¡Hola! Aquí está el capítulo veinticinco, es completamente Shaka x Aioria, aviso por si a alguien no le agrada esta pareja.

Los personajes (excepto Eos, Honey y Hécate) no son míos, pertenecen a Masami Kuramada y Shiori Teshirogi.


Capítulo XXV

Decisión.

"Me enamoré de él, pero no me quedo con él por inercia, como si no hubiera nada más a mi disposición. Me quedo con él porque así lo decido todos los días al despertarme, todos los días que nos peleamos, nos mentimos o nos decepcionamos. Lo elijo a él una y otra vez, y él me elige a mí". - Veronica Roth

A esa hora del día, su cabello ya se había librado de la humedad, de dejar atrás cualquier rastro del agua salada que, momentos antes, había sido testigo de su encuentro con Sorrento. Entró al quinto templo desprotegido de cualquier coraza; no dudaba de sus habilidades pero, si se encontraba con el custodio del templo, una armadura sería de gran ayuda. Podía imaginarse lo que el de Leo sentía hacia él y no eran sensaciones gratas, si se encontraba con él podía intuir lo que ocurriría. Después de todo, Aioria, Milo y él no eran conocidos precisamente por ser prudentes.

Se dirigió al corredor que conducía a las habitaciones privadas de esa casa, topándose al inicio con la persona que buscaba: un santo de melena rubia bloqueaba su camino, aunque poco le importaba, ya no necesitaba andar más.

─ Kanon─ lo nombró a manera de saludo. El sexto caballero tampoco portaba armadura, sólo se cubría con su ropa de entrenamiento, lo que todos los otros también usaban cuando no tenían misiones o tareas por cumplir.

─ Buenos días, Shaka─ dijo, sabiendo que no había mucho por decir, ahora era el de Virgo quien tenía que hablar. Aunque no podía saber si el rubio era consciente de una tercera persona.

─ Agradezco tus intenciones─ comenzó, intuyendo que el geminiano no hablaría─. No era capaz de observar el lazo que nos unía, hasta ahora. Puedo entender que nuestra relación iba más allá de este tiempo.

─ Me complace que a pesar de eso, podamos seguir adelante con nuestra vida─ Shaka asintió levemente.

─ No era necesario ponerme en esa situación con Aioria─ reprochó el hecho de ocasionarle una ruptura con su pareja que, esperaba, fuera momentánea y a su despertar todo volviera a la normalidad. Kanon rió divertido por el inesperado reclamo.

─ Al menos tienes la oportunidad de arreglar las cosas gracias a las armas de los Olímpicos─ le recordó el peliazul.

─ ¿Tienes idea de cómo pudieron conseguirlas?

─ Cuando un dios reencarna sus pertenencias quedan desprotegidas durante el tiempo en el que su reencarnación permanece ignorante de su poder, si alguien conocía de su paradero pudo tomarlas con facilidad.

─ Eso debió requerir mucho tiempo, la mayoría de los Olímpicos no ha reencarnado recientemente─ reflexionó el rubio.

─ En efecto, a penas Atenea puede comunicarse con sus débiles cosmos.

─ Después de todo─ dijo Shaka, tras segundos de silencio─, gracias a ese... enemigo, podemos estar todos los santos juntos otra vez.

Kanon asintió, el sexto custodio estaba en lo correcto. Sin Hécate, los otros santos nunca hubieran revivido y los que lo hubiesen hecho no disfrutarían de esta nueva oportunidad por pensar en la persona que les fue arrebatada. Si se pensaba así, el supuesto enemigo les había hecho un favor.

─ Nos vemos─ se despidió con un gesto de su mano, permitiendo que el otro se quedara con el que en verdad quería.

Se volvió después de despedirse del Dragón Marino, encontrándose a sólo un par de metros con el guardián del templo. El cabello del león estaba húmedo, como el de cualquier persona después de bañarse; su pecho desnudo le provocó un ligero rubor en su mejillas, suspiró para poder controlarse, no era momento de dejarse llevar por sus mortales debilidades; abrió sus párpados, contemplando al griego recargado en una pared, con los brazos cruzados exhibiendo su musculatura, exigiendo inconscientemente una explicación.

─ Me alegro que te encuentres mejor─ pronunció al recordar la deplorable condición en la que había despertado.

─ Tú... ¿has decidido?─ preguntó, sabiendo que el miedo a la respuesta aún se albergaba en cierta parte de su cerebro, pero siendo él el caballero resguardada por la constelación del león, le haría frente a cualquier decisión. Vio la cabeza de Shaka moverse, afirmando a su cuestionamiento.

─ A Kanon y a mí nos une un lazo desde hace mucho tiempo, probablemente, debido a nuestros predecesores─ se encaminó hacia su atento compañero─. Pero lo que comparto contigo va mucho más allá de eso─ recorrió los músculos de los brazos griegos, reconociéndolos como una de sus tentaciones, en la que deseaba perderse─. A ti te amo en este tiempo y me encantaría que en los venideros también sea así, aún cuando reencarnemos─

Cortó toda distancia existente entre sus labios, eliminando su entorno con ese beso. Recorrió el área de la ya conocida cavidad, mientras esperaba paciente la fuerte respuesta del otro. Aioria lo empujó contra la pared del frente, pegando sus cuerpo, queriéndolo poseer en ese lugar si el rubio se lo permitía. Luchó con la lengua del otro, en una batalla en la que ninguna quería resultar perdedora. Shaka enrolló una pierna en la cintura del castaño, Aioria comprendió el mensaje y la trazó con fuerza hasta alcanzar el glúteo, tomó de ambos y lo separó del piso, envolviéndose con ambas extremidades mientras se dejaba extraer hasta la última gota de néctar.

─ Las empleadas hoy trabajan─ informó Shaka entre el beso, al sentir la mano del griego querer despojarlo de su pantalón.

─ Sujétate, entonces─ sonrió pícaro.

─ Puedo caminar.

─ No te dejare hacerlo.

Shaka cedió sin objetar. Continuó con el beso, aferrándose a los omóplatos, mientras se dejaba llevar por un camino ya conocido, ese que desembocaba en la habitación de Aioria... No se había equivocado.

Sus pegajosos cuerpos se movían a ritmo que imponían las embestidas de Aioria, terminando de desgastar los usados resortes del colchón. La sábana blanca con la que se habían cubierto, pasó a ser un estorbo y fue a dar directamente al piso. Además, ¿de quién querían esconderse? Ellos ya se sabían de memoria la anatomía del otro, permanecía en su mente como una cicatriz permanece en la piel. A pesar de eso, les gustaba recorrerse y apreciar los cambios que el tiempo traía consigo, aunque para ambos, así pasaran cien o miles de años, su compañero seguiría siendo el ideal, esa persona que todos buscan y cuando la encuentran son las más felices sobre el planeta Tierra.

El cuerpo de Shaka se contraía, impidiéndole respirar, cada vez que Aioria alcanzaba ese punto que le hacía agradecer su mortalidad. Aunque la posición no era del todo de su agrado, podía encontrarse con la mirada del otro cada vez que quisiera o cada vez que el placer se lo permitiera, porque en esos momentos, hacer la cabeza hacia atrás era inevitable.

Aioria sostenía una de las piernas del rubio en su hombro, mientras sus manos guiaban sus caderas al mismo compás que su cuerpo marcaba. Su temperatura iba en aumento, al igual que la de su compañero, era un deleite para el de Leo escuchar a aquel santo jadear y gemir, arañar el colchón debido a la lejanía de su espalda, pero sobre todo, oir cómo intentaba decir su nombre... Ahí se quedaba, en intentos, porque no lograba pronunciarlo completo. De vez en cuando se divertía interrumpiéndolo, mordiendo su pierna para arrebatarle otro clamoroso gemido y así frustrar otro de sus intentos.

Saborearon juntos el llegar al clímax, la primera vez de muchas que vendrían. Aioria se recostó al lado de Shaka, no sin antes besar cada marca que su dentadura había dejado en la piel de la extremidad virginiana.

─ Nadie te hará gemir tanto como yo─ dijo, acomodándose sobre su costado quedando de frente con Shaka.

─ Podrías intentar romper tu récord─ sugirió, atrayendo el rostro del castaño más cerca del suyo.

─ Creí escucharte decir que debía ir con Atenea─ bromeó.

─ Tiene razón, caballero de Leo─ se incorporó del lecho mostrando su formado cuerpo─. Vaya─ le retó─. Yo tomaré un baño─ apartó la melena de su hombro fingiendo disgusto. Caminó hacia dicha dirección dejando atrás la carcajada del león.

Una vez calmado, suspiró fuerte, se sacudió un poco el cabello y, sin mucho que pensar, siguió los pasos trazados por Shaka.


¡Gracias por leer! Trataré de subir también el capítulo siguiente pero todo dependerá de mi Internet (está fallando).