Gracias a Charlaine Harris por dejarme jugar con algunos de sus personajes, los demás son míos.


25.

¿Por qué ir a esa puta fiesta? Eso era lo que se preguntaba una y otra vez mirándose al espejo mientras se arreglaba, no le apetecía ponerse el traje que Pam le había escogido y que no le cabía duda de que le quedaría como un guante y que el resultado final sería espectacular. Se sentía con la cabeza embotada, pero hasta en su estado de negación perpetuo, sabía la respuesta a eso. Porque la vería.

Recogió a Margaux que, como siempre estaba arrebatadora y bellísima. Pasaron, se hicieron las fotos de rigor cogidos de la cintura y entraron en el salón donde les esperaba un camarero con unas copas. Sí, le iba a hacer falta si quería sobrevivir a esa noche. Margaux se acercó y besó su mejilla con afecto, sabía lo que Sookie le afectaba y si no hubiese estado allí para sustentarle ni siquiera hubiese acudido a esa fiesta.

_ No me dejes solo, por favor...

_ Eric, en algún momento vas a tener que hacer frente a esto, no te puedes esconder detrás de mí o de otras el resto de tus días.

_ Lo sé, pero hoy no me dejes... – sólo ella lo entendía, lo sabía, por eso era a la única a la que suplicaría algo así.

_ Claro que no, amor, siempre estoy contigo – la mano se amoldó a su mejilla y se sintió con más fuerza.

Maurice les saludó un poco más adelante, estaba pletórico porque él era el artífice de tres de los premios de esa noche. Sonrió porque le volvía loco pero era un hombre divertido y encantador.

La vio llegar de la mano de ese actor con el que estaba casada, sonreía y parecía feliz. Detrás de ellos, Leif y la mujer que vio con él en Estocolmo. Vaya, todo muy civilizado... Mientras se hacían las presentaciones, no podía apartar los ojos de ella, su marido la abrazaba y besaba su cuello o su hombro cada poco, sentía la sangre bullir nada más que de imaginarla con él, cuanto más de verlo. Cuando le tocó su turno, él la besó y ella subió a recoger su reconocimiento, Maurice estaba con ella y la acompañó a su mesa. Poco después notó la mano de Margaux en la suya y la oyó susurrar, "nos toca", subieron y recogieron el premio a su esfuerzo, se sentía satisfecho y se besaron. Ella sonrió contra su boca y musitó un "gracias" por la representación porque en lo más recóndito de su alma esperaba que a Sookie le hubiese molestado y a poco que hubiese sentido aunque tan sólo fuese la mitad que él cuando veía a su marido prodigarle atenciones, estaría devastada.

Los siguientes minutos se le fueron entre parabienes y saludos, esquivó a un par de modelos que ya le habían intentado tirar los tejos en otras ocasiones y que tenían demasiado poco interés por la comida y, en consecuencia, demasiada poca chicha para su gusto. Empezó a relajarse un poco, era lo que tenía el alcohol, que aplazaba las inhibiciones y las preocupaciones hasta otro momento. Sacó a bailar a Margaux y durante unos minutos pareció olvidarse que a unos metros estaba la única mujer que siempre había querido, pero eso sólo había sido un espejismo.

En un momento determinado sus miradas se cruzaron y se excusó con Margaux, no podía aplazarlo más. Se acercó hacia ellos y saludó a su hermano.

_ Leif, ¿qué tal todo? – miró a su pareja y sonrió un poco avergonzado- Siento cómo nos conocimos, fue un malentendido. Soy Eric.

_ Hola, Eric – la mujer le dedicó una sonrisa cálida y a él le gustó inmediatamente, pensó que sería buena para su hermano- Bueno, fue un poco intenso, sí – se rió-. Soy Nicole.

_ Sookie... – susurró al volverse hacia ella y la vio estremecerse-. Enhorabuena por el premio.

_ Gracias, fue fácil, tuve buenos modelos...

Su marido se había posicionado detrás de ella y la apretaba contra su pecho. Así que él sabía... Sookie puso una mano sobre su enormes brazos hiperdesarrollados en el gimnasio para calmarle.

_ No te quites méritos – sonrió recordando días más felices entre los dos-, siempre tuviste un ojos privilegiado a la hora de ponerte detrás de la cámara, ves más que nosotros, pobres mortales.

_ Eres muy amable... – dijo con un hilo de voz-. Enhorabuena a ti también, tu restaurante es muy bueno...

_ Ya lo creo, lo escogimos para nuestra primera cita – apretó los puños para no acabar partiéndole la boca a ese cabrón.

_ Si me hubieras dicho que estabais allí, hubiese hecho algo especial para vosotros – con arsénico como principal ingrediente para él, pensó mientras ponía una sonrisa falsa en sus labios.

_ Nuestro aniversario se acerca, quizá lo celebremos allí – la media sonrisa de triunfo que colgaba de sus labios le estaba matando. Así que contraatacó.

_ Venía a pedir que bailaras conmigo – sonrió a Sookie-. ¿Me concederías el honor?

_ No – masculló su marido.

_ Oh, lo siento – fingió extrañeza-, no sabía que hubieses cambiado tanto, antes decidías por ti misma.

_ Está bien – le miraba con una pasión que no sabía determinar si era buena o no-. A ver si por esas vuelves con tu mujer que seguro que te echa de menos. Vamos, acabemos con esto.

Le cogió por la mano y le arrastró a la pista. Se quedó rígida unos segundos, reconociendo la canción en una nueva versión. Tragó saliva mientras la rodeaba con sus brazos y la acercaba a él, esa había sido una de las canciones de su historia de amor, a ella le encantaba Sade. Se preguntó cuántas veces la habrían bailado como ahora y se le encogió el corazón por todo lo que había perdido. Suspiró, no tenía tiempo para la nostalgia, tenía algo que preguntarle.

_ ¿Por qué no me dijiste que no estabas con Leif? – susurró en su oído.

_ ¿Para qué, Eric? Que folláramos hace unos meses no nos convierte en íntimos, me parece, y tú siempre haces lo mismo, asumes cosas y te vas sin una explicación. Pues hazlo, desde que te conozco no has hecho otra cosa conmigo.

_ Pero... – su tono herido le partía el corazón.

_ ¿Pero qué? Tú tienes la razón, eres tan digno, eres el ofendido, la víctima de una triste historia de amor y engaño con un final que no tuvo nada que ver con la película que te montaste en tu cabeza. Dime, Eric, ¿para qué? Te ha venido muy bien en tu vida que yo fuese la puta que tú creías y que tu hermano fuese ese cabrón que me robó, pero eso sólo estuvo en tu cabeza, eso nunca pasó. Ahora ya es tarde para todo. Tienes lo que te mereces, nos arrancaste de tu vida, pues no tienes ningún derecho a estar en las nuestras.

_ Perdona pero fuisteis vosotros, a ver si ahora va a resultar que fui yo el que os empujó a estar juntos.

_ Pero qué listo que eres, cariño, sí, señor. Has sido tan, tan listo, que te has quedado sin saber nada.

_¿Y qué había que saber? Pareció bastante obvio, aquel día, tu comportamiento alrededor de mi hermano cobró sentido.

_ Sí, me gustaba tu hermano, desde el primer día que me dio clase, eso era verdad, quería que me viese de otra manera, pero él nunca lo hizo. Y luego apareciste tú, tu nuevo tú, ese que, por estar tan ciega con mi amor platónico, no había visto. ¿Explica eso el comportamiento? Pero tú nunca has querido saber.

_ Bueno, ¿puedo preguntar algo ahora?

_ Puedes, claro, y yo no contestarte... – su sonrisa le estaba matando.

_ La noche en tu hotel... ¿qué hubiese pasado si...?

_ ¿Si en vez de ser un cabrón rencoroso te llegas a quedar? Te habrías encontrado con la verdad, pero ya no tienes derecho a ella, ahora más que nunca, es sólo mía...

·~·~·~·~·

Cuando la canción terminó se quedaron quietos mirándose, ella fue la primera en volver del trance, y él parecía estar asimilando sus palabras. La acompañó hasta su grupo y se despidió con cortesía de todos. Le vio irse, sortear gente hasta llegar a su acompañante, ella le acarició la mejilla y le abrazó, ¿no tenía dignidad? Había visto como la miraba y como se había abrazado a ella en la pista de baile, era evidente que sabía lo que significaban el uno para el otro, y ahora que volvía a ella, le acogía como una amante amorosa en sus brazos. Alcide, por el contrario, estaba bastante enfadado. Intentó apaciguarlo pero no parecía estar por la labor, no entendía porqué se había ido a bailar con él, tampoco porqué no le había dicho en su momento que él había formado parte del plantel de solteros del reportaje. No era el momento para reprocharle a su marido la falta de interés por su trabajo, con sólo haber ojeado la revista para ver sus fotos se habría dado cuenta de que Eric también estaba, así que, por el bien de su matrimonio se calló el comentario que se le vino a los labios.

_ Alcide, no es para ponerse así, te guste o no, entre Eric y yo hay vínculos que no se pueden romper, él siempre va a ser importante aunque no quiera – intentó razonar.

_ No tiene que gustarme, ¿verdad?

_ Mira, esto no se trata de ti y sólo hemos hablado un poco mientras bailábamos, no ha pasado nada más, él ha vuelto con su mujer, que le ha besado y abrazado, y yo a ti, que me has reñido y reprochado mi acción...

Se dio la vuelta y se puso a hablar con Nicole que buscaba ansiosa con la mirada a Leif, se veía incómoda en medio de la discusión. Le estaba bien empleado por haberla hecho esperar antes. Durante los siguientes minutos hablaron de naderías, Leif, que se podía imaginar lo que había pasado cuando volvió del lavabo, se dispuso a entretener a Alcide. Poco a poco se le fue pasando el enfado y iniciando un acercamiento hacia ella. Con todo el pesar de su corazón tuvo que reconocerse a sí misma que le daba igual, si algo le había mostrado bailar con Eric, era que no importaba lo que pasara entre ellos, la cantidad de mierda que se arrojaran, le quería. De haber querido ser sincera consigo misma, el simple hecho de conservar todas las fotos que le hizo en un archivo oculto para mirarlas día sí y día también cuando sólo estaban su amor por él y ella, hubiese sido suficiente prueba para admitirlo, pero estar entre sus brazos, dejarse rodear por ellos, descansar levemente su cabeza en su hombro, aspirar su olor, esa mezcla tan excitante de perfume con él mismo. Por un momento fue como irse en el tiempo casi catorce años atrás, cuando bailaban esa canción en su habitación y siempre acababan metiéndose mano o, en el mejor de los casos, haciéndose el amor. Suspiró con nostalgia de sus manos y sus besos.

_ ¿Me perdonas? – la voz de su marido la sacó de su infierno personal- Sé que me he pasado pero verle rodeándote con sus brazos, aunque fuese con esta cantidad de gente alrededor, me ha puesto frenético. No quería enfadarme, sé que es el padre de Adele, es lógico que le trates así...

_ No pasa nada, Al, ya sabes que no ha sido por mi gusto, pero tampoco puedo echarle así como así, ¿y si un día le da por buscarme y descubre lo que llevo media vida ocultándole? Mejor estar a buenas para que no sienta la necesidad.

_ Algún día se va a enterar, Sookie, ¿y ese día qué harás?

_ Ya lo pensaré cuando llegue...

La abrazó y ella se dejó consolar mientras intentaba apartar esa idea que tanto la atormentaba, de su cabeza. Estaba cansada y él lo notó.

_ ¿Quieres que nos vayamos ya?

_ Puedo aguantar un poco más si te apetece quedarte...

_ Preferiría estar en la habitación del hotel contigo... – murmuró lamiendo su oído.

_ Dame unos minutos.

Sonrió a su marido para que no supiera que, tan excitada como estaba, lo último que quería hacer esa noche era acostarse con él en una habitación gemela de la que compartió con Eric en junio, y se dirigió hacia los lavabos, donde esconderse unos minutos y despejar su mente de los pensamientos que la estaban bombardeando. Se cruzó en el camino con Maurice que le guiñó el ojo con complicidad, le extrañó su gesto pero, ya le conocía, simplemente, era así... Una mano la cogió por el brazo y la paró, se giró a mirar quién era y dejó de respirar. Eric.

·~·~·~·~·

La había estado mirando de reojo toda la noche, disimuladamente, como quien no quería. Cuando se fue de su mesa, vio desde lejos cómo su marido estaba enfadado, muy bien, que se jodiera, eso era lo que él había sentido toda la noche gracias a que sus brazos largos y, seguramente, peludos no hacían más que rodearla. La diferencia era que, por más coraje que le diera, ella era suya y no de él, era su mujer y sólo un recuerdo de adolescencia para él. Sólo que eso nunca fue así...

_ La vas a gastar – dijo una voz a su lado.

_ Maurice..., ¿de qué hablas?

_ ¿Haciéndote el sueco conmigo, rey? – se rió- De más sabes de quién hablo, no es el mejor momento para atacarla, espera a que se separe de la manada, ¿es que no ves el National Geografic?

Le guiñó un ojo y le dejó para ir a otro grupo que le reclamaba. Sonrió ante su simil, sí, debería esperar a que los dejara pero, entonces, ¿qué haría? Era evidente que, con todo lo que tenían que hablar, no querría tener ninguna conversación con él. La siguió otra vez con la mirada, poco a poco su marido dejaba su enfado de lado para ponerse cariñoso. Sintió náuseas de pensar que pudiera tocarla, entrar en ella como él. Intentó regularizar su respiración y en cuanto vio que se separaba de ellos, vio la ocasión. Salió en la misma dirección que ella. Sus ojos se encontraron con los de Maurice que venía de frente, le vio guiñarle un ojo a Sookie y apretó el paso para pillarla. La cogió por el brazo y ella se volvió sorprendida, la llevó sin hablar hacia una salita contigua. Acarició su cara y cerró los ojos al sentir las manos de Sookie asirse a su cintura. La apoyó contra la pared y sintió su aliento contra su cuello.

_ ¿Por qué tienes este poder sobre mí? – murmuró contra su sien- Catorce años después sigo buscándote en todas las mujeres, sigo siendo aquel adolescente loco por ti... ¿Por qué no te puedo arrancar de mi corazón, Sookie?

Su boca encontró la suya y, enredado con el amor que aún sentía, saboreo sus lágrimas.

·~·~·~·~·~·~·~·~·~·