Hermione suspiraba, mientras intentaba tomar una decisión. No sabía, si pedirle que regresara o simplemente dejarlo ir. Sabía, que estaba jugando y no deseaba seguri cayendo en sus trampas. Con preocupación, ladeaba la cabeza. Si no decidía, los Slytherins se enfadarían y si lo aceptaba, Severus vendría a incomodarle nuevamente. ¿Qué hacer? Decidió guiarse por lo sano e ir a buscarlo. Ya soportaría, lo que debía de venir.

Bien, no quería súplicas tontas, así que lo mejor era aparecerse en persona. Utilizaría el mismo método que pensó, para la primera vez que Snape, se escapaba. Con otro suspiro de frustración, golpeó el pergamino que contenía su carta, con energía. De un momento a otro, ella estaba en su hogar.

Meditaba, lo que debía decir. Un simple "profesor, vuelva" no parecía ser suficiente. Con un caminar lento y nervioso, ella comenzó a recorrer el lugar. No parecía haber nadie y, se sentía ligeramente engañada. ¡Seguramente, se había ido!

Al llegar a la habitación principal, la historia fue otra. Estaba en la cama, semi acostado y a un lado, había una botella de bebida. Ella, negó con la cabeza y comenzó a intentar despertarlo. De todas formas, fueron esfuerzos inútiles. El profesor, estaba muy dormido.

Se sentó a esperarlo. Seguramente, se levantaría después, con una enorme resaca y terminaría maldiciendo a los mil demonios. En realidad, eso era lo que un normal "Severus Snape" haría, en un caso como ese.

Permaneció largo rato. Se debía constatar, que quería irse, pero que no debía arrepentirse tampoco. Suspirando, masajeó su cuello para que no se quejara, allí en la silla donde estaba sentada y, continuó esperando.

Al poco tiempo de so, Severus, comenzó a recobrar la conciencia, paulatinamente. Con movimientos torpes, comenzó a levantarse, apoyándose en la madera de la cama. Resbalaba, mientras intentaba levantarse. Al lograrlo, enfocó su vista hacia Hermione.

- ¿Granger?- preguntó y ella asintió. Se frotó los ojos con una mano y con la misma, se tocó la cabeza.

- Veo, que no perdió el tiempo.

- ¿Qué... está haciendo aquí?

- Vine a pedirle, que regrese- fue lo que dijo. Seco, directo, sin sentimiento alguno. Snape, sin embargo, negó con la cabeza con lentitud. Le dolía mucho, la misma.

- No aceptaré su propuesta. No, por que se lo haya pedido. Se lo advertí.

- Créame, bien pude huír y jamás regresar y, aquí estoy.

Severus, se acomodó en la cama y alzó la vista hacia Hermione. A ciencia cierta, no podía adivinar, con qué intenciones había venido. Si mentía o no. Bueno, no era perceptible justamente en ese momento, pero casi siempre, sabía cuando ella le mentía.

Se contemplaron por unos instantes, antes de que Snape, asintiera. Hermione se mantuvo en silencio, tratando de entender si eso era una aceptación a su mensaje. Si lo era, fue demasiado fácil.

- Muy bien, regresaré. Pero, si me está mintiendo otra vez...

- ¿Mentir? ¡Usted me mintió, durante medio curso! La que debería enfadarse soy yo- mencionó y el hombre hizo un gesto de desdén, sin prestarle mucha atención.

Se levantó y caminó torpemente, buscando su varita. Hermione, permaneció en la silla, intentando ganar autocontrol. No debía desesperarse, debía aceptar las cosas con la mayor calma del universo. Si es que, era posible.

- Andando- le comunicó Snape y ella, asintió. Ambos, caminaron hasta la puerta y se disponían a regresar a Hogwarts.

Antes de moverse, ambos se contemplaron con detenimiento. Severus, estaba a un palmo de la joven y de allí, la besó. Hermione, alarmada, alzó su mano y lo abofeteó. Seguramente, seguía ebrio. Jadeaba, mientras la contemplaba.

Pero, eso no le afectó al hombre. ¡Lo seguía intentando! Un beso y un golpe, eso no lo detendría. Con un quejido, Hermione se separaba de él por tercera vez. Ambos, se contemplaron. Los ojos oscuros el profesor, se veían perdidos y distantes. Ella no entendía, si era que soñaba o, estaba ebrio aún.

- ¿¡Podría, dejar de hacer eso!?- reclamó ella, furiosa. Snape, no le contestó y prosiguieron con el acto de aparición. Tuvo que sostener su mano, puesto que ella era joven para las apariciones por sí sola; aunque contaba con el aval de Dumbledore para hacerlo si Snape seguía huyendo.

En poco tiempo, estaban en el despacho del hombre. Hemrione vislumbró, sobre su cuello, el collar con el corazón. Bien, al menos ella, no tendría que usarlo. Severus, se dio la vuelta para escudriñar el lugar. Horace, había hecho unos cambios.

- Slughorn estuvo aquí. ¿Cierto?

- Sí, estuvo suplantándolo por un tiempo- mencionó Hermione- bien, ya debo irme. Ahora que está aquí, supongo que puede rehacer su vida y su despacho.

Hermione quiso salirse, pero una mano del profesor Snape, sostenía su brazo. La atrajo hacia él y la sostuvo entre sus brazos. Hermione, agradecía que le daba la espalda o de lo contrario, vería su expresión de terror.

- Fuiste por mí y ahora, quiero que te quedes un tiempo- musitó, y su voz, acarició su oído como un zumbido débil. Ella pudo sentirse, adormilada.

- Pero profesor...tengo que...- dijo, balbuceando. ¡No encontraba palabras! ¡Estúpidos sentimientos encontrados!

- ¿Ir con Weasley?

- No, tengo que ver a Ginny. Las tareas...

- Está conmigo ahora. La quiero a mi lado, ahora- mencionó, y ella suspiró, cuando sus manos acariciaban su vientre. Se sentía, tan extraño. Sus oídos, su piel, sus labios. Todo, estaba sintiendo de una forma tan diferente. Permaneció allí, mientras Severus, la aferraba a su cuerpo.

- Profesor, tengo que partir...- rugió ella como último recurso y el hombre, la soltó sin más. No sin antes, darle otro pequeño regalo.

Para cuando se separó de él, sintió un peso en su cuello. ¡El collar de corazón, estaba otra vez en el! Alzó la cabeza, pero él, ya no la miraba. Estaba distraído en reordenar las pociones y darle el mismo "look" a su despacho. ¿A qué jugaba?

- ¿¡Profesor Snape, qué quiere de mí!?- graznó y el hombre, dejó de hacer lo que estaba planificando hacer.

- Quiero, que ame. Granger.

- ¿De esta forma?

- Usted, creyó que lo sabía todo sobre el amor. Pero, no se topó conmigo. Yo, le voy a enseñar lo que es amor- mencionó con una sonrisa escueta y le pidió, que saliera de su despacho.

Bien, debía comenzar a temer. Severus Snape o estaba loco ,o sabía lo que hacía. Le dio la ligera impresión, de que estaba esperando que ella hiciera algo o sintiera algo en especial. Quizás, sólo eran ideas suyas.