Disclaimer: Los personajes de la serie Victorious no me pertenecen, como a nadie en FF.
Entrada número veintidós del diario.
02 de agosto, 2015
Agosto es el peor mes del año y no porque sea el cumpleaños de mi hermano, bueno, en realidad sí. Es domingo, mi primer día en Nuevo México y aquí estaré una semana completa, «festejando».
Amo a Luca, él y yo nos llevamos muy bien, ha sido así desde que recuerdo. Me gusta verlo, conversar horas a solas; él fue quién me enseñó a fumar y sí papá se entera de ese diminuto detalle, alguien va a morir. No es por Luca que no me gusta venir, son mis abuelos los que arruinan mi viaje. Nunca he tenido una buena relación con ellos. Mi hermano es como su hijo, mi hermana es su nieta y yo soy la niña que nunca les agradó. Mientras más crecía, peor se tornaba nuestra relación.
—¿Fumando a escondidas? —me preguntó Luca sentándose junto a mí, detrás de ese gran árbol al final de la propiedad. Nadie va allí—. Mm mm mm. —Negó con su dedo—. Yo te enseñé mejor.
—Tenía que aprovechar que papá estaba entretenido conversando con su hijo perdido. —Reí.
—Golpe bajo, bebé —me reclamó robándome un cigarrillo, encendiéndolo con la fosforera que compré en un mercado de pulgas en Venice Beach—. Es linda —exclamó admirándola—, y algo conocida. ¿No me la robaste?
—¡No, dámela!
—Está bien, muy linda en serio. Por lo menos aprendiste que, si vas a tener un vicio, hay que hacerlo con estilo —mencionó, inhalando profundo, quemando una buena parte del papel—. Tu padre me estaba comentando que te ha notado muy… apagada últimamente. ¿Todo bien?
—Nuestro padre… —dije inconscientemente cuando me azotó la realidad, él no es mi padre.
—Bebé, si es un chico… déjalo. Nadie es más importante que tú y cómo te sientes.
—Luca, ¿puedo preguntarte algo?
Sí, lo prometí, no averiguaría nada en un mes. Pero nunca veo a Luca, quizá un par de días en fiestas de navidad, nada más. Podía ser mi única oportunidad en mucho tiempo.
—Cualquier cosa, bebé.
—¿Recuerdas cuando nuestra hermana y yo nacimos?
—Hmm… Yo… tenía tres años y vivía aquí con los abuelos —respondió, haciendo memoria—. No, no lo recuerdo
—¿No recuerdas, las navidades, los cumpleaños cuando éramos bebés?
—Aún eres un bebé para mí.
—¡Luca! —le reclamé para que volviera a la pregunta.
—Mi primer recuerdo de ustedes es…, jugar aquí. Tú tendrías unos… ¿tres años, yo siete?
—Ya eras grande para que no recuerdes nada antes de eso, ¿no crees? —señalé, sorprendiéndolo por mi reclamo.
—¿Estás bien? —Me miró preocupado. ¿Pasó algo?
—No… es solo que… —No sabía si confesarle lo que había descubierto, la charla que escuché de papá y mamá, lo de las pruebas de ADN. No lo hice—. Busqué fotografías de cuando éramos niñas y no hay nada hasta que cumplí tres años, un poco más grande quizá.
—Eso tiene una razón y la conoces…
—Sí, la «inundación» —puntualicé, interrumpiéndolo. Conocía muy bien la historia—. Se arruinaron todos los archivos y solo tenemos fotos y videos desde que nos mudamos de casa.
—¿Entonces?
—¿No te parece extraño?
—¿Qué, bebé? Explícate, porque no te entiendo.
—Nada —suspiré—, solo quisiera tener algo de cuando era bebé. Algo que me haga sentir que…
—¿Que perteneces?
De cierta forma me entendía. Yo asentí aunque nuestro origen no sea el mismo, él sabe a qué me refiero.
—Los abuelos fueron muy buenos conmigo, lo siguen siendo. Papá ha tratado de estar pendiente de mí, pero siempre me hizo falta algo, algo que me hiciera sentir… algo de mamá.
—Te duele no conocerla.
—Me duele que nunca haya querido conocerme, eso es lo que me duele. Que le fue tan fácil deshacerse de su hijo —confesó apagando el cigarrillo en la suela de su bota—. Por lo menos tú tienes a tu mamá, a papá, a la «insoportable» de nuestra hermana —sonrió—. Perteneces, bebé. Nos perteneces a todos nosotros.
Tal vez en el corazón, pero no en la sangre. Luca por lo menos es hijo de papá, es pariente verdadero de los abuelos. Su mamá lo abandonó, pero no con unos extraños, lo dejó con su familia. Yo no sé ni de dónde vengo. Yo no le pertenezco a nadie.
¿Es por esto que Tori hace lo que hace y se refugia en gente como Jesús y Carmen? No creo que sea una rebeldía de adolescente nada más. Es como si estuviese buscando ese algo que le falta, eso que la haga sentirse parte dé.
Aún se me complica entender bien el lío con su hermano. Según lo que he leído, Luca es hijo de su padre y una mujer que al dar a luz lo abandonó con él. Sus abuelos lo acogieron como hijo, David se casó con Holly y ellos «formaron su familia» en Los Ángeles con Trina y Tori. Ahora, Tori no es hija de ninguno de ellos, pero cree que debe ser allegada de Luca, lo que solo dejaría como posibilidad que él y ella sean hermanos de parte de madre, la madre que él nunca conoció. Pero por qué David cuidaría a la hija de una mujer que hace tiempo desapareció de la vida de su hijo. Una posibilidad podría ser que ella abandonó a Tori en las puertas de la casa de los Vega y volvió a desaparecer. Otra es que Tori sea adoptada y no sea ni siquiera hermana de Luca. Y hay algo más, Trina es media hermana de Tori, y ella no sabe todavía que relación tiene su hermana con los Vega. Ese es el verdadero enredo, el «a dónde pertenece».
Entrada número veintitrés del diario.
03 de agosto, 2015
Este cielo tan azul y despejado me hipnotiza, me encanta. Lo siento tan familiar, tan revitalizante, como cuando era una niña, aunque yo nunca viví aquí.
Mis recuerdos de infancia son pocos, algunos muy recurrentes de mi hermana y yo jugando en un jardín gigante —bajo un cielo tan azul como este—, el césped muy verde, alto, nuestras risas al correr descalzas, mis zapatos de charol blancos. Recuerdo el parque, los columpios donde mamá me empujaba muy alto, sus manos tocando mi espalda al bajar… Recuerdo también ese sueño, ver a ese hombre sentado en la sala, a una mujer descansando en el sofá de enfrente, yo escondiéndome tras una ventana.
Lo siguiente que recuerdo tan claro es ir a la escuela, sentarme en una esquina en el salón o las noches que lloraba bajo la cama. Esas las recuerdo tan bien. Papá llegaba y me sacaba de allí, me tomaba en sus brazos y me cantaba una canción, yo volvía a dormir y amanecía con él acurrucado a un lado de la cama.
—¿Descansando? —preguntó papá al verme acostada sobre césped en el jardín.
—Algo así.
—Sé que te aburre estar aquí —dijo. Se equivocaba, me gusta, me tranquiliza—. ¿Por qué no sales con tu hermano y dan una vuelta por la ciudad?
Le prometí pensarlo, no me sentaría mal dar un paseo, tomar aire fresco, ver qué hay en las tiendas. Aunque prefiero hacerlo sola, me dará tiempo de pensar y… lo necesito.
Entrada número veinticuatro del diario.
04 de agosto, 2015
Tuve que cambiar mi salida de ayer a hoy. Mi abuela se puso como loca diciendo que debería pasar tiempo con Luca en lugar de irme por ahí y mil cosas más, criticándome, como siempre.
Mi hermano me siguió hasta el cuarto, evitando que la puerta de un fuerte golpe cuando la lancé. Hablamos y se ofreció a salir conmigo hoy en la mañana, pero de verdad quería estar sola unas horas.
—Nos encontramos aquí mismo a las once, ¿de acuerdo? —me dijo, dejándome en la esquina de la plaza central—. Llámame si necesitas que pase por ti antes.
Luca es comprensivo y no el acaparador que mi abuela quiso criar. Como sea, tenía el tiempo que necesitaba, él iría a visitar a su novia y yo daría unas vueltas. Recorrí varias tiendas de ropa, unas de artesanías y visité al hombre que construye guitarras a mano en un taller de la calle principal, me gustaba ir allá con mamá cuando era niña. Miré el reloj y todavía era temprano, me compré un granizado de colores —que no sabía a nada— y me puse a caminar.
A diez minutos del centro hay un lindo parque, hace mucho que no voy por allí. Lo veo siempre que pasamos en el auto a la casa de los abuelos. Esta rodeado de un conjunto de casas blancas de techo inclinado. Me encanta ese tipo de viviendas, simples, grandes jardines —como el que recuerdo de mi infancia—, arboles gruesos por los cuales trepar y la tranquilidad.
Seguí mi camino unas cuadras más, disfrutando del sol; sin darme cuenta ya había llegado y estaba parada en frente de los columpios. Me senté y comencé a balancearme. Había tanta paz en ese lugar.
Cuando era pequeña, este, era el paseo familiar obligatorio de todos los años. Venir a Santa Fé era tan tedioso. Viajar horas por la carretera, llegar a la casa de los abuelos y unos días después volver a la carretera. A ellos no les gustaba la idea de que saliéramos a pasear. Nunca nos llevaban al parque, a algún restaurante, o al cine. Jamás.
—Hay suficiente comida en la nevera y espacio en el jardín —argumentaba mi abuela—. No hace falta que estén por allí.
Por eso adoraba cuando mamá venía con nosotros, ella odiaba quedarse en casa y salíamos a caminar. Me tomaba de la mano y…
Como quisiera que estuviese aquí, ahora.
—¿Isabella? —me llamó una señora mayor. Debía tener unos setenta años o más.
—No, disculpe. Creo que me confunde con alguien —le dije. Ella se me acercó de todas formas y me acarició el rostro.
—Isabella, querida, ¡estás aquí!
—Perdona a mi mamá… —se disculpó una señora más joven—. Por Dios… —exclamó en un susurro al verme con más detenimiento—. Eres idéntica.
No entendí a qué se referían, pero comenzaron a perturbarme. Era evidente que me confundían con alguien muy parecida a mí.
—¿Cómo te llamas? —me preguntó la más joven, se lo dije, no quitó su cara de asombro—. ¿Vives aquí?
—No, vine a visitar a mis abuelos, ¿la familia Vega? Viven al final de calle principal.
—Oh, sí. Los conozco. Era compañera de escuela de David, quiero decir, de tu papá.
—Oh, vaya… Bueno, se lo comentaré.
—Espera, ¿puedo pedirte algo?
Al principio dudé, pero accedí, necesitaba ayuda llevando a su mamá a su casa a una cuadra de donde estábamos. Le ofrecí mi brazo y comenzamos a caminar.
—Isabella, tu casa sigue igual de hermosa que siempre. Las personas que la compraron la cuidan mucho —me contaba la mayor, aún confundiéndome—. Es una lástima ya no tenerte de vecina. Me gustaba mucho jugar con tus hijas. ¿Cómo están?
Su hija volvió a disculparse, me comentó la que mujer sufre de Alzheimer y confunde a la gente con frecuencia. No me tranquilizó demasiado, ella también parecía ver un fantasma en mi cara.
—¿Me esperan aquí un momento?, iré por un vaso de agua para todas —mencionó la mujer dejándonos, a su mamá y a mí, en gran conversa.
—¿Sabes, Isabella? No me gusta ese novio que tienes, el papá de las pequeñas. Ha venido a preguntar mucho por ti estos años, por ellas.
—Ya no somos novios —le dije siguiéndole la corriente, intentando tranquilizarla.
—Lo sé, ¿puede un muerto tener novio? —rió, helándome por completo con su comentario.
En ese momento llegó su hija, me brindo un vaso de agua, que tomé de un solo golpe, y me despedí. Quedaban veinte minutos para las once, Luca iría por mí al centro y debía apurarme.
—Ven cuando quieras, Isabella —se despidió la mayor mientras entraban a su casa—. Ha sido lindo verte.
Le sonreí por cortesía, mas ese incidente me dejó nerviosa. Continué caminando por la acera, respiré hondo y exhalé varias veces, deteniéndome de golpe cuando encontré algo en mi camino, era un buzón de correo.
Una visión llegó a mí como un flash al verlo, un recuerdo borroso, un eco de mi voz gritando por mamá: «¡El correo llegó!». Mi mano diminuta trataba de alcanzar la manija de color rojo, estaba tan alta. «Quédate ahí», recordé a una mujer decir y mis dedos se pusieron a jugar con unas flores amarillas que tenía dibujadas a un lado, no pude distinguir más detalles. Recodé sentir su mano sobre la mía alcanzando la compuerta del buzón y sacando unos sobres de color blanco. Su mano tomando la mía nuevamente, conduciéndome adentro de la casa, yo iba saltando.
Regresé a ver al portal. Era el mismo que acababa de recordar, una puerta de madera en forma de arco, unas flores a la derecha y un enorme ventanal.
En ese instante sonó mi celular con una llamada de mi hermano, sacándome del recuerdo.
—¿Dónde estás?
—Frente al parque de camino a casa.
—Voy por ti, no te muevas, bebé —me respondió Luca y cortamos la llamada.
—Hola, ¿buscabas a alguien? —me preguntó un hombre que regaba las plantas, no me había fijado en su presencia.
—No, en realidad no. El buzón me llamó la atención —le contesté, tratando de calmarme.
—Es muy colorido, ¿no crees?
—Sí, parece que lo hubiese pintado un niño —le dije, aun muy alterada por lo que acababa de recordar.
Nosotros nunca vivimos aquí, mamá, papá… Nunca vivimos en Santa Fé. ¿Por qué recordaría esa casa? No tenía sentido.
—Así fue, lo pintó la hija de la anterior dueña de casa, Isabella. Es una obra de arte. Míralo bien de todos los lados.
Me acerqué a él. Esperando que mis recuerdos estuviesen equivocados. No sabía porqué, pero no quería que esas flores amarillas estuvieran ahí dibujadas. Me puse en cuclillas dándome vuelta lentamente y las vi. Cinco flores amarillas con un centro de color rojo, el resto del buzón pintado de color azul cielo y un nombre que seguía repitiéndose, escrito con letra imprenta, Isabella.
Nota:
S2804: Me Halaga que te guste el fic, para nada pareces psicópata, me pasa lo mismo con varios que leo. Creo que justo estamos conectadas. Espero que hayas tenido algunas respuestas con este capítulo.
Kuroneko: Es super tierno lo del cine :3 Me hiciste reír con lo de Fiona. Pobre Carmen, ella no es verde. Lo de sus padres podría ser un rollo, pero a futuro.
LittleRock17: Tranquila, no me molestan los insultos, yo soy muy mal hablada. ya me estoy ideando algo para el reto, aunque me la ponen difícil.
Someone: ¡Camren es súper real! Esas dos se aman, bueno Camila a Lauren por lo menos. Aún no veo Maze Runner, ya me la voy a bajar o la compraré por ahí uno de estos días.
nilra89: Tori pansexual, hmm. Podría ser. Y lo de Jade ya en poco va a empezar a notarlo ella misma. Todavía no se da cuenta de lo que siente.
LenyRehim: Falta un poco para lo de los padres y Jade, pobre, digamos que la poca luz del cine no la dejó ver. También creo que en ese momento habría sido objeto de burla si la veía.
Guest: Sí, dudó mucho de si lo que Tori decía era verdad. Muy confundida la pobre.
erivip7: Eso lo veremos más adelante y de nada, es mi gusto escribir.
Gracias a todos ustedes por sus palabras, a los que leen también, por volver. Aprecio mucho su presencia. Hasta mañana.
