Capítulo 24: Admitiendo verdades


Finalmente, luego de un partido algo accidentado que incluyó un "Confundus" no verbal por parte de Astoria, encantamientos locomotores de Draco para mover las piezas cuando su mujer no miraba, y un intento final de resistencia del Rey de Astoria, que curiosamente no podía rendirse porque tenía la espada y la corona pegadas a su cuerpo con un encantamiento de presencia permanente… ganó Draco.

Limpiamente, según él.

De modo que finalmente, Ginny, Ron y Draco se encaminaron a Hogwarts, en busca de aliados.

º º º

- ¡Ron, deja eso! ¡Vinimos a buscar aliados!

- ¡Y eso es lo que estoy haciendo! –le contestó él, con la boca llena de comida.

- ¿En las cocinas? –Ginny lo miró escéptica. - ¿Y exactamente a quién estamos buscando?

- ¿Kreacher? –sugirió él.

- Kreacher está en la mansión Malfoy.

- Lo cual no hubiera estado tan mal si no venía el resto en el paquete. –murmuró Draco.

La pelirroja lo miró mal.

- Ginny, "la comida es tu mejor aliado". –intentó nuevamente Ron.

- La Sabiduría Weasley no deja de sorprenderme. –comentó Draco, sarcástico. – Weasley, relájate. –añadió luego, mientras levantaba un panecillo y lo miraba con ojo crítico.

- Es lo que estoy haciendo. –dijo Ron, con cara de obviedad.

- No, tú no, Weasley. Tú, Weasley de pelo largo. –finalizó, mirando a Ginny.

La pelirroja se quedó pensativa unos instantes.

- ¿Sabes algo, Malfoy? No sólo yo uso el pelo largo en mi familia. Mi hermano Bill…

- Por favor no sigas. –replicó con él, con falsa amabilidad. - Realmente prefiero que me ahorres los detalles sobre las intimidades de tu hermano.

Ginny simplemente rodó los ojos.

- ¿Podemos ir a buscar a los profesores? Es para lo que vinimos, por si no lo recuerdan.

- McGonagall dijo que la esperáramos hasta que terminaran las clases, para que no resultara sospechoso que faltaran algunos profesores. –contestó Ron.

- ¿Y no resultará sospechoso que de repente falte tanta comida? –replicó Ginny, señalando la mesa, repleta de bocadillos.

- Alimentaron a esta cosa durante varios años, no creo que noten la diferencia. – replicó Draco, mientras se sentaba a un lado de Ron, mordisqueando el panecillo que había estado examinando.

- Envenené eso, ¿sabes? –comentó como al pasar el pelirrojo.

- ¿En serio? Genial, porque lo saqué de tu plato. –le sonrió Draco. Ron se encogió de hombros despreocupadamente.

Se quedaron en silencio.

- ¿Cuánto tiempo pasó? Me aburro. –se quejó Ron.

Draco miró su reloj.

- Siete minutos.

- Genial. –comentó el pelirrojo.

Ginny se levantó resuelta.

-Voy a buscar a los chicos. Quédense aquí por si vienen a buscarnos.

Antes de que los otros dos pudieran siquiera expresar su opinión, se había cubierto con la capa invisible de su esposo y abandonado la habitación. Sin nada que hacer salvo esperar, Ron se levantó y agarró el primer libro de cocina que encontró para entretenerse con algo (en este caso, decidir qué pedirle a los elfos para comer).

- ¿Sabes? Jamás pensé que me encontraría en esta situación. –comentó luego de un rato largo en silencio, mientras pasaba una hoja.

- ¿Leyendo un libro? – preguntó Draco inocentemente.

Ron levantó la vista con cara de pocos amigos.

- Hablando civilizadamente con Dra… -Ron se interrumpió al escuchar voces cada vez más cercanas. Miró instintivamente hacia la puerta.

Al mismo tiempo que dos personas se hacían visibles en la habitación, otros dos dejaban de serlo.

-… y hablé con mis padres ayer. Vamos a ser una de las familias más importantes del mundo mágico dentro de poco. –presumió Kurt Flint, mientras agarraba un par de bocadillos de la mesa y se los metía en el bolsillo.

El otro chico, Seymour Kyle, lo miró con admiración.

- ¿Más incluso que los Potter?

- ¿Quiénes son los Potter? –rió Flint, abandonando el lugar con los bolsillos repletos de comida.

- Me recuerda a ti. –comentó Ron, luego de que los chicos se hubieran ido.

Draco lo miró mal, pero no le contestó. En cambio, se quedó pensativo, habiendo reconocido a Kurt Flint inmediatamente.

"Dentro de poco… ¿Qué tan pronto? ¿Y exactamente qué están planeando los Flint?"

º º º

- Mírale el lado positivo, Scor. –le insistió su mejor amiga, sentada en el otro extremo de la cama del rubio, quien en ese momento estaba acostado boca abajo.

- Medio colegio se debe haber enterado de que tengo que usar las túnicas de Gryffindor por una semana, Liss. ¿Cuál es el lado positivo?

- ¿Qué todavía hay una mitad que no sabe nada?

Scorpius gruñó en respuesta.

- Lo siento, Scor, pero no te puedes pasar cada minuto que no estamos en clase encerrado en esta habitación.

- Sí que puedo.

- No, no puedes. Es una cuestión práctica.

- ¿Y cuál es?

- Que Potter está aguantándose las ganas de ir al baño hace una hora. Lo vi antes de entrar.

- ¿Y por qué no entra? –se extrañó Scorpius. - ¿Y cómo lo sabes? –preguntó después.

- No entra porque no quiere ni vernos ni hablarnos. Y lo sé… digamos que Potter tiene una cara muy… expresiva. –finalizó, con un gesto de asco.

El chico decidió no comentar sobre la última parte.

- Tenemos que hacer algo, Liss. –se decidió, dándose vuelta y apoyándose en la cabecera de la cama.

- ¿Sobre el baño o sobre Potter? –preguntó la chica seriamente.

- Sobre Albus. No puede ser que esté enojado con nosotros. Además ni siquiera estamos comprometidos.

- Aunque estaba enojado desde antes contigo, Scor. –precisó ella. – Por cierto, ¿por qué me besaste? –preguntó con comodidad. Lo cual era lógico, dado que jamás había sido besada.

Scorpius se sonrojó levemente e intentó recordar lo que había pasado por su cabeza en la noche del Baile. Recordó que Molly le había dicho algo sobre que no tenía muchas chicas a su alrededor. Y que quería demostrarle algo. De repente se le vino a la memoria lo que había pasado por su cabeza un instante antes de dar su primer beso.

Y definitivamente se sonrojó cuando volvió a su memoria cierta cabellera pelirroja que se imaginó por el efecto de las luces. O eso era lo que él pensaba.

- No fue nada. –esquivó Scorpius. – Le quería demostrar algo a Molly.

- ¿Qué cosa?

- Qué no tenía razón con lo que había dicho. –respondió nuevamente evitando ser preciso.

En cambio de insistir sobre algo que evidentemente su amigo no iba a decir directamente, probó otra táctica.

- Pero de todas formas, ¿a quién le importa lo que piense Weasley, no?

- ¡A mí sí que me importa! –contestó Scorpius inconscientemente. Al darse cuenta de lo que había dicho, cerró los ojos con una expresión de dolor. – ¿Lo dije en voz alta?

Alyssa estaba boquiabierta. Una cosa era sospechar algo y otra tener pruebas concretas.

- Scor, dime que no te gusta Weasley.

- "No me gusta Weasley". –recitó su amigo inmediatamente.

- Genial, ahora haz que suene creíble. –pidió ella.

- ¡No me gusta y no soporto a Weasley! –intentó él nuevamente.

Ella suspiró aliviada.

- Mucho mejor. –aceptó Alyssa, en peor estado de negación que su propio amigo. - Ahora pasemos a nuestro próximo problema. Cómo hacer para hacerle entender al limitado de Potter que no estamos juntos ni nada por el estilo.

Scorpius parecía feliz de poder cambiar de tema.

- Vamos a hacerlo de la forma más sencilla. Sígueme. –y con una resolución admirable teniendo en cuenta que estaba vestido con las túnicas de Gryffindor, se dirigió a su sala común.

Antes de que pudieran siquiera intentar hablarle a Albus, éste pasó a una velocidad increíble hacia su habitación.

- ¿Ahora me crees lo de que tenía ganas de ir al baño?

Scorpius parpadeó.

- Supongo que sí.

º º º

- Potter, tarde o temprano vas a tener que enfrentarnos. ¿Sabes? –le espetó Alyssa a la puerta del baño de la habitación de los chicos de segundo.

Nadie le respondió.

Scorpius suspiró impaciente, y estaba por insistir nuevamente cuando se le ocurrió una idea. Le indicó a Alyssa que se ubicara al lado de la puerta del baño, y se acercó a la de la habitación.

- Mejor vayámonos. Estamos perdiendo el tiempo. –dijo, en voz suficientemente alta como para que Albus escuchara. Acto seguido abrió la puerta y la cerró nuevamente. Susurró "Alohomora" y se alejó, colocándose al lado de su amiga.

Segundos después la puerta del bañó se abrió, y Albus salió finalmente. Inmediatamente, los otros dos ocupantes de la habitación la cerraron, apoyándose sobre ella.

El chico de pelo verde se sobresaltó, e intentó salir de la habitación, cosa que no logró al percatarse de que habían hechizado la puerta. Fue a agarrar su varita, pero…

- No deberías dejar tu varita tirada sobre tu cama cuando vas al baño, Potter. –le sonrió Alyssa, sosteniendo el objeto en cuestión, y mirando al chico socarronamente.

- Dame mi varita ahora, Ogden.

Alyssa sonrió.

- No, gracias. Primero vas a sentarte ahí –señaló la cama más cercana- y vas a escucharnos.

- ¿Y si no quiero? –la desafió Albus.

Alyssa colocó una mano en cada extremo de la varita e hizo el amague de quebrarla.

- ¡De acuerdo, de acuerdo! ¡Ya me estoy sentando!

- ¿No es increíble lo bien que se entiende la gente cuando habla? –le sonrió Alyssa a Scorpius, que por un momento se había quedado impresionado con la actitud amenazante de su amiga.

- Totalmente. –corroboró.

Albus los miraba receloso. No estaba seguro si simplemente estaban actuando o si debería considerar seriamente pedir ayuda.

- De acuerdo, Potter. Empecemos por el principio. ¿Por qué te enojaste con Scorpius luego del beso?

El aludido se atragantó con su propia saliva. Bajo ningún aspecto esperaba una pregunta tan directa.

- Yo no me enojé. –intentó negar.

- Respuesta incorrecta. –contestó Alyssa, y nuevamente hizo el amague de romper la varita de Albus.

Scorpius hizo una nota mental de no enojarse nunca con ella.

- ¡NO! –exclamó el chico de pelo verde, desesperado. – De acuerdo, lo diré. –ya estaba respirando agitadamente. – No me gustó… -"verlos juntos", hubiera sido la respuesta más sincera. Pero se decantó por una que no fuera del todo falsa. – No me gustó que me ocultaran algo.

- No te… -comenzó a negar Scorpius.

- Deja de mentir, ¿quieres? Ya sé la verdad.

- ¿Qué verdad? –preguntó el rubio, súbitamente preocupado.

- Que ustedes están… -no podía terminar la frase. Decirlo en voz alta era como darlo por hecho, aceptarlo finalmente… y eso era algo que él no quería hacer.

- ¿Hartos de que pienses cosas que no son verdad? –finalizó Alyssa.

Albus la miró confundido, y de repente sintió como si un gran peso se fuera de su estómago.

- ¿Quieres decir que…?

- Que lo que escuchaste en mi casa no tiene absolutamente nada que ver con Scorpius, Potter. –aclaró, de una vez por todas, Alyssa.

A éste se le iluminó la cara de repente, y no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

- ¡¿En serio? –exclamó feliz. Luego se percató de que estaba dando más información de la que era necesaria. Se aclaró la garganta y borró la sonrisa de su cara, aunque todavía le temblaban las comisuras de los labios. – Quiero decir… ¿en serio? –preguntó, mucho mas serio.

Ella miró con una ceja arqueada el cambio de actitud, pero no comentó nada al respecto.

- Sí, en serio. –corroboró ella, eliminando cualquier duda que pudiera llegar a quedar. Luego se dirigió a la puerta, y, sacando su propia varita, eliminó el "Alohomora" que había colocado Scorpius. - Y supongo que ustedes dos tienen cosas de qué hablar, así que los dejo.

Ya tenía un pie fuera de la habitación cuando Albus la llamó.

- ¡Engreída!

Ella se giró como si el hubiera dicho su segundo nombre.

- ¿Sí?

- Mi varita. –pidió.

- Oh, disculpa, no me di cuenta. – y se la devolvió, mientras Albus le dirigía una mirada de "no creo ni media palabra de lo que me estás diciendo". Acto seguido, se fue.

Albus miró a Scorpius sin saber qué decirle. ¿Acaso estaría esperando que confesara la verdad sobre por qué se enojó con el beso, y luego, el supuesto compromiso? Un momento. ¿Qué verdad?

La voz del otro chico interrumpió sus pensamientos.

- No quieres contarme, ¿verdad? –le preguntó, con asombrosa puntería.

El de pelo verde lo miró expectante, y algo temeroso.

- ¿Te molesta?

- No mientras no me preguntes lo mismo.

Albus rió, al percatarse de que estaban en una situación bastante similar. Scorpius parecía pensar lo mismo. Y mientras se estrechaban la mano, también volvieron a coincidir en un pensamiento:

Todo se veía estar mejor ahora que volvían a tener un mejor amigo.

º º º

- Empieza la temporada de Quidditch, ¿no es increíble? –se alegró James, mientras jugaba al Snap Explosivo con Tom en Historia de la Magia. Curiosamente, había estallado dos veces, y Binns no se había percatado de ello.

- No puedo creer que con todo lo que tenemos que estudiar, ahora se sume Quidditch. –se quejó Sue.

James la miró horrorizada.

- ¿Prefieres estudiar?

- Por supuesto que no. –pero se había puesto colorada. Siguió tomando apuntes, mientras James la miraba incrédulo. Pasaron unos segundos pero ella no parecía percatarse de que el chico estaba intentado llamar su atención.

- Estoy indignado. –le informó, finalmente.

- No seas tan dramático, James. –le restó importancia ella.

- ¡No soy dramático! –se quejó, en un tono efectivamente teatral, y fingiendo estar herido por el comentario.

- No, claro que no. –contestó Sue, pero lo que dijo no coincidía con la expresión escéptica de su cara. – Por cierto, pónganse al día con su tarea, porque este fin de semana a la noche tenemos nuestra excursión al Bosque Prohibido.

Era increíble como lograba sonar autoritaria incluso cuando se trataba de saltarse las normas.

- ¿Y qué tiene que ver una cosa con la otra? –preguntó Tom, confundido.

- ¿Que seguramente estarán cansados y por eso deben hacer sus deberes antes? –sugirió con tono de obviedad.

James y Tom la miraron parpadeando.

- Eh… No. –contestaron al mismo tiempo, e inmediatamente volvieron a jugar.

- Son un caso perdido.

- Pero nos amas, acéptalo. –le devolvió James, sin levantar la vista del juego.

Ella sonrió, sabiendo que tenía razón.

º º º

Siguieron con una charla intrascendente, hasta que finalmente Victoire comentó:

- Da igual lo del asilo. Yo confió en Ted, y estoy segura de que esta vez tendrá todo planeado.

º º º

- Se terminó. Hago lo primero que se me venga a la cabeza y salga lo que salga.

- ¡Brindis por eso!

º º º

- ¡Vic, aquí! –la llamó Ted, al ver que esta no lo encontraba. Estaban en un parque del Londres muggle, donde habían decidido encontrarse al estar más tranquilo que el mundo mágico.

Luego de saludarse, ella lo miraba expectante.

- ¿Y? ¿A dónde vamos, Teddy? –le preguntó ansiosa.

"Es una muy buena pregunta", se dijo a sí mismo. Pero fiel a lo que había "planeado", decidió hacer lo primero que se le ocurriera.

- ¿Por qué no… vamos a caminar un rato?
Ella parpadeó, pensando que irían a algún lado en especial. De todas formas, asintió, y lo tomó de la mano, dispuesta a dar unas vueltas al parque.

Curiosamente, se sintió más cómoda que en su anterior cita. De acuerdo, el hecho de que no fuera en un asilo definitivamente era una mejora, pero tal vez fuera simplemente la sensación de estar con Ted. Simplemente eso.

Frenó un momento y lo miró a los ojos. Ted seguía hablando entusiasmado, al parecer, sin darse cuenta todavía que Victoire no entendía absolutamente nada de Quidditch… y menos cuando estaba más ocupada mirándolo.

- … y fue increíble. Ganamos ciento ochenta a ciento treinta, y los Cannons no quedaron fuera de la Liga, lo cual es en sí sorprendente, pero…

- Ted. –lo interrumpió.

- ¿Sí? –el se percató de que la chica se le estaba acercando, de modo que por el momento se olvidó de la posición de los Cannons en la Liga.

- Esto es perfecto. –sonrió. – No sólo que es una cita normal –Ted sonrió-, sino que realmente pienso que… -el chico la miró expectante. ¿Acaso estaba aceptando su propuesta? - ¿Sabes? Me gustaría que esto durara para…

Victoire se interrumpió de repente cuando sintió que algo caía sobre su cabeza. Algo que se sentía viscoso.

- Oh, por Merlín. –soltó. – No me digas que acaba de pasar lo que yo estoy pensando.

La cara de asco de Ted, antes de que el chico soltara una carcajada, confirmó sus sospechas.

- ¡ARGH! ¡MALDITA PALOMA!

Y si bien el clima no fue el mismo luego, y tampoco Victoire terminó la frase que había empezado… definitivamente fue una cita que no olvidarían nunca. Para mal de Victoire.


¡Nos vemos pronto!