Disclaimer: Las Crónicas de Kane y los dioses del Olimpo, junto a los Héroes del Olimpo, son propiedad de Rick Riordan.


—¿Seguro que estás bien, Thalia?

—Ya te lo he dicho, Annie. Simplemente me he mareado un poco.

La ubicación era actualmente la enfermería del Campamento Mestizo. Annabeth había llevado allí a Thalia, pese a las protestas de ella, para hacerla descansar. La hija de Zeus, dándose cuenta de que no podía ganar a la cabezonería de Annabeth, decidió renunciar a escapar de aquel lugar y obedientemente se tumbó en la cama.

Annabeth se sentó en una de las sillas, al lado de la cama, y observó a su amiga. Thalia suspiró.

—Estoy bien, Annabeth. Puedes regresar al pabellón. Yo iré en un rato.

Annabeth negó con la cabeza.

—No me importa quedarme. Además, hay algo que me gustaría preguntarte.

—¿El qué? —Thalia frunció el ceño.

—Thalia, a ti te dan miedo las alturas ¿verdad? —Annabeth dijo aquello, no como una pregunta, sino como una afirmación.

—N-no... no sé de que hablas, Annie... ¿Y-yo? ¿Miedo a las al-alturas? Soy una hij-hija de Z-Zeus, Anna-Annabeth —replicó Thalia mientras tartamudeaba y se ponía blanca del pánico.

Annabeth tomó el brazo de Thalia.

—No te preocupes, Thalia. Todo el mundo le teme a algo —dijo Annabeth en tono conciliador.

—¡Pero soy una hija de Zeus! —protestó Thalia—. ¡Es ridículo que le tenga miedo a las alturas! Es como si Percy le tuviese miedo al agua, Nico a los muerto o tú al saber. Sencillamente es ridículo.

—Le tengo miedo al conocimiento, ¿sabes? —confesó Annabeth con una pequeña sonrisa.

—¿Eh?

Al escuchar eso, Thalia se quedó mirando a Annabeth como si esta fuese una atracción de feria.

—Y no soy solo yo. En realidad todos los hijos de Atenea tememos al conocimiento. Le tememos y nos fascina por partes iguales —dijo Annabeth.

—Pero, ¿cómo es eso posible?

—No es tan difícil de imaginar. Aunque el saber nos proporciona cosas nuevas, dichas cosas pueden ser malas para nosotros. Así que, inconscientemente, le tenemos miedo —explicó Annabeth—. Así que no te sientas mal por tener miedo a las alturas. Es más, estoy convencida de que alguna vez hubo un hijo de Poseidón que tenía miedo del mar o un hijo de Hades con miedo a los muertos. —Annabeth se puso de pie—. Creo que ya hemos estado suficiente aquí. ¿Volvemos? No quiero molestar a nuestros invitados.

Annabeth señaló a las camas del fondo, donde se veían dos figuras dormir profundamente.

—¿Aún no se han despertado? —preguntó Thalia, incorporándose de la cama.

—No. Según Will ambos estaban muy agotados, así que tardaran un poco en despertar.

Thalia asintió, mientras se ponía de pie. Y así ambas chicas regresaron al pabellón.


En cuanto Annabeth y Thalia llegaron a sus sitios, el chico ruso, llamado Leonid, tomó el libro y lo abrió.

Una visita a la diosa tachonada de estrellas —leyó con su marcado acento ruso.

No había comprendido lo incómodo que iba a ser.

—¿Es tan incómodo? —preguntó Malcolm.

—Más que incómodo, yo diría que desagradable —respondió Walt—. Bueno, al fin y al cabo, tu alma esta abandonando el cuerpo en ese momento, así que en términos generales es casi como estar muerto.

—Más bien en una especie de animación suspendida —replicó Julian.

Carter me había contado que salía de su cuerpo mientras dormía, pero vivirlo en persona era una cosa muy distinta. Fue mucho peor que la visión que había tenido en el Salón de las Eras.

Allí estaba yo, flotando en el aire con la apariencia de un espíritu brillante y parecido a un pájaro. Y ahí abajo estaba mi cuerpo, dormido como un tronco. Solo intentar describirlo ya me da dolor de cabeza.

—Es que es una situación muy rara de imaginar —dijo Jaz.

¿Mi primer pensamiento, al ver mi figura durmiente? «Dios, qué pinta más horrible tengo.»

—¿De verdad ese fue tu primer pensamiento? —preguntó Carter, incrédulo.

—¿Qué te esperabas que fuese? Esta apariencia tan perfecta no se consigue de la nada, querido hermano —replicó Sadie.

Ya era bastante malo mirarme al espejo o ver fotos de mí en las páginas web de mis amigos. Verme a mí misma en persona era mucho peor. Tenía el pelo como un estropajo, el pijama de lino no me favorecía nada y tenía un grano monstruoso en la barbilla.

Sadie se tapó la cara con las manos, completamente sonrojada. ¿Por qué había pensado en todo eso?

¿Mi segundo pensamiento, al observar la extraña forma brillante de mi ba? «¡Imposible!» Me daba igual si era invisible o no al ojo humano. Después del mal trago que había pasado siendo un milano, me negué de plano a pasearme por ahí como un pollo resplandeciente con cabeza de Sadie. Puede que a Carter le parezca bien, pero yo tengo principios.

—¡Eh! ¡Qué no me gusta parecer un pollo con cabeza humana!

Noté cómo tiraban de mí las corrientes de la Duat, cómo intentaban arrastrar mi ba al lugar donde vayan las almas a tener visiones, pero no estaba preparada. Me concentré en imaginar mi apariencia normal… bueno, vale, quizá imaginé la apariencia que me gustaría tener, un poquito mejor que la normal.

—¿Qué? Ya puestos, mejor aprovechar ¿no? —se defendió Sadie al sentir la mirada de los demás.

Y voilà, mi ba cobró el aspecto de una figura humana, todavía semitransparente y brillante, de acuerdo, pero más parecida a un fantasma como debe ser.

«Bueno, una cosa resuelta», pensé. Entonces permití que las corrientes se me llevaran. El mundo se fundió en negro.

Al principio no estaba en ningún sitio: solo veía un vacío oscuro. Entonces salió un chico de entre las sombras.

—Tú otra vez —dijo.

Yo balbuceé:

—Uh…

—Una respuesta realmente inteligente —dijo Emma con falsa admiración.

En serio, a estas alturas ya me deberías conocer bastante bien. Yo no soy así. Pero es que aquel era el mismo chico al que había conocido en mi visión del Salón de las Eras, el chico guapísimo de la túnica negra y el pelo alborotado.

Las miradas se dirigieron a Anubis. Éste rodó los ojos.

—Sí. Era yo.

Sus ojos de color castaño oscuro me dejaron desconcertada, y me alegré muchísimo de haberme quitado el traje de pollo brillante.

Volví a intentarlo y logré que me salieran tres palabras seguidas:

—¿Qué haces tú…

—… aquí? —terminó mi pregunta con caballerosidad—. El viaje espiritual y la muerte son cosas muy parecidas.

—A veces más de lo que me gustaría —murmuró Anubis.

—No estoy segura de lo que significa eso —dije—. ¿Tengo que preocuparme?

Él inclinó la cabeza a un lado como si estuviera pensando en la pregunta.

—Esta vez, no. Ella solo quiere hablar contigo. Sigue adelante.

—¿Quién quiere hablar con ella? —preguntó Jason con interés.

Meneó una mano y en la oscuridad se abrió un portal. Me empezó a absorber hacia el umbral.

—¿Volveré a verte? —pregunté.

—Tú siendo como siempre, Sadie. Un portal está a punto de absorberte y no se te ocurre otra cosa que preguntarle si os volveréis a ver —dijo Liz, poniendo los ojos en blanco.

—Es para estar preparada —se defendió Sadie.

Pero el chico había desaparecido.

—Muy amable de tu parte, por cierto.

—¡No sabía que ibas a preguntarme algo! —se defendió Anubis.

Al momento siguiente, yo estaba de pie en un piso lujoso que se sostenía en medio del cielo. No tenía paredes ni techo, y el suelo semitransparente estaba suspendido a altura de vuelo comercial por encima de las luces nocturnas de una ciudad. Las nubes pasaban por debajo de mis pies.

Thalia suspiró mientras cerraba los ojos. ¿Es qué ahora todos los capítulos iban a suceder a gran altura o que?

El aire debería haber sido gélido y demasiado escaso para respirar, pero me sentí calentita y cómoda.

Había un sofá de cuero negro con forma de U, alrededor de una mesita de cristal apoyada en una alfombra de color rojo sangre. Ardía un fuego en el hogar de pizarra. Las estanterías y los cuadros flotaban en el aire, donde deberían estar las paredes. En una esquina había una barra de granito negro, y una mujer preparaba el té en las sombras de detrás.

Griegos y romanos se miraron, preguntándose quien sería esa mujer. Algunos ya intuían que era una diosa, pero como apenas conocían de mitología egipcia no sabían ubicarla.

—Hola, mi niña —dijo.

Salió a la parte iluminada y yo tuve que ahogar una exclamación. La mujer llevaba puesta una faldita egipcia. De cintura hacia arriba, solo la cubría la parte superior de un biquini, y su piel… su piel era de color azul oscuro, recubierta de estrellas. No estoy refiriéndome a estrellas pintadas. Tenía todo el cosmos viviendo en la piel: constelaciones brillantes, galaxias demasiado refulgentes para mirarlas directamente, resplandecientes nebulosas de polvo rosado y azul. Sus facciones parecían fusionarse con las estrellas que desfilaban por su cara. Tenía el pelo largo y tan negro como la medianoche.

Después de escuchar la descripción de la mujer, varios supieron quien era, y otros empezaron a sospechar de su identidad.

—Eres Nutrit… Nut —le dije. Entonces me di cuenta de que a lo mejor le había sonado mal—. Quiero decir… la diosa del cielo.

—Suerte que Nut es muy amable —suspiró Anubis. Únicamente a Sadie se le ocurriría bromear sobre el nombre de una diosa en un momento así.

La diosa sonrió. El brillo de sus dientes blancos fue como una galaxia nueva cobrando existencia con un estallido.

—Puedes llamarme Nut. Y créeme, ya he oído todos los chistes que pueden hacerse con mi nombre.

—Ventajas de haber vivido tantos siglos —señaló Osiris.

Sirvió una segunda taza de té de la tetera.

—Vamos a sentarnos y a hablar un poco. ¿Te apetece un poco de salep?

—¿De qué?

—Hummm, ¿no es té?

—No, es una bebida egipcia. ¿Has oído hablar del chocolate caliente? Pues esto sería como vainilla caliente.

—Tengo ganas de probarlo —dijeron varios.

—Después os prepararé un poco —aseguró Neftis con una sonrisa.

Set bufó.

—Eres demasiado amable... Esto, ¿a mí...?

—También te prepararé una taza a ti —suspiró Neftis.

Me apetecía más el té, ya que hacía siglos que no me tomaba una buena taza.

—¿De verdad te apetecía té? —preguntó Leo con asombro. Era la primera vez que oía que un adolescente quisiera té por voluntad propia.

Sadie se encogió de hombros.

—Costumbres de haber pasado la mayoría de mi infancia en Inglaterra —respondió.

Pero supongo que no hay que hacer feos a las diosas.

—¿Y entonces por qué no lo haces conmigo? —se quejó Isis.

—Tú eres especial —replicó Sadie.

Isis parpadeó.

—No sé si tomármelo como un halago o como un insulto.

—Bueno… sí, gracias.

Nos sentamos juntas en el sofá. Me sorprendió comprobar que mis manos brillantes de espíritu no tenían ningún problema para sostener la taza, y que podía beber con bastante facilidad.

—Bueno, estás con una diosa, así que eso te da cierta ventaja —dijo Bast.

El salep era dulce y sabroso, con un toque ligero de canela y coco. Me calentó por dentro y llenó el aire de un agradable olor a vainilla. Por primera vez en muchos días, me sentí a salvo. Entonces recordé que solo estaba allí en espíritu.

—No te preocupes. En caso de que le suceda algo a tu cuerpo, volverías inmediatamente —dijo Amos—. A menos de que mueras directamente, entonces ya pasas a mejor vida.

—Tú podrías ser un poco más amable, ¿no? —suspiró Julius.

Nut dejó su taza en la mesita.

—Supongo que te estarás preguntando por qué te he traído aquí.

—Dudo que Sadie se lo haya preguntado —dijo Carter.

—¡Claro que me lo pregunté! —exclamó Sadie.

—¿Cuando? ¿Cuando Nut te lo dijo? —preguntó Zia.

—Pues sí... ¡Pero al menos me lo pregunté!

—¿Dónde es exactamente «aquí»? Ah, ¿y quién es tu portero?

—¿No puedes dejar de pensar en eso ni un par de minutos? —preguntó Walt, dando un suspiro.

Sadie sonrió traviesamente.

—¿Por qué? ¿Acaso estás celoso de Anubis?

—¿Por qué iba a estar celoso de Anubis? Él y yo compartimos la misma existencia.

Sadie bufó.

—Eres poco romántico.

Tenía la esperanza de que dejara caer algún dato sobre el chico de negro, pero se limitó a sonreír.

—Debo guardarme mis secretos, querida. No puedo permitir que me encuentre la Casa de la Vida. Dejémoslo en que he construido este hogar con buenas vistas a la ciudad.

—Demasiado buenas diría yo —murmuró Thalia.

—¿Eso es…? —Señalé su piel azul y estrellada—. Hummm… ¿estás dentro de una anfitriona humana?

—No, querida. Mi cuerpo es el mismo cielo. Esto es solo una manifestación.

—Pero yo creía que…

—¿Los dioses necesitan un anfitrión físico fuera de la Duat? Para mí es un poco más fácil, ya que soy un espíritu del aire.

—Dioses, me estoy liando —murmuró Percy—. Veamos a ver si lo entiendo... hay dioses que necesitan un anfitrión para manifestarse en el mundo real y otros que no, ¿cierto?

—Correcto —asintió Carter—. La gran mayoría de dioses necesitan un anfitrión humano para poder subsistir; pero otros, como Nut, que pueden existir en el mundo real sin necesidad de un anfitrión. Eso no significa que no puedan tener un anfitrión humano si ellos quieren.

Me cuento entre los pocos dioses que nunca han sido apresados, porque la Casa de la Vida nunca ha podido cazarme. Estoy acostumbrada a… ir a la mía.

—Es que es un poco complicado apresar al cielo —señaló Ruby.

De pronto Nut y el apartamento entero titilaron, como en un parpadeo. Me dio la impresión de que iba a caerme atravesando el suelo. Entonces el sofá volvió a estabilizarse.

—Suerte que es una diosa amable —murmuró Frank.

—¡Oh! Es amable... aunque eso no quiere decir que no tenga sus momentos donde le gusta asustar a la gente —explicó Set.

—Por favor, no vuelvas a hacer eso —le rogué.

—Mis disculpas —dijo Nut—. El caso es que cada dios es diferente. Pero ahora todos mis hermanos están en libertad, buscando su lugar en ese mundo moderno tuyo. No se dejarán encarcelar otra vez.

—Con la de tiempo que habrán pasado encarcelados, no me extraña nada que no quieran regresar —dijo Alyssa.

—A los magos no les va a hacer ninguna gracia.

—No —coincidió Nut—. Ese es el primer motivo de que estés aquí. Una batalla entre los dioses y la Casa de la Vida solo serviría para favorecer el caos. Debes hacer que los magos lo entiendan.

Carter y Sadie se miraron. Eso había costado, pero finalmente habían logrado ese propósito.

—No querrán escucharme. Creen que soy una deificada.

—Es que eres una deificada —señaló Cleo.

—Es que eres una deificada, querida mía. —Me tocó el pelo con suavidad, y noté cómo Isis se revolvía en mi interior, intentando utilizar mi voz para hablar.

—Soy Sadie Kane —dije—. Yo no le pedí a Isis que hiciera autoestop en mi cuerpo.

—Normalmente nadie suele pedir que un dios haga autostop en su cuerpo —dijo Jaz.

—Yo si que lo hice —replicó Walt.

—He dicho normalmente.

—Los dioses conocen a tu familia desde hace generaciones, Sadie. En los tiempos antiguos, trabajábamos todos juntos por el bien de Egipto.

—Los magos dicen que los dioses provocasteis la caída del imperio.

—Eso es un tema complicado —dijo Julius—. Es cierto que los dioses tuvieron mucho que ver con la caída del imperio, pero tampoco hay que negar que la mayor culpa reside principalmente en los magos de esa época.

—Ese es un debate largo y estéril —replicó Nut, y le noté un matiz de rabia en la voz—. Todos los imperios acaban derrumbándose. Pero la idea de Egipto es eterna: el triunfo de la civilización, las fuerzas de Maat derrotando a las del caos. Esa es la batalla que se lucha generación tras generación. Ahora ha llegado vuestro turno.

—¿Eso quiere decir que los magos del futuro tendrán que enfrentarse a ese problema? —preguntó Alyson.

—Así es.

—Ya lo sé, ya lo sé —dije—. Tenemos que derrotar a Set.

—No creo que sea así de fácil —murmuró Will. Siempre era más complicado de lo que parecía a simple vista.

—¿Tan sencillo crees que es, Sadie? Set también es hijo mío. En la antigüedad, era el lugarteniente más fuerte de Ra.

—Queda claro que no es un simple dios —dijo Chris.

Protegió el barco del dios sol de la serpiente Apofis. Ese sí que era malo. Apofis era la encarnación del caos. Odiaba a la Creación desde el mismo momento en que asomó del mar la primera montaña. Sus enemigos eran los dioses, los mortales y todo lo que construyeron. Y aun así, Set se enfrentó a él. Set era uno de nosotros.

—¿Y luego se volvió malo?

Nut se encogió de hombros.

—Set siempre ha sido Set, para bien o para mal.

Eso era cierto. A diferencia de los humanos, quienes los conceptos del bien y el mal estaban arraigados dentro de ellos, que podían decidir si hacer el bien y el mal; los dioses nacían siendo buenos y malos.

Pero sigue siendo familia nuestra. Es difícil perder a un miembro de tu familia… ¿verdad?

La gran mayoría de los que estaban ahí habían pasado por algo similar, así que entendían un poco el dolor de Nut.

Se me hizo un nudo en la garganta.

—No es justo que me digas eso.

—A mí no me hables de justicia —replicó Nut—. Llevo cinco mil años separada de mi marido, Geb.

—De acuerdo. Eso si que es injusto —señaló Piper.

Me sonaba que Carter había hablado de aquello, pero era distinto oírselo decir a ella, notar el dolor inherente a su voz.

—¿Qué pasó? —pregunté.

—Fue un castigo por dar a luz a mis niños —dijo con amargura—. Desobedecí los deseos de Ra, así que él ordenó a Shu, mi propio padre…

—¿A su qué?

—Shu, el dios del viento —respondió Leonid, como si Sadie le hubiese preguntado a él directamente.

—Ese-hache-u. Shu —dijo ella—. El dios del viento.

—Bueno, es importante saberse los nombres de los dioses y sus funciones —dijo Zia mientras Leonid se sonrojaba—. Además, conociendo a Sadie, seguramente no lo recordaría.

—Ah. —Ojalá los dioses no tuvieran nombres de posesivos—. Sigue, por favor.

—Ra ordenó a Shu, mi padre, que nos mantuviera separados para siempre. Yo estoy exiliada en el cielo mientras mi amado Geb no puede separarse del suelo.

—Muy amable de tu parte, ¿verdad? —dijo Afrodita, fulminando a Ra con la mirada.

El dios del sol egipcio se encogió de hombros.

—Bueno, si me hubiesen hecho caso desde el principio, no habría recurrido a eso...

—Si no hubieran recurrido a eso, no habrías tenido suficientes guardias para protegerte de Apofis —señaló Horus.

—Eso no lo discuto —admitió Ra.

—¿Qué pasa si lo intentas?

Sadie hizo una mueca, recordando lo que ocurrió.

—No tendría que haber dicho nada.

Nut cerró los ojos y separó las manos. Se abrió un agujero en el lugar donde estaba sentada y cayó al vacío. Al instante, las nubes que tenía debajo se encendieron con relámpagos. Los vientos azotaron el piso entero, derribando libros de los estantes, arrancando los cuadros y lanzándolos al aire. La taza me saltó de las manos. Tuve que agarrarme al sofá para que el viento no se me llevara a mí también.

—Sí, no tendrías que haber dicho nada —dijo Annabeth, mirando el libro con asombro.

Por debajo, un relámpago alcanzó la figura de Nut. El viento la impulsó con violencia hacia arriba, haciéndola pasar disparada a mi lado.

—Eso tiene que haber sido doloroso —murmuró Lou Ellen, frotándose los brazos como si hubiese sido ella la que hubiera recibido el ataque.

Después la atmósfera se calmó. Nut volvió a acomodarse en el sofá. Hizo un ademán y el piso se reparó solo. Todo regresó a su estado normal.

—Eso es lo que pasa —dijo con tristeza.

—Ah.

—Una reacción muy profunda —dijo Jaz.

—Bueno, estaba en shock —se defendió Sadie.

Echó un vistazo a las luces de la ciudad que brillaban muy abajo.

—Hace que aprecie más a mis niños, hasta a Set. Sí, ha hecho cosas terribles. Está en su naturaleza.

—¿Lo veis? Todos deberías hacer como mamá y perdonarme mis problemillas del pasado. ¡Sobre todo tú, Osiris! —exclamó Set.

—Por supuesto que lo haré. En cuanto tú me dejes cortarte en trozos como hiciste tú, te perdonaré —replicó Osiris.

—Bueno... un poco de resentimiento entre hermanos nunca viene de más, ¿eh?

Pero sigue siendo hijo mío, y sigue contándose entre los dioses. Tiene un papel que cumplir. Es posible que la manera de derrotarlo no sea la que te imaginarías.

—¿Alguna pista, por favor?

—Buscad a Tot.

—Ostias. Ojala todos los dioses te diesen la respuesta tan rápidamente. Normalmente les debes de hacer un favor o te la intentan jugar de alguna manera —dijo Percy.

—Es divertido veros pasarlo mal —respondió Zeus con tranquilidad.

¿Y este es el rey de los dioses? pensaron varios con algo de asombro.

Ha encontrado un nuevo hogar en Memphis.

—¿Menfis, Egipto?

Nut sonrió.

—Memphis, Tennessee.

—Bueno... esta cerca. Al menos más que Egipto —dijo Katie.

Aunque seguro que el viejo pajarraco cree que está en Egipto. Es muy raro que saque el pico de sus libros, así que no habrá visto la diferencia. Lo encontraréis allí. Él puede daros consejos. Pero id con cuidado: a menudo Tot pide favores a cambio.

—Como todos en realidad —murmuró Nico.

A veces es difícil predecir qué hará.

—Voy acostumbrándome —dije—. ¿Cómo llegaremos allí?

—Yo soy la diosa del cielo. Puedo garantizaros un viaje seguro hasta Memphis.

Con un movimiento de la mano, hizo aparecer una carpetita en mi regazo. Dentro había tres billetes de avión desde Washington hasta Memphis, en primera clase.

—Esa habilidad mola lo suyo —admitió Travis.

—¿Te imaginas la de pasta que sacaríamos si vendiésemos billetes de avión en primera clase? —preguntó Connor con la mirada perdida.

—No os serviría —señaló Carter—. Al final la gente acabaría dejando de comprar esos billetes. Sobre todo cuando las primeras clases se llenasen.

Enarqué una ceja.

—Supongo que conseguirás muchas millas de regalo en las compañías aéreas, ¿no?

—Ventajas de ser la diosa del cielo —dijo Alyssa.

—Algo por el estilo —asintió Nut—. Pero a medida que os acerquéis a Set, me será más difícil ayudaros. Y en el suelo no puedo protegeros.

—Desventajas de ser la diosa del cielo —dijo Alyssa.

Lo que me recuerda que tienes que despertar pronto. El esbirro de Set se está aproximando a vuestro escondrijo.

Todos se tensaron al escuchar eso.

—Por supuesto que no podían tener un rato tranquilo —murmuró Thalia.

Puse la espalda rectísima.

—¿Cuánto tardará?

—Unos minutos.

—Podría haber avisado antes, ¿no? —dijo Piper con el ceño fruncido.

—Los dioses tienen un sentido del peligro bastante raro —respondió Lacy.

—¡Pues devuelve mi espíritu a su sitio!

Me di un pellizco en el brazo fantasmal y me dolió igual que lo haría en el brazo normal, pero no sucedió nada.

—Enseguida, Sadie —me prometió Nut—. Pero tienes que saber dos cosas más.

—No creo que tenga mucho tiempo —dijo Percy.

Durante los días demoníacos tuve cinco hijos. Si tu padre los liberó a todos, deberías plantearte dónde está la quinta.

Me registré el cerebro intentando recordar los nombres de los cinco hijos de Nut. Eché de menos tener allí a mi hermano, la Wikipedia humana, para recordar aquellas curiosidades en vez de hacerlo yo. Estaban Osiris, el rey, e Isis, su reina; Set, el dios maligno, y Horus, el vengador. Pero el quinto niño de Nut, el que Carter decía que siempre se le iba de la cabeza…

Neftis suspiró, poniendo una mirada perdida.

—No importa. Estoy acostumbrado a que la gente me olvide...

Entonces recordé la visión que había tenido en el Salón de las Eras: el cumpleaños de Osiris y la mujer de azul que había ayudado a Isis a huir de Set.

—¿Te refieres a Neftis, la esposa de Set?

—Por lo menos me recuerdas más rápido que la mayoría...

¡Deja ese tono vacío! pensaron varios.

—Plantéatelo —volvió a decir Nut—. Y por último, quiero pediros un favor. —Abrió la mano y mostró un sobre sellado con cera roja—. Si veis a Geb… ¿podríais entregarle esto?

Ya me habían pedido alguna vez que pasara notitas en clase, pero nunca había sido de diosa a dios.

—Bueno, siempre hay una primera vez para todo —dijo Alyson, sacudiendo la cabeza.

Para ser sincera, la expresión angustiosa de Nut no era tan distinta de las que ponían mis enamoradizas amigas en el colegio.

Y pensar como acabaron pensó Sadie viendo con diversión a Emma y Liz.

Me pregunté si la diosa habría escrito alguna vez en su cuaderno: GEB + NUT = AMOR PARA SIEMPRE o VOY A CASARME CON GEB.

—Más que en el cuaderno, yo diría que sería en el papiro —dijo Zia.

—Es lo menos que puedo hacer —me comprometí—. Y ahora, eso de mandarme de vuelta…

—Buen viaje, Sadie —dijo la diosa—. Y tú, Isis, contente.

—Mamá te conoce demasiado bien —suspiró Osiris, mientras su esposa rodaba los ojos.

El espíritu de Isis gruñó en mi interior, como un curry pasado de fecha.

—Espera —dije—, ¿a qué te refieres con que se conten…?

Antes de terminar la pregunta, todo se volvió negro.

—Sería agradable que no me dejasen con la palabra en la boca —murmuró Sadie.

Desperté de golpe, ya dentro de mi propio cuerpo, en el Monumento a Washington.

—¡Hay que largarse!

Carter y Bast saltaron de la sorpresa. Ya estaban despiertos, recogiendo sus cosas.

—Nos sorprendiste —se quejó Bast—. Y todo el mundo sabe que no hay que sorprender a un gato. Y menos a una diosa gato.

—¿Qué pasa? —dijo Carter.

Les hablé de la visión que había tenido mientras hurgaba a toda prisa en mis bolsillos. Nada. Comprobé mi cartera de maga. Allí dentro, apretujados con la varita y el báculo, estaban los tres billetes de avión y el sobre sellado.

Bast examinó los billetes.

—¡Excelente! En primera clase sirven salmón.

—Por supuesto eso es lo más importante —dijo Ruby.

—Claro que sí —asintió Bast, sin detectar el sarcasmo de Ruby en su voz.

—¿Y qué pasa con el esbirro de Set? —dije yo.

Carter miró por la ventana. Abrió mucho los ojos.

—Sí, esto… ya ha llegado.

—Bueno, parece que habrá pelea —dijo Ares, frotándose las manos con deleite.

—Sí, pero en el próximo capítulo —anunció Leonid, cerrando el libro.


Hola gente.

Vigésimo cuarto episodio con todos ustedes. He visto que el último capítulo lo subí hará seis meses, el 16 de marzo. Os juro que no es algo que haga a propósito, pero tengo que reconocer que estos capítulos de lectura de los libros son los que más me cuestan hacer. Asegurarme de no repetirme, que intervengan todos (o casi todos) los personajes, buscar información sobre distintas partes del libro para mencionarlas de pasada; etc. Como entenderéis esto no es algo que se haga en un momento, y eso me molesta porque sé que a muchos os gustan estás historias y no me gusta dejaros tanto tiempo sin capítulo.

Así que se me ha ocurrido tres posibles salidas.

La primera seguir como hasta ahora.

La segunda sería escribir yo aparte diez o quince capítulos por adelantado e ir subiéndolos cada dos o tres días. El problema de todo esto es que si ya con un único capítulo me tiro años para subirlo, para hacer diez o quince tardaría siglos.

La tercera sería centrarme por ahora en las otras tres historias (La vida de Hugo Weasley, Harry Potter, son of Hades y Marauders) y escribir los capítulos de las lecturas muy de vez en cuando. Eso quiere decir que, por ejemplo, cuando suba el siguiente capítulo de El Campamento Mestizo lee a lo mejor ya habría subido ocho de las otras historias.

No sé lo que voy ha hacer sinceramente. Por ahora me mantendré con mi estilo habitual, y ya veré lo que haré.

Bueno, espero que os haya gustado.

Se despide,

Grytherin18-Friki.