Capítulo 25...Meriak contra Beruche.
Las chicas a requerimiento de Rei, se habían reunido en un parque del barrio de Yuuban. Pasearon un rato a sugerencia de Minako para alejarse del gentío que lo llenaba aquella agradable y soleada tarde. Fue Makoto quien, tras haber andado unos minutos, las instó a tomar asiento en unos bancos. Así, quiso saber dirigiéndose a su morena compañera.
-Bueno. Tú dirás. ¿Qué es lo que ha sucedido?
La sacerdotisa les contó la historia, incluyendo la negativa a prestar ayuda de su amiga común. Las demás apenas si podían mirarla con la boca abierta. Había una mezcla de incredulidad, pesar e incluso indignación. Aunque fue Ami la que tomó la palabra en primer lugar para defender a la ausente.
-Escuchadme chicas. Está claro que las apariencias nos juegan una mala pasada. Conocemos a Usagi de sobra. Si ella pudiera hacer algo no me cabe la menor duda de que lo haría. Es la que más sufre cuando ve injusticias o cuando están en peligro personas inocentes.
-A mí tampoco me cuadra.- Convino Minako, aunque quiso matizar.- Sin embargo, es cierto que actúa de un modo muy extraño. Esas visiones, sueños o lo que sean que tiene. Esas cosas que ella parece saber antes de que se produzcan.
-Es lo mismo con Mamoru.- Añadió Makoto.- Muchas veces parece que él y Usagi estuvieran a millones de kilómetros de aquí.
-Si.- Asintió Venus. - Artemis también me ha comentado que ve a Luna comportarse de forma muy rara. Elude cualquier pregunta que tenga que ver con estos temas.
-Parece que tuvieran una especie de pacto de silencio- concluyó Rei.-
-Chicas, por favor- las pidió Ami haciendo un espacio con ambas manos.- No saquemos las cosas de quicio. Sus razones tendrán. Nos han ido informando de cosas. Hasta la fecha cuando hemos debido acudir en defensa de nuestras amigas lo hemos hecho.
-No en este caso precisamente.- Objetó Rei con visible contrariedad.-
-No se puede prever todo. Ha sido una terrible desgracia, pero. ¿Qué podríamos haber hecho?- La inquirió su contertulia.- Ti misma nos lo has dicho. Usagi te confió que iba a suceder algo pero que ignoraba exactamente cuándo y el qué.
A su pesar Rei tuvo que asentir. Tampoco podían estar vigilando a sus amigas a todas horas. Fue Makoto la que terció para declarar.
-Y además, está ese misterio de Hokkaido. Esas malditas oleadas de objetos, y esos extraños contra los que nuestras compañeras del Exterior han debido enfrentarse. Pudiera ser que Usagi y Mamoru, o mejor dicho, Serenity y Endimión, estuvieran al tanto de algo más y por eso no nos podamos permitir el lujo de dejar Japón desprotegido.
-¿Insinúas que podría haber una invasión en marcha?- Inquirió Minako.-
-Hasta ahora aquí hemos sido capaces de controlar la situación. Esos demonios ya no aparecen. Al menos desde hace una temporada.- Convino Rei que enseguida pareció desdecirse al sentenciar.- Aunque también allí llevaban bastante tiempo tranquilos hasta que ha pasado esto.
-La cuestión es. ¿Cuál de los dos frentes es el importante?- Se preguntó Ami en voz alta.-
Ninguna sabía que contestar a eso. Pudiera ser que uno de los dos fuese simplemente una distracción para dividir sus fuerzas. O ¿qué pasaría si los atacantes fuesen enemigos distintos entre sí?...Debían de admitir que la cuestión era de difícil respuesta. Por tanto, Makoto sonrió débilmente para añadir.
-Yo confío plenamente en Usagi y en Mamoru. Quizás sea por estas razones por las que se ven obligados a actuar así.
-¡Ojalá tengas razón! – Suspiró Rei.-
-Ante todo debemos permanecer unidas.- Declaró Minako.- Si hay disensión entre nosotras a buen seguro que nuestros enemigos lo aprovecharán en su beneficio.
-Sería buena idea que nos reuniésemos todos y tratar de que Usagi y Mamoru nos cuenten algo más.- Comentó Ami que matizó de inmediato.- En lo que les sea posible y sin presionarles.
Sus compañeras asintieron. Tras eso departieron unos minutos más y retornaron por el camino que habían tomado, para luego despedirse volviendo cada una a sus ocupaciones. Entre tanto en Norteamérica, en la clase de los chicos tocaba educación sexual, la asignatura favorita de Roy. Pero últimamente se tomaba las clases prácticas con más tranquilidad pues estando enamorado de Bertie no quería hacer nada que la pudiera molestar. Uniendo a eso además, su tristeza por lo sucedido con su amigo. De todos modos la señorita Singleton, su profesora en esta asignatura, no inspiraba mucho. Era delgaducha, fea y de por lo menos sesenta años. Eso sí, entró acompañada de una preciosidad rubia y de profundos ojos azules a la que se dispuso a presentar en la clase. Una vez hubo acallado los murmullos del personal masculino del aula.
- Ésta es la señorita Marlene Caín - anunció la profesora. - Vendrá a clase hasta el final del trimestre por intercambio. Espero que sean ustedes corteses con ella y la ayuden a adaptarse,- de inmediato se escuchó un coro de sí, si... entre los chicos. -
- Encantada de estar aquí - saludó tímidamente la recién llegada, inclinando graciosamente la cabeza. -
La profesora le señaló un lugar libre en la clase y esa muchacha lo ocupó yendo precisamente a sentarse junto a Beruche y Roy, dedicándole a éste una mirada muy inquisitiva e interesada.
- Esa chica no me gusta nada,- le susurró Bertie a su compañero dándose cuenta de ello. - ¿Has visto cómo te mira?
-¿Acaso estás celosa?,- sonrió él divertido ante esa circunstancia. -
-¿Yo?- negó ella torciendo el gesto para replicar de forma digna. - ¡Qué tontería! Sólo digo que no te quita los ojos de encima.
- Y que le voy a hacer si soy tan guapo. ¡Ja, ja, ja! - se pitorreó Roy.-
Lo cual no gustó precisamente a Beruche que le dedicó una mirada de visible contrariedad, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado.
-Deja de portarte como un crío.- Le amonestó.-
-Bueno cubito, no te enfades, sólo era una broma. - Se excusó él obteniendo un gesto indiferente por réplica. -
Sin embargo, parecía que el joven no iba muy desencaminado. Al final de la clase Marlene no perdió la oportunidad y saludó a Roy. Lo cierto es que la mirada de esa joven era muy penetrante y captaba su atención. Casi parecía que le embrujase…
-Encantada.- Sonrió ella.- Soy Marlene.
-Robert Malden, pero mis amigos me llaman Roy.- Se apresuró a replicar él sonriendo estúpidamente para casi tartamudear.- Me alegra conocerte.
Bertie miraba aquella escena con los ojos entornados. ¿Qué le pasaba a Roy? Parecía una especie de adolescente vergonzoso en presencia de esa chica. Pero no tuvo más remedio que pasar eso por alto y presentarse con tono desapasionado y algo seco.
-Malinde Beruche. Es un placer, espero que tu estancia aquí se agradable y provechosa… en los estudios.
-Eso deseo yo también.- Le sonrió aquella joven dedicándola una inquisitiva mirada.-
La muchacha les contó que venía de Inglaterra y que estaba preparando un curso de posgrado. Bertie mientras tanto notó que la piedra de su collar parpadeaba, pero pensó que debía ser por alguna otra causa, ya que por allí no había indicios de demonios. Además, no se iluminaba por completo como solía hacer. Estaba desconcertada. ¿A qué se debería? En eso pensaba en tanto aquella recién llegada le preguntaba a su compañero.
- Así que tú eres una estrella aquí ¿verdad?
- Bueno,- repuso modestamente él rascándose la cabeza. - Algo así, tampoco hay que pasarse, soy conocidillo nada más. ¿Y tú hace mucho que has llegado? - Quiso saber a su vez para desviar el tema. -
- Hace tan sólo una semana, aun no me he adaptado al modo de vida de por aquí. – Dejó caer ella con un tonillo bastante insinuador. - Si alguien me la enseñara…
-¿Enseñarte el qué?,- inquirió Roy curioso.-
- La ciudad, claro - sonrió Marlene de forma muy melosa. - Ya sabes, unos largos paseos en compañía de un chico de aquí.
El muchacho no podía disimular su cara de sorpresa e incluso satisfacción. Esa preciosidad se le había insinuado nada más llegar, ¡todo un nuevo récord! ...y esos ojos tan bonitos, es que no podía dejar de mirarla…
- Roy, debemos ir a la biblioteca.- Intervino Beruche que se ponía roja de enfado por momentos. - Ya sabes, a estudiar, como habíamos quedado.
El chico la observó ahora desconcertado y trató de rebatir...
-¿Qué? , pero si hoy n...- Sin dejarle concluir la frase, ella le agarró de un brazo tirando de él y se lo llevó casi a rastras ante su asombro, sin dejarle apenas añadir. - ¡Cubito! ¿Pero qué…?
- Perdona,- le dijo Beruche a Marlene dedicándole una sonrisa bastante cínica. - Pero tenemos mucho que hacer y en privado. Adiós...
La recién llegada se quedó observando cómo se alejaban esos dos, sonriendo de forma maliciosa.
-Así que esa monada es una de las justicieras, no parece gran cosa, pero el chico está muy bien. ¿Será él el Guerrero Dorado? Me cuesta creerlo, he podido controlarle con suma facilidad. Más bien parece un humano corriente. De todos modos debo informar a mis superiores - y recogiendo sus libros sin prisa se marchó del aula. -
Roy seguía siendo llevado por el pasillo hasta que harto de aquello se plantó y Bertie no pudo moverlo ni un milímetro.
-¿Se puede saber qué te pasa? - Le preguntó él sorprendido. - Nunca te habías comportado de una forma tan rara. ¿Qué tienes en contra de esa chica?
- ¡No me gusta! - repuso su interlocutora con sequedad. - Tengo una corazonada, no me parece de fiar.
-¡Oh vamos!- se rio Roy alegando - acaba de llegar, no conoce a nadie y sólo trata de hacer amigos. No hay nada raro en eso.
- Pues a mí no me inspira ninguna confianza, y si quieres hacerme un favor, no te acerques a ella. Y no te la quedes mirando como si fuera un postre. Es de mala educación. - Sentenció Bertie sin demasiada amabilidad. -
Su interlocutor la observaba atónito. Ya se había dado cuenta de que su compañera podía ser muy obstinada, así que lo dejó correr.
- Anda, vamos a tomar algo, te invito a un café y no te pongas así, mujer.- Le propuso él con tono conciliador. - Desde luego Bertie es todavía bastante más arisca que la propia Melanie cuando se enfada por cuestiones de mujeres. - Pensó el muchacho. – Será algo que te imaginas…
Y mostrándose conciliador se la llevó pasándole un brazo por los hombros mientras ella le soltaba una perorata larguísima según se perdían por el pasillo.
- No es que me importe mucho, pero hay algo en ella que...- decía, mientras Roy asentía mecánicamente sin hacer demasiado caso.-
Durante aquel día Tom estaba en rehabilitación. Cooan había insistido en acompañarlo, aunque a él no le hacía mucha gracia, pero lo había dejado estar. Por tanto Roy y Bertie estaban solos en la cafetería de la facultad tomándose un batido. Habían charlado de varios temas dejando de lado aquel incidente de la mañana. La propia Beruche parecía más tranquila hasta que observó aproximarse a la nueva, pero la vio acompañada por un chico al que no conocían.
- Hola, que os aproveche - les abordó Marlene con mucha simpatía. -
-¿Has venido a comer?,- le preguntó Beruche de forma fría. -
- Si, con mi novio - señaló al chico, alto, de pelo castaño y ojos claros al que presentó. - Este es Walter. También está de intercambio.
-¿Qué tal?,- saludó el muchacho dándole la mano a Roy. -
-¿Acabas de llegar?,- le preguntó él tratando de ser cortés. -
- Si, y me gustaría visitar las instalaciones deportivas. Soy aficionado al baloncesto, y me han comentado que tú eres el mejor de aquí en eso. Si no te es mucha molestia desearía ver donde jugáis.
-¡Ah claro!,- asintió Roy bastante halagado por su fama deportiva además de la otra de conquistador que tenía ya extramuros... - en cuanto terminemos de comer, te acompaño a verlas.
-¡Estupendo! - Replicó visiblemente complacido aquel chico. -
- Mientras tanto, nosotras podríamos hablar - propuso Marlene dirigiéndose a Beruche de forma muy amable. -
- No sé si tendré tiempo.- Objetó ella como disculpa - debo volver a mi cuarto para estudiar.
- Podemos hablar mientras regresamos, mi habitación está cerca – insistió esa joven. – Pero puedo acompañarte a la tuya.
Y Beruche tuvo que ceder. ¿Para qué querría hablar con ella esa chica? Quizás se hubiera precipitado en juzgarla y ésta tuviera interés en aclarar las cosas. De todos modos lo primero era el almuerzo y ella se sentó junto a compañero. Ambos comieron siendo vigilados a escasa distancia por esa extraña pareja que hizo lo propio.
-¿Lo ves cubito?- le susurraba Roy en tanto almorzaban.- Ya te lo dije, simplemente quería hacer amigos. Si tiene aquí a su novio y todo.
La interpelada suspiró. En esta ocasión parecía que su compañero llevaba razón. No iba a pasarse de obstinada y asintió. De hecho ahora se sentía algo violenta y envarada. Quizás había dejado que los celos la dominasen, aunque había algo que no terminaba de gustarle de esa muchacha. De todos modos lo dejó correr y al terminar la comida Walter se acercó dispuesto a recordar la promesa que Roy le había hecho.
- Nosotros nos vamos a ver la cancha - dijo él levantándose de buen grado - luego nos vemos Bertie.
En cuanto los chicos se alejaron Marlene se llegó hasta Beruche explicándole con un tono conciliador.
- Mira, sé que tú y yo no hemos empezado demasiado bien. Si es por tu novio, no te preocupes, yo ya estoy acompañada. Él no me interesa en ese aspecto. Espero que te hayas dado cuenta que Walter y yo vamos juntos. De verdad que no quise que me mal interpretases. Solo quiero amigos para adaptarme y una buena amiga no me vendría nada mal.
Beruche se quedó pensativa y se levantó.
- Quizás te deba una disculpa - reconoció la interpelada sonriendo por fin para proponerla más distendida. - Acompáñame y hablaremos.
Bertie se dirigió hacia su habitación seguida por Marlene que sonreía maliciosamente. La justiciera no se daba cuenta de que, en esta ocasión, su piedra se iluminaba cada vez más. Llegaron por fin al cuarto de la anfitriona que invitó a la chica a pasar. Ésta no se lo hizo repetir, cerró la puerta y la nueva tomó una mano de su compañera de forma muy insinuadora.
- Perdóname por haberte mal interpretado,- dijo Bertie algo cohibida - pero es que Roy y yo.
- Claro, claro, no te preocupes cariño, lo comprendo.- Sonrió Marlene que la estaba acariciando descuidadamente un brazo. -
-¿Qué haces? - Le preguntó la sorprendida muchacha mientras se retiraba suavemente de ella. -
Su interlocutora suspiró llevándose las manos a la espalda y dio una vueltecita sobre sí misma para encarar nuevamente a Beruche.
- En realidad - susurró Marlene acercándose hasta ella pausadamente - sólo pretendía llamar tu atención. Esto no me había sucedido nunca y me siento un poco confusa.
-¿Sucederte qué? ¿Acaso estás enferma?- Le inquirió su interlocutora con inquietud. -
- No, no es eso. -Sonrió Marlene aproximándose aún más hacia ella, de modo que Bertie comenzaba a sentirse violenta en tanto su invitada añadía con un jadeante susurro. - Te voy a confesar algo, a mí no me gustan los hombres. Digo que Walter es mi novio para guardar las apariencias, ya me entiendes.
Le guiñó un ojo a la atónita muchacha que apenas si podía dar crédito a lo que oía, aunque de todos modos eso no era tan infrecuente. Lo que si la dejó clavada fue escuchar como aquella chica le decía, acariciándola suavemente el mentón mientras lo hacía.
- ¿Sabes que eres muy bonita? Me gustas…me gustas mucho y percibo algo muy raro en ti…
Y antes de que su conmocionada condiscípula pudiera reaccionar, Marlene trató de besarla pero ésta se apartó desviando su boca de los labios de su acosadora por milímetros.
- Oye, lo siento mucho - balbuceó Beruche colorada de vergüenza. - Pero yo no soy de esa clase de chicas…
Marlene se acariciaba a sí misma con gestos obscenos, aproximándose a su interlocutora a la par que le insistía...
- Me has gustado desde el primer momento que te he visto. ¡Vamos, no seas tonta! Podemos pasarlo muy bien juntas y nadie se enteraría. Tú puedes seguir con tu chico. Incluso proponerle que se nos una. ¡A él le iba a encantar!
-¿Pero qué dices?- Exclamó Bertie visiblemente escandalizada, para replicar tratando de dominarse. - Oye, lo siento, no sé que te has podido imaginar pero te aseguro que no soy homosexual. Y me repugna la idea de acostarme con otra mujer. No quiero ofenderte, pero creo que esto ha ido ya demasiado lejos.
Pero su interlocutora la miró entre divertida y condescendientemente para rebatir.
- Si no lo has probado nunca. ¿Cómo sabes que no te va a gustar? Ya lo verás, lo presiento. Te aseguro que un día tendrás que querer a alguien como yo.- Declaró convencida.-
Entonces sujetó a su presa de un brazo y se aproximó a ella tratando de acariciarle los pechos y besarla pero ésta se zafó golpeándola en el estómago.
- Lo lamento de veras - tartamudeó Bertie disculpándose ante esa reacción instintiva. - No quería pegarte pero comprende que no puede ser.
Marlene cayó hacia atrás doblada sobre sí misma pero en lugar de quejarse se reía. Su vestido azul claro se convirtió en un traje ajustado negro que semejaba un bañador, con una larga capa y botas rojas. Sobre cada uno de sus hombros lucía un tridente. Al erguirse de nuevo sus ojos azules habían pasado a ser rojos y de su boca sobresalían dos colmillos. Siseó a la espantada muchacha que la observaba con incredulidad.
-¡Es una lástima Justiciera!, hubieses podido experimentar el goce que puede dar una succubus antes de morir, es algo inimaginable. Literalmente, habrías muerto de placer conmigo.
-¡Eres un demonio! - chilló Beruche poniéndose en guardia. -
-¡Qué observadora! – río irónicamente la diablesa presentándose en su verdadera identidad. - Soy la súcubos Meriak y voy a acabar contigo. - Y mi falso novio Walter que, en realidad es mi comandante, acabará con tu amigo.
-¡Eso que te lo has creído! - Espetó su antagonista invocando su otra identidad -¡corazón puro del hielo, dame el poder! - gritó transformándose para desconcierto de su oponente que no esperaba esa zarabanda de luces. – Lo vas a pagar…
Meriak se recobró de la sorpresa y Beruche atacó. Intercambiaron una sucesión de golpes, pero la diablesa era más fuerte y agarró a su enemiga por el cuello. Iba a estrangularla pero antes le preguntó.
-¿Dónde está la piedra?
La Dama del Hielo negó entre jadeos y escupió con desafío.
-¡No sé de qué me hablas!
Su enemiga le clavó sus largas unas afiladas en un brazo y ella no pudo evitar un gemido de dolor viendo brotar su propia sangre.
- No juegues conmigo humana. ¿Dónde está la esfera Yalmutud? – Insistió la diablesa de bastante peor modo. -
-¡Jamás te lo diré! Me matarías al saberlo. - La desafió Bertie que trataba de ganar unos preciosos instantes para pensar en algún contrataque...- no creas que soy tan estúpida.
- Querida mía. - Le sonrió falsamente Meriak aflorando sus temibles colmillos entre los labios. - Vas a morir igualmente, pero te aseguro que yo puedo hacer que sea de una forma dulce o terrible. Eso queda a tu elección.
- Y si te digo donde está. ¿Qué me harás?- Le inquirió Beruche con prevención. -
- Por ejemplo esto. - Repuso la diablesa tomando la cara de su rival y uniendo sus labios a los de ella en un prolongado beso. -
Bertie se sentía muy extraña, era como si una gran desazón la recorriera el cuerpo pero pudo aprovechar la circunstancia, puesto que su enemiga había relajado el agarre materializó entonces su espada clavándosela en la espalda. Meriak chilló de dolor y la soltó del todo cayendo hacia atrás a trompicones, herida de muerte.
-¡Maldita zorra! - siseó entre jadeos - recuerda lo que te dice una diablesa con el don de la profecía. Y recuérdalo bien. ¡Algún día tendrás que amar a alguien como yo! Será algo que no puedas evitar. Te será muy doloroso. Tal vez tendrás que matarla. Y romperá tu corazón…
Su adversaria la miró incrédulamente sólo para responder convencida.
- No lo creo, ya te dije que las mujeres no son mi tipo.
-Es una sensación muy fuerte… tú…ella…un vínculo…de sangre…
Ante el estupor de la justiciera Meriak iba a decir algo más pero no pudo. Cayó inerte al suelo y estalló. Beruche, que esperaba algo así por anteriores experiencias, se cubrió lo mejor que pudo de la explosión recobrando su identidad normal.
-¿Qué habrá querido decir con eso?- Se preguntó mientras se ponía trabajosamente en pie.- ¿A quién se referirá?...Alguien como ella…no lo entiendo. Yo no soy lesbiana. De eso sí que estoy segura.
Y mientras le daba vueltas a aquello se vendó las heridas. Finalmente se centró en lo más urgente dejando de pensar en esa especie de acertijo. Salió corriendo para asegurarse de que no hubiera otro demonio que atacase a su compañero. Éste, entre tanto, le había enseñado las instalaciones a Walter, que, sin embargo, ahora no parecía estar demasiado interesado. Ese tipo le miraba de forma extraña y él comenzó a inquietarse. Llegaron a una zona apartada del campus y Roy escuchó a su espalda la voz del chico, pero era más grave y gutural.
-¡Muere Solar! - Gritó aquel lanzándole un rayo de energía que impactó contra Roy empotrándolo en una valla que se hizo añicos por el golpe sepultándole. - Ja, ja, ja - reía el muchacho que se transformó apareciendo con un armadura negra en la que lucía una estrella. - ¡Ja, ja, ja! soy Warcón, comandante del quinto círculo y ahora que he matado al Solar seguro que me darán un ascenso. Aunque es una pena. En realidad era muy atractivo. Me hubiera gustado poseerle igual que Meriak hará con esa humana.
Pero poco le duró la alegría, para su horror Roy salió de los escombros colocándose su jersey que estaba hecho jirones y lanzando juramentos.
-¡Lo que te voy a dar es una paliza de muerte, demonio asqueroso! Mira como me has dejado el jersey. ¿Sabes lo que cuesta? Es de punto de cadeneta.- Replicó el muchacho transformándose en guerrero dorado. -
-¡No puede ser! - exclamó su rival observándole atónito. - ¡Toma!- emitió otro ataque de energía que su adversario desvió sin problemas al cielo. -
Warcón voló para escapar pero antes de poder avanzar más que unos metros Roy le interceptó el paso con su gran velocidad.
-¡Ya verás ahora!, te voy a hacer tantos pedacitos que no te van a recomponer ni con lupa, ¡cretino! ¿Qué has querido decir con eso de poseerme como a la humana? - Le inquirió con cara de pocos amigos.
- Que mi compañera, que en realidad es una succubus, estará encantada de gozar con ella. -Replicó éste visiblemente divertido añadiendo. - Y tú y yo podríamos haberlo pasado muy bien, ¡qué lástima!
Y según terminaba la frase lanzó otro poderoso rayo que dio a Roy haciéndole caer. Aunque éste se levantó enseguida y levitó espetando furioso.
-¡Te voy a hacer papilla, maldito demonio mari…!
Y sin dar turno de réplica asestó a su enemigo un puñetazo que le envió contra el suelo. Warcón se elevó de nuevo sacando una larga espada.
-¡Te mataré! - aulló el demonio fuera de sí. -
Pese a dar numerosos mandobles a gran velocidad contra el solar, éste le esquivaba con tal celeridad que el demonio no lograba darle ni uno solo.
- Se acabó lo que se daba. Ahora sólo voy a dar yo...- declaró Roy que le arrebató la espada con un rayo. Warcón retrocedió agotado y espantado, su enemigo con una maliciosa sonrisa le preguntó - ¿No has visto "The Highlanders"?.- Su rival atónito negó con la cabeza – claro - dijo el guerrero dorado con tono burlón - en el infierno no debéis tener televisión. Bueno. ¿A que no sabes cuál es mi parte favorita?
- No.- Repuso el desconcertado demonio con un tartamudeo. - ¿Cuál?
- Cuando dicen eso de... ¡"sólo puede quedar uno"!.- Exclamó decapitando a Warcón con la espada y arrojándosela al cuerpo donde se clavó haciendo que estallase. - ¡Esto sí que mola!- sonrió Roy que tras unos matorrales ocultos de posibles miradas volvió a su estado normal y se dirigió hacia la universidad preocupado por Beruche...
Cuando el muchacho llegó a su cuarto se encontró con ella que parecía asustada por algo.
-¿Has estado con ese chico?- le inquirió preocupada. -
- Si, y no era lo que pretendía. - Le confesó Roy añadiendo sin más explicaciones. - Por fortuna pude librarme de él. ¿Tú has tenido problemas con esa chica?- Quiso saber con un poso de inquietud.
- Lo mismo que tú, pero tampoco volverá. - Le respondió ella sin desear tampoco ahondar en detalles. -
- Parece que les hemos pillado el truco a esos miserables - respiró aliviadamente él. -
- Si. ¡Menos mal! , porque menuda pesada, ¡casi me viola! - Suspiró Beruche.-
-¿Decías? - Le inquirió Roy sin creer haberla entendido bien. -
- Nada nada, no hagas caso, son cosas mías, ¡ji, ji, ji, ji!- Se apresuró a contestar Bertie con una estúpida sonrisita. -
-¡Vaya con esa Marlene! No me extraña que no te llevases demasiado bien con ella. He de reconocer que tienes un sexto sentido.
- Quería pasarse un poco pero le aclaré las cosas. - Respondió Beruche con retintín. -
El muchacho sonrió pasando un brazo por los hombros de ella. Tanto el uno como el otro refirieron la verdadera identidad de esos recién llegados.
-¿Cómo te libraste de ella?- Quiso saber Roy.-
-Bueno, guardaba un poco de agua bendita por ahí.- Pudo improvisar su compañera, que quiso saber asimismo.- ¿Y tú? ¿Qué hiciste para acabar con el otro?
-Esto….no veas que prácticas son las estacas de madera. Cuando tienes la suerte de encontrar una a mano.- Discurrió él.-
Ninguno quiso continuar con ese tema. De hecho habían acabado antes con algunos demonios recurriendo a esos trucos. Ambos se alejaron con rumbo a su clase. Más tarde llegaron los auténticos Marlene y Walter, dos estudiantes de intercambio a los que habían usurpado su puesto los demonios. Aunque idénticos en aspecto, eran bastante serios y nada tenían que ver con la facilidad de palabras de los otros. Tras verles Roy y Bertie salían por el pasillo y ambos comentaban.
- Pues no sé a quien prefería - sonrió Roy afirmando jocosamente. - La otra chica, aunque fuera una diablesa, parecía más dispuesta a la marcha.
Pero ese comentario, hecho adrede para hacer rabiar un poquito a su contertulia, no obtuvo el efecto deseado. Es más, ella se rio burlonamente para sentenciar.
-¡Te habrías llevado un chasco!
-¿Por qué?- le preguntó Roy sin comprender (o al menos eso daba a entender)-
- Cosas mías - se sonrió ella. -
- Bueno, pues la nueva tampoco está nada mal.- Añadió su compañero observando escrutador a la recién llegada. -
-¿Se puede saber que miras? - Le inquirió su interlocutora ahora sí que frunciendo el ceño. -
- Oye, ¿por qué me observas tú a mí de esa forma?,- le preguntó Roy esbozando una sonrisita tonta. -
Bertie se aproximó a él blandiendo uno de los libros de canto en un gesto de fingida (o tal vez no tan simulada) amenaza.
-¡Ya te daré yo miraditas! - exclamó ella persiguiéndole por los pasillos. -
Después de jugar al "que te pillo" y divertirse un rato descansaron un poco, sentados en un banco del campus. Fue ella la que inició otra conversación al preguntar.
-¿Has sabido algo de Tom y de mi hermana?
-Nada en todo el día. Espero que no hayan tenido ningún percance.- Deseó el muchacho con gesto ahora más serio.-
Bertie le observó dándose cuenta de ello, él le devolvió la mirada y su compañera le confesó…
-¿Sabes? Me tienen preocupada. Los dos.
-Sí, comprendo lo que quieres decir.- Admitió él.-
-Sé que mi hermana le quiere, Roy. Sé que le ha costado pero no sé hasta qué punto no se siente obligada a estar junto a él.- Suspiró la muchacha.-
-A Tommy le sucede algo parecido. Él siempre ha estado enamorado de Connie. Podría jurar que desde el primer momento en que la vio. Pero las cosas para él son distintas ahora. No quiere ser una carga. Necesita tiempo para meditar.
-No lo es. Nunca sería una carga pero quizás mi hermana trate de sobre compensarle demasiado. - Pudo replicar Beruche preocupada al oír aquello.- Para demostrarle que le sigue queriendo.
-Tú y yo lo sabemos, pero él es muy cabezota. Y quizás piense como tú. Que tu hermana está con él por compromiso. Ya sabes que es un tipo excelente pero tiene ese orgullo de paleto. Y ahora no lo digo en sentido de broma, ni tampoco en modo peyorativo.- Matizó Roy hablando desde luego con seriedad.- En eso él tiene una educación tradicional. No es machista pero cree que el deber del hombres es el de proteger a su chica y no al revés.
-En eso desde luego los hombres tenéis mucho todavía por evolucionar.- Replicó su interlocutora, afirmando.- Nosotras no necesitamos a un hombre para que nos proteja. Sabemos hacerlo solas. En eso nos pasa como a las guerreras. Incluso deseamos proteger al hombre que amamos.- Sonrió ahora en tanto le daba la mano al chico.-
Su interlocutor la sujetó y le devolvió la sonrisa. Desde luego Bertie le dio prueba de ello arriesgando su propia vida por él. Tras unos momentos de silencio el joven comentó con tintes más suaves.
-No me refiero exactamente a eso.- Quiso aclarar.- Lo que Tommy no puede soportar es ser tan dependiente ahora. Entiéndelo. Ha sido un golpe muy duro para alguien como él. Como lo sería para cualquiera.
-Sí, eso lo puedo entender.- Suspiró Bertie con tono apenado.- Es muy injusto y un gran cambio que debe asimilar despacio.
-Por eso quizás convendría que Connie le diese un poco de espacio por ahora.- Afirmó el muchacho.-
-He hablado con Petz y con Kalie de esto. Y coinciden contigo. - Le confesó su interlocutora añadiendo con preocupación.- La cuestión es. ¿Cómo se lo digo sin herirla?
-Me temo que no podrás evitarlo.- Suspiró su compañero afirmando.- A mí me pasa igual, he tratado de hablar con Tom de esto, pero se pone a la defensiva cada vez que atisba el tema. No se…creo que es un asunto que deberán resolver solamente ellos…aunque les haga daño. ¿No piensas tú lo mismo?
La muchacha asintió despacio. Así, tras un rato más de conversación, cada uno se volvió a su habitación. Beruche, al regresar a la suya, se encontró allí a su hermana. Ésta había vuelto y se estaba arreglando a la par que contemplaba atónita todo el caos reinante en la estancia.
- Hola Bertie - saludó Cooan que de inmediato preguntó – oye, ¿se puede saber que ha ocurrido aquí?, todo está patas arriba.
- Luego te lo cuento - le replicó su interlocutora preguntando a su vez - ¿A dónde vas que te pones tan guapa?
- Voy a decirle a Tom si quiere venirse al cine, desde que le hirieron no ha vuelto a salir, tiene que divertirse.
Su hermana miró hacia la pared. Debía ser sincera y darle su parecer. Se preparó para ello aproximándose.
- Cooan, hay algo que tengo que decirte - declaró Bertie poniendo el gesto serio. -
- Si, ¿El qué? - Quiso saber ella descuidadamente en tanto se miraba al espejo. - Dímelo pronto que tengo prisa.
- Creo que estás siendo…- su contertulia trató de encontrar las palabras adecuadas a fin de evitar herir a su hermana pero, tal y como Roy le advirtiese, aquello no tenía otra opción salvo la de ser clara. - No sé como decírtelo sin que te molestes pero. Deberías dejar a Tom tranquilo por un tiempo - añadió por fin. - No creo que le guste ese empeño tuyo de estar continuamente con él.
- En eso te equivocas - contestó Cooan sin parecer molestarse. - Me quiere y yo a él, no hay nada de malo en eso, además, se lo debo.
- No Cooan - repuso su interlocutora moviendo la cabeza. - ¿No ves que lo único que haces es tenerle lástima? , a él no le gusta eso.
-¡Eso es mentira! - replicó ésta mirando a su hermana ahora visiblemente enojada. -
- Puede ser, pero es lo que le haces ver - explicó Bertie tratando de mantener un tono conciliador - no lo hagas por una falsa obligación.
-¿Cómo te atreves a decir eso? - Chilló la aludida bastante enfadada ahora - yo salía con él antes de que le pasase nada, ¡se jugó la vida por tratar de protegerme a mí! Yo tengo la culpa de que esté así, ¿es que no lo entiendes?
- Cálmate - le pidió una más que preocupada Beruche a su hermana haciendo gestos con las manos. - Tú sabes que en el fondo tengo razón, así sólo le harás sufrir y tú también sufrirás.
-¡Cállate!- estalló la interpelada fuera de sí - ¡qué sabrás tú de lealtad!, primero no podías ni ver a Roy y ahora sales con él. Me lo quitaste y yo no me interpuse entre vosotros ¿Por qué quieres interponerte tú ahora entre Tom y yo? ¿Qué te he hecho para que me trates así?...
- Pe…pero Cooan,- balbuceaba Bertie sin saber que hacer, asustada por la agresividad de su hermana y también herida por ese comentario que sabía fruto de un resentimiento hasta ahora no liberado hacia ella. - Lo digo por tu bien. ¿No ves que sólo te guían los remordimientos y la culpa?, eso no es verdadero amor.
-¡Tú no tienes ni idea de lo que es el verdadero amor!, ¡de no ser por mí estarías congelada! - Le recriminó la interpelada.- Por si lo has olvidado yo te salvé la vida cuando querías suicidarte y llevarnos contigo a todas. Cuando decías que el amor era un sentimiento inútil. ¿Y ahora me lo agradeces así? ¿Te atreves a darme lecciones de lo que es amar y lo que no? ¡Déjame! – Le gritó saliendo de la habitación con paso rápido. -
Beruche se quedó conmocionada y herida por esa respuesta, pero sobre todo también muy preocupada. En cuanto se rehízo corrió detrás de su hermana y logró alcanzarla sujetándola de un brazo.
- Espera por favor, no quería herirte pero comprende que...
Pero Cooan sin atender a razones se la sacudió de encima lanzándola al suelo.
-¡Déjame en paz!, no quiero verte más, ¿me oyes? - Le chilló con los ojos bañados en lágrimas y rabia y sin dejarla replicar salió corriendo.-
Bertie también lloraba, los chicos que cruzaban por el pasillo se quedaron observando la escena con gesto atónito. Sólo una chica compañera suya de clase la ayudó a levantarse.
-Te encuentras bien.- Le preguntó aquella joven de forma amable.-
-Sí, gracias Betty.- Sonrió la chica tratando a duras penas de controlar su tristeza.- ¿Puede hacer algo por ti?
-Tranquila estoy bien. No ha sido nada.- Le aseguró.-
La otra muchacha asintió dejándola tras despedirse. Beruche se dirigió a su cuarto. De camino se cruzó con Melanie que iba uniformada de animadora. La joven le preguntó.
-Hola Bertie. ¿Sabes dónde está tu hermana? Tenemos un ensayo. Y en vuestra habitación no había nadie.
-¡Cooan está muy mal, Melanie! - Sollozó la muchacha sin poder vitar derrumbarse.-
-¿Qué ha pasado?- Quiso saber ésta con evidente preocupación.-
Ayudó a su compañera a sentarse en un banco del pasillo y la observó con gesto inquieto. Beruche fue capaz de recomponerse un poco y trató de explicar lo sucedido sin ser demasiado explícita…
-Se culpa por lo de Tom. He tratado de razonar con ella pero se ha enfadado mucho conmigo. Y tiene parte de razón…pero yo, estoy muy preocupada. Si sigue así se hará mucho daño. Se lo harán los dos.
-Cálmate.- Le pidió su interlocutora con tono amable.- A veces esas cosas tenemos que comprobarlas por nosotros mismos. Yo la comprendo muy bien…
Ahora Beruche observó a su amiga con expresión culpable. Sin embargo Melanie sonrió moviendo la cabeza.
-No, no lo digo por eso. No seas tonta. Yo creía estar enamorada de Roy pero ahora no estoy segura. Puede ser que mi propio ego y mi orgullo reaccionaran cuando él se fijó en ti. Por eso fui tan agresiva contigo. No soy tonta y sabía perfectamente que durante los años que estuvimos juntos él se había relacionado con otras chicas. Y yo lo hice con otros chicos. Sin embargo desde que te conoció no le he visto mirar a otra de la misma forma que a ti…
Tentada estuvo Bertie de contarle el episodio con esa diablesa. Aunque ahora lo entendía. Pudiera ser que el chico estuviera bajo alguna sugestión. Entonces ella misma fue una tonta dominada por los celos…Estaba claro que el amor era algo hermoso pero si se sabía encauzar. Y eso es precisamente lo que hermana debería aprender a hacer ahora.
-Gracias.- Pudo musitar.-
-Ahora que estoy con Malcolm veo que él me quiere y me mira de esa forma tan especial. Y yo siento lo mismo.- Afirmó la joven.-
-Me alegro mucho por vosotros. Sí, tienes toda la razón.- Concedió su contertulia.-
-Solo te daré un consejo.- Añadió la jefa de animadoras tomando las manos de Beruche entre las suyas.- Cuando tu hermana sufra el desengaño que temes no te apartes de su lado. Necesitará un hombro sobre el que llorar. Haz por ella lo mismo que Malcolm hizo por mí cuando me demostró que me quería de veras. Aunque en el caso de Connie no debes temer nada. Estoy convencida de que ella y Tom están hechos el uno para el otro. Y que solo necesitan tiempo.
-Si- sonrió ahora su interlocutora.- Eso mismo pienso yo. Gracias por ser una buena amiga…
-No hay de qué, eres una de los nuestros.- Sonrió Melanie para remachar consultando su reloj.- Debo dejarte. Llegaré tarde. ¡Ah!, cuando todo se solucione dile a Connie que está excusada, ella es la mejor bailarina de todas, siempre y cuando esté centrada…
Bertie asintió mirando a esa chica con evidente agradecimiento. Por fin entró en su cuarto. Una vez en él, telefoneó a sus hermanas para contarles lo ocurrido. Entre tanto, Cooan, parada en una esquina, trataba de serenarse para ir a ver a Tom. No sabía que era observaba desde la bola de Cristal del Gran Sabio, en su nueva sede. Tras unos instantes en los que pareció meditar sobre aquella situación, éste se dirigió hacia las diablesas.
- Meriak ha fracasado, pese a tener dotes para ver el futuro la muy idiota no vio esto venir. Espero que tú tengas más éxito, Saila.
- Delo por hecho señor. Ella dejó que sus pasiones por las féminas la cegasen. Sin embargo yo no me andaré con tantas contemplaciones y acabaré con esa otra justiciera. - Señaló a Cooan que por fin se había recuperado lo bastante como para ir al cuarto de Tom. - Ahora que está debilitada por la rabia y la tristeza me será muy fácil vencerla.
- Por curiosidad - inquirió el Gran Sabio. - ¿Cómo piensas hacerlo?..
Saila le susurró el plan y la estruendosa carcajada de su superior resonó por todo el lugar en tanto la alababa con aprobación…
- Eres realmente taimada, te felicito, creo que disfrutaré mucho con esto.
- Te aseguro que no tanto como yo. Primero la hundiré en la miseria más absoluta, después le sacaré la información que quiero y luego la mataré, ¡ja, ja! - Declaró la diablesa que sonrió maliciosamente recreándose en la imagen de Cooan para espetar con regocijo. - Estás perdida, patética justiciera, reza lo que sepas si es que tienes alguna deidad dispuesta a escucharte, pues tus minutos de vida están contados.
Y sin más la súcubos desapareció para comenzar su tarea y en la sede de la Secta sólo se escuchó la carcajada diabólica del Gran Sabio.
