Capítulo 25
Decisiones…
Sakura despertaba después de vivir una de las más tristes noches de su corta vida. No sólo había perdido a una amiga sino también creía que había sido engañada. Le dolía la cabeza y le ardían los ojos, seguramente por haber llorado tanto tiempo.
Miró a su alrededor y notó que aún se encontraba en el departamento de Syaoran; había pasado toda la noche dormida en el sofá. Rápidamente, y mientras su cuerpo se lo permitía, recogió su ropa para luego buscar a su profesor. Pero él ya se había marchado desde muy temprano, sólo dejando una nota:
"Estaré en el laboratorio del instituto todo el día. Necesitamos hablar, te veré después de clases.
Syaoran"
Una sensación de soledad volvió a envolverla. Las palabras "necesitamos hablar" nunca le trajeron buenas noticias, ya había vivido suficientes romances cómo para saber que eso no eran buenas noticias. Lentamente salió de departamento para ir a sus clases, a las cuales no tenía ánimos de asistir.
En esos momentos, en la mansión a las afueras de la ciudad, la pequeña Tomoyo estaba sentada sobre su cama, en su habitación, pensativa. Aún no salía de su asombro al enterarse de que la persona que había elegido para acompañarla toda la eternidad fuese también un vampiro, y lo peor ¡qué no se había dado cuenta! Se sentía sumamente humillada.
Para la joven amatista sólo había un culpable: Syaoran Li. Y tomaría revancha de él, con lo que más estimaba.
Habían pasado un par de horas desde el comienzo de las clases en el instituto Seijô y ahora, como todos los días, los jóvenes alumnos se disponían a disfrutar de un receso en sus actividades. Pero una chica no tenía la mente en descansar ya que en su cabeza rondaban demasiadas preguntas y preocupaciones. Sus pasos la guiaron hasta el laboratorio de química donde se encontraba su profesor, Syaoran, trabajando.
-Pasa, Kinomoto –dijo el joven vampiro al escucharla entrar.
-¿Qué pasa, Syaoran?
-Hoy te voy a enseñar a hacer la poción.
Sakura se quedó en silencio.
-Una vez que la aprendas serás libre –continuó-, ya no tengo nada más que enseñarte.
Una lágrima solitaria rodó por la tibia mejilla de la chica. Ya presentía lo que más temía.
-Ya eres lo suficientemente fuerte para vivir bebiendo la sangre de animales –explicó Li, sin ver a su alumna-. Ya no me necesitas.
-No…
Sorpresivamente la triste muchacha abrazó fuertemente a su maestro. No podía seguir soportando tanto sufrimiento: él de no estar con la persona que más quería.
-¿Kinomoto? ¿Qué estás haciendo? –preguntó el vampiro sorprendido.
-No… no quiero que me dejes –murmuró Sakura ya sin poder contener sus lágrimas.
-Kinomoto, sabías perfectamente que algún día nos deberías separar.
-Pero yo no me esperaba enamorarme de mi maestro.
Aquellas palabras impactaron fuertemente en la mente de Syaoran: Sakura le estaba confesando sus sentimientos. Giró su cabeza para poder verla y, por un instante, apareció el rostro de su fallecida esposa, Ying Fa. Entonces él notó el extraordinario parecido entre su mujer y Sakura.
-¿Estás hablando en serio? –preguntó Li aún sorprendido.
-Sí… la persona más importante para mí, eres tú –murmuró la chica entre llantos.
-Sakura, yo aún amo a mi esposa.
-Lo sé pero… no puedo evitar lo que siento por ti.
Lentamente la chica de ojos verdes se separó de su protector bajando su mirada. Se sentía terriblemente avergonzada por aquel acto tan inesperado. Su profesor la miraba fijamente, su rostro tenía una expresión muy seria, demasiado, se diría, no podía saber ella si Syaoran estaba molesto con ella o no.
-Perdóname, yo no debí… -murmuró Sakura en un suspiro, mostrándose muy avergonzada.
-Esta noche iré por Eriol –relató el joven-, y después de casi doscientos años podré tomar la vida de quien asesinó a Ying Fa.
-Pero si tú vas, puedes morir –exclamó la chica asustada.
-Eso es algo que ya asumí.
La campana resonó fuertemente, marcando el final de receso. Los alumnos retornaron a sus respectivas clases.
-Después de clases te enseñaré a preparar la poción –dijo el maestro antes de salir del salón.
Y así, Syaoran salió del laboratorio dejando a una Sakura con el corazón destrozado. Le confesó sus sentimientos a la persona que más quería y había sido rechazada por él. Quería llorar, gritar y arrancar su corazón para estrellarlo contra la pared para dejar de sentir ese dolor en su alma. Pero eso no era posible, lo amaba demasiado.
En otro lado de la ciudad existía otra muchacha con el alma destrozada: Tomoyo camina dentro de la mansión, la cual estaba completamente protegida de la nefasta luz del sol. Se adentró en lo más profundo de su hogar con la única idea de terminar con la vida de quien le enseñó a Syaoran a combatir. Lentamente, entró en el calabozo donde se encontraba Eriol encadenado.
-No esperaba tu presencia –murmuró Eriol irónicamente-. ¿A qué se debe este honor?
-Tu discípulo me ha quitado lo único que realmente he deseado… -murmuró la joven con ira mientras desplegaba sus garras, tan filosas como unas espadas-. Ahora yo le quitaré lo que él más estima…
-Entonces, vienes a matarme.
-Prepárate.
La enfurecida Tomoyo se lanzó en un feroz ataque en contra del maestro de Syaoran. Pero en el instante en el que parecía que las garras de la vampiresa lograban su objetivo, los ojos rojos de Eriol se enfocaron en la muchacha, obligándola a detenerse a centímetros de su blanco. La amatista dio un salto hacia atrás y trató de comprender lo que le había pasado.
-Tú no eres cómo los demás ¿Qué haces sirviendo a Lilith?
-¿A qué te refieres? –preguntó la chica aún confundida.
-Tú tienes un aura especial pequeña, eres demasiado humana para ser una simple sirvienta –explicó Eriol calmadamente-. Tú puedes ser más si lo deseas.
-Yo… yo sólo quiero servir a mi ama… -contestó Tomoyo dudosamente.
-Si es así ¿Por qué dices que Syaoran te quitó lo único que deseabas?
Tomoyo se quedó en silencio, y, sin darse cuenta había guardado sus garras. El maestro vampiro, entonces, la miró, como si pudiese verle el alma.
-Ya lo entiendo, te has encariñado con la joven alumna de Syaoran
La muchacha de ojos azules lo observó con asombro; eran tan evidentes sus sentimientos por la chica Kinomoto.
-Pero… ¿cómo lo sabes?
-Syaoran me contó sobre su pequeña alumna –relató Eriol sonriéndole-, ella es especial, tal como tú.
-¿Cómo yo?
-Sí, la humanidad de Sakura es muy fuerte –contestaba-, como la tuya.
Tomoyo se quedó en silencio, intentaba pensar en aquellas palabras que la confundían.
-Pero… ¿cómo puede ser eso? –preguntó la chica de ojos azules muy perturbada-. ¿Cómo es posible que Sakura aun siendo vampiro, sea tan humana?
-Porqué Sakura eligió ser vampiro desde el fondo de su corazón.
Eriol explicó que en muy raras ocasiones, si un humano elige ser convertido en vampiro por amor, conservará su humanidad intacta.
La joven amatista recordó, en ese instante, el momento cuando ella se había convertido en vampiro: cuando aun era una dulce doncella adorada por su familia y que, deslumbrada y seducida por la siniestra Lilith, decidió tomar la vida inmortal. Ella también había elegido ser una hija de la noche por su propia voluntad. Ella, a igual que Sakura, lo había hecho por amor.
-Si quieres –dijo Eriol-, puedo enseñarte a tener una vida más humana.
Lentamente, la vampiresa se alejó de Eriol hasta desaparecer entre las sombras del calabozo. Las palabras del maestro de Syaoran resonaron dentro de su cabeza durante todo el día. ¿Era posible tener una vida humana siendo vampiro? Antes jamás lo hubiese imaginado, pero eso fue antes de conocer a Sakura.
