CAP 21
Lo prometido es deuda, empieza maratón erótico… Gracias por leer… Pao, Dan, May, Gaby, Genesis!
Letty se quedó sin aliento al bajar la vista y ver aquel miembro tan magnífico apuntándola hambriento. Tal vez tendría que haber adivinado que esa parte del cuerpo de Dom también sería perfecta, pero en ese sentido ella jugaba con desventaja. Sólo había visto desnudo a un hombre y jamás había creído que compartiría aquel tipo de intimidad con otro.
Lo exploró con los dedos con cuidado, tocando los lugares que devoraba con los ojos. Recorrió las venas que sobresalían. Él estaba completamente excitado. Tenía los testículos apretados y pegados al cuerpo, aunque seguían siendo impresionantes. También eran muy grandes, una prueba más de la virilidad que Dom le había prometido con tanta arrogancia. Letty se preguntó si su cuerpo sería capaz de acogerlo. El miembro era largo y grueso, ancho desde la punta hasta la raíz.
—Di algo —dijo él, emocionado—. Dime que me deseas.
—Te lo demostraré. —Se lamió los labios y se puso de rodillas.
—Letty.
El cambio que se produjo en la voz de él la llenó de poder e hizo desaparecer el malestar que le causaba notar el suelo de madera bajo las rodillas. Dom se quedó completamente quieto y enredó las manos en el pelo de ella. El pecho le subía y bajaba despacio de lo mucho que le costaba respirar y una leve capa de sudor le cubría el abdomen.
Al menos en eso Letty sabía que le estaba dando placer. Separó los labios. La boca se le hizo agua y rodeó el grueso prepucio.
—Maldita sea —masculló él, temblando violentamente.
Un lento y constante flujo de pre eyaculación le cubrió la lengua. Letty gimió al notar su sabor y succionó en busca de más.
—Sí... Letty. Sí. —Dom le sujetó la cabeza con las manos y con los pulgares le acarició las mejillas—. He soñado con esto. Lo deseaba tanto que creía que iba a perder la cabeza.
Movió las caderas ayudando a que su miembro entrase y saliese de la boca de Letty. El hermoso rostro de él estaba desfigurado por la lujuria, tenía la piel tirante por encima de las mejillas, los labios apretados en un intento de contener el placer que estaba sintiendo. Que él la desease tanto la habría asustado, de no ser porque, al mismo tiempo, la miraba con ojos llenos de ternura y la tocaba con suavidad.
Letty empezó a sudar, empezó a recordar las caricias que él le había hecho el otro día, a sentir su lengua y sus dedos sobre su cuerpo. Dentro. Recordó el éxtasis casi insoportable. Ella quería hacerle sentir lo mismo, quería que Dom se quedase con un recuerdo igual de imborrable.
Le colocó una mano en una de las caderas y con la otra le tocó el escroto. Él se mordió los labios para no soltar un grito y tensó todo el cuerpo al notar su caricia. Letty le pasó los dedos por los testículos y lo acarició otra vez más. Con la lengua también empezó a probar cosas nuevas y rodeó con ella el prepucio para luego pasarla por la parte más sensible de su erección.
—Dios santo —gimió él, con los músculos del estómago contraídos—. Succiona, Letty... más fuerte... sí, así...
Ella tomo la base del pene y lo apretó justo cuando notó que Dom empezaba a temblar y a soltar una maldición. Mirarlo era algo hipnótico, era tan increíblemente erótico, tan sincero en sus reacciones. Letty apretó los muslos y contuvo la reacción de su cuerpo, que buscaba aliviar el insoportable anhelo que sentía. Era dolorosamente consciente de lo excitada que estaba, de cómo temblaba de deseo. Pero todavía deseaba más darle placer a él, quería mirar a Dom, presenciar su orgasmo, absorber todas sus expresiones cuando lo alcanzase.
Se sentía como si fuese otra mujer, una criatura muy femenina que no respetaba ningún límite, ni ninguna barrera o norma, una fuerza de la naturaleza incapaz de ser retenida.
Dom le acarició las comisuras de los labios con los pulgares y ella abrió un poco la mandíbula para que él pudiese deslizarse un poco más, sin hacer caso de la incomodidad que sintió durante un instante.
Eso nunca lo había hecho con Owen. Su esposo siempre había sido dulce y amable y sus relaciones sexuales habían estado dominadas por la ternura y por el respeto hacia el otro.
Dom era muy sincero en sus reacciones, no intentaba disimularlas ni contenerlas, lo que creaba una intensa sensación de intimidad. Ella jamás se había sentido tan unida a otra persona, nunca había experimentado aquella sensación de estar tan conectada a otro ser.
—Estoy a punto —confesó él—. Ah, Dios... tu boca es divina...
Le sujetó la cabeza y aceleró el ritmo de las caderas, sin detenerse, y lo único que pudo hacer Letty fue sujetarse de sus muslos y succionar más fuerte. Lo hizo con desesperación. Los sonidos que él hacía, sus gemidos descontrolados, las palabras de cariño dichas con la voz entrecortada, estuvieron a punto de llevarla al orgasmo.
—¡Sí! —gritó Dom un segundo antes de tensarse y de que la primera eyaculación impregnase la lengua de Letty.
Alcanzó el orgasmo con la misma intensidad con que hacía todo lo demás. Tensó las venas del cuello y echó la cabeza atrás para gritar mientras le inundaba la boca. Ella siguió acariciándolo con las manos, masturbándolo, deseando quedarse con todo su placer, reclamándolo como suyo por derecho propio.
En el mismo instante en que creyó que él empezaba a relajarse, Dom la tomo por los brazos y la puso en pie.
Luego la llevó a la cama.
Después de experimentar un orgasmo tan intenso que casi le había doblado las rodillas, Dom abrazó a Letty contra su pecho y sintió la apremiante necesidad de reducirla al mismo estado en que estaba él. Ella lo había desnudado por completo. Notaba como si su piel fuese demasiado pequeña para contenerlo y demasiado delgada. las gotas de sudor se deslizaban por su espalda. Y se notaba la garganta seca de tanto gritar.
Él jamás se había imaginado que nada pudiese hacerlo sentirse tan bien. Letty había lamido su pene como si se muriese de ganas de tener su sabor en los labios y había gemido y lo había sujetado como si se fuese a morir si él se apartaba. Como si él hubiese sido capaz de hacerlo... Dom dudaba de que se hubiese apartado de ella aunque el barco se estuviese hundiendo.
Letty tenía las manos entre su cuello y todo su cuerpo se movía junto al de él. Dom la sentó en el extremo de la cama y le quitó la camisola por la cabeza. La lanzó a un lado y centró toda su atención en los pechos de ella, que subían y bajaban con cada respiración. Se los tomo y le acarició los pezones con los pulgares.
Letty se echó hacia atrás y se apoyó en los antebrazos. Estaba sonrojada y sus ojos negros se le habían oscurecido tanto. La melena negra le caía por los hombros, alborotada. Tenía la mirada nublada y parecía que se hubiese estado revolcando. Era lo más bonito que había visto nunca.
—Gracias —murmuró Dom, empujándola un poco hacia atrás para poder capturarle un pezón con la boca.
La generosidad de Letty había significado más de lo que podía expresar con palabras. Hacía tanto tiempo que necesitaba tantas cosas de ella, y ella se le había entregado con sincero entusiasmo.
Le acarició la punta del pezón con la lengua y succionó suavemente a propósito. Para atormentarla. Para que ella lo desease más.
—Dom...
Su tono de voz le estaba diciendo que se había rendido. Letty ya no iba a resistírsele, ni tampoco a ser cauta ni recelosa. Él no sabía qué había sucedido para que se le entregase tan libremente, pero tenía tiempo de sobra para averiguarlo. Por el momento, lo único que quería era que ella se deshiciera en sus brazos, quería oírla decir su nombre al alcanzar un orgasmo.
Le deslizó una mano entre las piernas y cuando las metió por debajo de la ropa interior, tuvo la satisfacción de encontrarla húmeda. Le separó los labios y deslizó dos dedos por el centro de su deseo. Letty estaba lista para él. Más que lista. Mojada y caliente, a punto para que la poseyera.
Dom movió con cuidado los dedos, dentro y fuera, y tuvo que apretar los dientes cuando notó que ella se los apretaba. Succionó el pecho que tenía entre los labios con fuerza y luego lo soltó.
Los brazos de Letty cedieron y se desplomó encima del cubrecama marrón, evocando la imagen de un ángel caído. Dom se apartó y le separó las rodillas con ambas manos.
—Eres tan bonita —le dijo, al mirar la piel rosada que brillaba entre sus piernas.
Por un instante, se planteó la posibilidad de terminar de desnudarse ambos por completo, pero desechó la idea. Ya se desnudarían la próxima vez, cuando ella estuviese repleta de su semen y completamente saciada. Se tomo el miembro con una mano y lo colocó encima del vértice del sexo de Letty. Era una sensación exquisita y su pene se extendió como si no acabase de tener el mayor orgasmo de su vida.
