Love Live Sunshine!
El deber de familia
Disclaimer: Love Live! Pertenece a su creadora Sakurako Kimino y a ASCII media works junto con Sunrise.
NdelA: ¡Aahh! No sé si después de este capítulo me odies, pero esto es muy angst. Sinceramente, es muy angts, bueno eso parece. No lo sé… tal vez no sea tan angts, que a mi no me sale eso.
Como sea… gracias por los reviews y no hay mucho que decir. Las cosas se van a ir resolviendo ahora que ya estamos en el nudo de la historia...
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— o —
—¡Ahora si me vas a explicar que rayos está pasando! —Kanan escuchó la voz de su esposa mientras sentía un ardor insoportable que se derramaba sobre su cuerpo.
Mari había entrado en su celda y había arrojado sobre él una botella de sake que escoció sus heridas como si fuera fuego líquido.
—¡Eso duele! —se quejó pero Mari no le hizo caso a su protesta y por el contrario lo trató con mayor rudeza.
—Ni siquiera te atrevas a decir algo más que no sea la verdad Matsuura Kanan —retiró las ropas de su pecho y su espalda sin mucho cuidado levantando parte de la piel que se había adherido a la tela gracias a la sangre que se estaba secando.
—No… no tengo nada que decir… ¡Ouch! —se quejó de nuevo cuando el alcohol volvió a tocar su piel lacerada.
—¡Deja de hacerte el idiota interesante y habla! —lo amenazó pasando el alcohol y una gasa limpiando la sangre seca y la que aún brotaba gracias a que estaba retirando los coágulos que se habían formado.
—¡Eres un demonio mujer! —comenzó a reír girándose para sostener apenas con algo de fuerza a Mari rodeándola con sus brazos—. ¡Pero aún así te amo!
—¡Eres un bruto! —lo golpeó para quitárselo de encima pero eso no lo amedrento—. ¡Habla!
—Solo si me besas —sonrió con descaro y Mari tomó sus mejillas atrayéndolo hacia ella.
Se besaron en un toque torpe y rudo que sabía a sudor, sangre y sake tan típico de Kanan que parecía ser el común denominador de su relación en ese último año.
—¿Bien, satisfecho? —Mari se separó de él pero eso no pareció dejarlo en paz porque busco prolongar el contacto echándose hacia adelante sobre su esposa.
—De ti nunca estaré satisfecho —dijo en el tono seductor y descarado que había conquistado a Mari.
Volvió a besarla esta vez pasando su lengua con brusquedad por sus labios buscándose de un lugar para entrar en su boca y recorrer todo su interior para probar cada rincón. Mari se sonrojo cuando el aire comenzó a escasear y por la intensidad del beso que la estaba sofocando. Kanan siempre la dejaba sin aliento.
—¡Eres un idiota! —se separó aspirando el aire que sus pulmones le pedían a gritos.
—Pero soy tu idiota —le dió otro beso con su sonrisa socarrona de por medio—. ¡Aaahh! ¡Eso duele!
—Te lo tienes merecido —Mari había puesto sus manos sobre su espalda enterrando sus uñas con fuerza.
—¡Jugaremos un poco entonces! —la tomó de la cintura llevándola hasta su regazo subiendo su yukata hasta la cintura dejando sus muslos lechosos a su alcance.
—¿Estas repuesto lo suficiente para soportar esto? —la chica lo reto metiendo su mano bajo su pantalón comenzando a acariciar su hombría.
—Solo tú eres capaz de ponerme todo bruto solo con mirarte —le susurró al oído acercándola más a su cuerpo.
—Los halagos no te harán salirte con la tuya sin que me digas que está pasando —Mari empujo su cintura acomodándose para recibirlo en su intimidad.
—¡Bufff! ¡No me importa si debo embaucar al mundo entero para tenerte conmigo! —gruño con algo de dolor pero sin querer retirar a su esposa.
—Si así debo sacarte la verdad, puedo hacer el sacrificio —se movió de arriba a abajo y las quejas de Kanan se fueron volviendo más y más lascivas transformándose en gemidos.
—¡Mujer, eres increíble! —Kanan se aferró más a su cintura guiando el vaivén de las caderas de Mari.
—Siempre te ha gustado el dolor —dijo con malicia metiendo un dedo que estaba manchado de sangre dentro de la boca de Kanan para luego pasarlo a la suya para degustarlo.
Eso encendió más a Kanan que de inmediato arremetió con más ganas preso de la excitación que le daba su esposa.
—Y a ti siempre te ha gustado provocarlo ese dolor —sus ojos estaban inyectados en deseo y con violencia apartó las ropas de Mari para llegar hasta su pecho y morder con fuerza su pezón.
Mari exclamó en un gritó su queja por la mordida pero no lo aparto, por el contrario le ofreció el otro para que hiciera lo mismo no sin antes lamer donde sus dientes habían dejado la marca de la mordedura. Kanan no espero más y se abalanzó sobre su otro pezón clavando sus dientes para estimular a su esposa y un cierto líquido blanco surgió de sus pechos. Kanan lo bebió con avidez succionando tanto como quiso.
El empuje se hizo más rápido en su pelvis y Mari se movía de manera frenética haciendo que el autocontrol de Kanan se perdiera y sin poder controlarlo dejó que su venida inundara todo el interior de Mari. Ambos se unieron en su perverso juego de lujuria que adoraban jugar. Poco a poco fueron calmando su ritmo y su respiración hasta que el miembro de Kanan salió de Mari ya sin nada que ofrecer, completamente gastado por el placer recibido. Él comenzó a reír con burla aunque en realidad su risa histérica era más sobre lo absurdo que podía llegar a ser su amor y como no podría dejar de amar a esa mujer que lo volvía loco.
—Anda volteate que debo curarte —lo empujó y lo hizo girarse para dejar su espalda a su merced—. ¡Más te vale que hables!
—Está bien mujer —alzó las manos rindiéndose y dejando que el cansancio se apropiara de él.
—¡No, no te duermas Matsuura Kanan! —le gruñó y él siguió burlándose.
—El viejo quiere un nieto —empezó a hablar—, no le importa si para eso casaba a su hija legítima con una joven incauta para validar su fechoría y hacerme que yo la tomara para ser quien sirviera de semental y que la sangre Kurosawa se uniera con su apellido —explicó de forma breve.
—¿Y lo hiciste? —preguntó Mari incrédula.
—Bueno es obvio por la paliza recibida que no… ¡Ey, duele! —lloriqueo cuando Mari fue brusca por el comentario que acababa de hacer—. Sabes que Dia-san no lo iba a permitir, en un inicio pensé que obedecería pero no lo hizo cuando tuvo a la chica para ella y no me lo permitió tampoco.
—Nuestra niña es demasiado recta —exclamó con un suspiro.
—O solo demasiado idealista… o estúpida ¡Ouch! —recibió otro castigo de parte de su esposa.
—Está enamorada, puedo verlo por la manera en que se preocupa por esa niña —Mari suspiró de nuevo—. Creí que no la vería así otra vez.
—Sí, sin embargo ahora estamos en un problema por su necedad ¡Ouch! ¿Otra vez? —se quejó.
—Lo siento —dijo con una sonrisa de disculpa que Kanan no le compro—. ¿Ahora vas a tener que costarte con esa niña? —los celos de Mari emergieron de pronto y sus uñas se enterraron en la carne lastimada haciendo que Kanan se retorciera.
—¡Aaahh! ¡Sabes que Dia no me dejaría, aunque no tengo otra opción! —Kanan busco la manera de deshacerse del maltrato—. Es eso o que el viejo se los lleve de nuevo a donde no pueda alcanzarlos —Mari detuvo su castigo cuando la sujetaron por las muñecas.
—¿Te vas a acostar con ella entonces? —le dijo enojada tratando de zafarse del agarre.
—Lo que sea necesario con tal de tenerte a ti y a mi hija conmigo —la zarandeó para que dejara de moverse pero aún así Mari se resistió.
—Dia jamás te lo perdonaría —ella dejó de luchar—, ¿estás consciente de eso?
—El viejo no va a permitir que Dia-chi interfiera para evitarlo y me obligara a hacerlo de todos modos. No voy a ponerlas en riesgo —la acercó de nuevo a su pecho para abrazarla con fuerza.
—Hagas lo que hagas está mal, no quiero perderte… solo no sé si esta es la mejor opción... en todo caso debes hablar con Dia-chi y con esa chiquilla —lo pensó un poco—. Hablaré con Dia-chi y veré qué es lo que piensa de esto.
—Será tiempo perdido, ella no va a aceptar de buena gana ni de mala gana —quiso hacerle ver Kanan.
—Aún así debo intentarlo —le dijo—, si no te perdona… al menos puedo apelar a que lo haga si con eso paga la deuda que tiene conmigo por la estupidez que cometiste al acostarte con ella.
—¿Sigues enojada por eso? —preguntó mirándola incrédulo.
—Contigo no, tú eres un cabrón, podría esperar eso de ti, pero de ella definitivamente no —Mari tomó una mejilla golpeando ligeramente—. Aún cuando lo haya hecho por despecho me dolió lo que hizo, mi Dia-chi no es así.
—No… ella no es así… —le dió la razón—. Hay que buscar la manera…
— o —
—¡Kunikida-san! —lo llamo Mari cuando vio al monje saliendo al igual que ella de las celdas de la casa.
Habían pasado algunos días desde que Kurosawa-dono encerrará a sus hijos y en ese tiempo Mari no había podido ver a Dia, el único que tenía acceso a ella era Kunikida-san. Ni siquiera la hija del sacerdote había podido salir de su cuarto en el arresto domiciliario a la que la tenían sometida.
—Matsuura Mari-san —le devolvió el saludo.
—¿Cómo está Dia-chi? —lo interrogó—. ¿Podré pasar a verla?
—Me temo que no está permitido —respondió el guardia que acababa de abrir la celda que daba al patio por donde el monje estaba saliendo, no era la primera vez que tenía que decir eso.
—Podemos hacer una excepción, somos las dos únicas personas que podemos asistir a los dos inculpados —solicitó el sacerdote apelando a la razón del guardia—. Dia-sama estará agradecida de ver una cara familiar después de tantos días en aislamiento —aún así el guardia se mantuvo firme—. Ella lo necesita —apeló de nuevo pero el guardia no cambió su postura, al menos aparentemente.
—Que sea rápido —le concedió y enseguida Mari se apresuró a entrar cuando el guardia abrió la puerta.
—La esperaré aquí —dijo el monje, aunque tal vez Mari no lo escuchó porque había ingresado a toda prisa.
Mari camino por los pasillos de la celda, está estaba en peores condiciones que en la que habían encerrado a Kanan, pudo saberlo por el olor nauseabundo que la rodeaba y la falta de luz y el exceso de humedad que más bien la hacían parecer una mazmorra. Bajaron unas escaleras hasta llegar a una excavación que poseía dos celdas aunque solo una estaba ocupada en ese momento.
Dia permanecía sentada en un rincón apenas iluminada por la tenue llama de una antorcha afuera de la celda. Su rostro no se veía bien, estaba pálida y sucia, sus ojos estaban hundidos en dos prominentes ojeras que se teñían de negro y sus elegantes facciones estaban contraídas en una mueca de dolor insoportable que Mari supo no se debían al dolor físico.
—¡Dia-chi! —la llamo y el sonido de su voz rompió el silencio que caía sobre la mazmorra, sin embargo no recibió más respuesta que solo los ojos aqua de Día mirándola de reojo—. ¡Abra la celda! —ordenó Mari al guardia pero este no se movió.
—No tengo autorizado eso señora, ya la vio es tiempo de regresar —el tipo trato de sujetarla del brazo pero Mari opuso resistencia cuando la tomó.
—¡Suélteme! —le gritó—. ¡Abra esa celda como se lo ordené! ¡Soy Matsuura Mari-san, esposa de Kanan y si usted no abre esa celda y hace lo que le ordenó, cuando mi esposo salga usted va a desear estar muerto! —logró quitarse de encima al guardia que gruñó enojado.
—Está bien señora, pero no puedo darle mucho tiempo —el hombre fue hasta la cerradura y metiendo la llave abrió la reja para darle acceso.
Mari prácticamente corrió hasta sostener entre sus brazos a una Dia que no pareció mostrar muchas emociones. Sólo se miraron unos instantes mientras Mari inspeccionaba sus vendajes, Día estaba sanando gracias a los cuidados de Kunikida-san.
—Me alegra saber que estás bien —la abrazó de nuevo dándole un beso en la mejilla—. Tu pequeña esposa estará más tranquila cuando se entere de que estás mejor.
—Mi cuerpo va mejorando es verdad, pero aún no puedo borrar las faltas cometidas por mis errores —su semblante se tornó aún más sombrío bajo la titilante luz.
—Estas siendo dramática como siempre mi hermosa Dia-chi —Mari apartó un mechón de su cabello pasándolo detrás de su oreja—. La solución es muy simple realmente.
—¡Me niego! El que sea simple no hace que sea correcta —sus cejas se fruncieron en desacuerdo—. No voy a dañar más a Hanamaru-san, ni a dejar que nadie lo haga.
—Es la única manera de salvarte, a ti y a Kanan —suplicó Mari tomándola de las manos—. ¿Estás dispuesta a morir por ella arrastrando a todos los demás en esa obstinación?
—Se que es injusto para ustedes y no tienen porque sufrir por esto —Dia puso sus ojos cansados sobre Mari viéndola con intensidad pero bajando su voz a apenas un susurro—. Estoy arreglando todo para que puedan huir de aquí —acercó su boca a su oído para que la escuchará claramente—. Kunikida-san va a ayudar a sacar a Hanamaru-san de Fuji para ponerla a salvo, ustedes deben unirse con ellos y salir de este lugar.
—¡Tu padre te va a matar si eso llega a suceder! —se angustió al saber lo que estaba planeando Dia—. ¡Tú serás la primera y nosotros le seguiremos después cuando nos atrapé!
—¡No! —Dia puso un dedo sobre los labios de Mari—. ¡No voy a permitir eso! Voy a retarlo, voy a reclamar mi lugar como nuevo daimyō y voy a acabar con esta locura.
—Si haces eso... la única manera en que lo vas a lograr será matando a tu propio padre —Mari negó enérgicamente sujetando las ropas roídas de Dia—. Eso es peor, no puedes estar diciendo lo en serio…
—Tengo que hacer lo que sea necesario para parar esta locura… —la boca de Día se vio obstruida cuando la mano de Mari la tapó.
—¿Con otra locura? —dijo casi al borde de las lágrimas—. Aún así vas a morir, no puedes estar diciendo eso.
—¡Por favor Mari-san! —suplicó—. Huye con ellos y déjame a mí hacer el resto.
—Kanan jamás va a consentir hacer algo como esto —sus lágrimas se hicieron paso por sus mejillas—, ni yo y por lo que he conocido a tu esposa, estoy segura que ella tampoco lo aceptara.
—¡Tienes que convencerla de que es la mejor opción! ¡Es lo único que puedo hacer para liberarla! —dijo rogándole para hacerle ver su razón.
—¿Tanto la amas? —preguntó Mari enojada—. ¿Tanto la amas que vas a hacer esta tontería? No Dia-chi, no voy a permitir esto —señalo su alrededor—. Aunque por ello me odies, no voy a dejar que hagas esto.
—¡Mari-san! —Dia perdió las manos de Mari cuando está la apartó.
—Me debes una Dia-chi y creo ha llegado el momento de cobrar esa falta y no tienes derecho a tomar represalias por ello —al terminar de pronunciar sus palabras la joven esposa se dió la vuelta para dejar la celda antes de que Dia hiciera el intento de detenerla.
—¡No Mari-san! ¡No te atrevas a hacer eso! —el guardia cerró la celda justo a tiempo antes de que Dia alcanzara a Mari y ella solo chico con los barrotes oxidados—. ¡Mari-san, jamás te perdonaré si haces esto!
—Entonces sabrás exactamente cómo me sentí cuando tú me traicionaste a mí y al amor que decías tenerme —no había realmente rencor en sus palabras o deseo de venganza, solo había tristeza en sus ojos amarillos—. Es por tu propio bien mi querida y necia Dia-chi.
—¡No Mari-san! ¡Vuelve! ¡No te atrevas a hacerle daño! —grito azotando con fuerza su cuerpo contra la celda llamándola de regreso pero Mari no se giró a verla más.
— o —
