Capitulo N° 24

Ben sabía que había algo mal tan pronto como volví al apartamento. Seguí insistiendo en que no era nada, lo cual le molestó. Lo sabía porque él me dijo en mi cara que le jodía la paciencia. Le respondí con un sermón sobre estar diciendo palabrotas, a lo que me informó que le molestó aún más, así que para cuando me encontraba vestida para la fiesta, estaba enojada con Emmett por ser un imbécil desconsiderado, aterrorizada de que me estaba enfrentando al final de mi relación, y molesta de que mi hermanito había ido a quedarse con Jamie a pasar la noche sin despedirse de mí.

En otras palabras, yo estaba realmente con espíritu fiestero.

Mis pensamientos depresivos no se aliviaron cuando me apresuré a bajar al apartamento de Emmett para recogerlo y apenas notó mi vestido. El vestido que él había encontrado tan caliente previo al encuentro con Heidi y por el que me había seducido en un vestidor público.

Sentí mi pecho tensarse con ansiedad mientras se mantenía en silencio durante el viaje en taxi con Victoria y el tío Eleazar. Incluso Victoria lo comentó, preguntándole si se encontraba bien.

Por supuesto, él insistió en que estaba bien, aunque todos sabíamos (todos, al igual que yo) que había estado asombrado por la llegada de su ex-novia, también conocida como la única mujer que había amado.

Llegamos al apartamento de Bella y Edward en Dublín Street para encontrar que la fiesta ya estaba en pleno apogeo.

Nessie y Seth se estaban quedando con amigos esta noche, así Esme y Carlisle eran libres de quedarse todo el tiempo que quisieran. Esme estaba completamente destrozada ya, y una Esme destrozada era una versión aumentada de una Esme sobria. Ella siguió moviéndose alrededor de todos los invitados preguntándoles si querían otro trago y cuando le decían que sí, procedía a llenar demasiado las copas con un descabellado: ¡Upsi!

Emmett, Victoria y yo nos instalamos en un rincón con Jasper y Alice. Traté de seguir el ritmo de la conversación, y traté de aparentar que todo estaba bien, riendo junto a los otros mientras Jasper señalaba la creciente tensión en la cara de Bella a medida que se veía obligada a mezclarse. En un momento vimos cómo Bella intentó retirar la mano del agarre de la esposa de uno de los conocidos de negocios de Edward mientras echaba un vistazo al anillo de compromiso. Bella tiró amablemente un par de veces, pero cuando eso no pareció funcionar, ella en realidad le dio un manotazo la mano de la mujer alejándola y luego sonrió graciosamente como si nada hubiera pasado, dejando a Edward ahogándose en risas mientras se excusaba.

Estábamos todos riendo, y me volví a Emmett para compartir una sonrisa con él, sólo para encontrarlo con su cabeza inclinada sobre su teléfono.

—¿Estás bien? —le pregunté, mirando hacia abajo en el mensaje de texto que estaba escribiendo y sintiendo esa fea presión en mi pecho de nuevo.

Levantó la vista y me dio una sonrisa apenas existente.

—Sí, ¿y tú?

—Bien. ¿A quién le escribes?

—Sólo a Heidi. Quería mi dirección.

—Hmm. —Asentí, esperando que mi ira no fuera evidente en mis ojos. Me aparté de él, maldiciéndolo hasta la luna y de regreso.

Venir a una fiesta por el compromiso de mi amiga como mi maldita cita y permanecer ahí sin prestar atención a nada de lo que nadie dice, escribiendo en tu maldito teléfono, hablando con una ex-novia de la que casualmente mencionaste que estabas enamorado, y esperas que no esté malditamente cabreada, tú maldito cerdo, tú completo…

—Entonces, Rose, ¿te está gustando el nuevo trabajo? —me preguntó Jasper, interrumpiendo mi diatriba interna en contra de mi novio.

—Oh, Sí.

Jasper esperó que dijera algo más, pero no podía hacer que mi cerebro funcionara. Aunque mi sangre se calentara por la ira, mi pecho dolía, y mis pensamientos melancólicos ocupaban todo el espacio en mi cabeza. Al darse cuenta de que no iba a conseguir nada más de mí, Jasper se enganchó con Victoria en una conversación e ignoré las miradas preocupadas que Alice se mantuvo disparándome.

Eché un vistazo alrededor de la habitación, deseando poder escapar, encerrarme en el baño y llorar. Pero eso parecía excesivamente melodramático, considerando que Emmett realmente no había hecho nada malo. Eran mis inseguridades las que me hacían sentir de esta manera, ¿correcto?

Capté la mirada del tío Eleazar a través de la habitación y le sonreí. Él sonrió y se volvió de nuevo a Carlisle. Los dos hombres eran tan diferentes, uno un erudito, otro un obrero manual, y sin embargo, parecían llevarse increíblemente bien entre sí.

Estaba contenta. Fue agradable que Bella y Edward invitaran a Eleazar y Victoria a su fiesta de compromiso, pero me había preocupado de que se sintieran fuera de lugar.

Resultó que la única que se sentía fuera de lugar era yo.

Escuché a medias cómo Alice consiguió involucrar a Emmett en la conversación. A pesar de que él conversó con ella sobre el nuevo proyecto para el que estaba creando los gráficos, una tienda de chocolates independiente que se abría en Edimburgo, pude oír la falta de entusiasmo en su voz. Lo conocía muy bien. Sabía que su mente estaba en algún otro lugar esta noche.

¿Eran realmente mis inseguridades las que me decían que su mente estaba en Heidi? ¿O era mi instinto?

Necesitaba la opinión de una determinante y directa, pareja honesta. Barriendo el salón lleno de gente, no pude ver a Bella y Edward por ningún lugar. Me excusé y me dirigí hacia el pasillo vacío, entonces procedí a revisar la cocina, donde un gran grupo de personas se habían congregado. No estaban allí. Revisé los dormitorios. Ambos vacíos. Preguntándome si se habían ido a tomar aire fresco, me dirigí por el pasillo hacia la puerta y fue entonces cuando oí la profunda y retumbante risa.

Me detuve en seco, mis cejas se alzaron casi hasta mi cabello mientras me daba vuelta para hacer frente a la puerta del baño.

No.

Ellos no lo harían.

¿Cierto?

—Oh, espera, creo que mi pierna se acalambró. —Bella resopló y luego soltó una risita. En realidad se rió de esa forma. Ni siquiera sabía que podía hacer eso.

—¿Cómo se acalambró? —murmuró Edward.

—Bueno, no sé si sabes esto sobre mí, cariño, pero mi cuerpo no es de plastilina.

Mi boca cayó abierta y ahogué una risa en mi mano a mi pesar. ¿En qué posición la había tenido para que se acalambrara?

—¿Quieres que le dé un masaje?

Hubo un momento de silencio y luego…

—Oh, sí, ahí mismo —gimió ella.

—Mierda —resopló Edward—. Acabarás conmigo otra vez.

—¿En serio? —preguntó ella con incredulidad—. Sólo gemí.

—Eso es todo lo que se necesita, cariño.

Bella soltó otra risita. Decidí que era un sonido agradable.

Y entonces me di cuenta que estaba espiando espeluznantemente su encuentro sexual-en-el-baño-en-su-propia-maldita-fiesta-de-compromiso.

Llamé a la puerta.

—¡Uh, sólo un minuto! —gritó Bella.

—Soy yo —grité más o menos fuerte a través de la puerta—. ¿Ya estás decente?

—Um, no todavía. Espera. —Oí ropas crujir y luego un amortiguado "uff" antes de que algo cayera al suelo—. ¿Estás tratando de matarme?

Edward se echó a reír.

—Tú fuiste la que quería follar en el baño.

—¡Ssssh! —silbó Bella—. Rose está afuera.

—Creo que ella sabe lo que estamos haciendo.

—Ella lo sabe —le ofrecí amablemente.

Edward se echó a reír.

La puerta se abrió. Edward se cernió sobre mí, su cabello alborotado, y su camisa metida desordenadamente de nuevo en los pantalones. Bella estaba saltando en un pie detrás de él, tratando de ponerse su zapato de nuevo. Tenía las mejillas encendidas y el nudo francés en su cabello estaba un poco desordenado.

—¿En serio? —pregunté, mirando alrededor para asegurarme de que todavía estuviéramos solos—. ¿En el cuarto de baño durante su fiesta de compromiso?

Bella puso los ojos en blanco.

—¿Qué, como si nunca lo hubieras hecho en algún lugar un poco subido de tono?

Mis mejillas se tornaron de rojo brillante mientras recordaba cuán subidos de tono habíamos estado Emmett y yo justo esta misma mañana.

Dios, parecía que hacía una eternidad ya.

Maldita Heidi.

Edward me escudriñó y asintió con aire de suficiencia a Bella.

—Ella definitivamente lo ha hecho en algunos lugares picantes.

Bella sonrió, finalmente consiguiendo colocar su zapato y parándose derecha.

—Creo que tienes razón, señor Cullen. Mira esas bonitas mejillas ruborizadas.

Suspiré impacientemente, tratando de cubrir mi vergüenza.

—No te busque para hablar de sexo picante. —Me ruboricé pasando a Edward y le indiqué que cerrara la puerta.

Él levantó una ceja, pero obedeció.

—¿Está todo bien?

Tratando de mantener una tapa sobre mis emociones, les expuse mi punto. La historia de Emmett y Heidi, y ahora su repentina re-entrada en su vida y la preocupante reacción de Emmett hacia ella.

—¿Debería preocuparme? —Mordí mi labio, mirando de uno al otro.

Bella miró a Edward.

—¿Qué piensas tú?

Edward le guiñó un ojo.

—Creo que me veo bastante bien en estos momentos.

Bella le dio un golpe en el brazo por ambas.

—No eres de utilidad, idiota engreído.

Él gruñó, sin dejar de sonreír arrogantemente, una sonrisa que desapareció cuando se volvió hacia mí y vio que no estaba de ánimo para su humor en ese momento. Suspiró, sus ojos suavizándose.

—Rose, no tienes nada de qué preocuparte.

Esa era exactamente la tranquilidad que había estado buscando, pero necesitaba más.

—¿En serio?

—Mira, Emmett sólo tropezó con una chica con la que tiene una historia. Lo va a afectar. Eso no quiere decir que todavía tiene sentimientos por ella. Si Bella y yo fuéramos a dar un paseo y nos topamos con mi ex, probablemente me sentiría un poco distraído por el resto del día, pero no porque yo todavía esté enamorado de la perra.

Levanté las cejas, preguntándome qué historia había allí. Lancé un vistazo a Bella.

—Evidentemente.

Bella acarició el brazo de Edward en consuelo.

—Ella es una perra.

Esta vez, yo suspiré.

—Entonces, ¿piensan que estoy precipitándome?

—Sí —respondieron al unísono.

—Sin embargo, debo decir que —Bella sacudió la cabeza como si estuviera decepcionada—, Emmett demuestra una grave falta de intuición cuando se trata de mujeres al no darse cuenta de que él planeando reunirse con una vieja novia podría molestarte.

Edward resopló ante la falta de tacto de Emmett.

—De acuerdo.

Hice un pequeño puchero.

—De acuerdo. —Ahora hice una mueca—. Lamento desahogarme con ustedes en su fiesta de compromiso. Eso fue más que un poco egoísta. ¡Dios! —Alcé las manos—. ¡Esta relación me está convirtiendo en una demente!

Bella me lanzó una sonrisa simpática.

—Bienvenida a mi mundo.

Cuando regresé a la fiesta fue para descubrir que Emmett había conseguido ponerse sorprendentemente ebrio, pasmosamente rápido.

Nunca bebió hasta el punto de estar ebrio, y mientras la noche avanzaba, lo poco que Edward había hecho para tranquilizarme fue arrasado por el estado en que Emmett terminó. Eleazar tuvo que ayudarme a ponerlo en un taxi y luego ayudarme a subir al apartamento con él. Me despedí de Eleazar y Victoria, despojé a Emmett de su ropa, coloqué agua y aspirina al lado de su cama, y me metí al lado de él para quedarme y asegurarme de que estaba bien.

No dormí.

Me sentí como si estuviera de pie en la cima del edificio más alto del mundo, mirando todo lo que el mundo tenía para ofrecer, esperando por esa ráfaga de viento por venir que me derribaría, arrancándome de la mejor vista que he tenido.

Cuando volví la cabeza en la almohada para estudiar a Emmett durmiendo, una parte de mí pensó que lo odiaba un poco. Lo odiaba por hacerme amarlo tanto y por hacerme sentir esta terriblemente incertidumbre. Me había pasado toda mi vida adulta dependiendo de los hombres en busca de seguridad financiera, y ahora lo había cambiado por Emmett.

Había pensado que lo estaba haciendo por las razones correctas, pero me pareció que había cambiado la seguridad financiera por la seguridad emocional y el riesgo no había valido la pena.

Segura de que el idiota ebrio estaría bien, me levanté de la cama y me puse mis botas. Tal vez debería tratar de depender sólo de mí por un tiempo.