¿Qué hubiera pasado si Victoria tuviera poderes?

Capitulo 24

Los primero rayos de sol de la mañana me despertaron. Me removí incómoda, ya que quería seguir disfrutando de mis sueños tranquilos asique me di la vuelta para quedar de espaldas a la pared de cristal.

Entonces sonó un pequeño ruído y la luz desapareció para quedar la habitación oscura, seguída de unos pasos y un beso en mi cabeza.

-Sigue descansando mi amor- me susurró Edward, y se tumbó a mi lado.

Rápidamente me abracé a él, y volví a quedarme dormida.

No sé cuanto tiempo pasé dormida, pero cuando desperté estaba sola. Miré hacia la pared de cristal, y vi que las cortinas estában echadas.

Había dormido de maravilla, y sobretodo no había soñado nada.

Mientras me estiraba, la puerta se abrió, y Edward entró con una bandeja en las manos.

-Buenos días hermosa- me dijo cuando llegó al borde de la cama y me dio un pequeño beso-. Te he preparado el desayuno- dijo mientras me acomodaba y me dejaba la bandeja en las piernas.

Me había hecho un desayuno completo: un vaso de leche, tortitas con caramelo, zumo de naranja, y una rosa roja con una nota.

Espero que disfrutes de tu desayuno tanto como yo disfruto viéndote sonreir cada día. Te amo. Edward

En cuanto terminé de leerla una sonrisa tonta se instaló en mi cara.

-Gracias Edward, es... perfecto- le dije.

-Come antes de que se te enfríe- y se levantó para volver mover las cortinas y dejar paso a un sol radiante.

-Vaya, parece que el sol a querído aparecer en Forks- dije mientras comía.

-Si, y además hace bastante calor. Hoy está haciendo un día bastante extraño para este lugar.

-Es un día perfecto, como la noche que pase- dije.

-Es cierto, te he notado muy tranquila toda la noche, e incluso diría que has sonreído- dijo mientras se sentaba conmigo en la cama.

-¿Enserio? No recuerdo haber soñado nada- dije pensativa.

-Si, y has murmurado mi nombre alguna vez y algún... te amo- eso último me lo dijo al oído, y me sonrojé.

-Oh, me alegra haberte tenído entretenido toda la noche- dije divertida y se empezó a reír-. ¿Y qué planes tenémos para hoy señor Cullen?

-Había pensado que podríamos ir a comer a nuestro prado- se me iluminó la cara-, veo que te ilusiona la idea.

-Por supuesto que me ilusiona- dije-, es una idea genial.

-Después podríamos darnos un baño en la piscina...- ronroneó.

-Me parece bien- dije terminando mi desayuno-. Todo estaba buenísimo; le felicito chef Cullen.

-Solo hago lo mejor para usted señorita Swan- dijo y los dos empezamos reír.

-Por cierto, ¿qué hora es?- pregunté cuando dejámos de reír.

-Las diez y media, despertáste a las siete, pero estábas tan tranquila, que no quise que despertaras, por eso moví las cortinas- me dijo.

-La verdad es que he quedado como nueva, a pesar de que ayer nos fuímos a dormir muy tarde- Edward levantó una ceja divertina-, bueno...- rodé los ojos-, yo me fui a dormir tarde.

-No sabes como me alegra oír eso. Hacía mucho que no te veía ran radiante por la mañana.

-Si, y parece que el tiempo acompaña mi tranquilidad- dije con una sonrisa.

-Voy a llevarme esto a la cocina, y así mientras te cambias. Te espero en la sala- me dijo recogiéndo la bandeja y saliendo de la habitación.

Con un suspiro feliz me levanté y fui a mirar mi mochila. No sabía que ponerme, Edward me había dicho que hacia calor, y yo todo lo que llevaba era más o menos abrigado.

Mientras mirába la ropa unos golpecitos en la puerta me distrageron.

-Pasa- dije y Alice entró con ropa en las manos.

-He visto que tienes problemas con la ropa- dijo feliz.

-Sí, toda la que traje es demasiado gorda para este tiempo- expliqué mirándo por la ventana.

-No tienes nada de que preocuparte. Toma- me dio un short de color verde militar, una camiseta de tirántes negra y una zapatillas de lona negras.

-Gracias Alice.

-He visto que va a hacer esta temperatura varios días- comentó.

-Oh, bueno luego pasaré por mi casa y recogeré ropa más veraniega- dije pensativa.

-No, no, de eso nada- dijo-, yo te daré la ropa que te pondrás- lo dijo de una manera que no admitía discursión.

-Muy bien- suspiré derrotada.

-Perfecto, te dejaré para que te cambies- dijo y salió dando saltitos.

"¿Sería Alice tan hiperactiva si fuera humana?" pensé, y todos mis pensamientos fueron a la misma respuesta. "Por supuesto".

Después de vestirme fui al baño para seguir arreglándome. Me lavé la cara, los dientes, y decidí hacerme una coleta alta, ya que hacía calor, y hoy pasearíamos.

Cuando acabé, me fui a la habitación e hice la cama, y recogí mi mochila. Estaba terminando de colocar los cojines en la cama cuando Edward apareció.

-¿Qué haces, Bella?- me preguntó apoyado en el marco de la puerta.

-¿A ti que te parece?- le respondí con otra pregunta.

-No hace falta que lo hagas- se acercó a mi.

-Pero no me importa, además, es lo menos que puedo hacer por aceptarme estos días y aguantarme- le dije abrazándolo.

-Bella, no tienes que hacer nada porque te quedes aquí. Sabes que estámos encantádos, sobretodo yo. Si fuera por mí, nunca te irías. Estoy deseándo que seas mi esposa para que no tengámos que separarnos más- dijo para después besarme.

-Pero no me gusta estar de gratis, quiero ayudar en todo lo que pueda- discutí.

-Sabes que ayuda es lo que menos necesitamos- debatió divertido.

-Bueno no importa, a mí me gusta ayudar.

-Esta bien- suspiró-, ¿estás lista?

-Si.

-Entonces vamos a terminar de guardar la comida y nos marchamos- dijo y los dos fuímos a la cocina.

Edward había preparado una mochila nevera con varios alimentos. Sandwiches de varias tipos, agua, varios refrescos diferentes, frutas de distintas clases, chocolate... No sabía si podría comer todo eso.

-Edward, ¿no crees que es mucha comida?- le pregunté mirándo todo lo que llevaba.

-No sabía que preparar, asique hice un poco de todo. No hace falta que te lo comas todo- dijo divertido.

-¿Y no era más fácil preguntarme?- dije riendo.

-Si, pero me pareció más divertido descubrirlo- se encogió de hombros.

-Apropósito, ¿dónde están todos?- pregunté mirándo a mi alrededor.

-Carlisle está en el hospital, Esme a ido a redecorar la casa de una amiga suya, Alice se llevó al pobre Jasper de compras, y Rosalie y Emmett están mirándo el Jepp para hacerle unos cambios.

-Amm- dije y fui a coger la mochila para llevarla, pero Edward fue más rápido.

Le miré con el ceño fruncido.

-¿No pensarás en serio que iba a dejar que llevaras la mochila?- me preguntó.

-¿Y por qué no?

-Bella, mientras que estés conmigo no pienso dejar que levantes ni el más mínimo peso- dijo.

-Edward, no me va a pasar nada por llevar una mochila.

-Lo sé, pero me criáron para que las señoritas no cargaran peso, asique...- hizo un movimiento con la mano para que pasara delante de él.

Y es que esos pequeños detalles, que aunque estában pasados de moda, eran lo que le hacían ser especial, asique cuando pasé por su lado, me puse de puntillas y le di un beso en la mejilla, para después cogerle de la mano.

-¿Cómo irémos hasta el prado?- le pregunté cuando salímos a fuera.

-Corriendo, pero sola hasta la entrada al bosque, lo demás lo harémos caminando, y así disfrutaremos del paseo- dijo sonriendo, y a mi casi se me cae la baba de lo romántico que era-. Sube- me dio la espalda y se agachó lo suficiente para que me pudiera subir a él-. ¿Preparada?- me preguntó cuando me acomodé.

-Preparada- le di un eso en la nuca, y empezó a correr.

Pasé todo el camino viendo pasar borrones de colores, ya que no me mareába intentaba ver algo, aunque con su velocidad era una taréa imposible. Pocos minutos después llegamos al borde del bosque.

-Hemos llegado- dijo cuando paró y me ayudó a bajar de su espalda. Hasta ese momento no recordaba lo patosa que era, y que yo, y el medio ambiente no nos llevábamos bien, ya que siempre intentaba que yo tropezara. Edward vio mi reacción-. ¿Qué ocurre?

-Oh... emm...- me sonrojé-. Nada, es que... creo que voy a pasar más tiempo en el suelo que andando- dije.

-Yo jamás dejaré que te caígas- dijo pasando su mano por mi cintura-. Vamos, irémos al paso que tu desees.

Pasamos todo el camino en silencio, con algún comentario, y escuchando el cantar de lo pájaros, y el ruído de algunos animalitos que se atrevían a salir; y una hora y media después llegamos al prado.

Lo primero que hice cuando llegamos al centro, fue tirarme al suelo y descansar, porque aunque habíamos ido a un paso más bien lento, estába cansada.

-Toma, bebe- me dijo Edward dándome una botella de agua que rápidamente pasó de estar llena a vacía-. Si que tenías sed- dijo divertido.

-Si, mucha- dije, y volví a tumbarme y Edward lo hizo a mi lado-. Me encanta este sitio- susurré mirándo las nubes.

-Si, por eso es nuestro sitio.

-Edward, después de que nos casemos, tendrémos que marcharnos, ¿verdad?- dije un poco triste.

-Sí, si la conversión se hace de después de la boda tendrémos que marcharnos.

-Es una pena que dejémos este lugar- suspiré.

-Bueno, siempre podémos volver y pasar el día aquí- dijo.

-¿No será arriesgado?- pregunté mirándole.

-No si seguímos el camino del bosque.

-Entonces me encantaría volver de vez en cuando- dije volviéndo a mirar las nubes con una sonrisa.

El silencio volvió hasta que Edward volvió a hablar.

-Bella, podrías ir a visitar a tu madre antes de la boda. Los billetes que te regalaron mis padres van a caducar dentro de poco.

-Si, me gustaría ir a verla- susurré-. Me acompañarás, ¿verdad?

-Por supuesto.

-Bien, ahora hay que ver como se lo toma Charlie el que nos vayamos los dos de viaje solos- dije.

-Bella, no nos vamos de viaje solos. Nos vamos los dos a ver a tu madre- me corrigió.

-Si bueno, haber como se lo haces pensar a Charlie sin que monte un espectáculo- le reté.

-Bueno, no puede prohibirte ver a tu madre, y además nos vamos a casar dentro de poco, no es como si fuera a pasar algo que no vaya a suceder después de la boda- dijo divertido.

-Y vamos a estar con mi madre- añadí-. Charlie devería confiar un poco más en mi.

-Si supiera que paso las noches contigo... definitivamente no confiaría en ti- dijo divertido.

-Pero si no hacemos nada malo- me sonrojé-. Yo duermo y tu tarareas- reí-. Hacemos un buen equipo.

-Si eso se lo contases a alguien nadie te creería- rió.

Pasamos el resto de la mañana hablando de diferentes temas, menos el de Victoria. Hoy era un dia de relax, y ninguno de los dos quería tocar ese tema.

Los dos estábamos abrazados, besándonos, cuando mi estómago hizo acto de presencia sonando como un león.

-Oh- dije separándome de él algo sonrojada.

Vaya manera de cortarnos el rollo.

-Parece que hay dentro hay una fiera hambrienta- dijo divertido.

-Si, es que ya es la hora de comer- me excusé.

-Tienes razón, disculpa, debería de haber estado más pendiente de la hora- y ahí estaba el Edward que siempre se culpaba de todo.

-Edward, de los dos, ¿quién es la que se alimenta con comida?- pregunté.

-Tú...

-Pues ya está, la que tiene que estar pendiente de comer soy yo- dije gateando hasta la mochila y abriéndola-. Mmm- me relamí los labios-, no sé por dónde empezar- comenté indecisa.

-Prueba a sacar un bocadillo al azar- dijo, y le hice caso.

El bocadillo que cogí llevaba mayonesa, lechuga, tomáte y jamón de york. Buenísimo. Y de bebída una coca-cola. Cuando terminé el bocadillo, saqué unas cerezas y unas fresas.

-Me encantan las cerezas- dije feliz cuando las saqué junto con las fresas.

-Dame- Edward me quitó las cerezas y las fresas-. Abre la boca- dijo sonriendo.

-¿Qué haces?- le pregunté divertida.

-Nada- dijo inocentemente-, le doy de comer a mi novia. Abre.

Abrí la boca para recibir una fresa, pero cuando fui a morderla, Edward la quitó y me dio un rápido beso.

-Ehhh...- me quejé-. Quería mi fresa- le dije infantilmente.

-¿Y no querías un beso?- me preguntó juguetón.

-Si, bueno, también...

-Bueno, abre- dijo y me puso en la boca la fresa, pero cuando fui a morderla me la volvió a quitar. En su cara había una sonrisa burlona.

-Oye- me quejé, y le lancé una cereza a la frente para después salir corriendo.

-Oh... no te vas a escapar tan fácilmente- dijo amenazador.

-No te tengo miedo- paré para burlarme, y seguir corriendo, pero no duré mucho porque unos fríos brazos me atraparon-. Ehh, eso es trampa, no todos corremos a super velocidad- me quejé.

-Nunca dije que jugaría limpio- dejó que su frío aliento rozara mi nuca-. Aún no te he dicho lo guapa que estás, ¿verdad?- preguntó y negué con la cabeza-. Pues estás preciosa.

Entonces sentí sus labios recorrer mi nuca, y un escalofrío me invadió. Rápidamente me giró para atacar mis labios. Mis manos se encontrában jugando con su pelo, mientras que una de sus manos me acercaba más a él por la nunca, y la otra me acariciaba la espalda. Cuando el aire comenzó a faltarme nos separamos.

-Definitivamente eres un tramposo- le dije cuando recuperé el aliento.

-Pero no podrás decir que no te gustó- dijo creído.

-Anda vamos- le di un golpecito juguetón y volvímos a nuestro sitio.

-Abre- dijo cuando agarró la fresa.

-No, que no me la vas a dar- me quejé.

-Ahora si, abre amor- y su mirada me dijo que decía la verdad, asique abrí y la fresa entró en mi boca-. ¿Está buena?- me preguntó.

-Buenísima- dije saboreándola-. ¿Nunca probaste las fresas cuando eras humano?

-No recuerdo haberlas comido- dijo pensativo.

-Oh- susurré y cogí una cereza.

-Creí que era yo el que te daba de comer- se quejó.

-Si, pero por si no lo sabes las cerezas tienen hueso, y si te pones a jugar me puedo hacer daño al morder el hueso accidentalmente- le expliqué.

-Oh, no lo sabía, entonces solo jugaré con las fresas- decidió, y yo reí.

-A veces eres tan humano- dije divertida.

-Y ¿eso es malo?- preguntó con el ceño fruncido.

-No claro que no- dije rápidamente-. Me gusta.

-Bueno, es que tu sacas ese lado que creí que había desaparecido- comentó-, pero por suerte solo se encontraba escondído, esperándote- me sonrojé.

Seguí comiendo, entre bromas, y besos, y cuando acabé, guardé todo lo que había sobrado en la mochila, que era prácticamente todo, y los dos nos tumbamos en el cesped.

-¿A que hora nos marcharemos?- pregunté mirando el cielo.

-Alice nos quería en casa a las cinco y media, y son las tres y veinte, asique todavía tenemos tiempo para disfrutar de nosotros dos solos.- dijo mirándo su reloj.

-Seguro que ya tiene preparado un bikini que colocarme- susurré.

-Dalo por seguro. Creo que entre sus comprar iba incluído- rió.

-Creo que sería más fácil si me compro uno que usar siempre, total, aquí los días soleados se pueden contar con los dedos de la mano- comenté.

-Pero eso le quitaría la diversión a Alice- rió.

-No te rías- le di un empujoncito y él cayó de espaldas riendo. Sabía que se había dejado caer, ya que nunca hubiera conseguído moverle-. No es justo que solo juegue conmigo- dije con un puchero.

-No solo lo hace contigo, desde que se unió a la familia, empezó a organizarnos los armarios a todos. Ninguno puede vestirse solo- dijo.

-¿Ninguno?- pregunté asombrada.

-Ninguno. Alice, escoge la ropa de todos, y cuando ya la hemos usado una vez, la dona, y vuelve a comprarnos todo el armario, sumando las compras que hace prácticamente a diario.

-Vaya- dije-, aunque no sé de que me sorprendo, si conmigo hace más o menos lo mismo.

-Pues espera a vivir con nosotros, y olvídate de vestirte sola- dijo.

-Me obligará a llevar tacones altísimo, mini faldas, y escotes- fingí un escalofrío.

-Mmm- ronroneó acercándose a mi-, puede que no sea tan terrible- dijo besándome.

-Claro, me gustaría verte a ti con tacones de doce centímetros- dije contra sus labios.

Después de separarnos, me levanté y cogí el chocolate de la mochila, y me tumbé mientras comía.

Eran muy divertidas las caras de Edward cada vez que comía algo. Se veía claramente que le daba asco la comida humana.

-Amor, deja de poner esas caras, ni que estuviera comiendo basura- le dije.

-Lo siento, es que no sé como puedes comerte eso- dijo mirándo la tableta de chocolate.

-Pues porque los humanos comemos comida, y está muy bueno. A todo el mundo le gusta el chocolate- reí

Cuando llegó el momento de marcharnos, Edward cogió la mochila, y me ayudó a a subirme a su espalda. Rápidamente atravesamos es el bosque, y en menos de diez minutos ya habíamos salido de él, para seguir nuestro camino hasta la mansión. A llegar, Alice ya estaba allí en la puerta esperándonos.

-Llegáis tarde- dijo cruzada de brazos y golpeando el pie en el suelo.

-Alice- Edward me ayudó a bajar de su espalda-, solo han sido cinco minutos, relájate.

-Vamos Bella, te he comprado unos bikinis...- dijo Alice dándo saltitos y Edward empezó a reír y yo suspiré cansada.

-¿Enserio, no me digas?- dije irónicamente.

-Si, vamos- me agarró de la mano y me arrastró hasta su habitación.

Encima de la cama había una toalla azul cielo con conchas de mar y cinco conjuntos diferentes.

Con el típico estilo de la parte de arriba con dos triangulos, había dos. Uno de rayas blancas, azules y rojas, y en un pecho tenía un ancla roja. La parte de abajo era igual, pero sin ancla; y el otro, totalmente blanco, pero con un lazo en el la unión de la parte de arriba, y en la de abajo dos lazos a cada lado de la cadera para atar. Los otros eran con la parte de arriba como un top y los tirantes salían del centro. Era blanco y negro. Como ese estilo habia dos más. Rojo y negro, y el otro rosa y blanco.

-Alice, creo que has exagerado demasiado- dije mirándolos.

-Yo jamás exagero- dijo y rodé los ojos.

-¿Para que necesito tantos trajes de baño en Forks?- pregunté.

-Pues para cuando haga sol...- dijo como si fuera lo más normal del mundo.

-Pero para eso me puedo poner siempre el mismo.

-No pienso dejar que te pongas el mismo bikini más de una vez- dijo ofendida y suspiré-. Elige uno y póntelo. Te esperámos en la piscina- y salió.

Miré los bikinis y escogí el del ancla y me lo puse. Cogí la toalla, y unas chanclas azules, y bajé.

Cuando llegué a la piscina, los chicos ya estában dentro del agua jugando con un balón hinchable, Alice estaba dejando encima de una mesita una jarra con limonada y un vaso, y Rosalie estaba con unas gafas de sol, tumbada en una amaca, viendo una revista de ropa y complementos.

-Por fín Bella, has tardado mucho, ya iba a subir a por ti- dijo Alice.

-No he tardado tanto, lo que pasa es que no puedo vestirme igual de rápido que tú- la recordé divertida.

-Bella- Emmett me llamó-, ven a jugar con nosotros.

-Emmett, ten cuidado- le advirtió Edward.

-Que si, que si- lo ignoró.

Caminé hasta los escalones y comprobé la temperatura del agua. Estaba caliente.

-¿Está bien?- me preguntó Edward asustandome.

-Ay Dios, Edward, que susto me has dado- dije llevándome la mano al corazón.

-Perdona- dijo con una sonrisilla-. ¿Está bien?- volvió a preguntar.

-Si, en su punto- y bajé los escalones.

-Estás preciosa con ese conjunto- dijo mientras bajaba.

-Tú también lo estás con tus bermudas- le dije mientras me lo comía con la mirada.

-Bella, deja de babear y ven a jugar- gritó Emmett y me sonrojé.

Jugué con los chicos al voley. Edward y yo en un equipo, y Emmett y Jasper en el otro. Y gracias a mi fantástico novio ganámos.

-Vamos a hacer competiciones nadando y buceando- dijo Alice metiéndose en el agua.

-Alice, si vosotros nadáis a velocidad vampírica siempre ganaréis- me quejé.

-Por eso vamos a nadar a velocidad humana- dijo-, no vale nadar más rápido, ¿entendido?

-Vale- dijeron los vampiros, y nos colocámos todos en el borde de la piscina.

-Vale, vamos nadándo y volvémos buceando- dijo Alice-. El primero que llegue al punto de partida gana.

-¿Qué ganarémos?- preguntó Emmett conténto.

-Nada, es un juego- dijo Alice, y mi cuñado se desilusionó.

-No mires quién va a ganar- dijo Jasper.

-Vale- dijo Alice-. Preparádos..., listos... ya- y empezámos a nadar.

La verdad es que la piscina era demasiado larga y cuando llegué al otro lado estaba agotadísma, pero rápidamente me zambullí y empecé a bucear, aunque tuve que salir a coger aire varias veces. Al final Edward ganó, seguído de Jasper, Alice, y Emmett y yo empatamos.

De vez en cuando, entre juego y juego, salí a tomar la limonada, que estába buenísima.

-Bueno, Jasper y yo nos vamos a salir ya, que nos vamos al cine- dijo Alice, y los dos salieron.

-Y yo voy a seguir buscando mis juguetitos- dijo Emmett saliendo de la piscina-. Rose, ¿me ayudas a buscar?

-Mmm, no puedo, voy a hacer unos ajustes en mi coche- le dio un beso en los labios y desapareció.

-Amor, ¿quieres comer algo?- me preguntó Edward.

-Mmm, una ensalada estaría bien- dije enrollando mis piernas en sus caderas.

-Iré a preparártelo.

Nos besamos y salió del agua.

Mientras le esperaba me tumbé boca arriba flotando y relajándome, mientras miraba el cielo. La verdad es que hoy estaba haciendo un día estupendo.

Me coloqué y empecé a nadar para salir del agua, pero una ola de sueño me invadió y dejé de nadar. Si me quedaba parada me hundiría, asique intenté bracear, pero no tenía fuerza suficiente, asique pensé en llamar a Edward.

-Edward- dije un poco alto, y como pude me acerqué al borde de la piscina que no estaba muy lejos-. Edward...- casi susurré mientras que los ojos me empezaban a pesar.

Los brazos se me aflojaron del todo y empecé a hundirme en el agua. Antes de que se me cerraran los ojos vi en el fondo de la piscina a la chica de mi pesadilla, después los ojos se me cerraron del todo y me hundí en la inconsciencia.

Hola, vaya, estaba siendo un día fantastico, y algo malo tuvo que pasar. Estos dichosos vampiros no le dan un respiro a Bella. Y ¿qué os pareció el día en el prado? Edward estuvo super dulce y atento todo el día; ¿quién no querría tener uno así? jaja yo si XD

Gracias a todas las que me leéis siempre, me agregáis a favoritos, me comentáis y me seguís. Sois las mejores lectoras. Y ya sabéis que cualquier cositas, duda, idea... me decís, que yo os respondo.

La verdad es que estoy un poco desilusionada porque después de dos capitulos no he recibido ningun review =( Por favor, hacer happy y comentarme algo ;)

Sorry por las faltas que os encontréis.

Bueno, espero que os haya gustado el capitulo y me dejéis muchos reviews.

Besitos =)