Capitulo XXV
El hanyō de orejitas se acomodó bien el hatama, luego vio de nuevo a Naraku y ofreciéndole su mano, dijo:
–Vamos.
El pelinegro no pudo evitar la sonrisa que se formó en sus labios ante la madura forma de comportarse del cachorro.
Con paso firme y mostrando que se apoyarían en ese trance...los dos hanyō arribaron al salón y tocaron pidiendo audiencia. La voz de Sesshōmaru dio permiso y ellos traspasaron las puertas, cerrando después. Los ojos de los dos que serían juzgados, recorrieron la estancia y notaron para su serenidad que el Lord estaba a solas.
Sesshōmaru se irguió sobre los cojines en los que estaba sentado y llamó a esos dos con un movimiento de mano para que se acercaran. InuYasha avanzó y se colocó estratégicamente frente a su aniki en medio de este y Naraku.
Sesshōmaru notó ese ademán y se preguntó que planeaba su hermano. Como no deseaba alargar el momento, el Dai-Yôkai comenzó a hablar.
–No quiero tomarlos por tontos y mucho menos quiero creer que pensaron eso de mí...
–¡No, jamás aniki!
Interrumpió exclamando InuYasha.
–Ya, que bien, eso de verdad no me hubiese agradado. En ese caso espero la explicación del motivo que los llevó al bosque de Royakan.
Naraku se removió inquieto y detuvo al pequeño que estaba a punto de responder, no podían iniciar por el final de la historia, Sesshōmaru debía saber todo desde un principio.
–Esto se remonta a hace años... en el primer viaje en el que llevamos a InuYasha.
–¿En la aldea de cazadores y donde se encontraba a la Shikon no Tama?
–Si mi Lord.
–Continua.
–Ese día solo él y yo pudimos entrar a la aldea, pues la barrera estaba especializada en detener yôkais y nuestro mestizaje sirvió. Cuando estuvimos en el pueblo notamos que había un festival y que los humanos iban disfrazados de...
–De Yôkais. –concluyó nada contento el Lord.
–Si. Y yo aniki, me veía como uno de ellos disfrazado… –dijo el pequeño, pero se detuvo al ver el gesto de molestia en las facciones de Sesshōmaru.
–No eres como ellos, ellos son débiles y salvajes. –increpó el mayor de los hijo de Inu-no-Taisho al menor. Sesshōmaru no estaba enojado con su hermano, pero eso de que este se sintiera parecido a los humanos no le agradaba.
El de orejitas asintió y optó por no intervenir hasta que fuese su turno. El capitán Inu prosiguió:
–El bochan conoció a un par de niñas humanas... –Sesshōmaru miró de reojo a InuYasha– y estas no le dieron importancia su aspecto, creyendo que...
–Comprendo, continúa –interrumpió el lord fastidiado porque esa historia redundaba en el origen nada agradable (para Sesshōmaru) del de orejitas.
–Bueno, pues...
Decía Naraku cohibido. InuYasha miró a su aniki y agregó.
–Ellas fueron amables y me sonrieron...
Sesshōmaru frunció el ceño al comprender que su otouto agradeció ser aceptado por estas y eso le preocupó de sobre manera, por lo que explicó a su modo...
–InuYasha no necesitas ser reconocido ni estimado por los humanos, eres un hanyō y perteneces al Ichizoku Inu. No solo eso, eres el bochan de este...
–Lo se aniki, pero... yo... yo... –El temblor en el cuerpo del cachorro se notaba, mas también el valor de este para continuar–... me agradaron y cuando fue el ataque de la tribu de los gatos, yo le rogué a Naraku que vigilaremos que ellas estuvieran bien.
El Lord de incorporó y caminó por el lugar, buscando paciencia y una pequeña apertura en su férreo orgullo para no enfurecerse por esos gusto vulgares de su hermano. Por fin Sesshōmaru cuestionó:
–¿Hicieron algo por su bienestar?
–No mi lord, solo las vimos...
Sesshōmaru se tranquilizó un poco y se quedó en silencio, esperando a que llevaba todo esa historia e InuYasha continuó.
–Yo… quería verlas de nuevo…, pero –se justificó el menor– no hice nada más que decirle a Kōga y es que sabía que nadie me llevaría a verlas...
–Ahora veo, ese lobo se las arregló para saber su paradero. –agregó el Dai-Yôkai, por un lado le pareció interesante que Kōga hubiese hecho todo eso por InuYasha y por otra parte vio mal que este le hubiese facilitado al hanyō que viera a esas humanas.
–Sí y me llevó al camino, por donde las vio pasar.
–Él no podría salir tan lejos... –comentó el de cabello plata.
Naraku relató esa parte en la que las coincidencias los llevaron a seguir a ese grupo de humanos por el camino antes referido y como nunca esperaron llegar al bosque de Royakan.
–… Y de hecho yo como capitán no pude proveer que los Shichinintai estuviesen por aquel lugar.
–Eso no podían saberlo. –calmó el Lord. Luego continuó con su conclusión según lo explicado– Por lo que veo esa relación con el bochan de Ôkami solo ha traído desobediencia, veré que el compromiso se rompa sin que lo haga la alianza y ya no tendrás que...
–¡No aniki! ¡Prometo portarme bien, pero no me descomprometas con Kōga! –reaccionó el hanyō de orejitas al comprender lo que su aniki decía.
El lord se giró a ver al hanyō y a este ya le brillaban los ojos por lágrimas mal contenidas.
–Interesante palabra InuYasha –casi sonrió él mayor– ¿Sabes lo que significa ser el prometido de Kōga?
–Si. –dijo muy seguro el pequeño.
–Explícamelo como si yo no lo supiera. –exigió el mayor de los hermanos.
–Es que seas muy, pero muy amigo de esa persona y que puedas salir a todos lados con él y que de vez en cuando... les des besitos de recompensa… –Sesshōmaru no pudo parecer más feroz ante la última parte relatada por el hanyō y este al verlo tan enojado consideró que se equivocó por lo que preguntó– ¿No es así?
Naraku tragó saliva esperando la reacción del Lord. Mas este tuvo que usar todo su autocontrol, pues si permitía que el enojo lo controlara, iría a matar a ese abusivo lobezno y los del Ôkami no estarían muy felices. Por eso Sesshōmaru se calmó y respondió.
–Lo de los... besitos –masculló el de luna en la frente– no es parte del acuerdo, no hasta... que cumplas cien años.
–Oh, si aniki lo dice, así debe ser..., Bueno, pero no me alejaras de Kōga, verdad aniki.
Sesshōmaru avanzó hacia los dos hanyō y aseguró a estos.
–Debería de darles un escarmiento estricto. Por menos que desobedecerme o mentirme, he exiliado a mis Inu, pero...
InuYasha no esperó a lo que su hermano diría y se lanzó a este, aferrándose del pantalón blanco.
–¡No me corras, aniki! ¡Si ya no puedo ser bochan, prometo ser un buen soldado o lo que quieras, pero no me corras!
Sesshōmaru negó con la cabeza y alzó al dramático cachorro en brazos.
–No te exiliare, pero… y esta es una orden de tu Lord y no de tu hermano... Jamás buscarás de nuevo a esas humanas.
InuYasha que se encontraba escondido en el cuello de Sesshōmaru asintió vehementemente.
–Ahora deja de llorar y ve a practicar con Tessaiga, tu castigo será hacer guardia todos los días con el equipo de… ¿Quién está en turno?
Naraku respondió
–Kuro, mi lord.
–Te unirás a la ordenes de Kuro ¿comprendes?
–Si aniki –murmuro InuYasha y como ya estaba muy tranquilo y sabedor que el Lord lo seguía queriendo, cuestionó– ¿Por qué yo no tengo más espadas? Tú tienes muchas.
El de Luna en la frente bajó al hanyō de orejitas y lo llevó fuera del salón, dirigiéndose al patio del palacio, ambos seguidos por Naraku...
–Las mías las he conseguido derrotando a mis rivales y la que me heredó nuestro padre. Cuando tú seas capaz de combatir contra yôkais fuertes, tu espada crecerá contigo y... –Sesshōmaru consideró que era hora de decirle al pequeño–... la Tenseiga algún día será tuya o más bien se unirá a Tessaiga.
–¡¿De verdad?!
–Así es, yo solo la estoy acoplando para que algún día la puedas usar.
–Oh… ¿Y podré revivir a los muertos?
Sesshōmaru sonrió de lado...
–Eso lo decidirá tu fuerza de Yôkai. –Sesshōmaru pensó que era hora de hacer comprende un poco a su hermano– Más recuerda que somos los Rīdā del Ichizoku Inu y como tales es nuestro deber proteger a los nuestros y eso incluye enfrentarnos a los humanos si es necesario y... matarlos.
InuYasha tomó aire y asintió firmemente, sabía –a pesar de su poca edad– que todo un clan dependía de ellos.
–Seré fuerte.
–InuYasha –llamó el mayor y el pequeño concentró su atención en él– todo lo que te he enseñado, algún día deberás enseñarlo a mi hijo... ¿lo harás?
InuYasha rió divertido y muy orgulloso aseguró mirando a si aniki y a Naraku –que estaba sonrojado.
–¡Si lo haré aniki! ¡Y me dirás como está dentro de Naraku y por qué!
Naraku se sonrojó hasta las orejas. Luego de eso el pequeño cruzó los últimos pasillos, corriendo con dirección al patio donde se reunió con los soldados y capitanes pidiendo que le ayudaran a entrena antes de salir con el grupo de Kuro.
Sesshōmaru salió poco después a la duela que daba al patio, recargándose en el barandal de madera y Naraku se acercó a su vera.
–Estoy seguro que esas niñas son las que poseen el poder espiritual para sellar demonios y por eso manejan la Shikon no Tama.
–¿Lo cree?
–Si lo creo. Cambiar el pasado ya no se puede, pero te necesitó para que mantengas alejado a InuYasha de ellas y por supuesto a los del clan, tú conoces su físico; no las quiero ni lejos de nosotros, pero… perdonare su vida por él –dijo el Lord señalando al hanyō de orejitas que corría a lado de los soldados.
–Lo haré. –Naraku se removió y agregó– ¿Mi castigo…?
–Mi hijo necesitara de toda tu fuerza para crecer fuerte… eso te debilitará físicamente… ¿Qué más castigo quieres?
–Eso no será castigo… –Naraku acarició su vientre aun plano. Sesshōmaru pareció feliz por el gesto y el hanyō pelinegro aprovechó– Tengo mucha hambre, me comería un jabalí si pudiera…
El de luna en la frente pareció no escuchar, más se incorporó y llamó a un par de soldados...
–Traigan un jabalí, lo quiero para la comida.
Los soldados asintiendo y corrieron fuera del palacio, saliendo veloces rumbo al bosque. InuYasha vio el dúo y corrió detrás de ellos pidiendo ser incluido en la cacería, exclamando…
–¡Quiero mostrarle a Kōga que yo también cazo!
Sesshōmaru sonrió ante la hiperactividad de su otouto. Naraku sintió como el Lord lo tomaba de la mano y bajó con él hasta el patio. Sesshōmaru llamó con un movimiento de mano y Jaken, que siempre estaba cerca, corrió:
–Reúne al clan.
–Si amo bonito. Amito… ¿es por lo del heredero?
Sesshōmaru asintió. El yôkai sapo obedeció de inmediato y poco tiempo después todo el clan de Inu se reunió en el patio y con eso el Dai-Yôkai, inició con su disertación:
–Un clan poderoso es el nuestro y con dos Rīdā… InuYasha no era esperado, pero está aquí y es mi hermano, su fuerza no puede ser cuestionada, considerando su herencia, él puede ser el próximo Dai-Yôkai, pero por su compromiso con el Rīdā del Ôkami eso podría no ser posible, aun no lo sabemos, sin embargo… mi herencia no se perderá… porque pronto tendré un heredero –El Clan miró asombrados al Lord y como este colocaba al capitán hanyō a su lado– Naraku es mi pareja y el gestante de mi hijo.
Todos sabían la condición de Naraku como hanyō y por esos la noticia era más que sorprendente por lo que con esa muestra a nadie le quedó duda del poder de Sesshōmaru-sama, al poder fertilizar a un varón y aparte de eso, hanyō.
Los Inu estuvieron felices de la noticia, aunque ciertas dudas se anidó en el corazón de los concejeros y esa era… ¿Qué tan fuerte podría ser el heredero? ¿Y si sería digno nieto del General perro? No en vano el gestante era un hanyō.
Naraku ajeno a esos pensamientos, estaba que no cabía de orgullo por ser reconocido y presentado como pareja del Lord.
…
Mil gracias por comentar y seguir leyendo:
sakura1402, dnanne, Alba marina, Ying Fa Malfoy de Potter, Lunatica Drake Dark, Aome-Hime, Guest -Muy emocionante la reunión jejeje-, kane-noona y Eimi Romane.
