Capítulo 25
El entrenamiento fue muy riguroso, incluso para los más experimentados. Lee Ming había realizado una pequeña rutina personalizada que iba aumentando de nivel según la experiencia del acróbata.
Sora se las vio negras al principio. Ming no podía evitar sonreír al verla tan tensa y decidida, tanto, que incluso pasaba por el lado del ángel de Kaleido y tocaba su hombro con un dedo para regresarla a la realidad, la acción provocaba graciosos accidentes.
― ¡O no! ―chilló Sora perdiendo la concentración, las pelotas le cayeron encima causando gracia en el resto―. Lo siento mucho, Ming sensei ―dijo ruborizada, sin perder nunca la sonrisa. Ya era la quinta vez que ocurría lo mismo.
―Eso es lo que escuché ―murmuró Ming, bajo un halo misterioso―, haces del mundo, tu escenario, Naegino ―dijo en tono sereno, sorprendiéndola―. Continúa con calma, como un copo de nieve en una noche de invierno, sin forzarte, y algo saldrá.
Su risita discreta le provocó un leve sonrojo a Sora, y no porque sintiera atracción física, ese ilusionista chino, había visto muy en el fondo, directo a su alma maltratada. Y le había dado esperanza.
꘩
En cuanto terminó con su rutina de malabarismo sobre la cuerda, May empezaría con la sesión de baile coreográfico. La danza tribal la impresionó mucho, y el vestuario le pareció mucho más práctico para sus movimientos.
―¿Es cómodo? ―Preguntó Asinov, revisaba otros atuendos que pudiesen combinar, Ivanovna estaba preparando otros vestuarios para las demonios inferiores, sus risitas traviesas le eran demasiado conocidas para May.
―Es funcional ―murmuró directa, desvió la mirada del grupo enérgico. No pudo evitar mirar a Nicola en el proceso, éste parecía perdido en el espacio con la vista clavada en ella―. ¿No estás durmiendo bien? ―Preguntó, ladeando la cabeza.
Él parpadeó y sonrió embobado.
―Es un idiota, no te dejes engañar por su hoja de vida ―exclamó Asinov a una confundida May.
―Muy bien todos ―anunció la coreógrafa Lakshmi, vestía ropa de entrenamiento―, sé que les encanta, pero solo es una prueba para hacer los que usarán en Holanda ―aclaró con malicia―. Ahora, vamos a mover todas nuestras articulaciones.
꘩
En el otro lado del campo, León entrenaba en el mismo grupo de Sora, y no era como si lo hubiese elegido; contra todo pronóstico, Ming lo había designado como el guía de los principiantes.
«En qué diablos estará pensando este sujeto», mascullaba en su mente. A pesar de su negativa inicial, aceptó. Desùés de todo, Álvaro estaba en el tercer grupo para nada alegre por esa división.
Sora seguía tirando las pelotas sobre su cabeza y cuerpo.
«¿Por qué no lo noté antes?», se preguntó León frustrado. Sora había requerido más entrenamiento de lo que había notado en un inicio.
Estuvo a punto de acercarse, pero recibió un golpe mental, tan súbito como una cachetada en el cerebro: Sora y el ruso besándose.
El ángel de Kaleido pareció notar su mirada fulminante, de alguna manera, ayudó a que mejorara su concentración.
―Sonreír es la mejor medicina para el alma ―dijo Ming, deteniéndose frente al acróbata, interrumpiendo la línea de visión que tenía en esos momentos con el ángel de Kaleido.
El acróbata parisino no dijo nada, un bufido fue su única respuesta, antes de girarse para darle instrucciones a un novato en apuros.
―No empieces alto, enfócate en dominar los pases, luego podrás ampliar el rango de la distancia ―explicó al novato luego, emprendió su camino hacia el siguiente.
―Así que eso era lo que planeaba, maestro ―murmuró Mijaíl apareciendo al lado del ilusionista chino―, pensé que ya sufría de colapsos mentales.
Ming sonrió animado, eso no convenció a Mijaíl, esperaba un ataque desde un ángulo imposible.
―Aun tienes un largo camino por recorrer, pequeño saltamontes.
꘩
Sora agradeció la distracción que el maestro chino le había asegurado, cuando se interpuso entre ella y León, evitando así que éste dijera o hiciese algo venenoso. Ella dejó salir el aire que retenía en sus pulmones antes de intentar otra ronda, había escuchado las palabras de León, y no vio mal seguir un consejo indirecto.
Sora no había notado cuando había comenzado a anochecer, el campo era tan iluminado y la época favorecía de luz hasta muy cerca de la noche.
―Ya es hora de la cena, Sora ―anunció alegremente Ken acercándose. El resto no dudó en correr al comedor para probar algo de comida.
―Gracias Ken ―exclamó ella sin poder ocultar su agotamiento. Aunque tenía mejor resistencia que el resto, gracias a Álvaro, sus pelotas pesaban alrededor de kilo y medio.
―Yo sé que podrás lograrlo, Sora ―le dijo Ken, en cuanto estuvieron uno cerca del otro―. Yo quería decirte...
―Sora, vamos rápido, si se acaba la comida es probable que Mijaíl se meta en la cocina y nada bueno saldrá de ahí ―exclamó Álvaro, llegó corriendo desde el otro lado del campo y la arrastró con él.
―Cielos ―exclamó Kevin completamente crispado. Soltó un sonoro suspiro antes de emprender el camino hacia el comedor.
꘩
Todos comían con ánimos renovados, hasta que un grupo llegó encontrando que ya no había comida. El que Mijaíl se metiera en la cocina, ocasionó que algunos acróbatas rusos empezaran a suplicar por algo de comida a los cocineros, quienes ya estaban por retirarse. Se habían sorprendido que se agotara la comida cuando habían preparado para casi el doble.
León estaba entre los que llegaron tarde, sin decir nada, emprendió su retirada hacia el gimnasio.
Se sorprendió encontrar a Sora haciendo pesas combinada en una rutina en la caminadora. Álvaro estaba con ella, estaba demás notar que estaba listo para lanzarse encima de él.
El maldito beso pasó por su cabeza, fastidando su controlado temperamento. «Tomaré una ducha», se dijo León, encaminándose hacia las duchas.
Demasiadas oscuras ideas circulaban por su mente, pero la advertencia de Kalos era lo único que por el momento lo mantenía controlado.
«Haré que tu carrera termine si algo le ocurre a Sora. Incluso podría retirarte del concurso, conseguir otro demonio no será tan difícil», le había dicho Kalos en su corta conferencia en el avión, y no había dudado en mostrarle a los candidatos que ya se habían insinuado.
«Ella no vale nada», se dijo recibiendo el chorro de agua. Cerró los ojos, saboreando la sensación, era como estar en la lluvia parisina. El agua golpeaba su piel, relajaba sus músculos agarrotados y limpiaba su mente perturbada.
Al salir de las duchas, se sorprendió de ver a May en una rutina de máquinas. «No pensé tardar tanto», se dijo sorprendido. Los ángeles habían desaparecido del gimnasio.
―Será importante que no te lesiones por no comer ―le regañó May. Señaló una bolsa de papel―. Te lo envió Mijaíl ―aclaró antes de seguir con su rutina.
León no dijo nada, solo cogió la bolsa descubriendo un par de sándwiches, contenían cosas extrañas que le provocaron náuseas. Lo dejó a un lado.
―¿Y tus perros guardianes? ―preguntó casual―. No veo a ninguno por aquí.
―Tienes un grave problema, León ―le dijo May enfadada, deteniendo su rutina―. Al igual que la idiota de Sora, la obra te lo tomas como algo personal ―soltó, reiniciando sus ejercicios.
―No te atrevas a compararme ―advirtió enfadado.
―¿No puedes manejarlo León? ―canturreó May divertida―. Madura.
León hubiese respondido, pero Nicola llegó como un rayo, listo para brincarle encima.
«En serio», pensó hastiado. Emprendió la retirada.
―Regula tu carga con tu peso corporal ―dijo antes de llegar a la puerta―, no vaya a ser que termines lesionada ―la advertencia tomó por sorpresa a los otros dos. León era demasiado observador y quizás tenía algo de bueno en su corazón.
꘩
León realizó estiramientos en su habitación antes de dormir, tenía por compañero de habitación al acróbata ruso. A quién se le había ocurrido semejante idea de encerrar a un demonio con un ángel...
No vio al ángel en cuestión, algo que agradeció. Por primera vez en mucho tiempo se sintió...agotado. El entrenamiento grupal le había hecho recordar a su hermana, con todo lo sucedido y su mente casi perdida en la desolación y los celos a causa de otro ángel, estuvo a punto de olvidarla.
―Cumplí con la promesa, Sophie ―murmuró sin ánimos―. No esperes más de mí, no lo tengo ―masculló tomando asiento en su cama. Decidió tomar una siesta y madrugar, demasiados estúpidos estaban sin lograr dormir esa noche.
La oscuridad que lo rodeaba también lo sentía en su interior. «No puedo perder lo que tengo por una...», León se interrumpió, quería... era la primera vez que tenía algo de lucidez y se sentía cansado para saborearlo. Sora Naegino era por demás un estorbo en estos momentos, cerró los ojos esperando encontrar el sueño neutro.
«Joven León...»
León escuchaba la desgarrada voz de Sora.
«Joven León, deténgase... ¡Joven León!»
León abrió los ojos con el cuerpo cubierto de sudor, su pecho subía y bajaba con fuerza. Tomó asiento tirando las mantas a un lado. Frotó su rostro con una mano tratando de despejarse. Era el primer sueño que tenía de ese desdichado día.
«Joven León»
La voz suplicante de Sora iba a volverlo loco, de nuevo. Observó sus alrededores, la tenue luz del exterior ingresaba por una de las cortinas mal cerradas. La litera del frente, el ángel ruso dormía sumido en un sueño brutal.
«La suerte de unos...», masculló León fastidiado. No iba a dormir de nuevo. Revisó la hora y notó que eran las cuatro de la mañana. «Tiempo suficiente», se dijo cogiendo una bolsa con ropa de muda y salió.
Álvaro abrió los ojos para nada adormilado, observó en silencio la partida del demonio. No había esperado que sufriera de cruentas pesadillas. Era una suerte que solo ellos dos estuvieran en ese reducido cuarto.
«O Sora querrá salvarlo, para variar», gruñó para sus adentros.
:::::::::::::::::::::::FIN DEL CAPÍTULO 25::::::::::::::::::::::::::::::
