con la sonrisa altiva en signo de total burla. La gente que se iba topando con ellos solo les miraba como si ya extrañaran eso y se alejaban con risitas estúpidas.

— Uh, egomaniaco.

— Prefiero egocentrista, por favor.

— Grrrr... Contigo no se puede.

— Ya deberías saber que a un Slytherin no se le puede insultar por ese lado. Son más halagos que otra cosa — Terminó riendo siniestramente.

— Gracias a Dios soy un Gryffindor, ustedes los Slytherins son macabros y sádicos.

— Envidioso.

Les tomó varios minutos la gran cantidad de motes que les pasaban por la cabeza. Hay que admitir que el más imaginativo fue Harry, pero Draco fue más astuto, y eso que no llegó a los motes agudos. Esos sí estaban para el afanoso explote.

— ¿Te rindes? — Ofreció Draco, con la sonrisa soberbia que le caracterizaba.

— ¡Nunca! — Fue la respuesta, solemne y tozuda. Internamente sabía que ya no podría más.

— ¿Y bien?

— No presiones a tu suerte... — Advirtió Harry, mirando las velas más cercanas a la mesa de Gryffindor, donde se hallaban sentados. Era la hora de la cena.

Mientras esperaba la supuesta réplica, Draco tamborileó con sus finos dedos en la dura mesa, mientras su barbilla yacía apoyada sobre su otra mano, claro, sin perder su elegancia.

— ¿Alguna idea...? — Tentó el rubio Sly, su respuesta: un gruñido de parte del pelinegro—. Ok, esto podría durar toda la eternidad y yo estaría contigo siempre, porque por ti haría cualquier cosa — Harry ya estaba sintiendo el encanto de esa sonrisa y esas orbes plateadas—, pero esto no es tu fuerte, amor.

El fondo cursi que pasó por la cabeza de Harry cayó en picado ante el último comentario.

— Tu don de encantarme e insultarme a la vez es arrolladora, mi amor — Gruñó por-quién-sabrá-cuántas-veces en el día.

Y a Draco se le iluminaron los ojos en una fracción de segundo. Dejando de lado el sarcasmo, las palabras fueron perfectamente bien expresadas. Un leve rubor en el Gryffindor indicó que lo había notado. Precisando la reacción de Harry, Draco no dijo nada sobre ello. Empero, el brillo de sus ojos no desapareció en ningún instante.

- Deberíamos encaminarnos con mi padrino –sugirió Draco, instalando su máscara de indiferencia una vez más. Apretando la mano de Harry, sin soltarle, haciéndole entender que era necesario. Harry no se preocupó en preguntarle la razón, posponiendo sus interrogantes para cuando estuviesen a solas... si es que no terminan haciendo otras cosas.

Dirigiéndose a la salida del Gran Comedor, Draco le dirigió una última mirada a su mesa, Slytherin, donde Theodore la captó, asintiéndole en entendimiento.

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Mansión Riddle. Little Hangleton.

— Las súplicas no son favorables en tu situación, Fenrir. ¿Puedo preguntar el motivo de ese aberrante deseo por un licántropo de tan baja categoría? — Desdeñó Lord Voldemort, señalando el bulto que figuraba ser un cuerpo a sus pies, justo al lado de Fenrir. Todo en un siseo muy bajo, gélido. Lo suficientemente bajo como para que solo el Líder Licántropo lo escuchara, dejando en suspenso horroroso a todo el Circulo Interior.

Cada uno de los sentidos de Fenrir Greyback le gritaba que se pusiera dignamente de pie y dejara su patética posición a los pies de esa serpiente, para hacerle retractar de sus intoxicantes palabras. Para hacerle tragar esas ofensas. Para defender a su licántropo.

— No es solo un licántropo cualquiera, Milord — Se escuchó decir, sumiso. Queriendo desgarrase así mismo por ello.

— ¡EN ESE CASO, EXPLÍCATE! — Rugió ante el silencio. El eco de sus palabras rebotaron en las paredes de piedra oscura y sinuosa, haciendo estremecer a cada uno de los espectadores.

Fenrir se mordió la lengua y respiró profundamente, dándose a sí mismo el temple que le hacía falta.

— Es mi pareja, Milord.

Los gestos del Lord se endurecieron y sus ojos se entrecerraron hasta formar dos rendijas de un rojo escarlata. O más bien, de un brilloso rubí, brillante en algo que apenas y pudo interpretar, partiéndose entre el asombro, entendimiento, furia y ambición. El último fue aquel que más mella causo en su ser. Ambición de poder... y su confesión era la causante.

Reír o llorar. Esas fueron las dos reacciones que cruzaron como un rayo por la cabeza de Greyback, que sin duda se arrepentía de haberlo dicho. Podría haber dicho que era un capricho, una presa, un juguete, un trofeo... pero no pudo. No podía mentirle al rey de los engaños. No podía mentirle a Lord Voldemort. Aunque su sangre hirviera en deseo de dejarle con la palabra en la boca a esa serpiente humana.

— Llévense a Lupin, ya saben a dónde — Siseó el Lord, llanamente.

— Milord... — Se levantó Fenrir, demasiado rápido, viendo como uno de los Generales cargaba a su licántropo. Estaba a punto de detenerlo, pero Voldemort le indicó con una sola mirada que si se atrevía, moriría en el mismo instante que lo tocara.

Fenrir no se tranquilizó ni un atisbo. Viéndolo desde su retrospectiva, el Lord reprimió el Avada que rozaba su lengua y las chispas que su varita desprendía, escogiendo mejor, su rara vez usada, paciencia.

— Juguemos mis reglas, Fenrir, y pronto tus deseos se harán realidad — Ofreció el siniestro Lord.

Fenrir tuvo una pequeña esperanza. Si se le ofrecía algo, cualquier cosa, pero algo, valía la pena.

— Como usted diga, Milord.

El Innombrable le dio la espalda, sonriendo. Y encarando finalmente a todo sus Generales, se sentó con soberbia en su trono.

— Siempre será como yo diga.

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Mazmorras.

La nube que eclipsaba su mente se iba alejando, sintiendo a su derredor los olores, sonidos, sentidos. Todo se sentía lejano, pero a al vez tan vívido. La frialdad en su espalda húmeda, la dureza de su respaldo, sus ropas rozando con crueldad su sensible piel, transpirada y con algunos resquicios de sangre seca. Los olores a moho y penetrante humedad. El frío. Eso era lo que más resentía.

Jadeó, en un esfuerzo por moverse. Y por fin abrió sus dorados ojos, tratando de despertar del letargo enfermizo en que su cuerpo se empecinaba en permanecer, para recuperar cada una de las funciones primordiales.

Trató de sentarse, pero ni siquiera los brazos le respondían debidamente.

— Maldita sea... — Murmuró en otro jadeo, sentía que cada simple acción le costaba la vida. ¿Cómo demonios terminó en ese estado?

— Yo también me preguntaba lo mismo — Resonó un suave susurro que, indiscutiblemente, no fue el suyo.

Remus se sobresaltó tanto que si hubiese estado parado hubiera pegado un salto por el susto.

— ¿Quién está allí? — Buscándolo con la mirada, pero no podía ver más allá de su nariz, debido a tanta oscuridad.

La respuesta nunca llegó. Y Remus sintió que no le agradaba el silencio.

Si bien el silencio no era sordo, tampoco era muy aclarador que digamos. Escuchaba a la perfección las goteras, chillidos de ratas y ecos de sonidos exteriores. Pero no una respiración que le permitiera saber que alguien le acompañaba.

— Siempre pensé... que... una persona nunca podría quedar prendado inmediatamente de otra solo con verla por primera vez — Susurró de nuevo la voz.

Remus esta vez, contuvo el escalofrío que recorrió su espina dorsal. Y no fue una reacción de miedo, fue exactamente eso lo que le preocupo más. Trató de vislumbrarlo entre tantas sombras, pero no podía, y eso que sus sentidos licanos le ayudaban en la tarea.

— ¿Quién eres?

Está vez, la contestación fue inmediata:

— ¿Importa acaso?

— Para mí sí — Replicó Remus, sorprendiéndose por estar comenzando una plática civilizada, comparándolo con el rudimentario lugar.

Aquel que le hablaba soltó una risa baja.

— No sé si sentirme honrado o preocupado por tu interés en mi... persona.

Remus frunció ligeramente el entrecejo. ¿Pues qué esperaba? Estaban compartiendo la mazmorra. No tenía muchas cosas que hacer... además de averiguar dónde estaba, pero sabía muy bien que no valdría la pena el esfuerzo. Si Fenrir le atrapó... por esa razón, ni siquiera al amo al que le sirve podrá cambiar los hechos.

— ¿Y bien...? — Dijo, obligándose a dejar de lado el tema de Greyback, y concentrándose en las sombras delante de él. Donde sus instintos le decían que se encontraba la otra persona.

— Yo no diría quién — Empezó la voz, serena—, más bien diría qué... Y además, no creo que te agrade...

— No estoy en posición de juzgar — Desolado. Después de todo, era un Licántropo señalado por el ministerio como una criatura clase XXXXX (Asesinos, sin posibilidades de socializar con ellos en su metamorfosis.)

Hubo un corto lapso de silencio y Remus se distrajo, estudiando el corte de su palma derecha, esperando. Era un poco profundo, pero afortunadamente no se hallaba infectado, solo esperaba mantenerlo así.

Y la voz pareció encontrar... su voz. Remus esbozó una sonrisa sardónica ante la ironía.

— Bien, en ese caso, cuando lo diga¿me darías la oportunidad de conocerte mejor?

— Claro, no tengo problemas en ello — Concedió Remus, un poco distraído, pero seguro.

— Eres peculiar — El castaño se debatió entre sentirse extrañado u ofendido. La voz rió de nuevo—. Dicen que las rencillas entre razas de diferentes especies evitan que los lazos sentimentales se formen, pero no he visto tal cosa aún, y en estos momentos no impide que uno de esos lazos se este conformando...

— Uh, no entiendo qué tiene que ver eso — Admitió Remus sinceramente. El sujeto era raro. Sí, ya había definido el género de la voz. Era fuerte, grave y con un matiz sereno, casi tranquilizador.

— Oh, tiene mucho que ver, pero¿me dirías tu nombre primero?

Soltó un suspiro errado, debido a una punzada en su mano. Al parecer su cuerpo estaba saliendo del shock que le provocó Greyback. Se dio cuenta que no había respondido y se apresuró a hacerlo.

— Remus, Remus Lupin.

— Un gusto en conocerte... Remus... curioso...

— ¿Perdón?

— Tú nombre: Remus. Un derivado de los nombres Rómulo y Remo, hermanos gemelos. Mitológicamente, los fundadores de la Gran Roma. Pero eso no es lo que me parece curioso... se dice que ambos fueron abandonados y una Loba los adoptó como sus cachorros...

— Oh, muy... curioso de verdad — Fue lo que surgió después del silencio estupefacto de Remus. Él no sabía tan interesante historia y mucho menos que su nombre derivaba de ella. Deseaba saber toda la historia, tal vez se lo preguntaría luego, pero primero lo primero ¿Quién era esta persona y por qué sonaba como si supiera de su condición? Claro que la mayoría lo sabe en el mundo mágico, pero eso no era una excusa suficiente—. ¿Y tu nombre es...?

— Los sirvientes del Lord — Ironía—, me llaman "El Hombre de la Mazmorra" — Y antes de que Remus preguntara, agregó—: Voldemort decidió mejor ocultar...me — Casi le sale el 'ocultar tan valiosa criatura Inmortal'—, pero eso no importa, puedes llamarme Khayman...

— No eres mortal — Fue la escueta respuesta. Y Khayman se sorprendió. De verdad no esperaba que lo averiguara, pero tampoco esperaba ocultárselo. No si quería cumplir su... cometido.

— Cierto — Confesó—. Soy Khayman... soy un Antiguo, incluso más antiguo que el actual Líder y Príncipe de los Vampiros... ¡Ah! Y dicen que soy más sabio. No lo sé, si ser sabio es tener miles de años de conocimiento desde el reinado de los egipcios, entonces yo no soy quién para negarlo.

Continuará...

Mister Manipulador: Señor Manipulador. Es un término que los Ingleses usan mucho, suena gracioso cuando lo asocias a una frase, es como decir Señor.

Cirse: Era una bruja que siempre se las arreglaba para escapar de los linchamientos de la gente en el pasado. De hecho la mujer lo hacia a propósito, para ver que tanto le tomaba escapar de las llamas y darles un susto de muerte a los muggles. Muy famosa porque nunca lograron quemarla XD. La expresión se consideraría como decir: 'Dios', 'Merlín', etc.

N.A: Sé que están enfadadas porque no subí por dos meses, mucho menos ni pistas de mi fic... Pero he tenido un mes de castigo (no es extraño ¬¬U), y el segundo mes, lo mas remarcable fue que la semana que empecé las clases de 5to semestre (o tercer año de Prepa) han sido los mas tediosos y extenuantes, no complicados, pero muy extenuantes. En resimudas: el Colegio dejó de ser de enseñanza para ser de "corrección"... Malditos políticos de mierda que no saben los cambios atroces que no hacen pasar ¬¬#. Y no ha pasado una vez... Todo esto va desde que entré a la prepa ---- Están destrozando mis nervios y mi promedio esta más desestabilizado que la misma política que Bush maneja... Damn it!

Oh dios! Eso fue grandioso, me siento mejor de expulsar mi veneno hacia la estructura Educacional Risas Hasta mis padres le mentan al colegio XDDD. Como sea, creo que muchos de ustedes ya me conocen, así que me ahorro las disculpas por el cargado comentario (risas)

Ahora la nueva forma en que contestaré Reviwes será vía directa, por mail, se me hace mas sencillo y fácil. No puedo hacerlo de golpe (como solia hacerlo) y subir las contestaciones en el cap, asi que espero que me disculpen. Contestare algunas de las dudas más importantes:

1.— No! Y Rotundo NO! Baby-Harry&Draco no va a morir ni va a pasarle el horror de los horrores que la mayoría de las autoras les encanta meter para darle Drama a una historia. Me parece torturador, sobre todo cuando yo soy una lectora compulsiva de Harry con pancita; no haré nada malo al nene.

2.— Sé que he dejado a Apolo de lado, pero no me gusta poner a una Mary-Suu (Como les gusta llamar los Americanos a los Originales que acaparan la historia), pronto hablaré más sobre su pasado, mejor explicado (de hecho hay un fragmento en que estoy trabajando para el sig cap).

3.— Dejé de lado a Gaby (Gabrielle) como segunda creación de Lestat porque me gustaría darle importancia al lazo entre Louis y Lestat. Sí, Gaby es la segunda creación de 'Stat, pero también es su madre... Y no es porque sea pudorosa o cerrada, pero una creación siempre ha sido más que un compañero, amigo, hermano, madre, padre, etc... Más que todo eso han sido amantes... No pretendo profundizar en el lazo Gabriell-Lestat, si bien ya dije que era su creación, no pienso traer esa idea de nuevo. Perdón si ha algunos les pareció fuera de lugar, pero ya dije: es un AU, y eso incluye a los personajes de Anne.

4.— Lo de la magia del Bebé... bien... Aquí lo expliqué, en éste cap, espero que halla quedado claro y no salgan mas dudas que aclaraciones risas

5.— esto no fue mucho en está pagina, fue en otra en que publiqué Me sentí un poco abrumada por las reacciones recibidas de la relación Regulus-Remus-Reaven... Lo siento mucho si no les gusto, pero esto explica porqué Reav y Siri no se llevan, también porqué Sev y Siri terminaron (aunque faltan varias cosas que aclarar muajajjaja)... No lo voy a cambiar, no me voy a retractar... Hell people... Ni siquiera debería sentirme así de depre, pero siempre he sido afecta a las reacciones bruscas: de un momento a otro están felices y al otro quieren matarme! ... Bueno, el punto es que en el corazón no se manda y Remsy tuvo uno de esos amores platónicos... Luego se aclara mejo esto.

6.— Y con cierto punto, me estoy pasando de melosa (ya me había dado cuenta antes de que me lo dijeran XD) pero necesitaba alguien que lo encarará, así que... se está enfriando el cap... ¿Quieren Lemmon? (sonrisa perversa) solo digan y ust lo tienen, que aunque no he hecho muchos, me han pervertido ciertos fics (risas desvergonzadas)

Son todas las que puedo responder por el momento... por cierto, uno último (compensación por la brutal tardanza): Busquen info sobre el síndrome de Couve y sabrán porqué Draco anda evasivo (mintiendo XD) en el tema de 'hacer el amor" (nunca me verán diciendo: sexo, al menos no entre Harry y Draco cuando las cosas van serias)... El lazo no se formó cuando lo hicieron esas dos veces anteriores y obviamente no se formara en esos momentos... ¿pero cómo va andar enterándose Harry si apenas tiene una semana de la noticia de su novio siendo Veela? ---Hasta ahí! Es fácil saberlo.

Besos y muchos 'perdón por la tardanza' para todos mis lectores: YO (amenazas de muerte recibidas risas bienvenida al lado oscuro XD), Niku Black (no estoy desaparecida, solo casi ahorcada por el estrés de la Prepa ¬¬U... XD), Leahnor Naril Potter (me puse agresiva con el 'No'¿verdad? XD), allalabeth (mis respetos, leer algo de tirón te deja de la patada y con ganas de leer mas XD) Neko-Fafa (creo que ya expliqué lo de Gaby¿no? XD, y lamento mi súbita desaparición!) paloma (Oiie! Yo tmb pensé en lo mismo cuando me castigaron XDD), kaoru-himura1878 (has pronunciado mis dos palabras favoritas: Sweet! And Cute! Pero en otro idioma XD), marsha (Tus dudas mi querida Marshy-chan nuevo mote! serán contestadas pronto, solo no desesperes XD), Izumi-sakachita (logre hacerlo, gracias a la Prepa que ironía, mi perdición y mi salvación a la vez ¬¬ háblame en el MSN good Damn it! XD), lilith van garreth (siempre son bienvenidas tus criticas Lily! No te preocupes), lireve (Tranqui, Lira-chan! No hay problema, solo no me abandones totalmente XD), ChechuMoony (gracias por la puntuación!), Hikaru H.K (hey! Tomé tu punto, tienes toda la razón y por ello te voy a dar un regalo: Te escribiré un One-shot, solo dime cómo lo quieres y de cualquier personaje (solo veremos si soy capas de conocerlos XD) Ok? Nos leemos luego!)