Capítulo 25: No es un adiós, es un hasta pronto
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Apenas llevaban cuatro días en Estados Unidos y vivieron demasiadas cosas que aún no lograban asimilar del todo. La mañana tenía un tono blanco azulado que se filtraba por las cortinas hasta llegar al rostro de Ichigo, quien abrazo toda la noche a Rukia. Se veía tan tierna y tranquila que él no quería despertarla al tratar de zafar su brazo, que ya le hormigueaba por estar en la misma posición varias horas y aguantar el peso de ella, aun así despertó:
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― ¿Ya amaneció tan pronto? ―se frotaba los ojos con la manga de su pijama.
―Si… ¡Auch! Para estar tan pequeña pesas mucho, adormilaste mi brazo.
― ¡¿Qué?! Eso es mentira, no peso mucho. ―Rukia hacia un puchero y veía molesta a Ichigo.
―Rukia… ¿Estas mejor? ―Ichigo cambio drásticamente de semblante.
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Ella trato de evitar pensar en la noche anterior sin éxito, ya que debían regresar al hospital para ver al padre de Kaien.
―Eso creo, no sé cuánto tiempo seguirá doliendo. ―Rukia estrangulaba su pijama a la altura de su corazón.
―Parece que no regresaremos a Karakura este fin de semana. ―Ichigo estaba sentado a un lado de ella. ―Tenemos que despedirnos de Kaien.
―Sí, no quiero volver a irme sin decirle que… lo volveré a ver algún día. ―ella sonrió levemente ante la idea.
Enseguida, ella se sentó sobre la cama para acercase a él y abrazarlo por un momento antes de comenzar aquel día que les aguardaba.
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Renji no probó bocado alguno, raro en él, y casi no concilio el sueño debido a la tristeza que lo embargaba. Aún estaba sentido por la partida de su amigo, se negaba a acostumbrarse a la idea o a aceptarla.
―Shiba Kaien ¿Cómo te atreviste a irte así nada más?.. Rukia está muy triste ―Renji seguía acostado con sus manos detrás de su cabeza. ―Ella, ¿Estará bien?... la pregunta es necia, con él a su lado lo más probable es que sí.
No solo le dolía la partida de su amigo, también le dolía haber perdido otra oportunidad de acercarse a Rukia. ¿Pero que más podría haber hecho? Si el corazón de ella ya había elegido su camino, y por más agridulce que se hayan tornado las cosas ellos seguían juntos.
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Después de dormir un poco y de que el efecto de la anestesia se desvaneciera por completo, Shiba Ryu no alejaba de su mente la última imagen de su amado hijo: vio como lo transportaban en la camilla y lo colocaron sobre la mesa de operaciones, como ya estaba adormilándose por la anestesia trato de decirle con la mirada que las cosas saldrían bien.
―Hijo… hijo… ―lloraba, dejaba escapar el dolor.
En ese momento, una enfermera entro para hacerle un chequeo, antes de que lo dieran de alta, y para decirle que unas personas querían verlo.
― ¿Verme a mí? ¿Quién?
―Unos jóvenes, ¿Quiere que los deje pasar?
― ¿Jóvenes?... debe ser esa mocosa y sus amigos… Está bien, déjelos entrar.
―Está bien señor.
Ryu sentía como su tristeza se volvía furia, que quería desatar contra aquella joven que, supuestamente él, fue la causante del más grande dolor de su vida.
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Ichigo dejo a Rukia para que pudiera bañarse y vestirse sin problemas, de paso él haría lo mismo. Cuando entro a la habitación vio a Renji aun acostado en la cama:
― ¡Oye tú! ¿No piensas levantarte para acompañarnos para ver al padre de Kaien?
―… No.
― ¡¿Pero qué…?! ¿Piensas dejar sola a Rukia en esto? Kaien también era tu amigo.
― ¡Ya lo sé!... no tienes que recordármelo. Ella estará bien sin mí, te tiene a ti y es más que suficiente. Desde que se separó de Kaien yo la procuraba, sus padres contaban conmigo para cuidarla… todo iba bien a excepción de dos cosas: la primera, yo me seguí enamorando aún más de ella… pero ella no volteaba a verme como yo deseaba, a pesar de eso siempre estuve a su lado… le di su espacio y la espere. La segunda razón: tú. Tú reapareciste en su vida alejándola nuevamente de mí.
―… Renji. ―Ichigo se sentía un invasor que intervino en la felicidad de otra persona.
Renji no quería continuar con la conversación, así que cambio de tema apresurando a Ichigo para ir con Rukia a ver al señor Shiba. Desde luego, Ichigo tampoco quiso saber más del asunto. Sin más contratiempos se dio prisa para alcanzar a Rukia.
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Ambos salieron del hotel para encontrarse con el disgustante transito lento, que esa ruidosa ciudad siempre tenía, obligándolos a ir a pie a su destino, al fin y al cabo no tenían mucha prisa por llegar. Se tomaron su tiempo y aun así llegaron más rápido que de costumbre, o al menos esa sensación tenían. Sin titubear, preguntaron en recepción en que habitación se encontraba Shiba Ryu:
―Tienen suerte de encontrarlo aun aquí, en un par de horas más será dado de alta, se encuentra en la habitación 310.
―Gracias señorita. ―Ichigo cogió la mano de Rukia para ir lo más rápido posible hasta donde Ryu se encontraba.
Ella estaba asustada y nerviosa ¿Qué tal si el padre de Kaien se disgustaba al verla ahí? Sus ojos demostraban la inquietud al ver la cara de ira de él. Al notar ese miedo, Ichigo se detuvo a unos cuantos metros de la puerta del cuarto para mirarla directo a los ojos:
―Todo estará bien, no estás sola. Yo te protegeré. ―una vez más, había desaparecido por un instante aquel ceño fruncido, en su lugar una sonrisa se dibujaba en su rostro.
―Sí. ―se sentía más tranquila, era verdad… no estaba sola.
Antes de que pudieran tocar la puerta para anunciar su llegada una enfermera los abordo:
― ¿Son parientes del señor Shiba?
― ¿Eh? No, somos… éramos amigos de su hijo, pero queríamos saber cómo se encontraba. ―dijo Ichigo.
―Ya veo. Permítanme unos minutos, tengo que realizarle un chequeo antes de que sea dado de alta, yo les diré si él señor desea tener visitas.
―Gracias.
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La enfermera solo asintió con la cabeza y entro al cuarto cerrando, tras de sí, muy bien la puerta. Minutos después, la enfermera salió y les indico que podían entrar a ver al señor Shiba. Después de darle las gracias a la señorita, ambos se armaron de valor para confrontarlo.
―Bu… bue… nos días, señor Shiba. ―Rukia inclino un poco su cabeza en son de respeto.
―Buen día señor Shiba. ―Ichigo no mostraba miedo ni timidez.
― ¡Vaya! ¿Qué haces aquí?... ¿Estas feliz de que mi hijo terminara así por tu culpa mocosa?
―Señor, no tiene por qué hablarle de esa forma a Rukia, ella está aquí para saber… ―Ichigo fue interrumpido por Rukia.
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Ella sujeto su brazo y lo miro a los ojos, estaba lista para enfrentar a Shiba Ryu, por lo que al soltar al pelinaranja dio un paso para encarar la situación:
―Se… que no soy la persona más indicada para estar aquí, pero los motivos que me trajeron a verlo son muy fuertes.
―Ya veo. Este joven demás de ser imprudente tiene carácter… y por lo que veo tú igual.
―Señor, no me importa si me odia toda su vida, lo que si me importa y deseo dejarle claro es lo que sentí… siento por su hijo. Él me dio fuerzas, me dio ilusiones, me dio felicidad… me dio muchas cosas que nunca podre agradecerle.
―Aun no te entiendo niña, ¿A qué quieres llegar con todo esto?
―Lo que quiero que entienda es que usted no será la única persona que sufre por la partida de Kaien. Yo… yo estoy sufriendo, pero sé que todo estará bien por una razón que él me dio.
― ¿Una razón? Si es tan importante o especial ¿Por qué no me lo dices? Tal vez de ese modo olvide que me amargaste otro día de mi vida.
―Kaien… Kaien me dijo que él me confiaba su corazón. Él sabía que yo lo cuidaría y lo mantendría vivo en mis recuerdos, en cada instante feliz, triste y amargo de mi vida. Estoy segura de que a él… de que a él le hubiera gustado mucho poder decirle lo mismo a su padre.
Shiba Ryu no sabía cómo responder a tales palabras, aunque pretenciosas o cursis dejaban ver los sentimientos de su hijo. Sin darse cuenta estaba llorando.
Ichigo y Rukia seguían parados e inmóviles. Sus miradas reflejaban tristeza. Ella se acercó a lado de Ryu, se sentó en el banco que estaba a un lado y cogió entre sus manos una de las de él. Esperaba que reaccionara violentamente pero fue todo lo contrario: Ryu coloco su otra mano junto a las de Rukia y poso su frente en ellas para llorar al mismo tiempo que le hablaba:
―Soy un idiota… no puedo creer que tú conocieras mejor a mi hijo que yo, que soy su propio padre… ¿Qué clase de persona soy?
―Señor Shiba… ―Rukia sollozaba al ver a aquel hombre sufrir.
Mientras tanto, Ichigo solo observaba aquella escena aliviado de que las cosas resultaran mejor de lo que pensaban.
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Después de que Shiba Ryu recuperara la compostura se limpió las lágrimas y miro a los ojos a Rukia para decirle que ya no regresaría a Japón:
―Pero ¿Qué pasara con…?
―Niña, yo no pienso volver a Japón, por eso… quiero que mi hijo este cerca de mí, en especial después de lo que me dijiste. Tal vez ya sea tarde pero… mi corazón se quedara aquí, a lado de él.
―Ya veo. Si esa es su decisión no tengo por qué cuestionarla. Rukia había hecho una tregua con Shiba Ryu.
Sin saber cómo actuar ante aquel "tratado de paz", ambos se dieron la mano, no sin antes de que él les dijera que les iba a informar el día en que podrían despedirse de Kaien.
Sin más rodeos, cuando Rukia e Ichigo llegaron al hotel le informaron de todo a Renji. El pelirrojo se mostró feliz de saber que podría despedirse como debe ser de su mejor amigo.
Las horas se hicieron eternas para los tres chicos que estaban a la espera de recibir la llamada de Shiba Ryu. No fue hasta el sábado por la tarde que él se contactó para indicarles el lugar y la hora para reunirse.
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En un parpadeo, el domingo había llegado. El viento soplaba suavemente, como si deseara que las hojas de los arboles danzaran ese día con suma alegría, y los rayos de Sol eran agradables y acogedores. Las únicas personas reunidas llevaban consigo una ramita de Flor de Cerezo para despedirse. Las lágrimas no se hicieron presentes, en su lugar una leve sonrisa se dibujaba en cada uno de los rostros de aquellas personas y solo una voz suave rompió el silencio: ―Te veré pronto… Kaien.
En ese momento, Shiba Ryu se volvió hacia Rukia para dedicarle una leve sonrisa antes de darle la espalda y retirarse a un auto que le aguardaba.
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~Rukia._Kuchiki~ (Laura Ro)
