¡Hola!

Estoy recuperándome de una laringitis. Ya estoy mucho mejor, por suerte.

Kaiser: Si, una larga charla van a tener que tener con Delia, por Dios. Y si, fui dura con Misty, pero en la primera temporada era así de insoportable, no le estoy inventando nada

Alen: ¿Resfriado? Capaz que una gripe fuerte a estas alturas XD. Hay que ver que pasa después.

Kisame: Creí que te había tragado la tierra, mujer! Delia creo que confió demasiado en su hijo. La verdad, no me parece una mujer que se preocupe demasiado por él. El señor de las moscas... no lo he leído, pero mi pareja si y me ha hablado mucho sobre eso. Ash y Misty van a terminar abandonados en una isla para que se maten entre ellos? XD

Bueno, acá tienen el capítulo. Casi me lo salto, pero decidí escribirlo de todos modos.

Capítulo veinticinco

La academia de Growlithe

Estuvieron dos días más dando vueltas casi en círculos, sin encontrar un camino. Arbok era un excelente cazador y siempre traía Pidgey o Pidgeotto para comer y, en un par de ocasiones, Rattata. No se morían de hambre, pero estaban deseosos de comer en un Centro Pokemón y dormir en un futón. Si bien los tres bobos tenían bolsas de dormir, Jessie y James dormían en el suelo tapados por una manta.

Al fin pudieron encontrar un camino cuando ya estaban a punto de desesperarse y pensar que pasarían otra noche en el bosque. Si había un camino, tenía que ir para algún pueblo o ciudad. Con los ánimos renovados y con la mira próxima en el próximo conjunto de casas que podrían llegar, fueron caminando alegremente por el polvoriento camino.

—¡Ladrón!

El grito de una voz femenina hizo que Jessie, James y Meowth pegaran un brinco. ¿Acaso los estaban buscando a ellos?

—¿Ladrón? —preguntó Ash—. De seguro es el Equipo Rocket.

Jessie carraspeó con fuerza.

—Niño, estamos aquí.

—Ehh… pero ustedes no son todo el Equipo Rocket, ¿o sí?

Por el camino de tierra, detrás de ellos, apareció un hombre gordo y bajito, de cabello negro y corto con bigote. Traía un costal color verde cargando en sus espaldas y un arma de fuego en una mano.

—Ese debe ser él —gruñó Brock. James se alivió en parte porque no los estaban persiguiendo a ellos, pero el tipo que tenían en frente estaba armado. No los había notado todavía, pero si llegaba a hacerle algo a Jessie…

—A mi si me parece el ladrón —comentó Misty, algo asustada.

—¡Ve, Pikachu! —le ordenó Ash.

Pikachu, desde el hombro de Ash, parecía listo para entrar en acción, pero notó el arma en la mano del ladrón y se escondió, asustado.

—¿Qué te pasa, Pikachu? —preguntó Ash, confundido.

—¡Ataquen! —se escuchó la misma voz de antes.

Un Growlithe salió de los arbustos, pegando un salto tan grande que pasó por arriba del grupo y aterrizó a escasos dos metros del ladrón. Se puso en posición de ataque, mientras el supuesto ladrón lo miraba aterrorizado.

—¡Detenlo, Growlithe! —gritó la voz.

El ladrón entró en pánico y se echó a correr, pero nada podía hacer para escapar del Growlithe. El pokemón de fuego se abalanzó sobre él y lo tiró al suelo. El arma salió volando de las manos del ladrón y rodó por el pasto. Por suerte, no se había disparado.

Ash aprovechó la oportunidad:

—¡Bien, Pikachu, Impactrueno!

Pikachu saltó del hombro de Ash y lanzó su ataque en el aire, impactando de lleno contra el ladrón. A James le pareció raro que el pokemón eléctrico no lo estuviera atacando a él, para variar.

—¡Bien, Pikachu! ¡Demuestrale quien es el jefe!

Se escuchó el sonido de un silbato en el aire, interrumpiendo los gritos de victoria de Ash. Muchos pasos comenzaron a escucharse de todas partes. Pikachu se subió asustado al ver que ocho Growlithe más los rodearon, entre gruñidos. No parecían para nada amistosos y amenazaban con morderlos en cualquier segundo.

—¿Qué sucede? —preguntó Ash, confundido y asustado a la vez.

Jessie se agarró con fuerza al brazo de James. Lunita, desde el bolsillo, comenzó a llorar.

—¿Crees que podamos contra ellos? —preguntó Jessie en voz baja.

James iba a responder, pero algo hizo que se quedara mudo del asombro, algo que veía por primera vez en años.

Un rayo rojo salió del bolsillo de Jessie y Arbok se materializó delante de su entrenadora. Estaba en pose defensiva y enseñando los colmillos de manera amenazante a los Growlithe más cercanos. Murmuró algo entre dientes.

—Arbok dice que si llegan a moverse un milímetro más, no dudará en matar —tradujo Meowth. Se había subido al hombro de James para estar cerca de su hija y tranquilizarla.

Arbok jamás había se había salido de la pokebola en su vida o al menos desde que James lo conocía. El médico había dicho algo sobre que Arbok podría volverse demasiado agresivo si sentía que su entrenadora estaba en peligro, dada su fidelidad y el hecho de que ella estaba embarazada. Pero jamás se había imaginado que sería capaz de salirse de la pokebola para defenderla hasta las últimas consecuencias.

Como si eso no fuera suficiente, una oficial Jenny fue corriendo hacia donde se encontraba el ladrón y el Growlithe que lo había detenido, acompañada de dos oficiales más. James comenzó a transpirar frío y sintió como la mano de Jessie apretaba su brazo con más fuerza. Mierda, todo estaba saliendo muy mal.

—¡Que terrible! ¿Estás bien? —le preguntó la oficial Jenny al ladrón, agachándose.

—Si… creo que si —contestó el hombre, con tono dolorido.

La oficial Jenny se giró hacia el grupo, enojada.

—¿Quieren decirnos por qué interfieren con nosotros? —les preguntó.

—¿Interferir? —preguntó Brock.

—Pero si nosotros solo tratábamos de ayudarles a capturar al ladrón antes de que se escapara —dijo Ash.

—No es un ladrón, es un policía entrenando a nuestra unidad de Policía Canina.

—¿Policía Canina? —preguntó Ash, sin entender.

—Son policías pokemón.

Ash sacó su Pokedex y apuntó al Growlithe más cercano.

Growlithe, el pokemón cachorro. Siendo fiel a su amo, alejará a sus enemigos ladrando y mordiendo —dijo la voz robótica de la Pokedex.

—Eso debería hacer a Growlithe el pokemón perfecto para ayudar a la policía —comentó Misty.

—Así es —agregó Ash. Su Pikachu hizo un gesto de asentimiento.

—La Policia Canina —dijo Brock, pensativo—. Esos Growlithe están muy bien entrenados —se agachó para estar a la altura del Growlithe más cercano—. Y son… simpáticos —agregó, extendiendo su mano a la cabeza del pokemón.

James lo vio e intentó decirle que no podía tocar a un Growlithe si no eras su entrenador o alguien de la familia y menos cuando estaban en pose de ataque, pero Jessie se le adelantó:

—¡Cuidado! —le advirtió Jessie, agachándose para tomarlo del hombro. El Growlithe les gruñó a ambos y enseñó los dientes.

Todo se fue al demonio.

Arbok se movió, haciendo silbar el aire y golpeó a Growlithe con un Cabezazo, haciéndolo volar por el aire. Arbok se replegó enseguida y, con su cuerpo, hizo un círculo alrededor de Jessie, desafiando con la mirada a cualquiera que osara acercarse.

—¡Quietos! —ordenó Jenny a los otros Growlithe para evitar que atacaran. Se acercó al que Arbok había golpeado—. ¿Estás bien?

El Growlithe se levantó enseguida y ladró en señal de que todo estaba en orden. Arbok, desde su lugar, lanzó un siseo.

—Arbok dice de que advirtió que, si se movían un milímetro más, atacaría. Y que agradezca que no lo haya matado —tradujo Meowth.

Jessie acarició la cabeza de su Arbok. Aún parecía agitado.

—Tranquilo, Arbok. Estoy bien, no te asustes.

James, en contra de lo que quería hacer, dio un par de pasos hacia Jenny.

—Disculpenos, por favor. Mi novia está embarazada y Arbok está siendo muy sobreprotector con ella y muy agresivo con quienes considera una amenaza. Realmente lo lamento —agregó, mientras se inclinaba en noventa grados. Deseaba con toda su alma que nos los arrestaran por eso.

Jenny se puso de pie.

—Entiendo. Ese Arbok debe serle muy fiel a su entrenadora —comentó—. Es algo que casi cualquier pokemón haría.

Ash se adelantó:

—Oficial Jenny, ¿podría ayudarnos? Hace una semana que estamos perdidos en el bosque.

Ella asintió.

—No se preocupen. La academia está cerca de aquí. Pueden pasar la noche en los cuarteles.

James se mordió el labio. Lo que menos quería era estar en el mismo edificio que una Jenny. Pero Jessie necesitaba descansar y necesitaban provisiones. No tenía opción.


La academia era un lugar gigantesco, como si todos los policías y Growlithe de Kanto se entrenaran allí. Eso solo logró que James tuviera más miedo. Por otro lado, estaba impresionado por los Growlithe que estrenaban duro día a día para poder detener incluso a ladrones armados y comenzó a pensar si no se estaba dejando estar con sus pokemón al no entrenarlos. Tal vez debiera hacerlo, especialmente con Growlie y Caterpie.

Jenny les sirvió en la cocina unas croquetas de pescado con salsa de soja, arroz blanco, miso y verduras salteadas en un bol. Para Pikachu, Meowth, Togepi y Lunita les dieron comida pokemón. Después de estar una semana perdidos en el bosque, les pareció el paraíso. Comieron con una voracidad increíble, sorprendiendo a la oficial Jenny. La mujer policía los dejó comer tranquilos y apareció más tarde con seis tazas de té (tuvo que hacer una extra para Meowth).

—¿Viste como ese Growlithe atacó al ladrón, Brock? —dijo Ash, mucho más alegre de lo normal por estar comiendo como la gente—. Fue mucho más valiente que Pikachu.

El pokemón eléctrico, quien estaba comiendo a su lado, lo miró distraído, como si no lo hubiera entendido.

—Pero el oficial que hacía de ladrón tenía una pistola—razonó Brock—. No esperarás a que Picachu se enfrente a alguien armado, ¿verdad?

—Brock tiene razón—opinó Misty—. Apuesto a que no pensaste lo mucho que pudieron lastimar a Pikachu.

—¡Claro que lo pensé! —le respondió Ash, enojado.

Jenny dibujo una sonrisita, como quien ve a sus dos pequeños hijos pelear. James, al igual que Jessie y Meowth, preferían estar en silencio y no opinar al respecto. Sentían que cualquier cosa podría ser utilizada en su contra.

—Hacer que un pokemón se enfrente a alguien armado es muy peligroso si no se tiene un entrenamiento especial —le dijo la mujer policía.

Ash la miró con una seriedad y preocupación que daba miedo.

—Creo que es cierto.

Ash dejó su tazón de arroz vacío sobre la bandeja. Aún había un poco de croqueta, miso y verduras en conserva. Era como si se le hubiera quitado el hambre de repente.

—Hasta ahora, yo solo he usado a Pikachu para pelear y atrapar a otros pokemón…

Jessie se rió, intentando hacerlo pasar por una tos. Ash se dio vuelta hacia ella.

—¿Tienes algún problema? —le preguntó Ash, a la defensiva.

Jessie le dedicó una sonrisa torcida.

—El que lo tiene eres tú. ¿Atrapar pokemón? ¿Tú? Tienes seis medallas y has atrapado… ¿Cuánto, ocho, nueve pokemón como mucho? No me hagas reir. Cualquier entrenador que se precie tendría unos quince como mínimo.

—Por supuesto —opinó James, sintiendo como un poco de maldad que quería escaparse de su lengua—. Como ese otro entrenador de Pueblo Paleta… ¿Cómo se llamaba? Creo que Jerry…

—¡Gary! —gritó Ash— ¡Y yo soy mucho mejor que él!

—Cálmense, ustedes dos —Brock los regañó como si fuera una madre regañando a sus hijos. Se dirigió a Ash—. ¿No estarás pensando en entrenar a Pikachu con la policía como si fuera un Growlithe, verdad?

—¿Y que tiene de malo esa idea? —replicó Ash—. Eso haría mucho más fuerte a Pikachu —se volteó hacia la mujer policía—. Oficial Jenny: ¿Podrías entrenar a Pikachu como haces con los Growlithe?

—Esta academia es solo para adiestrar a los Growlithe. No podemos admitir a otros pokemón.

—Tal vez Pikachu no esté preparado para esa clase de adiestramiento —le dijo Brock.

Una idea cruzó la mente de James como un relámpago.

—¿Solo admiten Growlithe? —le preguntó a la oficial.

—Si, eso dije.

—Yo tengo un Growlithe que necesita entrenamiento. ¿No puede ayudarme con él aunque sea unas horas mañana?

Jenny asintió con la cabeza.

—Si, pero debo verlo primero.

James sacó la pokebola de su bolsillo. Jessie corrió su silla para un costado, alejándose de él.

—¡Sal. Growlie!

El pokemón de fuego salió de su pokebola, lanzó un ladrido de felicidad al ver a James y se arrojó sobre él, tirándolo de la silla, para luego comenzar a lamerle toda la cara, mientras movía la cola como loco.

—Es este —le dijo James a la oficial cuando los lengüetazos amainaron un poco. Ni se molesto en levantarse del suelo. La espalda le dolía mucho como para querer pararse.

—Se nota que es un Growlithe sano, con mucha energía y que ama mucho a su entrenador —le dijo, sonriendo—. Pero parece que le falta un poco de disciplina y entrenamiento. No te preocupes, mañana mismo empezamos.

Growlie miró a la oficial Jenny y luego a James, confundido.

—Oh, cierto, ¿quieres entrenar mañana, Growlie?

Growlie ladró en señal de aprobación y volvió a lamerle la cara.

—Lo tomaré como un sí.

—Es un sí —le dijo Meowth.

—Oficial Jenny, por favor —se metió Ash—. Quiero ser el mejor entrenador pokemón del mundo y quiero que Pikachu sea el mejor pokemón.

Jenny lo miró pensativa durante un rato.

—Si realmente quieres que ti Pikachu sea el mejor, ¿Por qué no vienes con él al entrenamiento de mañana?

Ash se levantó de la silla, feliz.

—¿De verdad? ¡Gracias! ¡No la decepcionaremos!


El grupo durmió en una de las habitaciones que usaban para los reclutas de la policía, dividiéndose en tres camas cuchetas. James decidió dejar que Growlie durmiera con él en la cama y el pokemón de fuego aceptó feliz acurrucarse con él. Meowth y Lunita durmieron con Jessie en la litera de arriba.

Estaban durmiendo plácidamente cuando el agudo sonido de un silbato los sacudió de su sueño. James se despertó de un salto, mientras la oscuridad del cuarto era iluminada de golpe por la luz de la lámpara que colgaba del techo.

—¿Qué pasa? —preguntó James, refregándose los ojos. Su Growlithe también se levantó, bostezando audiblemente.

—¡NYAAA!

Era evidente que a Lunita no le había dado gracia que la despertaran de golpe. Meowth intentaba consolarla.

—Tranquila, mi bebé, vuelve a dormir —le decía, pero ella solo pataleaba como si no quisiera ser calmada.

James se levantó de la cama, más dormido que despierto. Recordó cuando Misty había intentado "rescatar" a Lunita hacía… ¿Cuánto tiempo ya? Parecía que habían pasado años.

—¿Tiene leche y miel? —le preguntó a Jenny.

—¿Eh? Si, si. Te acompaño a la cocina.

Durante todo el camino y mientras calentaba la leche en una pequeña olla, Jenny no paró de pedir disculpas por haber sido tan desconsiderada al sonar el silbato y encender la luz sin recordar que había un pokemón bebé (dos en realidad, pero Togepi no había llorado). James apenas murmuró un "está bien", le preparó la leche con miel en la mamadera (que había creído que nunca volvería a usar con ella) y la llevó al cuarto.

Lunita lloraba a los gritos todavía cuando regresó, pero estaba amainando, no porque se estaba calmando, sino por cansancio. Aún tenía fuerzas para retorcerse y no dejar que la toquen, ni siquiera Meowth.

—Ven aquí —le dijo a la pequeña, mientras la alzaba.

Lunita se retorció con más ganas y James tuvo que sentarse y acomodarla sobre sus rodillas. Como la primera vez, le costó un poco que tomara la mamadera, pero luego la aceptó y comenzó a beber su contenido de mala gana. Cuando lo terminó, cerró sus ojitos, se acurrucó y se durmió enseguida.

—Hasta que se calló —murmuró Jessie desde la cama de arriba.

James la puso en la litera de arriba, junto con su padre.

—Listo, ya está.

Meowth miró a su hija y luego a James.

—Fui un mal padre. No pude calmarla —musitó.

James se rió.

—Joy me lo enseñó. Yo tampoco pude calmarla la primera vez.

Jenny carraspeó.

—Bueno, ahora que la pequeña se durmió, es hora del entrenamiento.

Ash, sentado en la cama como si fuera a acarrear piedras durante doce horas, bostezó audiblemente.

—¿Qué hora es? —preguntó.

—Las cuatro de la mañana —respondió Jenny alegremente, como si dijera que eran las siete de la mañana del día Navidad

—¿Cuatro de la mañana? —gimió Ash.

James se frotó los ojos.

—Por Dios, no me levantaba tan temprano desde el entrenamiento con el Equipo Rock…

James se interrumpió de golpe. Miró a Jenny, asustado, pero ella no pareció darse por enterada.

—Vayan a lavarse la cara, desayunen y luego los llevaré a la pista de obstáculos —les dijo Jenny.

James lanzó un suspiro de alivio. Nunca volvería a ser tan idiota.


James, Ash y Jenny, con sus respectivos pokemón, fueron hacia la pista de obstáculos donde se entrenarían. James llevaba puesto una playera blanca y unos pantalones azules de gimnasia. Ash y Jenny tenían la ropa de siempre. Brock y Misty estaban también allí, mientras que Jessie, Meowth y Lunita habían decidido seguir durmiendo.

—Bueno, primero vamos a probarlos en la pista de obstáculos.

Ash miró a Pikachu, lleno de orgullo.

—Es tu oportunidad, Pikachu. Demuéstrales lo que puedes hacer. No dejes que esos dos Growlithe te ganen.

Pikachu miró a Ash, como si le quisiera decir que solo quería seguir durmiendo. Ash lo interpretó erróneamente como inseguridad.

—No te preocupes, Pikachu, sé que vas a ganar.

—Pikachu no es el único que tiene que correr, porque tú correrás con él, Ash.

—¿Yo? ¿Por qué? —preguntó Ash, sin entender.

James sacudió la cabeza. Sospechaba que él tenía que hacer gimnasia también y se había cambiado de ropa justamente para eso. Que chico más idiota…

—Ash, un entrenador jamás será respetado si no hace lo que quieres que tu pokemón haga.

—Pero yo no puedo hacer un Lanzallamas —le dijo James. No era que tuviera un problema con hacer ejercicio, pero tampoco podía actuar como un pokemón y tomarse un litro de nafta y usar un encendedor.

Jenny se giró hacia él.

—Lo sé. Pero tampoco puedes quedarte ahí sentado comiendo una bolsa de papas fritas mientras tu pokemón hace el trabajo. Si el entrenador no se compromete, el pokemón no siente que deba hacerlo. Un pokemón es un compañero, no un empleado.

—¿En serio tengo que correr? —se quejó Ash.

Jenny le puso una mano en el hombro.

—Yo correré también. Vamos a empezar. ¿Listos, Ash y James?

—Creo que sí.

—Estoy listo y creo que Growlie también está listo, ¿verdad?

Growlie ladró y agitó la cola en señal de aprobación.

—En sus marcas, listos… ¡Fuera!

Los seis empezaron a correr. Jenny no tardó nada en situarse delante de todo con su Growlithe. James iba segundo; su pokemón de fuego no parecía tener problemas para seguirle el paso. Ash iba más atrás junto con Pikachu. Se notaba que el ejercicio no era lo suyo.

Ash no quería ser el último, claro que no. Hizo un esfuerzo para poder quedar primero y lo logró por unos pocos segundos hasta que se topó con el primer obstáculo.

James ya conocía ese tipo de obstáculo. Era una porción de pasto de varios metros cuadrados con un enrejado de alambre de púas cubriendo la superficie, dejando unos centímetros de espacio suficiente para poder pasar por debajo arrastrándose. Mientras Ash y Pikachu se quedaban viendo el obstáculo como idiotras, Jenny y Growlithe se pusieron cuerpo a tierra y comenzaron a avanzar. James la siguió.

—Tú imita al Growlithe de Jenny y estarás bien — le dijo, mientras se arrastraba por el pasto—. Ten cuidado con las púas.

James se maldijo a si mismo por ir en playera de manga corta en lugar de ponerse algo más largo. El pasto le hacía picar los brazos y la playera se le levantaba un poco, raspándo su estómago. Growlie, detrás de él, hizo un gemido lastimero, probablemente porque algunas de las púas le estaban arañando en el lomo.

Apenas los dos superaron el obstáculo, escucharon unos gritos detrás de él. James se giró justo a tiempo para ver como Pikachu usaba su Impactrueno en el enrejado, electrocutando a Ash en el proceso.

—Por poco —murmuró James. Miró a su Growlie. Se había arañado el lomo y sangraba un poco en algunas partes, manchando su pelaje anaranjado. El corazón se le estrujó al verlo así—. Creo que mejor paramos aquí.

Growlie ladró y negó con la cabeza. No parecía querer parar.

—Si tú lo dices… adelante, no quiero quedar detrás del bobo de Ash.

Siguieron corriendo y encontraron un gran panel de madera. El Growlithe de Jenny lo pasó sin problemas, prácticamente corriendo en vertical a través de la pared. Mierda, no creía que su Growlithe pudiera hacerlo. Jenny se trepó con facilidad y no tardó en pasar al otro lado, cayendo con agilidad felina.

James se trepó con facilidad por el panel de madera: ya estaba acostumbrado a treparse a las paredes sin ayuda. Pasó una pierna del otro lado y miró hacia abajo para ver a su pokemón. Growlie hacía todo el esfuerzo posible por alcanzarlo a los saltos, sin lograrlo. Más atrás, Ash y Pikachu estaban saliendo por debajo del alambrado de púas.

—¡Solo toma impulso y salta con todas tus fuerzas! ¡Usa las patas contra la pared como si corrieras y no pares! —le gritó a Growlie.

Growlie obedeció. Le costó un poco, pero pudo saltar lo suficientemente alto para que James pudiera tomarlo de una pata y ayudarlo a pasar del otro lado. Una vez que Growlie aterrizó en la tierra, James lo imitó.

—Vamos bien —James miró hacia el horizonte y logró ver a Jenny saltando unas vallas con su Growlithe—. Sigamos adelante, Growlie. Unos pocos obstáculos no nos vencerán.


Al final, James y Growlie terminaron con el cuerpo agarrotado, sentados en el suelo contra la pared del edificio. Ash estaba tan cansado que sólo se limitó a sentarse a los pies del banco de concreto que se usaba para descansar y Pikachu, a su lado, estaba tendido sobre él, boca abajo, con todo el aspecto de no querer levantarse de allí por un buen rato. Misty y Brock lo acompañaban

—¿Estás bien? —le preguntó James a su Growlie. El pokemón respondió con un ladrido lastimero que no pudo decifrar.

—Dice que sí y te pregunta si hizo un buen trabajo.

James se giró y vio a Meowth y a Jessie, con Lunita en sus brazos.

—¡Claro que lo hizo bien! —exclamó James—. Solo qué yo soy un idiota. Debí haber empezado con algo más básico —agregó, acariciando la cabeza de su Growlie. El pokemón de fuego se refregó en su mano y lamió los dedos de su entrenador, como si quisiera consolarlo.

—¿Qué hicieron? —preguntó Jessie.

—Fue como el entrenamiento que tuvimos en… tú sabes, pero con pokemón.

—Oh, ya. Entiendo. Pobre Growlie.

—¿James?

El aludido giró la cabeza y vio a Jenny parada a un par de metros de él. No parecía para nada cansada por el entrenamiento.

—¿Si, oficial Jenny?

—¿Puedo hablar contigo un momento?

James parpadeó, extrañado, antes de incorporarse.

—De acuerdo —se giró hacia donde estaban Jessie y Meowth—. Los veo en un momento.

James y Jenny comenzaron a caminar por el costado de la pista de obstáculos. Los Growlithe policía estaban dispersos por los alrededores. Jenny estaba muy callada, así que James decidió dar el primer paso.

—Creo que le he exigido demasiado a Growlie, ¿verdad? Soy un entrenador horrible.

—De los errores se aprende, James. Todos los cometemos alguna vez.

James tragó saliva. Algo iba mal. Debían salir de allí lo más rápido posible.

—Bueno, gracias por tomarse la mañana para entrenar a mi Growlie y a Pikachu. Nosotros debemos partir y encontrar un Centro Pokemón antes de que…

—Escuché lo que dijiste en la habitación, James.

James volvió a tragar saliva. Tenía la garganta seca. Forzó una sonrisa.

—¿De que habla? —preguntó.

Jenny se detuvo en seco.

—Sobre el Equipo Rocket. ¿Crees que soy tonta? ¿Cuáles son sus intenciones?

—¿Qué? ¡Ninguna! ¡Llegamos aquí por casualidad!

—¿No estarán planeando robar a nuestros Growlithe, verdad?

—No tenemos ningún interés en ellos. Sólo nos perdimos y nos topamos con usted —James soltó un profundo suspiro—. De acuerdo, era parte del Equipo Rocket, pero deserté cuando me enteré que Jessie y yo esperábamos un hijo. No tiene que preocuparse por eso.

Jenny lo miró fijamente. Su mano enguantada acariciaba ligeramente las esposas que colgaban de su cinturón.

—Puedo detenerte a ti y a tus compañeros por veinte días por sospechosos… a menos que me proporciones información sobre el Equipo Rocket.

James podía sentir su propio corazón bombeando con fuerza en los oídos. No le importaba ir a la cárcel… ¿pero Jessie? ¿Y los otros tres? No era justo, nadie había hecho nada malo últimamente.

—Si se llegan a enterar que los he delatado, nos matarán….

—No te preocupes. Todo esto será estrictamente confidencial. Nadie sabrá que fuiste tú…

James temblaba. No quería hacerlo, realmente no, pero él y sus amigos estaban en riesgo. No podía dejar que todo se arruinara por su culpa.

—De acuerdo —dijo—. En Ciudad Azulona hay un casino llamado "El parque de los adultos". En el sótano de allí se almacenan pokemón robados de la zona y objetos de valor. Allí se seleccionan los que van a ser vendidos. No puedo decir más, lo siento. Fui alguien de bajo rango y nunca tuve acceso a información clasificada.

Jenny siguió acariciando las esposas con la punta de los dedos. ¿Y si la información no le era suficiente? Dios sabía que él no tenía demasiada información útil.

—Voy a creerte esta vez —le dijo la oficial Jenny y James soltó un suspiro de alivio—. Pero si mientes, lanzaré una orden de captura regional contra ti y no estarás seguro en ningún lugar de Kanto, ¿está claro?

James asintió rápidamente

—Muy claro.

Jenny sonrió.

—Regresemos. Les daré un mapa y algunas provisiones para el viaje.

Jenny giró sobre sus talones y tomó su camino al edificio. James la siguió. Iba a tardar mucho rato en calmarse de nuevo. Pero estaba seguro que todo estaría bien.

Hasta que llegaran al próximo pueblo.