Siento mucho la espera, realmente lo siento, espero que todavía quede alguien leyendo y de ser así que me lo digáis.
Gracias por la paciencia y de nuevo siento la espera.
Capítulo 25
En cuanto entre en el taxi que Dougie había llamado, deje mi cabeza reposar contra el asiento, quitándome las horquillas que agarraban mi pelo y presionaban mi cabeza.
- Soy gilipollas – sentencie mirando por la ventana.
- No pienses así – murmuro él a mi lado.
- No lo pienso, lo afirmo…
- Kate… - susurró girando mi cara.
- Lo siento, es, no se, me siento tonta y odio sentirme así – murmuré intentando esquivar su mirada.
- Lo se, por eso vas a irte a dormir – contestó Dougie.
El taxi continuó por las desérticas calles de Londres, serpenteando bajo esa suave neblina que lo mojaba todo. Solo deseaba llegar a casa, ponerme el pijama y abrazar la almohada con fuerza, hundiendo mi cabeza en ella, descargándolo todo.
Notaba como el alcohol seguía fluyendo por mi sangre, demasiado rápido y la cabeza daba vueltas sin sentido, nublándome la vista. El taxi paro y abrí los ojos para ver que nos encontrábamos en mi portal. Salí del coche dando tumbos, necesitando aire fresco que aclarara mi cabeza.
Me pare en mitad de la acera y lance un sonoro suspiro, para segundos después hinchar de nuevo mis pulmones y gritar. Grite alto, muy alto, hasta que la mano de Dougie tapo mi boca, se coloco delante de mí y ladeo la cabeza enseñando sus pequeños dientes.
- Eres una escandalosa – susurró alejando su mano lentamente.
Se separó de mí y comencé a buscar las llaves por el bolso, cuando las encontré intente, en vano, introducirlas en la cerradura del portal, él acabó abriendo todas las puertas por mí, hasta que acabamos en el salón de mi casa.
- Hogar, dulce hogar – dije con un acentuado tono irónico.
No lo sentía mi hogar, era solo, un sitio más y hoy parecía realmente grande, más de lo normal.
- ¿Estarás bien? – preguntó Dougie desde el pasillo.
Me di la vuelta, lentamente, con los zapatos en la mano, sin dejar de pensar en lo grande que se me estaba haciendo la casa en esos momentos.
- ¿Puedes quedarte? – susurré mirando al oscuro pasillo.
- Kate…
- Por favor – supliqué fijando mis ojos en los suyos.
Se dio media vuelta, caminando hacía la puerta y por un segundo pensé que se iría, pero al llegar a la puerta, cerro suavemente, evitando un portazo y se dio media vuelta, quitándose el abrigo y tirándolo en la primera silla que encontró a su paso.
- Gracias, en serio, gracias – susurré desde mi posición.
- Si, si, pero ahora…Esclava, haz algo de comer, ya sabes, por el esfuerzo de abrir la puerta – bromeo mientras se despojaba de la corbata y se sentaba en el sillón.
Le lance el cojín más cercano y señalé la cocina, invitándolo a el autoservicio mientras que yo entraba en la habitación, deseando quitarme ese vestido y tirarlo en el fondo del armario. Me puse mi pijama y salí de nuevo al pasillo para encontrarme con un rubio, camisa remangada, zapatos esparcidos por el salón y una caja de cereales en la mano.
- Podías haberlos echado en un bol – murmure entrando en la cocina.
- No se donde están – contestó pasando por mi lado en dirección al salón.
Cerré todos los armarios, que anteriormente habían sido abiertos por él y después de coger una botella de agua salí al salón. Estaba a oscuras, no se había molestado ni en encender la luz y los cojines estaban esparcidos por la alfombra, haciendo de mi sofá una cama.
Me acerqué de nuevo a la habitación y saqué algo de ropa de Mark, dudaba que quisiera estar sentado en un sofá con traje, no debía ser muy cómodo.
- ¡Toma! – grité lanzándole la ropa encima.
La miro por encima, observándola minuciosamente.
- No es Armani, pero te valdrá para estar ahí tirado – dije intentando esconder la sonrisa.
- Mientras no tenga pulgas, me vale – murmuró echándole otra mirada minuciosa.
- ¿Pero tú con quien crees que me junto?
- Pasas demasiado tiempo con Danny y esas dos bestias a las que llama perros – contestó levantándose del sofá y pasando por mi lado.
En el momento en el que escuche su nombre el peso volvió sobre mis hombros, Danny, nunca, en mis 20 años me había comportado tan estúpidamente. Había sido una niñata que pagaba sus errores, sus acciones, sus cabreos contra la gente que no lo merecía. Danny había estado ahí, siempre que le había necesitado y yo lo único que había hecho, era alejarle de mí por culpa de mi cabeza y sus ideas.
Me senté en el sofá y escondí mi cabeza entre las piernas, agarrando el móvil con fuerza, tenía que hablar con Mark y debía hacerlo pronto. No sabía como se lo tomaría, solo podía rezar porque Dougie tuviera razón, porque a pesar de esto, nuestra amistad no desapareciera porque entonces, si eso pasaba, yo no podría perdonarme nunca.
Note como el cojín de al lado se hundía y mire de reojo viendo como Dougie se sentaba a mi lado, sin llegar al contacto físico. Sabía que no le gustaba, que no era la típica persona que abraza por abrazar, pero el que estuviera ahí a mi lado, sin decir nada, ya era suficiente para mí.
Deje el teléfono encima de la mesa y me recosté en el sofá, subiendo las piernas en él y estirando mis brazos por encima de mi cabeza. Cerré los ojos y me apoye en el respaldo, dejando que mi espalda se relajara por completo.
- ¿Estás mejor? – preguntó Dougie imitando mi postura.
- Si, ha sido…una crisis, las hormonas – bromeé intentando quitarle peso al asunto.
- No lo creo, pero también se que no quieres hablarlo – murmuró girando su cabeza hasta encontrar mi mirada.
- No, realmente no quiero pensar más en ello, quiero dormir y que mañana sea un nuevo día, uno mejor, aunque lo dudo – acabé diciendo mientras lanzaba un suspiro de resignación.
- Seguro que sí – murmuró apoyando su mano sobre la mía.
Baje la mirada y apreté su mano contra la mía, sonriendo. Nuestra conversación después de ese momento fue realmente variada, creo que no hubo tema que no se hablara, serios, ridículos, importantes, absurdos. Mi cabeza acabó apoyada en un cojín colocado en su regazo, mientras que la conversación seguía. Mis ojos se empezaron a cerrar cuando los primeros rayos de sol se colaban por las persianas.
Abrí los ojos poco a poco, en un principio desubicada. La luz se filtraba tenuemente por la persiana y el espejo de la habitación me dio la bienvenida. Me di la vuelta en la cama, con una sonrisa enmarcando mi cara. No recordaba haber ido hasta allí andando por lo que supuse que Dougie me había llevado en brazos.
Me desperece y después de algunos bostezos salí por la puerta de la habitación arrastrando los pies hasta el salón. No sabía si Dougie seguiría en casa así que me asome poco a poco. Las persianas estaban bajadas y solo algunos rayos de sol se colaban por ellas.
Sonreí como una niña pequeña cuando le vi, estaba dormido, boca arriba, con la boca ligeramente abierta y el flequillo cubriéndole gran parte de la frente y los ojos. Una de sus manos colgaba por el lateral del sofá, al igual que su pierna derecha. Me acerqué con cuidado y me agache a ese lado del sofá.
- Pequeña lagartija, es hora de comer – susurré
Movió su cabeza un poco sin llegar a abrir los ojos. Levante mis manos y comencé mi camino hacía su pecho dispuesta a despertarle con cosquillas pero cuando estaba a medio camino sus manos me agarraron y tiró con fuerza de mí haciendo que me desequilibrara y cayera encima de él.
- ¿Qué intentabas bruja? – preguntó con la voz aún tomada por el sueño.
- Nada – contesté intentando aguantar las carcajadas.
- Ya…no me lo creo – dijo y lo que vi en su mirada me hizo retroceder, parecía que maquinaba un plan maligno y así fue.
Antes de darme cuenta sus manos comenzaron a torturarme, siempre había odiado las cosquillas, tenía demasiadas y mis carcajadas comenzaron a resonar por toda la casa. Comenzó así una de las peores batallas de cosquillas de mi vida, no podía pararle y él se escapaba todo el rato.
- Demasiado tiempo siendo el objeto de cosquillas del grupo, nunca conseguirás cogerme – gritó saltando por encima del sofá.
Me senté en medio de la alfombra e intenté poner mi cara de pena, agaché la cabeza y espere a que se acercara, en cuanto estuvo a menos de un metro salte encima de él y conseguí mi propósito, le aprisione debajo de mí y comencé mi tortura, su risa era aguda, infantil y contagiosa. Cuando creí que era suficiente pare y aún con la sonrisa en los labios me miró. Me di cuenta de nuestra postura y peor aún, mi cara se encontraba a escasos centímetros de la suya. Me levanté de golpe, nerviosa y notando como el color de mis mejillas cambiaba a un suave tono rojizo.
- Pide algo de comer, en la nevera hay un montón de papeles, mientras me voy a dar un ducha – dije sin darme la vuelta y encaminándome al pasillo.
Entre en el baño y cerré la puerta apoyándome suavemente en ella y entorne los ojos, calmando mi respiración y alejando algunos pensamientos. Era subnormal, no encontraba otra palabra que me pudiera definir mejor en esos momentos.
Me di una ducha larga, dejando que todos mis músculos se relajaran y que la música sonara en mi cabeza, tarareando canciones que mantuvieran mi cerebro en calma, al menos durante un rato. Salí de la ducha y me coloqué una toalla larga alrededor del cuerpo, comencé a cepillarme el pelo y cuando estaba acabando, escuché como sonaba el timbre de la puerta. Supuse que sería la comida que Dougie había encargado. Abrí la puerta del baño, para ir a la habitación a cambiarme y miré hacía el salón, Dougie se dirigía a la puerta, me quede parada y entonces le escuché.
- ¿Qué haces tú aquí? – preguntó Danny desde la puerta. Me acerqué por el pasillo hasta quedarme en el final de este, sin que pudiera verme.
- Comer y hace un rato dormir – contestó Dougie serio.
- ¿Y por qué cojones duermes en su casa?
- ¿Y a ti por qué cojones te importa? – contestó Dougie.
Desde mi posición la escena era grotesca, sus poses eran como esas que puedes ver en los documentales de animales, como si tuvieran que marcar el lugar donde se encontraban. Me enfurecí demasiado al ver esa escena y salí de mi escondite.
- ¿Qué pasa aquí? – pregunté colocando las manos en la cadera, dándome cuenta de mi vestuario, una simple toalla azul que acababa por encima de las rodillas.
La mirada de Danny dijo mucho y su mueca de despreció, aún más o al menos eso es lo que yo leí.
- Pues yo no lo se, creo que interrumpir – dijo Danny paseando su mirada de Dougie a mí y así repetidas veces.
- Te equivocas mucho, Danny, demasiado – contestó Dougie
- ¿Lo hago? Déjame dudarlo.
- Danny… - susurré – No hagas esto.
- ¿¡Que no haga el qué! Primero ayer y ahora hoy ¿Qué es lo que hago? Porque realmente no te entiendo Kate, me he perdido – gritó Danny dando un paso hacía mi posición.
- Dar las cosas por sentado sin saber nada – contestó Dougie por mí
- ¿Ahora os acabáis las frases el uno al otro? – preguntó Danny con un tono que escupía veneno.
- Vete – susurré mirándole fijamente – Mañana hablamos, cuando tu cerebro conecte de nuevo.
En cuanto acabé esa frase me di media vuelta, saliendo rápidamente de la habitación. No quería volver a ver esa mirada de despreció, juzgándome. No quería, no podía y tampoco se lo iba a permitir, yo podía haberme equivocado, pero él también lo había hecho y que me mirase así no era algo que fuera a consentirle nunca, aunque estuviera perdidamente e irremediablemente enamorada de él.
Las cosas avanzan poco a poco y os aviso, se vuelven un poco turbulentas.
¿Queréis saber más? Cuantos más reviews más pronto actualizaré, prometido.
