Fotografía

Casa de Santana y Brittany. Martes 14, 13:00h.

Santana se encontraba tirada en el sofá mientras su novia preparaba la comida de Lord Tubbington, ya que según Amanda era fundamental a seguir por la extrema obesidad de éste.

Santana: ¡Estúpida pasea perros! Mira que mandarle una dieta especial a base de queso… se suponía que tiene que adelgazar –murmuraba por lo bajo-.

Brittany: Te he oído San; y no te metas con Amandy que ella al menos quiere mucho a Lord Tubbington. ¿Te gusta el chorizo con queso Tubbi? –preguntaba al minino-.

Santana: ¿Chorizo con queso? Un día este gato revienta…

-Será mejor que llame a Amanda. Un día de estos el gato se nos muere de una indigestión y aunque quiero que el gato desaparezca no quiero ver a mi rubia triste-.

Brittany: Tubbi, ¿Cuántas veces te he dicho que uses el teléfono sólo para emergencias y no para apostar en las carreras? –dijo enfadada-.

Santana: Britt, cariño, voy a llamar por teléfono –dijo mientras cogía el móvil-.

Mientras tanto en casa de Amanda.

Amanda se encontraba en casa. Éstos dos últimos días los había tenido tan ocupados que no le dio tiempo de ir al hospital a ver a la morena. Tenía la casa patas arriba, ya que ese fin de semana tuvo una visita inesperada desde España.

Amiga: ¡Morena, te llaman por teléfono! –gritó cogiendo el móvil de Amanda que estaba sobre la mesa-.

Amanda: ¿Quién es? –preguntó desde la otra habitación-.

Amiga: Aquí pone "Latina hot" –dijo riéndose-.

-Será jodía la andaluza esta que las tiene de todas las nacionalidades-.

Amanda: Cógelo, que me estoy terminando de vestir.

Amiga: Jelou sexy latina –dijo nada más descolgar el teléfono-.

Santana: ¿Amanda? –dijo desconcertada, pues aquella voz no le sonaba familiar-.

Amiga: No, pero para ti soy lo que tu quieras… -dijo sensualmente bromeando-.

Santana al escuchar esto se separó el móvil de la oreja para asegurarse de que había marcado bien el teléfono de la veterinaria.

-Sí, pone Amanda. Este es su número… o será…-.

Santana: Perdone, ¿Este es el teléfono de Amanda Scott? –dijo algo mosqueada-.

Amiga: Sí, pero ahora mismo está en la habitación y…

Amanda: Trae loca. Ya me la estás liando, ¡Contenta me tienes! –dijo quitándole el móvil y atendiendo ella-. Dime San.

Amiga: No me dejas que me divierta. Tener amigas para esto… -dijo entre risas, pues al menos algo se había divertido-.

Santana: ¿Quién es esa loca que me ha cogido el teléfono?

Amanda: Lo siento San, es mi amiga Carmen.

Santana: ¿Tu amiga esa loca de España de la que tanto hablas?

Amanda: La misma… Aunque ya no sé si llamarla amiga… –dijo mientras la miraba-.

Carmen: No me mires así, que no he hecho nada.

Amanda: Eso me mosquea más que si estuvieras haciendo algo.

Santana: ¿Te pillo en mal momento? Parecía que estabas muy ocupada en la habitación –dijo pícaramente-.

Amanda: Solo me faltaba eso… Estaba cambiándome que tengo que llevar a Carmen al aeropuerto. Vino a pasar el fin de semana con unas amigas que tiene aquí en Nueva York y, de paso, a destrozarme la casa. Así que dime.

Santana: Pues verás quería hacerte una consulta profesional sobre Tubbi…

Amanda: ¿Está bien? –dijo preocupada-.

Santana: Sí, si ese es el problema.

Amanda: No te entiendo… -dijo desconcertada-.

Santana: Pues que Britt no para de darle de comer y no sé cómo no ha reventado ya el pobre.

Amanda: Ahhh, tranquila. El gato tiene el estomago de hierro; pensé que era por otra cosa. Tú tranquila, deja que coma lo que le gusta.

Santana: Está bien. Bueno tengo que marcharme, que he dejado a Brittany sola en la cocina y creo que se está peleando con el gato.

Amanda: Vale guapa. Un beso para ti y otro para la rubia.

Santana: No te pases jirafa; a la rubia solo le doy besos yo.

Amanda: Vaaaaleee, hasta pronto.

Santana: Adiós Amanda y gracias –colgó el teléfono-.

Carmen: ¿Otra de tus conquistas? ¿Cómo son las latinas en la cama?

Amanda: Tú no cambies Carmen... –dijo riéndose-. No me la he tirado. Es solo una de mis amigas.

Carmen: Amiga, ya…. ¿pero tú tienes de eso?

Amanda: Anda y tira pa'lante que tienes un vuelo que coger y se nos va a hacer tarde.

Carmen: Un día me tienes que enseñar tus técnicas de ligue, aunque no sé si me funcionarán con los hombres….

Amanda: ¿Por qué no?

Carmen: No creo que decirle a un hombre te voy a comer la almeja sea apropiado –dijo toda seria-.

Amanda: Jajajaja yo no digo eso. Que burra eres a veces.

Amanda y Carmen cogieron todas las maletas y salieron hacia el coche de la morena. Tenían un poco de prisa, pues Carmen tenía que coger un vuelo esa misma tarde y la estaban esperando en el aeropuerto.

Santana al colgar el teléfono, vio que tenía un par de llamadas perdidas de Rachel. Se preocupó pensando que le había pasado algo. Decidió marcar rápido el número de Rachel; necesitaba salir de dudas.

Rachel: ¡San! –dijo desesperada-.

Santana: Rachel, ¿estás bien? ¿Te ocurre algo? ¿No está la rubia contigo?

Rachel: Joder San, la he cagado –dijo llorando-.

Santana: Como no te calmes no me voy a enterar…

Rachel: Es Quinn, me ha dejado. Se ha marchado y no sé dónde está.

Santana: ¿Que te ha dejado así? Es que ésta rubia no tiene más que pájaros en la cabeza…

Rachel: No San. Se fue por mi culpa –hizo un pequeño silencio-. La he perdido.

Santana: Qué le has hecho esta vez, ¿estábais bien juntas?

Flashback

Casa de Rachel. Lunes 13, después de la cena.

No sólo se dieron ese beso de apuesta, si no que después de ese vinieron muchos más. La ropa para ambas ya empezaba a estar de más y necesitaban sentirse. Ahora no bastaba con besarse; sus manos reclamaban también atención. La rubia decidió parar ese momento separándose de la morena, empezaba a notar que no podía controlarse y no quería hacerle daño a Rachel. Quería hacer las cosas bien.

Rachel: Umm ¿Por qué paras? –dijo aún con los ojos cerrados-.

Quinn: Créeme que a mí no me importa hacerlo en medio de la cocina o en cualquier lugar de la casa… pero no creo que sea muy cómodo para ti.

Rachel: Acuérdate de que cuando me recupere vas a probar hasta el último rincón de esta casa –dijo susurrándole al oído-.

Quinn: Espero que eso pase pronto –dijo suspirando-.

Rachel: Más pronto de lo que te imaginas –dijo agarrándole de la mano para llevársela a la habitación-.

Quinn: ¡Espera! –se paró en seco-.

Rachel: ¿Qué ocurre? –dijo sorprendida-.

Quinn: Se me ha ocurrido una idea –dijo con una mirada traviesa-.

Quinn se soltó de la mano de la morena y se dirigió de nuevo a la mesa para recoger el sirope de chocolate que había sobre ésta.

Quinn: Por un día podremos saltarnos la dieta ¿no? –dijo sensualmente mostrando el bote de sirope-.

Rachel: Creo que voy a tener que hacer el doble de ejercicio para quemar todo lo que pienso comerte –dijo volviéndola a coger de la mano-.

Rachel arrastró literalmente a Quinn hacía su habitación y la rubia tampoco es que hiciera mucha resistencia. Cuando llegaron a los pies de la cama, Quinn con mucho cuidado tomó el control de la situación.

Quinn: Cielo… Hoy soy yo quien toma el control. Tú solo relájate y disfruta –dijo dulcemente-.

Rachel no opuso mucha resistencia ante las palabras dulces de la chica, ya que ella antes le había dado vía libre para hacerlo. Con una mirada hacia Quinn le hizo entender que estaba de acuerdo con lo propuesto.

Así Quinn empezó a desabrocharse la camisa botón por botón muy lentamente; echándole una mirada penetrante a la morena. Ésta se quedó parada ante la sensualidad de los movimientos de su compañera; otra vez se volvía a repetir ese baile sensual ante sus ojos, pero esta vez era diferente porque ahora la rubia era toda suya. Se quedó congelada observando la mirada, de la ahora bailarina, que se le clavaba en el alma y a la vez le provocaba unas ganas irremediables de hacerle el amor en el mismo suelo. Pero siguió contemplando más abajo, hasta donde sus manos se encontraban desabrochando el último botón del centro de la camisa. Ese botón que le dejaría ver el torso de la rubia. Rachel no podía aguantarse más, le estaba pareciendo una eternidad; y encima Quinn se había dado cuenta de ello y estaba demorándose a propósito.

Rachel: ¡Espera! Quiero quitártelo yo –dijo acercándose a Quinn-.

Quinn dejó que la morena se acercase para desabrocharle el último botón. Ésta se relamió los labios y con sumo cuidado quitaba el botón que le quedaba. Pasó sus manos por los pechos de la rubia, que aún conservaban el sujetador; y con lentitud subió hasta sus hombros, deslizando la camisa y haciéndola caer al suelo.

Quinn notó que la morena no dejaba de mirarle embobada, lo que le produjo una sonrisa traviesa.

Rachel: Eres preciosa –dijo besando suavemente sus labios-.

La rubia, mientras la besaba, agarró el top de la morena y lo fue subiendo lentamente por su cuerpo. Ésta ayudó levantando los brazos, para desprenderse definitivamente de la prenda. En cuanto la rubia tiró la camiseta de su compañera, volvió a unir sus labios con los homónimos. Rachel empezó a perder el control con esos besos y desabrochó el pantalón de la rubia para bajárselos. Quinn, entonces, la agarró de las manos.

Quinn: Me encantas –dijo empujándola suavemente hacia la cama-.

Quinn se deshizo del pantalón.

Rachel: Joder Quinn o vienes ya a la cama o muero aquí mismo.

La rubia no quiso hacerla esperar más y se colocó encima de la morena, apoyando los brazos en la cama para no hacerle daño en la herida. Rachel desabrochó el sujetador de la rubia mientras devoraba literalmente el cuello de la rubia. Quinn logró separarse del ataque de Rachel.

Quinn: No, no, no –negaba con su cabeza-. Tú no tienes que moverte –dijo desabrochando el pantalón de la morena-.

Quinn quitó el pantalón de la morena llevándose con él la ropa interior, dejándola así completamente desnuda.

Rachel: No es justo. No estamos en igualdad de condiciones –señaló las bragas de la rubia-.

Quinn: Eso no es problema –exclamó quitándoselas rápidamente-.

Quinn fue subiendo por las piernas de Rachel, lamiendo y besando a su paso. La morena empezó a moverse cuando la rubia había llegado cerca de su zona más íntima.

Rachel: No…pares… -dijo entrecortada-.

Quinn siguió subiendo por su abdomen hasta llegar a los pechos. Los atrapó con su boca dedicándole el tiempo que se merecían. Rachel sólo suspiraba y gemía cuando la rubia le mordía el pezón.

Quinn: Es hora de divertirse un poco –dijo a la vez que agarraba el bote de chocolate-.

Rachel: ¿Qué vas a hacer Quinn?

Quinn se untó el dedo de chocolate y fue pasándolo por el pecho de la morena. Cuando acabó, se metió el dedo en la boca. Ese gesto puso a la morena a mil. La rubia sonreía pícara y sin pensarlo lamió y besó todo lo que había untado de chocolate.

Rachel: Mmm, me está empezando a gustar este juego.

Tras acabar con el chocolate ya untado, Quinn volvió a coger más chocolate y ésta vez lo pasó por los labios de la morena. Ésta fue muy rápida y antes de que la rubia consiguiera quitarlos, atrapó los dedos de la rubia con su boca lamiéndolos sensualmente. Quinn no pudo aguantarse y se abalanzó sobre los labios degustando todo el chocolate.

Rachel aprovechó ese descuido para empezar a jugar ella con el sirope. Se le ocurrió ponerle a Quinn chocolate en el cuello.

Quinn: No es justo. No había terminado –dijo emitiendo pequeños gemidos producidos por el placer que la morena le provocaba al besar su clavícula-.

Rachel: Yo también quiero probar el chocolate en tu piel.

Rachel, sin más preámbulo, atacó el cuello de la rubia devorando todo a su paso.

Quinn: Se acabó ya el jueguecito…

Quinn bajó hasta la ingle de la morena, besando y lamiendo todo su centro. Rachel se sorprendió y con la mano agarró los cortos cabellos de la rubia empujándola para hacer más contacto.

Rachel: Quinn… cariño… tengo una idea –dijo entre gemidos-.

Quinn: Ujum –emitió sin parar lo que estaba haciendo-.

Rachel: Ponte encima; yo también quiero participar.

Quinn: ¿Me estás proponiendo un 69 Rachel? –dijo sonriendo pícaramente-.

Rachel: Sí, así no me tendría que mover mucho. Ganamos todos –dijo con una sonrisa-.

A Rachel no le dio tiempo a casi terminar la frase cuando ya tenía encima suya a la rubia en la posición adecuada. Y así, y con muchos otros más momentos, estuvieron dedicándose la una a la otra durante casi toda la noche.

A la mañana siguiente.

Quinn y Rachel descansaban agotadas por lo ocurrido en la noche. La morena fue la primera en despertarse; empezaba a recobrar su costumbre de levantarse temprano. Pero no se movió de la cama, se quedó un rato mirando a la rubia dormir.

-Qué preciosa es y qué bien me cuida. Tengo que pedirle que sea mi chica, no la puedo dejar escapar. Esta vez Rachel te has enamorado y mucho.-

Quinn: ¿Cuánto tiempo llevas mirándome? –dijo con los ojos aún cerrados-.

Rachel: Creo que una hora más o menos –respondió con una gran sonrisa-.

Quinn: ¿No te cansas? Debo de estar horrible recién levantada –exclamó avergonzada-.

Rachel: Para nada Quinn. Eres la persona más hermosa que he visto en mi vida.

A Quinn le dieron vergüenza las palabras de Rachel y se escondió bajo la almohada.

Rachel: Vamos cielo, no te escondas. No me prives de tus hermosos ojos –le dijo acariciándole la cabeza-.

Quinn: ¿Te gustan mis ojos?

Rachel: Son mi mundo.

Quinn: Que romántica te has vuelto…

Rachel: Es lo que me haces sentir.

Quinn: Voy a ducharme y a prepararte el desayuno. No te muevas de aquí y descansa un poco más –dijo dándole un beso-.

Rachel: Te estaré esperando, no tardes.

Quinn: 5 minutos tranquila.

Rachel: Una eternidad sin ti…. –sonrió-.

Quinn salió disparada hacia la ducha y, como bien dijo, a los 5 minutos volvió a la habitación rodeada con una toalla.

Quinn: Espero que no te moleste, pero te he cogido una toalla.

Rachel: No, tranquila. Si vas a aparecer así en mi habitación, te dejo mi armario si hace falta.

Quinn se quitó la toalla que le cubría, y fue poniéndose sus bragas que encontró tiradas en el suelo. Rachel no podía dejar de mirar a Quinn. Verla con el pelo mojado y con los mechones disparados y las gotas del agua resbalando por su cuello… todo ello la estaba volviendo loca.

Quinn: Rachel, ¿me dejas una camiseta? –preguntó dulcemente-.

Rachel: Ehmm –mirando a la rubia embobada-. No sé…

Quinn: ¡Rachel! ¿Como que no sé? –dijo riéndose, pues se había dado cuenta de cómo estaba la chica-.

Rachel: Es que verte desnuda y mojada así –la señaló-, me hace querer quemar toda mi ropa para no dejarte una.

Quinn: No hace falta que la quemes.

Rachel: Puedes coger una camiseta de mi armario. Tengo por ahí algunas de deporte que son anchas y que uso para dormir.

Quinn encontró, como le había dicho la morena, un par de camisetas de basket de los Knick de Nueva York. A la rubia le llamó la atención una de color blanco con las letras y los números naranjas.

Quinn: Me pondré ésta. Me gusta el basket, aunque soy más de Los Ángeles Lakers. ¿Por qué el número 3? –preguntó extrañada, pues creía que el 3 no existía en baloncesto-.

Rachel: Es mi número preferido –sonrió-.

Quinn: Mi camiseta es el 16 de Gasol. Seguro que le gusta a Amanda –dijo poniéndose la camiseta de la morena-.

Rachel: Te queda genial –dijo mirándola de arriba hacia abajo-. A mi me queda mucho más grande que a ti.

La camiseta de Rachel le llegaba justo por debajo de la ropa interior.

Quinn: Me gustaría verte a ti con la mía de los Lakers puesta –dijo mordiéndose el labio inferior-.

Rachel se levantó de la cama para darle un apasionado beso a su chica, pues no se podía resistir verla así de sexy.

Quinn: Voy a prepararte el desayuno –dijo dándole otro beso-.

Rachel: Ok, yo me voy a meter en la ducha.

Tras unos minutos, Rachel salió de la ducha y se vistió. Se acercó hacia la cocina para desayunar con su chica. La rubia había preparado de todo: zumo, café, tostadas…

Rachel: ¡Vaya! Voy a tener que pedirte matrimonio –dijo sentándose en la mesa-.

Quinn: ¡Ey! no te burles –le dijo tirándole un trapo que tenía en la mano-. A mi también me gusta que me mimen, ¿eh? Aunque yo estoy encantada de hacerlo todos los días si me levanto a tu lado siempre.

Rachel: Te prometo que te trataré como la reina que te mereces ser, pero cuando esté recuperada claro.

Quinn: Me encantaría ver el lado tierno y detallista de la señorita Berry.

Rachel: ¡Anda! Mira qué hora es…Me toca la pastilla –dijo levantándose-.

Quinn: No te muevas, ya voy yo –dijo sentándola de nuevo-.

Rachel: Tampoco es que esté inválida Quinn.

Quinn: Quiero cuidarte Rachel. ¿Dónde guardas las pastillas?

Rachel: Las dejé en el cajón de la mesita de mi habitación.

Quinn se acercó a la habitación de la morena y abrió uno de los cajones de la mesita.

-En ésta mesita no están, miraré en la otra donde duerme Rachel. Seguramente es allí dónde las ha dejado-.

Quinn se acercó a la otra mesita y abrió el cajón. Allí se encontró dos tarros de pastillas. Uno de ellos parecía que estaba casi terminado y en él pudo leer en la etiqueta antidepresivos.

Quinn: Qué raro… -dijo en voz baja-.

-Éstas deben de ser de cuando le pasó eso con su exnovia… Tengo curiosidad por saber cómo era esa chica. Llevo un día en esta casa y sólo he visto fotos de ella con Santana o Britt e incluso con Sue y Will, pero de la ex ninguna…-.

Rachel: Quinn ¿Las encuentras? –gritó desde la cocina-.

Quinn: Sí, ya voy –dijo gritándole también-.

Quinn volvió de sus pensamientos tras el grito y agarró el otro bote de pastillas que ponía antibióticos, pero al cogerlos notó que debajo del tarro había como un marco de fotos. Y ese marco estaba boca abajo.

-Para qué guardará Rachel una foto en un cajón…Y boca abajo-.

Quinn agarró la foto y, en el instante en que la miró, se quedó paralizada. Lo que no se podía creer es lo que se veía reflejado en la foto: una Rachel sonriente junto a una chica que casualmente podría hacerse pasar por su hermana gemela. Los ojos de Quinn se abrieron al máximo. La primera reacción fue tirar la foto a la cama y empezar a vestirse rápidamente. Sentía la necesidad de salir corriendo de allí; se sentía utilizada y humillada. Ahora entendía el interés de Rachel por ella, estaba clarísimo.

Rachel al ver que su rubia no aparecía, decidió levantarse para ir a ver qué ocurría. Había empezado a oír ruidos en su habitación y pensaba que no era una buena señal.

Rachel: Cielo, ¿qué haces? –viendo como Quinn se colocaba la camisa-.

Quinn: ¡No me llames así! No hace falta que sigas fingiendo Rachel –dijo enfadada-.

Rachel: Quinn si no me explicas no voy a entenderlo –dijo atónita-.

Rachel en ese momento se dio cuenta de que Quinn había visto la foto de Charlie, pues estaba tirada sobre la cama.

-Joder ha visto la foto-.

Rachel: Quinn, déjame que te explique. No es lo que parece…

Quinn: No hace falta que me expliques nada Rachel, me ha quedado muy clarito. Con razón Brittany tenía tanto interés en este corte de pelo… ¿Se lo recomendaste tú? ¿La presionaste para que me lo hiciera? Seguro que fue idea tuya.

Rachel: Yo no le recomendé nada a nadie. Escúchame por favor –dijo intentando calmarla-.

Quinn: Soy igual que ella Rachel, no hace falta saber más. Con razón tanto misterio con la chica… Claro que te recuerdo a Charlie…Claro, cómo no voy a hacerlo si ¡SOMOS IGUALES! –gritó histérica e hizo un silencio, que tras unos segundos volvió a romper-. ¿Hablo igual que ella? ¿Besa igual que yo? O, mejor aún, ¿Somos iguales en la cama? –dijo con furia-.

Rachel: ¡Tú no eres ella! –gritó-.

Quinn: Lo sé, y lo siento por ti…

Quinn cogió su bolso y se marchó de un portazo de la casa de Rachel. La morena se quedó paralizada con lo que acababa de ocurrir. No le dio tiempo a explicarse de que era ella a quien quiere por ser Quinn y no por ser la doble de su exnovia. Necesitaba explicarle que se había enamorado de ella por su forma de ser y que ya no le veía ningún parecido. Tenía que demostrarle que ella era el amor de su vida.

Rachel: Mierda, mierda, mierda… -dijo llorando-.

Rachel se tumbó en la cama y con rabia tiró la foto de Charlie contra la pared, rompiendo el cristal que se hizo añicos. Se quedó en silencio llorando y aspirando el aroma que había dejado Quinn en su cama.

-Que voy a hacer ahora… Me muero si me deja… Tengo que llamar a Santana y contarle lo ocurrido-.

Fin del Flashback

Rachel relató a la latina todo lo ocurrido con la rubia, omitiendo claro la parte en la que se acostó con ella.

Rachel: Y eso fue lo que pasó –dijo ya más calmada-.

Santana: Tranquila cielo, Brittany y yo vamos a tu casa ahora.

Mientras tanto…

Quinn llegó a su casa un tanto cabreada y empezó a hacer la maleta. Tenía la necesidad de irse por unos días de allí y pensar en todo lo sucedido.

Quinn: Mira que eres estúpida Quinn, dejarte utilizar… -dijo mientras metía ropa en la maleta-.

El teléfono de la rubia no dejó de sonar en toda la mañana, Rachel no dejaba de insistir. Quinn dejó el móvil en silencio, cogió su maleta y salió de su casa.

Quinn: ¿Por qué todas las canciones me recuerdan a ella? –pensó en voz alta-.

Quinn se encontraba en su coche camino al aeropuerto. Cuando puso la radio, escuchó canción de Fun : "We are Young". No podía parar de prestar atención a lo que decía la letra.

Give me a second I
I need to get my story straight

Dame un Segundo,
Necesito poner en orden mi historia

My friends are in the bathroom
Getting higher than the empire state

Mis amigos están en el servicio
poniéndose más altos que el empire state

My lover she's waiting for me
Just across the bar

Mi amante está esperando por mí,
justo al otro lado del bar,

My seat's been taken by some sunglasses
Asking about a scar

Mi asiento ha sido ocupado por algunas gafas oscuras,
preguntando por una cicatriz.

And I know I gave it to you months ago
I know you're trying to forget

Y sé que te lo di hace unos meses,
sé que estás intentando olvidarlo,

But between the drinks and subtle things
The holes in my apologies

Pero entre las bebidas y las ocurrencias,
los agujeros en mis excusas,

You know I'm trying hard to take it back
So if by the time the bar closes

Sabes que estoy tratando duramente de traerlo de vuelta.
Así que si para cuando cierre el bar

And you feel like falling down
I'll carry you home

Te sientes caer,
te llevaré a casa.

Tonight, we are young
So let's set the world on fire
We can burn brighter than the sun

Esta noche, somos jóvenes,
así que vamos a incendiar el mundo,
podemos arder brillando más que el sol.

Quinn no dejó que la canción terminase y decidió apagar la radio. Una lágrima empezó a asomarse, la primera de muchas que la esperarían en su viaje.

Aeropuerto de Nueva York, 15:00 h.

Amanda: Te echaré de menos Carmenchu –dijo dándole un efusivo abrazo-.

Carmen: Yo también Amandy, ya me has hecho llorar jodía…

Amanda: Suelo tener ese efecto en las mujeres –dijo guiñándole el ojo-.

Carmen: Espero que te eches una novia ya formal –dijo dándole un golpe en el brazo-. Que entre tú y mi jefa me lleváis un cacao mental con tanta mujer… que a veces os las mezclo jajaja –reía-.

Amanda: ¡Habló la santa!

Carmen: Yo ahora estoy feliz con mi HOMBRE.

Amanda: Pues deberías de buscarme una como tu jefa –dijo señalándola con la cabeza-, que está bastante bien.

Carmen: ¡Ey morena! para el carro que ella está felizmente casada.

Amanda: Lo sé, era una broma mujer.

Carmen: ¡Uy! Se me hace tarde, me voy que pierdo el vuelo –se giró de repente-. ¡Ismael espérame! Será jodío el niño… ¡Me voy a llevar a tu hermana al concierto! Ya me pedirás algo. Tener sobrinos para esto –pensó en voz baja-.

Amanda: Bueno te dejó que tus amigos te esperan –saludó a los lejos a los amigos de Carmen-.

Carmen: Cuídate morena…

Amanda se despidió de todos y se fue hacia la salida. Mientras caminaba vio a una rubia, muy parecida a Quinn, entrando como una bala hacia el interior de la terminal del aeropuerto. Le resultó extraño, pero no dudó en hacerla parar.

Amanda: ¡Quinn! ¿Eres tú? –gritó a pleno pulmón-.

Quinn: ¿Amanda? –salió corriendo a abrazarla-.

Amanda: Uoh rubia tranquila, ¿Qué pasa? ¿Y Rachel?

Quinn: Rachel está en su casa y yo me voy a la mía.

Amanda: Espera… ¿a Los Ángeles?

Quinn: Sí, reservé un avión. En un par de horas sale el vuelo.

Amanda: Tú no te vas a ir hasta que me digas qué te pasa.

Quinn y Amanda se sentaron en la sala de espera, cerca de la puerta de embarque hacia Los Ángeles.

Amanda: ¿Y bien? Cuéntale a la tita Amanda qué te pasó con la morena sexy.

Quinn: ¿Sabes quién es Charlie? –soltó así sin más-.

Amanda: ¿Charlie? La ex de Rachel.

Quinn: Sí esa misma –dijo agachando la cabeza-.

Amanda: Tenía entendido que tuvo un accidente hace un año y que Rachel lo pasó muy mal…

Quinn: Sí, eso lo sabía. Me refiero si la habías visto físicamente…

Amanda: Ehm… Sí –decía dudando, pues sabía el gran parecido con ella-.

Quinn: ¿Soy la única imbécil de Nueva York? Me han estado utilizando todos –dijo para sí-.

Amanda: ¡Ey rubia! para el carro. Aquí nadie se ha estado riendo de nadie. Supongo que Rachel tendría sus motivos para no decirte nada acerca de su exnovia.

Quinn: ¡Joder es como si fuera mi hermana gemela! ¡Somos como dos gotas de agua! Y más ahora con este corte de pelo… Con razón a Rachel le gustó tanto… le recordé a su exnovia.

Amanda: Eso nunca rubia. En ningún momento cuando estaba con ella te comparó. Además, Rachel te quiere por cómo eres y no por a quién te pareces.

Quinn: ¿Eso cómo lo sabes?

Amanda: Rachel mira a las personas por cómo son y tú hiciste que su corazón volviera a latir.

Quinn se quedó helada ante las palabras de la veterinaria. No se había parado a pensar en eso cuando salió de casa de Rachel y ahora se sentía un poco mal por cómo se había ido de la casa, sin dejar a la morena explicarse al menos.

Amanda: ¿Volverás no? –preguntó preocupada-.

Quinn: Claro morena –dijo dándole un gran abrazo-. Voy a visitar a mi familia y en unos días vuelvo.

Amanda: Como sigas abrazándome así, acabaré enamorándome de ti –dijo con una sonrisa-.

Quinn: Que payasa eres. Y… Gracias –dijo riéndose-.

Amanda: Si me vas a sonreír así, por ti corro desnuda por la pista de aterrizaje de la terminal.

Quinn: No quiero verme obligada a detenerte por escándalo público –sonreía-.

Amanda: Ya te gustaría detenerme desnuda…

Amanda y Quinn se despidieron al cabo de un par de horas, ya que a la rubia se le hacía la hora de coger el vuelo. Amanda se había encargado de hacer sonreír un poco a Quinn con algunos temas de conversación absurdos e incluso contándole anécdotas sobre su vida.

Amanda: No seas tan dura con Rachel.

Quinn: Tranquila Amanda. Me tomaré estos días de descanso que me quedan de permiso para pensar y relajarme.

Amanda: Eso me gusta más rubia. Por cierto, quiero que sepas que siempre me tendrás aquí para lo que sea.

Quinn: Gracias por escucharme.

Amanda: Llámame cuando llegues –dijo dándole un beso en la mejilla-.

Quinn: Lo haré. Por cierto, ¿puedes hacerme un favor?

Amanda: Pide por esa preciosa boquita.

Quinn: Cuida de Rachel estos días que no voy a estar. No quiero que le pase nada.

Amanda: Ains el amor… ¡Yo quiero una rubia así! ¿Me puedo fugar contigo? –dijo bromeando-.

Quinn: ¿Y quién cuida de Rachel entonces?…

Amanda: Cierto… te has librado rubia –dijo entre risas-. Me espera una pequeña morena…

Quinn: Volveré pronto, díselo a Santana y Brittany. No me ha dado tiempo a comentarles nada.

Amanda: Buen viaje –gritó saludando ya la rubia que entraba en la puerta de embarque-.


Al final logré llegar al lunes...me pondré las pilas para llegar también al jueves, ¿ok? Espero que os guste este capítulo.

En parte está dedicado a Andreina porque siempre me estaba machacando que quería que Quinn viese una foto de Charlie...Pues bien, dicho y hecho ;). Espero que te haya gustado jajajaja.

Y, por otro lado, gracias a Klavier por cederme a su Carmenchu por un día :). Dispanish a tí por confeccionar todo el capítulo, ayudándome así a salir de mi bloqueo. Achele Pu Apu Apu...a tí en general por reírnos tanto y hacer que salga a relucir mi lado más odioso xD jajajaja.

Para las/os españoles nos vemos en Madrid el día 10 de Noviembre, ¿no?

Un abrazo enorme. Gracias por vuestros mensajes de apoyo :).

Prometo que nos leeremos pronto. La historia está ahí, sólo faltaba la ilusión y ganas por seguir escribiendo. Por cierto, entramos en la recta final. No sé por cuántos capítulos...pero yo veo ya el final del tunel.

DiLea