Severus cerró los ojos y creyó ver que la línea mostrada en el monitor se interrumpía por un latido y luego otro y otro. El sonido agudo cambió y de pronto una persiana cubrió la ventana. Severus estaba con la incertidumbre por saber qué estaba pasando e iba a entrar cuando Esther salió de la habitación.

— ¿Qué ha pasado? ¿Está bien? –Preguntó desesperado Dorian.

—Despertó. Ahora mismo el Sanador Johnson le está revisando.

—Pero ¿Está bien? –Severus notó un poco de angustia en su voz al preguntar.

—No lo sé –Respondió Esther con semblante serio– Ha estado varios minutos con el corazón detenido.

Neville sentía que no respiraba por sí mismo. Cerró sus ojos y los abrió de nuevo. Una luz blanca estaba sobre él y le molestaba. Observó la cara de Hugh Johnson, dándole a entender que, definitivamente, estaba en San Mungo. Su cuerpo dolía y Neville pensó que eso era una excelente noticia. Sentía; por lo tanto estaba vivo.

— Sanador Longbottom ¿Puede escucharme? —Neville sabía de memoria el protocolo para los pacientes. Un parpadeo para decir que si, dos para decir que no.

—Si –Parpadeó una vez.

— ¿Sabe dónde está?

—Sí.

— ¿Sabe por qué está aquí?

—¡Claro que sí. Por culpa del imbécil de Black! — Quería gritarle Neville; pero se limitó a parpadear una vez.

—Bien, muy bien. Sanador, está conectado a un respirador artificial. Ahora le quitaremos el hechizo que lo conecta y tendrá que respirar solo. ¿Cree poder hacerlo?

—Sí.

—Vale.

Hugh Johnson desconectó a Neville y éste inspiró por primera vez. El paso del aire por su laringe fue doloroso. Neville tuvo que toser después, en la espiración. Su garganta dolía, seguro que era por tener las sondas que le habían ayudado a respirar y a alimentarse. Luego sintió que los hechizos de seguridad desaparecieron. Definitivamente, todo su cuerpo dolía endiabladamente.

— ¿Cuál es mi estado? –Se resintió un poco al hablar. Sus cuerdas vocales se sentían agarrotadas.

—Perdiste mucha sangre. Tu cuerpo estaba colapsando. Tuviste un fallo cardíaco; porque tu corazón trabajaba el doble al bombear la poca sangre que tenías.

—Quiero ver a Severus.

—Aún estas muy débil para recibir vistas. Te pondré a dormir y una poción para que tus plaquetas se recuperen.

—Por favor, primero deja que vea a Severus; después podrás hacer conmigo lo que quieras.

— ¿Lo que quiera? –Johnson le sonrió –Está bien. De todas maneras debe estar esperando afuera.

Johnson retiró todo lo que no era indispensable, mientras Neville intentó acomodarse mejor en la cama. Vio entrar a Severus, en el semblante se le veía tranquilidad. Nunca pensó que Severus se sentaría en su cama y lo primero que haría sería besarle.

— ¿Estás bien? –Le preguntó cuando se separaron.

—Ahora sí. ¿Todo salió bien? ¿Aarón y Dorian?

—Todo está bien. Dorian estaba afuera conmigo. Aarón está con su padre en la sala de espera.

—Bie… -Neville fue cerrando los ojos poco a poco.

— ¿Qué te…

—No se preocupe, Señor Snape. Le puse una poción para dormir. Está muy débil y no quiero que se fatigue –Severus observó a Neville, pasando su mano por el cabello castaño oscuro y acariciando con ternura sus mejillas cubiertas de una barba crecida como nunca. Volvió a besarle con ternura.

—Me quedaré aquí –Johnson sabía que eso no era una petición y que no iba a poder apartar a Severus del hombre que amaba; así, pues, transfiguró la incómoda silla del hospital en un cómodo sillón reclinable.

—Bien. Dormirá por un tiempo.

Hugh Johnson salió de la habitación y se encontró a Dorian. El chico parecía nervioso y un poco histérico. Era muy parecido a Neville; pero con cabello negro. Los ojos verdes del chico le miraron con incertidumbre y el sonrió indulgentemente. Lamentaba mucho haber llegado tarde a la vida de Neville Longbottom.

—Está bien. Tu padre se quedará con él.

—Puedo…

—Ahora no. En cuanto esté mejor podrás pasar a verle. Por ahora… ¿Qué te parece si vamos a informarles a los demás?


Harry observaba la puerta doble blanca, como si ella pudiera darle respuestas y aprisionaba con más fuerza la mano de Draco. Estaba desesperado y apunto de cruzar la jodida puerta y encontrar las respuestas que quería. De pronto vio salir a Johnson y a Dorian. Se puso de pie, arrastrado a Draco con él.

—El Sanador Longbottom ya salió de la crisis –Harry respiro profundamente, mientras sentía como si el alma le regresara al cuerpo. Aarón, que estaba de pie cerca de James, cerró los ojos y se recargó en la pared.

—Podemos…

—No, señor Potter. Ahora está sedado y no despertará hasta mañana. Lo mejor es que se vayan a descansar. Han estado todas estas horas con mucho estrés. El señor Snape se quedará con él. Les avisaré en caso de que haya algún cambio; aunque, sinceramente, yo creo que no lo habrá. Oh, casi lo olvido. Esto es para ti –Le extendió un sobre a Dorian y, dicho esto, el Sanador se marchó.

Dorian se quedó de pie observando al Sanador caminar por el pasillo. El sobre lacrado quemaba en sus manos. No quería abrirlo en ese momento. Dejaría eso para el momento en el que estuviera frente a Neville.

—Creo que deberíamos hacerle caso al Sanador Johnson. Todos los que estamos aquí necesitamos un buen descanso –Les dijo Draco.

—Quisiera quedarme, tío.

—No creo que sea prudente, Dorian. Ya escuchaste al Sanador: Longbottom estará inconsciente un tiempo más y tu padre le está cuidando. Ven con nosotros a casa –Dorian no quería; pero terminó asintiendo. —Ven con nosotros a la Mansión, Harry.

—Pero…

—Creo que, después de estos días, podemos ser una familia –Harry se perdió por un momento en los ojos de Draco. Había extrañado tanto verle y saber que le amaba…


Hermione y Rose se despidieron de ellos. Anna prometió alcanzarlas después. La relación entre Albus y Rose aún estaba bastante tensa. Cuando los demás llegaron a la Mansión de Draco, comieron algo ligero y cada uno se fue a su habitación. Albus estaba un poco extrañado con la actitud de Dorian. Le encontraba un poco frío y distante; sin embargo no quería agobiarle con preguntas. Le daría su espacio. Ya habría tiempo para hablar.

James sólo se dio un baño y salió de su habitación con rumbo a los jardines. Sentía que si se quedaba en un lugar cerrado, las paredes se le vendrían encima. Estaba haciendo un frío espantoso y el viento que chocaba en su cara se sentía terriblemente gélido. Convocó su escoba y voló hasta la parte más alta de la Mansión, se sentó en la cornisa y cerró los ojos, intentado encontrar algo de paz. Al poco tiempo sintió unos brazos que pasaban por su pecho.

—Te quiero –Lo dijo con todo el amor que podía ser capaz de sentir.

—En estos dos años juntos, jamás me lo habías dicho –Aarón, se dejó abrazar por la sensación de calidez.

—Durante el tiempo que estuve cautivo pensé en ti y en lo mucho que me hacía falta decírtelo. Te quiero James.

Aarón se dio la vuelta y besó a James. Había extrañado tanto esos labios... Cuando empezaron su relación, James estaba en cuarto grado. Todo empezó una tarde, estudiando en la biblioteca. Los típicos coqueteos de siempre, cambiaron cuando Aarón se dejó llevar por el deseo y le besó. Al principio quiso detenerse, al fin y al cabo él era el mayor; pero en el viaje de Croacia todo cambió. James se coló en su habitación sólo con una bata de seda y una endemoniada actitud sexy. ¿Quién, jodidamente humano, podría resistirse a eso? Además, no era como si tuviera veinte años más que James.

— ¿Crees que deberíamos decírselo a nuestro padres? –Le preguntó James, relamiéndose los labios.

—Pues ya que ellos están follando, creo que es importante que sepan que tendrán una habitación extra en casa.

— ¿Y eso? –James dejó que Aarón se acomodara en su pecho. Ese momento lo recordaría para siempre, Aarón nunca se portaba tan mimoso y dócil.

—Les diremos que nosotros follamos, que te quiero y que desde ahora dormiremos juntos.

—Pronto saldrás del colegio. Serás un gran jugador de Quidditch y conocerás gente mil veces mejor que yo –Aarón negó

— ¿Me seguirás queriendo?

—Siempre.


Harry salía del baño con la toalla enroscada en la cintura. Draco había vivido una pesadilla en esos días; sin embargo todo eso sirvió para no tener que dar explicaciones o por lo menos retrasarlas hasta que fueran muy necesarias. Aarón sabía ya quién era su padre y era obvio que Anna tenía una relación con Granger; además no les vio quejarse mucho por la cercanía de Harry. Nadie protestó cuando los dos se fueron a la recámara de Draco.

— ¿Sabes que te ves maravilloso semi desnudo? –Harry le sonrió y se dejó caer boca abajo, a su lado, en la cama.

—Todavía no puedo creer que nuestros hijos no dijeran nada por esto.

— ¿Qué querías? –Draco acariciaba la espalda de Harry –Están extenuados físicamente. Fueron demasiadas emociones. Creo que ni se fijaron.

—Mmmm.

En realidad, Harry ya no estaba prestando mucha atención a lo que Draco decía. Esa mano sobre su espalda se sentía genial. Más aún cuando se le unió la otra y una boca que dejaba mordidas indecentes por su hombro. Se volteó de inmediato y besó a Draco. Tenía unos labios deliciosos que sabían a canela. Deshizo el nudo de la bata de Draco y mordió su clavícula. Esa piel le volvía loco.

Sus manos llegaron hasta las tersas nalgas, estrujándolas y se deleitó con el gemido que salió de Draco. Sintió que su polla urgía por adentrarse en Draco y hacerle saber lo mucho que le amaba y deseaba. Draco le quitó la toalla.

—Pareces un crío excitándose con sólo un beso –Harry sonrió y se perdió en el cuello de su adorado rubio, llenándole de mordiscos y besos.

—Tú siempre me has puesto así. En el colegio se me ponía dura con solo verte caminar. Eres hermoso –beso– ,delicioso –beso– y me muero por ti –beso– . Siempre lo hice y lo hago.

Draco se dejó besar. Ya no había más de qué hablar. Sólo sentir. Sentir la boca de Harry pasar por su cuerpo; los dientes de Harry torturando sus pezones; las manos de Harry llegando hasta su necesitada erección y acariciarla con devoción; pero sobre todo, sentir a Harry entrando en él, poco a poco; deleitarse con la polla de Harry centímetro a centímetro, con el amor y ese deseo que llegaba antes de la culminación. Jadeantes, se abrazaron y dejaron que el sueño les venciera.


Remus Lupin esperaba en una habitación de color azul. En ella sólo había dos sillas, que estaban separadas por una mesa de madera y dos puertas. Una de ellas era por la que había entrado y la otra por donde introducían a los prisioneros. Unos minutos después apareció el Jefe Dalton y Sirius Black. Ya llevaba puesta la ropa a rayas, representativa de Azkabán. Remus tomó asiento y Sirius hizo lo propio.

—Remus…

—Mañana será tu juicio. Lamento que terminaras así.

—Lo hice por ti. Para estar juntos de nuevo –Sirius intentó alargar las manos para tocar a Remus; pero éste de inmediato se alejó.

—Estás enfermo Sirius –Remus clavó su vista en la de Sirius – ¿Por mi violaste a Snape? ¿Por mi quisiste asesinar a Draco y a Severus? ¿Por mi, incluso, llegaste a querer dañar a Neville y a Harry? ¿Es por mi que fuiste capaz de secuestrar, torturar y casi violar a dos inocentes niños? –La voz de Remus se iba elevando a cada nueva pregunta hasta convertirse en un grito– Has hecho tanto daño, Sirius, que creo que es justo que termines como un ente sin alma; ya que, seguramente, te condenarán al Beso –Remus llevó su vista hasta el Jefe Dalton – ¿Sabes qué, Sirius? Lo mejor de perderte, será la aventura de olvidarte.

Sirius volteó para encontrarse con la mirada de Dalton. El chico parecía deslumbrado con Remus. Algo dentro de Sirius rugió. Saber que Remus podía estar con otro, que podía recibir los besos y las caricias de alguien más, que podía ser feliz con alguien que no era él. Quiso decirle algo; pero Remus salió del lugar, dejándole un enorme sentimiento de vacío. Estaba condenado, seguramente de por vida; pero lo que más le dolía era que mientras él estaría pudriéndose en Azkabán, revolcándose en su propia inmundicia, Remus estaría entre los brazos de ese joven o en los de cualquiera.


Cuando abrió los ojos, lo primero que encontró fue a Severus dormido y tranquilo en un sillón, a su lado. Neville suspiró y se dio cuenta que su cuerpo no dolía tanto. Parecía que de nuevo esa magia que envolvía a los Longbottom le ayudaba para recuperarse. No estaba al 100 por 100; pero ahora sí que podría recibir vistas y besar a Severus sin que le faltara el oxígeno.

—Hola –Le saludo Severus.

—Hola –Neville le tomó de la mano y de un tirón le aprisionó entre sus brazos –Te amo –Neville inició un beso, deslizando su legua por los labios de Severus, mordiéndole ligeramente el labio inferior y dejando que su legua se encontrara con la de Severus, probándola, acariciándole y quedándose con los suspiros que despertaba en su antiguo profesor.

—Te amo –Y poniéndose repentinamente serio, continuó– Quiero casarme contigo –Neville le miró fijamente a los ojos por un momento y le volvió a besar con más pasión.

—Vaya –Suspiró al terminar el beso –Tendré que dejar que me lancen más maldiciones oscuras. Ese es el método más fácil para hacer que los Slytherin's acepten las propuestas de matrimonio.

—No, en realidad. Sólo que si me caso contigo, seré tu heredero y así me quedare con todo lo tuyo la próxima vez que decidas hacer un acto de estúpido heroísmo –Le contestó Severus con un tono bastante burlón.

— ¿Tú crees? –Neville bajo su boca dando besos por todo el cuello de Severus.

—Vaya. Veo que ya despertó –Hugh Johnson les observa divertido –Lo que pueden hacer 48 horas de buen descanso ¿Verdad?

— ¿48 horas?

—Llevas dos días dormido, Neville.

—Sip, 48 horas y estás muy restablecido. Tus niveles sanguíneos ya están casi normales y –Johnson removió la sabana que tapaba el cuerpo de Neville. Comprobó el vendaje que cubría su abdomen –Ya estás cicatrizado. Perfecto, como siempre –Le sonrió pícaro y Severus bufó –Creo que deberías ponerte una bonita bata y recibir a tus visitas.

—Sí, bueno. Ya le ayudare yo con eso ¿Algo más Sanador?

—Nop, claro que no. Las pociones hacen lo suyo y la magnífica anatomía de nuestro querido Sanador hace el resto –Hugh le guiñó a Neville y se despidió de Severus.

—Le odio –Neville sonrió. A Johnson le encantaba poner verde de rabia a Severus.

—Déjalo. Disfruta viendo que pierdes la máscara de indiferencia ¿Crees que me pueda poner algunos deportivos y recibir a los demás?

Severus alzó una de sus negras cejas y le miro clínico—Sí, claro.

—Severus ¿De verdad te vas a casar conmigo? –Esa pregunta encerraba tanto anhelo, que Severus se acercó a Neville de nuevo y antes de besarle le susurró un escueto y sincero: Si.

Dorian llegó al Hospital temprano, no podía estar más tiempo en su recámara sin pegar los ojos. Por eso le pidió a uno de los elfos que le apareciera en San Mungo. Sabía por Esther que Neville estaba despierto y, con la ayuda de la enfermera, se coló hasta su cuarto. Antes de abrir la puerta, respiró hondo. Era el momento de la verdad.

Al entrar vio a su padre semi recostado encima de Neville, besándole como si no hubiera un mañana. Algo dentro de Dorian dolió. Estuvo a punto de acabar con esa relación por un estúpido arrebato.

—Hola –Dijo débilmente. Severus se separó de Neville.

— ¿Qué haces aquí tan temprano, Dorian?

—No podía dormir y pensé venir a hablar contigo. Cuando llegué, Esther me dijo que Neville estaba despierto –Dorian se acercó a ellos. Estaba cabizbajo y tenía el remordimiento pintado en el rostro.

—Mala hierba nunca muere, pequeño –Un pinchazo de dolor atravesó a Dorian.

—Yo… Lo siento, de verdad que lo siento. Fui un idiota, un niño tonto. Debí quedarme y escucharles. Te ataqué y juzgué, sin saber nada. Sirius Black me engañó, los recuerdos estaban manipulados. Caí como un tonto por un estúpido arranque de rabia. Pude… Pudieron matarnos y tu casi mueres por mi culpa –Dorian miraba a Neville y Severus indistintamente. No quería llorar, se comportaría como un chico maduro.

—Ya pasó, pequeño. Todo salió bien. Aarón y tú están bien. Nada más importa. Ahora ya todos los secretos fueron dichos –Dorian miró a Neville con adoración. Ese hombre era bueno.

—No, Neville –La voz de Severus era fría –Esto no se puede quedar así. Dorian, sabes que te amo; pero no puedes reaccionar como un Gryffindor estúpido. Si te hubiéramos perdido… No, ni siquiera me lo quiero imaginar. Prométeme que esto, jamás, jamás pasará de nuevo.

—Te lo prometo, papá.

—Ahora, ¿Ya puedo tener mi abrazo? –Neville le sonrió a Dorian y éste se lanzó a sus brazos, fundiéndose en un fuerte abrazo –Te quiero, pequeño.

—Hay algo… Que… Yo… –Dorian le dio el sobre a Severus– Lo guardé. Quería que ustedes estuvieran presentes cuando lo abriera y… papá ¿Tú podrías?

Severus se puso de pie. Observó a su hijo y a Neville, había algo extrañamente mágico al verles juntos. Dorian estaba envuelto en los brazos de Neville y parecía encontrarse muy seguro entre ellos. Su hijo era así, era tan hermoso y bueno que cuando estaba con Neville se comportaba con un niño, no importaba que ahora tuviera 15 años. Severus tomó el sobre y rompió el sello. Dorian colocó su cabeza en el pecho de Neville y tragó duro, esperando el veredicto. Cuando Severus levantó la mirada, cerró los ojos y luego les sonrió.

—Mintió. Sirius Black mintió. Neville es tu padre.

Dorian le arrebató el resultado a Severus y lo leyó. Saltó sobre la cama del hospital frenético. Primero abrazó a Severus, dejándole un sonoro beso y luego se abrazó a Neville.

—Sabía que tú eras mi padre. Lo sabía. Tenías que ser tú –Empezó a besar todo el rostro de Neville.

—Ahora somos una familia ¡Por fin tengo mi familia! Mis padres habrían estado tan felices de conocerles –Neville se dejó abrazar por Dorian y se perdió en los ojos negros de Severus. Parecían brillar y Neville supo que quería ver ese brillo siempre.


Las visitas en ese día se hicieron constantes. Dorian y Severus no se despegaron de su lado. Neville se enteró que Draco y Harry ya habían hecho pública su relación. Anna y Hermione hablaron con Rose y prácticamente habían decidido vivir juntas y Dorian ya había hablado con Aarón. O sea, que para ese momento, toda la familia ya sabía que él era el verdadero padre de Dorian y Aarón. Nada mal, para dos días de estar inconsciente.

Cuando el día estaba por terminar, Neville convenció a Severus para que fuera a casa, para que cenara algo decente y se diera un baño. Dorian estaba con él, ambos recostados en la cama, mientras le contaba de su conversación con Aarón. Alguien tocó a la puerta y cuando ésta se abrió, un inconfundible pelo platinado les desconcertó.

—Buenas noches –Aarón parecía incómodo.

—Yo les dejo. Tengo que ir a buscar… Bueno, luego regreso –Dorian salió del cuarto y les dejó en un desagradable silencio.

— ¿Cómo estás, Aarón?

—Bien… Señor, yo… Verá…

—Sé que eres mi hijo. Severus me lo dijo antes de que fuéramos a rescatarles –Aarón levantó su vista y observó a Neville.

—Sí, bueno…

—Aarón –Neville se acomodó lo más recto posible en la cama y le hizo una indicación a Aarón para que se sentara en ella. Aarón obedeció –Sé que debe ser muy difícil para ti verme como tu padre y, créeme, no quiero que te veas obligado. Ese tipo de lazo se gana con el tiempo. Yo quiero ganarme el derecho de ser tu padre. No sólo porque lleves mi sangre estás obligado a quererme. Yo no he creado ningún lazo de cariño entre nosotros y tendré que trabajar en eso. –Neville le sonrió y acarició los rubios cabellos de su hijo.

—Gracias por salvarme –Le murmuró.

—No lo hice por compromiso, si es lo que crees. Lo hice porque te quiero; aunque no hubieras sido mi hijo. Te he visto crecer, Aarón y, aunque distante, soy un amigo.

—Usted… ¿Usted quiso a mi padre?

—¡Claro, por los dioses! ¡Cómo le amaba! ¡Era lo más hermosos que hubiera pisado Hogwarts en aquellos años! –Aarón estaba un poco confundido.

—Pero… Pero entonces ¿Por qué está con mi tío?

—Bueno, amo a Severus. Aarón, yo era muy joven y estaba muy enamorado de tu padre. No creo que haya una persona que conociendo a un Malfoy, no termine sintiendo cierta atracción. Incluso Severus tenía un enamoramiento raro por tu abuelo. Más tarde comprendí que mis sentimientos jamás serían correspondidos y, con el tiempo, lo que sentía por tu padre se convirtió en un bonito recuerdo. Maduré y encontré en Severus a la persona que me enamoró para siempre.

Aarón observó a Neville detenidamente. Su pelo castaño, sus ojos verdes, la barba crecida un poco más de lo común en él. Su cuerpo fuerte y fibroso. Se parecían tan poco, incluso el carácter era diferente. Todo él era obra de su padre Draco.

—Lo intentaré, Señor –Neville le sonrió comprensivo.

—No, no quiero que "intentes". Dame la oportunidad de ser tu amigo, de acercarme a ti. Tal vez nunca me llegues a ver como tu padre; pero siempre me tendrás como tu amigo.

Se despertó en Aarón un indescriptible sentimiento de ternura. Recordó los momentos en que Neville estuvo presente en sus partidos de Quidditch, en los viajes donde se quedaba hasta tarde charlando con James y él. En especial recordó como lo reconfortó cuando cayó por primera vez de su escoba.

Estaba en tercer grado y una ráfaga de viento hizo que el mango de su escoba virara más de lo normal. Cayó y se golpeó con una de las mamparas de Ravenclaw. Neville andaba por ahí, había ido a ver al Profesor Potter. Le curó y dejó que llorara por quince minutos en su pecho. Era una estupidez; pero él jamás había caído de una escoba y eso dolía en su ego.

Quizás –reflexionó –las señales siempre habían estado ahí. Un poco escondidas por el desmedido interés que Neville parecía tener por Dorian; sin embargo, pensando un poco, Aarón podía recordar muchos momentos que Neville le había regalado. En un impulso, se echó a los brazos de Neville.

—¿Amigos?

—Amigos.


Dorian no tuvo que buscar mucho. Su tío Draco y el Profesor Potter estaban hablando muy entretenidos; así que Dorian sólo tuvo que tomar de la mano a Albus y arrastrarle por los pasillos. El único que observó todo fue James, que le regaló una mirada cómplice. Dorian caminó, con Albus, hasta llegar a una puerta que tenia grabado el nombre de Neville. La abrió de inmediato y, sin más, estampó a Albus sobre una de las paredes del consultorio.

—No somos hermanos.

No espero a que Albus preguntara nada. Le besó, devorando su boca sin contemplaciones. Como le encantaban los besos de Albus, esos labios con sabor a cereza, cálidos y tentadores.

— ¿Cuándo?… ¿Cuándo fuimos hermanos? –Le preguntó jadeante Albus.

—No sabes las horas que he pasado. Pensando que tú y yo… –Dorian le besaba con urgencia, restregando todo su cuerpo en el de Albus –Te deseo Albus, te juro que te compensaré. Te lo juro; pero ahora no puedo… Ya no puedo.

—No… No somos… -Albus no podía formular palabra alguna. Dorian besaba con impaciencia su cuello y le despojaba de su polo. A tropezones le llevó hasta el escritorio.

—Te amo. Seremos novios, amantes, lo que quieras. Ahora sólo…

Dorian se bajó los pantalones y la ropa interior. Era la primera vez que Albus le veía desnudo. Inconscientemente se relamió los labios. La polla de Dorian era gruesa y apetecible. Estaba completamente erecta y parecía llamarle. No contuvo el deseo de tocarle y un gruñido animal salió de Dorian ante el contacto.

Sin poder más, Dorian se deshizo de los pantalones de Albus, repartió besos por todo el pecho y siguió su camino hasta encontrarse con la erección. Le nublaba el deseo contenido y las ganas de probarlo.

—Eres tan jodidamente dulce y delicioso.

Albus sólo gimió ante las palabras. Estaba muy caliente. Dorian le hacía sentir así con sus palabras, sus miradas y esa lengua que recorría toda la extensión de su polla.

—Lo siento, Albus. De verdad lo siento… pero no puedo más… Dorian recuperó su varita de entre sus ropas. Colocó las piernas de Albus sobre el escritorio, abriéndole lo más que podía. Era una vista sugerente y deleitante. Llevó la punta de su varita hasta el culo de Albus, murmuró dos hechizos y sin más tomó su miembro, encaminándolo en la entrada de Albus. —Lo sient… -Albus movió sus caderas hacia abajo y capturó de inmediato el pulsante miembro dentro de él -¡Joder, Albus! –El grito de Dorian debió escucharse por todo el hospital –Te amo, te amo. Eres tan jodidamente estrecho, mi amor.

Dorian repartió besos por toda la piel que alcanzó, intentando resarcir el dolor que pudiera estarle causando a Albus. Luego vinieron las embestidas, lentas y pausadas, hasta que encontró el punto del placer. Le embestía con fuerza, buscando provocar más jadeos y gemidos. Albus se dejaba tocar y hacer, estaba entregado a sentir. La mano derecha de Dorian capturó la erección de Albus, masturbándole a un ritmo frenético. Dorian se sentía a punto y, con un último beso, dejó expulsar todo su semen en el interior de Albus. No paró de masturbarle hasta que un quejido lastimero y una cálida humedad le indicó que Albus se corría en su mano.

Terminaron tumbados en el suelo, abrazados. Dorian seguía besando a Albus, mientras a éste se le escapaban suspiros.

—Te amo. Lo siento… No quería que… Pero no sabes lo que he pasado estos días… Te juro que lo compensaré –Albus le besó de nuevo y terminó apoyando su cabeza en el pecho de Dorian.

—Te amo. No puedo creer que folláramos en el consultorio de tu papá, sobre su escritorio.

—Si, en el escritorio de… -Dorian lo pensó por un momento y la palabra tenía un nuevo significado –mi padre.

— ¿Y de verdad es tu padre?

—¡Gracias a los dioses! La otra opción no era muy buena que digamos.

—No me hubiera importado ser hermanos. Mejor dicho, medio hermanos. Me habría fugado contigo –Dorian le sonrió y se entregaron a un nuevo beso. No podían dejar de tocarse, de amarse.


Después de que Aarón se fuera, Neville tuvo la certeza de que lograría llegar al corazón de su hijo mayor. Era tan raro saber que ahora tenía hijos… Era feliz. Por primera vez, desde hacía muchos años, había encontrado la felicidad. Cuando la puerta de su cuarto se abrió una vez más, Neville creyó que sería Severus; por lo que se extrañó al ver el rostro de Draco Malfoy.

—Severus no tardará en llegar. Me pidió que no te dejara solo. Harry se acaba de llevar a los chicos a casa.

—Oh… -Neville miraba fijamente a Draco. El rubio seguía siendo muy hermoso y con un inigualable aire de seducción –Aarón estuvo aquí. Habló conmigo.

— ¿Si? –Dijo el rubio, con una indiferencia que no sentía.

—Has hecho un buen trabajo con él. Es un gran chico; aunque se siente un poco… extraño por su concepción. Debió ser duro para él desdibujar esa familia perfecta –Draco bajó la vista un momento y después la regresó para fijarla en Neville.

—Adoro a Aarón y, en un principio, pensé que lo mejor era mentirle. Sin embargo, las mentiras no son buenas. Provocan destrucción, muerte, ira. Ahora sufre; pero sé que con el paso del tiempo lo verá diferente.

—Gracias… Gracias por tenerle, a pesar de haber sido mi hijo –La mirada de Draco se endureció un poco.

—Es mi hijo. Mi sangre. Lo que sucedió entre tú y yo no fue un error; porque nos trajo a Aarón. –Neville se puso de pie y, en un arrebato, abrazó a Draco. Le estrechó fuertemente en su pecho y Draco se abrazó a él.

—Gracias por darme un hijo –Le susurró mientras acariciaba con ternura su espalda.

—Vaya, les dejamos un momento solos y ya están recordando viejos tiempo –La voz mordaz de Severus provocó que se separaran. Harry estaba a su lado, mirándoles con el ceño ligeramente fruncido –Potter y yo podríamos irnos a tomar una copa mientras ustedes terminan de… hablar –Severus le sonrió a Draco y éste le regresó el gesto.

—Creo que prefiero la copa con Harry –Draco caminó hasta Harry, le dio un beso en los labios y se despidieron. Neville volvió a la cama, haciéndole espacio a Severus. El ex Profesor se recostó y Neville buscó refugio en su pecho.

—Te amo –Severus acarició su pelo y cerró los ojos. Disfrutaba ese momento de felicidad. De pura felicidad.

—Te amo, Neville.

—Por fin seremos una familia. Ya no hay nada que impida que te tenga sólo para mí.


Cinco días después Neville salió del hospital. Los diarios hablaban de la condena de Sirius Black. El Beso del Dementor. ¿Era un castigo justo vivir lo que le quedaba siendo un guiñapo? Tal vez no; pero era lo que había. Algunos diarios hablaban de un intento de suicidio, nadie pudo confirmarlo.

Aunque nadie que estuviera presente en la Mansión Malfoy se preocupaba por el destino de Black. Todos estaban inmersos en una nube de felicidad y alegría. Todos estaban celebrando la llegada de Neville. Harry y Draco se habían separado del ruidoso grupo y observaban por la terraza de la habitación del rubio.

James y Aarón estaban volando. Ellos fueron una sorpresa para todos. Harry casi sufrió un infarto cuando les dijeron que tenían una relación desde hacía dos años. Neville no se mostró muy sorprendido y es que ya nada le podría sorprender. Justo esa mañana, Esther le había dicho que encontró a Dorian y Albus en una situación bastante… comprometedora. Sólo esperaba que no les hicieran abuelos tan pronto. Severus le mataría.

Anna y Hermione prácticamente ya vivían juntas. Rose aceptó que debía ver a un especialista; pero ya habría tiempo. Siempre hay más tiempo que vida.

Otra de las sorpresas era el Jefe Dalton. El chico no se despegaba de Remus. Durante esos días no hizo más que invitarle a salir, con el pretexto que no era bueno que estuviera solo; sin embargo, todos veían claramente que Thomas Dalton tenía la intención de conquistar a su héroe de la Orden del Fénix. Babeaba por él y eso se podía ver a kilómetros de distancia.

Los que parecían unos adolescentes en pleno verano, eran Neville y Severus. Sobrepasaban a Draco y Harry –Y eso ya era mucho decir –Parecía que las caricias y los besos no eran suficientes para subsanar los años de miseria sentimental y sinsabores.

—¡Se desaparecieron! –Harry señaló el punto donde habían estado Severus y Neville.

—Buscando la oscuridad, como los gatos –Draco le sonrió pícaramente –Es una lástima, tendremos que bajar para estar con los invitados –Harry se acercó a él y le envolvió con sus brazos.

—Anna podrá apañárselas ¿No crees? –Algunos compañeros de trabajo y amigos estaban por llegar.

—Anna siempre se las apaña muy bien –Draco se dejó seducir por los hermosos ojos verdes de Harry. No saldrían de la habitación en las próximas horas, eso era seguro.


Neville los apareció en el invernadero. Entre besos, caricias y mimos, subieron a la plataforma y no pararon de elevarse hasta encontrarse de frente con el Rio Támesis. Severus suspiro de nuevo ante esa vista que tanta tranquilidad le causaba y le gustaba. Neville le abrazó por detrás, escondiendo su cabeza en el hueco del hombro y cuello de Severus.

—Te amo –Una pequeña cajita negra voló desde el invernadero hasta las manos de Neville. Severus se dio la vuelta y le miró extrañado. Neville abrió la cajita y sacó una sortija de oro blanco –Este fue el regalo de mi padre para mi madre el día que se comprometieron. Ha estado en mi familia durante generaciones. Dicen, que el primer Longbottom lo mandó forjar a manos de un Elfo escandinavo. Representa el amor verdadero, inmortal y único –Neville tomó la mano derecha de Severus; pero éste la retiró.

—Neville… -El miedo se dejaba filtrar entre los ojos de Severus. No sabía si eso podía ser eterno. Eran tan distintos…

—Severus –Neville le detuvo –Yo no quiero domingos por la tarde; yo no quiero columpio en el jardín; lo que yo quiero, corazón cobarde, es que mueras por mí. Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres; porque el amor cuando no muere mata; porque amores que matan nunca mueren.

Neville le puso el anillo y le besó. Severus enredó sus brazos en el cuello de Neville, profundizando el beso. Atesoraría ese momento para toda la vida. Era la declaración de amor más pura que le pudo haber dicho. Le aceptaba tal y como era. Ahora Severus tenía la oportunidad de ser feliz, con un amor que sería eterno.